Abrió los ojos y se sorprendió al ver que no se encontraba en la casa de la madre de Sesshomaru. Estaba sentada frente a un campo abierto lleno de flores y pastizales verdes en donde los árboles adornaban los contornos de un paisaje libre de personas y de cosas materiales, sólo estaban ella y la naturaleza envueltos en el viento con olor a viejo que sin duda alguna reconoció. Buscó por todos lados a Rin pero no se encontraba por ningún sitio. A lo lejos Ah-Un dormitaba agitando su larga y escamosa cola mientras que Jaken aparecía en el horizonte caminado por la colina. Corrió hacia él con el deseo de preguntarle por la niña. Al llegar frente a él quiso preguntar pero las palabras no salían de su boca; se quedaban atrapadas en un eco dentro de un vacío que no podía reconocer como terrenal.

-¡Señor Jaken!-Se escuchó la voz de Rin y Eiko intentaba girar para buscarla pero su cuerpo no se movió. El pequeño youkai la miraba con desdén mientras caminaba hacia la roca donde había estado sentada segundos antes.

-Ya déjame Rin, el amo no regresará pronto, tendrás que esperarte-

¿Rin? ¿Dónde estaba? Eiko no podía verla por ningún lado hasta que después de sentir su cuerpo moverse involuntariamente comprendió que se encontraba dentro de la mente de la pequeña como una voz muda y encerrada. Veía cómo Rin corría en círculos y recogía flores mientras jugaba entre el pasto, sintió el mismo corazón palpitar con fuerza al ver a Sesshomaru aparecer entre la profundidad del bosque y experimentó la misma adrenalina al acercarse a él y tomar su mano al caminar.

"¿Qué significa esto?" pensó mientras los ojos de Rin se dirigían hacia arriba para ver a su amo viendo hacia el frente. La niña cerró los ojos y al abrirlos era un lugar totalmente distinto.

Se encontraba dentro de un palacio, rodeada de cojines, charolas con comida y sirvientes a su disposición. Al igual que con Rin, se encontraba dentro de la mente de otra persona quien se puso de pie y caminó con lentitud hacia un pasillo vacío. Del otro lado vio a Sesshomaru sin su armadura, sólo con una yukata ligera. "Este debe de ser su hogar" pensó la joven sorprendida al ver aquellos pedazos de tiempo incrustados en su mente, pero, ¿por qué? El youkai atravesó el jardín que dividía ambos pasillos y tomó entre sus brazos a la persona en la que Eiko se encontraba como visitante. Sintió los labios del youkai prenderse con la misma intensidad que percibió en el beso del día anterior sólo que esta vez la danza corporal fue distinta; las manos de Sesshomaru se refugiaban en el cabello de la joven, recorriendo los espacios de piel entre su cuello y su pecho. Eiko sentía que su corazón palpitaba con fuerza aún sin ser su cuerpo quien fuera el afortunado de encontrarse bajo el abrazo apasionado del youkai.

-Rin- dijo en un susurro al desprenderse por instantes del beso.

"¡¿Rin?" pensó con suma sorpresa al escuchar aquél nombre. ¿Sería posible que esa pequeña niña se convirtiera en la esposa del youkai? Claro que sí. De pronto la faceta de historiadora resurgió en su mente que ahora se encontraba totalmente distraída de ese beso. Rin fue su protegida; era común en aquellas épocas que una relación así surgiera, aún así, ¿por qué estas imágenes se presentaban frente a sus ojos? "Es un sueño; tengo que despertar" pensaba mientras intentaba concentrarse en un cuerpo terrenal para poder escapar pero era imposible. De nuevo las imágenes cambiaron y ahora se encontraba presenciando un parto. Vio unas piernas frente a ella, escuchaba los gritos y sintió algo de dolor; un pequeño bebé apareció en la escena con las mejillas sonrosadas, el cabello plateado y corto, una joven inu-youkai lo sostenía entre sus brazos, envuelto en una manta de seda. Lo acercó hacia la madre quien rápidamente lo tomó con un palpitar agitado. Eiko comenzó a sentir felicidad, tranquilidad, aún confundida de estar experimentando lo mismo que esa mujer.

-Su nombre será Akina, Itsuki-

-Es un nombre adecuado para una damita tan seria y lista- contestó mientras cubría con una sábana a madre e hija.

Eiko presenció otros dos partos; los de Akako y los de Ren, muy parecidos entre sí. Ambos niños lloraban desconsoladamente y rieron al momento de mirar a su madre a la cara con unos ojos redondos y ambarinos. Pedazos de la infancia de los tres hanyous pasaron frente a sus ojos, el rostro de InuYasha apareció con rasgos más endurecidos y maduros, Kagome estaba ahí también con dos pequeños hanyous que jugaban al lado de los hijos de Sesshomaru y Rin. Toda una vida pasó frente a sus ojos hasta el momento de su muerte que resultó ser una escena conocida.

"Esto lo había soñado ya"

Miles de imágenes pasaban rápidamente, de nuevo, abriendo sus ojos ante una nueva luz, una infancia, una juventud, de nuevo un romance, una muerte y un renacer. Un ciclo casi infinito dividido en muchas y muchas épocas pero todas tenían algo en común: Sesshomaru se encontraba en todas y cada una de ellas. De pronto Eiko sintió que se encontraba sola, ya no veía nada. La oscuridad la rodeaba y las ganas de despertar por fin lograron que abriera los ojos encontrándose de nuevo en la casa de la madre de Sesshomaru. Todos se encontraban ahí, Akako, Akina, Ren, las sirvientas, Sesshomaru y por supuesto, Irasue. Eiko se sentó en la orilla del sofá sobándose las sienes asimilando todo lo que había soñado. Ren tomaba su mano intentando sacarle las palabras por medio de la mirada mientras que las otras dos jóvenes la miraban con ansiedad y esperando una reacción.

-¿Qué fue lo que pasó?-

-¿Qué fue lo que viste?- preguntó Sesshomaru hincándose frente a ella tomando su mentón y mirándola a los ojos con preocupación.

-Rin, tú… ¿ella era tu esposa?-

-Sí pero, tú, ¿qué fue lo que viste?-

-Un viejo recuerdo- contestó –yo vi su muerte-

Irasue se abrió paso entre sus nietos y se paró detrás de su hijo mientras colocaba sus femeninas y delgadas manos sobre el hombro del youkai en un acto algo posesivo. –No solo la viste; tú la viviste- dijo con su melodiosa y femenina voz y así hundiendo el corazón de la joven quien de pronto sintió que una fuerza sobrenatural le apretaba el alma.