NdA: Gracias por comentar!

Capítulo 53 Una noche de intimidad

Harry llegó a Malfoy manor con la mente puesta aún en la conversación que había tenido en La Madriguera. Molly se lo había tomado bien, especialmente cuando Ron había hablado en defensa de Draco. Ginny era harina de otro costal. Hermione decía que simplemente había sido la sorpresa, pero Harry tenía la impresión de que su ex mujer iba a causarle problemas. Había parecido furiosa al escuchar la noticia. ¿Y si empezaba a malmeter contra Draco? ¿Y si convencía a Molly y a Arthur de que no podían admitirlo en su hogar?

Pero con un esfuerzo, apartó aquellas sospechas de sus pensamientos. No tenía sentido preocuparse antes de tiempo. Dado que Ginny aún no había dicho nada oficialmente, podían concederle el beneficio de la duda y esperar a ver qué actitud tenía.

Las puertas de la mansión se abrieron ante su llegada y Harry caminó por los jardines, siempre espectaculares en aquella época del año. Antes de llegar a la casa, Draco salió de allí y se reunió con él casi a medio camino.

-Harry… -Le dio un beso breve y húmedo que provocó una llamarada de deseo en Harry-. ¿Cómo ha ido todo?

-Más o menos bien. He hablado con Molly y lo ha aceptado sin problemas. Aunque le debes a Ron una buena botella de vino. Arthur no estaba, pero Molly ha dicho que estaba segura de que se alegraría por mí.

Los dos echaron a andar hacia la casa.

-¿Pero?

-Ginny estaba también allí. Me parece que no le ha hecho mucha gracia, aunque la verdad es que se ha ido sin decir realmente nada.

Draco dejó escapar un bufido desdeñoso.

-Está celosa.

-No creo que sea eso…

-Ya… ¿Y qué es, entonces?

Pero aquella no era una pregunta que Harry supiera contestar porque no tenía ni idea de lo que pasaba por la cabeza de Ginny. Ella y Draco parecían haber llegado a un acuerdo y llevaban tiempo comportándose correctamente el uno con el otro. No entendía a qué venía la actitud de Ginny a estas alturas. Así que se limitó a encogerse de hombros y en desviar el tema.

-¿Qué hay de ti? Imagino que si vamos a cenar en Malfoy manor es porque tu madre no ha puesto pegas.

-Imaginas bien.

-¿Y los Greengrass? –Sabía que a Draco le había preocupado más la reacción de su familia política que la de su madre.

-Bueno, Evon ha sido un poco dura al principio, pero sólo ha sido un momento. Melissa lo ha convencido de que no estaba faltándole el respeto a Astoria. Ella cree que los tiempos de guerra tienen reglas distintas a los tiempos de paz. Quizás tenga razón, ¿no crees?

-¿Por qué lo dices? –dijo, no muy seguro de que le gustara aquella reflexión.

-No sé, desde Windfield han pasado tantas cosas, que es como si hubiera transcurrido mucho más tiempo. Toda una vida. –Draco le estrechó la mano-. En fin, lo que cuenta es que las cosas han salido bastante bien… Y por fin vamos a pasar un rato tranquilo y lleno de sexo los dos solos.

Harry se rió.

-Suena bien.

Draco le lanzó una mirada cargada de promesas, pero luego se puso un poco más formal.

-Escucha, ¿te importa si cenamos con mi madre y las demás? Podemos subir después a mis habitaciones.

Harry quería tantear el terreno con Narcissa y asegurarse con sus propios ojos de que aprobaba su relación, así que aceptó el plan de Draco. Además, le apetecía charlar un rato con Andromeda, a la que apenas había visto el día anterior.

Draco le condujo hasta el salón en el que estaban las mujeres y Harry se tranquilizó en cuanto vio el saludo que le dedicaba Narcissa, de lo más acogedor.

-Bienvenido a Malfoy manor, Harry. Tengo entendido que a partir de ahora vas a visitarnos mucho más a menudo.

-Eso espero –dijo Harry, dedicándole una sonrisa a Draco.

-Será un placer. Ya sabes que cualquier persona que haga a mi hijo así de feliz es bienvenida en esta casa.

Andromeda sonreía también y las rusas parecían encantadas con el chisme, aunque se notaba que Draco confiaba en que no irían contándolo por ahí. Draco le había comentado que ya eran un poco como de la familia. Ellas, desde luego, actuaban como si lo fueran, especialmente madam Tereshkova.

-Bien hecho, bien hecho, muchacho. En esta vida hay que mirar hacia delante y darle una alegría al cuerpo siempre que uno pueda.

-¿Quieres tomar algo antes de cenar, Harry? –dijo Narcissa-. ¿Una copa de vino?

-Oh, no, no gracias.

-¿Dónde está tu gárgola? –preguntó Andromeda.

-Conseguí convencerla de que se quedara guardando Grimmauld Place.

-Puedes traerla aquí cuando vengas, si quieres –dijo Draco.

-Gracias, aunque en general prefiero no llevarla detrás todo el tiempo.

La charla continuó durante unos minutos y pronto pasaron a cenar. Harry había tomado un té más que abundante en La Madriguera, pero volvía a sentirse hambriento. Tener de nuevo a su alcance toda la comida que tanto había echado de menos era una tentación irresistible. Y bastaba con ver las raciones que estaba devorando Draco para darse cuenta de que a él le pasaba lo mismo.

-Draco nos ha dicho que vuelves mañana al trabajo, Harry –dijo Narcissa.

-Sí, me gustaría tomarme unas buenas vacaciones, pero también tengo ganas de ponerme al día. Han pasado muchas cosas en nuestra ausencia.

-Y tenemos la rueda de prensa a las diez –le recordó Draco.

-Ah, sí…

Todos excepto Dione, que había rehusado diciendo que no quería saber nada de bípedos durante una buena temporada, iban a dar una rueda de prensa al día siguiente para explicar con mayor detalle lo que había pasado en Ávalon. Harry raras veces había esperado una rueda de prensa con tantas ganas, pero esta vez quería dejarle bien claro al mundo mágico lo valientes que habían sido todos, especialmente Hagrid y Betty. Y Draco. Todavía podía recordar su aspecto cuando habían salido del paso de Malinai, tan blanco que cualquiera podría haberlo confundido con un cadáver. No, que supieran todo lo que había hecho por todos ellos.

-Esa va a ser una rueda de prensa con muchísima audiencia –dijo Andromeda.

-Bueno, desde luego tenemos muchas cosas que contar. Creo que nos pasó de todo.

-Draco nos ha contado ya algunas de vuestras aventuras –dijo Narcissa-. Cuando las generaciones venideras hablen de esta guerra, no me cabe duda de que este capítulo tendrá un lugar muy relevante.

Dado que él ya aparecía en algunos libros de historia, sin contar biografías no autorizadas y estudios diversos sobre Voldemort, Harry no se sintió demasiado impresionado por las palabras de Narcissa, pero pudo apreciar que Draco se sentía muy orgulloso de sí mismo. Eso le hizo sonreír aunque, a decir verdad, él también se sentía muy orgulloso de Draco.

La cena terminó con una deliciosa tarta de cumpleaños. Harry estaba disfrutando de la comida y la compañía, pero empezaba a sentir impaciencia por estar a solas con Draco. Estaba tan guapo, allí sentado… Y no se le escapaba que había dejado de llevar el luto de venganza. Aquello le hacía extremadamente feliz, era una señal más de que Draco ya no estaba obsesionado por la muerte de Astoria y Lucius.

Su Avisador le indicó que tenía un mensaje cuando aún estaban sentados a la mesa. Harry se excusó y se dispuso a escucharlo. Era la voz de Chloe, poniéndole al día.

-Jefe, hemos interrogado ya a todos los parientes de Tambourine, pero ninguno de ellos parece estar relacionado con los Parásitos. Seguimos interrogando también a todos los parientes de los detenidos de la playa, aunque uno de ellos tiene un tío en el Wizengamot, Sean Holyfield, que se ha negado a recibirnos. Además, hemos podido sonsacarle a uno de los prisioneros que hace unos días un Parásito intentó secuestrar a Grudge con un Traslador para cobrar la recompensa de los Malfoy, aunque por desgracia no tuvo éxito. Vamos a intentar averiguar si el hechizo de confidencialidad permite dar algún detalle más sobre ese tema. Eso es todo por ahora.

-¿Todo bien? –preguntó Draco cuando él se apartó el Avisador de la oreja.

-Sí, no hay nada urgente.

Sintió el tirón de la culpa y la responsabilidad, pero realmente quería pasar esa noche con Draco. Se la habían ganado. Y la necesitaba para seguir adelante. Así que se limitó a pensar un mensaje de vuelta para Chloe y lo dejó en el Avisador. Confiaba en ella y en sus decisiones. Quería un informe preliminar sobre los interrogatorios y las detenciones para cuando llegara a la oficina a la mañana siguiente. Eso era todo. Y cuando vio la cálida mirada de Draco, aún se sintió más seguro de haber tomado la decisión correcta.

-Si nos disculpáis, nosotros vamos a retirarnos ya. No hemos podido tener un rato a solas desde que hemos vuelto.

-Por supuesto, querido –dijo Narcissa-. Buenas noches a los dos.

-Buenas noches.

Harry había visto el dormitorio de Draco más de una vez durante las inspecciones a los Marcados, pero sabía que éste se había trasladado de habitación tras la muerte de Astoria. Draco le fue indicando más o menos donde dormía ahora todo el mundo y por fin llegaron a sus habitaciones. Eran tan grandes como las anteriores, con un dormitorio enorme, un saloncito y un cuarto de baño con una bañera que podría albergar cómodamente a dos hombres adultos.

-Esto es como tener tu propio apartamento, ¿no? –preguntó Harry, observando a su alrededor.

La decoración era completamente diferente, con muebles sólidos y masculinos. En el salón había una estantería con libros y algunas fotos de Draco, sus padres y sus hijos. Incluso había una de toda la pandilla de Slytherin al completo, en lo que parecía un viejo cumpleaños de Pansy. Sin embargo, Astoria no aparecía en ningún sitio. Harry se preguntó si Draco las había quitado la noche anterior o simplemente había querido evitar recordarla desde el primer día de su traslado.

-Es bueno tener un poco de intimidad, uno no siempre tiene ganas de compañía. O al menos de demasiada compañía –dijo, guiñándole un ojo-. Dos es la cifra perfecta.

-¿Verdad? –dijo Harry, mientras le pasaba los brazos alrededor de la cintura.

Draco sonrió y se inclinó para besarle, un beso largo y cálido. Harry se abandonó a las sensaciones, al alivio de poder besarlo y tocarlo al fin como quería, sin prisas, sin el miedo siempre latente a ser atacado en medio de la noche.

-Al fin… -murmuró Draco, deslizando una de sus manos hacia el culo de Harry-. No sabes las ganas que tenía de verte en esta habitación.

-Créeme, lo sé –replicó Harry.

De alguna manera, estar allí, en casa, en una habitación de verdad, lo volvía todo distinto. Quizás era porque aquella iba a ser la primera vez que se acostaran juntos en su mundo, en el mundo humano, el lugar en el que transcurría su vida día a día. Era allí donde debía funcionar su relación. Y cuando mucho tiempo después Draco estuvo a horcajadas sobre él, cabalgándole con los ojos cerrados y volviéndole loco, Harry supo que todo iría bien.


Después de su espectacular orgasmo Draco podría haberse quedado dormido en ese momento, pero no quería renunciar a su regalo de cumpleaños, así que convenció a Harry de que se diera un baño con él.

Poco después, Draco sonreía mientras pasaba perezosamente la esponja por el pecho de Harry. Todavía estaba demasiado flaco para lo que era habitual en él, los dos lo estaban, pero se intuía su fortaleza. Y resultaba hermoso así, relajado, como un tigre dormitando al sol. A veces aún le costaba creer que tanta gente hubiera dejado escapar a alguien como Harry. Los muggles aún, porque Draco no creía que un muggle pudiera ser suficiente. Pero los otros… La Weasley, Broderick, ese arquitecto imbécil… ¿En qué habían estado pensando? Que George Weasley se atreviera a lanzarle a él una de esas pociones pestilentes, a ver lo que recibía a cambio.

-No quiero ir mañana a la oficina, quiero quedarme en esta bañera para siempre –dijo Harry, con los ojos cerrados.

-Podrías hacer como Thaddeus Black.

-¿Quién es ese?

-Un antepasado mío que fue director de Hogwarts en el siglo quince o dieciséis. Dieciséis. Durante su entrenamiento como animago algo fue mal y de cintura para abajo quedó convertido en pez, como una sirena. En su despacho tenía instalada una bañera enorme y dirigía el colegio desde allí.

-Oh, Dios, me encanta el mundo mágico –dijo Harry entre dientes.

El agua había hecho que su pelo estuviera aplastado contra su cabeza, el único momento en el que se podía ver a un Harry Potter realmente peinado. Draco, sin embargo, había advertido ya la primera vez que Harry no era del todo Harry si su pelo no parecía el escenario de una batalla campal, así que alargó la mano y lo despeinó un poco.

-Tú podrías hacer lo mismo y dirigir a tus aurores desde tu bañera. Pero exijo que lleves bañador, eso sí. No quiero que todo el mundo pueda ver tus joyas familiares.

Harry sonrió y abrió los ojos por fin.

-No puedo hacer eso. Ya sabes que me gusta el trabajo de campo. No puedo luchar contra los malos desde una bañera.

-Sí, tienes razón, no es nada práctico. Cuando vayas a luchar, tendrás que dejar la bañera en tu despacho.

Los dos se rieron.

-Oye, Draco, mañana en la rueda de prensa es mejor que no nos sentemos juntos. Creo que se me notaría enseguida, si estuvieras a mi lado.

Draco sonrió, feliz de escuchar aquello.

-Sí, ya lo había pensado. Si estuvieras a mi lado, sé que no podría evitarlo y mi mano se deslizaría por tu pierna así –dijo, demostrándoselo con la esponja. Harry dejó escapar un ruidito de placer y abrió un poco las piernas. Draco frotó suavemente la esponja por sus huevos, por su polla, que estaba empezando a endurecerse bajo sus caricias. Después bajó entre sus nalgas y Harry volvió a abrir las piernas para permitirle un mejor acceso. Sí, a Harry le encantaba que jugara con su culo. Y él deseaba como nunca hundirse allí dentro, tener a Harry como, al parecer, ningún hombre le había tenido nunca. Draco sintió su propia excitación al pensarlo-. Nadie se daría cuenta al principio, supongo… Sólo tú y yo… Tendrías que disimular… Y entonces algún periodista te preguntaría, "jefe Potter, ¿cuáles son ahora sus planes?" y a ti se te olvidaría todo y dirías "oh, voy a dejar que Draco Malfoy me folle con la lengua". –Harry jadeó-. Y entonces nuestro secreto saldría a la luz.

-Te… terrible.

-Pero podemos seguir el plan B –dijo Draco, sin dejar de acariciarle, fascinado con sus respuestas, por el modo en que sus labios habían enrojecido por el calor y la excitación-. Podemos sentarnos separados, como has sugerido, y dejar ahora que te coma el culo. De ese modo no habrá posibilidad de que mañana se te escape nuestro secreto.

-Sí –dijo Harry, casi con un ronroneo.

Draco se puso entonces de pie, listo para pasar a la acción y Harry le imitó, ya duro del todo. Impacientes, se secaron con hechizos y volvieron a la cama. Estaba hecha de nuevo, lo cual sorprendió a Harry.

-Un elfo ha entrado mientras estábamos en el baño y ha cambiado las sábanas –explicó Draco.

-¿En serio?

Ya en la cama, Draco ladeó la cabeza.

-¿De verdad quieres hablar de las tareas domésticas de mis elfos?

-No –se rió Harry, tumbándose a su lado.

Draco se inclinó para besarlo y después deslizó la mano por su costado.

-Ponte a cuatro patas, Harry –murmuró en su oreja.

Harry obedeció y se colocó con las piernas bien abiertas. Draco tragó saliva: si supiera todo lo que despertaba en él simplemente mostrándose así, abierto a él en todos los sentidos… Ansioso por empezar, se colocó tras él, también boca abajo, y se apoyó en sus codos. Tenía el culo de Harry ante su vista, duro y perfecto. Draco le dio un bocado suave, incapaz de contenerse. Harry dejó escapar un ruidito de queja, pero no se movió y Draco volvió a hacerlo un par de veces. Después lamió sus huevos, disfrutando con los suaves gemidos que estaba provocando y subió muy, muy lentamente hasta llegar a la entrada de Harry.

-Ohjodersí…

Draco sopló suavemente, satisfecho con el modo en el que Harry se estremeció, y le dio unos pequeños lametones sólo con la punta. Harry protestó de la manera más adorable y le dijo que dejara de provocarlo, pero Draco no le hizo demasiado caso. No, no, iban a ir a su ritmo y si todo salía bien llegaría un momento en el que Harry no podría pensar en otra cosa que no fuera tener la polla de Draco bien enterrada en su culo.

Pocas veces se había esmerado tanto con esa clase de caricias. Las exclamaciones de Harry eran cada vez más incoherentes y su culo le buscaba ya con total descaro y se abría a su lengua con facilidad. Draco lanzó un grito mental de triunfo cuando pudo abrirse paso entre el círculo de músculos.

-Oh, Draco… Joder… Quiero… Oh… Sigue, cariño… Oh, Dios…

Cariño. Draco quiso burlarse mentalmente del apelativo, pero todo lo que consiguió fue sentirse conmovido como un tonto. Oh, joder, ¿cómo podía querer tanto a ese hombre? Aquella emoción cruda y poderosa le hizo redoblar sus esfuerzos.

Sin dejar de lamer, Draco lanzó un hechizo no verbal y sintió los dedos de su mano derecha viscosos con lubricante. Su lengua había hecho un gran trabajo y Harry estaba lo bastante excitado y relajado como para admitir un primer dedo sin un pestañeo. Draco lo movió, buscando la próstata de Harry y la notó a la vez que éste lanzaba un grito ahogado. Sí, eso era lo que quería. Draco empezó a penetrarlo una y otra vez con el dedo mientras continuaba lamiendo. Los gemidos de Harry cobraron tanta intensidad que a Draco le preocupó que se corriera antes de tiempo.

-No puedes correrte aún, ¿eh? Todavía no he terminado contigo…

-Pues… no…oh, Dios… tardes… Dracojoder… No… Yo… Más…

-Ssssht, no hables… Tú relájate y concéntrate en no correrte.

Draco usó un segundo dedo, preguntándose cuánto tardaría Harry en sospechar lo que quería hacer. Le diría que sí, ¿verdad? No podía negarse. Él estaba tan duro ya, todo lo que podía pensar era en cómo se sentiría al penetrarlo, al enterrarse en él… En Harry, su Harry. Quería que Harry confiara en él y deseaba probarle que era digno de esa confianza. Quería que disfrutara del otro extremo de esa intimidad que habían empezado a compartir.

-No pares… Más… No pares… -Merlín, sólo escucharlo ya le volvía loco. Draco volvió a usar el hechizo del lubricante y añadió un tercer dedo, casi rogando a los dioses por una buena reacción de Harry-. ¿Dra-Draco?

Sonaba un poco inseguro, pero no molesto ni enfadado y Draco empezó a pensar que iba a salirse con la suya.

-Quiero follarte, Harry –dijo, moviendo los dedos con facilidad, asegurándose de alcanzar su próstata-. No te imaginas cuánto lo deseo. Te prometo que no te arrepentirás. Es sólo que… Joder, te quiero tanto… Quiero estar dentro de ti.

Harry se quedó callado un momento y después giró la cara hacia él y le tendió la mano. Draco la apretó con la que tenía libre, enlazando los dedos con los suyos.

-Sí, hazlo.

Draco sonrió, dejando escapar el aire que había estado conteniendo.

-¿Seguro? –Harry asintió y esbozó también una sonrisa. Oh, aquello era el mejor regalo de cumpleaños que podía haber conseguido-. No te arrepentirás, no te arrepentirás.

A pesar de todo Harry estaba un poco tenso, así que Draco se dispuso a seguir con sus caricias hasta que Harry estuviera de nuevo relajado y preparado. Poco a poco, Harry fue dejándose llevar otra vez por el placer de sus dedos, de su lengua. Draco apenas podía contener sus ganas de entrar en ese calor, en esa presión. Estaba tan duro que las pelotas le dolían, le pesaban.

-Draco, vamos…

Harry sabía ahora lo que estaba pidiendo y Draco se sintió incapaz de esperar más. Iba a morir. Si no entraba pronto en Harry iba a morir, así de claro.

-Ven, lo vamos a hacer de otra manera.

-¿Cómo?

Había un poco de vino sobre la mesilla de noche, restos de lo que habían picoteado antes de meterse en la bañera. Draco bebió un poco, besó a Harry ansiosamente y se tumbó boca arriba, echándole un vistazo a su propia polla. Oh, Merlín, parecía estar a punto de estallar. Harry también la miraba, como preguntándose si le cabría.

-Colócate a horcajadas sobre mí.

-¿Estás seguro? Auch, mis piernas.

-Sí, creo que será más fácil para ti –dijo, masajeándole los muslos-. Estás listo. Sólo colócala donde toca y ve dejándote caer sobre ella. No tengas prisa. Relájate y ve poco a poco.

No entendía cómo podían salirle frases tan claras cuando su cerebro estaba chillando "OHMERLINPORFIN" a todo volumen. Cuando Harry le agarró la polla para acercársela a su entrada sus caderas dieron un salto involuntario hacia arriba. Oh, joder, pero qué caliente estaba. Sus manos se cerraron con fuerza sobre las sábanas cuando notó la presión en la punta y necesitó de toda su fuerza de voluntad para no alzar las caderas. Merlín… Oh, por favor… Por favor… Sus labios se movieron formando palabras de cariño, de aliento, de calma, sus manos acariciaban ahora el pecho de Harry, su polla, sus muslos. Poco a poco… Era increíble, no había palabras para describirlo, como ser engullido por un calor intenso y maravilloso. Y Harry rojo, sudoroso, con las cejas fruncidas por placer o por dolor o quizás por ambas cosas a la vez.

Pensó que al llegar este momento se sentiría triunfal, pero todo lo que encontró en su corazón fue agradecimiento.


Harry no había esperado que se sintiera así. Tan lleno, tan extraño. Físicamente aún no era muy impresionante, pero sus emociones estaban disparadas desde que Draco le había pedido que se dejara follar. Había fantaseado con eso desde que le había visto en el cuarto oscuro en plena acción y oh, Dios, le quería tanto y había hablado con tanto deseo en su voz… No habría podido decirle que no, no cuando encima sus negativas se habían basado en algo tan ridículo como pensar que así no sería tan gay.

Y ahora se sentía ¿vulnerable? ¿Más desnudo que nunca? Como si Draco y él ya se hubieran unido de todas las maneras posibles, como si ya no hubiera ninguna barrera entre ellos. Sólo por eso o por ver esa expresión en la cara de Draco, ya habría valido la pena.

Su culo parecía haberse acostumbrado ya a la sensación, así que Harry empezó a moverse con cuidado. Habían usado lubricante de sobra, era más fácil de lo que había esperado.

-Sí… Eso es, Harry… -Draco empezó a masturbarlo con una mano temblorosa y Harry se mordió los labios, notando que su excitación aumentaba. Mejor, mucho mejor-. Muévete así…

Harry obedeció, buscando el ángulo adecuado para que la polla de Draco alcanzara ese maravilloso punto en su interior. Cuando lo consiguió, fue como si su placer se multiplicara por mil. Oh, era increíble, era fantástico. Su ritmo aumentó, quería sentirlo otra vez, y otra y otra. Draco había empezado a moverse también ahora y sus caderas se alzaban a su encuentro mientras seguía farfullando palabras sin sentido. Todo el universo de Harry parecía haberse reducido a las sensaciones que estaba experimentando: la mano de Draco acariciándole, su polla llenándole, los gemidos de ambos, los muelles de la cama… El orgasmo estaba cada vez más cerca, presionando para liberarse.

-Harry… Harry… voy a…

-Sí, sí… -La mano de Draco aumentó el ritmo y Harry le imitó. Un poco más. Sólo un poco más.

Draco lanzó un grito ahogado casi triunfal y sus caderas se sacudieron contra Harry, con fuertes y erráticas embestidas. El brusco cambio de ritmo, ver a Draco corriéndose bajo él, le impulsó hacia su propio orgasmo, profundo, estremecedor. Gotas de semen cayeron sobre su barbilla, sobre su pecho, y Draco siguió moviendo la mano arriba y abajo hasta que los gemidos de Harry se volvieron suplicantes porque ya no podía más. Entonces se detuvo y Harry se tumbó sobre Draco, abrazándolo con toda la fuerza que tuvo.

-Oh… ¡Joder!

-Has estado genial… No te imaginas… -Draco hizo una pausa, recuperando el aliento-. ¿Te ha gustado?

Sonaba esperanzado, algo que enterneció a Harry.

-Sí… Sí. –No había sido el orgasmo más increíble de su vida, pero había sido bueno y Harry sabía que la práctica sólo podía mejorar aún más las cosas-. No me importaría repetirlo.

Draco le abrazó aún más fuerte.

-Sabía que te gustaría, sólo tenías que probar.

Harry sonrió; se alegraba de haberlo hecho, de haber confiado en Draco. Se sentía más unido que a él que nunca, quizás porque le había permitido hacer algo que no se había atrevido a hacer con otros. Con un poco de suerte, Draco sería el primer y único hombre en hacerle algo así y la idea le gustaba más de lo que esperaba.

-Tienes razón.

Draco movió la cabeza, buscando su boca, y le dio un beso cansado.

-Te quiero.

-Yo también. -¿Era normal que se sintiera un poquito más blando de lo habitual, más tierno? ¿Que los brazos de Draco parecieran tan seguros?

Draco le frotó la espalda.

-Espera, me muero de sed.

Harry rodó para colocarse al lado de Draco, quien sirvió dos copas de vino y le dio una a él. Nada más darle el primer trago se dio cuenta de la sed que tenía. Draco, que también se había bebido casi toda su copa de golpe, dejó ésta sobre la bandeja, echó un hechizo de limpieza sobre ambos y se metió a toda prisa entre las sábanas, instándole a hacer lo mismo. A Harry le pareció una buena idea porque había sudado y ahora empezaba a enfriarse. Y porque quería volver a abrazar a Draco cuanto antes. Como si le hubiera leído el pensamiento, en cuanto se metió debajo de las sábanas a Draco le faltó tiempo para apretarse contra él y volver a darle un beso con sabor a una cosecha excelente. Harry se lo devolvió de muy buena gana.

-Este ha sido el mejor regalo de cumpleaños que podías darme –murmuró Draco-. No sabes cuánto me alegro de que me hayas dejado hacerlo.

-Yo también me alegro.

-¿Por qué no querías probarlo? –Harry se encogió de hombros, pero Draco insistió-. No, en serio, cuéntamelo. Tengo curiosidad. No es como si tuvieras la próstata insensible o algo así. No te daría miedo, ¿verdad?

Para ser honestos, Harry dudaba de su capacidad de explicar aquello sin ofender a Draco antes o después. Y encima sabía que sus razones eran tan tontas que iba a quedar como un idiota. Pero en cierta manera era importante, ¿no? Esos fragmentos de prejuicios absurdos que flotaban aún por su subconsciente también formaban parte de él y era bueno que Draco supiera que existían.

-Creo que sí me daba un poco de miedo –admitió-. Pero no al dolor.

-¿Entonces? –preguntó Draco, con aspecto de estar francamente confundido.

-Ya sabes que algunos muggles tienen algunos prejuicios sobre la homosexualidad. Se supone que un hombre de verdad no deja que le hagan esas cosas. Y ya sé que es una estupidez y que no tiene nada que ver con ser un hombre o dejar de serlo –aclaró apresuradamente, al ver cómo le cambiaba la cara a Draco, cómo se alejaba un poco de él, listo para discutir-. Nunca he pensado que tú fueras menos hombre que yo sólo porque era yo el que te la metía a ti. Pero supongo que hay una parte de mí que no quería hacerlo, que lo veía como algo que no debía querer hacer.

Draco se quedó pensativo un momento, reflexionando. Al menos ya no parecía a punto de ofenderse.

-Es extraño decir que hay algo de malo en hacer algo que se siente tan bien.

-Sí, lo sé. Pero tú tampoco querías hacerlo así con los muggles.

-Es diferente –dijo Draco, encogiéndose de hombros-. No me gusta ser pasivo con alguien que no conozco. No sé si lo has notado, pero no me siento muy cómodo ni relajado con la gente así como así.

Esa ligera broma hizo que Harry pensara que aquella conversación, afortunadamente, no iba a aguarles la noche.

-Ahora que lo dices…

Draco le dedicó una media sonrisa.

-¿Qué te ha hecho cambiar de idea?

Harry decidió seguir siendo honesto.

-Tú. Te vi en acción una vez, la noche del periodista, ¿recuerdas? No me pude quitar esa imagen de la cabeza. Desde entonces también he fantaseado con eso, así que cuando me lo has pedido, no he podido decirte que no. No he querido decirte que no. Además, es tu cumpleaños.

Entonces Draco meneó la cabeza y le abrazó de nuevo y Harry supo que no había estropeado nada.

-Eres muy raro a veces -dijo Draco, no sin afecto-. Pero me alegra haber sido tu primera vez en algo, lo reconozco. Me hace sentir especial.

-Tú eres especial –replicó Harry, aunque entendía lo que Draco quería decir-. Y no miento al decir que me alegro de haberlo hecho y que me ha gustado. Ni siquiera ha dolido tanto como imaginaba.

-Si la persona que te está desvirgando es un adolescente que tampoco tiene ni idea de lo que está haciendo, créeme: duele.

Algo en su tono hizo que Harry se riera.

-¿Eso te pasó a ti?

-No preguntes, fue un desastre. Bueno, no un completo desastre, pero… en fin, podría haber sido mejor.

Harry se quedó pensativo unos segundos.

-El sexo es mejor cuando tienes más experiencia, pero no me importaría tener la resistencia que tenía hace veinte años. –Arqueó las cejas sugerentemente-. Imagínate, si tuviéramos dieciocho años podríamos hacerlo de nuevo.

-¿Quieres matarme? –Suspiró-. No sé si sería capaz de cumplir, estoy demasiado cansado.

Su expresión cambió un poco, como si se le hubiera ocurrido algo.

-¿Qué pasa? –preguntó Harry, intrigado.

Draco respiró hondo un par de veces.

-No sé si fue la medicina de los gnomos o la magia de Titania, pero me noto los pulmones mucho mejor. –Sonrió-. No me siento sin aliento ni nada de eso.

-Eso sería genial –dijo Harry, devolviéndole la sonrisa. Y pensaba que Draco tenía razón, su respiración no había sonado más laboriosa que la de él después del sexo.

-Ya lo creo. ¿Sabes el peso que me quitaría de encima?

-Me lo imagino.

-Le pediré a nuestro medimago que me eche un vistazo.

-Avísame en cuanto sepas algo. –Bostezó y se hizo consciente del sueño que tenía él también-. ¿Qué tal si dormimos ya? Podemos dejar esa tercera ronda para mañana por la mañana.

-Trato.

La única luz que les alumbraba ya era un candelabro de dos velas que había sobre una de las mesillas de noche. Draco las apagó soplando suavemente y se buscaron en la cálida oscuridad.