Han pasado unos años desde su boda con Shirayuki. Su hijo mayor nació meses después de la ceremonia. Era un chico rubio con ojos azules. Era un Wistalia, sin lugar a dudas. Por ser primeriza, el parto fue algo tardado. A su manera, Izana tuvo un tiempo difícil mientras esperaba por el nacimiento de su primogénito. Su corazón se detuvo por un instante cuando escuchó sus llantos y encogió cuando lo sostuvo entre sus brazos. Era una criatura tan pequeña e indefensa. Su crianza no fue nada sencilla. Era tan insolente como su madre. No tenía sentido de la autoridad y siempre lo cuestionaba por todo. Eso sí, poseía una mente brillante. Dado que pasaba la mayor parte del tiempo, con su madre en el laboratorio, se la pasaba inventando cosas todo el tiempo. Durante una visita que Yu, realizó como Rey a Clarines, notó el talento del chico y le ofreció a Izana llevárselo por un tiempo. Izana le dijo que lo pensaría cuando él fuera adolescente. Su otro hijo, tres años después que su primogénito. Al igual que se hermano, tenía los genes Wistalia. Él era más tranquilo y reservado. Se la pasaba leyendo. Le gustaba estar más en la biblioteca de su padre. Él practica esgrima con su hermano mayor. Justo como lo hacía Zen con Izana. Su hermano mayor era más ingenioso, pero él era un mejor estratega. La vida de esos dos cambió con el nacimiento de su hermana. Ella tenía los cabellos de Shirayuki y un espíritu de aventura sin igual. No era tan formidable en los estudios como sus hermanos mayores, pero era invencible con la espada. Ella les sacaba canas verdes como niñeros. Siempre encontraba la manera de escabullirse de sus miradas e irse a vagar a la ciudad. En más de una vez, la castigaron por salir sin permiso.
Tras el nacimiento de sus nietos, su madre se mudó a la capital. Ella quería pasar tiempo con ellos y de paso, ayudar a Shirayuki con su crianza para que ella tuviera más tiempo para dedicarse a su profesión. Ella seguía inventando medicinas y trabajando con Yu. Hace poco, se fue por más de un año al Reino de Yuen. Él aún está un poco resentido por que lo dejó por tanto tiempo. Sin embargo, no puede quejarse ya que, en su estancia en el extranjero, desarrolló pomadas muy efectivas para curar quemaduras graves y gotas para tratar infecciones en los ojos. Además, a su regreso fue muy condescendiente con todos sus deseos. Ella es mujer bastante atractiva.
Mientras recuerda a noche anterior con su esposa, Shirayuki entra a su despacho con un poco de té. Ella siempre hace un tiempo para tomar un poco con él. Nunca pensó que gracias a esas infusiones encontraría la felicidad. Ella le sirve un poco de té y le pregunta cómo ha estado su día. Él le contesta que calmado. Aunque por la tarde estuvo un poco movido, por la visita de los pequeños. Todas las tardes, Izana les da clases de gestión pública, después de que están en la mañana con Shirayuki y sus tutores, aprendiendo ciencias, historia y otras materias. Ella solo ríe. Izana es un buen esposo y padre. Es un quisquilloso, terco y manipulador de primera categoría, pero tiene un gran corazón. Ella lo ama profundamente. Él la nota pensativa y le pregunta: "¿Estás pensando en algo?". Ella le responde: "Te amo". Él se sonroja de inmediato. A pesar de los años, aún no se acostumbra a esa espontaneidad de su esposa. Él toma su mano y le dice, mientras miran la ciudad desde el vitral del palacio: "Sabes que el sentimiento es mutuo".
FIN
P.D.: Ha sido mi primera historia. Muchas gracias por leerla hasta el final. Aprecio mucho a todas las personas que estuvieron pendientes de las actualizaciones, me brindaron sus comentarios y me animaron a finalizarla.
