Heridas.


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No ha pasado una semana desde la batalla en Khanzen, pero el tiempo fue suficiente para que la escoria a la que Sakura perdonó la vida logre prestar sus servicios guiando a su equipo a otra base esclavista.

Ahora mismo, da la apariencia de que ese imbécil les tendió una trampa, ya que el sitio resultó ser otra instalación subterránea en la cual, a diferencia de las anteriores que han destruido, las fuerzas de la Serpiente estuvieron esperándolos.

Como siempre, las arañas de tinta de Sai permitieron que tuvieran un plano aceptable del edificio, y, una vez que lograron infiltrarse, la fuerza de Sakura fue suficiente para colapsar las salidas encerrando a todos con ellos. De este modo, nadie saldría de allí hasta que la batalla terminase. Contrario a lo que cualquiera de ellos habría esperado, las fuerzas de la Serpiente aceptaron este desafío sin turbar su templanza.

El resultado de los primeros veinte minutos de combate es su situación presente: las fuerzas que están frente a ellos son sorprendentemente organizadas, con comandos de shinobis, además de tropas de mercenarios, abrumándolos en los pasillos angostos.

Al principio, los muertos no se producen con la suficiente velocidad como para proveer al marionetista con su usual ejército de cadáveres, y la falta de espacio para maniobrar evita que Sai pueda esquivar adecuadamente los ataques dirigidos hacia él.

Mientras que la mujer es demasiado eficiente en el combate cuerpo a cuerpo, y que el pelirrojo se muestra como inmune al dolor, los guardianes de la fortaleza no tardan en detectar al ANBU de la Raíz como el blanco más vulnerable de los tres.

En un esfuerzo por presionar la ventaja numérica que la Serpiente posee, una multitud de clones de distintos elementos se abalanza sobre los tres invasores. Si bien los falsos adversarios no suponen un problema para el trío a la hora de despacharlos del campo de batalla, la técnica resulta no ser más que una distracción para abrir una brecha que permita atacar al ANBU. Una seguidilla de kunais es disparada desde la distancia, con una potencia tal que deshacen a dos clones de tinta que hasta ahora sirvieron de señuelo. Sin detener su trayectoria tras atravesar a los clones, dos de los proyectiles arrojados terminan clavándose entre las costillas del dibujante.

El entrenamiento médico de Sakura entra en efecto de inmediato.

— ¡Cúbrenos!—le ordena al marionetista.

Sin perder un segundo, Sasori levanta los pocos cadáveres que lo rodean y crea un muro frente a sus compañeros de equipo. En una maniobra para complementar la debilidad estructural, la marioneta ofrece su propio cuerpo como soporte a su improvisado escudo.

La mujer pasa el brazo de Sai por detrás de su hombro para lograr que se incorpore, y luego retrocede, con él a cuestas, hasta llegar a un dormitorio vacio.

El ninja renegado la sigue sin darle la espalda a las fuerzas enemigas, manteniendo un escudo de carne cadavérica que cada vez se torna más débil. Una vez que consigue entrar al dormitorio, se apresura a mover todo el mobiliario para usarlo como barricada frente la puerta, a la vez que como protección a sus compañeros.

La compostura del ninja herido comienza a deteriorarse por la pérdida de sangre en su abdomen, proceso que sólo se acelera cuando Sakura remueve los puñales de su carne. De este modo, el muchacho termina sentado sobre las frías baldosas de piedra pulida del suelo, mientras aprieta los dientes ante el dolor punzante.

—Mantennos vivos por diez minutos—comanda la médica arrodillándose tras Sai, para que así su espalda se mantenga erguida pese al decaimiento— ¡Ni se te ocurra dormirte, Sai! ¿Cuánto tiempo necesitas para dibujar algo que me asista cuando haga algo estúpido?

—Cinco min…—jadea con los ojos entrecerrados antes que Sakura lo interrumpa.

—Quince minutos. Cúbrenos por quince minutos—se autocorrige al dirigirse nuevamente a Sasori, para luego volver a dedicar sus palabras al espía de la Raíz—. Y tú comienzas a dibujar en diez.

Sasori toma un pergamino de su riñonera, y de éste saca una multitud de pequeñas hojas afiladas.

El titiritero no se encuentra en una posición en la que pueda hablar. Reconoce que la situación actual es precaria. Esperaban fuerzas entrenadas, pero no están preparados para una defensa organizada a este punto. Superados en número, era cuestión de tiempo para que alguno de sus compañeros saliera herido. Sakura hubiera podido recuperarse con facilidad… Sai, por otro lado…

El ex Akatsuki opta por dividir su atención en dos tareas. La primera es mantener firme la barricada, y la segunda es tomar la vida de los hombres que comienzan a asediarlos desde el pasillo de afuera.

La mayoría de los ataques que Sasori recibe son constantes en su ritmo, pero carecen de la intensidad necesaria para destruir la barricada. Como esta seguidilla de débiles golpes y técnicas no pueden ser coincidencia, comienza a suponer que los hombres de la base planean esperar a que Sai muera y aprovechar el tiempo que dure su agonía para reorganizarse. Sea como sea, la improvisada defensa de muebles no durará demasiado contra un ataque correctamente planeado.

Pese a sus sospechas, el pelirrojo se esfuerza por mantener a raya a sus enemigos. La puntería de sus filos, más la de los cadáveres que aún puede utilizar como contraofensiva, logra tomar su buena cantidad de vidas. Empero, sabe que eso es sólo una medida temporal. Es necesario que su equipo comience un contraataque a gran escala antes de que las fuerzas de la Serpiente se decidan a arrasarlos o, aún peor, logren escapar e informar al resto de la organización sobre los detalles de la fuerza responsable de su rápido declive.

Detrás de él, otra escena de relevancia similar toma lugar: Sai está recostado boca arriba en el suelo, mientras Sakura permanece inclinada sobre él y con ambas manos, embebidas en chakra curativo, extendidas sobre la piel desnuda de su ensangrentado abdomen.

Por suerte para el ANBU, su compañera de equipo parece ser capaz de controlar la regeneración de los tejidos de otros con la misma facilidad que la del propio. En cuestión de pocos minutos, el artista del movimiento se incorpora sintiéndose nuevamente saludable, y se dispone a crear su siguiente movimiento a base de imaginación y tinta.

Habiendo notado la recuperación de su compañero de equipo, el marionetista se esfuerza en ocultar este dato de las fuerzas que todavía lo asedian, para que así el contraataque de Sai pueda tomarlas por sorpresa.

Cumplidos los quince minutos de defensa del improvisado fuerte, la mujer recibe una tácita confirmación del dibujante.

Ya es hora de cumplir con su misión en este sitio.

El súbito cambio toma por sorpresa a los defensores de la fortaleza. Desde atrás de la barricada, emergen diez fieros leones de tinta que se abalanzan de manera suicida hacia ellos, y es en medio de la surrealista estampida donde se mueve el verdadero peligro, ya que Sakura aprovecha la repentina marejada de tinta animada para pasar desapercibida al salir nuevamente al pasillo.

De este modo, la ninja avanza hacia sus oponentes mientras éstos están ocupados luchando contra el ejército de voraces fauces, y los golpea de tanda en tanda, quebrándoles muchos huesos o arrojándolos en dirección al marionetista para que recibiesen de su parte la estocada final.

Las bestias dibujadas van cayendo poco a poco. Si bien eso es imposible de evitar, no lo hacen tan rápido como para lo que creador es capaz de reponerlas en número.

Ahora que Sai se encuentra bajo el resguardo de un ejército cada vez mayor de marionetas cadavéricas, no hay nada en esta base que pueda evitar que la ventaja numérica de la Serpiente comience a reducirse. Ahora sólo es cuestión de tiempo antes de que el tablero se invierta a favor de él y su equipo.

Las siguientes dos horas consisten casi totalmente en un avance constante e implacable por parte de los invasores.

Mientras la kunoichi cumple su función de desestabilizar los puestos de defensa que las fuerzas de la Serpiente consolidan, los dos pequeños ejércitos, controlados por los artistas, aprovechan la debilidad creada en sus filas y avanzan por sobre los enemigos que carecen de entrenamiento ninja especializado.

A estas alturas, es claro que los shinobis contratados por la Serpiente son el verdadero problema al que el equipo se enfrenta, ya que su movilidad, experiencia y técnicas son suficientes para que, entre ataque y ataque, logren a acercarse peligrosamente a los dos artistas.

En estas circunstancias, la estrategia del equipo termina cambiando de manera drástica. Tanto Sasori como Sakura se apresuran a priorizar la defensa del ANBU, funcionando ambos como escudos humanos contra toda técnica que logre superar la tinta animada del ninja pálido.

A comparación con la rígida cerámica del ex Akatsuki, y con los resilientes tejidos de la mujer, el cuerpo de Sai no puede llamarse otra cosa más que el punto más débil del equipo. En esta clase de ambiente, en la que le es imposible conservar la distancia entre él y sus oponentes, el resultado final de este combate depende por completo en la capacidad de sus compañeros para protegerlo.

Por otro lado, es la primera vez que ambos artistas ven a Sakura combatir de esta manera. El usual cuidado que ella solía tener al darle a sus oponentes una muerte limpia no está presente en esta situación. En su lugar, la mujer realiza maniobras y ataques con el único fin de destruir y matar a sus objetivos, y sólo se esfuerza para que el daño colateral no derrumbe la estructura en la que se encuentran. A lo largo de toda la encarnizada batalla, los brazos de la médica mantienen un constante brillo verde, un brillo que le permite utilizar sus extremidades como escudo de carne a cada impacto que recibe.

A diferencia de lo ocurrido en la batalla de Khanzen, Sakura no está sola esta vez.

Ahora que ella no es el único blanco de la base, las fuerzas de la Serpiente no pueden ejercerle suficiente daño como para desgastar sus energías hasta un punto crítico. Por esta razón, no tiene reparo alguno a la hora de utilizar todas las capacidades de su cuerpo para hacerle frente a la amenaza. La dirección del combate ya está muy clara, y nada puede evitar que ella les dé a estas escorias el fin que se merecen.

Una vez que el combate termina, los tres únicos supervivientes de la base cubren sus rostros con pañuelos o vendas, y bajan a las mazmorras de la instalación para liberar a los cautivos.

La Kunoichi abre las celdas a base de fuerza bruta, y recita ante los famélicos prisioneros un cántico que ya había memorizado antes de que el combate iniciara, aquellas mismas palabras que sus compañeros dedican a los hombres y mujeres rescatadas, y las únicas que pueden permitirse darles.

En su discurso, Sakura les indica a los cautivos cómo llegar al depósito de víveres de esta base, qué llevar con ellos durante el viaje, y por último la dirección y distancia del poblado más cercano hacia el cual les convendría dirigirse.

Para alivio de la joven, no existe, entre los hombres y mujeres rescatados, nadie que se encuentre en una condición de salud que le impida realizar el viaje. Pero, por si acaso, ella no tiene problemas en prestarse para sanar a varios de ellos con el objetivo de asegurarles un buen rendimiento físico durante el viaje.

Desafortunadamente, esta es toda la ayuda que puede brindarles. Si solo por sus deseos fuera, la kunoichi escoltaría a este grupo ella misma, pero ese es un asunto que ya discutió con su equipo anteriormente, y ellos tienen razón en algo: cada persona liberada es un testigo. Compartir tiempo con ellos implica un riesgo, el riesgo de que alguien averigüe de estos testigos lo suficiente como para poner en peligro el secreto de la identidad de sus rescatadores.

El trio debatió en su momento sobre la posibilidad de alertar a las autoridades, o contactar con empresas de transporte, para asistir a estas pobres personas en su viaje de regreso a la civilización. Empero, no tardaron en llegar a la conclusión de que no sería una solución conveniente, ya que el riego para ellos también sería demasiado. Mientras más personas sean involucradas en esto, más rápido se expandirán los rumores que surjan luego de la caída de cada base, y éstos tendrán cada vez más similitudes con la realidad.

Intentar conseguir ayuda de terceros haría que, más temprano que tarde, las autoridades empiecen a investigar los rumores y a buscar a los responsables, tanto de las bases como de las masacres dentro de ellas.

No sin esfuerzo, Sakura se apega al protocolo de sus compañeros y evita interactuar demasiado con ellos. Ignora sus agradecimientos, sus gritos y sus preguntas, limitándose sólo a repetirles la información que necesitan, esperando que suficientes de ellos la hayan escuchado.

Por ahora, este es el límite de cuánto puede ayudarlos.

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Horas después del enfrentamiento, el equipo monta su campamento en medio del bosque. Como ya es su rutina el asentarse cerca de alguna fuente de agua natural, el trío levanta su tienda a unos diez metros de distancia respecto al cruce de un arroyo de mediano caudal.

Habían ganado la batalla, pero no existe ninguna sensación de éxito tras la ya acostumbrada hazaña, no después del incidente que hoy la hizo destacar.

En lo que Sasori apila un puñado de leños para encender un fuego, y mientras los ninjas de Konoha arman la tienda de campaña, el ANBU de Raíz opta por subir un poco el ánimo general de la situación:

—Es claro que la Serpiente está colapsando. Están invirtiendo todos sus fondos en fuerzas de seguridad.

—Si no cambiamos algo en nuestra manera de enfrentarnos a ellos, quizá su inversión dé resultado—responde la mujer demostrando en su tono el fracaso del intento de su compañero.

—En estos casos, es cuando es bueno estar cubierto por una capa de cerámica—piensa en voz alta el marionetista, al tiempo que observa como el fruto de su tarea comienza a chispear y arder.

—No es una ventaja que tengamos—lo regaña Sakura—. Necesitamos mejorar nuestros planes.

—Es la última vez que ingreso a una base sin tener suficientes obras preparadas con anterioridad. Me esforzaré en que eso no retrase demasiado nuestra tarea—acota el ANBU esbozando una de sus usuales sonrisas de etiqueta.

—A menos que sí tengan esa ventaja…—prosigue Sasori, quien, en medio de un brote de inspiración, pasa a ignorar por unos momentos a sus dos compañeros—. Creo que puedo crear algo para protegerlos durante el combate: una especie de armadura. No es mi especialidad fabricar corazas para humanos, pero debería ser capaz de improvisar algo que les sea útil. No duermo durante las noches, de todas maneras. Así que podría aprovechar este tiempo haciendo algo más que sólo guardia.

—Estoy abierto a cualquier idea que nos proporcione alguna ventaja—asiente mientras él y su compañera terminan de levantar la tienda y anclarla al suelo.

—Comienza con hacer algo para él—sugiere la kunoichi para luego alejarse hasta un árbol, en el cual dejó reposando su mochila—. Lo necesita más que yo.

Sai no se molesta en negarlo. Después de lo ocurrido en el último combate, es claro que no podrá combatir en situaciones ideales todo el tiempo. Cuando llegue el momento en que deba luchar cerca de sus oponentes, será necesario que pueda conservar su salud el suficiente tiempo para recuperar la distancia.

—Ahora, si me disculpan, estaré un rato en el arroyo—les informa a la vez que se carga su equipaje al hombro, exigiéndoles tácitamente la privacidad que necesita para asearse—. Mientras tanto, ustedes hablen de arte, o lo que sea que hablen cuando no estoy presente.

Dicho esto, la única mujer del equipo desaparece entre los árboles, dejando a sus dos compañeros solos y encargados de preparar la cena.

A medida que la luz remanente en el ambiente se va extinguiendo, el pelirrojo pone a levitar un caldero lleno de agua sobre las brasas con sus hilos. Luego, Sai se encarga de sacar de su equipaje un par de paquetes y productos enlatados.

Acercándose a la olla, el artista del movimiento abre dos paquetes de fideos de arroz y arroja sus contenidos al agua. Después, hace lo mismo con las patatas, zanahorias, nabos y champiñones de adentro de las latas, y, por último, echa unos cubos deshidratados de carne para que sirvan como caldo y saborizante a la mezcla.

El marionetista sólo permanece sentado sobre un tronco caído que rodea la fogata, con su vista fija en la espalda del joven que está revolviendo el caldo suspendido en el aire con una cuchara de madera.

La situación no se altera hasta que Sai finalmente se decide por romper el silencio.

— ¿Vas a decirme por qué me miras con tanto detalle?—pegunta sin descuidar la comida que se encuentra sobre las brasas.

—Estoy intentando imaginar qué clase de defensa podrías cargar contigo, para que te proteja sin incordiarte durante el combate…—explica el renegado en un tono meditabundo—. Si tienes algo que pueda guiarme, habla.

—No estoy acostumbrado a usar ningún tipo armadura. Tiendo a mantener la distancia y a vestir ligero para poder moverme con facilidad. Dejo que mis creaciones combatan por mí, y recurro al uso de mi propia fuerza sólo como último recurso. Y, como podrás ver, no es un recurso en el que me guste confiar.

Sasori parpadea ante sus palabras y se lleva una mano bajo el mentón.

—Meditaré esta noche sobre el diseño de lo que crearé para ti. Creo que podré hacer algo que se adecúe a tu estilo de combate… No acostumbro crear equipo para alguien vivo, así que necesito tener una idea solida antes de comenzar a diseñarla.

—Creo que empezaré a recompensar más generosamente a los espías que nos entreguen información detallada—acota el artista más joven, apartándose por un momento del fuego—. No tengo los fondos para poder comprar la traición de las fuerzas de la Serpiente, y, si esta base nos sirve de muestra, ya no contratan tropas que sean capaces de abandonarlos a causa del miedo.

—Debemos considerar nuevas estrategias para enfrentarnos a futuras bases. No podemos seguir corriendo los mismos riesgos—afirma Sasori con el ceño fruncido, remarcando la importancia de cambiar sus métodos de incursión y combate en los territorios del enemigo—. Si es necesario, podemos comenzar a abusar más de las ventajas de mi cuerpo. Mientras no se quiebre, no existe ninguna desventaja física en él, pero, en caso de que lo haga, me veré obligado a tomarme el tiempo necesario para repararlo.

—Nos enfrentamos a la Serpiente para protegernos. No tiene sentido si en el proceso no salimos bien parados—señala mostrándose poco convencido ante la sugerencia del pelirrojo—. Sería mucho mejor si encontramos alguna otra manera más eficiente.

Unos minutos después de que la conversación entre los artistas cesa, una recién bañada Sakura regresa a la fogata.

—Mi turno, entonces. Te dejo la cocina a ti—se dirige Sai a su amiga antes de tomar su propio equipaje de arriba del tronco caído, y retirarse del campamento en dirección al arroyo.

La mujer asiente y deja su mochila sobre el tronco, para luego acercarse al fuego y atender la cacerola, sin poder evitar deleitarse ante el suculento aroma que emana de ésta. Mientras tanto, inicia una nueva interacción con su otro amigo ahí presente.

—Bien. Supongo que ya me probaste que en realidad dijiste la verdad acerca de tu cambio. Así que puedes dejar de preocuparte por eso—pronuncia con una sonrisa de satisfacción en los labios, manifestándole a su ex informante su disposición a dejar su último conflicto atrás—. Mejor sería que dejemos de discutir entre nosotros, y nos enfoquemos en cómo hacer para salir enteros de los siguientes combates.

—Sigo entero, y puedo repararme—afirma el marionetista presumiendo de su condición con un humor similar.

—Lo mismo digo yo—agrega orgullosa Sakura, arremangándose ambas mangas de su camisa para voltearse hacia él y exhibir sus brazos, ahora totalmente recuperados de las heridas sufridas durante el combate de esta tarde.

—Entonces, la cuestión será enfocarnos en que Sai salga entero—bromea Sasori sacándole una risa a la dama.

—Hey…—llama ella con sobriedad una vez que recobra la compostura—. Nadie en mi equipo va a caer sin mi permiso. ¿Queda claro? Los cambios son sólo para que no tenga que curarlo a menudo.

Sasori asiente con la cabeza.

—Ayudaré con eso. Y, si me lo permites, encontraré una manera de evitar que incluso tú te lastimes durante el combate.

—No creo que pueda moverme con la misma facilidad si utilizo una armadura. Sin contar que ésta tendría que resistir mí fuerza al golpear —se excusa con un aire de desdén que busca incordiar juguetonamente a la vena artística de su compañero.

—Eso suena como un desafío...—le contesta él mordiendo el anzuelo, sumándose a la amigable rivalidad.

—Sabes que ya he roto tu cerámica antes—presume Sakura.

— ¿Entonces sí es un desafío?—Resalta poniéndose de pie, sintiéndose ansioso por defender su ego—. Porque vas a perderlo.

—Está bien, que sea un desafío. Sorpréndeme—sonríe la mujer, reconociéndose a sí misma que no le vendría mal una capa extra de defensa. En realidad, ella no pierde nada con dejar que el artista lo intente—. Pero primero tienes que hacer algo para Sai.

—Por supuesto. Él lo necesita de modo más urgente—la tranquiliza sin perder el buen humor.

Él está conforme con la idea de hacer primero la protección de Sai. No sólo es lógico desde una perspectiva estratégica, sino que también le permite un mayor tiempo para diseñar la obra que ofrecerá a Sakura.

Es innegable que la dama ha superado con creces su posición como mera inspiración suya. Aún así, ese aspecto de su persona es algo a lo que Sasori no puede escapar. Diseñar algo que la joven pueda vestir, algo que la proteja, es un honor que francamente lo entusiasma como ningún otro proyecto lo ha hecho en mucho tiempo.

La mujer se ata la húmeda cabellera, que hasta ahora llevaba suelta, antes de acercarse a probar la sopa para revisar su estado de cocción.

Sasori se acerca ligeramente a la fogata para observar la silueta de Sakura con más detalle. Ahora que reina la tranquilidad, ahora que ya no hay un plan de invasión que refinar ni llevar a cabo, nota que el largo de su pelo ya comienza a superar sus hombros.

— ¿Hace cuánto tiempo que te conozco?—pronuncia el criminal sin ningún motivo aparente que dispare la pregunta.

—Tendría que pensarlo—responde Sakura soplando una cucharada de caldo antes de llevársela a la boca, pero no logra encontrar una conjetura exacta dentro de su mente—. Y es una pregunta extraña. ¿De dónde salió?

—No suelo contar el tiempo, a no ser que esté controlando la puntualidad de alguien. Pero acabo de notar que el pelo te ha crecido mucho desde la primera vez que te vi.

—No tienes que decírmelo—bufa la ninja tras sorber el contenido de la cuchara—. Está convirtiéndose en una total molestia, pero, al menos, no está lo suficientemente largo como para representar una debilidad en el combate. De lo contrario, yo misma me lo cortaría.

— ¿Y por qué aún no lo has cortado, si ya es una molestia para ti?

—Supongo que porque no he tenido mucho tiempo libre últimamente, y además tampoco tengo la práctica. La única vez que lo hice fue cuando me enteré que el pelo largo es una debilidad—explica rememorando su primer experiencia dentro del Bosque de la Muerte, cuando era una total novata de su oficio, y de la vida en general.

—Yo tengo la práctica. Si quieres, podemos atender eso ahora—ofrece Sasori con total naturalidad, pero sin evitar sorprender un poco a Sakura con su propuesta.

Ella se pregunta por un momento de dónde obtuvo la experiencia en ese campo. Pero luego se recuerda que es estúpido cuestionarse nada acerca del manejo de Sasori con los filos, o con el cuerpo humano, cuando la reputación tras su nombre sirve como explicación a su vasta experiencia en esos campos.

"Y, si sus talentos son lo más tangible que queda de su pasado, entonces no debería tratarlos como si fuesen más que eso." Resume Sakura para sus adentros con un cierto toque de humor negro.

—Después de cenar—decide antes de señalar al cuenco frente a ella—. Que esto ya está listo. Además, Sai ya está de regreso.

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Después de la cena, el panorama nocturno se torna aún más silencioso y apacible. Una vez que el dibujante ingresa a la tienda de campaña para descansar, Sakura se revuelve un poco en su asiento, mientras contempla cómo el marionetista se le acerca luego de haber echado un poco más de leña al fuego. Por alguna razón, el verlo rodear el tronco caído hasta posicionarse detrás de ella le genera cierta ansiedad.

— ¿Estás seguro de que sabes lo que haces?—pregunta la ninja con fingida preocupación.

Sasori toca su mandíbula con su templada mano para indicarle que se mantenga quieta, y con el cuello erguido, mientras mira hacia el frente.

—Te recuerdo que, hace no tanto, pude replicar la figura de tu rostro y peinado, y en múltiples figuras—le habla en lo que le acaricia el pelo rosado con suavidad, y se lo peina hacia atrás con sus dedos.

—Cómo olvidarlo… —le responde en voz baja burlándose de sí misma y de su reacción en aquel momento. Luego, cambia su tono para volver a incordiarlo ligeramente, al tiempo que deja su espalda y cuello erguidos e inmóviles—. Pero también te recuerdo que los consideraste fracasos.

Sakura escucha la risa de su ex informante a sus espaldas antes de que le llegase su contestación:

—Como si fuese posible arruinarte con algo tan simple como un error en el peinado… Además, no me ofrecería a servirte de peluquero si albergase alguna duda de mis capacidades.

—Ya estás hablando en idioma artista. Sigo sin entenderlo del todo.

—Sé lo que hago—la tranquiliza él deslizando su mano por su cuello, casi sin rozarlo, hasta posarla sobre su hombro—. Ahora, quédate quieta porque el filo más adecuado que encontré para esta tarea es un kunai.

Luego de que la acción consiguiese despertarle cosquillas en Sakura, el marionetista deja su linterna flotando a su lado y alumbrando la nuca de su amada. Luego, toma la cabellera de la mujer con su mano derecha, y separa capas de esta con los dedos de su izquierda.

Después de un instante de remembranza, suelta la melena rosada para volver a tomarla toda en un solo manojo. Ahora, con kunai en mano, el artista hace un único corte por sobre la altura de la nuca.

—Aun no terminé—aclara de antemano cuando percibe en ella la intención de levantarse—. Si me detengo ahora, no lo habré hecho correctamente.

En respuesta, Sakura permanece estática por unos minutos más. Mientras tanto, siente los dedos de Sasori ir tomando su pelo de mechón en mechón, para luego escuchar el seco sonido del filo abriéndose paso en su cabello durante cada una de esas ocasiones.

Pese a su ansiedad inicial, la situación resulta ser extrañamente relajante para Sakura. Por un momento, justifica su exagerada ausencia de movimientos con la excusa de que su 'peluquero' tiene un kunai a milímetros de su cabeza.

No tarda en sonreír al notar cuán absurdo es ese pensamiento. Ella sabe que es más que capaz de sanar de cualquier posible error, o desliz, del hombre tras ella, y, más importante aún, ella sabe él no lastimaría nunca.

Es casi un chiste ver cuánto han cambiado las cosas en ese aspecto.

"Si hace no tanto tiempo, el sólo saber que él seguía vivo me causaba angustia… " Recuerda riéndose para sus adentros.

Hoy en día, si lo piensa por unos momentos, es claro decir que "le confiaría su vida". Pero, dicho así, de manera abstracta, no es una expresión que le alcance para describir el trato que ahora existe entre ambos. Dado lo que saben el uno del otro, dadas las situaciones actuales, ella está dejando su vida en las manos del renegado todos los días.

Aún así, podría decirse que esto no es nuevo, que es una situación mutua desde que todo esto comenzó. Después de todo, Sakura pudo haber guiado a las naciones hacia Sasori en múltiples ocasiones si realmente lo hubiera deseado, del mismo modo que el marionetista pudo, sólo con el hecho de revelar su existencia, haberla convertido en una renegada.

No, la confianza entre ellos no es nada nuevo, ni nada que deba sorprenderla ya. Pero esta situación parece tornar todas esas abstracciones en algo más concreto, en algo más tangible.

—Ya estás lista—anuncia él interrumpiendo las cavilaciones de la dama—. Voy a buscar un espejo.

Sakura le agradece por la ayuda prestada, y se levanta una vez más para buscar la luz y el calor del fuego.

Lleva sus manos a su pelo, y lo sacude dejando que unos pocos restos de puntas cortadas cayeran sobre sus hombros y pecho.

Sasori se acerca a ella para entregarle un espejo de mano, y se ofrece a sostener un segundo espejo tras ella para permitirle ver el resultado del corte también en su nuca.

Como no podía ser de otra manera, el renegado de la Arena se las ha arreglado para replicar el estado que su pelo poseía hace unos meses con una precisión inhumana.

—Gracias de nuevo por la ayuda—repite la joven con una sonrisa, al tiempo que aparta de su vista el espejo que sostuvo frente a su cara—. Aunque el resultado tiene implicaciones… extrañas.

Sakura vuelve a bromear con Sasori no bien ve la chance. Comenzaba a extrañar el molestarlo.

— ¿A qué te refieres?—pregunta el hombre caminando directo en su trampa.

—Tanta atención al detalle puede hacer que una mujer se sienta observada—comenta en tono coqueto mientras se limpia los restos de cabello de los hombros—. Una no puede evitar preguntarse qué más has estado observando.

Para el momento en que Sasori se da cuenta de que está jugando con él, ya es demasiado tarde. Después de todo, él sí ha pasado su buen tiempo admirando sus cualidades físicas, y ya no puede culpar por eso al arte. Al menos, no por completo.

Haciendo uso de sus manos para guiar la atención del marionetista, la mujer sacude los restos de hebras rosadas sobre sus muslos.

— ¿No serás uno de esos? ¿Verdad?

El marionetista no llega siquiera a responderle para cuando Sakura se queda en silencio. De repente, una sensación que creía ya muerta toma posesión de ella: el dolor fantasma, y el recuerdo de los repugnantes sucesos de la caverna de Khanzen.

"Creía que había dejado eso atrás." Piensa mirando al vacío con decepción hacia sí misma.

Invadida por un súbito disgusto, a Sakura le cuesta un poco volver a hablar como si nada raro pasara en su mente, pero ahora se ve obligada a cambiar el tema cuanto antes.

— ¡Es un chiste, es un chiste! —Exclama escondiendo bastante bien la decaída de su ánimo, y presentando, tanto a Sasori como a sí misma, una salida a esta situación—. Sé que no eres esa clase de raro… Bueno, creo que lo mejor será que vaya a descansar un poco. Buenas noches.

Tras su apresurada despedida, ella devuelve el espejo prestado y entra a la tienda sin darle tiempo a reaccionar a su ex informante. Una vez que está resguardada en la oscuridad del refugio, se acurruca dentro de su bolsa de dormir, en un intento de sentirse protegida de sus malos recuerdos.

¿Qué demonios está pasando con ella? Después de todo lo que vivió ¿Por qué este tipo de reacción?

Por un instante, lleva sus manos a sus pechos.

"¿Por qué ahora?"

Aprieta sus dientes en frustración. ¿Es que acaso la escoria no puede dejarla en paz? Ya se había encargado de ellos.

No es que le moleste en demasía la idea de detener sus bromas hacia Sasori, sino la idea de que ella puede ser tan sensible como para verse afectada por estas minucias.

"Alto. La ira no está solucionando nada."

La mujer respira hondo intentando calmarse. Quizá está siendo demasiado dura consigo misma. Quizá, negar la importancia de lo que le pasó en esa cueva es un obstáculo para terminar de superarlo. Sí, castigó a los responsables, pero eso no borra el suceso...

Pensar en que los hechos siguen ahí provoca que la inunde una ligera angustia, una incomodidad constante, una sensación de suciedad que no puede sacarse de encima.

Luego de una hora de noche perdida en esta desagradable sensación, una idea le garantiza que no podrá conciliar el sueño esta noche.

"¿Qué pasa si esto no es temporal?"

Desde que Sasuke abandonó la aldea, Sakura se enfocó casi exclusivamente en su vida como ninja y nunca se arrepintió de ello, ya que los resultados siempre valieron la pena. Pero antes de volcar todo de sí en convertirse en una kunoichi, tuvo el infantil sueño de tener una vida civil, de tener a un compañero a su lado, a alguien con quien algún día tener una familia.

En esas tempranas épocas de su vida, no tenía ni la menor idea de lo que ese sueño implicaba. Empero, pese al tiempo transcurrido, aún existe en ella una forma más realista de ese deseo, del deseo de tener algo más en su vida que misiones que cumplir, y de encontrar alguien con quien compartir esa vida. Claro que ya no conceptualiza eso de una manera tan ridícula como lo hizo en el pasado, más bien, ahora sólo quiere algún día tener el tiempo y las chances para, en algún momento, tener lo que Asuma y Kurenai comparten.

"Y quizá sigue siendo irrealista, infantil. ¿Qué sé yo de esos temas, de todos modos?"

Sabe que le gustaría saber. Y sabe que ya no puede imaginarse nada relacionado con esa fantasía, no sin que esta reciente sensación de asco, de angustia, la invada.

"¿Acaso… ya he perdido la capacidad de disfrutar de mi sexualidad?"

Si es honesta consigo misma, ella podría entender que una mujer desarrolle reacciones fuertes a todo lo que le recuerde al momento en el que fue abusada.

Al igual que durante los últimos años, en los últimos meses ella puso tanto énfasis en ser una ninja que descuidó el hecho de que, antes que todo, ella es una mujer.

En el mundo real las horas siguen pasando, y las implicaciones de esto la siguen manteniendo despierta.

Sakura siempre creyó que eventualmente tendría la chance de tener al menos un aspecto de una vida normal. Sólo había dejado ese proyecto en espera, creyendo que podría volver a él más tarde, cuando madurase lo suficiente, y después de que se volviese fuerte, después de recuperar a Sasuke, o, tan sólo… después.

Y, finalmente, en la espera a que el después llegase, algo en su vida como ninja terminó por afectar a sus posibilidades de alcanzar una vida normal.

De repente, se siente estafada, como si los dioses le hubieran robado la chance de disfrutar uno de los aspectos más universales de la vida. Se siente como si le hubiesen robado un futuro. Y más enojo que el que tiene por el suceso, lo tiene con ella misma, por haber creído que es posible simplemente posponer algo de manera indefinida, por creer que la vida la esperaría.

Agotada ya de lidiar con esto por sí sola, toma prestada la capa de Sai y sale al exterior de la tienda para volver a encontrarse con la única persona que siente que ahora puede ayudarla.

Como lo había previsto, al salir al bosque y sentarse nuevamente en el tronco caído, frente a las cenizas de lo que antes fue una fogata, la mujer termina llamando la atención del taciturno artista.

Él se baja del árbol, sobre el que estuvo haciendo vigilancia en solitario, y la apunta con su linterna mientras se acerca a ella.

—Necesito tu opinión en algo. No puedo dormir—es lo primero que dice Sakura cuando siente la luz ajena sobre su cara.

Cuando la tiene en frente, Sasori ve bajo sus ojos jade la señal física del agotamiento, y ve en la mueca de su boca que algo la está molestando. Esto es razón suficiente para él que acceda sin hacer ninguna pregunta, incluso si es sobre la razón de su brusca despedida hace horas atrás.

—Por supuesto—acepta sentándose a su lado—. Dime cómo puedo ayudarte.

Ella respira profundo y selecciona sus palabras con cuidado:

—Sé que tú tienes práctica en tomar decisiones difíciles, sé que has tenido que establecer prioridades, y que, considerando tu posición, debes estar acostumbrado. Así que creo que eres el más adecuado para darme una guía… ¿Alguna vez tus decisiones te llevaron a que algo que deseabas te sea imposible?—En medio de la oscuridad de la noche, la mujer levanta una mano y pone su dedo índice erguido frente a los labios del artista, pidiéndole con ese gesto que aún no le conteste—. Perdón. Esa no es la pregunta correcta, sé que decides en base a lo que deseas. ¿Alguna vez te encontraste en una situación en la que quieres algo, pero las decisiones que has tomado hasta ahora te prohíben tenerlo?

"Más bien un alguien…" Piensa Sasori antes de contestar.

—Sí… supongo que no debe ser una situación tan extraña para quienes viven en nuestras circunstancias.

—No tienes que decirme qué es exactamente—aclara Haruno—. Honestamente, yo tampoco tengo ganas de entrar en detalles. Pero quiero saber cómo haces para lidiar con eso. ¿Te acostumbras con el tiempo? ¿Existe una manera de controlar qué es lo que uno desea?

—Perdón por interrumpirte—la detiene en medio del curioso interrogatorio—. Pero, antes de aconsejarte, es necesario que te pregunte algo: ¿Estás segura de que es totalmente imposible obtener este algo? Si te ayudo a actuar como si lo que buscas es inalcanzable, cuando podrías disfrutarlo, sólo estaría lastimándote. Es difícil para mí aconsejarte sin saber los detalles. Sólo puedo intentar darte un ejemplo de lo que he vivido...

El marionetista medita sobre sus propias palabras por un momento antes de continuar:

—Espero que este ejemplo te sirva de algo. Cuando abandoné mi aldea, yo era joven y estúpido. En ese momento, renuncié con gusto a la calma de una vida sin persecuciones a cambio de poder dedicarme a mi arte. Cuando el ímpetu de la juventud me abandonó, me encontré, y de vez en cuando me encuentro, deseando la chance de bajar la guardia—Sasori vuelve a tomar una pausa, para luego continuar en un tono un poco más decaído, a pesar de sus intentos de controlarlo—. Ahora, el no vivir huyendo es algo imposible para mí. Pero me mantengo ocupado, ya sea con la misión o con el arte, ya sea conversando conmigo mismo o contigo. Evito pensar en lo que no puedo tener, lo evito tanto como puedo. El tiempo de ocio es un peligro, me permite la chance de pensar en esas cosas, y ese es uno de los motivos por lo que odio esperar. Intento mantener mi mente ajena a todo lo que no puedo obtener. La vida y el tiempo ofrecen muchas opciones para mantenerse ocupado, misiones que cumplir, proyectos que perseguir, gente que proteger. Ese último de seguro es tu caso.

Sakura lo escucha intentando extraer algún valor de sus palabras, pero le cuesta creer que haya algo en ellas que pueda ayudarla. En primer lugar, es su culpa que él no esté siendo eficiente en su tarea de aconsejarla. Después de todo, ella no fue clara con lo delicado de su situación actual.

—Muy bien… Supongo que ya no tiene mucho sentido ocultarlo si vamos a hablar en serio... Así que seré breve…—pronuncia la ninja juntando el coraje necesario para vocalizar por primera vez la verdadera raíz de sus problemas—. Durante mi batalla en Khanzen, fui capturada y paralizada por un genjutsu enemigo de un nivel mucho más avanzado del que esperaba. Fui torturada, e hicieron conmigo lo que se espera que le ocurra a una prisionera…

El rostro y alma del marionetista se paralizan al oír las palabras que salen de la boca de Sakura. A partir de este preciso momento, todo lo que no fuese ella ha dejado de existir para él. No obstante, incapaz de emitir sonido, o tan siquiera procesar pensamiento alguno, el artista sólo se limita a seguir escuchándola.

—Claro que escapé del genjutsu antes de que intentasen meterme nada… y luego los maté a todos—Sakura, al ver que el titiritero todavía no muestra intención de decir nada, prosigue en su discurso con aspereza y severidad en su porte—. Y no quiero que me trates como una víctima, ellos fueron mis víctimas... pero… la verdad es que no puedo sacarme de encima el recuerdo de lo que me hicieron. Y cada vez que algo me lo recuerda, tengo ganas de volver a matarlos.

—Sakura…—intenta articular una frase antes de ser interrumpido.

—El punto es que siempre deseé en algún momento tener una vida normal. Y si cada vez que intente acercarme a alguien voy a revivir una escena de mierda, y voy a sentir ganas de volver a asesinar a los muertos, aquello estará fuera de mis opciones para siempre. A estas alturas, dudo de que algo pueda ayudarme a vivir sabiendo esto, pero, si hay alguien en este mundo que podría guiarme, ese eres tú. Al menos, así es como te veo ahora…

Sasori permanece estático por un momento. Ya procesar la noticia es un impacto importante de por sí, y el que ella espere una respuesta a la altura de las circunstancias es una presión con la que no planeaba cargar esta noche.

—Tienes que entender que no hay modo de que comprenda lo que estás pasando, y que muy probablemente diga algo que suene estúpido—comienza el pelirrojo intentando anticiparse a sus propios errores.

La kunoichi suspira y lo mira a los ojos con seriedad en su faz.

—Lo sé… y también sé que, si dices algo hiriente, no lo harás porque quieras lastimarme. Como mucho, te daré un golpe y estaremos a mano. Vamos, escogí decírtelo a ti por algo.

— No sé exactamente como tratarás con esto, o qué efecto tendrá el tiempo sobre tus memorias. Definitivamente esto fue… humillante… por decir poco—prosigue su ex informante antes de tensar su voz de modo iracundo—. Si yo estoy deseando matar a estas personas ahora, no puedo imaginarme por lo que tú estás pasando.

El ex Akatsuki suspira, haciendo una pausa en su habla para calmarse. No puede perderse en sus propias emociones ahora. En este momento, sólo importan las de ella.

—Primero… no creo que jamás debas darte por vencida. Al menos, no por completo. Tú tienes una voluntad capaz de milagros, y nunca deberías negarte a la opción de que en algún momento superarás esto.

— ¿Y qué pasará si no puedo superarlo?—pregunta ella después de un instante de silencio, cargando en su tono una combinación de angustia, más el miedo que le produce el pensar en esa opción.

La voz de Sakura se graba en Sasori. Su nueva interrogante lo afecta de inmediato. Suena tan… perdida…

Ya no puede quedarse quieto ante semejante panorama.

Instintivamente, Sasori se desliza sobre la superficie del tronco para acercarse aún más a ella. A continuación, rodea su espalda con su brazo y la atrae hacia él con suavidad hasta dejarla apoyada sobre su cuerpo.

—Y esto no es tratarte como víctima—aclara antes de que su atrevimiento desencadenase una reacción negativa de parte de la dama—. Es tratarte como alguien que está intentando demostrar fortaleza cuando no tiene ningún motivo para hacerlo.

La joven abre los ojos en sorpresa, pero sin atreverse a mirarlo. No esperaba esto, no quería esto. Vino aquí a buscar consejo, no consuelo. Sin embargo, y a pesar de su contrareidad inicial, ella no se mueve, ni pide que el abrazo se detenga. A pesar de inesperado, este gesto le ofrece un ligero alivio que no esperaba encontrar.

—Vive, protege, combate, sana. Salva vidas. Haz todo aquello que te haga sentir viva. Haz todo lo que le otorgue un sentido a tu vida. Que la pena de una puerta cerrada no te impida ver qué hay detrás de todas las demás—aconseja Sasori en voz cada vez más baja—. Si comienzas a cometer ese error, voy a hacerte cruzar las demás puertas hasta que recuerdes qué es lo que te importa. No toleraría ver cómo te desperdicias.

Sin mostrar resistencia ante sus palabras, Sakura deja caer su cabeza sobre la clavícula ajena en un momento de vulnerabilidad… A decir verdad, no tiene idea de qué hacer ahora, no tiene idea siquiera de por cuánto tiempo la perseguirán los sucesos de esa noche. Por unos instantes de silencio, se permite simplemente estar mal y dejar escapar un par de lágrimas, sin pensar, y sin exigirse a sí misma el ser más fuerte.

Ese breve respiro le termina brindando el suficiente alivio a la joven para volver a actuar. A continuación, ella alza su mano derecha de su regazo y la apoya sobre la que Sasori mantiene aferrada a su hombro izquierdo. Luego, levanta un poco su rostro para verlo a los ojos, y es en el preciso momento en que sus miradas se cruzan cuando finalmente recupera el habla.

—Gracias por todo...—susurra logrando que la mente racional de Sasori volviese a funcionar apropiadamente.

Por suerte para él, su brote de irracionalidad parece haber sido bien recibido.

—Tomaré tu consejo—prosigue Sakura recuperando lentamente el ánimo en su voz—. No voy a dejarme abatir por esto. Quizá pueda dejar lo que pasó atrás… y, en caso de que no pueda… pues…

La mujer hace una pausa, aún no está lista para aceptar la idea. Sin embargo, con dificultad, pero firmeza, logra completar su frase:

—Seguiré adelante.

El hombre sólo la escucha a centímetros de su rostro sin emitir palabra, sintiéndose invadido por la impotencia de no poder hacer nada para ayudarla de una manera significativa. Puede escucharla, aconsejarla, abrazarla e intentar protegerla, pero, así como en tantos otros aspectos… Este es un camino que tendrá que recorrer ella por su cuenta.

De un momento a otro, Sasori no puede resistirse a su necesidad de pedir perdón por ser tan inútil:

—Disc…

—No tienes nada de que disculparte—lo detiene Sakura anticipándose por completo a lo que estaba por decir—. Me has ayudado más de lo que esperaba. El resto será mi trabajo.

Tras esta contestación, ambos se ponen de pie, y se enfrentan a la dificultad de salir de una situación tan cargada, emocionalmente hablando, como esta.

—No quiero que me trates distinto en ninguna manera. Que quede claro…—indica la mujer mientras se arrebuja en la túnica de Sai para brindarle algo de calor a su cuerpo, manifestándole su deseo a su ex informante de que esto no repercuta en el trato que tienen entre ellos—. Y una última cosa ¿Es necesario aclarar que si le hablas de esto a Sai voy a matarte?

—Para nada—asiente Sasori forzando una sonrisa ante el comentario de la mujer, para luego volver a despedirla y desearle un buen sueño.

Esa noche, el marionetista tenía planeado pensar en los diseños de posibles creaciones que pudiesen proteger a su equipo. En su lugar, ahora sólo espera la llegada del alba, mientras vela porque los malos recuerdos dejen finalmente descansar a Sakura, y mientras intenta procesar lo ocurrido.

Al menos, puede comprender por qué ella le pidió que no la trate de una manera diferente a la usual. Empero, de comprenderlo a llevarlo a cabo…

"¿Cómo sería eso posible? ¿Cómo puedo simplemente ignorar sus sentimientos? Si esta última interacción sirve como ejemplo, quizá esto sea imposible..."

De inmediato, Sasori se regaña a si mismo por permitir que pensamientos tan poco prácticos habiten dentro de sí. Él respetará los deseos de Sakura, y encontrará la manera de mantener los aspectos menos racionales de sí mismo bajo control.

Tiene que hacerlo. Por más difícil que sea.

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