Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.
Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.
Edward sólo esperaba que pudiera ayudarla. Las motas rojas que se estaban formando en los ojos de la humana, eran una clara señal de que estaba en medio del cambio a vampiro, pero nunca había visto realmente nada como eso, no conocía los síntomas, aunque había escuchado en sus días en el campamento, de los otros vampiros que antes fueron humanos, que por lo general cuando eran mordidos, pasaban días para que su cuerpo cambiara por completo. Su hembra parecía estar a mitad del camino y por eso pensó que eso podría ser muy malo. Desplazándose a toda velocidad, pronto irrumpió en los aposentos de Bella, agradeciendo que sus amigos humanos no estuvieran cerca, y la depositó con cuidado sobre la cama. Ella gimió, rodando sobre su costado, acurrucándose en posición fetal. Estaba ardiendo, su piel tan caliente que ni siquiera estaba sudando.
Hundiéndose a su lado en la cama, le levantó el labio superior tan solo para descubrir sus dientes caninos, los cuales comenzaban con el cambio. Ella dejó escapar otro gemido agónico antes de que sus ojos se abrieran, revoloteando, sus iris café se habían nublado y lo blanco se había vuelto rojo. Este era el momento en que los humanos infectados, si eran abandonados a su suerte, morían si no encontraban la fuerza suficiente para encontrar algo con vida a lo que succionarle la sangre. Si bebían de humanos tenían más probabilidades de sobrevivir que si lo hacían de animales, pero sin duda la mejor oportunidad para vivir era beber de un vampiro, ¿y si éste era puro como él? De algo malditamente tenía que servir ser un vampiro nato.
—¿Bella? —Edward rasgó su muñeca con los colmillos, acunando la cabeza de su hembra contra su piel—.Tienes que beber de mí, por favor, tienes que hacerlo.
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Bella aspiró bruscamente y lo único que percibió fue el olor agradable, limpio y exquisito de Edward… ese aroma anhelado despertó una intensa sensación de hambre en sus entrañas. La joven salió de su sopor con un extraño rugido, cuando él colocó sus venas junto a su boca. No tenía fuerzas para nada, así que agradeció cuando aquella muñeca fue presionada contra su boca, la sangre siendo forzada dentro de su sistema y…
La primera impresión de la sangre contra su lengua fue transformadora. Aquel líquido tan puro le quemaba la boca y la garganta. Luego le incendió el estómago, como si todo estuviera volviendo a su lugar, cerrándose, curándose a una extraña velocidad vertiginosa, extrañas llamas calientes se propagaron por todas sus venas, recorriendo su cuerpo en un ardor que parecía descongelarla, trayéndola de vuelta a la vida.
Bella comenzó a beber esa sangre con la voracidad propia de quien se aferra a la vida. Cada trago era como un lazo que la llevaba de vuelta, lejos del abismo de la muerte en el que se había sentido tan solo minutos atrás, y mientras succionaba, otra hambre extraña comenzó a formarse… la joven se llevó las manos aterrada hacia su vientre, primero asustada de que ya no tuviera el bulto de su bebé y luego desconcertada al notar todo en su lugar. No estaba destrozada, no parecía haber signos de daño en su cuerpo…
—No te preocupes por eso —susurró la voz aterciopelada, como si supiera exactamente lo que estaba pasando—. Nuestra cría está bien, es saludable y entre más pronto te alimentes, más pronto te recuperarás y podremos verla, no te preocupes más, amor mío.
El aroma a miel y flores de Edward la rodeaba, consolándola pero provocándole más hambre. Su estómago gruñó y en sus entrañas, esa otra hambre palpitó de nuevo, una por demás ridícula necesidad sexual que latía de la forma más ardiente entre sus muslos. Las dos extrañas necesidades se enredaron en su cuerpo, convirtiéndose en una sola idea que exigía satisfacción. Era como si ahora todo fuera instintos, y el poder de su mente tan solo fuera una chica asustada en un rincón. A través de la bruma de hambre y lujuria, buscó a Edward a tientas, lo encontró a su lado. Abrió los ojos, pero no pudo ver nada, supo que debería de tener miedo, pero otra vez la parte racional de su cerebro fue devorada por esas exigencias primitivas. Quería escalar sobre Edward, hundir su boca en su garganta y…
—¡Oh! —Una punzada de dolor atravesó sus encías como si una aguja caliente hubiera descendido. Se separó de la piel caliente en su boca, para llevarse una mano a los labios.
Tanteó con el dedo pinchándose con lo que sea que ahora había en su boca, sintiendo la evidente viscosidad de su sangre caliente. Lamió la punción en su dedo, antes de tocar con la punta de la lengua el afilado extremo de su diente canino. Luego tocó el otro. Tenía colmillos por el amor de Dios. La respiración se atascó en su garganta. Su corazón, el cual prácticamente se sentía enorme dentro de su pecho, latió erráticamente contra éste que evidentemente se había expandido y recuperado, dejándola con una sensación de fuerza indescriptible. Esto tenía que ser una broma, ella no podía ser una vampira…
—Tranquila, amor —ronroneó Edward a su lado, el sonido vibrante y bajo tranquilizándola pese a la confusa mezcla de emociones que se estaba tornando de forma violenta.
Por un lado tenía terror de ver en lo que se había transformado, miedo a lo desconocido, pero también estaba el alivio de haber sobrevivido al parto… y la tristeza y abrumadora angustia por no saber en dónde estaba su bebé…
—¿D-Donde está? —Su voz, ¡vaya!, a pesar de que hablar fue como hacerlo a través de grava, fue fuerte y clara, como una campana.
—Nuestra cría está con mi madre, ellas vendrán para acá cuanto antes. No puedo creerlo, Bella, estás… tú estás, bien, estás hablando y eres… —La estrechó con fuerza—. Por favor perdóname.
Bella se sentía abrumada y su respiración era desigual, los pensamientos en su mente se estrellaban unos con otros, siempre conseguía distraerse con facilidad, pero esto era distinto, como si pudiera pensar en todo al mismo tiempo y poner el debido interés a cada pensamiento sin perder el hilo de las ideas.
—Tenías que hacerlo —susurró, de alguna forma extraña entendiendo a lo que él se refería—. Y me alegra, porque… porque estás conmigo, estamos vivos.
Edward siguió parloteando pero esta vez fue difícil de comprender porque una nueva oleada de hambre, aplastó su capacidad de pensar. Otra vez los instintos la dominaron dejándola en carne viva, con una necesidad desde su vientre hasta sus… colmillos. Jadeando y sollozando se curvó en posición fetal, manos cayeron sobre ella, y de pronto estaba sobre un cuerpo cálido, tibio, y sus instintos le exigieron lanzarse con un gruñido gutural contra la garganta de…
¿En serio ella había gruñido, como gruñido realmente?
—Aquí. —Edward internó los dedos dentro de su cabello y la condujo a su garganta.
Y luego todo fue demasiado. Como si se hubiera estado alimentando desde siempre, mordió profundamente en la carne del vampiro. El cálido y embriagador torrente de líquido llenó su boca de nuevo, deslizándose por su garganta como el mejor y más embriagador de los vinos. Su cuerpo se sacudió como si hubiera sido conectada a la corriente eléctrica, y cuando su hambre de ese alimento vital comenzó a ceder, otro apetito se despertó con fuerza. En ese único momento, todo lo que le importaba era satisfacer los extraños deseos que se retorcían por sus entrañas. Extendiendo la mano entre sus cuerpos, ella palmeó el grueso bulto que se presionaba contra su vientre. Él inhaló aire bruscamente, antes de arquearse contra ella, presionándose contra su toque… Y entonces comprendió de nuevo todo lo que estaba pasando, estaba de alguna manera recreando lo que Edward había tenido que pasar… no sabía si hacía horas o meses, pero estaba haciendo lo mismo que Tanya, con un siseo, se separó de su vena, por alguna razón sabiendo que tenía que lamer las punciones y se quedó sobre él, jadeando y confundida por necesitar estar con él tan desesperadamente. Una fusión de sangre y sexo exigía su cuerpo de forma tan primitiva, que incluso no podía dejar de mecerse contra el de él.
—¿Por qué te detienes? —inquirió con esa voz ronca y seductora, que la hizo gemir.
—No te voy a hacer… no puedo hacerte eso. —Edward sujetó sus mejillas y aunque todavía no podía verlo, de igual forma sintió su mirada sobre ella.
—No es lo mismo, esta vez eres tú, mi hembra, la madre de mi cría. Estoy imprimado de ti —acarició con el pulgar su garganta, su voz llena de anhelo—. También te necesito, Bella.
Ella comenzó a negar, pero respiró hondo y entonces el aroma que golpeó su nariz…
—Tú de verdad me deseas —sonrió maravillada, haciéndolo reír.
Una extraña sensación de victoria se apoderó de Bella, mientras pensaba que por fin iba a ser capaz de darle todo, absolutamente todo lo que él necesitara. Podía sentirse tan conectada a él, como si estuvieran unidos por un lazo, podía detectar sus emociones, su aroma, y definitivamente, Edward no tenía miedo.
La deseaba tanto como ella lo deseaba a él.
Muchas gracias por sus comentarios, y les tengo noticias, el capítulo que sigue ya es el último, haré un epílogo y nos despedimos de la historia!
