INTERCAMBIO
Capítulo 44
Discusión
Percy POV
Después de anunciar que Voldemort vuelve y dar este gran discurso sobre cómo debemos, los dos mundos, aliarnos, uno esperaría que cuando uno dice que mañana salimos a una isla, lo seguiría.
Bueno, pues así no funciona la cosa.
De hecho, lejos de eso.
Tan pronto como terminé de hablar, los prefectos de cada casa me jalaron hasta la oficina de Dumbledore. Actualmente, McGonagall (quien nos había acompañado) había transformado el escritorio de Dumbledore en una mesa redonda, y ahora se quedaba a un lado junto con el director de la escuela. En un lado, estaba Dumbledore, sentado tranquilamente tomando té y acariciando a un fénix con una mano. McGonagall, en cambio, parecía algo más preocupada y estaba parada a un lado de la mesa de té de Dumbledore con los brazos cruzados y mirándonos fijamente.
Mientras tanto, los prefectos de Gryffindor, Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw tenían fuego cruzado frente a mí. Lo curioso era que en realidad yo era el centro de todo.
—La última vez que se alegó que Voldemort había vuelto nadie le hizo caso al acusador —alegaba Cassandra Robinson, prefecta de Slytherin—. ¿Por qué esta vez será diferente si el acusador es aún más cuestionable?
—Tienes toda la razón, ¿por qué habría de hacerse diferente a la última vez? —cedió Hermione, pero un segundo después sus labios formaron una «o» y su mano cubrió su boca—. Oh, claro. ¡La última vez resultó ser cierto!
—Eso no significa que lo sea está vez —contestó Remi Parks, la prefecta de Hufflepuff—. Si tomamos en serio cada alerta de Voldemort las personas comenzaran a pensar que es una broma.
—Es una precaución que deberíamos tomar —declaró Carter Forbes, un prefecto de Ravenclaw.
—Bueno, eventualmente, estarán en lo correcto. ¿Escribes el mismo hechizo en cada una de las respuestas del examen, Cass? —preguntó Hermione sarcásticamente—. ¡Sigue así! ¡En alguna deberás estar en lo correcto! ¿Pero qué pasa con el resto de las veces? ¿Solo nos arriesgamos?
—No podemos enviar personas a ciegas. Mucho menos si tenemos una idea de lo que pasará, y no es buena —respondió Cassandra rígidamente.
—¿Y qué crees que va a pasar? —preguntó Carter—. ¿Caníbales voladores atacando hechiceros? Eso no es muy cuerdo…
—¡Lo sugeriste tú, bobo! —espetó Zane Young, prefecto de Hufflepuff—. Probablemente el perturbado seas tú.
—Sabemos que es territorio enemigo —intervino Drew Luminier, prefecto de Slytherin, con ligera duda. Dispuesto a considerar.
—Ni siquiera son enemigos reconocidos —recordó tímidamente Paisley Terrence, prefecta de Ravenclaw—, y nos ofrecen una tregua.
—Es peligroso —exclamó Cassandra.
—¡Es más peligroso esperar a que Voldemort nos ataque! —insistió Ron.
—Nos podemos defender —anunció Remi.
—¡No, no es cierto! —espetó Carter.
—Claro que sí, lo logramos la vez anterior —replicó Remi.
—Además, no estamos seguros de que Voldemort regrese y no tenemos evidencia más que el testimonio de dos hechiceros mediocres y un pseudo alienígena —silbó Cassandra.
—¡Hey! —protesté. Parvati y Seamus podrían no ser los mejores hechiceros, pero eran buenos. Y yo no era pseudo alienígena—. ¡Decimos la verdad!
—Esa es la cosa —escupió Cassandra en mi dirección—. Si no creo que digas la verdad, no te creeré aunque digas que dices la verdad.
—Podemos no enviarlos a todos al mismo tiempo —ofreció Carter—. Primero a Hermione, Ron, Parvati, Seamus y un prefecto de cada casa.
Cassandra bufó.
—¡Yo no iré! —anunció. Luego lanzó una mirada suspicaz a Drew, y, un segundo después, alargó su brazo y jaló a Drew más cerca de ella—. ¡Él tampoco!
Carter la miró con irritación.
—Lo más razonable sería enviar a los últimos tres años de Hogwarts, los mismos que lucharon hace unas horas. Ellos tienen edad suficiente para elegir si ir o no y los que decidan ir podrán ayudarnos —propuso Hermione.
—¡No es razonable! —exclamó Cassandra, lanzando sus brazos al techo—. ¡No es siquiera cuerdo! ¡Es lo más alejado de cuerdo, el opuesto de cuerdo! ¡Es absolutamente no cuerdo!
Ron la miró.
—No es cuerdo, quedó claro —le informó secamente.
—Cierra la boca, pobre excusa de… —siseó Cassandra.
—¡Cassandra! —interrumpió Drew con reproche.
—Estoy de acuerdo con Robinson —anunció Zane—. No con el insulto —aclaró, mirando a Ron—, pero si con que no deberíamos enviar a nadie a la isla de la tal Calypso.
—Percy nos ayudó —admitió Remi—, pero no podemos arriesgar algo tan delicado como esto. Tres generaciones de Hogwarts. No, de ninguna manera. Aun si no los matan los semidioses, los matará la guerra.
Paisley la miró fijamente.
—¿Lo dices como prefecta o como una integrante de esas generaciones, Remi? —inquirió Paisley con suavidad.
Remi le devolvió la mirada con frialdad.
—Hablo de esto como la prefecta y protectora de mi casa —respondió.
Paisley le regaló una sonrisa suave.
—No es posible separarlos, no en tu mente, no cuando tu muerte forma parte de tus decisiones —murmuró.
Remi rechinó sus dientes.
—Pues yo lo logré —gruñó.
—No estarías en este estado de haberlo logrado, Remi —informó Paisley.
Carter se masajeó las sienes.
—Debemos hacerlo —insistió Carter, con los codos apoyados en la mesa.
—No, no debemos —replicó Cassandra efusivamente.
Carter masajeó sus sienes con más fuerza.
—Sí, si debemos. Cuando no lo hicimos cuando Harry lo advirtió los preparativos para la batalla se atrasaron varios años, sin contar las muertes y traiciones que se pudieron evitar. —Carter levantó la mirada para fulminar a Cassandra con ella—. Traiciones cuyas raíces son específicamente de tu rama, Cassandra.
Cassandra apretó sus labios, y, sin tener nada más para defenderse, espetó—: ¡No han ganado una temporada de quidditch en DÉCADAS!
Los ojos de Carter llamearon.
—¡Y USTEDES HAN PERDIDO MÁS DE LA MITAD DE LOS EVENTOS QUE HUBIERAN GANADO DE NO SER POR HARRY POTTER!
Cassandra gruñó. El tema era un punto sensitivo, aparentemente.
—Eso no importa —dijo Remi—. No importa lo que digan, es peligroso enviar personas a la isla. Por dios, ni siquiera hay algún tipo de transporte.
—¡Como si ese fuera un problema! —resopló Hermione—. No dudo que ese no sería un problema para cualquiera de las ramas, mucho menos si trabajamos juntas como se supone.
—No importa que tan juntos trabajemos —gruñó Cassandra—, no podemos ir ahí si lo que nos espera es una emboscada.
—¡Lo que nos espera no es eso! —exclamó Ron.
—No esperamos una emboscada —gimió Carter, agarrando puñados de su cabello con sus manos y deslizando sus codos en la mesa, frustrado.
—¿Entonces que esperamos? —inquirió Drew.
Noté por el rabillo del ojo que McGonagall miraba a Dumbledore expectantemente. Sus manos se entrelazaban y desenlazaban nerviosamente hasta que finalmente le dirigió una mirada fulminante a Dumbledore y dio un paso hacia nosotros. Se hizo un espacio entre Zane y Paisley y apoyó elegantemente sus manos en la mesa.
—Hablemos claro —propuso—. Les daré sus opciones. La primera es llegar a la isla. No importa cuántas personas, es ir a la isla del modo en que logremos llegar y ser emboscados por semidioses. —Fulminé a la profesora McGonagall—. La siguiente es quedarnos aquí y, cuando no suceda nada, descubrir que el regreso de Voldemort fue una farsa. No sucederá nada, no gastaríamos tiempo ni recursos. —Zane, Cassandra y Remi sonrieron con suficiencia.
»Sin embargo, hay una tercera opción. Voldemort, de hecho, si se está alzando y nosotros decidimos ir a la isla. Ahí encontramos un campamento con personas dispuestas a fortalecernos y a dejar que los fortalecemos. Son fuerzas mixtas las que nos atacarán, no serán solo las que podamos manejar. Sería un mal plan.
»La cuarta y última opción es que nos quedemos aquí. Nos enviarán lo que no podemos manejar, no dejamos que nos enseñaran, después de todo. Eventualmente, habrá demasiadas pérdidas, y los de cuarto año se verán obligados a luchar. Después los de tercero. Gradualmente, nos iremos extinguiendo, el lado griego también. Voldemort y Cronos reinarán el mundo y será solo cuestión de tiempo antes de que uno de ellos se rebelé contra el otro y destruyan todo.
Wow, pensé. Que… deprimente manera de ponerlo.
—Ustedes no son los únicos con problemas de confianza —declaré suavemente, saliendo de la esquina de la habitación—. Ellos también tuvieron una guerra. Hace solo medio mes. Ustedes tuvieron dos meses para recuperarse. Ellos no. Atacaron el campamento y tuvieron que huir a una isla perdida. Saben que ceder es necesario algunas veces para lograr la paz, y que ellos debían hacerlo ya que había probabilidades de que yo no pudiera hacerlo.
Cassandra me miró con gravedad.
—¿Quieres que nos arriesguemos? ¿Sacrificar siglos de trabajo en una corazonada, en otra civilización, una podría estar planeando en destruimos? ¿En… ti? —preguntó furiosamente.
La miré con frialdad.
—Al final, solo debes medir que sería peor. ¿Qué te emboscaran y tener oportunidad de luchar? ¿O no ser capaz de luchar ya que no tienes ni idea de con que estás lidiando? —pregunté.
Tal vez fue una alucinación, pero creí ver a Dumbledore sonreír suvamente por el rabillo del ojo.
—Es hora de votar —anunció con suavidad.
Segundos pasaron y, finalmente, alguien habló.
Drew golpeó la palma de su mano contra el centro de la mesa.
—Voto por ir a la isla de Calypso.
—Ogygia —corregí con una sonrisa.
—Lo que sea —respondió él, sonriéndome de regreso y rodando los ojos.
—Yo también —dijo Hermione y ella y Ron, juntos, posaron sus manos sobre la de Drew.
—También me arriesgo —decidió Remi y jaló la mano de Zane con la de ella.
—Es la decisión correcta —comunicó Paisley a Remi con una sonrisa, también poniendo su mano con el resto.
Todos miraban a Cassandra. Durante unos momentos, ella miró a Drew con furia llameando en sus ojos. Traición. Pero, eventualmente, el brillo se desvaneció, y solo quedó la duda. Ella cerró los ojos y tomó un respiro profundo, para después dejar su mano sobre el resto.
—Cederé —susurró.
—Mantener la paz —murmuró Dumbledore—. Ceder cuando es necesario. —Dumbledore miró a Cassandra con algo de orgullo en sus ojos—. Ya lo ha hecho una diosa.
Cassandra desvió la mirada hacia mí y me miró intensamente a los ojos.
—Has dicho que es una misión combinada —dijo Cassandra—. Una de tus diosas quiere que trabajemos juntos con los semidioses, aunque no tenemos más que tu palabra de que no habrá una traición.
—Confió en Percy —anunció Hermione, levantándose de su asiento y apoyándose contra la mesa—. Él nos ha liderado a la victoria contra monstruos de los que no sabíamos nada. O los conocíamos como mitos.
—No es una trampa. No planeamos una traición. Solo vengan conmigo, mantengan la mente abierta… Harry estará de acuerdo conmigo. Lo juro por mi vida —dije atropelladamente.
Zane se cruzó de brazos y se inclinó contra el respaldo de su silla.
—¿Por tu vida? —inquirió—. Recordaremos eso.
Antes de que pudiera responder, se escuchó un golpe tímido en la puerta.
—¿Hola? —llamó la voz amortiguada de Parvati a través de la puerta—. ¿Ya decidieron que hacer?
Esbocé una sonrisa suave. Solo los había conocido por dos semanas y media, pero eran leales. Eran mis amigos. Seguramente Seamus estaba sentado en el sillón de dos plazas que les había dado Dumbledore para esperar y Parvati aba vueltas en el pasillo como un león enjaulado.
Cassandra, quien ya había acomodado sus libros en una torre, cargó sus libros soportándolos en sus brazos y se levantó de su silla. Cuando ella se levantaba, Cassandra me dirigió una mirada. Era triste, había algo de resignación en ella, pero, también un poco de esperanza, y, si no lo imaginaba, algo de aceptación por la decisión. Podía decir que ella no estaba convencida, pero que ella también sabía que el riesgo de esa opción era menor que el de la otra. No, la otra opción era demasiado grave para siquiera ser considerada.
Ella caminó hasta la puerta y abrió la puerta con una mano, sosteniendo los libros con su otro brazo.
Justo cuando abría la puerta, ella anunció a Parvati y a Seamus—: Salimos mañana a primera hora.
Nos dirigió una última mirada antes de salir de la habitación.
Drew, segundos después, también se levantó de su lugar y me miró gravemente.
—Espero que tengas razón —me comunicó—. Iré a informar a la casa de Slytherin. Slughorn luego se encargará de quien viene y quienes ayudaran a crear el medio de transporte. —Él alzó una ceja hacia mí cuando comencé a negar con la cabeza—. ¿Tienes uno en mente?
Le sonreí misteriosamente.
—Solo encárguense de estar en lago para las cuatro de la mañana.
—Espero que sea grande —murmuró Carter bajo su aliento mientras salía de la oficina, seguido por Paisley.
—Suerte —murmuró Paisley cuando pasó a mi lado.
Remi me miró con casualidad, mientras que Zane no me miró del todo.
—¿Seguro que no necesitas ayuda? —inquirió Remi casualmente. Sabía lo que hacía. Fingir que esta otra situación no había sucedido, que ella estaba ofreciendo ayuda para algo mucho menos peligroso y serio que con lo que tratábamos. Una tregua.
Le sonreí.
—No, lo tengo controlado con Parvati y Seamus —le dije.
Sus ojos viajaron a Parvati y a Seamus, reconociéndolo con un cabeceo, antes de salir de la oficina.
Dumbledore había desaparecido —de nuevo, lo que me hacía creer que esto se volvía un hábito—, lo que me dejaba con McGonagall, Parvati y Seamus en la habitación.
Después de un momento de silencio, McGonagall habló.
—Confío en que harás lo que puedas, Jackson —reconoció McGonagall—. No serías importante en el otro mundo de no ser así. No puedes llegar hasta donde Harry llegó por medio de trampas, engaños, tretas, no con los dioses vigilando. Tienes el mismo brillo en los ojos que él, lo que solo sirve para convencerme más. Pero no olvides, Jackson, que no estás en tu mundo. Aquí no eres tan poderoso como en tu mundo, por lo menos, no tan legítimamente o reconocidamente como lo eras ahí. Ten cuidado, no seas orgulloso. No te confíes de más.
Y sin más, McGonagall salió de la habitación.
—¡Okey! —exclamé, volviéndome hacia Parvati y Seamus—. ¿Quién me ayudará a hacer la silla de montar de un dragón?
Parvati POV
De alguna manera, Percy logró convencernos de hacer la silla de montar para Hassan. Debido a esta petición tenía una buena idea sobre lo que Percy planeaba, y ciertamente esperaba que no resultara ser lo que creía.
De modo que aquí nos encontrábamos, a media noche, frente al lago pero dentro del campo de visión de la ventana de Hagrid, quien estaba a cargo de cuidarnos. Si los ronquidos que provenían desde la cabaña de Hagrid significaban cualquier cosa, no podía evitar sentirme nerviosa.
—¿Cómo es su familia? —me pregunto Seamus finalmente.
Nadie había dicho nada más que hechizos de transformación bajo el aliento desde que habíamos traído quince sillas para cabalgar desde la cabaña de Cuidado de Criaturas Mágicas. Actualmente, las estábamos transformando en sillas veinte veces más grandes. Podía decir que aunque lográramos lo que Percy quería, estaríamos bastante apretados durante el viaje.
—Yo solo tengo a mi madre —respondió Percy—. Bueno, a mi padre también, pero los semidioses tienen contacto limitado con los dioses. No lo he visto demasiado en estos años —contó con un deje de tristeza en su voz—. Pero estoy bien. Tengo una madre, es saludable. No está loca, no odia a mi padre, ni aun está enamorada perdidamente de él, así que estoy contento. No todos los semidioses puedes decir lo mismo —continuó con neutralidad—. Supongo que también el resto del campamento es mi familia. No compensa todo lo que nos sucede por ser mestizos pero…., pero está bastante cerca.
Cuando no continuó, yo me aclaré la garganta.
—Mi hermana y yo no somos muy unidas —comenté—. Hace siete años, terminamos en casa distintas. Ella fue a Ravenclaw y yo fui a Gryffindor. Siempre supe que éramos distintas, pero éramos gemelas, así que nos quedábamos juntas. Supongo que eso fue lo que finalmente lo cambió. La rivalidad entre casas nos afectó, e intentábamos probar constantemente que éramos mejores. Así que dejamos de vernos. No digo que ya no nos queramos, ni que nos sintamos unidas. Quiero decir, si ves que le pasa algo a tu gemela… es como ver qué te pasa a ti.
»Pero… no importa. En los veranos, voy a la casa de mis padres. Padma, mi hermana, también. A papá le desagradan los muggles, pero a mamá no. A ella le fascinan. Su slang, a veces. Otras veces su ropa. Pero la mayoría de las veces son los objetos con los que reemplazan la magia. Como si en cierta manera, ellos notaran que algo faltaba. De modo que cada verano, nos llevan una o dos veces al cine. Vivimos cerca de una ciudad muggle, a las afueras, así que no es tan difícil.
—Es una tradición linda —comentó Seamus.
—¿Qué hay de ti? —inquirió Percy, para después murmurar otro hechizo bajo su aliento, agrandando otra silla a veinte veces su tamaño.
—Mi padre es muggle —contó—. Mi madre no. Solo que no se lo dijo hasta después de la boda. Me contaron que él estaba bastante asustado y confundido cuando eso sucedió, pero ahora… —Seamus rio entre dientes—, es una de sus historias favoritas, y no solo para ellos. Vivimos en el centro de Londres. Ahí fue donde mi padre creció y cada verano intenta enseñarme lo que aprendió en años de crianza muggle, ya que el resto del año lo paso en el mundo mágico. —Seamus se encogió de hombros—. Está bien. A mi madre le encanta mirar y reírse como loca ante los intentos de mi padre de explicar y los míos de entender —terminó, rodando los ojos.
Sonreí.
—Eso también es lindo —le dije.
Él me dio una sonrisa a medias y luego miró a Percy con irritación.
—Espero que esto funcione, Percy —le dijo.
—Yo también —murmuró Percy.
El resto de la noche pasó en un silencio agradable y pacífico.
Tercera Persona
Los prefectos de cada casa tenían tres filas de su casa. La primera de quinto año, la segunda de sexto y la tercera de séptimo. Había unas veinticinco personas en cada fila, así que en total eran unas trecientas personas, lo que era bueno, ya que era el número de espacios que había.
Justo ahora, los buscadores de cada casa (excepto Gryffindor, en ese caso era Ginny quien lo reemplazaba) estaban subiéndose a sus escobas. Por sus caras, y las del resto de los alumnos, podías decir que estaban emocionados por ver de nuevo al dragón de los recuerdos, ya que no lo habían podido ver de cerca durante la batalla.
De repente, el dragón voló sobre el bosque y, de color morado profundo, Hassan aterrizó en medio del claro más cercano. Que era el claro que se había ordenado abrir y que rodeaban los buscadores.
—¿Es el dragón de los recuerdos? —cuchicheó una Hufflepuff al chico de enfrente.
—No duh —respondió bajo su aliento el chico.
La chica bufó.
—Oh no —murmuró Hassan, lo que hizo jadear a más de uno, lo que les ganó una mirada de irritación—. ¿Qué? ¿No puedo hablar?
Percy rodó los ojos.
—¡Chicos! —exclamó a los buscadores, logrando que su voz atravesara el claro hasta ellos—. ¡Necesito que ajusten las cuerdas de cuero alrededor de Hassan?
—¿Llamaste al dragón? —se burló Ginny mezquinamente, algo molesta por lo de ayer, aun.
—Me llamé a mi mismo, señorita Weasley. Harías bien en comportarte dignamente aun durante tiempos difíciles si serás la novia de Harry Potter —la reprochó el dragón.
Percy pudo coger lo que él estaba haciendo. Estaba presionando los puntos débiles de Ginny —como Harry y el comportamiento al ser la menor de la familia—, pero sutilmente.
Ginny presionó sus labios, cogió una de las correas y se lanzó con la escoba para hacer lo que había dicho Percy sin otro comentario. Una vez que las correas fueron ajustadas al dragón malhumorado, Percy se volteó hacia las filas.
—Quiero que las cuatro filas de quinto año se fusionen. Igual con las de sexto y séptimo —les comunicó sin dobles pensamientos.
Y como supuso, las protestas fueron inmediatas.
—¡No podemos juntar las cuatro casas! —alegaba Zane de Hufflepuff.
—¿Sabes la cantidad de peleas que ocasionaría? —inquiría Carter, de Ravenclaw.
—¡Solo pensarlo me da un dolor de cabeza! —alegaba Drew, de Slytherin.
—En verdad no parece una buena idea, Percy —dijo Hermione seriamente.
Percy les dirigió una mirada dura.
—Entonces, quiero que alguien me responda esto: ¿Si no pueden presentar un fuerte unido con personas de su mismo mundo, como lo harán con un mundo enteramente distinto? —preguntó.
—Tiene razón —dijeron al unísono Remi y Paisley. Esta última le dirigió una mirada orgullosa a la primera.
—Acepto ese razonamiento —dijo Cassandra.
Hermione inclinó su cabeza hacia atrás y apoyó sus manos en su nuca.
—Supongo que tiene sentido —suspiró.
Uno por uno, todos subieron al dragón. Percy subió al lugar que estaba justo en la nuca de Hassan. Hassan alzó su vuelo, causando el grito de varios chicos en su lomo. Algunos asustados, otros emocionados. Algunos disfrutaban de la adrenalina.
—¿Sabes llegar a la isla de Calypso? —le preguntó nerviosamente Percy cuando iban a los doscientos metros de altura—. La última vez que yo fui, estaba inconsciente, así que no seré de mucha ayuda.
El dragón rio entre dientes.
—Pronto te alegraras de haber puesto agarraderas —murmuró, y luego en voz más alta dijo—: ¡Este será un viaje agitado! ¡Más vale que no tengan nada que se descomponga con el agua! ¡Agárrense!
Y entonces el dragón cayó en picado hasta el lago.
¡Feliz año nuevo! 2014 :D Les deseo lo mejor y espero que continuen leyendo lo que queda de la historia. Lamento no haber subido un capítulo ayer, pero mis padres me llevaron de casa en casa y no tuve tiempo para hacerlo :/ Pero aquí viene. En un rato -si el internet coopera- subiré los otros dos capítulos.
