Searching for Levi / Buscando a Levi
Escrito por
Blessende / Traducción por Maru de Kusanagi

NT: No tienen idea del cansancio mental que estoy teniendo... Ah, ¡Blessende ha publicado una nueva side story!

Capítulo 49: Ave de Trueno

~.~

En las idas y venidas diarias de la ciudad burbuja, donde la oscuridad de la media luz gobernaba cual solitario emperador, Eren se sentaba junto a Marco y dormía con sueño incómodo. A veces, alzaría la cabeza, despertando de repente, y miraría confuso en derredor. Hallaría al resto luchando sus propias batallas con Morfeo. Armin y Jean todavía tenían briznas del heno de la llama en las ropas, y seguían durmiendo, hechos ovillos dándose la espalda. El continúo traqueteo del motor, junto al sonido del inquieto leviatán nadando en su contenedor, había arrullado a los jóvenes hasta el sueño, como una extraña nana. La vista divertía a Eren, porque, si le hubieras dicho un mes atrás que su mejor amigo y su mayor enemigo un día viajarían a través de la galaxia en su ayuda, nunca se lo hubiera creído. Se volvió a su derecha y descubrió a Marco cabeceando bajo las páginas de un libro.

Merecían un descanso… después de todos los inconvenientes que les había causado.

Con una agradecida sonrisa, Eren cerró sus ojos y trató de volver a cortejar a Morfeo.

El sueño vino, así como los sueños. Aunque deseó que su mente dejara de conspirar y lo dejara en paz por un rato. Porque lo que veía detrás de sus parpados cerrados no eran pesadillas acerca del vacío. Eran mucho, mucho peor.

Era el pasado.

El inmutable pasado, decorado con el confeti de los triunfos y errores. Como trozos de un espejo roto. Como los trozos de una pantalla estallada.

Era como si oyera al FTS (1) y caminara por el corredor gris de sus recuerdos. Los sueños lo hacían entrar y salir, sus recuerdos mezclándose con lo que fue, pudo ser y lo que debió haber sido. Su inconsciente jugaba su juego de ruleta, haciéndole pasar por una vida de remembranzas. La blanca pelota rebotaría a través de los enumerados años, haciéndole recordar las más pequeñas e insignificantes sutilezas y detalles de una vida que parecía perdida para siempre. Desde la forma en que alguien bebía su té negro, sosteniendo la taza por el borde. Por la forma en que alguien golpeteaba la mesa cuando pensaba o trataba de hallar una mota de polvo para quejarse al respecto. Por la forma en que impasibles ojos grises lo miraban constantemente, y velaban por él, a veces no había diferencias entre las dos cosas. Por la forma en que la alfombra rasgaba su espalda desnuda, por la forma en que la pantalla caía al suelo… a la forma en que un hombro de piel pálida se sentía contra su boca, y a la forma en que era reprendido por morder y dejar marcas.

Tenía quince años, y era cargado sobre un hombro con la promesa de ser enviado a casa.

Todavía tenía quince, y era pateado, golpeado y vapuleado cual muñeca de trapo. Nudillos dando en los suaves espacios entre sus costillas, hincándose en la carne. Allí iban volando los dientes, allí estaba la mirada del Estado, la burocracia y… la mirada indiferente del rostro del hombre y el juramento de disciplina en finos y hoscos labios.

Tenía dieciséis, sentándose solo en las barracas de los Cuarteles de Entrenamiento. Hasta que alguien le visita y le invita el almuerzo. Tenía dieciséis, con la mano de alguien en su mejilla y ojos grises buscando en sus verdes algo. Llamándolo caos, enseñándole muchas lecciones, pero ni una vez sermoneándolo.

Tenía diecisiete, y era forzado a hacer sentadillas por el mal hablado de su guardián. Todo porque Eren había intentado meterse en los zapatos del guardián por una vez.

Tenía dieciocho, y fue un momento de primeras veces. Se graduó de la secundaria. Se graduó de los Cuarteles de Entrenamiento, dándole al Sgto. Keith Shadis tres hurras por un trabajo bien hecho. Fue seleccionado dentro del escuadrón de su héroe. Se graduó de la primera base del amor. La segunda base. La tercera. Hasta que 1263 significó mucho más que sólo un número.

Tenía veintiuno, y hacía una propuesta de matrimonio, borracho en un callejón, afuera de Diablo. Tenía veintiuno, y se iba a casar.

Tenía veintidós, y practicaba béisbol con el otro en la cima de un ventoso helipuerto. Todavía tenía veintidós, y peleaba por un espacio ante el espejo para afeitarse.

Tenía veintitrés, yaciendo en un charco de sangre, y, aún así, había brazos atrayéndolo en un cuidadoso abrazo.

Tenía veintitrés, y se le decía que todo había sido una mentira.

Ahora, estaba en el presente, una mano en su hombro apremiándolo para que despertara. Eren abrió los ojos, y descubrió a Marco arrodillándose delante de él.

'El sol va a salir. Nina dice que pronto llegaremos al lugar.' Dijo Marco, la preocupación evidente en sus ojos castaños. '¿Estás… bien, Eren?'

Armin y Jean estaban parados detrás de él, sus rostros vistiendo la misma expresión.

Eren parpadeó pesadamente a sus amigos y les asintió con vacilación.

'S-sí. Estoy bien.'

..-..

No estaba bien. Ni cerca de estar bien.

No después de ver el sitio del estrellamiento.

En los ocho años que había estado en Titán, ésta era la segunda vez que había estado fuera de Trost. La única vez, que fue la primera, fue en su juicio en la corte del Senado en Stonehess. Había sido esposado, encadenado, y en verdad no tuvo oportunidades para ir a dar un paseo. Todo lo que recordaba era la mirada de sospecha en la cara de la gente. De ser un extraño en su tierra. Era una intromisión nunca oída antes. Nunca antes había un Terrícola cruzado desde el otro lado, por sus propios medios. Les preocupaba, su descaro, su espíritu y su pasión por quedarse.

Había una capa de polvo gris encima de los chamuscados restos del TJ. Conocía el vehículo. Lo había conocido, montado en la compañía de ese hombre… antes de que se convirtiera en los desechos que era ahora. Pero eso no significaba que los reconociera. Desgarrados cables colgaban de la panza, nada quedaba de combustible en el tanque, pero persistía una mancha de aceite. Un ala había sido aplastada contra las rocas. La cabina era negra, más negra que el carbón, y se caía a pedazos como el óxido. Al igual que el puesto de control. El vidrio del parabrisas estaba roto, y el marco doblado como una percha torcida. Estaba la silueta dibujada en el suelo. Un contorno de tiza blanca, donde, supuestamente, el cuerpo fue hallado.

Aunque deseara negarlo, aunque deseara rechazar la mismísima idea, tenía que conceder que la altura coincidía. Así como, la contextura.

Eren se hundió en el suelo, mirando el crudo contorno blanco en la arena gris. Ya empezaba a borrarse. En el tiempo que le había tomado para llegar a Titán, para reconciliarse a sí mismo con sus sentimientos y dar ese salto en la Bahía Castor, atravesar la galaxia hasta este mundo… el tiempo no se había detenido. Claro, no se cagaría deteniendo. El tiempo no esperaba a nadie, menos a un mocoso inútil que no podía proteger nada ni a nadie.

Las líneas de la silueta ya eran consumidas por esta tierra desolada, siendo devoradas por la áspera y fea naturaleza de Titán. Estaba la risa del desierto, soplando a través de sus cabellos grasosos, suavemente burlándose de él. Por arriesgarse tanto por un hombre que quizá estuviera muerto de verdad.

Podía oír a Nina Burgess apoyándose en su puerta del conductor y masticar castañas asadas. Podía sentir las miradas de los otros clavándose en su espalda, probablemente acusándolo de haberlos llevado en una búsqueda inútil. ¿Cómo iba a enfrentarlos ahora?

Oyó a uno de ellos arrastrarse a su lado. Los pasos eran lánguidos mientras llegaban a su lado.

Eren reconoció las botas.

Jean soltó un ligero silbido ante los restos.

'Y, ¿a dónde vamos ahora?', preguntó en el pesado silencio. Rió sin humor, y le echó una mirada al desierto que se extendía delante de ellos. Maria estaba, aparentemente, a ocho (2) kilómetros, pero no podían verle más allá de las dunas y las rocas incrustadas de agua de esa tierra.

Eren no dijo nada, siguiendo el contorno blanco delante suyo.

Jean no había terminado con su arenga.

'¿Que sigue en la lista? ¿La morgue? ¿Ir a exhumar el cuerpo? A continuación, ¿vas a convertirnos en saqueadores de tumbas?'

observó al chico levantarse en silencio.

El guardián dio la vuelta y comenzó a andar, sobrepasándolo. Jean se estiró para agarrar el brazo cubierto por la capa del chico, y lo forzó a mirarlo.

'Oye, ¡te estoy hablando! ¡No te atrevas a esquivarte! ¿No vas a-?'

La capucha había caído atrás, revelando el rostro del castaño. Y era una visión que muchos no llegaban a presenciar. Porque habían lagrimas colgando de las pestañas del chico, el labio inferior temblaba ligeramente.

Jean se quedó en silencio. Abrió la boca y volvió a cerrarla, buscando algo apropiado que decir. O buscando un pie para meterse, porque, genial, ahora estaba a punto de hacer a Eren llorar. Eren Jaeger, esa enorme mierdecilla que siempre lo insultaba. Siempre buscaba peleas... parecía afligido e inconsolable. Como esa vez en el bosque.

Eren tiró de su brazo para liberarlo, se volvió a subir la capucha y se alejó presuroso sin decir palabra.

'¿Dónde... dónde estás yendo?' reclamó Jean.

Oyó el ahogado resoplido del chico, la voz rompiéndose al hablar.

'La morgue... me convertiré en un maldito saqueador de tumbas si es necesario.'

'Jaeger... ¡JAEGER!', le llamó Jean. '¡Eren!'

Pero el chico no se detuvo. Siguió alejándose, pasando el camión sin dar una mirada a sus otros amigos.

Jean se quedó paralizado en su sitio, y se pasó una mano por su cabello ceniciento con frustración. Se arriesgó a mirar a los otros.

Armin lo miraba con la boca abierta.

'¡Eres un CONCHUDO! ¿Para qué lo hiciste?', le castigó Armin antes de que saliera corriendo, persiguiendo la difuminante figura de Eren en el horizonte.

Marco se quedó junto al camión, silencioso y observador. Nina Burguess, habiendo visto el drama suceder, volvió a masticar sus castañas asadas.

Jean soltó un pesado suspiro, y se unió a los titánicos.

'Dejame adivinar. ¿También crees que soy un bocón?', preguntó, inclinándose a un lado del camión.

Hubo un silencio que era más pesado que el smog de la atmósfera de Titán.

Marco sacudió la cabeza. 'No, eres el abogado del diablo. Y todos necesitan oír la dura verdad en ocasiones.'

Jean se volvió a verlo, sorprendido.

'¿Piensas... que hice lo correcto?'

'Depende de tu intención', dijo el hombre de pecas, con una sonrisa rebosante de vitalidad. 'Aunque alguien una vez dijo... que las palabras son armas cargadas.'

Hubo una breve pausa.

Jean miró a la estrella enana alzarse por encima de la tierra desértica.

'¿Y quién lo dijo?, preguntó.

'Alguien que deberías conocer', remarcó el sonriente titánico. 'Un hombre llamado Jean Paul Sartre.'

Jean masculló y miró de refilón a las criaturas dentro del camión. Cualquier cosa que lo distrajera de las metidas de pata que seguía haciendo. Pero, por dentro, incluso la Llama Latina le miraba con reprobación.

Quid, amanti? Quid.

Sí, ¿por qué hizo eso?

..-..

Eren pateó la puerta para cerrarla detrás de él. El departamento del 1263 estaba oscuro y vacío. Gracioso que no fuera la forma en que lo recordaba.

'¡Houston a Titán! ¿He VUELTO...?', dijo, alzando los brazos dramáticamente. Su voz bajó, desilusionado ante la vacía vacuidad. No había audiencia para que lo recibiera. 'Qué mal, ¿nadie ahí?'

Oyó un ladrido, y se volvió a la cocina. Krobe lo observaba desde el mostrador de la cocina. El cachorro de rottweiller volvió la cabeza a un lado, y lo miró escrutadoramente con sus brillantes ojos rojos.

Eres tú... ¿ah?

Eren Jaeger sonrió ampliamente.

'Sí, soy yo. ¿Tienes un problema con eso, chucho?'

Volviste de tu planeta de sordidez, ¿ah?

Hubo un cambió en su expresión y Eren captó la mirada expectante de su rostro. Se paró y ladeó elegantemente su cola metálica.

Y... ¿me has traído algún bocadito, terrestre (3)?

Eren suspiró, mientras revolvía el bolsillo de su parka y sacaba el tornillo de metal que trajo de su mundo. 'Eres exigente, no-'

Apenas había dado dos pasos hacia la cocina, cuando sintió una fuerza tumbarlo por detrás. Nunca oyó los pasos. Nunca vio las sombras moverse. Silencioso como una pantera, era ese hombre. Aterrizaron en el piso con un ahogado golpe, y Eren se halló siendo dominado. El mayor apretó una rodilla en su estómago, sosteniéndolo en su lugar mientras tensas manos trabajaban, sujetando los brazos de Eren.

'¡OYE! ¿Por qué es todo esto?'

Levi lo miró, sus ojos grises entrecerrados en apenas lineas.

'¿Cuántas veces debo decirte que no entres en la casa sin ser cuarentinizado?'

Eren gruñó. 'Porque es degradante. No cargo ningún germen', dijo, tratando de liberarse y mirando con exasperación al mayor.

'¡Y qué demonios es ésto!', masculló. '¿Es ésta la forma de tratar a tu esposo? Hasta Krobe pareció un poco emocionado por verme.'

Levi chasqueó la lengua con fastidio. '¿Y por qué debería estar contento de verte, imbécil? Cuando todo lo que haces es romper mis reglas-'

hubo un largo, consumidor silencio que reemplazó la tensión. Se miraron uno al otro, habiendo irrumpido en la zona segura del otro. Eren captó el atisbo de sonrisa que amenazaba con aflorar en el rostro del hombre, y entonces rompió el hielo con una risita.

'De acuerdo, de acuerdo. Vengo en paz, déjame ir.'

'Dame una segunda buena razón por la que debería.'

'Ah, vengo trayendo... ¿regalos de mi mundo?'

Levi le echó a su mochila una mirada evasiva.

'Mas vale que no sea otra cámara...' dijo Levi.

'Sí, después de que la última vez tiraste la mía por la ventana, ¿piensas que me arriesgaría a traer otra? ¡Fueron dos meses de ahorros, ¿sabías?! ¡DOS MESES! ¿Tienes idea de cuánto dinero se va en la universidad? ¡¿Cuán costosa es la educación?! Compro mi ropa en una tienda de segunda mano de beneficencia, ¡y tú tiras mi polaroid por la ventana! ¡Era una antigüedad!'

'No sé, ni me importa.' dijo sencillamente el cabo primero de ojos grises.

'Bien, tampoco voy a bajar la tapa del inodoro.'

'¿Es una amenaza? ¿Está buscando pelea conmigo, soldado?'

Hubo una pausa, y los dos hombres se clavaron la mirada, desafiando al otro a ceder.

Levi soltó los brazos del menor, y miró a Eren con un brillo en sus ojos grises.

'Y, ¿qué me trajiste a mi?'

'...¿Oreos?', sugirió Eren.

'Todos sabemos que no trajiste eso para mí. Prueba de nuevo, novato.'

'¿Una bolsa de nachos?'

'Tampoco me gusta el almidón.'

Se hizo un largo silencio que los envolvió, la malicia evidente en los ojos del mayor.

'Eh, ¿yo?', preguntó Eren con una risa nerviosa.

Había anticipado ser apartado. Había esperado un insulto estilo 'imbécil', 'cabeza de mierda', y así. Pero Levi se inclinó cerca, oliéndolo como si... de verdad considerara la oferta.

'Je', dijo el semi Napoleón. 'No es mucho... pero acepto.'

'¿Eh?, preguntó Eren con sorpresa.

Y, sin aviso, Levi agarró los brazos y caderas del joven, y se subió a Eren al hombro.

'¡Espera! Momeeeeento, ¿qué crees que estás haciendo?'

El pelinegro giró la cabeza para sonreírle, insinuante, 'Tomando lo que me pertenece.'

Eren lo miró, incrédulo. '¿Está seguro que puede cargarme, Cabo?', le desafió. '¡Ya no soy el mocoso de dieciséis que rescató hace tanto!'

'Siempre serás un mocoso', dijo Levi, visiblemente resoplando bajo el peso del estudiante universitario. Aunque tratara de negarlo, debía admitir que Eren estaba más pesado ahora, y no era más el pubescente chico que se le ordenó vigilar. 'Y, por fortuna, siempre deberé salvarte el culo', admitió, cargándolo hacia el dormitorio.

'¡Epa! ¡Epa! ¡Cuidado con el marco! ¡Cuidado el marco-'

Eren se agachó, apenas esquivando ser golpeado en la nuca.

Levi cerró´la puerta tras ellos, justo dejando a Krobe fuera. Oyeron al droide proferir un aullido melancólico. Krobe rascó la puerta cerrada, mientras Levi dejaba al más joven de pie.

'Y', dijo Eren, ojos verdeazulados nunca dejando de verlo. '¿Quien domina?, preguntó, jugando con su cinto.

Hubo una pausa.

Levi le miró cautamente, antes de sonreír.

'…. Tiraremos una moneda.'

..-..

'¡Eren! ¡Eren! ¡ESPERA!'

El castaño no dejó de caminar.

'¡Eren!', llamó Armin mientras daba una ultima carrera. El rubio lo tacleó como si fuera un partido de rugby. No consiguió tumbarlo, pero consiguió que Eren cayera de rodillas. Lo cual era suficiente, considerando cuan volátil y perturbado parecía Eren. Armin envolvió sus cortos brazos alrededor de Eren, y presionó su rostro en la espalda de su mejor amigo. Permanecieron en esa pose por un largo e incomodo silencio. Eren con su cabeza oculta en los pliegues de su capa con capucha, rehusándose a ser sacado. Y Armin con sus brazos rodeando a su amigo de la infancia.

'Déjame ir', le apremió Eren.

'No hasta que te calmes.'

'Estoy calmado.'

'No, no lo estás. Estas enojado. Estás frustrado. Lo entiendo, hombre. Te sientes con ganas de golpear a alguien, ¿no?'

Armin sintió un temblor irrumpir el cuerpo del chico que sostenía. Los hombros temblaron, pero Eren seguía guardándoselo todo. Oyó a Eren tomar aire profundamente, pero el aire nunca salió. El rubio giró los ojos, apretando su agarre alrededor de su mejor amigo.

'Dios, no cambiaste nada. Es como la vez con el dentista. No pudiste decirle a tu mamá que la boca te dolía como el demonio. Te guardaste todo el dolor para ti mismo. Sigues cargando todos tus problemas solo. Eso no es sano, Eren. Te van a comer por dentro. ¿Me entiendes?'

Eren hizo una mueca, tratando de contener las emociones que trataban de vencerlo.

'Él... me enseñó a dominar mi ira.'

'Sin ofender, Eren... pero, ¿vas a tener más en cuenta el consejo de un muerto antes que el mío?'

'Él NO está MUERTO-'

'¿Ves? Ésto es exactamente lo que digo! Has exaltado el hombre como a un Dios. Es un humano, como el resto de nosotros. La gente comete errores, perdónalos. Perdónalo, Eren.'

Hubo un tenso silencio que quedó en el espacio de esas palabras.

Armin vio al castaño guardián llevarse una mano a la cara.

'Él nunca dijo que era un héroe. Mucho menos un Dios. Yo soy quien-'

'Entonces, perdónate a ti mismo primero.'

Armin forzó a Eren a darse la vuelta y enfrentarlo. El rubio muchacho vio la cara de su amigo y lo sacudió con fuerza, acerados ojos topacio mirando en los vacilantes verdes.

'Eren. ¿recuerdas lo que pasó en el 2002?'

'Por supuesto, lo recuerdo...'

'Sí, fue el año en que pasó el accidente y mis papás nunca volvieron a casa.', dijo Armin, haciendo una mueca ante lo desagradable del recuerdo.

Era raro como Armin narraba el peor evento de su niñez... como si fuera una parte de una película que vio el fin de semana.

'Fueron tiempo duros. Pero no fue el fin de mi vida. Que es es motivo por el cual se mudó a vivir conmigo. Al principio, pensé que todo lo que el vejete quería era mudarse de su casa de retiro usándome de excusa. Pero, ¿sabes qué? Mientras me hacían parar entre los ataúdes, la manada de mis tías me decían que debía permanecer digno y no llorar. Porque los chicos no lloran, dijeron. Los verdaderos hombres no lloran lagrimas, me dijeron. ¿Adivina quien cerró de golpe la puerta de un taxi y caminó con un bastón? Sí, ¡el Abuelo! Se acercó a los ataúdes, miró arrugando el ceño a su hijo y a mi madre. Y, entonces, vino a mi lado. ¿Y sabes qué hizo? Me dio una cachetada en plena cara. Me dijo que yo estaba enojado y que tenía todo el derecho de estarlo. Y que no había motivo para sentir vergüenza por estar enojado con gente muerta. Y me dijo que había una sola manera de lidiar con la situación.'

Eren se mordió un cachete por dentro.

'...¿cuál era?', preguntó el castaño.

Armin sonrió.

'Cuando estás enojado, cuentas hasta tres.'

Eren resopló.

'Ya eso.'

'Y, cuando estás verdaderamente enojado, maldices. Y haces berrinches.' terminó Armin.

Eren observó al otro, preguntándose si este era el mismo chico que solía ser molestado en la secundaria. Se forzó a reír, dándose cuenta a quien había salido su amigo de la infancia. 'Tu abuelo es un tipo sabio.'

Armin le sacó la lengua, pero asintió suavemente. El santo sonrió con renuencia. 'Sí, eso es lo que pensé. Hasta que saqué un libro de la biblioteca y descubrí que Mark Twain lo había dicho primero. El abuelo sigue creyendo que el tipo le hizo plagio, a pesar de que Mark Twain lleve muerto cien años.'

Eren permaneció arrodillado, y llevó su peso a los talones de sus zapatillas.

'Así que... ¿qué quieres que haga? Ya no sé qué hacer, Armin. No sé donde ir desde aquí.'

'Bueno, para empezar, grita.'

Eren lo miró con sospecha.

'¿Qué?

Armin señaló a las dunas de arena que los rodeaban.

'Mira en derredor, Eren. No hay nadie aquí en kilómetros. Es el mejor lugar. Deja todo salir. O tu ira te va a comer desde dentro.'

Eren meditó el consejo en el silencio del desierto. Miró al anillo en su mano derecha y sonrió al nudo de emociones desatarse en su pecho. Se levantó, asintiendo con decisión. Se quitó la capa y la tiró al piso. Vestido en su camiseta de Guns n Roses y jeans, enfrentando por primera vez al mundo de Titán sin disfraz, se sintió extrañamente liberado. Eren apoyó una rodilla al piso y tomó la pose del corredor.

Armin lo miró con inquietud, mientras recogía la abandonada capa del suelo.

'¿Qué... estás haciendo, Eren?'

'Desahogándome', fue todo lo que el castaño dijo en respuesta.

Eren preparó sus hombros y miró al frente.

Contando en regresiva desde tres, partió.

Y Armin nunca había visto algo similar antes. Había visto a su mejor amigo en el ring de boxeo, lo vio jugar béisbol, e incluso simular sentadillas en el gimnasio. Pero eso no era nada en comparación a ver a Eren correr una milla. Armin estaba fascinado por las largas y ágiles zancadas del joven guardián. Eren levantaba la arena del desierto en sus pasos, las zapatillas retumbando en el camino invisible, como un sabueso con fuego en sus patas. Y allí estuvo el grito. Un grito de angustia, que irrumpió a través del silencio del desierto, casi como el lamento de un animal herido. Como una ballena siendo arponeada en su hogar, asesinada atravesando su vientre. Como un halcón siendo derribado del cielo. Eren corrió hasta que sus pies pudieron sostenerlo. Corrió hasta que sus pulmones clamaron aire. Cuando finalmente se detuvo, era sólo un pequeña figura en la distancia.

Armin le vio colapsar sobre sus rodillas.

Pero los gritos no cesaron.

'¡Espero que estés contento, IMBÉCIL!', oyó Armin rugir a Eren entre las dunas de arena gis.

Hubo un lastimero grito, que se convirtió en sollozos.

'¡Espero... que estés malditamente FELÍZ!'

'¡Porque lo perdimos TODO, Levi! TODO, ¿oíste? ¡Todo lo que significaba ALGO! ¡Todo se vino abajo!'

'¡Y-y sé que era el paraíso! ¡Mi PARAÍSO! ¡Y TAMBIÉN EL TUYO! ¡Y, ¿ADIVINA QUÉ?! ¡TÚ Y TO, LOS DOS, LO DESTRUIMOS!'

Hubo una pausa y el sonido de llantos.

'Pero... ¡está bien! ¡PUEDO LIDIAR CON ESO! Puedo cagar aguantándomelo, mientras... mientras estés vivo. Por favor, ¡sólo sigue vivo!'

..-..

Cuando sus sacos lagrimales y garganta se secaron, Eren sintió el regreso de una vieja catarsis. Lo liberó, y se dio cuenta de que el abuelo de Armin había estado en lo correcto. Lo ayudó. Lo liberó de la culpa y la ira. Se forzó a ponerse de pie y volverse. Como siempre, Armin lo esperaba.

El rubio le saludó.

'¿Terminaste?', gritó su mejor amigo.

Eren asintió con una media sonrisa, la cual probablemente el chico no podía ver por la distancia.

'¿Crees que me haya oído?' le gritó Eren en respuesta.

'¡Apuesto que todo el universo te oyó, fuerte y claro, Eren!' le respondió a gritos Armin, riendo.

Armin le volvió a saludar y señaló a el camión que se acercaba en la distancia.

'Nuestro transporte llegó. ¡Apúrate, haragán!'

Eren asintió, y empezó a caminar hacia él. Los pies dolían por la carrera que acaba de hacer. Y, estaba seguro, tenía ampollas si se quitaba las zapatillas y medias. Miró arriba y vio al camión detenerse ante Armin.

Pero el rubio se quedó paralizado en su sitio, y no mostró intención de acercársele.

Eren se dio cuenta del porqué.

Tres hombres surgieron del camión. Y Eren se dio cuenta demasiado tarde que que este vehículo no tenía el logo de 'Burguess Venturas' dibujado en su lado. Uno de los hombres apuntó un arma a la frente de Armin y el chico rubio levantó las manos en el aire. Otro lo agarró por el cuello de su impermeable y empezó a empujarlo dentro del camión, a pesar de la resistencia de Armin.

'No', crujió Eren, sin aliento. '¡ÉL NO!'

Los hombres se volvieron y se percataron de él. Se burlaron del Guardián.

Ya sabía quienes eran.

Cazadores de recompensas.


Las estrellas danzan en azul y rojo,
y la arbitraria negrura ingresa al galope,
como dijiste imaginé tu regreso,
pero envejecí y olvidé tu nombre.
Creo que te inventé en mi cabeza.
Debí haber amado, en cambio, a un ave de trueno
(4).

Mad Girl Love Song (La canción de amor de una chica loca), Sylvia Plath


1 En el original es TSM: Tranverse SubConscious Merger (fusionador trasversal de subconscientes). Aparece en Doce Puertas a un mundo azulado y hay un chiste interesante al respecto…

2 Una milla en el original

3 Aquí se usaba la palabra 'earthling', que es efectivamente terrícola. Como traduje 'earthborn' (nativo de la tierra) como terrícola, usé una palabra similar.

4 El ave de trueno es una figura mitológica de los indo americanos del norte, un ave que trae las lluvias, los truenos y los rayos.