N.T: Lo sé. Soy una persona cruel por haber estado tanto tiempo sin actualizar, pero he estado (y sigo estando) muy ocupada entre una cosa y otra. También me han nombrado moderadora de un foro, por lo que también me quita tiempo. Os prometo que por muy ocupada que esté, tendréis como mínimo una vez al mes. Intentaré hacerle más hueco a la traducción, a ver si me dejan. Muchas gracias a To Black, Elphyra, NatLB, mESTEFANIAb y LittleLulaby por sus comentarios. Se agradece mucho. :)
ATENCIÓN: Este capítulo contiene una pequeña escena que ha sido censura por deseos de la autora. Si queréis leer el capítulo completo, en breve lo subiré a mi cuenta de AO3, el cual encontraréis en mi perfil.
47. Every hour so long and empty
La luna ya se había levantado cuando Sirius llegó a la casa de Remus, y maldijo su mal sentido de orientación que había provocado su tardanza. Podía oír a Lunático aullando en el sótano mientras entraba en el edificio y sintió que un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Lunático reaccionaría con violencia a su presencia como lo había hecho el mes pasado con Charlene? Era difícil de decir. Sirius se abrió paso lentamente por los escalones de piedra hacia la jaula, sabiendo que si Lunático atacaba la barrera no tendría más remedio que marcharse.
—No estaba seguro de si estarías aquí esta noche.
Sirius se dio la vuelta, asustado, mientras miraba a Romulus.
—¿Tienes que hacer eso? —se quejó, con más dureza de lo necesario.
—Lo siento —se disculpó Romulus con un encogimiento de hombros—. Fantasmas... pasos... Tiendo a olvidarlo.
Sirius le restó importancia. Romulus no era el culpable de que hubiese tenido un mal mes.
—¿Por qué pensaste que no estaría aquí? —preguntó mientras se acercaba a la jaula. Lunático lo miró en silencio, y Sirius le devolvió la mirada.
—No está atacando la barrera —comentó Romulus, ignorando la pregunta de Sirius—. Pensé que podría agitarse un poco.
—Yo también —confesó Sirius, mientras se sentaba en las escaleras para vigilar a su amigo una vez más.
Romulus continuó flotando, y Sirius pudo suponer que había algo que quería decirle el espíritu.
—¿Por qué creíste que no estaría aquí? —preguntó de nuevo.
—Por lo que sucedió el mes pasado —respondió Romulus simplemente, como si estuviera hablando con un niño ignorante—. Debido a que no has ido la escuela por tres días.
—¿Sabes lo que pasó el mes pasado? —Sirius sintió su rostro enrojarse calurosamente—. ¿Remus te lo dijo?
—Sí y no —respondió Romulus—. Rem no me lo dijo exactamente, no al principio de todos modos, no tuvo que hacerlo. Este lugar no es lo que se dice grande, o incluso de grandes dimensiones.
—¿Nos escuchaste? —preguntó Sirius con voz ronca.
—Un poco difícil no hacerlo.
—Oh, Merlín.
Sirius suspiró y cerró los ojos, apoyando la espalda contra la pared.
—No hay necesidad de estar avergonzado.
—Es fácil para ti decirlo.
Romulus se rio entre dientes.
—Quiero decir que sólo escuché a los dos gritando, te lo prometo.
Sirius sintió que el calor aumentaba un poco en su rostro, y buscó entre sus ropas sus cigarrillos.
—Te va a matar, ¿sabes? —comentó Romulus mientras Sirius sacaba su varita para encenderlo. Sirius le ignoró y dio una larga calada—. Así que, ¿cuándo empezaste a fumar?
—En quinto año —respondió Sirius mientras miraba de nuevo hacia Lunático, que ahora se paseaba en la jaula. Levantó una rodilla y apoyó su brazo sobre ella mientras veía al hombre lobo moverse inquieto. Iba a ser una larga noche.
—No recuerdo haberte visto antes.
—Sabía que dirías algo al respecto.
—¿Cómo que es un hábito horrible que pone tus dientes amarillos y hace que te huela el aliento, tal vez?
—Sí, algo así. Me ayuda a relajarme, y Merlín sabe que lo necesito esta noche.
Se sentaron en silencio durante unos minutos más antes de que Romulus volviese a hablar.
—¿De verdad lo quieres? —le preguntó en voz baja.
Sirius se apartó de Lunático para mirar al inquisitivo fantasma. No contestó; no lo necesitaba.
Romulus asintió lentamente con entendimiento.
—Eso pensaba —dijo—. No va a hacerlo fácil, ¿lo sabes?
—Ya me di cuenta por mí mismo —rompió Sirius.
—Sólo estoy tratando de ayudar.
—Lo siento —murmuró Sirius, sintiéndose bastante arrepentido. Nada de esto era culpa de Romulus. Sólo tenía la culpa el mismo de su situación actual.
—¿Quieres saber por qué Rem lo está haciendo todo tan difícil? —preguntó Romulus, con tanta naturalidad como si le estuviera preguntando sobre el tiempo.
Sirius lo miró y asintió con la cabeza.
Romulus nunca había sido particularmente cercano al dar información sobre sí mismo y de su hermano, por lo menos no cuando se trataba de cosas importantes, y Sirius estaba un poco curioso por saber lo que tenía que decir.
—Remus quiere ser normal —dijo Romulus con una pequeña carcajada sin humor.
—Es un hombre lobo —respondió Sirius—. No hay muchas posibilidades de que lo sea.
—¡Es en serio! Pero él no lo ve de la misma forma. No puede hacer nada sobre el lobo, sobre Lunático, pero puede intentar ser lo más normal posible en los demás aspectos. Es lo que siempre quiso. Y es la única cosa que nunca he sido capaz de darle.
Sirius no supo qué decir a eso, por lo que simplemente se sentó en silencio y esperó a que Romulus continuara.
—Él quiere a sus padres —dijo finalmente Romulus—. Ellos están vivos, ¿sabes? —Sirius asintió—. Puede que incluso los hayas visto, si supieras dónde buscar. Estaban sentados en la galería pública del Wizengamot durante mi juicio, en la misma sección que tú en realidad. Es probable que los vieras, aunque no hubieras sabido quiénes eran. Estaban sentados en la fila de delante de ti, casi directamente en frente.
De repente la bombilla se le encendió, y Sirius se preguntó cómo no los había conocido antes, cómo no había reconocido al hombre como el padre de los dos hermanos Lupin.
—¿Tu padre tiene voz nasal y tu madre llevaba un enorme sombrero de aspecto repugnante?
—Son ellos —respondió Romulus con una sonrisa por la descripción de Sirius—. Mi padre se parece un poco a mí, aunque su pelo no es tan largo como el mío.
Sirius frunció ligeramente el ceño mientras mirada el pelo de Romulus, hoy recogido, y que llegaba hasta la espalda. No estaba muy seguro de lo que esperaba que dijera. Recordó fragmentos de la conversación de los Lupin en la audición, y se preguntó cómo podrían haber sido tan fríos cuando el caso giraba en torno a sus hijos.
—Durante un tiempo deseé que estuvieran muertos, por no cuidar ellos mismos de Remus.
—Puede que así sea —respondió Romulus—. Y no cometas el error de pensar que fueron al Wizengamot para mostrar su apoyo o algo.
—¿Por qué estaban allí? —preguntó Sirius, aunque sospechaba que ya sabía la respuesta a esa pregunta.
—Si hubiera negado los cargos, hubieran estado allí para declarar contra mí —explicó Romulus, confirmando sin saberlo, las sospechas de Sirius.
—¡Pero eres su hijo!
—Al igual que Remus. Ellos querían entregarlo al Ministerio después de ser mordido. El Ministerio autorizó la pena de muerte, sin duda.
—¡Idiotas asesinos! —murmuró Sirius.
—Sí —aceptó Romulus con calma—. Llegué a casa de la escuela después de hacer mis TIMOs. No me dijeron qué había sucedido hasta después de llegar a casa. Fue justo después de la segunda luna llena tras el ataque. Me alivió que el Ministerio no hubiese llegado antes que yo. Agarré Remus y corrí, y vine aquí. Pensé que una vida huyendo era mejor que la muerte a manos del Ministerio.
—Una vez me dijo que recuerda a su padre silenciarlo después de la primera luna llena.
—Ese es nuestro padre. Manteniendo las cosas tranquilas y sin hacer ningún escándalo. Barriénlo debajo de la alfombra, y ni el más sabio se enteraría sobre la vergüenza de la familia. Al principio, Rem pensaba que el Ministerio sólo estaba haciendo su trabajo, deshaciéndose de todos los hombres lobo. No sabía que la razón por la que vinieron por él, en primer lugar, fue por nuestros padres.
—¿Por qué me dices esto ahora? —preguntó Sirius en voz baja mientras miraba hacia Lunático.
—Para que entiendas a Remus, tienes que entender que todo lo que quiere es ser normal. Hice lo que pude, pero no todo es tan perfecto, como unos padres normales.
—Por cómo se escucha, tus padres no son normales de todos modos.
—En realidad, lo son —declaró Romulus—. Los padres normales no tienen como hijos a hombres lobo. Llaman el Ministerio y se deshacen del problema, de forma agradable y tranquila. Sin escándalo, sin problemas; sólo tienen que firmar algunos papeles, conseguir que el Ministerio haga su trabajo, y olvidar que nunca sucedió. Esa era la idea de todos modos. Simplemente no contaron que interviniera y usara la varita contra ellos.
—Remus tiene suerte de tener un hermano como tú.
—Pero él no quiere un hermano como yo, no que le críe, de todas formas. Quiere ser normal.
—Define normal —murmuró Sirius.
—No es mi definición de normal lo que importa; sino la de Remus. Nunca será normal debido al lobo, pero trata de acercarse todo lo que puede. A veces pienso que prefiere ser normal que verdaderamente feliz.
—Prefiero ser feliz que normal —respondió Sirius sin dudarlo.
—Opino lo mismo —admitió Romulus con una triste sonrisa—. Aunque no estaré probablemente cerca de ser normal para Remus.
—Sí, bueno, ser un fantasma es un poco anormal.
—De todos modos, Remus no ve a dos hombres juntos en una relación como algo normal...
—Me di cuenta. Es probablemente mi culpa. Le dije que no era "normal" que nosotros compartiéramos cama, ¿verdad? Si sólo hubiera mantenido la boca cerrada...
—¿No querrás decir si yo no te hubiera dicho que echaras a Rem de tu cama? —corrigió Romulus—. No lo habría sugerido si hubiera sabido cómo iban a salir ahora las cosas.
—No importa —respondió Sirius—. Tenías razón; Remus dependía demasiado de mí. Al igual que yo estaba dependiendo demasiado de él.
—Sin embargo, lo hecho, hecho está. A Remus se le metió en la cabeza que estar con otro tío no es normal, y ha asignado esos sentimientos a Lunático. Lunático no es normal de todos modos; pero es parte de él. ¿Qué importa si el lobo es gay? Prefiere empujarlo lejos y tratar de ser normal con una chica, cualquier chica, para que sea más normal -por su definición- de lo que ya lo es.
—Pero el lobo es una parte de él —señaló Sirius.
—Lo sé, y a pesar de las tonterías se ha estado saliendo con la suya el mes pasado.
—Usa el lobo cuando le conviene —comentó Sirius, recordando cómo cuando incluso antes haber descubierto el secreto de Remus el chico había usado una vez al lobo para asustar a James y dejarlo solo.
—Solía hacerlo—corrigió Romulus—. Cuando era más joven. Pero una vez que hubo saboreado una buena vida normal en Hogwarts...
—¿Crees que pueda hablarlo? —preguntó Sirius mientras apagaba el cigarrillo en el escalón. Romulus frunció el ceño en señal de desaprobación, y Sirius sacó su varita para convocar un plato de la parte de arriba y usarlo como cenicero.
Romulus se volvió hacia él.
—¿Honestamente? —preguntó, y Sirius asintió para que continuara—. No lo sé.
—Maldita sea.
—No era el lobo con quien estabas —le dijo Romulus, como si fuera algún tipo de consuelo—. Fue Remus.
—Lo sé —murmuró Sirius.
—Lo mismo sucede con Remus. En el fondo, también lo sabe.
—Sin embargo, nunca lo admitirá, ¿verdad?
—No lo sé.
—Estoy tan jodido.
—¿Qué vas a hacer en la mañana? —preguntó Romulus con curiosidad.
—Lo que suelo hacer, supongo —respondió Sirius con un encogimiento de hombros—. Curarle y todo eso. Si me deja.
—¿Y?
—¿Y qué?
—¿Y qué pasa después? —Romulus lo miró, y Sirius sintió su rostro enrojecerse de nuevo.
—Él no me quiere —señaló Sirius—. Lo dijo muy claro.
—No, él dijo que Remus no te quería, pero no Lunático.
—Realmente lo escuchaste todo, ¿verdad?
—Cada palabra, parecían que se estaban gritando el uno al otro como si estuvieran en extremos opuestos del campo de Quidditch, y deberías controlar tu lengua.
—Sí, padre.
—Graciosillo. Pero te estás perdiendo mi punto.
—¿Cual es?
—Sabes, no estoy seguro de dejar que mi hermanito conecte con alguien tan denso —bromeó Romulus—. Esta noche hay luna llena. Lunático está aquí abajo, y por lo que te ha dicho Remus, Lunático te quiere. Dice que el lobo está más cerca de la superficie en el momento de la luna llena. ¿Todavía no has llegado al punto?
—¡Maldita sea!
—No estoy diciendo que lo haga, claro, pero hay una gran posibilidad de que pueda hacerlo. Tienes que pensar en lo que vas a hacer si lo hace.
—¡Oh, maldita sea! —volvió a exclamar Sirius, preguntándose brevemente si todo este lío le había hecho perder la capacidad de decir algo más. Entonces algo le vino a la mente, un recuerdo de la mañana después de la última luna llena—. Um... ¿puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—Ehh... Me preguntaba si tendrías algún consejo acerca de... eh... bueno... ya sabes... —Sintió su rostro ruborizarse mientras luchaba por encontrar las palabras.
—No realmente —respondió Romulus.
Sirius suspiró.
—Sabes... es solo... que la última vez fue un poco raro.
—Quiero decir, realmente no tengo ningún consejo, estás hablando con el fantasma equivocado.
—Oh, yo no pretendo sugerir que seas gay —le aseguró Sirius—. Sólo un consejo general.
—Fue la primera vez, ¿no? —Sirius asintió—. Vas a aprender a medida que avances. ¿Puedo suponer que no tendrás ningún lubricante?
—De vuelta al castillo, en mi baúl —respondió Sirius con una mueca—. Estoy bastante seguro de que lo lastimé un par de veces, y ninguno sabía realmente lo que estábamos haciendo. Sólo cosas que puedes aprender de libros y revistas.
—Estoy seguro de que averiguarás cosas.
—Pero, debes de tener un consejo para nosotros.
—Te lo dije, estás preguntándole al fantasma equivocado.
—Pero...
—Dulce Merlín, ¿tengo que explicártelo? —Romulus puso los ojos en blanco y suspiró.
—¿Qué?
Romulus maldijo entre dientes y puso su rostro entre las manos momentáneamente.
—Había una chica en Hogwarts, estaba en Ravenclaw y era la bruja más inteligente de nuestro año.
Sirius sonrió.
—¿Cuál era su nombre?
—Jessica. Estuve durante mucho tiempo enamorado de ella, pero hasta quinto año no obtuve el valor para invitarla a salir.
—¿Por qué? —interrumpió Sirius—. No estás nada mal.
—Vaya, gracias —respondió Romulus con sarcasmo—. De todos modos, al estar en Hufflepuff, la casa que se conoce como el de los niños tontos, pensé que nunca aceptaría tener una cita conmigo.
—Hufflepuff es la casa de los más leales —comentó Sirius con una sonrisa—. Creo que te sortearon al sitio correcto.
—El Sombrero Seleccionador normalmente lo dice, pero en aquel entonces no pensaba eso. De todos modos, finalmente me armé de valor para invitarla a Hogsmeade en la última visita del año. Fue divertido y teníamos mucho en común.
—Por lo tanto, ¿fue tu primera novia? —Sirius sonrió—. ¿Qué pasó con ella?
—Se casó hace unos cuatro años, según la selección de sociedad del Diario el Profeta —Romulus se encogió de hombros—. No fue mi primera novia, sin embargo, en realidad no. Ni siquiera me las arreglé para encontrar el valor para besarla después de nuestra primera y única cita. Me acobardé y me dije que tendría otra oportunidad al año siguiente. Ella estaba planeando hacer la mayor parte de los EXTASIS que quería cursar... me imaginé que habría tiempo después.
—¿Pero Remus fue mordido? —adivinó Sirius.
—Exactamente. Me lo llevé y corrí. Mi único pensamiento era hacer lo que fuera necesario para mantenerlo a salvo, y eso significaba dejar que nadie se acercara. Me aseguré de que ni Remus ni yo estuviéramos en Hogsmeade los fines de semana, que era más seguro de esa forma. Nunca la volví a ver.
—Oh —Sirius no sabía qué decir.
—Siempre me dije que tendría tiempo más adelante —continuó Romulus.
—Por lo tanto, eres... —Sirius vaciló y no se atrevió a mirar al fantasma.
—Virgen —declaró Romulus miserablemente—. Un tipo de veintisiete años que nunca ha estado con una chica ni ha besado a una... Merlín, esto es deprimente.
—¿Veintisiete? —preguntó Sirius con el ceño fruncido.
—Esa es la edad que tendría ahora —explicó Romulus—. Si yo no estuviera...
—¿No ha habido nadie en absoluto? —preguntó Sirius en voz baja—. ¿No has confiado en alguien lo suficiente para...
—No vale la pena arriesgar la vida de mi hermano —respondió Romulus—. Como te he dicho, le estás preguntando al fantasma equivocado para obtener asesoramiento sobre tu vida sexual. Debo de ser yo el que lo pida, excepto que todo es aún más deprimente debido a que la falta de cuerpo es un problema.
—Lo siento.
—No te preocupes por eso —Romulus se estiró y bostezó—. Si retrocediera en el tiempo, haría exactamente lo mismo de todos modos. Ahora, ¿qué vas a hacer con respecto a Remus?
—No lo sé —admitió Sirius.
—Bueno, creo que voy a dejarte pensar en ello —dijo Romulus antes de desaparecer, dejando a Sirius solo en las escaleras.
Sirius sacó sus cigarrillos y encendió otro. Tontamente pensando que su vida no podría ser más complicada de lo que ya lo era.
Remus se sentía dolorido, pero por lo menos parecía estar en un estado mejor de lo que había estado el mes anterior, cuando estaba la luna.
La barrera mágica desapareció con la salida del sol y Sirius caminó por el suelo hacia Remus, con un juego limpio de ropa en la mano.
–¿S-Sirius... estás aquí? —gimió Remus mientras Sirius le puso la túnica alrededor de sus hombros y lo guiaba fuera de la jaula.
—¿Dónde más podría estar? —respondió Sirius—. No es como que nunca escuchase en Historia de la Magia, de todos modos.
Remus hizo una mueca de dolor mientras se reía de la débil broma de Sirius.
—Pensé que... que t-tú no... Q-quiero decir...
—¿Pensaste que te abandonaría cuando necesitabas mi ayuda? —preguntó Sirius mientras ayudaba a Remus por las escaleras—. ¿No te dijo Dumbledore que estaría aquí?
Remus asintió.
—Pero el mes pasado...
—Fue el mes pasado —interrumpió Sirius—. Todavía mantengo lo que dije, pero prometí que estaría aquí cada mes para ayudarle. Yo cumplo mis promesas.
—Gracias —susurró Remus.
—¿Suenas sorprendido?
—Apenas hemos hablado en el último mes. Entonces desapareciste y no se te ha visto por ningún sitio desde que fuiste a Hogsmeade. No pensé que estarías aquí. ¿Dónde has estado?
—Di mi palabra —respondió Sirius, ignorando la pregunta. Ya habría oportunidad para hablar de su tiempo con los centauros más adelante, cuando no fuese tan humillante pensar en cómo había terminado allí.
—¿Tu palabra significa tanto para ti? —preguntó Remus.
—Sí. Nunca digo nada que no quiero decir... salvo...
—¿Salvo?
—A veces, cuando pierdo los estribos, digo cosas que no debería.
—¿Cosas que no deberías decir?
—No, quiero decirlas, pero no debería de hacerlo —aclaró Sirius—. Siéntate mientras te doy las pociones.
Remus se derrumbó sobre la cama con otra mueca y un gemido de dolor. Sirius empujó con fuerza de su mente los recuerdos de la última vez que habían estado en esta habitación en particular y lo que había sucedido en la cama que Remus estaba ahora sentado.
Sirius sacó las pociones de la alacena. Supuso que Remus las había guardado, pues recordaba vagamente que las había dejado sobre la mesa de la cocina después de la última luna llena. Esperaba mirarlo de una forma profesional y clínica cuando entrase de nuevo en la habitación, pero sospechaba que haría todo lo contrario.
—Recógete la manga —ordenó, señalando el brazo derecho de Remus. Remus cumplió y Sirius se sentó a su lado.
—El verde —dijo Remus mientras señalaba a la jarra adecuada.
Sirius asintió obedientemente, sabiendo tan bien como Remus, probablemente mejor de hecho, que el tarro era el que necesitaba. Silenciosamente abrió el frasco y comenzó curando la herida reabierta en el brazo de Remus del mes anterior. Murmuró disculpas cada vez que Remus silbó con punzante dolor a causa de la loción.
—Ahora el otro —ordenó Sirius, de pie y moviéndose al otro lado de Remus. Éste dejó caer la manga de su túnica y recogió la otra. Había un nuevo corte en el otro brazo, y mientras que éste también comenzaba en el codo, se extendía más allá del hombro y, Sirius supuso, en torno a la espalda de Remus.
—Probablemente sería más fácil si me quitara la túnica —señaló Remus mientras Sirius se abría camino por el brazo.
—Déjalo —respondió Sirius.
—¿Es necesario sellarla? —preguntó Remus mientras trataba de girarse para ver el daño que había causado.
—No esta vez —le aseguró Sirius mientras continuaba curando a su amigo. Poco a poco se abrió paso a través de los cortes y heridas, aliviado de que ninguno de ellos requiriese que Remus se desnudarse—. ¡Ya está! ¡Todo hecho! —anunció brillantemente antes de levantarse para irse—. Deberías dormir un poco.
—¿Sirius? —La voz de Remus era vacilante y poco más que un susurro, pero todavía tenía el poder para detenerlo en seco.
«No hagas esto, Remus», pensó Sirius en silencio. Se dio cuenta, por supuesto, que podría haber tenido más efecto si hubiera dicho las palabras en voz alta.
—¿Sirius? —Remus lo llamó de nuevo—. No me dejes.
—Deberías dormir un poco si vas a volver para las clases de esta tarde —aconsejó Sirius.
—Quédate conmigo.
—¿Quién me lo está pidiendo? —susurró Sirius.
—Lunático —respondió Remus después de una excesiva larga pausa.
Sirius se puso de pie hacia la puerta, con una docena de pensamientos volando a través de su mente.
Algunos científicos muggles creen que hay un número infinito de universos, cada uno jugando con cada posible resultado de la decisión de cada persona.
Sin embargo, Sirius Black era un mago, y no había oído hablar de las múltiples teorías del universo. Incluso si lo hubiera hecho, no habría hecho mucho caso de ello. Después de todo, ¿qué más daba si en algún lugar había otro Sirius viviendo una vida que no tenía, como cuando en quinto año puso ratones en el bolsillo del vestido de la dama de honor de Bellatrix, obteniendo para siempre su ira eterna?
¿Qué importaba si otro Sirius estaba viviendo su vida en la casa Slytherin, que usase las artes oscuras y tuviera el fanatismo sangre pura de su familia?
¿A quién le importaba si otro Remus nunca había sido mordido por un hombre lobo y era amado por sus padres, con un buen hermano y tres años adicionales de valiosos de recuerdos de Hogwarts?
Incluso si Sirius hubiese oído hablar de otros universos, habría echado los pensamientos de ellos a un lado; porque este era el universo tenía que vivir, y como tal, era el único que importaba.
Si Sirius hubiese sido consciente de la teoría de otros universos, sin embargo puede que se hubiera imaginado mirando brevemente la ventana a uno de esos mientras permanecía de pie, inmóvil como una estatua, en la puerta.
Sirius se vería a sí mismo pidiendo disculpas a Remus antes de salir de la habitación sin mirar atrás. Se vería tomando la decisión de que no era suficiente con tener a Remus sólo en los momentos de luna llena. No era suficiente para él, y por ese motivo se alejaba.
¿Tal vez ese otro Sirius era lo suficientemente seguro como para creer que Remus le detendría?
¿Tal vez creía que se merecía algo mejor?
¿Tal vez en realidad no amaba a Remus en absoluto?
¿O tal vez habría estado cerca de un hechizo fallido que le hubiera dañado su oído y no había sido capaz de oír la suave súplica casi llorosa de la voz de Remus?
Cualquiera que fuese la razón, Sirius se vería caminar lejos y nunca mirar hacia atrás. Se preguntaría si ese otro Sirius sería más feliz con el tiempo. Si iba a ser capaz de vivir con la decisión que hubiese tomado, o si cambiaría de opinión más adelante.
A este Sirius no le importaba.
Lo único que importaba era este universo, esta realidad, el aquí y ahora.
Y aquí y ahora mismo Remus estaba colocando una de sus manos en la parte baja de la espalda, mientras que con la otra tiraba su mano de la manilla de la puerta.
Aquí y ahora, Sirius quería a Remus, no importa cuáles sean las circunstancias, no importaba la solución.
—Quédate —susurró Remus de nuevo mientras tiraba suavemente de Sirius para darle la vuelta.
—No voy a ninguna parte —respondió Sirius mientras se inclinaba para besarlo.
¿A quién le importaba si hubiese sido más feliz con el tiempo si hubiera tomado la decisión de irse?
Sirius guió a Remus de nuevo a la cama y se sentaron juntos.
—¿Sirius? —preguntó Remus con cautela—. Um...
—¿Qué?
—¿Tienes algo contigo... eh... ya sabes, para ayudar a que sea más fácil? —Sirius tuvo que inclinarse cerca de Remus para captar todas sus palabras, porque hablaba con una voz que era sólo ligeramente superior a la de un susurro.
—¿Te refieres a lubricante?
Remus asintió.
—No lo tengo aquí —admitió Sirius—. No he vuelto al castillo desde Hogsmeade.
—Oh —Remus agachó la cabeza y se movió incómodo en la cama.
—Está bien —dijo Sirius, extendiendo la mano para tomar una de las manos de Remus—. No tenemos que hacer eso de nuevo. Podemos ir tan lento como quieras; sólo haremos con lo que te sientas cómodo, ¿vale?
Remus le dio una pequeña sonrisa y un guiño.
Sirius le devolvió la sonrisa, pero no hizo ningún otro movimiento. No iba a ser el que diese el primer paso en esta ocasión. Iba a dejar que Remus fuera el que tomase las decisiones, y esperaba que finalmente admitiera que los sentimientos eran suyos.
Remus, quien pareció adivinar qué era lo que Sirius estaba esperando, extendió la mano para deshacer nerviosamente su túnica.
Sirius dio a Remus todo el tiempo que necesitaba, y trató de no sonrojarse ante la curiosa mirada de Remus mientras miraba su cuerpo desnudo de arriba abajo. Aún había huellas de contusiones en el estómago y el abdomen, y Remus pasó la mano por encima de ellos lentamente. No preguntó de dónde habían venido; simplemente se aseguró de que Sirius supiera que los había visto.
Estaba a punto de decirle a Remus lo que había pasado, pero estaba aterrorizado de que una palabra equivocada hiciera retroceder a Remus una vez más.
«Esto es mejor que nada», razonó Sirius en silencio mientras continuaba explorando el cuerpo del otro. Tener a Remus sólo en el momento de la luna llena era mejor que no tenerlo en absoluto.
¿No era así?
Aquí mismo, en este momento, en esta realidad, Sirius no se detuvo a pensar en ello con el tiempo y atención suficiente.
—¿Sirius? —La voz vacilante susurrándole en la oscuridad del dormitorio estaba casi ahogado por el sonido de los ronquidos de James y Peter.
—¿Qué pasa? —preguntó Sirius mientras miraba a Remus, quien había retirado la cortina de la cama a un lado y estaba iluminado por la luz de la luna.
—¿Puedo dormir contigo? —preguntó Remus en voz baja.
—La luna llena fue la noche anterior —susurró Sirius, tratando de ignorar la forma en que su ritmo cardíaco aumentaba.
—Lunático todavía está cerca —respondió Remus—. Durante un par de días alrededor de la luna llena está más cerca de la superficie y...
Sirius sintió que sus esperanzas se extinguían con las palabras de Remus, pero no retiró la manta e hizo señas al otro chico para que se uniera a él. Remus se metió en la cama y corrió la cortina, cerrándola una vez más.
—Estaré de vuelta en mi cama antes de que James y Peter se despierten —prometió Remus mientras se acurrucaba cerca de Sirius.
—No les importará —dijo Sirius mientras se acurrucaba más cerca de Remus, tirando de él en un estrecho abrazo—. ¿O es que te importa que lo sepan?
Remus no respondió; no tuvo que hacerlo. Sirius sabía que no quería que los otros chicos supieran acerca de su relación, tal como era. Quería ser normal... ¡tal vez en el infierno lo fuera! Pero después de su reciente experiencia, no podía culparlo exactamente por su desconfianza. Le había dicho a Remus lo que había sucedido después de que abandonara Hogsmeade. Remus había hablado muy poco en respuesta. En cambio, había besado todos y cada uno de los moretones, y acariciado con los dedos cada una de las heridas recientes. Incluso había besado a Sirius ligeramente en la nariz cuando oyó que también se había roto.
—No me gusta la idea de andar a escondidas con esto —susurró Sirius—. Pensé esta mañana que tal vez habías roto con Charlie, pero no lo hiciste, ¿verdad?
—Charlie y yo todavía estamos saliendo —confirmó Remus—. Hemos solucionaron las cosas.
—¿Sabes que esto no es justo para ella?
Remus suspiró.
—Lo sé.
—Tiene derecho a saber qué está pasando entre nosotros.
—Ella me echará a patadas si le digo.
—¿Sería tan malo? —preguntó Sirius.
Remus se encogió de hombros, moviéndose más a Sirius en el proceso.
—Si no quieres hacer esto, sólo dilo —susurró—. Si no quieres compartir, entonces puedo volver a mi cama en este momento.
Sirius gimió cuando Remus rozó contra él, y sabía que no le enviaría de vuelta a su cama esa noche.
—Te puedo compartir —susurró, besando a Remus suavemente en los labios—. Pero sabes que a Charlie no le gustará compartirte conmigo si supiera de nosotros.
—No me pidas que elija —suplicó Remus.
—No lo haré —respondió Sirius, sabiendo que la única razón por la que nunca le pediría eso a Remus era porque sabía que Charlene sería a la que elegiría.
Sentimientos de culpa estaban presionando sobre él, pero eran fáciles de hacerlos a un lado cuando estaba sosteniendo a Remus en sus brazos. Él suspiró y abrazó a Remus más cerca.
—A veces desearía poder vivir en un mundo diferente a éste. Uno en el que pueda decirle a todos acerca de nosotros y nadie se inmutase. Quiero estar en las escaleras de Gringotts y declarar a todo el maldito mundo que eres mío y que te quiero.
—Sin embargo, no soy tuyo —respondió Remus—. Es sólo Lunático y yo soy... soy débil. Quiero ceder ante el lobo, ya que hace que sea más fácil.
—¿Hacerlo lo más fácil?
—Sí, todo más fácil.
—No lo entiendo.
—Es complicado —susurró Remus, y apartó la mirada de Sirius—. Lunático tiene necesidades al igual que yo, y parece que te necesita. No puedo ceder ante el resto de sus deseos. No puedo dejarlo cazar o que corra libremente. Pero puedo hacer esto... esto puedo permitirle.
—Lo haces sonar como si te repulsara.
En realidad no era una pregunta, pero Remus miró a Sirius cuando respondió.
—Eres mi mejor amigo. No me repulsas, pero no soy... no puedo...
—¿No puedes o no quieres?
Remus no respondió.
—No quieres —concluyó él mismo cuando estaba claro que Remus no iba a responder a su pregunta.
—Tal vez un poco de ambos —admitió finalmente Remus en poco más que un susurro.
—¿Alguna vez... ¿crees que podrías alguna vez...
—No lo sé —respondió Remus, y Sirius captó tristeza en su voz y tomó una pequeña esperanza de ello.
Acercó a Remus aún más cerca, pero sintió una punzada de decepción cuando el otro chico se apartó un poco.
—Aquí no, no cuando nos pueden oír —susurró.
—Está bien —respondió Sirius—. Sólo déjame abrazarte.
Después de pensarlo un momento, Remus asintió y se movió tan cerca de Sirius como pudo sin llegar a estar encima de él. Se besaron brevemente, pero no hicieron nada más. Mientras Remus dormía profundamente, Sirius encontró que su mente estaba trabajando con furia para reclamar descanso. Una pregunta resonaba en su mente una y otra vez, la pregunta de si alguna vez tendría a Remus en todos los sentidos de la palabra.
Volvió a pensar en el tercer año que había pasado en Hogwarts, el año en que Remus había estado escondido dentro de la escuela y compartido su cama todas las noches. Deseaba que nunca le hubiera dicho que no, y aún más que no le hubiera dicho que no era normal.
Normal. Sólo una pequeña palabra, la perfecta para detener Remus que compartiese su cama... y había funcionado demasiado bien. Sirius nunca se había arrepentido de sus palabras más que él mismo. No podía dejar de pensar que si sólo no hubiera dejado que Remus se uniera a él por las noches, entonces tal vez las cosas serían diferentes entre ellos ahora. Tal vez Remus estaría menos preocupado por ser normal y más abierto a la idea de una relación con él... una correcta relación.
Pero, de nuevo, era inútil preguntarse acerca de lo que podría haber sucedido si hubiera tenido el coraje de admitir a Romulus que quería a Remus en su cama y no hubiera dicho estas fatídicas palabras. Este era el mundo en que vivía, el mundo en el que algunas palabras descuidadas podrían haberle costado la oportunidad de una vida amorosa con Remus Lupin.
Esa noche fue el comienzo de un patrón para los dos chicos. Desde esa noche, las noches antes y después de la luna llena, Remus se deslizaba tranquilamente en la cama de Sirius después de que James y Peter se hubieran ido a dormir. Después de la primera vez, Sirius nunca le preguntó si era Remus o Lunático quien se unía a el, sabía cuál sería la respuesta de Remus. Se consoló a sí mismo sabiendo que era Remus, incluso si el otro chico no lo admitiría por sí mismo. Ni siquiera estaba muy decepcionado de que Remus estuviera siempre a salvo en su propia cama antes de que los otros chicos del dormitorio se despertaran.
Sirius comenzó a anhelar esas dos noches casi tanto como temía en la noche ver a Lunático, enjaulado y enfadado, atrapado en el sótano de la casa de Hogsmeade de Remus.
Continuó sus vigilias nocturnas, manteniendo una estrecha vigilancia sobre su amigo y amante, esperando que el amanecer llegara para que Remus volviera a él y pudiese mostrarle lo mucho que lo amaba.
Se perdió en la rutina y atesoraba los recuerdos que estaba reuniendo de cómo se sentía al sostener a Remus en sus brazos, cómo se sentía al besarlo, para mostrarle lo mucho que lo amaba, y escuchar los sonidos de placer de Remus.
La rutina y los recuerdos ayudaron a dejar a un lado los pensamientos cada vez más frecuentes e inquietantes de que quería mucho más de lo que Remus estaba dispuesto a ofrecer.
No quería a Remus sólo tres noches del mes; lo quería para siempre. El compromiso era suficiente por ahora, pero ¿sería suficiente para siempre?
Respuestas a comentarios anónimos:
-LittleLulaby: Siento mucho haber tardado tanto en contestar, pero como he dicho antes, me ha sido tener tiempo libre para actualizar con normalidad. Espero que te haya ido bien en los parciales. :) Sí, es difícil admitir que se es gay en esta sociedad, pero toda una tortura para Sirius. Lo de Dumbledore es gracioso, sí, pero creo que gracias a eso Sirius se dará cuenta de que no está solo. Benjy fue muy cruel con él, y yo tampoco lo perdonaría. Y sobre Charlie... Bueno, es cierto que no debería de haber actuado de esa forma, pero no es su culpa. Se ha sentido un poco presionada por Remus. :/ Espero que no te hayas vuelto muy loca con esta espera. ¡Un saludo!
