Aviso: Universo Alternativo. Historia basada en la serie para televisión Life Unexpected. Todos los personajes y lo que reconozcan pertenece a JK Rowling.


StrayHeart: ¡No puedo creer que sea tu primer review en tantos años en la página! Me has llenado el corazón con eso, saber que esta historia te ha motivado lo suficiente para eso es simplemente incomprensible para mí, pero no te imaginas cuanto lo agradezco(L) También me encanta saber que sigues el fic desde el inicio, es muy tierno! Entiendo eso de no ser alguien que se anime a hablar, en la vida real tiendo a ser así u.u. Compartimos pareja favorita de todos los tiempos (Jily precioso) y amo que ayudaran a que te animaras a comentar, su perfección rompe cualquier barrera jajajja. ¡Espero que te animes en este capítulo! Y si no pues tranquila, me quedo feliz con este último y sabiendo que estás leyendo así sea en las sombras jajaja. ¡Te mando un beso y un abrazo enooooorme! Cuídate mucho y ojala te guste el capítúlo(L)

Vanelore: ¡Les di casi 18k de capítulo! ¿Y tú querías más? Estoy preocupada por ti. Nah, mentira, me halagas JAJAJ pero en serio, no podía seguir escribiendo, me iban a demandar por hablar tanto, además tenías que concentrarte en tus estudios! Yo respeto eso jeje. Hey, mi mente no es maquiavélica, la de Snape y Dumbledore sí, yo solo los escribo, no es mi culpa. Entiendo que el segundo no sea de tus personajes favoritos, yo suelo tener sentimientos encontrados a cada rato, así que todo bien. ¡La propuesta de James! Hermosa como solo él podría haberla hecho! Llena de perfección. Y que Harry escuchara fue un plus, obvio. Nuestros niños preciosos vuelven en este capítulo! Espero que te guste(: ¡Ay, gracias por ofrecerte a hacer mi beta! En este preciso momento no necesito una, pero si eso llega a cambiar te aviso, ¿de acuerdo? Y nada, bella, muchas gracias por tu review! Espero leerte pronto, te mando un beso y un abrazo, saludos(L)

Alex13: No se si sea bueno o malo que te de un ataque de perfección, pero supongo que tendré que seguir así jeje, aunque, de nuevo, seguro exageras JAJAJ. Bueno, dudo que exista alguien que no haya odiado a Fudge en esa escena del libro, así que nada nuevo ahí, y bueno Merlina tenía que desaparecer como que era: una estúpida. Ya no la veremos más, gracias a Merlín. El Blackinnon es vida, eso sigue así. Y supongo que mientras Mar esté con él, Sirius está a salvo de las desgracias de esa casa horrible. ¡Yo tampoco entiendo como James se las arregla para ser tan perfecto! Es como si tuviera su super poder o algo u.u ¡No puedo con él! Demasiado hermoso con su propuesta, cosita. El reencuentro entre Hannah y Harry está a la vuelta, ya verás(L) ¡Gracias por tu review, bella! Espero que te guste este último capítulo(: Un beso!

Paula: ¡Hola, hermosaaaa! Es genial leerte también! Tus reviews siempre me dejan una sonrisota en la cara JAJA, así que estamos a mano! Aunque tus cumplidos siempre me hacen sonrojar y eso no es justo, eres demasiado buena conmigo, stop. Nuevamente te digo que es un placer saber que te gusta la adaptación de la historia, no es fácil pero siempre trato de mantenerlo lo más creíble posible. Siempre se puede odiar más a Fudge, eso no cambia. Y sobre Dumbledore, que puedo decir? El señor tiene una mente bastante única. ¡Nadie entiende como un ser tan hermoso como James pudo estar con Merlina! Eso se mantendrá como una incógnita por el resto de nuestras vidas, gracias. ¡Y nuestra hermosa familia! El premio está entre la conversación padre e hijo y la propuesta perfecta de James, quieren acabar con nuestros corazones, como se atreven? ¡Y claro que voy a seguir después del Epílogo! Me tomará un poquito empezar la segunda parte, pero eventualmente volveré, eso es segurísimo. ¡Gracias a ti por todo tu apoyo y tu cariño! Ojala y te guste este último capítulo, me muero por leer tu opinión! Te mando un beso enorme y nos seguimos leyendo(:

Take98: ¡HOLAAAA! ¿Cómo estás? Yo por aquí con un montón de sentimientos encontrados, no puedo creer que haya llegado ya al último capítulo, una parte de mí quiere llorar de felicidad y otra de tristeza, probablemente termine haciendo las dos. Pero no quiero aburrirte con esto, en la nota de autor leerás toda mi lloradera jajaja. ¡Me encanta que te parezca uno de los mejores capítulos! Fue de mis favoritos para escribir :') Digo eso bastante a menudo, lo se, pero es que hay capítulos que se llevan mi corazón y no lo devuelven. Pero en fin, vayamos al capítulo: Compartimos el dolor de ver a Harry todo asustado, tanto en la película como en el libro esa parte ha sido demasiado fuerte para mi corazón, pero al menos aquí está Lily para consolarlo a él y pues a todos jajaja, su presencia da paz. Dumbledore no puede esperarse cinco minutos a que Harry se cure porque es un señor que se olvida de que aquellos que lo rodean son personas y no simples instrumentos para salvar al mundo. Lo siento, me molesta un poco esa actitud suya. ¡Pero la escena de James cargándolo lo mejora todo! Es el papá más tierno y precioso de todos, hay que ponerle veinte puntos en la tarea. Y obvio que va a prometerle que todo estará bien aunque no pueda arreglarlo): así es él. Bueno, la verdad es que en el momento, ni Lily ni James estaban al tanto de lo que había pasado con Peter, solo Dumbledore, así que no es culpa de ellos. Y sobre Harry, entiendo tu punto de vista y lo comparto, su vida es la que corre peligro y tiene derecho a saber lo que está ocurriendo. Per también entiendo a sus padres, porque son eso padres y siempre quieren cuidar a sus hijos y hacer lo que consideren correcto, así algunas veces la caguen. Fudge es todo lo que está mal en cualquier sistema político: líder cobarde y egoísta que solo actúa por sus propios intereses, buaj. Dumbledore solo protegería a Peter si puede servirle para algo, eso es obvio. Tampoco estoy de acuerdo con su falta de explicaciones y sus actos de "solo yo entiendo por que hago las cosas" pero bueno, el señor tiene graves problemas de ego. Y sobre Bellatrix, Fudge está mintiendo porque seguro no tiene idea de donde está la loca, pero seguramente alguien también le está mintiendo a él, como dices ambas prueban lo mismo: el ministerio es inepto. JAJAJAJAJ me mato de risa lo de "no entiendo porque Dumbledore lamenta que el Ministerio no los ayude a pelear contra Voldemort. Si prácticamente todos los que trabajan ahí son unos inútiles." ES TAN CIERTO, pero supongo que es mejor tenerlos de ayuda que estorbando que es lo que van a hacer. Lily y empalagosa y Sirius diciendo las cosas como son(lo último es un poco extraño) para cerrar esa escena! También me causo gracia lo de "¿Como carajos alguien como Fudge llega a Ministro de magia? Es como si un perro fuera presidente de Estados Unidos" Pues... Un perro lo haría mejor como presidente de ese país, pero no es el punto. Remus siempre tan sabio, evidentemente Peter tuvo que ser su amigo en algún momento, Sirius también lo sabe, pero sabemos como es y la rabia no lo deja pensar. El Blackinnon da vida, y Sirius como papá pues más aún asjdhajs (Por cierto, el día de su cumpleaños subí una viñeta, está en mi página por si quieres leerla). Ninguna persona con un poco de sentido común podría hacer a Sirius volver a esa casa, Dumbledore tiene pero a veces lo manda a volar-.- Y sobre si se lleva a Mar y a Ophi, habrá que leer. Me alegra que la escena de Harry y James fuera tierna sin empalagar, ya te lo he dicho pero me cuesta separar esa línea. Todo fue hermoso en esa charla, pero como dices, el papá se llevó todos los premios. La tranquilidad de Sirius explicándole todo a James y a Mar se resume en: se que se van a preocupar así que fingiré estar bien para que no se den cuenta. Tonto. Y creo que un exorcismo le quedaría corto a ese lugar JAJJA. Por una vez, fue James quien tenía la razón en la conversación con Lily, obvio que lo mejor será que el chico se quede, no puede huir a la primera de cambio. Y la propuesta de James *suspira* la tenía pensada desde hacía tanto y escribirla finalmente me llena el corazón de una felicidad inmensa! Me alegra que haya quedado como una sorpresa, obvio era justo lo que quería. No, no fue la propuesta más romántica, pero la sinceridad es lo que cuenta y sabemos que de eso hubo para regalar. Harry fue nuestra voz en esa escena JAJAJ todos nos sentíamos igual que él. La excusa que Snape le dio a Voldemort para que no descuartizara a Peter… Quedara en secreto por un tiempito, pero llegara cuando tenga que llegar. Y sí, cuando dijo "lo otro" se refería al resto de la profecía. ¡Obviamente es relevante! Pero Dumbledore es así tan asdhajsdajsda es frustrante. Por otro lado, no decirle a James y a Lily sobre su hijo fue una técnica más que todo, si ellos se reunían con su hijo entonces Voldemort podría encontrarlos con más facilidad, era su forma de "cuidar" a Harry, ya sabemos que el señor no es el mejor para esta tarea. Snape se enteró de Harry cuando Peter se lo contó a Voldemort y luego Dumbledore se lo confirmo cuando todo ocurrió, esa es la historia básicamente. ¡Y ya! Creo que eso es todo, espero no haberme extendido demasiado porque ahora es que te queda por leer jajajaja. ¡Gracias por tu review! Y por leer y por todo(L) Por estar en todos estos capítulos, espero que te guste el final y seguirte leyendo en la segunda parte. ¡Te mando un abrazo enorme! Cuídate mucho y nos leemos pronto, muak(:


52. El Comienzo.

La siguiente mañana fue bastante calmada tomando en cuenta la agitación del día anterior. Harry no había logrado dormir mucho durante la noche, pero sorprendentemente no se sentía cansado, no estaba seguro de por que, aunque algo le decía que la idea de dormirse y volver a revivirlo todo en una de sus pesadillas le quitaba todo el sueño del cuerpo.

Si había algo que lo había mantenido sereno en las pocas horas que sí lo había conciliado, había sido el recuerdo de la conversación en susurros que sus padres habían compartido y que seguía hinchándole el corazón nada más pensarlo. Se había sentido decepcionado cuando éstos no le habían comunicado la noticia antes de marcharse, simplemente habían actuado como si nada hubiera ocurrido, lo cual lo molestaba ya que le permitía saber que de no haber escuchado lo habrían dejado en la ignorancia.

Sin embargo, logró dejar de lado su disgusto y entender que seguramente no querrían abrumarlo, igual tarde o temprano tendrían que decírselo. Y por otro lado, estaba muy ocupado tratando de que no se le notara lo mucho que deseaba que no tuvieran que irse.

— ¿Seguro que te sientes bien? —Volvió a preguntarle Lily, como por enésima vez en el día— Porque podemos quedarnos otro rato, si prefieres…

No es necesario, de verdad. —Insistió Harry, tratando de sonreír con tanta naturalidad como pudo— Los chicos vendrán en un rato y luego podré irme.

—Bueno… —Suspiró ella, pasándole una mano por el cabello de manera cariñosa— Si necesitas algo no dudes en pedírselo a Madame Pomfrey, ¿de acuerdo?

—Ni en buscar a Dumbledore ni en escribirnos. —Añadió James con una sonrisa que no había dejado su rostro en toda la mañana, y el chico suponía que la tenía desde la noche.

— ¿También puedo buscar a Remus, no? —Quiso asegurarse Harry, considerándolo como la persona que mejor lo haría sentir en una situación así, si sus padres se iban.

—No, vendrá con nosotros. —Le respondió Lily con una sonrisa triste— Quería quedarse por ti, pero… Bueno, vamos a necesitar ayuda.

—Oh, entiendo. —Asintió el chico, tratando de ocultar la decepción que le había causado la información— Bueno, díganle que no se preocupe, estaré bien.

—Si no estás seguro podemos…

—Lo estoy. —Le aseguró Harry, no queriendo preocuparla más de lo estrictamente necesario— Vayan, los veré en unos días.

Estaba seguro de que Lily hubiera insistido por al menos otros quince minutos de no ser porque Remus llegó justo en ese momento, luciendo mucho más cansado de lo normal, como si no hubiera dormido nada la noche anterior, cosa que él ratificó cuando James le preguntó.

— ¡Tienes que dormir! —Exclamó Lily, con su usual voz de regaño— ¡No es momento para que andes cansándote más de la cuenta!

Lo sé, Lily. —Murmuró él, sentado en la silla junto a la cama de Harry.

— ¡Lo sabes, claro! ¡Pero igual haces imprudencias como quedarte despierto toda la mañana!

Lily, te recuerdo que nuestro hijo es este de aquí. —Dijo James señalando a Harry, tratando y fallando de ocultar su diversión— Remus es un adulto.

— ¡Pues no lo parece! —Siguió vociferando ella, ganándose miradas severas de la enfermera— ¡Mucho hablas de Sirius pero no eres mejor! ¡Fuiste muy irresponsable! ¡Y más sabiendo que en unos días te…! ¡Te va a dar gripe!

Creo que me confíe demasiado en que me prepararías la medicina para la gripe. —Comentó Remus con una sonrisa inocente— No lo habría hecho de otra forma.

—Ojala eso fuera cierto. —Resopló ella, enfadada— Lo habrías igual, así eres, nunca te preocupas por tu salud, tienes idea de…

El regaño siguió por otros cinco minutos, hasta que James decidió que sería suficiente y que tenían que irse. Pero después de que sus padres se despidieran, Remus les pidió que lo dejaran a solas con Harry porque tenía algo que decirle.

—Lo siento, Harry, pero… Me temo que no seguiré siendo tu profesor el próximo año.

El chico se sobresaltó y su corazón se perdió un latido cuando recibió esa noticia, totalmente inesperada.

— ¿Cómo? —Preguntó sin aliento, incrédulo— ¿Pero…? No entiendo, como que… —Una idea fugaz llegó a su mente y se le revolvió el estómago— No será por todo lo que pasó anoche, ¿cierto? Dime que no, Dumbledore nunca…

Por supuesto que no, Harry, no tiene nada que ver con eso. —Le aclaró Remus rápidamente, suspiró— Esto no es tu culpa, solo es algo que debo hacer.

—Pero… ¡¿Por qué?! —No pudo contener el tono afligido que se coló en su pregunta— ¡Eres el mejor profesor que tenemos! ¡No puedes…!

—Creo que me sobreestimas. —Opinó, con una sonrisa que no le llegó los ojos— Y no es por que desee, en serio me encanta darles clases, pero Dumbledore va a necesitar mucha gente y no puedo ser de ayuda si estoy aquí…

— ¡Claro que sí! Nos estás enseñando a defendernos, ¿eso no es más que suficiente ayuda?

No podría estar tranquilo sabiendo que tus padres, Sirius y Mar están por ahí… Tratando de resolver todo y no estoy para ayudarlos. —Ladeó la cabeza y lo miró fijamente— Sé que entiendes eso.

Harry quiso negarlo y buscar una forma de convencerlo para que se quedara, de hacerlo entender que lo necesitaba ahí, pero no podía hacer algo así. Se ponía en su lugar y claro que lograba entenderlo, iba a querer estar para sus amigos, así era Remus.

Aunque odiaba la idea de quedarse sin la parte del colegio que lo había hecho sentir en casa desde el primer día, sabía que no podía ser egoísta.

—Vamos a extrañarte. —Admitió Harry, posando la mirada en sus manos. Hizo una mueca— Todos me odiaran si saben que te fuiste por lo que ocurrió.

Dumbledore encontrará otro profesor, uno mejor seguramente. —Trató de convencerlo Remus, aunque Harry lo dudaba muchísimo— No te atormentes demasiado por esto, ¿de acuerdo? Igual nos seguiremos viendo todo el tiempo.

—Pero… Ya no serás mi profesor.

—No, lamentablemente no. —Volvió a sonreírle, esta vez con más sinceridad— Pero quiero que sepas que fue un honor serlo y me voy tranquilo sabiendo que logré enseñarte algo.

—Me enseñaste mucho, Remus. —Le aseguró Harry, sonriéndole devuelta— Gracias.

No importaba lo que él dijera, sabía que no iba a tener un mejor profesor de defensa en los tres años que le quedaban.

Al menos esperaba que le tocara uno decente.

Para su suerte, cuando Remus se marchó junto a sus padres, no estuvo solo durante mucho tiempo. Sus amigos llegaron justo después de la hora del desayuno, haciéndolo sentir que todo volvía, finalmente, a ponerse más o menos en orden.

Por segunda vez en menos de doce horas, volvió a contar todo lo que había visto en el cementerio, solo que esta vez no se sintió tan abrumado, sin las miradas mortificadas de su familia y la apacible de Dumbledore, fue mucho más fácil retratarlo todo.

Además, las cosas siempre tenían un tinte diferente a la luz del sol.

—No puedo creer que Fudge fuera así de idiota. —Comentó Ron con una mirada de desagrado, una vez Harry hubo terminado su historia— Si tú se lo estás diciendo, y Dumbledore y tus padres… ¡¿Qué más quiere?!

—Que Voldemort vaya y se lo diga en persona, supongo. —Le dijo Harry con amargura, acariciando distraídamente el cabello de su mejor amiga, tratando de no mortificarse por las lágrimas que sentía contra su camisa.

Hannah casi no había hablado desde que habían llegado. Solo se había abalanzado sobre él para abrazarlo y ahí se había quedado desde entonces, con los brazos envueltos en su cintura y el rostro enterrado en su pecho.

—Esto es un desastre, sin el apoyo del Ministerio será muy difícil retenerlo. —Hermione se mordió el labio inferior, su rostro lucía considerablemente más pálido— Si no toman medidas rápido todo empeorara.

—Eso fue lo que dijo Dumbledore, pero Fudge no quiere escuchar. —Suspiró Harry, apretando más el brazo que tenía sobre los hombros de Hannah cuando la sintió estremecerse.

—No puedo creer que Percy haya pasado todas las vacaciones alabándolo a él y a Crouch. —Gruñó Ron, poniendo los ojos en blanco al pensar en su hermano— Ya veremos que tiene para decir ahora.

—No seguirá defendiéndolos. —Susurró Hannah, separando el rostro del pecho de Harry para poderse dar a entender— Tiene que saber que está mal… Es imposible que no lo haga.

—Eso espero, ya sería el colmo. Mamá no me dijo si habló con él, pero al parecer papá estaba furioso con el Ministerio y…

— ¿Tus padres lo saben? —Preguntó Harry, arqueando las cejas con sorpresa.

—Claro, Dumbledore le escribió a papá y ellos me escribieron a mí. —Se explicó su amigo, dándose cuenta de repente que él no podría saberlo— Querían saber cómo estabas y que te dijera que si tu o tus padres necesitan algo les avisen, igual le escribirán a ellos también.

—O sea que… ¿Ellos si me creen? —Harry parpadeó un par de veces, impresionado.

—Cualquier persona con dos dedos de frente te creería, Harry. —Resopló Hermione, pasándose una mano por los cabellos alborotados— ¿Quién podría inventarse algo así? Es bizarro.

—Sí y menos por mil galeones, si hubiera sido un millón tendría más sentido.

Harry rió ante la broma de su amigo, por primera vez desde lo que sentía como años, sin importarle la mirada asesina de Hermione.

— ¡Con dinero o sin dinero! —Exclamó la chica, enojada— El punto es que la gente seguramente te creerá… Tienen que hacerlo.

—A no ser que Rita Skeeter les diga lo contrario. —Señaló Harry con una sonrisa amarga.

—Bah, olvídate de ella. —Desestimó Hermione con un movimiento de su mano— No tendrás que seguir preocupándote por ella.

—Sí, claro. —Harry bufó y puso los ojos en blanco— Seguramente ya ha escrito detalladamente todas las mentiras que Fudge le ha dictado.

—No lo ha hecho. —Intervino Hannah, aclarándose la garganta para que la voz le saliera con más normalidad— No hay nada en El Profeta sobre el Torneo, parece que los obligaron a guardar silencio.

—Eso es seguro. —Se sintió enfadado solo de recordar la actitud de Merlina el día anterior— Aunque no creo que a ella puedan silenciarla…

—No dirá ni una sola palabra. —Insistió Hermione, muy segura de ella misma— No si quiere que ventile al mundo su secretito.

— ¿De qué estás hablando? —Preguntó Ron, viéndola confundido.

—Lo resolvió. —Harry sintió como Hannah sonreía contra su pecho— Como siempre.

— ¿A qué te…?

—He averiguado cómo se las arregla para escuchar conversaciones privadas cuando tiene prohibida la entrada a los terrenos del colegio —Explicó Hermione rápidamente, lucía bastante emocionada, lo que le dio a Harry tuvo la impresión de que llevaba tiempo muriéndose de ganas de contarlo.

— ¿Y cómo lo hacía? —Quiso saber Ron, intrigado.

— ¿Recuerdan que dijimos que podía tener un micrófono? Pero lo desechamos porque los aparatos electrónicos no funcionan en Hogwarts. —Sus dos amigos asintieron al mismo tiempo— Pues descubrí que ella misma es un minúsculo micrófono negro…

La chica tomó su mochila y empezó a rebuscar dentro de ésta hasta que sacó con un pequeño tarro de cristal cerrado.

—Les presento a Rita en su forma de animaga no registrada. —Anunció ella con una enorme sonrisa— Es un escarabajo.

— ¡No puede ser! —Exclamó Ron, abriendo muchísimo los ojos— ¿Pero cómo…? ¡No es posible…!

—Sip, es bastante posible. —Declaró Hermione, contenta, moviendo el tarro que contenía un escarabajo grande y gordo— Lo tomé del alféizar de la ventana justo antes de la prueba. Miren de cerca, las marcas alrededor de las antenas son como las horribles gafas que siempre lleva.

—Claro, así es como escuchaba todo lo que hablábamos. —Entendió Harry de golpe, viendo al escarabajo con impresión— Así fue que se enteró de mis pesadillas, entraba a los salones por las ventanas.

—Y seguramente se metió a la oficina de Lily. —Apuntó Hannah, con un tono de voz que sonaba acusador— Por eso sabía todo acerca de tu cicatriz.

El corazón de Harry saltó a su estómago, haciéndolo sentir culpable al recordar lo mal que había tratado a su madre cuando eso había ocurrido.

Ahora se sentía como un perfecto idiota por siquiera haber considerado a Lily capaz de algo así.

—Nos tienes que estar jodiendo. —Dijo Ron, tomando el tarro y poniéndolo a la altura de sus ojos— ¡Pero no lo haces! ¡Hermione, eres impresionante!

—Cállate. —Murmuró la aludida, sonrojándose. Le quitó el tarro de las manos para volverlo a guardar— Cualquiera lo habría adivinado.

—Pero como siempre, solo lo hiciste tú, no cualquiera.

—Exageras, Ronald. —Soltó ella, poniéndose más y más roja— El punto es que le he echado un encantamiento al tarro, así ella no podrá transformarse. Y ya sabe que tiene que estar calladita un año entero. Veremos si puede dejar el hábito de escribir horribles mentiras sobre la gente.

—Ron tiene razón, Hermione. —Sonrió Harry, con honestidad— Eres impresionante.

—Las medicinas te tienen mal. —Su amiga puso los ojos en blanco y le dedicó una mirada que no entendió antes de aclararse la garganta— Y bueno, creo que… Ronald y yo tenemos que retirarnos.

— ¿Ah? ¿Y por qué? —Quiso saber él, sin entender.

Tenemos que hacer lo que hablamos antes de venir, ¿recuerdas?

—No recuerdo nada, ¿te sientes bien?

Hannah se tensó un poco en su abrazo y Harry de repente lo entendió todo, cosa que hizo que se colorara.

—Solo sígueme y ya. —Hermione resopló y lo obligó a ponerse de pie antes de sonreírle a sus amigos— Los esperamos más tarde en la sala común, ¿de acuerdo?

Esperaron en silencio a que sus amigos salieran de la enfermería, dejándolos solos y con la mente y el pecho llenos de pensamientos y emociones imposibles de ordenar. Por un momento, Harry se arrepintió de haber accedido a que se fueran, porque ahora no tenía idea sobre qué le iba a decir, pero sabía que debían tener esa conversación antes de volver a casa.

—Em, yo… Lo siento… —La escuchó murmurar, con la voz ronca, soltándolo finalmente y alejándose un poco— Solo déjame…

— ¿De que hablas? —Preguntó Harry, sintiéndose vacío ahora que el abrazo había terminado— ¿Por qué lo sientes?

—Por… No sé. —Se encogió de hombros y se pasó una mano por las mejillas, queriendo secarse las lágrimas— Abrumarte tanto, sé que siempre lo hago.

—Cierto, pero no me molesta. —Explicó él, con sinceridad. Sonrió divertido antes de continuar— Bueno, no demasiado.

Hannah se sonrojó furiosamente y esbozó una pequeña sonrisa, que le permitió al chico poder concentrarse en otra cosa que no fueran las lágrimas que caían por su rostro.

—Deja de llorar, estoy bien. —Volvió a pedirle, por lo que debía ser la enésima vez en la mañana— Podré salir en un rato.

—No me trates como si fuera tonta. —Exigió ella, sonriendo con amargura y dedicándole una mirada significativa— Ya se que estás bien, pero… También se que esto está muy lejos de ir a terminar.

No encontró en él la fuerza, ni las ganas, para desmentir aquella afirmación, no cuando sabía que era la pura verdad.

— ¿Qué va a pasar ahora?

—No lo sé. —Respondió Harry en un susurro— Anoche Dumbledore les dijo algo sobre buscar gente que les creyera, aunque no estoy seguro de para que…

—Para protegerte, supongo. —Esa opción hizo que el chico esbozara una mueca, nada emocionado ante la idea— No van a dejar que nada te pase, estoy segura de eso.

—Bien, entonces ya deja de llorar. —Le repitió, sonriendo, ocultando sus propias dudas al respecto— Vamos, si Lily logró controlarse durante toda la noche y parte de la mañana estoy seguro de que tú también puedes.

—Sigo sin poder creerte esto, así como no logró creer que no te haya hecho volver a casa después de todo lo que pasó.

—No es como si no lo hubiera considerado, James tuvo que convencerla. —Explicó Harry, aún sintiéndose agradecido con su padre debido a eso— Y me alegra, tenía cosas que resolver antes de volver.

—Ah… ¿Sí? —La voz le salió como un hilo y desvío la mirada, repentinamente nerviosa— ¿Cómo que?

—Creo que lo sabes.

Hannah tragó saliva y se mordió el labio inferior, sonrojándose incluso más y removiéndose incómodamente en su lugar.

—Pudiste haber esperado a volver a casa.

—Estoy practicando una nueva forma de vida en la que trato de no retrasar las conversaciones importantes. —Le dejó saber antes de suspirar y adquirir una expresión completamente seria— Hannah. —La llamó, obligándola a encontrar sus ojos— Cuando estaba en ese cementerio, yo… Pensé que nunca volvería a verte.

Vio como los ojos de su amiga volvían a humedecerse, pero lo que captó su atención fue su labio inferior que había empezado a temblar, haciendo que los recuerdos de la última vez que habían estado solos llegaran a él, dándole fuerza para seguir hablando.

—Y entonces me di cuenta de que había algo muy importante que no había podido decirte...

— ¿Q-qué cosa?

Harry se tomó un momento antes de responder, sintiendo como el color también empezaba a subir a sus mejillas.

Sabía lo que iba a decir, lo tenía en la punta de la lengua, sin embargo, no tenía idea de que era exactamente lo que iba a decir, todas las palabras y oraciones que su mente lograba formar sonaban más estúpidas de lo usual.

Empezó a sentirse nervioso y a preguntarse como demonios ella había logrado hacerlo, cuando recordó, que de hecho no había tenido que. Entonces, decidió hacerlo a su manera.

Con las manos temblorosas, y algo sudadas por los nervios, Harry tomó su rostro y dedició que si ella había podido hacerlo entonces él también, se acercó más y la besó.

El principio fue una copia casi exacta de la primera vez que lo habían hecho eso, demasiada sorpresa e incomodidad por parte de ambos, muchos sentimientos contradictorios, pero uno en común que era tan grande que reducía a los demás a un simple murmullo en la parte más lejana de sus mentes.

Esa vez no fue tan desordenada como la primera, después de un momento moviéndose sin ningún tipo de orden, sus labios encontraron un ritmo más o menos estable, aunque todavía acostumbrándose a esa nueva actividad. Aún estaban muy lejos de ser expertos, pero se sentía tan bien que no podía importarles menos.

Harry se movió más hacia ella, sintiendo que no estaban lo suficientemente juntos, queriendo tenerla tan cerca como fuera posible, necesitando más de todo aquello que estaba sintiendo, tan desconocido pero tan confortable. Placentero, en una forma totalmente nueva.

Sus labios eran suaves y se sentían tan bien que la idea de separarse le parecía inconcebible. Por eso gruñó con fastidio cuando la sintió alejarse, riendo por lo bajo a la vez que jadeaba con fuerza, tratando de buscar el aire que se le había escapado.

—Bueno… Creo que eso cambia un poco las cosas. —Susurró ella, los ojos le brillaban y todavía tenía los labios hinchados por el beso.

—Yo creo que las cambia bastante. —Respondió él, arrepintiéndose de inmediato al ver la expresión alarmada de la chica— ¡No me refería a eso! Digo, no las cambia en una forma mala.

—Ah, ya, entiendo… —Hannah exhaló, aliviada, el aire que había contenido por un momento. Frunció el entrecejo y le dio un manotazo en el brazo— ¡Esas no son el tipo de cosas que se dicen luego de besar a alguien!

— ¡Auch! ¡Lo siento, no estaba pensando! —Se excusó el chico, llevándose una mano al brazo— Y no es que sea un experto, pero no se supone que golpees a alguien después de besarlo.

—Yo… Pues… —Volvió a sonrojarse y volteó el rostro por encima de su hombro— Tú me besaste a mí.

— ¿Y vas a golpearme si vuelvo a hacerlo?

— ¡No! —Se apresuró a decir ella, casi lastimándose el cuello al volverse con tanta rapidez— Es solo que… Ay, no se, me pones nerviosa.

— ¿Y eso es bueno o malo? —Sonrió divertido, tratando de quitarle tensión al momento con una broma, pero solo logrando que ella se colorara más.

—Cállate. —Le ordenó, sin poder detener la sonrisa que se extendía en su rostro.

Harry soltó una risita y le tomó una mano para darle un suave apretón que ella le devolvió.

—Entonces… ¿No debo arrepentirme de todas las tonterías que dije antes de la prueba? —Quiso saber Hannah.

—Pudiste haberte ahorrado tanto rodeo, eso no lo voy a negar. —Confesó Harry, recordando ese momento y como lo había mareado por no ir al punto— Pero no, no hace falta que te arrepientas, de nada.

— ¿No estás haciendo todo esto solo porque te doy lástima, cierto?

— ¿Qué? Claro que no.

— ¿Seguro?

—Estás siendo ridícula. —Harry resopló y entornó los ojos— Claro que no me das lástima, deja de decir tonterías.

—Bueno… Más te vale.

— ¿Por qué no me lo dijiste antes?

—Pues… Tenía miedo. —Admitió la chica, bajando la voz a la vez que se encogía más en ella misma— De que no sintieras lo mismo y todo se arruinara.

Aunque quiso, no le dijo lo absurdo que era haber pensado en eso, en el fondo sabía que no lo era.

En ese momento tenía los sentimientos a flor de piel y eran tan evidentes que no podía creer que no los hubiera notado en todo ese tiempo, pero ese era el punto, ni él mismo se había dado cuenta de que se sentía así por Hannah. ¿Cómo había podido hacerlo ella?

—Además, no me animaba mucho que te volvieras una baba andante cada vez que Cho te pasaba por enfrente. —Chasqueó ella, tensando las mandíbulas ante el recuerdo.

— ¡Hey! ¡Eso no es cierto! —Reclamó Harry, viéndola ofendido.

—Créeme, sí lo es.

De nuevo, decidió callar antes terminar diciendo algo que terminaría siendo una mentira. De repente, todas las actitudes de la chica hacia la Ravenclaw empezaron a tener mucho sentido, haciéndolo sentirse culpable y más idiota.

—Entonces sí estabas celosa… —Soltó con realización, más para él mismo que para ella.

— ¡No! —Soltó de golpe, haciéndolo sobresaltar— Bueno… Solo un poco.

No supo si fue porque la conocía demasiado o simplemente había sido muy obvia, pero no le costó nada saber que mentía.

—Pues… Supongo que ya no tienes que estarlo.

— ¿Supones? —Preguntó ella, enarcando una ceja— ¿Eso que significa?

—Bueno, ignora esa palabra. —Corrigió Harry, desestimándolo con un movimiento de su mano— Solo no tienes que volver a sentirte así.

—Me gusta mucho escuchar eso. —Admitió Hannah, volviendo a sonreír, aunque se mordió el labio inferior con una expresión un tanto afligida— ¿Qué vamos a hacer?

—Eh… No lo se. —Se rascó la nuca, tratando de dar con una respuesta a esa pregunta— ¿Tú que opinas?

—Yo tampoco se. —Respondió la chica con una expresión pérdida que debía ser un reflejo de la de él— ¿Deberíamos….? ¿Salir?

— ¿Tú quieres eso?

—Sí. —Musitó ella, negándose a encontrar su mirada por temor a volver a sonrojarse— Me gustaría.

—De acuerdo, eso puede ser. —Decidió Harry con un encogimiento de hombros— Tenemos dos meses enteros frente a nosotros, podemos salir y… Descifrar que es todo esto.

— ¿De verdad?

—Claro, ¿Por qué no? —Estaba haciendo su mayor esfuerzo por imprimirle a su voz una seguridad que no estaba sintiendo— Ya el tiempo dirá.

Hannah pareció recolectar la fuerza necesaria para subir el rostro. Su mirada radiante y su sonrisa sincera hicieron que el corazón del chico empezara a latir a una velocidad que no podía ser normal.

Se veía hermosa, y no entendía por que antes no lo había apreciado más.

Siguiendo sus impulsos, y deseando sentir lo mismo de unos minutos atrás, acercó su rostro al de ella, solo que esta vez lo recibió la palma de su mano, deteniendo sus avances.

— ¿Qué ocurre? —Preguntó, confundido, hablando contra su mano.

—Si vamos a hacer esto… —Hannah suspiró, le quitó la mano de la cara y le dedicó una mirada significativa— Necesito que me prometas algo.

— ¿Qué cosa?

—Que pase lo que pase… Seguirás siendo mi mejor amigo, sin importar nada.

Harry parpadeó varias veces, sorprendido ante esa petición y más aún ante el hecho de no haberse detenido a pensar en eso. En que efectivamente, todo iba a cambiar para ellos, la relación que habían tenido durante años iba a dar un giro brusco, y que ponía en riesgo todo.

De repente, empezó a sentir un miedo totalmente nuevo.

—Tú prométeme lo mismo. —Le pidió él, sin molestarse en ocultar la súplica en su voz.

—Te lo prometo. —Murmuró ella, con una sonrisa tímida.

—Yo también lo prometo.

La sonrisa de la chica se incrementó y sin darle chance de agregar algo más, colocó una mano en su mejilla y acortó la distancia para volverlo besar, ahora con una seguridad que él pudo percibir claramente y que mejoró todo notablemente, aunque pareciera imposible.

—Espera… —Dijo Harry de repente, alejándose— Hay algo que aún no entiendo.

— ¿Y que será? —Bufó ella, molesta por la interrupción.

—Entonces… ¿Yo era el chico que te gustaba?

Hannah puso los ojos en blanco y lo miró con exasperación, pero aún así se echó a reír como si acabara de contarle el mejor chiste de su vida.

— ¿Qué es tan gracioso? —Quiso saber, confundido por su arrebato de carcajadas.

—Que eres un lento.

—Respóndeme, ¿era yo o…?

La pregunta quedó en el aire ya que ella le impidió seguir al unir sus labios a los de él, quitándole cualquier deseo de protestar que pudiera haber sentido.

Empezó a responderle, decidiendo que le gustaba esa nueva forma de hacerlo callar.


Aunque entre sus deseos inmediatos hubiera estado el ocultar la enorme sonrisa que ocupaba su rostro, no habría sido capaz de hacerlo, así como tampoco habría podido detener las mil mariposas que revoloteaban descontroladas por su estómago y a las que ya no deseaba desaparecer, porque no eran más producto de una esperanza o de unos sueños sin sentido, sino de una realidad que acababa de vivir.

Aún sentía cosquillas en los labios debido a los besos que Harry y ella habían compartido antes de que Madame Pomfrey llegara para obligarla a salir y dejarlo descansar. Hannah había aceptado a regañadientes, no queriendo separarse de él, pero con la promesa de que tenían muchos meses para descifrar todo aquello aún sonando en sus oídos.

No se sentía real, tuvo que pellizcarse un par de veces para asegurarse que sí lo era, de que todos esos meses que había pasado fantaseando con su mejor amigo no habían sido una pérdida de tiempo porque ahora sabía que él correspondía esos sentimientos. No sabía en que medida, y no quería saberlo, se conformaba con saber que estaban en la misma página y no iba a opacar el momento pensando demasiado las cosas, no había necesidad de eso.

Solo quería disfrutarlo, disfrutar de sus mariposas y de esa nube a la que se había subido en la enfermería y de la cual no planeaba bajarse en ningún momento cercano, aunque quizás debió haberlo hecho antes de emprender su camino hacia el conocido pasillo del cuarto piso, al que iría por última vez ese año.

— ¡Buenos días! —Exclamó, sonriente y entusiasmada, a la vez que tomaba su puesto usual en el alféizar de la ventana— ¡No llegue tarde esta vez! Venía chequeando los relojes.

— ¿Estás bien? —La felicidad no la dejó reparar en la expresión extrañada de su amigo.

—Bastante, gracias por preguntar. —Respondió, sin dejar de sonreír— ¿Y tú?

Draco parpadeó varias veces, tomándose un momento para observarla, atónito, antes de responder.

— ¿Qué ocurre? —Hannah redujo un poco su sonrisa al entender que había algo raro— ¿Por qué me miras así?

—Por nada… —Murmuró él, viéndola con extrañeza— Es solo que esperaba que estuvieras con el humor por el suelo.

— ¿Qué? ¿Por qué…?

—Bueno, no soy un experto, pero digamos que el discurso de Dumbledore antes del desayuno no fue exactamente lo más positivo del mundo…

La sonrisa dejó su rostro de manera abrupta, a la vez que sentía que la empujaban de su nube para que tocara el suelo con brusquedad, devolviéndola a la realidad que todos estaban enfrentando.

—Yo… Yo no… —Balbuceó, no teniendo idea de cómo podía defenderse— No quise…

—Conociéndote, supuse que serías del bando de los preocupados por la situación. —Soltó él, esbozando una sonrisa irónica que ella no entendió— ¿Qué te tiene tan animada?

—Es que venía de la enfermería, estaba con Harry y…

Se detuvo de golpe, sintiendo como las facciones del chico se endurecían y su mirada tomaba una tonalidad más oscura. Se tragó sus palabras, regañándose internamente por haber sido tan tonta y estar a punto de decir la verdad.

Su corazón empezó a sentirse más pesado cuando entendió que no podía decírselo, era algo simplemente inconcebible.

Lo que había pasado con Harry la tenía inmensamente feliz y se moría por contárselo a todos sus amigos. Él, por supuesto, estaba dentro de ese paquete, pero sabía como se lo iba a tomar y era algo con lo que no estaba dispuesta a lidiar, aunque le doliera ocultarlo.

—Está bien, no llegó muy herido y Madame Pomfrey logró curarlo. —Explicó con un hilo de voz, negándose a encontrar su mirada— Estaba muy preocupada y… Eso, me alegró ver que no le había pasado nada.

—Pero por supuesto que no le pasó nada. —Draco gruñó y entornó sus ojos— Solo tú y Dumbledore podrían creer algo del drama que montó.

—Él no está montando ningún drama. —Saltó Hannah de inmediato, sintiendo como en su pecho empezaba a quemar algo demasiado parecido a la rabia— Pasó por algo terrible y…

—Todos los campeones pasaron por lo mismo, el único que andaba llorando abrazado a su mami es él.

Las imágenes de Harry con Lily la noche pasada llenaron su mente, el recuerdo era capaz de lastimarla igual a como lo había hecho entonces, y el tono burlón y desdeñoso con el que Draco lo había mencionado solo hizo que la rabia siguiera creciendo y quemando dentro de ella.

—Déjalo en paz.

—Ya, olvidé que estaba hablando con su abogada. —El Slytherin chasqueó con fastidio y desvío la mirada para ver por la ventana— No entiendo como puedes defenderlo tanto incluso después de que hiciera trampa.

— ¿Qué? —Casi jadeó Hannah, abriendo mucho los ojos— ¿A qué te…?

—Se suponía que no podían recibir ayuda y sus padres lo hicieron ganar. Honestamente, no entiendo cómo puedes…

— ¡No hicieron trampa! ¡Fueron ahí a salvarlo! —Prácticamente gritó la chica, no pudiendo creer lo que escuchaba— ¡De no ser por ellos…!

—Espera un minuto. —Interrumpió Draco, volteándose para verla a los ojos y fruncir el ceño— No creerás alguna de las tonterías que dijo Dumbledore… ¿O sí?

Entre los dos se estableció un tenso silencio que pareció durar más de lo que en realidad lo hizo.

— ¿Cómo tú puedes no hacerlo? —Quiso saber Hannah, susurrando las palabras.

—Porque es una estupidez. —Respondió él de manera rotunda— Nadie con algo de inteligencia podría creer que…

—Yo lo creo, ¿me estás llamando idiota?

— ¡No! ¡Claro que no! —Se apresuró a decir el chico, a ella le pareció que hacía ademán de acercarse pero se mantuvo en su sitio— Solo… Solo crees todo lo que…

—Entonces soy una crédula. —Hannah subió las cejas con ironía y resopló— Es lindo conocer tu concepto de mí.

—Tampoco he dicho eso. —Él sacudió la cabeza y suspiró con fuerza— Pero no puede ser que creas que quien-tú-sabes ha regresado, eso…

—Es la verdad. —Susurró Hannah, sintiendo como las venas se le congelaban ante la idea— Quisiera que no lo fuera, como todos, pero Harry lo vio regresar, peleó con él…

Le fue imposible continuar hablando, imaginarse eso la descomponía tanto física como mentalmente. Empezaba a sentirse culpable por haber colocado todo aquello en la parte más alejada de su mente simplemente para disfrutar los besos de Harry, verlo de esa forma la hacía sentirse bastante superficial y egoísta.

—No es posible. —Repitió Draco, la mirada puesta en ningún lugar, negado a lo que su amiga decía.

—Él no mentiría sobre algo así… Y yo tampoco.

Suspiró con fuerza y se aclaró la garganta, tratando de apartar las ganas de llorar que nuevamente estaba sintiendo.

Todos estaban en peligro, eso era obvio, pero saber que Harry era el centro de todo era más de lo que ella podía soportar.

— ¿Crees que tu padre ayudaría? —Se encontró preguntando, antes de siquiera pensar lo que decía.

— ¿Mi padre? —Draco volvió a verla, confundido— ¿Ayudar a qué?

—Solo ayudar. —Simplificó ella con un encogimiento de hombros— En el Ministerio, seguramente lo necesitaran…

— ¿Qué te hace pensar que él haría algo así?

Hannah abrió la boca para responder, pero la cerró de inmediato al darse cuenta de que realmente, no había nada que respaldara esa pregunta.

Se sintió algo lastimada al darse cuenta de que no sabía nada acerca de Lucius Malfoy. Draco hablaba sobre él, sí, y lo mencionaba más veces de las necesarias, pero lo hacía de una forma tan superficial que le era imposible hacerse una idea de quien era realmente.

Y si su amigo no era capaz de creerle, ¿Por qué lo haría su padre?

—No lo sé, olvida lo que dije. —Zanjó el tema rápidamente, sacudiendo la cabeza— Ya no hablemos más de esto, ¿sí?

—Pero…

—Ya basta, déjalo. —Casi le suplicó ella, no sintiéndose capaz de seguir con esa conversación.

Él le hizo caso, sin protestar ni tratar de hacerla cambiar de opinión, seguramente porque estaba sintiéndose igual que ella.

Durante esos años de amistad siempre había ocurrido lo mismo, tarde o temprano terminaban dándose de frente con la misma pared, esa que los separaba y que los dejaba a cada uno de un lado, viendo la vida de maneras distintas.

Era duro, siempre lo había sido, no ser capaz de atravesarla y de encontrar una forma de ver en la misma dirección. Era prácticamente imposible, porque ambos estaban muy seguros de que veían hacia la correcta y no estaban dispuestos a cambiar de opinión por nada del mundo.

Así que terminaban así, tomando otro camino, a pesar de que la pared siempre los siguiera y encontrara la manera de volver a ponerse en el medio.

Hannah siempre había temido el día en el que la pared se hiciera lo suficientemente gruesa y no les permitiera otro camino. La llenaba de miedo pensar que, tal vez, esa podía serlo.

— ¿Qué tal los exámenes? —Fue él el primero en romper el silencio, cosa que ella agradeció.

—Más estresantes de lo normal. —Admitió con un suspiro, pasándose una mano por el cuello— No quiero imaginarme como serán los TIMOS.

—Horribles, desde luego. —Vio de reojo como esbozaba una pequeña sonrisa— No entiendo por qué te preocupas, seguro lo harás genial.

—O seguro me irá fatal, no aprobaré nada y no podré estudiar lo que quiero. —Añadió Hannah, sabiendo que posiblemente exageraba— Creo que es una opción factible.

—No lo es. —Draco puso los ojos en blanco con hastío— Eres brillante, no hay forma de que repruebes.

—Cállate. —Le ordenó, sintiendo como las mejillas se le teñían de un rojo profundo— No es cierto. Hermione es brillante.

—A mí no me importa ella. —Resopló con desagrado, ganándose una mirada severa que ignoró— Me importas tú, y sé que eres inteligente y que no tienes que preocuparte por unos estúpidos exámenes.

Dejó que sus palabras barrieran la amargura que sus pensamientos anteriores le habían provocado, permitiéndose sonreír enternecida.

—Lo dices porque tú sí que no tienes que preocuparte. —Replicó la chica, colocándose el cabello detrás de la oreja con una risita— Vas a tener que ayudarme a estudiar.

—Si tus amiguitos no te regañan por reunirte demasiado conmigo, seguro.

—Ellos entenderán. —En lo más profundo de su corazón deseo tener la razón en eso— Y si no lo hacen pues muy mal, pero vas a estudiar conmigo, ¿de acuerdo?

Como siempre, Hannah consideró una victoria personal la sonrisa sincera y limpia que apareció en su rostro, esa que era tan difícil verle y que solo ella lograba arrancarle. Había algo bastante satisfactorio con respecto a eso.

—No veo que me estés dejando opción, así que de acuerdo.

—Así me gusta. —Asintió ella con una enorme sonrisa.

—También podríamos reunirnos durante el verano. —Sugirió Draco de repente, negándose a encontrar su mirada mientras hablaba— Si no estás muy ocupada.

Los planes que ya había hecho para las vacaciones, esa misma mañana justamente, volaron a su mente para hacerla sonrojar con intensidad.

Efectivamente, ya tenía muy claro con quien quería pasar cada minuto de ese verano, pero nada le costaba a hacer un hueco en esos planes para poder ver a Draco, por él siempre podía encontrar un espacio, sin importar lo diferentes que fueran sus vidas.

Estaba segura de que él haría lo mismo por ella.

—Será un honor pasar parte de mis vacaciones estudiando contigo. —Respondió ella, usando un exagerado tono solemne.

—Si le dices estudiar pierde toda la gracia. —Chasqueó él, haciéndola reír— No es como si fuéramos a hacer solo eso…

—Pero claro que no. —Afirmó Hannah, sonriendo con sinceridad y cariño— Siempre podemos encontrar tiempo para cosas divertidas.

En ese momento, su amigo le dedicó otra sonrisa, solo que esta vez hubo algo diferente en ella, algo que no supo descifrar y que la hizo desviar un poco la mirada, incómoda.

—Sí, eso espero.

Hannah rió por lo bajo y se removió un poco en su lugar, tratando de quitarse de encima la extraña sensación que su sonrisa le había provocado, asegurándose que probablemente no era nada.

En lugar de preocuparse por eso, decidió que lo mejor que podía hacer era pensar en las vacaciones que le esperaban, las cuales seguramente no serían fáciles, no con todo lo que estaba pasando y lo que aún faltaba por pasar, pero estaba determinada a llevarlas de la manera más positiva que pudiera, como siempre hacía.

Se quedó otro rato sentada junto a Draco en la ventana, pensando en lo rápido que el año se había, probablemente más que ningún otro, y preguntándose qué sorpresas le depararía el próximo.

Y aún no lo sabía, pero dentro de nada se daría cuenta de que serían muchísimas más de las que pudiera haber esperado.


En toda su vida, Lily nunca había esperado encontrarse en una situación como esa.

Por muchos años había pensado que solo se comprometería una vez y eso sería para siempre, luego sus planes habían cambiado y la idea de no hacerlo nunca había sido la mejor de todas, un par de años después había vuelto a lo primero, y no le había encantado, pero se había resignado.

Lo que nunca había planeado era terminar comprometida dos veces en un año, a veces le parecía simplemente irreal y una completa locura.

La verdad era que se había negado a toda la idea del matrimonio, y del amor en general, durante demasiado tiempo, los años que había pasado temiéndole al compromiso seguían frescos en su memoria, al igual que todas las excusas que le había puesto a Adam para no tener que casarse.

Esa era la relación más larga que había tenido y nunca se había sentido capaz de dar un paso tan grande.

A James se lo estaba entregando todo en menos de un año.

Una pequeña parte de ella se sentía culpable, pero era demasiado pequeña, casi inexistente y no sabía si eso estaba mal, pero así era como se sentía. Eran dos situaciones incomparables, que iban más allá de cualquier pensamiento racional, decirle que sí a James le había salido con tanta naturalidad como respirar, se había sentido correcto y ante eso no podía sentirse culpable.

Habían pasado ya varios días y Lily se seguía sintiendo igual de feliz que aquella noche en que él se lo había pedido, justo como había estado en cada momento que llevaban de relación, con esa seguridad que solo James era capaz de darle.

Esa que le hubiera gustado recibir en ese momento, el único de la semana en que estaba experimentando sentimientos negativos acerca de lo que había ocurrido: nervios.

Los tenía a flor de piel, manifestándose en el temblor de sus manos y el nudo en su garganta, todo producto de tener que comunicarle la noticia a la persona a la que más le angustiaba hacerlo.

Aparte de Harry.

—Te hubiera encantado, Lily, tenían tus flores favoritas plantadas en el jardín. —Siguió contándole la mujer, dando vueltas por la cocina— Estaban preciosas, quería traer unas, pero como nunca se cuando voy a verte…

—Sabes que puedes ir a visitarme cuando lo desees, mamá. —Le recordó Lily, tratando de que los nervios no traicionaran su voz— Solo tienes que llamarme primero y listo.

—Oh, querida, lo sé, solo no quiero molestarte cuando estás ocupada. —Explicó su madre mientras terminaba de sacarle brillo a una encimera— Aunque mi amiga me explicó como hace para cuidarlas, si quieres puedo escribírtelo, como ahora tendrás tiempo libre…

Lily la miró con escepticismo, pero no encontró ningún rastro de doble intención en su comentario, lo cual la sorprendió, de nuevo.

Había estado predispuesta a que su madre tuviera una pésima reacción cuando se enterara de que había renunciado a su trabajo, pero se lo había tomado con tanta serenidad que casi la había preocupado.

—Eso me gustaría. —Mintió la pelirroja, sabiendo que con todo lo que le venía, plantar flores sería la menor de sus preocupaciones— Y me alegra saber que te divertiste en casa de tu amiga.

—Fue adorable, tenía muchísimo tiempo sin ir. —Finalizó su madre, sentándose frente a ella en la mesa de la cocina— Cariño, no has tomado ni un poco de tu té, ¿le hace falta algo?

—Para nada, está divino. —Trató de sonreír y llegó a pensar en darle un sorbo a su taza para probar su punto, pero sabía que si la levantaba sus manos la iban a traicionar— Disculpa, es que… Tengo la mente en cualquier lado.

—Eso me lo imagino. —Suspiró ella, sonriéndole con algo de tristeza— No te preocupes, ya encontraras algo nuevo, eres una escritora maravillosa.

—Nunca leíste nada de lo que escribía. —Señaló Lily, subiendo una ceja con una sonrisa irónica.

— ¡Pero por supuesto que sí! No leía todas las columnas, sabes que no las entendía muy bien, pero la mayoría sí.

—Claro. —Decidió dejarlo así, a pesar de saber que esa mayoría no debían ser más cinco ejemplares en todos los años que había trabajado en el periódico— Y de cualquier forma, no es por eso por lo que estoy así. —Sacudió la cabeza, apartando las verdaderas razones— Pero bueno, esa es una larga historia.

—Um, entiendo. —Daisy le dedicó una mirada llena de preguntas que al final, por suerte, no formuló— ¿Y ya has empezado a pensar en que vas a hacer ahora?

—La verdad es que no. —Se sinceró Lily, sobándose la frente con una mano para apartar las punzadas que le provocaba el solo imaginarse las acusaciones que vendrían con esa respuesta— Realmente no he tenido tiempo, pero ahorré lo suficiente para no tener que pensar en eso, al menos mientras todo se normaliza.

Se apresuró a apartar de su mente el recuerdo de James diciéndole que no tenía que preocuparse porque «todo lo que es mío es tuyo». Bastante tiempo tendría para lidiar con esa situación.

—Pues eso me deja más tranquila. ¿Y Mar ya ha empezado a buscar algo?

—Ella está muy aliviada por no tener que dejar a su niña tan pronto como para pensar en algo así. —Respondió Lily con una sonrisa divertida, aunque internamente preocupada al preguntarse si ella y Sirius ya habrían terminado su diligencia de ese día— Conociéndola, pronto empezará a sentir la ansiedad de no trabajar, pero por ahora tampoco tiene que preocuparse.

— ¿Y todo bien con su bebé?

—Sí, todo está perfecto. —Sonrió más al recordar a su ahijada y volvió a arrepentirse por no haberla llevado con ella— Está hermosa, James la está cuidando ahora.

—Me alegra que todo marche bien. —Daisy le dio un tragó a su taza de té, antes de seguir hablando— ¿Por eso no vino contigo?

—Em, no exactamente, él… Fue a visitar a sus padres. —El nudo de su estómago se apretó más al recordar que él estaba haciendo justo lo mismo que ella— Tienen cosas de que hablar.

—Entiendo… ¿Todo bien entre ustedes?

La intensa mirada de su madre la desconcertó y fue incapaz de mantenérsela.

Ella rara vez prestaba atención a lo que Lily decía, pero cuando lo hacía, siempre terminaba sabiendo que algo pasaba incluso antes de que se lo dijera. No sabía cómo lo hacía.

—Sí, sí, todo está muy bien… Mejor que bien, en realidad. —Tomó una bocanada de aire, tratando de reunir tanto valor como fuera posible— Por eso vine a hablar contigo, hay… Hay algo que quiero decirte.

—Sí, eso lo supuse. —Su madre ladeó la cabeza y sonrió un poco— Tú dirás, cariño.

Lily se removió en su silla, obligándose a si misma a dejar de morderse el labio o se haría sangrar, y además moviendo las manos para que no siguieran temblando.

La reacción de su madre la asustaba como ninguna otra, no porque su opinión fuera a cambiar nada, pero ya había tenido tantas discusiones y desacuerdos con ella que no estaba segura de cuánto más podría aguantar su relación.

A duras penas había logrado que aceptara el hecho de que estaba en una relación con James y que lo tratara con amabilidad en las pocas ocasiones que la había acompañado a visitarlo, pero sabía que aquel era un paso demasiado grande después de un período demasiado corto de tiempo.

Pero estaba segura de su decisión como lo había estado muy pocas veces, y esa convicción fue lo que la impulsó a dejar de lado sus miedos y encontrar la mirada de su madre.

—Voy a casarme con James. —Dejó salir, finalmente, con una serenidad que la sorprendió.

Su madre soltó un suspiro pesado y se tomó un momento para responder, adquiriendo una expresión pensativa. Lily se tensó y, sin quererlo, empezó a ponerse a la defensiva, lista para defender su elección a capa y espada.

—Mamá, cualquier cosa que vayas a decir yo… —No tenía idea de cómo continuar, que debía decir para llevar la fiesta en paz— Se lo que piensas de él, pero yo lo amo, y estoy segura de lo que estoy haciendo, créeme que nada de lo que digas me hará cambiar de opinión…

—Sería una ingenua si siguiera esperando eso después de treinta años. —La interrumpió la mujer, esbozando una sonrisa ligeramente amarga— Y sí, sé que lo amas, eso me quedó bastante claro las últimas veces que los he visto juntos. —No pudo evitar sonrojarse al imaginar lo obvia que seguramente había sido esas veces— Pero, hija… El matrimonio es un paso muy importante.

—Eso lo sé perfectamente. —Aclaró Lily de inmediato, resoplando con incredulidad, le hablaba como si fuera una adolescente— Y te repito que estoy segura de lo que estoy haciendo, no le habría dicho que sí de lo contrario.

—No es la primera vez que dices que sí…

—Eso fue diferente. —Le cortó rápidamente, no queriendo que usara eso en su contra— Adam no… Eso no era correcto, la idea de casarnos nunca tuvo sentido, no debí decir que sí.

— ¿Y con James sí es correcto?

—Lo es. Y sé que debe parecerte una locura. —Se apresuró a decir al ver que su madre volvía a abrir la boca— A veces para mí también lo parece, pero no lo es. Para mí, esto tiene todo el sentido del mundo, es… Es como debe ser, y ya.

Las palabras tranquilizadoras que James le había dicho cuando se lo había pedido fueron la clave de su confianza en ese momento. A pesar de sus dudas del principio, la seguridad que él desbordaba mientras le aseguraba que hacían lo correcto la había terminado contagiando.

—No voy a mentirte, Lily, aún no confío en él. —Se sinceró su madre, con la mirada puesta en su taza.

Lily suspiró con fuerza y se mordió la lengua para no dejarse llevar por el enfado que le provocaba esa afirmación.

La enfurecía, y entristecía, que su madre no pudiera confiar en el hombre que ella amaba, ese que pondría su vida por encima de la suya sin pensarlo y que hacía menos de una semana la había ayudado a salvar a su hijo.

Sabía que si le decía aquello, tal vez su opinión cambiara, pero lamentablemente no podía hacerlo.

—Sin embargo, sí confío en ti… —Siguió diciendo la mujer, levantando la mirada para encontrar la de su hija— Y si estás segura de que esto es lo que te hace feliz, pues ahí estaré.

Había estado tan segura de que la conversación tomaría otro giro y que terminarían peleando, que no pudo evitar sentirse desorientada cuando escuchó a su madre decir aquello.

Siendo honesta, no tenía idea de cuando había sido la última vez que la había escuchado decirle eso, que estaría ahí para ella, no quería ser demasiado exagerada, pero algo le decía que era la primera vez que lo hacía.

Claro que hubiera preferido que su opinión sobre James fuera diferente, no entendía como podía seguirlo odiando por haber hecho lo mismo que ella, pero sabía que tener su apoyo era ya una victoria demasiado grande.

—Gracias, mamá. —Susurró con un hilito de voz, aclarándose al final para evitar que se le quebrara.

—No hay nada que agradecer, cariño. —Le aseguró ella, dándole un apretón en la mano y dedicándole una pequeña sonrisa— Y dime, ¿han pensado en que quieren hacer? ¿Ya pusieron fecha?

—Bueno, algo así. —Los nervios habían empezado a evaporarse y ahora dejaban espacio a las mariposas de emoción que le provocaba la idea— Queríamos esperar a que Harry volviera del colegio, en unas horas iremos a recogerlo así que pensamos que cualquier día de la semana sería…

— ¡¿Qué?! —La pregunta casi gritada de su madre la hizo sobresaltar— ¿Pero por qué tan pronto? ¡No tendrán tiempo de planear nada!

—Es que no teníamos pensado hacer nada grande. —Admitió Lily, encogiéndose al pensar en lo que iba a seguir— Solo ir a firmar y después…

—Oh no, nada de eso. —Negó su madre de inmediato, sacudiendo la cabeza— No me vengas con eso de solo firmar y ya está. No te estoy diciendo que hagas algo inmenso, pero una boda decente tienes que tener.

—Mamá, en serio no queremos una fiesta. —Insistió Lily, rogando para que lo dejara así— No estamos de humor para algo así, las cosas han estado un poco… Raras y no sería…

— ¡Pues con más razón! Nada trae más alegría que una boda bien hecha. —Daisy se puso de pie, ignorando las protestas de su hija— Oh, y deberías hablar con los padres de James, el jardín de su casa es tan hermoso, no puedo imaginar una mejor locación. Y estoy segura de que tengo el número de la organizadora de Petunia en algún lado, espérame aquí...

—Mamá….

Pero ella nuevamente había apagado la parte de su cerebro que de hecho se dedicaba a escuchar lo que su hija tenía que decirle, simplemente salió de la cocina sin mirar atrás.

Lily gruñó resignada y enterró el rostro entre sus manos, segura de que sus planes de no tener que organizar una fiesta acababan de llegar a su fin.


James apenas y podía recordar la última vez que había visto a su madre llorar así y abrazarlo con tanta fuerza, había sido en su graduación y aunque ya no estaba rodeado por tanta gente como entonces, se seguía sintiendo muy incómodo para su gusto.

Siempre lo había divertido el rostro de Harry cuando Lily se ponía así de mamá, pero decidió que iba a solidarizarse más con el chico en momentos como ese. No como su padre, que ignoraba sus miradas de súplica.

—No lo puedo creer… —Seguía sollozando su madre, contra su pecho, después de unos dos minutos de lo mismo— Ay, James, esta es la mejor noticia que me has dado…

—Lo sé, pero no es para que te pongas así. —Le dijo él, haciendo círculos en su espalda de manera consoladora— Creo que exageras…

— ¡No es cierto! No exagero nada. —Cortó su madre de golpe, separándose un poco para colocar su mano en su mejilla y sonreírle con ternura— Tengo todo el derecho a ponerme así, mi niño se va a casar.

A su pesar, James se encontró sonriéndole devuelta, sintiendo como la felicidad se expandía por todo su pecho, como hacía cada vez que recordaba que, efectivamente, iba a casarse.

Con Lily, que era lo que verdaderamente importaba.

—Oh, ¿y por qué no la trajiste contigo? Me hubiera gustado felicitarla a ella también.

—Es que no quería que dejaras a mi prometida sin costillas antes de la boda. —Se mofó él, ganándose una mirada severa— Quería venir, pero tenía que ir a hablar con su madre y no nos daba tiempo de ir juntos a ambos lugares, vendremos con Harry después.

—Eso sería encantador, cariño. Y bueno, ya basta de tanta tontería. —Finalmente lo dejó ir y se alejó para pasarse las manos por las mejillas, secando las lágrimas— No podemos perder tiempo, hay mucho que planear.

—Eh, ¿planear? —James se pasó una mano por el cabello, nerviosamente— ¿A qué te refieres?

— ¡Pues a la boda! Tenemos muchísimas cosas que organizar, ¿ya pensaron en una fecha? ¿O lugar? Podemos hacerlo aquí por supuesto, pero si quieren ir a otra parte estará perfecto…

James suspiró y se ajustó los lentes. Había sabido que las cosas tomarían ese rumbo, no había tenido que ser adivino para saberlo, pero en ningún momento había ideado un buen plan para evitarlo.

—Mamá, la cosa es que Lily y yo no teníamos planeado hacer algo grande… Bueno, no pensábamos en hacer nada en absoluto, solo ir al Ministerio y…

— ¡No puedes estar hablando en serio! —Exclamó su madre, viéndolo boquiabierta y ofendida— ¡Pero por supuesto que tienen que hacer algo! ¡No pueden solo ir al Ministerio a firmar!

—Eufemia, querida, creo que deberías entenderlos. —Intervino su marido, por primera vez en lo que parecía una eternidad— Acaban de pasar por algo bastante difícil y lo menos que querrán es…

—No quiero escucharte. Y a ti tampoco. —Se dirigió a su esposo y luego a su hijo, haciéndolos callar a ambos— He esperado este momento por más de treinta años y no van a quitármelo.

—Pero, mamá…

—Pero nada, vamos a organizar una fiesta, así sea algo pequeño. Ya verás como Lily estará de acuerdo conmigo.

—Sí, va a estar de acuerdo contigo, pero a mí me va a matar. —Chasqueó James, entornando los ojos— Pero como quieras, tú entiéndete con ella.

—Claro que nos entenderemos, siempre lo hacemos. —Finalizó Eufemia, dejando muy claro que no iba a seguir discutiendo al respecto— No quiero escucharte otra vez diciendo que no vas a tener una boda como Merlín manda, ¿de acuerdo?

—De acuerdo. —Aceptó James, resignado, sabiendo que no tenía sentido llevarle la contraria.

—Bien, esa es la actitud que quiero. —Volvió a sonreírle y le dio unas palmadas en la mejilla— Ahora iré a asegurarme de que Pinky y Ophi estén bien, espérenme aquí. —Se volvió hacia su esposo y lo miró con severidad— No te atrevas a hacerlo cambiar de opinión.

—Ni en un millón de años. —Le prometió él con un asentimiento de cabeza.

James esperó a que saliera del salón, dejándolo a solas con su padre, para dejar salir un largo gruñido de irritación.

—No entiendo de donde sacaste que podrías librarte de una fiesta. —Suspiró Fleamont, sentándose en su sofá de siempre— Parece que no la conocieras.

—Creí que sería capaz de entender que no estamos de ánimos para algo así. —Resopló James, tomando asiento en la silla que estaba de frente a su padre— ¿Estás seguro que entendió lo que pasó? Porque no comprendo cómo puede pensar en fiestas cuando…

—Supongo que ese es el punto precisamente, hijo. —El señor Potter se encogió de hombros con una expresión pensativa— Quiere darles una razón para celebrar, para olvidarse de todo lo que está ocurriendo.

—Eso lo veo difícil. —Susurró James con amargura.

—Pero no imposible, así que deja que tu madre lo intente. —Le sugirió Fleamont con un atisbo de sonrisa en los labios— Seguramente lo ha estado planeando desde que naciste.

Él se rió por lo bajo y asintió, no pudiendo culpar a su madre si eso era cierto, porque también había pasado una cantidad considerable de años imaginándose aquel momento.

Y después de todo, si era perfectamente honesto, la idea de casarse con Lily en una ceremonia de verdad no lo molestaba para nada. Esperaba que convencerla no fuera tan difícil.

—Y dime, ¿le diste un anillo?

—No, de hecho no. —Respondió James con una mueca de insatisfacción— Fue todo bastante improvisado, no me dio tiempo.

—Deberías conseguirle uno.

—Sí, supongo que sí…

Quería hacerlo, lo anhelaba muchísimo. Desde ese glorioso momento en que Lily había aceptado casarse con él, había deseado tener un anillo que darle, no porque tuviera que hacerlo, sino porque quería.

Pero se seguía frenando a si mismo, recordando como mientras había estado comprometida con Pevertine habían sido contadas la cantidad de veces que la había visto usando su anillo. No sabía la razón, pero no quería que se sintiera forzada a usar algo que simplemente no le gustaba.

—Sabes, tu tatarabuela tenía una colección de joyas bastante completa, deben estar en el ático por si quieres…

—Nah, no creo que eso vaya a servir. —Sonrió divertido, y mortificado, al imaginar la cara de horror de Lily si le llevaba algo así de extravagante— Las he visto, son demasiado grandes para su gusto.

—Está bien, tú la conoces, sabrás que comprarle. —El señor Potter se mantuvo en silencio durante un minuto antes de suspirar y volver a hablar— James, hay algo que quería conversar contigo…

— ¿Qué ocurre? —Preguntó el aludido, intrigado.

—Bueno, realmente no hay una forma fácil de decir esto, aunque creo que tu madre ya te había adelantado la noticia…

—Si estamos pensando en lo mismo, sí, me dijo que… Que planeabas retirarte.

—Creo que la parte de planear ya podemos desecharla.

El corazón de James cayó a su estómago cuando le confirmo lo que su madre le había dicho unas semanas atrás.

Era una noticia difícil de procesar, en un primer momento no le había caído del todo bien. Pensar en que su padre estaba ya lo suficiente mayor y cansado para retirarse, era fuerte para James, además que el que las cosas siguieran cambiando tan repentinamente no lo ayudaba a sentirse mejor.

Sin embargo, tras todo lo que había pasado, ya no le parecía una idea tan mala.

—Entonces, ¿es un hecho? —Le preguntó a su padre, en un tono de voz bastante bajo— ¿Si te vas a retirar?

—Así es, iré solo un par de días más. James, escúchame… —Se inclinó hacia delante para quedar más cerca de él y mirarlo fijamente— Hijo, lamento irme ahora que más van a necesitar ayuda, pero…

—No, no te disculpes por eso, así… Así es mejor. —Suspiró y se pasó una mano por el cabello— Las cosas se van a poner difíciles en el Ministerio, más para la gente que decida apoyarnos, así que mientras más lejos estés de todo eso pues más tranquilo me voy a sentir.

—De todas formas, si hay algo en lo que pueda ayudarlos…

—Mamá dijo que iban a mudarse, la verdad es que no me encanta la idea, pero… Pero creo que es lo mejor. —Le costó muchísimo poder decir eso, a pesar de saber que era lo correcto— Quiero que estén a salvo y ahora mismo, cualquier lugar lejos de aquí puede darles eso.

—Tampoco creas que vamos a irnos del continente. —Le aclaró su padre con una mirada significativa— Estaremos lo suficientemente cerca para poder ayudar en caso de que necesiten algo.

James no se molestó en disimular su expresión de descontento, sabía que pedirles que se alejaran demasiado sería inútil, pero le hubiera gustado que no fuera así.

Ellos eran el centro de aquel nuevo conflicto y cualquiera que los rodeara estaba en peligro, quería proteger a sus padres de eso en cuanto pudiera hacerlo.

—Es la segunda vez en el día que subestimas a tu madre, no creerás que va a alejarse de sus nietos solo así.

Rió por lo bajo ante eso, dejando que el pensamiento lo ayudara a no sentir tan pesado el tener que afrontar esa conversación.

—Deberías quedarte con la casa. —Le dijo su padre, levantando una mano para detenerlo cuando vio que iba a replicar— Sí, tu madre me dijo que les parece que es muy grande, pero está rodeada de hechizos muy antiguos que los mantendrán seguros, más que en cualquier otro sitio.

James iba a replicar, pero sabía que tenía razón, aquella casa era como una fortaleza y contra esa lógica no podía discutir.

—Voy a hablar con Lily al respecto, no creo que me cueste convencerla. —Respondió James, con honestidad— Querrá mudarse a cualquier lugar donde Harry esté seguro.

—Aquí va a estarlo. —Le prometió Fleamont, con una rotundidad que lo llenó de tranquilidad— Has hecho un excelente trabajo cuidando de ese chico, James, y sé que seguirás haciéndolo.

Una sincera y enorme sonrisa se extendió por su rostro, reflejo del sentimiento cálido y confortable que sentía regado por el pecho. Hacía demasiado tiempo ya que su padre le había dicho algo parecido a un buen trabajo, y volverlo a escuchar, justo en ese momento, significó más para James de lo que podía haber esperado.

Era bueno saber que ya no era una total decepción.

—Gracias, papá.

Fleamont asintió y le devolvió la sonrisa, de manera más disimulada y no tan efusiva, pero no menos sincera.

— ¡James, ven acá! —Escuchó a su madre llamándolo, desde algún lugar de la casa— ¡Quiero que veas estos manteles que encontré! ¡Quedarían hermosos en la recepción!

—Será mejor que vayas. —Le sugirió su padre, tomando un libro de la mesa que tenía al lado y empezando a leer— O terminará convirtiendo tu boda en una exhibición de antigüedades que vaya encontrando en cada rincón de la casa.

James soltó una carcajada y se puso de pie para encontrarse con su madre, tratando de adaptarse a la idea de que después de todo, sí tendría una boda real que planear.


— ¿Es como lo recordabas?

—Um, no, de hecho no.

— ¿De verdad? —La nota de ilusión en su voz la dejó en evidencia, pero él no comentó nada.

—De verdad. —Le aseguró, admirando el lugar con una expresión impertérrita— Es peor.

Mar hizo un ruidito de irritación y entornó los ojos, haciendo que la sonrisa de Sirius despuntara de sus labios, divertido ante la idea de exasperarla.

—Eres un exagerado. —Desestimó la rubia, paseando la mirada por el gabinete de porcelana china llena de telarañas— No está tan mal…

—No lo intentes, Mar. —Le cortó él con un bufido— El lugar es un asco.

—Está bastante… —Pasó la yema de su dedo por uno de los platos frente a ella y frunció el ceño cuando lo observó— Sí, es un asco.

—Te lo dije… Aunque sí hay algo que ahora me gusta más… —Comentó Sirius mientras rodeaba la mesa para quedar junto a ella— Está vacía.

—Al menos algo bueno debía tener. —Concordó Mar con una sonrisa divertida.

Sirius rió por lo bajo y le hizo una seña para que salieran del comedor, pensando en que, a pesar de todo, sí podía notar una diferencia entre como se había sentido estar ahí con el lugar lleno de gente que detestaba y estarlo en ese momento.

Con Mar.

Todavía había una carga negativa intensa que no iba a quitarse nunca, pero eso era parte de su esencia. Sabía que podía ser peor.

— ¿Y sí crees que sirva como cuartel para la Orden? —Preguntó Mar a la vez que volvían al pasillo de la entrada para dirigirse a las escaleras— Porque si piensas que se puede encontrar algo mejor, podemos…

—Está perfecto. —Volvió a cortarle, sabiendo el camino que estaban tomando sus pensamientos, pero negado a volver a tener esa conversación con ella— Es impenetrable, no encontraremos un mejor lugar.

Mar se quedó callada y simplemente se limitó a asentir, pero Sirius la conocía demasiado como para no reconocer la marea de pensamientos que la estaban llenando en ese momento. Le agradeció que no comentara nada.

—Vamos a tener que limpiar. —Decidió decir ella, fingiendo una tranquilidad que no estaba sintiendo— Pero en serio, hacer una sesión intensiva.

—No haría falta si el inútil que vive aquí sirviera para algo. —Gruñó Sirius con molestia, recordando la cálida bienvenida que Kreacher les había dado— ¿Dónde estará, por cierto?

—Ya te dije que no te mortificaras por él, solo ignóralo.

—Sería más fácil ignorarlo si simplemente me dejaras darle un maldito calcetín y echarlo a patadas.

—No serías tan cruel. —Le dijo Mar con una mirada significativa— Será todo lo insoportable que quieras, pero este es su hogar, no tiene más a donde ir.

Sirius chasqueó la lengua, como si lo que ella dijera fuera algo ridículo, pero decidió dejarlo estar. Sabía que la empatía que a Mar le faltaba por la mayoría de los seres humanos, la sentía por los animales y las criaturas mágicas en general, discutir eso con ella sería inútil.

—Si vuelve a insultarte, lo echo. —Decidió él, de manera rotunda a pesar de saber que terminaría haciendo lo que ella le dijera— Ese privilegio solo lo tengo yo.

—Me gustaría decir lo mismo sobre ti, pero mientras más personas lo hagan pues…

— ¡Cuidado!

Pero su grito no llegó a tiempo y Mar irremediablemente se llevó por delante, por segunda vez en el día, la paragüera que adornaba el pasillo.

—Maldita sea. —Gruñó Sirius, sacando la varita del bolsillo de su pantalón.

— ¡No fue mi culpa! ¡Esa cosa está…!

Su excusa fue interrumpida por un grito espeluznante y ensordecedor.

Sirius sintió del fondo de su pecho brotaban un montón de sensaciones desagradables que había sentido más temprano cuando habían atravesado la puerta y había pasado exactamente lo mismo.

Las cortinas del pasillo se abrieron, revelando a una anciana, gritando como si estuviera siendo torturada con la maldición Cruciatus. No era una mujer real, por supuesto, sino una pintura, vestida de negro, con el pelo recogido en una gorra negra, el rostro viejo, arrugado y que comenzaba a ponerse amarillo como el viejo pergamino.

A Sirius el increíble parecido le provocaba nauseas, aunque le sorprendía lo bien que habían logrado retratarla. Había saliva cayendo de su boca y sus ojos rodaron en su cabeza mientras gritaba. El resto de los retratos de la casa no tardaron en despertar y unirse a la orquesta de gritos histéricos.

La observó por un momento, con la sangre de las venas decidiendo si debía hervir o por el contrario, congelarse. Al final salió de su transe y corrió hacia ella para tomar las cortinas y tratar de cerrarlas, Mar se apresuró a ayudarlo pero había una fuerza invisible que parecía detenerlos.

¡Inmundicia! —Vociferó la mujer a todo pulmón— ¡Fuera de mi casa! ¡No se atrevan a contaminar el hogar de mi familia!

— ¡Agh, cállate la boca! —Le respondió Sirius, gritando para poder escucharse— ¡Cállate de una maldita vez!

¡Tú! ¡Traidor! ¡Vergüenza de mi carne! ¿Cómo te atreves a…?

Mar y Sirius juntaron todas sus fuerzas y luego de unos segundos más de forcejeo, lograron volver a cerrar las cortinas, haciendo que la mujer desapareciera y dejara de gritar. Con un rápido y brusco movimiento de varita hizo que el resto de los retratos callaran, devolviendo el lugar a la paz.

— ¿Crees… que puedas…? —Trató de preguntarle Sirius, jadeando por el esfuerzo— ¿Ver… por donde caminas?

—No es mi culpa que… Que esa mierda esté… A mitad del pasillo. —Intentó defenderse ella, viéndolo con hostilidad— Tienes que moverlo antes de que Tonks venga.

Sirius abrió la boca para responderle pero unos pasos al final del pasillo lo detuvieron.

—Mi pobre ama, siente las presencias indeseables en su casa. —Se lamentó Kreacher viéndolos de soslayo con una expresión de desprecio— Los intrusos molestan a la señora, Kreacher debe impedirlo, su ama no debe ser perturbada…

—Bueno, no es como si perturbarla sea algo que nos encante. —Ironizó Mar entornando los ojos.

—La chica McKinnon le ha hablado a Kreacher, Kreacher fingirá que no la ha oído. Los Mckinnon son traidores, la señora lo dijo, el hijo repudiado los frecuenta, a la señora esto no le gusta, traicionan a la sangre, basura asquerosa…

— ¡Kreacher, si te lo tengo que volver a decir lo haré antes de lanzarte a la calle! —Le gritó Sirius, sin molestarse en ocultar su enfado— Déjala ya.

—Por supuesto, amo Sirius. —Respondió el elfo, haciendo una exagerada reverencia, como si no lo hubiera estado insultando un segundo atrás— Kreacher solo vive para servir a la Ancestral y Noble…

—Bah, cállate la boca. —Le espetó él con brusquedad— Anda a limpiar algo, lo que sea.

—Aw, tu madre sabía sobre nosotros. —Le dijo Mar, fingiendo sonreír encantada ante la idea.

—Sí, y ya ves como le encantaba la idea. —Chasqueó con ironía, aunque al final sonrió divertido— Y todo el mundo lo sabía, Mar, si te encantaba ir diciéndolo por ahí.

—Que bonito es escuchar las cosas con las que fantaseas, Sirius, de verdad. —Rió ella, de manera burlona. Pero se detuvo al posar su mirada en el final del pasillo y sonreír, enternecida y confundida— Ey, ¿y tú que estás haciendo aquí?

Sirius, extrañado ante ese tono dulce tan impropio en ella, siguió su mirada hasta dar con el centro de atención, parado en la puerta de la cocina.

— ¿Y esa mierda que es?

—No es una mierda, imbécil. Es un gato. —Bufó Mar, antes de inclinarse hacia delante y volver a sonreír— ¿Cómo llegaste a este lugar? ¿Te perdiste? Ven, aquí, anda…

Estuvo a punto de aprovechar el momento perfecto para burlarse de ella y el ridículo tono que usaba para hablarles a los animales, pero no logró hacerlo ya que estaba muy ocupado observando como el gato parecía decidido a ignorarla y dedicar toda su atención a él.

Era negro y mediano, sabía que no era callejero porque estaba aseado y peinado. Era horrible, igual que todos los gatos existentes, pero había algo en él que no le permitía apartar la vista.

El animal tampoco parecía ser capaz de hacerlo, sus ojos grises no dejaban de observarlo, fijamente, como si estuviera tratando de decirle algo. Sirius empezaba a sentirse incomodo bajo el escrutinio al que lo estaba sometiendo

— ¿Kreacher, ese animal estaba aquí antes de que me fuera? —Sintió la necesidad de preguntarle, aún observando al gato que parecía pegado al piso.

—Oh no, amo, Kreacher lo trajo luego de que la señora muriera. —Respondió el aludido, con un tono servicial que cambió bruscamente cuando volvió a hablar— La mató la decepción y la tristeza de tener un hijo traidor y malagradecido…

—Esa mujer era incapaz de sentir nada de eso, supéralo. ¿Y estás seguro de que no estaba aquí entonces?

—Sirius, los gatos no duran tanto. —Le aclaró Mar como si aquello fuera lo más obvio del mundo— Es imposible que lo hayas visto mientras vivías aquí.

—Pero es que me parece conocido. —Insistió él, ignorando la lógica de su explicación— Creo que lo he visto antes.

Volvió a mirar al gato que no le había quitado la mirada de encima en ningún momento, lo que empezaba a irritarlo por alguna razón que era incapaz de identificar.

No supo si el animal percibió ese sentimiento, o si fue que simplemente se aburrió de verlo, pero un segundo después parpadeó y se dio media vuelta para volver a entrar en la cocina. Sirius frunció el entrecejo y sacudió la cabeza, no entendiendo que demonios acababa de pasar.

—Como sea, no lo quiero aquí. —Le dijo a Kreacher— Deshazte de él.

— ¡Sirius! —Exclamó Marlene, con una expresión ofendida— ¡No seas así!

— ¿Qué? No quiero que ese maldito animal ande en la casa, es asqueroso.

—Pero si no te está haciendo nada, ¿Qué tipo de placer te da echarlo?

—El placer de no tener que andar quitándome pelo de gato de la ropa, y no estar limpiando pulgas.

—Por favor, si no tienes pulgas tú mucho menos las tendrá ese indefenso gato.

—Por Merlín, ¿Cuál es tu maldita obsesión con los gatos? Es asqueroso.

—Amo Sirius, no hay necesidad de que lo eche. —Le dijo Kreacher, llamando su atención, sorprendiéndolo al usar un tono de voz nuevo, suplicante— Kreacher cuida del gato, lo ha hecho durante años.

—Te felicito, pero no lo quiero aquí.

— ¿Qué acaso no tienes corazón? —Le preguntó Mar con el ceño fruncido, disgustada— Si yo puedo permitir que andes cerca de mi hija como perro, tú puedes aceptar que el gato se quede.

—Es completamente diferente y lo sabes.

—Kreacher lo cuidará y lo mantendrá limpio, amo, no tendrá que preocuparse por nada. —Insistió el elfo, que parecía bastante ansioso— Ni notará su presencia.

— ¿Así como no noto la tuya?

—Sirius. —Le cortó Mar, con una mirada significativa— No vas a echar al gato.

Él arqueó una ceja de manera desafiante y le devolvió la mirada, con más hostilidad, pero ella no se intimidó, para variar.

Se midieron en ese duelo de miradas por unos segundos más, hasta que fue él quien la desvío, gruñendo y entornando los ojos, admitiendo lo estúpido que era discutir por algo tan ridículo.

— ¡Bien, bien! Que se quede el maldito gato. —Aceptó de mala gana— Hagan lo que les de la gana.

—Como siempre. —Sonrió Mar con suficiencia, volviendo a emprender el camino hacia las escaleras.

—Muchas gracias, amo. —Kreacher volvió a hacer otra reverencia, aunque no se le escapó la mirada de desdén con la que veía a Mar.

—Anda a limpiar el comedor. —Le ordenó Sirius, tratando de dejarlo pasar— Te llamo si necesitamos algo.

Ignoró las reverencias exageradas que Kreacher hacía mientras se alejaba hacia la cocina, y siguió a Mar por el pasillo hasta las escaleras.

—Te lo advierto, Marlene, a la primera que tenga que quitarme un puto pelo de la ropa…

—Toda tu ropa es negra, igual que el pelo del gato. —Lo interrumpió ella, encogiéndose de hombros con tranquilidad— Ni cuenta vas a darte.

Sirius gruñó con irritación, pero no le respondió, solo hizo una nota mental de ser extra observador cada vez que se fuera a vestir para no pasar por alto alguna excusa que le permitiera deshacerse de aquel repelente animal.

Subieron varios pisos, y una oleada de recuerdos y sensaciones, tan conocidas como desagradables, lo envolvió completo. A pesar de que hubiera preferido que Mar no notara aquello, su cuerpo se tensó irremediablemente, y tuvo que mover el cuello para poder liberar tensión.

— ¿Es aquí? —Preguntó ella, fingiendo no darse cuenta de cómo se estaba sintiendo, y señalando la puerta que tenía enfrente.

—No, aquí dormía otro Sirius. —La picó él, ganándose una mirada asesina que le sirvió para volver a sonreír, a medias— Sí, entremos a ver si no lo convirtieron en una cámara de torturas o algo peor.

Mar dio un suspiro profundo y abrió la puerta para entrar, Sirius la siguió, concentrando todas sus fuerzas en frenar sus impulsos, que no dejaban de jalarlo para que volteara la cabeza hacia la puerta de al lado y leyera el nombre que adornaba ésta.

Estar dentro de su antigua habitación le provocó una serie de sentimientos encontrados. Seguía odiando ese lugar con cada fibra de su ser, pero su cuarto era una excepción, porque siempre había representado un espacio donde estaba relativamente protegido, un lugar que, a pesar de todo, siempre había sido suyo.

La decoración lo dejaba muy claro.

—Así que eras de Gryffindor… —Dijo Mar, con una sonrisa divertida, mientras caminaba por la habitación y pasaba la mirada por las paredes del lugar— Nadie lo hubiera adivinado.

—Gasté una millonada en todas esas banderas. —Rió él, imitándola y también mirando el lugar, disfrutando recordar la expresión de su madre cada vez que tenía que entrar ahí— Y no me arrepiento de nada.

—Que novedad. —Ella dio un par de pasos más hasta que se detuvo, de golpe. Se volteó hacia él y enarcó una ceja— ¿Es en serio?

Sirius tuvo que tragarse una risa, entendiendo su reacción al ver la pared donde se había encargado de pegar un montón de carteles con mujeres ligeras de ropa.

—Juro por la tumba de mi madre que todos fueron regalos de James. —Se llevó una mano al pecho con una exagerada, y falsa, expresión solemne— Y de Remus, por supuesto.

—Ya, no lo dudo. —Mar puso los ojos en blanco, a la vez que se sentaba en la orilla de la cama doble que ocupaba el centro de la habitación— Más te vale que quites eso o no dormiré aquí.

—Eso no es justo, esos pósters son lo menos malo que tiene esta casa. —Le informó él con el ceño fruncido, recostándose de uno de los postes de la cama— ¿Y crees que si pudieran quitarse seguirían ahí?

— ¿Cómo que…?

—Están hechizados. —Le explicó con un encogimiento de hombros— Sabía que los quitarían cuando estuviera en el colegio, así que los hechice para que fuera imposible hacerlo.

— ¿Los hechizaste? Pero si no se puede hacer magia…

—Te lo dije, es impenetrable. —Subió las cejas y esbozó una sonrisa, más amarga que otra cosa— Pudieron convertir este lugar en un nido de mortífagos y el Ministerio nunca se hubiera enterado.

De repente se le ocurrió que esa no era una idea del todo descabellada y que tal vez hacer un exorcismo no vendría nada mal.

—Entonces al menos consigue algo con que taparlo, es perturbador. —Mar le dedicó una última mirada a los pósters y fingió estremecerse. Sirius estaba a punto de llamarla exagerada, cuando ella volvió a hablar— Sabes, si movemos algunas cosas, podemos poner la cuna en…

—No. —Le cortó él de inmediato, tensando todos los músculos solo ante la idea— Ni lo pienses.

—Sirius…

—No me interesa, Mar. Ya lo hablamos. —Suspiró con fuerza y sacudió la cabeza— No vamos a meterla aquí.

Ella le dedicó una mirada significativa, y se atrevió a creer que suplicante, pero él no cedió, no pensaba hacerlo, bajo ninguna circunstancia.

Ya era demasiado malo tener que verla a ella en ese lugar de mierda, pero sabía que de otra forma no podría aguantarlo, no le quedaba de otra.

Pero con Ophelia era otra historia.

—Si puedo evitar que tenga que estar en un lugar como este, lo voy a hacer. —Le dijo él, sin brusquedad, pero si con determinación— Y sobre eso no vamos a discutir.

— ¿Entonces que vamos a hacer? —Quiso saber Mar, poniéndose de pie para ponerse frente a él— Sí, Lily y James pueden cuidarla algunas noches, pero no siempre, eventualmente voy a tener que quedarme con ella.

—Lo sé. —Trató de ignorar el amargo sentimiento que le llenó el pecho al pensar en las noches que tendría que dormir solo ahí— Y ya te dije que no pienso estar aquí siempre, seguiré durmiendo con ustedes en el departamento, algunas veces.

—Sabes que si no la duermes se despierta.

—Pues la duermo y me devuelvo, Mar… —Suspiró y se pasó una mano por el rostro— Esto es ridículo, no tiene sentido seguir discutiéndolo, así que déjalo así.

—Claro, porque tú lo dices y mi opinión no importa una mierda. —Espetó, enfadada— No puedes decidir estas cosas tú solo.

—No me jodas, no se trata de eso. —Su voz se elevó varias escalas al decir eso y se tomó un momento para calmarse antes de seguir— Yo tengo límites justo como los tienes tú, Mar, así que entiende cuando te digo que no voy a meter a Ophelia aquí.

Ella alcanzó a mantener su posición durante solo unos segundos, después relajó su expresión y bajó los hombros, aparentemente entendiendo lo que quería decir y no encontrando ninguna forma de contradecirlo.

Bufó resignada y chasqueó la lengua.

—Podemos dejarlo por hoy, pero no voy a dejar de insistir.

—Que novedad. —Gruñó él, sintiendo punzadas en la sien solo de pensar en las peleas que irremediablemente iban a venir— Ni que fuera una costumbre tuya hacerme más fáciles las cosas.

—Por supuesto que no. —Se encogió de hombros y se dio la vuelta para caminar hacia la puerta de la habitación— ¿Imaginas que lo fuera? Te habrías aburrido hace años.

Sirius apretó los labios, en un inútil intentó por detener la risa que al final tuvo que dejar salir, seguida de un ruidito de fastidio. Sabía que, en eso, tenía razón.

La siguió de regreso al pasillo y le indicó que bajaran las escaleras, sabiendo que no había necesidad de revisar lo que había en la otra puerta.

Revisaron las habitaciones del piso de abajo y no encontraron nada que pudiera preocupar demasiado, solo un montón de baúles que Sirius insistió en que debían revisar y asegurarse que no contuvieran nada extraño.

Mar le dijo que estaba paranoico, pero él sabía por qué lo decía.

Bajaron al primer piso y, finalmente, logró resignarse y entrar al maldito salón. De todas las habitaciones, era la que peores recuerdos albergaba y se haber podido la habría sellado sin contemplaciones.

Adentro todo estaba prácticamente igual a como lo recordaba, solo que más viejo y sucio, le daba un aspecto menos majestuoso comparado con la época en la que había vivido ahí, y su opinión era que le quedaba mejor.

— ¿Qué se supone que se hacía en este lugar? —Le preguntó Mar, tratando de no pisar las bolas de polvo que resaltaban en la alfombra.

—Un montón de estupideces. —Le respondió Sirius, tratando de bloquear los recuerdos más desagradables que contenía ese lugar— Tomar el té, escuchar música de mierda, clases de piano…

— ¿Te daban clases de piano? —Verla aguantando la risa ante eso, provocó que el recuerdo no fuera tan bizarro.

—Ríete todo lo que quieras, pero es una de las pocas cosas útiles que aprendí a hacer en este lugar. —Admitió con honestidad, sonriendo de manera burlona— Eso y cuantas groserías existen en el diccionario francés, lo cual es bastante…

La garganta se le secó totalmente, impidiéndole seguir hablando, en el momento que se encontró de frente con la larga pared que tenía pintado el árbol familiar de los Black. Al igual que el resto del lugar, la pintura estaba desgastada y avejentada, pero aún podían divisarse los nombres y reconocer los rostros, no le costó nada reconocer el suyo.

O el lugar donde había estado, al menos.

Ese lugar que ahora solo era una mancha quemada y negra, y que hizo que se le revolviera el estómago y el pecho se le pusiera más pesado. Sabía que si seguía apretando los puños con tanta fuerza se iba a hacer daño, pero no era capaz de relajarse.

Era un sentimiento extraño y aborrecible, no era exactamente enfado, mucho menos tristeza. Era simplemente una sensación de pesadez y amargura que no lograba quitarse de encima, a pesar de saber lo inútil que era sentirse así.

—Sirius… —Escuchó la voz de Mar, parándose junto a él y siguiendo su mirada.

—Que adorable mujer. —Murmuró él con una mueca deforme que, se suponía, debía ser una sonrisa— Siempre haciendo espectáculos.

La escuchó respirar con fuerza y la espío de soslayo, torciendo los ojos al encontrar su mirada.

—No me veas así. —Le pidió de mala gana.

—No te estoy viendo de ninguna forma.

—Claro que sí, como si fuera a romper a llorar de un minuto a otro. —Chasqueó con la lengua y finalmente alejó la mirada de la pared para posarla en ella— Estoy bien, Marlene, no estaba esperando venir aquí y encontrarme un puto monumento a mi nombre.

—Ya sé que no, pero esto…

Esto no es para siempre. —Le aseguró, señalando alrededor del lugar con las manos— Escucha, vamos a hacer nuestro trabajo, nos desharemos de esos enfermos, otra vez, y luego nos largaremos de aquí. Así de fácil.

Ella no respondió, pero sí lo miró con escepticismo, y Sirius sabía que estaba pensando en que él lo estaba haciendo sonar más sencillo de lo que en verdad era. Sabía que las cosas no serían así, ya lo había vivido una vez, y no era tan iluso.

Pero decir eso, y tratar de creérselo, parecía ser la única forma en que iba a lograr soportar aquello… Otra vez.

—Si se hace demasiado duro…

—Iré a terapia, sí, ya se lo prometí a James. —Bromeó, tratando de quitarle hierro al asunto— Iremos todos juntos, terapia familiar.

—Este lugar te vuelve más imbécil de lo normal.

Estaba disgustada por su necesidad de hacer bromas en un momento como ese, aquello era evidente, y de no haberla conocido mejor, Sirius hubiera creído que eso era todo lo que le pasaba y no habría notado los verdaderos sentimientos que intentaba ocultar.

—Ya deja de preocuparte. —Le pidió con un suspiro— En serio, es irritante, no sé como James puede vivir con Lily.

— ¿Por qué? ¿No me veo tan sexy preocupada como enojada? —Le preguntó ella, enarcando las cejas.

—Nunca te ves tan sexy como cuando estás enojada. —Le dejó saber, como quien no quiere la cosa— Pero claro, esa es solo mi opinión.

—Um, entiendo… —Se acercó a él, usando una expresión pensativa, y envolvió los brazos alrededor de su cintura— Supongo que tendré que ocultar mi preocupación con enojo…

Sirius la miró sorprendido al entender por donde iba aquello.

—No hagas eso.

— ¿Qué cosa?

—Poner esa voz.

—No tengo idea de lo que estás hablando.

—Claro que sí. —Resopló fastidiado, pero no se alejó, solo le devolvió el abrazo— Es la voz que pones cuando quieres sexo.

—No tengo idea de lo que estás hablando. —Le aseguró, bajando más la voz y viéndolo por debajo de sus pestañas de manera coqueta.

—Por favor. —Sirius entornó los ojos— Estás loca si piensas que en esta casa puede haber algo que me excite.

—No, en esta casa no. —Se encogió de hombros, con fingida inocencia, a la vez que empezaba a acariciarle la espalda y pegaba, deliberadamente, sus caderas a las de él— Pero en mí sí.

Sirius tragó grueso en el momento que ella se puso en puntillas para enterrar el rostro en su cuello, empezando a dejar pequeños besos y mordidas que empezaban en la punta de su oreja y bajaban deliciosamente hasta el inicio de la clavícula.

No pudo evitar gruñir y sujetarla con más fuerza cuando la sintió moverse más hacia él, pegándole los pechos al cuerpo.

—No tienes sostén… —Soltó, sin aliento, en el momento que se dio cuenta.

—Nop. —Susurró Mar, con una pequeña y pícara sonrisa— Nunca con esta blusa.

—Maldita sea… —Se le escapó un patético gemido lastimero, visualizando lo que había debajo de aquella tela— ¿Por qué me haces esto?

—Porque si vamos a pasar tiempo en esta casa… —Empezó a explicarle ella, ahora llevando sus besos a su mandíbula— Al menos debemos encontrarle el lado divertido.

Entonces entendió lo que estaba intentando hacer, y aunque lo irritó un poco, lo dejó pasar. Si esa era la forma que Mar creía correcta para hacerlo sentir mejor en ese lugar… Pues no pensaba quejarse. Por nada del mundo.

Así que decidió dejarse de tonterías y bajó el rostro para poderla besar, con ganas, como siempre, permitiendo que su cuerpo empezara a reaccionar ante la idea de que esa fuera la primera vez que alguien follara de verdad en esa casa.

Bajó las manos y la tomó por el trasero para levantarla, haciendo que soltara un jadeo de sorpresa cuando sus pies dejaron el suelo, lo suficiente alto para poder enterrar el rostro entre sus senos y respirar con fuerza, sintiendo como su miembro ya empezaba a endurecerse.

Mar soltó una risita, sofocada, y él subió los ojos para dedicarle una mirada ardiente que la hizo aguantar el aire y afianzar el agarre.

Sirius dio un par de pasos hacia el frente, hasta que chocó con el piano, sobre el cual la sentó, abriéndose paso para posicionarse entre sus piernas y volver a quedar pegado a ella.

—Estás enferma. —Le susurró con la voz ronca, llevando sus manos a su blusa y empezando a desabotonarla.

—Lo sé. —Ella sonrió, esa sonrisa con dobles intenciones que lo calentaba a más no poder, y le rodeó la cintura con las piernas para atraerlo más— Y te encanta.

Sirius soltó un grueso gruñido desde el fondo de su garganta, tomó los extremos de la blusa y los separó con fuerza, haciendo que los botones volaran por el salón.

—Oye, esa me gustaba…

—Pues esto te va a gustar más.

No le dio tiempo de que preguntara, ni se imaginara, a que se refería, ya que bajó una de sus manos y la coló por debajo de su falda, buscando a tientas sus bragas, las cuales apartó lo suficiente para darle acceso a sus dedos que no tardaron en encontrar su objetivo.

Mar se tensó al sentirlo en su parte más íntima, y Sirius sonrió cuando se dio cuenta de lo húmeda que ya empezaba a estar. Palpó por afuera durante unos segundos, disfrutando al ver sus expresiones y como se mordía el labio para no gemir cuando acariciaba ligeramente su centro hinchado.

Le arrancó el primero de esos dulces sonidos cuando finalmente introdujo un dedo en su interior, ella trató de resistirse un poco más, pero al final se rindió y abrió la boca para soltar gemido tras gemido, aumentando el volumen conforme él aumentaba la velocidad y la intensidad.

Amplio más su sonrisa, triunfante y arrogante, cuando tocó un punto especialmente sensible que la hizo gemir con tanta fuerza que tuvo que echar la cabeza hacia atrás y mover las caderas bruscamente hacia su mano, pidiendo más.

Entonces él se separó, pero solo para poner las palmas a ambos lados de ella, e impulsarse hacia arriba con fuerza, obligándola a acostarse sobre el piano, cubriéndola con su cuerpo.

Volvió a besarla y subió una de sus manos para ahuecarle un seno. Se sacudió en un espasmo cuando la sintió buscar el broche de su cinturón para deshacerlo.

No pasó mucho tiempo antes de que el aire del salón fuera inundado por el inconfundible olor del sexo, acompañado por gemidos de placer y jadeos desesperados en busca del aire que no llegaba.

Sirius se refugió en todo esto, al igual que lo hizo en Mar, en sus expresiones, en los movimientos de su cuerpo y en los sonidos que dejaba escapar. En todo lo que ella tuviera para ofrecerle.

Por eso había aceptado cuando Dumbledore le había pedido la casa, no solo por ser un impulsivo de primera, sino porque sabía, a ciencia cierta, que Mar iba a estar ahí, que no iba a dejarlo solo.

Y eso era suficiente para soportar todo lo malo.

Siempre lo había sido, y sabía que siempre lo sería.


En un primer momento, cuando Hannah lo había besado para despedirse en la estación, se había sentido dentro de una pequeña burbuja, lo había ayudado a sentirse mejor porque no sabía cuando volvería a verla, aunque había prometido que pronto, y tampoco sabía que le esperaba en los próximos meses. Así que aquel beso, corto pero igual de increíble que los otros, había estado más que recibido.

Al menos al principio, en ese momento empezaba a arrepentirse y a pensar que permitir que lo hiciera en público no había sido tan buena idea.

—Entonces, ¿tienes novia o no?

— ¡Te dije que no! Bueno… Creo, algo así. —Sacudió la cabeza, tratando de que así sus pensamientos se organizaran— ¡No lo sé! Ya deja de decirle así.

—Pero la besaste.

—Ella me besó a mí. —Corrigió el chico, sintiendo como sus mejillas empezaban a colorarse— Como sea, no quiero hablar de esto.

—Ey, pero dijiste ibas a contarme. —Le recordó James, frunciendo el ceño con disgusto.

—Sí, pues cambié de opinión. —Harry puso los ojos en blanco— No pensé que te pondrías en plan de papá intenso tan rápido.

—No soy intenso. —Se defendió él, ofendido— Solo quiero saber que está pasando con tu amiga, es todo.

—No está pasando nada. —Murmuró Harry, bajando la mirada para no tener que verlo directamente— Solo… Bueno, eso que viste, pero… Varias veces… —Gruñó al sentir que su sonrojo solo se incrementaba— ¿En serio tenemos que hablar de esto?

—Pues, solo si quieres hacerlo, evidentemente. —James trató de asegurarle, pero su mirada de desilusión hacía muy difícil para Harry poder cambiar de tema— Bueno, el alcohol siempre ayuda, si quieres bajo y busco una botella para…

— ¿Qué quieres que Lily te mate? —Inquirió el chico, sin poder contener la risa que se escapó— No es ni mediodía aún.

—Oh, cierto. —Chasqueó la lengua con decepción y volvió a sentarse junto a él en la barra del desayuno— Bueno, sin alcohol entonces.

—No hay mucho que contar, solo vamos a salir en el verano y ver que pasa. —Le contó Harry, lo más rápido y resumido que pudo, no queriendo avergonzarse demasiado— No hagamos un gran escándalo de esto… Y por favor, no se lo digas a Sirius.

— ¿Qué? No puedes pedirme eso. ¡Si va a estar tan emocionado!

—Se va a poner insoportable. —Harry gruñó mortificado solo de imaginarse aquello— Peor de lo que ya es normalmente.

—Vamos, no lo prives de una felicidad así. —Lo animó James con una sonrisa divertida— Se lo merece, a ver si se anima un poco.

Harry tragó saliva y se encogió un poco en si mismo, sintiéndose culpable nuevamente.

—Si se pone demasiado molesto te culparé a ti y no volveré a contarte nada.

—Ey, eso no es justo… Pero está bien correré el riesgo. —Guardó silencio durante un momento antes de aclararse la garganta y seguir— Sabes que si necesitas preguntar algo, lo que sea, puedes hacerlo, yo…

—Sí, lo sé, gracias. —Se apresuró a interrumpir Harry— No sé si te acuerdas, pero Sirius ya se encargó de esa parte.

—Sí, todos nos acordamos de eso. —Entornó los ojos con irritación, pero después suspiró y volvió a suavizar su expresión— Pero no hablaba específicamente de lo que estás pensando, solo… En general, si tienes dudas sobre algo, aquí estoy.

Aunque su incomodidad seguía presente y lo que más deseaba era zanjar ese tema por completo, Harry se encontró sonriéndole con sinceridad. No tenía pensado contarle demasiado, al menos no en un futuro próximo, pero desde luego que era fantástico saber que podía hacerlo si lo necesitaba.

—Digo, si quieres ideas sobre a donde ir con ella, organizar una cita o…

—Sí, ya entendí a lo que te referías. —Atajó Harry, aún sonriente aunque sin ganas de seguir por ese camino— Si necesito algo te preguntaré, papá, tranquilo.

Dicho eso, se levantó para buscar un vaso de agua con las claras intenciones de no mirar demasiado la expresión radiante de su padre al escuchar que lo había vuelto a llamar así.

Estaba intentado acostumbrarse y lo había repetido varias veces desde que lo había recogido de la estación, pero si seguían emocionándose tanto cada vez iban a quitarle las ganas.

—Oye, ¿y que tal estuvieron los últimos días en el castillo? —Escuchó que le preguntaba por detrás de él— ¿Nada que reportar?

—Fue… Bastante incómodo. —Confesó Harry, dándose la vuelta y tomando un sorbo del vaso que se había servido— Muchas miradas, no muy discretas.

—Ignóralos. —Lo instó James, aparentando una serenidad que Harry no se creyó— Todo será diferente cuando acaben las vacaciones.

Eso no lo ponía en duda, no lo había hecho ni un momento, pero sabía que eso no tenía que automáticamente significar algo bueno.

Suspiró y tragó saliva, sintiendo regresar la amargura que le provocaba pensar en los acontecimientos de los últimos días. De repente volvía a sentir un peso muerto sobre el pecho y los hombros, obligándolo a pensar que tal vez regresar al tema anterior no sería tan malo.

Prefería la incomodidad a eso.

—Listo, ya estamos aquí. —Escuchó la voz de su madre, entrando por la puerta de la cocina— Alguien quería arreglarse antes de venir a conocerte, Harry….

No fue necesario que preguntara de qué hablaba, ya que lo primero que captaron sus ojos cuando Lily apareció en su campo de visión, fue la pequeña niña que llevaba en los brazos y que se movía los brazos con inquietud.

— ¿Esa es? —Preguntó él, empezando a sonreír, dejando el vaso sobre la encimera y acercándose.

—Sí, la única que tenemos. —Lily rió por lo bajo y extendió los brazos hacia él para que la viera mejor— Saluda a Harry, Ophi.

Quiso comentar que eso seguramente sería imposible, pero no quiso quitarle a su madre la emoción del momento. Simplemente llegó junto a ellas y se inclinó un poco para ver mejor a la bebé, que llevaba un lazo azul en la cabeza y observaba el nuevo rostro con bastante interés.

—Bueno, ahora entiendo por que Sirius insistía tanto en lo pequeña que era. —Bromeó el chico, esbozando una sonrisa que solo seguía creciendo— Pero no es calva.

—Muchas gracias. —Soltó Lily, aparentemente aliviada.

— ¿Puedo tomarla? —Quiso saber Harry sin dejar de ver a la niña.

— ¿Sabes hacerlo?

—Ya hemos hablado de esto, Lily, si Sirius puede todos podemos. —Intervino James, sonriendo con diversión— Anda, deja que lo haga.

—Está bien. —Aceptó ella con un suspiro— Pero siéntate, Harry, ¿de acuerdo?

El chico asintió y se apresuró a tomar asiento en el puesto que había ocupado unos segundos antes junto a James.

—Recuerda tomarle la cabeza… —Le indicó Lily, entregándole a la niña con extremo cuidado— Y si te cansas solo…

—Estoy bien, tranquila. —Le aseguró Harry, demasiado emocionado como para irritarse por sus tontas preocupaciones.

Su madre asintió y se alejó con paso inseguro hasta colocarse junto a James, quien la tomó por la cintura y le susurró que dejara de preocuparse tanto, cosa que Harry apoyó.

Mientras, él estaba demasiado impresionado por como todos los sentimientos negativos que había estado sintiendo unos segundos atrás parecían haber desaparecido solo con la presencia de esa niña que soltaba ruiditos sin sentido y le jalaba el dedo índice como si fuera un juguete de hule.

—Bueno, es un alivio saber que ya no tendré que soportar toda esta locura yo solo. —Murmuró el chico, sin quitar su atención de Ophelia que lo veía fijamente con sus pequeños ojos grises— Quisiera prometer que tus padres serán más funcionales que los míos, pero no sería justo que te mintiera tan rápido.

—Pues eso no es muy amable de tu parte. —Se quejó Lily, frunciendo el entrecejo, con las carcajadas de James haciéndole eco— No puedes en serio creer que Mar y Sirius harán menos desastre que nosotros.

—Eso solo lo dirá el tiempo. —Respondió Harry, solo para fastidiarla, lo cual estaba consiguiendo más que bien— ¿Dónde andan, por cierto? Mar y Sirius.

—Oh, ellos… Salieron. —Se limitó a decir Lily, evidentemente ocultando algo. Harry enarcó una ceja al notar aquello.

—Eso lo noto, ¿A dónde?

—Tenían unas diligencias que hacer. —Agregó James, identificando el tono hostil en la voz de su hijo y queriendo suavizarlo— No es nada… No te preocupes, volverán en un rato.

— ¿Por qué no quieren decirme si no es nada? —Inquirió Harry, dejándose apaciguar solo por los balbuceos que Ophelia seguía soltando— ¿Están haciendo algo relacionado con…?

—Harry. —Le cortó Lily, suspiró y le sonrió casi de manera suplicante— Por ahora necesitamos que confíes en que te diremos solo que necesitas saber, ¿harás eso?

El chico la miró en silencio, sin poder creer lo que estaba escuchando. Sabía que quería protegerlo, eso lo entendía, pero como pretendían ocultarle algo que lo afectaba directamente, le parecía una total injusticia.

—Pero…

—Eso no significa que te mantendremos en las sombras. —Se apresuró a aclarar James, dándose cuenta de todo lo que estaba pasando por la cabeza de su hijo— Vamos a contarte todo en cuanto podamos, te lo prometemos.

Harry le dedicó una mirada escéptica, no porque no le creyera, sabía que le decía la verdad y estaba seguro que de ser por James, se enteraría no solo de lo que necesitara sino también de lo que mereciera.

Pero no era James quien lo preocupaba.

Desvío su atención hacia Lily quien los veía a ambos con una expresión perdida, no sabiendo que responder, si seguir con su plan inicial o estar de acuerdo con el de James.

Al final pareció entender cual sería la mejor política para tratar con su hijo y suspiró resignada.

—Claro. —Susurro, esbozando una pequeña sonrisa— Yo… Lo prometo.

Harry asintió de mala gana, sabiendo que lo único que le quedaba en ese momento era confiar en que no romperían esa promesa. Esperaba que no lo hicieran, ya habían avanzado demasiado como para hacer que todo retrocediera por su empeño en querer protegerlo de una verdad que él merecía conocer.

—Y hay… Otra cosa que tenemos que discutir contigo. —Escuchó que decía James al cabo de unos segundos de silencio.

— ¿Sobre que? —Preguntó Harry, que había vuelto a sonreír pero solo por las muecas graciosas que Ophelia hacía aún desde sus brazos.

—Bueno, es más bien algo que nos gustaría comunicarte…

—James, tal vez a Harry le gustaría descansar antes de hablar de cualquier cosa. —Comentó Lily, repentinamente nerviosa— Ha tenido una semana larga y seguro está cansado del viaje, además tiene que desempacar…

—Lily. —La detuvo James— Ya hablamos de esto.

A Harry le tomó un momento entender de que estaban hablando, y cuando lo hizo no pudo evitar subir la cabeza de golpe.

— ¿Qué quieren decirme? —Intentó que su tono no delatara que ya sabía perfectamente la respuesta.

—Es algo que Lily y yo…

—No vamos a hacerlo si no estás de acuerdo. —Completó su madre torpemente, tropezando con las palabras— Si te incómoda o no te parece pues no se hará y ya, está bien…

—Yo no recuerdo haber aceptado esa condición. —Aclaró James, viéndola confundido aunque la sonrisa casi imperceptible en su rostro lo delataba.

—James… —Le suplicó ella.

—Bien, bien, como tú quieras, pero ya te dije que Harry va a encantarle la idea.

—Si me cuentan puede que les diga si me encanta o no. —Dijo Harry, tratando de impedir que la sonrisa divertida apareciera en su rostro.

—Bueno, tesoro, verás… James y yo…

—Vamos a casarnos. —Soltó el aludido, de golpe.

—Por Merlín. ¡Ten un poco de tacto! —Exclamó la pelirroja, mortificada— ¡Odio cuando te comportas como Sirius!

—No hables mal de él delante de Ophelia, no merece saber todavía como es su padre.

—James, te voy a…

— ¿Y se supone que debería sorprenderme esta noticia? —Quiso saber Harry, dejando que su sonrisa se extendiera a sus anchas por su rostro.

— ¿Cómo? —Soltó Lily, descolocada— P-pero… ¿Ah? ¿Cómo que…?

—Lo veía venir desde hace un tiempo. —Explicó el chico, aguantando la risa de imaginarse su expresión si le decía que los había escuchado en la enfermería— Son bastante evidentes, ambos.

—Está tan enamorada, la pobre. —Bromeó James, sonriendo incluso más que su hijo, y atrayendo a Lily más hacia él.

— ¡Ya basta los dos! —Exclamó ella, luciendo bastante abrumada— O sea que… ¿Si estás de acuerdo? ¿No te…?

—No puede ser que sigas poniéndote nerviosa por algo así. —Rió Harry, sin poder creer a su madre— Empieza a aburrir esta misma conversación.

Lily le dedicó una mirada significativa, que al final terminó siendo borrada por la sonrisa limpia y cariñosa que le dedicó, y que su hijo no pudo evitar responderle a pesar de que lo incomodaba pensar que estaba a punto de romper a llorar.

—Ves, te dije que no tenías de que preocuparte. —Le dijo James, poniéndose de pie para darle un beso en la mejilla— Solo lo haces por gusto.

— ¡No es cierto! Es que… ¡Estas cosas son difíciles!

—Nah, solo te gusta preocuparte. —Concordó Harry con su padre, haciendo que este se echara a reír— Y entonces… ¿Dónde voy a vivir ahora?

—Con nosotros.

—Gracias, mamá, pero eso lo tenía claro. —Resopló el chico, aún sin comprender por que tenía que ponerse tan nerviosa— Me refiero a donde, ¿aquí o en tu casa?

—Bueno, eso lo hablamos antes de ir a buscarte. —Empezó a explicarle James, pasándose una mano por el cabello— Y tomando en cuenta las circunstancias, creemos que lo mejor será que vivamos en la casa de mis padres.

— ¿En serio? —Preguntó él, sorprendido ante esa respuesta.

—Es mucho más seguro que cualquiera de nuestras casas. —Agregó Lily, atenta a su reacción ante la idea— Y sabemos que es grande, pero realmente no seremos solo nosotros tres, siempre habrá gente yendo y viniendo, sabes como es…

—Claro, entiendo. —Harry asintió y sonrió enternecido al ver que Ophelia empezaba a adormilarse entre sus brazos. En serio le estaba costando creer que esa niña fuera hija de Sirius y de Mar.

—Entonces… —Empezó a decir James, un poco inseguro de repente— ¿Qué opinas?

El chico se encogió de hombros antes de subir la mirada y sonreírles.

— ¿Cuándo nos mudamos?

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