Capítulo 43

Breves notas de la autora al final

Cuestión de Confianza

¿Estás más tranquila?

Si.

¿Quieres que hablemos?

Sí, pero vamos a caminar un poco más. Aún siento que me hierve la sangre.

Hilda y Flher echaron a andar de nuevo por los bosques que rodeaban el hospital, a los cuales se habían dirigido después de salir de la sala de reuniones. Hilda había caminado rápidamente, manteniendo un pesado silencio, y su hermanita la había seguido caminando unos pasos atrás, dándole espacio y tiempo para acomodar sus ideas y sus pensamientos, pues sabía que eso siempre le hacía bien. La sacerdotisa de Asgard era una mujer de temperamento recio e impulsivo, pero siempre se esforzaba en no perder la paciencia (o al menos en no dejarlo ver), y en tratar de serenarse antes de hacer o decir cosas de las que más tarde podría arrepentirse. Y su hermana menor sabía que lo más prudente era darle la oportunidad para lograr analizar sus propios sentimientos antes de confrontarla.

¿Crees que hice mal en intervenir? – dijo Hilda algunos pasos después, rompiendo por fin el silencio

Pues yo no diría que hiciste mal, porque creo que dijiste cosas muy acertadas, pero… la forma en que lo hiciste…

¡Lo sé, pero es que no pude evitarlo! Me dio rabia verlos pelear cuando deberían unirse ahora más que nunca, no solo porque Seiya corre peligro, si no porque tienen la oportunidad de vivir.

Pues es que parece que hay muchos conflictos entre ellos…

Lo sé también. Todo ha sucedido tan rápido desde nuestro regreso que ni siquiera he tenido oportunidad de platicarte sobre estos días que pasé fuera, pero no tienes idea de las cosas que Kiki me contó cuando estuvimos en el Santuario; yo cometí un daño irreparable en cuestión de días, cuando estuve gobernada por el anillo, pero ellos, ellos padecieron años completos de mentiras, manipulaciones, secretos y… se hicieron mucho, mucho daño los unos a los otros, y lo entiendo, pero… si Sigfried… si ellos estuvieran vivos, sé que la culpa me corroería, pero también sé que me dedicaría a recompensarlos por todo lo malo que les hice pasar. Y aunque Saori no fue la causante de todos esos años de sufrimiento, ¡no sabes cuánto se está esforzando, Flher! Estos días en el Santuario no se dedicó a descansar, si no a todo lo contrario, trabajó incansablemente. Solo dormía cuando su mayordomo, que la seguía noche y día, la obligaba, pero ella pasaba todos su tiempo investigando, reconstruyendo, buscando la forma de curarlos, de verlos felices. Están vivos, y deberían tratar de curarse los unos a los otros en vez de seguir lastimándose con el pasado.

Pues esperemos que lo logren, por su propio bien.

Mira, ahí está Marin – dijo Hilda al divisar a la amazona sentada en una banca.

Pobre, debe de sentirse muy mal por lo que le está pasando a Seiya, ella fue su maestra.

Es una joven muy callada, pero me parece que es muy buena persona.

Deberíamos ir a ofrecerle nuestro apoyo, Hilda.

Claro.


Marin estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta del arribo de las hermanas. Había permanecido inmóvil en el mismo lugar desde que Aioria se había marchado, comprendiendo que no tenía a nadie con quien hablar de la cosa más sorprendente, increíble y emocionante que le había sucedido. Y eso, pensaba también, era culpa solamente suya, pues había sido ella quien se había mantenido alejada de todos con el objetivo de ser una excelente amazona y maestra para Seiya. Claro que no había vivido aislada al nivel de Shaka, y había permitido que un par de personas se acercaran y la conocieran. Pero en ese momento no podía hablar con ninguna de esas tres personas porque una se hallaba en coma, otra estaba pasando por un momento tan amargo que le parecía que sería una crueldad contarle lo feliz que estaba, y la otra, era la misma persona que originaba su felicidad.

Parecía increíble que no tuviera más opciones para hablar que Seiya, Shaina y el propio Aioria, pero así era, y algo en su corazón protestó ante la idea de no poder expresar la emoción, el miedo y la excitación que la invadían en aquel momento. Quería decirle a alguien que su mejor amigo, que era por cierto un Caballero valiente y maravilloso, había pronunciado las palabras que ella había soñado y anhelado toda su vida, aquellas que pensó y temió que jamás serían dichas. Y aunque él no había hablado de amor, la sola posibilidad de acercarse a su corazón, era más que suficiente para hacerla sentir que volaba.

No te desanimes Marin, Seiya resistirá, como lo ha hecho antes – dijo Hilda tocando su hombro suavemente

Sabemos que debe de ser muy difícil para ti saber lo que le está pasando a Seiya, pero…

Les agradezco su preocupación, pero... no estoy así por Seiya…

¿Qué te pasa Marin?

¿Sucedió algo más?

Sí… no… no es algo malo, pero…

Marin, te lo dije en el Santuario, y te lo repito ahora: vinimos con la única intención de ayudar – dijo Hilda con una gran sonrisa en el rostro.

Un escalofrío recorrió a la amazona, pues justo cuando deseaba a alguien con quien hablar, habían aparecido la sacerdotisa de Asgard (que había sido excepcionalmente amable durante su convivencia en Grecia), y su dulce y gentil hermana, preguntándole si le ocurría algo. Marin reconocía la oportunidad que se le presentaba, pero no sabía qué hacer, pues la habían preparado para todo menos para sentarse a hablar con otras mujeres acerca de sus sentimientos por un compañero de armas, como seguramente sí podría hacer cualquier muchacha normal, como ellas seguramente podrían hacerlo, pues aunque habían vivido con una carga monumental de responsabilidad bajo sus hombros, parecían haber gozado de una educación que ponderaba su femineidad en vez de suprimirla, y encima de todo, se habían tenido la una a la otra.

Marin las encontró tan distintas y lejanas a ella misma, que decidió no mencionar a Aioria, pero entonces las palabras de Saori acudieron a su mente: "todos aquí somos huérfanos, pero no estamos solos. Nos tenemos los unos a los otros", y recordó también al ahora joven Maestro diciendo que esta era una excelente oportunidad de empezar de nuevo, y entonces se armó de valor. Después de todo, el hecho de que ellas fueran tan distintas podría estar a su favor y no en su contra.

De acuerdo. Si no les molesta, me gustaría hacerles una pregunta

Claro – dijo la joven rubia, sonriendo

¿Qué… qué harían ustedes en una cita?

¿Cómo?

¿Perdón?

La amazona tuvo que hacer uso de todo su aplomo y arrojo para seguir al ver la expresión de shock en los rostros de las jóvenes de Asgard; afortunadamente para ella, tenía valor de sobra.

Debe de parecerles extraña mi pregunta, pues hemos hablado pocas veces, y en esas ocasiones jamás hemos abordado asuntos personales… pero no tengo a quién acudir. El mío siempre ha sido un mundo de y para hombres, y este es un asunto de… mujeres, y ustedes son tan… femeninas… - cuando la pelirroja notó que las hermanas estaban ruborizadas hasta los cabellos, se arrepintió – disculpen, no debí preguntar. Lo siento

No, Marin, espera – la detuvo Hilda – nosotras hemos tenido la suerte de estar juntas – dijo tomando la mano de su hermanita - pero tampoco nos ha sido fácil desenvolvernos en el entorno en el que nos tocó vivir. Y sería maravilloso tener a alguien con quien hablar de eso. Quizás tenemos mucho más en común de lo que nos imaginamos… Repite tu pregunta, ¿querías saber qué haríamos en una cita?

Sí… me refería a cómo comportarse en una. Lo que sucede es que me invitaron a salir, en una cita, y no tengo la menor idea de qué es lo que hay que hacer, o decir, o vestir – concluyó ella, sin perder jamás la propiedad que la caracterizaba

¿¡En serio Marin!? ¡¡Qué emocionante!! ¿Quién fue el que te invitó?

¡Flher, no seas entrometida!

Apuesto a que fue el rubio de cabello corto y grandes ojos verdes, su nombre empieza con A…

¿Cómo lo sabes? – preguntó la pelirroja incrédula

Yo estaba ahí el día que recobró el conocimiento, porque había ido a ver a Hyoga – dijo ella, susurrando más bien la parte de que había ido a ver al rubio para no sonrojarse - y cuando despertó, lo primero que hizo fue pronunciar tu nombre

El corazón de la amazona brincó en su pecho al oír aquello

¿De verdad? – preguntó la amazona sin poder contener su emoción

¡Ajá! Pero dinos, ¿Cómo fue que te lo dijo?

Pues dijo que quería ir más allá de nuestra amistad, conocerme mejor, tratarme en un ámbito diferente, porque le gusto, dijo, y que quería… una cita, como las que tienen las… parejas… normales…

¡¡Qué romántico!! ¿Y él te gusta, Marin?

¡Flher, basta! Disculpa a mi hermana, Marin – intervino Hilda de nuevo - es muy joven aún y no mide bien sus niveles de imprudencia

Está bien Hilda, no te preocupes

¿Y entonces? ¿Te gusta? Porque yo creo que es muy guapo

No me gusta… yo lo amo. Lo amo desde hace años – dijo ella, roja como la sangre bajo su máscara blanca, pero sin titubear jamás en lo que decía

¡Vaya!

Y ahora… no puedo creer que él… que esté interesado en mí...

Pues felicidades Marin – dijo sinceramente la sacerdotisa

Gracias, aunque debo admitir que la idea me emociona tanto como me aterra. No sé qué haré cuando llegue el momento, es más, ni siquiera sé cómo le diré que sí acepto salir con él

Puedes dejarle una nota en su recámara – sugirió Flher

Es una buena idea, Flher

Nosotras te apoyaremos en todo. Podríamos ir de compras juntas, y ayudarte a escoger algo muy lindo para ese día. Podría ser un vestido largo, pero pegado para resaltar tu figura. Con ese cabello, algo rosa se te vería precioso

Flher, no a todas nos gusta el rosa – dijo Hilda al notar por su expresión corporal, el espanto de Marin al pensarse vestida de rosa - intuyo que la idea de usar un vestido rosa te horroriza más que pelear contra un nuevo enemigo, y te diré que yo me acostumbre a usarlos solo porque no tuve más remedio, pero no hace falta que te pongas nada extravagante o tan fuera de lo común para ti. Si él te ha pedido que salgan, siendo que te conoce desde hace tanto, debe de ser porque le gustas tal y como eres, así que no hay que alejarnos demasiado de tu estilo, solo bastará con encontrar algo lindo que resalte tu belleza.

No tengo palabras para agradecerles su apoyo.

No, gracias a ti Marin, por confiar… Y ahora, ¿qué dicen si volvemos? - sugirió Hilda

Si, ya pasé demasiado tiempo aquí afuera, creo – reconoció la pelirroja

¡Que bueno que usas máscara, Marin!

¿Por qué dices eso, Flher? – preguntó su hermana mientras las tres regresaban al interior del edificio

¡Porque así puede mirarlo todo el tiempo que quiera sin que él se de cuenta!

Ay Flher, ya te he dicho que leas más historia y menos novelas románticas…


Los caballeros dorados habían regresado al pabellón B en un silencio que no era incómodo, si no más bien reflexivo. El personal los acomodó en sus respectivas camas, y después de tomarles signos vitales, se marcharon, pues iban a darles de comer a unos y a llevarse a otros para hacerles estudios. Shaka, que había tenido sus ojos fijos en Aioros de Sagitario, habló rompiendo el silencio.

Es tan joven… Tienes razón, Angelo. Incluso yo le debo una disculpa a este caballero, y a su hermano también…

Los ojos de todos se posaron en él, denotando gran sorpresa por oírle de nuevo, pues con lo dicho en la junta, Shaka ya había cubierto su cuota de palabras intercambiadas con otros habitantes del Santuario en un año, por lo menos, y el que ahora continuara haciéndolo, era por demás insólito, sin mencionar claro, que nunca lo habían oído hablar sobre si mismo.

¿Qué? ¿Creen que sólo ustedes sienten culpa por sus errores cometidos? ¿Creen que yo no he cometido errores?... No soy tan perfecto como todos parecen pensar. De hecho, estaba tan concentrado en alcanzar la perfección antes de que la guerra contra Hades comenzara, que no me detuve a cuestionar los actos incorrectos e injustos de Saga. No noté cuando suplantó a Shion. No me tomé la molestia de tratarlo ni de conocerlo – dijo mirando al castaño joven así que cuando dijeron que él había intentado asesinar a Athena-sama, jamás pensé que se hubiera cometido una tremenda injusticia… Jamás maltraté física o verbalmente a Aioria, es cierto, pero tampoco intercedí por él, ni hice algo para detener la situación, o mejorarla; simplemente no tomé partido, pero al hacerlo también cometí un gran error… Pero le debemos de dar las gracias a Athena-sama. Porque ahora tenemos la oportunidad de resarcirnos con ambos, de darle a él, el respeto y el lugar que verdaderamente merece en nuestra Orden. Podremos conocerlo, y aprender tanto... Y él y su hermano podrán vivir por fin la vida que merecen. Creo que si todos ponemos de nuestra parte, podríamos vivir los días más felices de nuestras vidas...

Ante aquella inesperada declaración por la que se sintieron agradecidos (pues de alguna forma les causaba alivio el saber que no eran los únicos en cargar un gran peso a cuestas), todos asintieron, deseando desesperadamente que sus palabras resultaran proféticas, y comenzaron a comer en silencio, inmersos en sus propias culpas y deseos…


Kiki, ¿cuántas veces tengo que decirte que comas más despacio? Ariadna va a pensar que no te enseñé modales

Ariadna sonrió, y Kiki se ruborizó ligeramente

Lo sient.. – ante la mirada reprobatoria que le dio su maestro por hablar con la boca llena, el perlirrojo calló, terminó su bocado, y entonces sí prosiguió con lo que quería decir – lo siento mucho maestro. Es que ya quiero ver a Seiya.

¿Van a dejarlo entrar? – dijo Ariadna sin poder refrenar su curiosidad

Sí… - dijo Mü, tratando de hallar algo convincente que decirle a la que creía una simple enfermera sobre el por qué le iban a permitir entrar a su pupilo – No ha sido posible para él el entrar a ver a Seiya, por la gravedad de su estado, pero Saori-san consiguió un permiso especial porque ha pasado mucho tiempo ya, y Kiki quiere mucho a Seiya…

Ajá – dijo Kiki mientras retornaba su veloz ritmo de ingesta hasta que terminó con su comida - ¡Ya acabé maestro! ¿Puedo ir a buscar a Saori para ver si ya consiguió el permiso? Al fin, Ariadna puede llevarlo de regreso, ¿verdad Ariadna?

Claro Kiki

Es la Srita. Saori, Kiki, y sí… puedes ir.

¡Gracias!

Sólo no… corras – completó Mü sin ser oído por su discípulo, que ya corría a toda velocidad, alejándose por el pasillo

Se ve que es un excelente chico. Has hecho un buen trabajo con él

Creo que sí. Aunque no se lo digo por temor a que se lo crea y se eche a perder.

Comprendo – dijo ella risueña

¿Ahora sí vas a decirme por qué lucías tan alterada hace un rato?... Disculpa si parezco indiscreto, pero me dio la impresión de que estabas alterada desde antes de que te arrolláramos.

Es… complicado.

…no tienes que hablar si no…

No, está bien… Es que ayer vi a una persona que me es muy desagradable... Me molesta frecuentemente, y no sé cómo hacerle entender que no me interesa tener nada con él.

¿Quieres decir que un tipo te acosa?

Si, algo así…

¿Y… no tienes a alguien que le marque un alto? Quiero decir, tu padre, o algún otro familiar, o un amigo o… un novio que… - dijo Mü, tratando de no parecer demasiado indiscreto, aunque sí que le interesaba averiguar si ella estaba con alguien

No, soy huérfana… Vivo con una mujer que me crió como si fuera su hija, pero ella ya tiene muchos problemas y preocupaciones. No quiero angustiarla más

Lamento no poder ofrecerte apoyo, pues no es mucho lo que puedo hacer en estos momentos, pero si quieres puedo decirle a…

¡No! No te preocupes. De verdad, aunque, te agradezco de corazón la preocupación... Mira, estoy pasando tanto tiempo aquí, que probablemente ni siquiera vuelva a verlo de nuevo en un buen rato… Es solo que hace mucho que no lo veía, supongo que por eso me alteró, pero no es necesario hacer nada, de verdad – dijo ella sintiéndose terriblemente conmovida por el interés que el parecía tenerle.

De acuerdo. Sólo prométeme una cosa

¿Qué?

Que si ese tipo vuelve a molestarte, me lo dirás

Está bien.

No has dicho "lo prometo, Mü"

Lo prometo Mü - repitió ella sonriendo y tratando de no ruborizarse

Gracias, ahora sí me quedo más tranquilo.

¿Y tú? ¿Vas a decirme que era lo que te molestaba, o inquietaba, hace un rato?

Mü no pudo evitar moverse un poco de su silla, algo inquieto por su pregunta, y ella lo notó, por lo que añadió

Es que no lucías feliz y… radiante, que es como sueles lucir siempre

¿Eso crees?

Sí – reconoció ella con una tímida sonrisa - Y hoy lucías… no sé… diferente

Mü no pudo evitar sonreír al pensar que ella era muy intuitiva, y sobre todo, que le ponía mucha atención a su persona, de otra forma no se explicaba que se hubiera dado cuenta del cambio en su estado de ánimo. Y se sentía tan a gusto con ella, a pesar de haberla tratado tan poco, que se permitió confiarle algunas cosas que aún le pesaban en el alma

Es… complicado también… Hace años le pasaron cosas muy malas a un… amigo y… en ese entonces no pude ayudarlo, y me he sentido muy culpable por eso todo este tiempo. Siento que ahora más que nunca, él necesita ayuda, y creo que hallé a la persona adecuada para que le brinde ese apoyo que yo no pude darle, pero para eso tuve que contarle a esa persona todas esas cosas terribles que le pasaron a mi amigo, y eso removió muchos sentimientos dentro de mí… cosas que creo que aún no he superado… Y me quedé pensando en si hice bien en revelar ciertos detalles, eso es todo. Creo que me afectó más de la cuenta porque no tuve oportunidad de desayunar esta mañana, y eso sí que me altera – dijo él bromeando, tratando de aliviar su propia tensión

Eres un gran hombre, Mü – dijo ella tomando la mano de él, dejándose llevar por el impulso irrefrenable que sintió de consolarlo – y me parece maravilloso que hayas decidido ayudarlo, aún cuando implicó remover recuerdos dolorosos para ti. Estoy segura de que hiciste lo correcto, porque tú siempre buscas el bien de los demás… bueno, eso creo.

El pelilila sintió que podría perderse para siempre en esos ojos increíblemente azules, pues vio en ellos no solo una gran belleza, si no mucha sinceridad, ternura y gentileza, todas ellas cualidades que no abundaban en su mundo, que exigía más bien lo contrario para lograr sobrevivir. Y mientras la miraba, su mano se atrevió a acariciar la mano de la joven, dibujando pequeños círculos con su pulgar en el dorso de su blanquísima mano, provocando que ella se estremeciera, pero no de miedo, si no de…

¡Maestro! ¿Ya terminó? ¡Saori dijo que ya puedo entrar! ¿Va a venir conmigo?

Srita. Saori, Kiki – corrigió de nuevo Mü, tratando de disimular que lamentaba la inoportuna e intempestiva llegada de su pupilo – y claro, iré contigo, en cuanto termine.

¡Genial maestro!

Ante los ojos impacientes de Kiki, Ariadna sonrió tímidamente, retirando su mano de la del caballero y se dedicó a terminar rápidamente con su comida, al igual que lo hizo él. Y mientras ellos dos terminaban, Kiki los vigiló y observó con gran detenimiento, pero disimulando muy bien mientras recorría incansablemente la cafetería de arriba a abajo, porque era muy joven, sí, pero también era muy listo, y sobre todo, muy intuitivo, y se daba cuenta de que su maestro sonreía de oreja a oreja cada vez que se encontraban con esa enfermera. Kiki sentía una gran simpatía por la joven de cabellos blancos, aunque claro, el pequeño no podía saber que ese "algo" que le agradaba tanto y que le hacía sentir empatía hacia su persona, era que reconocía inconscientemente en ella muchas de las habilidades propias de su raza. Pero vaya, la verdad es que al pelirrojo le fascinaba la idea de que su maestro se consiguiera por fin una novia, y si era del agrado de ambos, pues que mejor.


Fue Kiki, acompañado por Saori, Mü, quien descubrió que Seiya había ido mejorando paulatinamente hasta hallarse francamente repuesto, y esa noticia, claro, los tomó a todos por sorpresa. Justo unas horas antes habían llegado a la conclusión de que alguien trataba de hacerle daño, y que lo rondaban, y se habían puesto prácticamente en pie de guerra, y de pronto, (y aparentemente salida de la nada), una repentina y notable mejoría. Aunque el doctor Sato, que lo examinó minuciosamente, fue muy claro al decir que no se podía cantar victoria ( porque al fin de cuentas él seguía en un estado de coma profundo), también dijo que por primera vez desde que había ingresado al hospital, se podía hablar de una mejoría real, y que dadas las recuperaciones extraordinarias de Kanon, de Ikki y de otros más, podían estar atestiguando el comienzo de un milagro más.

La noticia suscitó una nueva e improvisada reunión, donde se discutió el asunto, pero por más que se habló y especuló, no lograron llegar a una conclusión satisfactoria. Y es que no había forma de explicar o entender su mejoría dentro del contexto de los que ellos creían que le sucedía a Seiya, pues era ilógico que él se recuperara si alguien en realidad estaba tratando de, o haciéndole daño. Si Seiya en verdad fuese víctima de una venganza de Perséfone, lo lógico hubiera sido que su estado empeorara después de la reunión sostenida con Zeus, ¿o no? Otros más atribuyeron su aparentemente espontanea mejoría, al hecho de que Athena le había sanado con su cosmos, y argumentaban que quizás el efecto no había sido inmediato debido a su gravedad, y otros más (Angelo y Afrodita, respaldados por Camus para gran sorpresa de todos), sostenían la teoría de que quizás el alma de Seiya podía haberse extraviado cuando todos regresaron del Inframundo, y que quizás sola y poco a poco, estaba hallando el camino de regreso.

Ante la falta de pruebas para apoyar cualquiera de las teorías propuestas, lo único en lo que todos coincidieron fue en el alivio que les producía saberlo mejor, y en que no bajarían la guardia para vigilarlo y protegerlo, y que seguirían adelante con la idea de entrenar a Seika. Jabu se ofreció a pasar todas las noches cuidándolo, aunque lo hizo por que lo carcomía la culpa, porque quería obligarse a entender que amar a Saori le había costado muy caro a Seiya (y es que él no tenía la menor duda de que él correspondía a los sentimientos de la heredera), y además, porque supo que no soportaría pasar las noches en la Mansión con ella de nuevo presente. Saori entendió perfectamente sus razones, pero no dijo nada para no herir más los sentimientos de su fiel Unicornio, y aceptó la propuesta.


Después de su consulta con Shun, Sayaka fue llamada a la junta extraordinaria a la que el Dr. Sato convocó a todo el personal encargado de la salud y el cuidado de los chicos Kido. Ahí les comunicó que quería que de inmediato se les realizaran toda clase de estudios a todos los que ya habían recobrado la conciencia, y si se les hallaba bien, la consigna era darlos de alta aquel mismo día. La decisión parecía algo precipitada, sobre todo por el antecedente de Ikki, que aparentemente estaba bien hasta que colapsó tomándolos a todos por sorpresa, pero el doctor les informó que por razones de seguridad la Srita. Kido quería tenerlos en casa, y preguntó a los presentes si alguno estaba interesado en prestar sus servicios en la Mansión aquella noche, para atender cualquier posible emergencia. Georgia levantó la mano, y le fue concedido el resto del día libre para que fuera a descansar un par de horas y se presentara a las ocho de la noche en la residencia de la joven heredera. El doctor explicó que existía por parte de ella una particular preocupación por la seguridad de Seiya, y que le había preguntado si era posible que tuviera a dos o tres enfermeras de planta. Ariadna, levantó la mano de inmediato, seguida por Oyuki y Gustav que se ofrecieron también, y el doctor consideró que Sumi, Kiyomi, Akira y Slava podían hacerse cargo sin problemas de los chicos Kido que aún estaban internados, y que afortunadamente, cada vez eran menos.

Por consenso general, quedó decidido que fueran cuales fueran sus resultados, Ikki permanecería en observación por un par de días, y finalmente el doctor avisó que por petición expresa de la Srita Kido, permitiría que alguna de sus gentes de confianza pasara la noche en el pabellón donde Seiya era atendido, pues temían alguna clase de atentado en su contra. A todos les pareció impensable que alguien pudiera querer hacerle daño a alguien tan indefenso y desvalido como lo era el adolescente en aquel momento, pero no hicieron más preguntas, y se dio por terminada la reunión.


Camus y Afrodita fueron los primeros en ser dados de alta, y se les permitió reunirse con los demás en la sala de espera, donde estaban terminando de organizar las guardias. Camus se sentó en un sillón individual algo alejado del resto, observando en silencio la actividad de los demás.

Milo se acercó con gran discreción (algo inusual en él) hacia el rincón donde Camus se hallaba, mirando en otra dirección, y cuando estuvo lo suficientemente cerca para ser oído por el francés, le preguntó

¿Podemos hablar?...Si aceptas, podría verte en diez minutos en la parte de atrás de este mismo edificio. Ahí nadie nos molestará… Puedes decir que vas a tomar un poco de aire fresco.

Sin hacer contacto visual, Camus preguntó

¿Puedes con esas muletas?

Claro

Con un asentimiento de cabeza, Camus hizo saber que aceptaba

Gracias – dijo Milo, marchándose.

Gato, ¿me acompañas? – dijo en voz alta - Tengo que ir al baño y ya siento los brazos cansados

Sí – respondió Aioria algo extrañado por la petición de Milo, pero sin demostrarlo.

Los dos echaron a andar, Aioria sosteniendo a Milo con su brazo sano, pero en cuanto estuvieron lejos de la vista de los otros, el Escorpión lo rechazó.

Estoy bien, gato, ya fue suficiente.

¿Me estás usando de coartada para ir y hablar con él?

Sí – admitió el peliazul sin reparos

Pues buena suerte Milo. ¿Quieres que te espere por aquí?

No. Con que des la vuelta un rato por ahí, y te tardes en regresar un poco, es más que suficiente.

Hecho.

Eres un buen amigo, Aioria.

Lo sé bicho – respondió Aioria, pecando ligeramente de vanidad – te veo al rato.


Dada su falta de habilidad para moverse con muletas, para cuando llegó a la parte posterior del edificio, Camus ya estaba ahí, recargado en la pared y contemplando el bosque. El caballero de Piscis no hizo ningún movimiento que demostrara un cambio en sus emociones, aunque un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza, porque había esperado y a la vez temido ese momento desde que había abierto los ojos y se había hallado en una nueva vida. Y es que él sabía muy bien que el verdadero daño sólo lo puede infligir una persona a la que se conoce muy bien y que te conoce en verdad, que el dolor lo provoca realmente alguien a quien se ama o que te ama, y eso es lo que había sucedido entre ellos dos: se habían hecho mucho daño... El acuariano no sabía que esperar de aquella conversación, pero su imaginación lo había llevado a plantearse varios posibles escenarios, aunque claro, ninguno coincidió con lo que sucedió en realidad.

Milo apareció caminando lentamente hacia él, con un rostro que delataba los sentimientos de culpa de lo invadían, y Camus, al que siempre le había agobiado (obsesionado es una palabra que lo describiría mejor) la idea de resguardar su vida y mantenerla en total privacidad, se obligó a callar y a contener lo que tenía ganas de decir, pero cuando Milo llegó por fin a él y simplemente lo abrazó con todas sus fuerzas, tiró abajo todas sus barreras y defensas.

Perdóname. Por Athena, Camus, perdóname… Debí saber que tú no eras capaz de semejante traición… Sé que no merezco que me perdones, que te fallé, y que al dudar de ti te lastimé mucho, pero te juro por esta nueva vida que tenemos, que no quiero perderte. Si alguien me importa en este mundo, eres tú. Si hay alguien a quien necesito es a ti, y si hay alguien a quien me dolería perder, es a ti, Cam. No quiero perderte… No soportaría perderte…

Y antes de que Camus pudiera decir algo, pudo sentir como su hombro se humedecía por las lágrimas que Milo derramaba copiosamente, y eso doblegó su orgullo, pues jamás había oído llorar al Escorpión.

Debí de haber escuchado a mi corazón, que me decía que lo único importante era que estuvieras vivo. Debí pensar las cosas dos veces antes de…

Ssshh, Shaka tiene razón, todos hicimos lo que teníamos que hacer. Tu deber era protegerla a Ella. Me dolió, claro, porque… te quiero y no había tiempo ni forma para explicar nada, pero no estoy enojado. No vas a perderme…

Los dos caballeros se entregaron a aquel intenso abrazo, naufragando el uno en brazos del otro. No hacía falta más, todo quedaba dicho en la fuerza con la que se aferraban. Fue un abrazo de esos que parecen durar una vida, de tal forma que aunque se separaron eventualmente, ambos sabían muy bien lo que había sentido y sentía el otro. Cuando al fin rompieron el abrazo, se miraron a los ojos, y Milo tomó el rostro sereno de Camus, y acercó sus labios a los del caballero de Hielo, pero él desvió su rostro, de tal forma que el Escorpión acabó besando la mejilla del francés

Después… en otro lugar…

Está bien – dijo Milo sin objetar, alejándose y secándose las lágrimas que bañaban su rostro

Debo volver. Te veo allá adentro

Claro. Cam… - dijo Milo para detenerlo – estaré esperando…

Camus tomó la mano derecha del griego y la estrechó contra su pecho muy fuerte

Yo también –dijo el francés antes de partir

Al quedarse solo, Milo emitió un largo y profundo suspiro, pues sentía su corazón rebozar de calma y de dicha. Por primera vez desde que había despertado en la cama del hospital, se sentía realmente vivo…


Milo volvió en el momento en el que todos se desplazaban a la cafetería para comer, y se les unió, tratando de ocultar la inmensa felicidad que lo invadía. Y no tuvo que esforzarse mucho en fingir, porque de reojo miró a Saga, que estaba sentado frente suyo, y fue él quien lo bajó de la nube en la que había estado flotando desde que sintió de nuevo a Camus entre sus brazos.

Saga había pasado horas sumido en el silencio, aparentemente alerta a todos los acontecimientos que habían tenido lugar durante el transcurso del día. Ahora estaba comiendo con total y aparente normalidad, pero parecía hacerlo todo por reflejo, como un autómata.

Cuando acabó su comida, Milo se acercó a Dokho, que comía al otro extremo de la mesa y le habló al oído

Dokho, ¿dónde puedo localizar a la psiquiatra?

¿Quieres hablar con ella? Eso me parece excelente, Milo.

¡No! No quiero hablar con ella. No creo en esas cosas del psicoanálisis y definitivamente no lo necesito, pero creo que él – dijo en un susurro, mirando hacia Saga, que seguía comiendo - sí la necesita. Ha estado muy extraño desde la junta, pero ahora lo veo mucho peor. Me parece que está a punto de colapsar.

Buen ojo Milo, yo pienso lo mismo… Pregunta por ella en la recepción, y si está aquí pídele que venga ahora mismo, dile que es urgente. Algo me lo dice…

Milo no pudo haber escogido un momento mejor para buscar a Sayaka, porque justo después de que él se marchó, Saga, que había acabado de comer hacia rato, se puso de pie, se dirigió a Aioria y con la cabeza baja y mucha humildad en su voz, le dijo

Acompáñame, por favor

Algo en la voz de Saga le pareció muy extraño y anormal al León, pero también ese algo le impidió negarse. Todos trataron de disimular que escucharon la petición, pero en cuanto vieron que ambos se alejaban, Shura se puso de pie de inmediato y demostró su preocupación. Nadie mejor que él sabía cuántas cuentas pendientes tenía aquel par.

Maestro, ¿se dio cuenta?

Si Shura, pero hay que darles espacio para resolver sus asuntos. Solo espero que nadie salga herido – pensó el pelirrojo.


Saga y Aioria salieron de la cafetería, caminaron unos cuantos metros y entonces se toparon con Sumi. Saga se acercó a ella, la tomó con gran suavidad de un codo y le hizo una pregunta en voz muy baja que ella contestó rápidamente. Él le dio las gracias y caminó con Aioria siguiéndolo por pasillos y por el elevador, hasta que llegaron a su destino, que no era otro que una habitación en el piso de Cuidados Intensivos, donde ahora descansaban Ikki y Aioros. En cuanto Aioria vio por la ventana que su hermano estaba ahí, reaccionó

¿Qué rayos pretendes Saga? ¡¿Qué estamos haciendo aquí?!

Hace mucho que quería venir a verlo – respondió Saga con voz lejana - pero por muchas razones no había podido…

¿Pero por qué me pediste que…?

Sin más explicaciones, Saga abrió la puerta y se detuvo a los pies de la cama donde reposaba el caballero de Sagitario.

El caballero de Géminis había pensado que estaba listo para verlo, pero no era así, y lo supo sólo hasta que lo tuvo enfrente y lo halló rebosando frescura, tranquilidad, serenidad y bondad, pero sobre todo, juventud. Estaba idéntico a la última vez que lo había visto…

Él siempre aparentó más años de los que tenía en realidad, y ahora… ahora es un niño comparado contigo – dijo el peliazul mirando a Aioria a los ojos.

El León, por su parte, no dijo nada, pues aquello era totalmente cierto.

Aioros, despierta – imploró Saga en un tono que Aioria jamás le había oído – necesito pedirte perdón… Yo sé que un "lo siento", no basta, que aún cuando me cortara la garganta y me desangrara lentamente a tus pies, aún así te quedaría a deber… Eso debería de hacer, desangrarme a tus pies…

Saga guardó silencio, perdiéndose en sus recuerdos del sonido de la voz de Aioros durante la última conversación que sostuvieron como amigos…

Todavía pienso que es un error.

¿Qué es un error según tú, Aioros?

Creo que Shion se equivocó al escogerme como su sucesor. Mi teoría es que ya está un poco senil

Aioros, ¡más respeto!

No lo digo por ser irrespetuoso, si no porque así lo creo – recordó su risa franca - Estoy convencido de que tú harías un trabajo mucho mejor que yo.

Te escogió por una buena razón Aioros, aunque ahora no comprendas cuál

¿Sabes que leí ayer? Entre los reyes existe algo que se llama abdicación. Es cuando el heredero al trono, por alguna razón no quiere o no puede ocupar el cargo, y entonces se lo cede al sucesor que le sea más próximo y que esté capacitado para cumplir con la tarea. Tal vez podría abdicar el patriarcado a tu favor, Saga. Al fin y al cabo, tú eres como un hermano para mí…


Aioria estaba tan tenso y tan incómodo que no se había percatado del extraño silencio que se había hecho en la habitación, y estaba por decirle a Saga que le parecía inútil y además molesto que siguiera balbuceando cosas si Aioros seguía estando inconsciente, cuando escuchó un particular sonido, que al principio no reconoció. Sus ojos volaron a posarse al rostro de su hermano, pero él parecía continuar en el mismo estado de reposo, y los monitores mostraban que sus signos vitales estaban bien. Sólo entonces Aioria pensó en mirar a Saga, y fue cuando entendió que el ruido que había percibido era el de su respiración, que ahora era muy rápida y entrecortada. Dos gruesas lágrimas se habían formado en sus ojos azules, pero se negaban a deslizarse aún por su faz.

Sobreponiéndose a la rabia que ardía en su corazón en aquellos momentos, Aioria le preguntó

¿Saga, te sientes bien?

Pero el ilegítimo Patriarca no respondió, y sus ojos se mantuvieron clavados en el adolescente y sereno rostro del caballero de Sagitario

Saga, deberías de irte. Él aún no… Saga, contéstame. Saga… ¡mírame! – exclamó Aioria impacientándose y tratando de sacudirlo, pero Saga parecía haberse convertido en piedra - ¿Saga, qué tienes?

El rubio salió corriendo de la habitación para ir en busca de ayuda, pues estaba tan alterado y abrumado por todo lo que estaba sucediendo, que olvidó que con haber tocado uno de los botones ubicados en la cabecera de la cama de su hermano habría podido solicitar ayuda sin irse de ahí. Pero no llegó muy lejos, pues había dado apenas unos cuantos pasos cuando prácticamente chocó con Sayaka, que había sido alertada por Milo.

Doctora, ¡qué suerte! Venga – dijo tomándola del brazo y tirando de ella hacia la habitación – Algo le pasa a Saga.

Sayaka de inmediato fue hacia Saga, que permanecía de pie en la misma posición en la que Aioria lo había dejado, y con gran tranquilidad y amabilidad, se dirigió hacia el gemelo

Saga, estaba buscándote. ¿Podrías acompañarme afuera? Me gustaría hablar contigo…

A mí tampoco me respondió – dijo Aioria al ver que él mantenía el silencio

Saga – repitió ella con gran paciencia y acercándose lentamente a él, sin saber qué esperar de sus reacciones – ha sido un día muy largo para ti. ¿Por qué no me acompañas ahora y dejas esto para después?

Sayaka extendió su mano para tocar el antebrazo del peliazul, y descubrió su piel húmeda y fría, y notó también su respiración superficial y acelerada. De inmediato su mano fue hacia la muñeca de Saga, para tomar su pulso, que encontró errático.

¿Qué le pasa doctora? Estábamos hablando y de repente…

No lo sé Aioria – dijo Sayaka corriendo a presionar el botón de urgencias – Saga, mírame – con una lamparilla que sacó del bolsillo de su bata alumbró los ojos azules de Saga, y pudo ver sus pupilas dilatadas e inalterables – Saga, escúchame, necesito que te tiendas en el piso, estás a punto de entrar por completo en estado de shock, ¿me oyes?

Sayaka tiró del cuerpo de Saga con todas sus fuerzas para obligarlo a tenderse en el piso, pero ella era más baja de estatura y mucho menos fuerte, claro, y sus intentos fracasaron.

Aioria, ¡ayúdame por favor! ¡Si se desploma va a lastimarse más! Necesito recostarlo

El rubio, que había observado todo lo sucedido en un estado de tensión creciente, rápidamente caminó hacia Saga y lo tiró al piso de un puñetazo en pleno rostro.

¡Aioria! ¿¡Por qué hiciste eso!?

No sé… ¡pero se sintió tan bien!

Te pedí que me ayudaras a recostarlo, pero no de esa forma. ¿Por qué lo hiciste?... Uno a la vez Sayaka, uno a la vezse dijo a sí misma, concentrándose en atender a Saga, que estaba tirado en el piso pero que no había perdido la conciencia: sus ojos azules permanecían completamente abiertos, con las pupilas fijas en el aire.

Ya luego tendría tiempo para interrogar a Aioria, que con los puños cerrados tan fuerte que habían perdido su color, no dejaba de mirar al caído con una mezcla de preocupación y furia en sus ojos verdes.

En ese momento entraron por fin Slava y Kiyomi

Traigan una camilla rápido.

Slava corrió al pasillo mientras que Kiyomi auxilió a Sayaka

¿Está en shock?

No lo sé. Más bien me parece que… - la doctora tomó la mano de Saga, flexionó la muñeca hacia arriba y descubrió que la mano no caía de nuevo hacia la camilla, si no que permaneció flexionada en un estado claramente anormal – más bien me parece que cayó en un estado de estupor.

¿Catatonia?

Probablemente.

Slava entró con toda rapidez con una camilla en la que acomodaron al peliazul, con algo de trabajo por su gran estatura, y se lo llevaron por los pasillos, seguidos por Aioria, que no se despegó de ellos. Sayaka, intrigada por su reacción, le hizo una seña al personal indicándoles que permitiría que se quedara. En cuanto llegaron a un cubículo destinado a urgencias, le colocaron suero, le administraron dopamina para estabilizarlo, lo conectaron a aparatos para monitorear sus signos vitales, le colocaron una almohada bajo las piernas para asegurar una adecuada irrigación a los órganos vitales y colocaron las frazadas sobre su cuerpo para que no perdiera calor.

Ni Sayaka ni Aioria ni nadie del equipo médico comprendían que le sucedía exactamente al gemelo. Simplemente no había forma de que supieran que, desde hacía dieciséis años, Saga había comenzado a perder el conocimiento aunque sus ojos permanecieran bien abiertos…


Mientras cabalgaba frenéticamente a su amante hasta alcanzar un nuevo orgasmo, Iris agradecía mentalmente a Hera por haberle sugerido que visitara a Radamanthys, pues nada le daba paz y la relajaba como una intensa sesión de sexo furioso, y Wyvern era lo que se podía calificar como un verdadero experto en la materia, pues aquella, ciertamente, no era la primera vez en la que se desahogaban el uno entre las piernas del otro, tomándose de forma salvaje y animal, buscando sólo satisfacer una necesidad fisiológica y nada más.

Habían sentido una intensa atracción mutua desde que se habían conocido en una reunión en el Olimpo, él acompañando a Hades, ella a Hera, y ya que ninguno de los dos tenía una relación estable (además de que tampoco creían realmente en la práctica de la monogamia), habían acabado por descubrir que tenían mucho en común, y que podían satisfacerse mutuamente cuando quisieran.

La habitación se llenó de los quejidos de él, que se acercaba peligrosamente al clímax, y ella se inclinó hacia los muslos de él, aferrándolos con tal fuerza que aseguraba dejar marca en su piel, y aumentó la velocidad de sus caderas, pues sabía que si él llegaba primero, ella se quedaría sin estallar.

Ambos alcanzaron el orgasmo, él primero y ella enseguida, y en cuanto terminó de eyacular, él le indicó con un poco delicado movimiento que quería ponerse de pie. Ella rodó desnuda sobre las sábanas y el Juez fue libre de dirigirse hacia una mesa donde lo esperaba un gran vaso de vino.

Nunca lo habíamos hecho en esa posición, pero me gustó

Prefiero ser yo quien lleva el control, pero no estuvo mal, considerando que es mi "primera vez" – dijo él, irónico –

Salud por tu nueva vida, Wyvern – dijo ella, estirándose para tomar del piso su propia copa y beber de ella hasta la última gota

Salud – él rubio bebió y de inmediato, regurgitó - No me gusta que vengas aquí, y lo sabes

Sí.

¿Entonces por que viniste?

No sabía dónde buscarte o cómo contactarte. Desde que Hades no está todo es un caos

Ni lo menciones. No quiero hablar de eso.

Maldita sea, Radamanthys, pensó ella. Nunca haces nada fácil, ¿verdad?

Vine porque necesitaba coger desesperadamente – dijo ella buscando la forma de aflojarle la lengua al inglés - El pendejo de Poseidón está tirándose a una mortal en vez de volver por mí como me lo prometió antes de largarse a su más reciente reencarnación, y eso me tiene furiosa.

¿Por qué me cuentas eso?

Porque necesito desahogarme con alguien. Hera no me hace caso por estar discutiendo con su maridito por culpa de la niña consentida

Maldita la hora en que la tuvo – dijo el Juez volviendo a la cama con su copa llena una vez más – no es más que un maldito estorbo para todos.

Radamanthys pareció estar a punto de decir algo más, pero calló y volvió a beber. Ella se puso de pie, fue hasta la garrafa de vino, rellenó su copa y fue hacia la cama nuevamente. Ahí, se tendió boca arriba, y derramó el rojizo líquido en el interior de su propio ombligo, que era muy profundo. Ella sabía bien que a él le encantaba beber literalmente de su cuerpo

Si así lo quieres, no volveré a venir – dijo con fingida inocencia

A decir verdad… - dijo él gateando hasta colocarse sobre su cuerpo para mordisquear y lamer su vientre – no pudiste venir en un momento mejor. Estoy muy caliente desde que regresé, estoy furioso porque mi señor no está – dijo, mordiéndola sin compasión, a lo que ella respondió con un grito de extraño placer – y sobre todo, por la idiota de Perséfone

¿Por qué? ¿Te la quieres tirar y no se deja?

Yo no quiero tirarme a esa pequeña zorra que cree que sabe más que todos nosotros.

¿Ah sí? – ronroneó ella fingiendo desinterés

Zeus es un verdadero imbécil por haberle dado el poder a ella... y no a uno de nosotros. No sabe nada, jamás se interesó por este lugar... y ahora, sólo porque le abría de vez en cuando las piernas al hermano del Sr. Del Rayo... acabó siendo la Diosa del Inframundo hasta que él vuelva. ¡Es ridículo!

Te lo concedo, tienes más furia acumulada que yo. Deja que te consuele – dijo ella incorporándose para lograr que él acomodara su espalda contra la cabecera, para luego colocarse a horcajadas sobre sus rodillas y llevarse su miembro a la boca

Sí, es lo que me hace falta – dijo él reaccionando de inmediato a las hábiles caricias de su lengua – si no fuera por ti, ya habría ido a los calabozos a matarlo con mis propias manos

¿A quién?

A uno de los dizque caballeros de la doncellita, ¡aahg! – se quejó él, mitad por placer, mitad por frustración - ¿Quién se cree que es? Somos nosotros los que peleamos contra esos mocosos, los que peleamos al lado del Sr. Hades. Ya que por alguna razón ese pendejito no pudo salir de aquí, deberíamos de ser nosotros los que estuviéramos torturándolo, y no ella.

¿Eso es lo que te molesta? – dijo ella, dejando la labor que había estado realizando su boca en sus manos – ¿Qué ella no los deje jugar con el juguetito de Athena?

No, no me molesta, me encabrona... Maldita hipócrita egoísta, ¡cómo si de verdad le importara tanto lo que le pasó a nuestro señor!... Además, no le costaría nada dejarnos torturarlo un rato. Podríamos divertirnos todos con él, y ella darle el golpe final... pero no, quiere que su sufrimiento corra única y exclusivamente por su cuenta.

¿Y cómo se llama? El juguetito, digo

Seiya. El minúsculo Seiya de Pegaso.

¡Qué nombre tan feo!... - fingió bromear ella - Mejor, di un nombre hermoso, como el mío...

Házme decirlo, házme gritarlo

La joven volvió a proporcionarle sexo oral al rubio (que fantaseaba con que era Ariadna quien lo tenía entre su boca) con gran energía, feliz de haber conseguido lo que deseaba. Así que Perséfone tenía en los calabozos de su castillo a un caballero de Athena…

Ella no le veía la importancia a semejante dato, pero era lo de menos, porque iba a usar la recién adquirida información como carta de negociación para obligar a Hera a ponerse de su lado si Poseidón descubría que ella era la responsable del ataque a Thetis. Las cosas parecían volver a estar de su parte, pensó. Le informaría a Hera, pero aún no; lo haría cuando lo juzgara más conveniente para sus propios propósitos…


Entre los amantes brazos de Perséfone, por primera vez desde que había llegado al Inframundo, Seiya estaba sumergido en un sueño placentero. Un hermoso aroma inundaba sus sentidos, percibía la suavidad de unos brazos que lo acogían, y aún más importante, por primera vez no sentía dolor ni miedo ni angustia. Por primera vez, se sentía libre. Y entonces, Seiya se dedicó a soñar su sueño favorito.

Me toma por sorpresa lo tibia que es su piel, como el mar cuando baña a la playa por las noches, y yo, que siempre he sido un friolento de primera, lo encuentro reconfortante y maravilloso. A mi nariz llega su aroma, que es simplemente indescriptible, y me hace pensar en cómo huele el bosque justo antes de que llueva. Y su piel, que es tan blanca que me parece que podré ver a la sangre corriendo por sus venas, es la cosa más maravillosamente suave del mundo

De pronto, sus ojos se abren y me miran, y me da la impresión de que así debe sentirse ser iluminado directamente por un rayo de sol después de una tormenta de verano. No estamos solos, y sin embargo, cuando me mira y me habla, siento que nada más me importa. Tengo que protegerla a toda costa, tengo que ser capaz, cueste lo que cueste, porque no puedo permitir que ni un rasguño se produzca e interrumpa el prodigio de su piel, porque no soportaría ver ni siquiera una cicatriz que perturbara la perfección de su persona. Dice que confía en mí, y es su sola respuesta la que me da ánimos para lanzarme a hacer posible lo imposible. Así que con sus cálidos brazos rodeándome y su cuerpo apretándose al mío, tomó impulso y brinco, lanzándonos al vacio.

Flotamos, y siento su corazón latir apaciblemente, como si en vez de estar cayendo al vacío, estuviera en su propia cama, a punto de dormir. De hecho, creo que se ha dormido, porque siento con pánico que sus brazos se aflojan y empiezan a soltarme, así que la aferró con más fuerza aún. La obscuridad nos rodea y me es imposible ver para determinar cuándo o cómo llegaremos al fondo del barranco, pero soy un caballero, así que cierro los ojos, sintiendo el entorno, tal y como Marin me enseñó, y me doy cuenta de que estamos a punto de estrellarnos, por lo que giro en el aire, buscando desesperadamente ser yo quien haga contacto con el suelo y no ella, y lo logro.

Aterrizamos sobre mi espalda, y creo que una roca golpea la base de mi cráneo, porque escucho el sonido de un hueso al romperse, y siento que la cabeza me va a estallar. El dolor me hace ver luces de colores, y escucho un zumbido que me indica que estoy a punto de perder el sentido, pero respiro profundamente una y otra vez, tratando a toda costa de no desmayarme, porque Ella está conmigo, y soy responsable de su bienestar. De hecho, su cuerpo descansa sobre el mío, siento como su pecho sube y baja rítmica y constantemente, y en medio de la profunda obscuridad que nos rodea, lo único que puedo oír es el dulce sonido de su respiración.

Saori – la llamo – Saori, ¿estás bien?

Ella no me responde, no despierta, y me alarmo, ¿se habrá lastimado?

Saori, respóndeme, por favor…

Me angustia tanto pensar que se puede haber hecho daño porque yo no pude encontrar otra salida, que el miedo me recorre el cuerpo como un latigazo gigante, y mi mano izquierda se apresura a apartar los cabellos de su rostro para explorarla en búsqueda de alguna herida, pero no hallo más que su piel tersa como un durazno, perfecta. Voy a su espalda, luego a sus hombros y a sus brazos, y ahí tampoco hallo ninguna lastimadura. Giro hacia mi costado izquierdo lo más suavemente que puedo, para colocarla momentáneamente en el piso, y continuar con mi búsqueda, y aunque me mareo terriblemente al incorporarme un poco, mis ojos, que por fin se han adaptado a la obscuridad, me revelan que no hay sangre ni heridas en el resto de su cuerpo, y con gran alivio concluyo que salió indemne de nuestra caída.

Pero me horroriza que su cuerpo esté sobre un suelo tan árido y rocoso, así que me pongo de pie para buscar un lugar más adecuado para ella, pues siendo la princesa que es, no puede pasar más tiempo en el horrible sitio en el que está ahora. Me persigue la sensación de vértigo y de desmayo, pero no me lo permito, pues no puedo dejarla a su suerte, indefensa como está ahora. Doy unos pasos, tratando de reconocer el hostil entorno en el que nos hallamos, y para mi gran alivio, descubro que a unos metros de nosotros está un pequeño, verde y al parecer suave prado lleno de flores, perfecto para su reposo. Regreso sobre mis pasos, la tomó en mis brazos con mucho trabajo, (aunque ella en realidad es ligera como pluma), y la llevo al prado, donde la recuesto con toda la delicadeza de la que soy capaz por mi mano rota.

Y entonces me siento tan, tan tentado. Tentado a permitirme cerrar los ojos por un instante, porque me siento cada vez más exhausto. Tentado a tenderme a su lado y permitirme respirar una vez más el embriagante aroma de sus cabellos. Y aunque la toqué sin malas intenciones y lo descubrí por accidente, me tienta la posibilidad de deslizar mis dedos sobre su dulce piel una vez más.

Y sé que la única forma de no permitírmelo, es apartarme de ella, así que me pongo en pie una vez más y me alejo. Intento pensar en otra cosa que no sea su tacto de seda y su prodigioso aroma, no solo por lo incorrecto que es, si no porque ella no está a salvo aún. Estoy seguro de que vendrán por nosotros, y temo que en cualquier momento perderé el conocimiento, así que camino tratando de localizar algún escondrijo entre las rocas que me permita ponerla a resguardo, y entonces, luces de colores fluyen como cascadas frente a mis ojos que se cierran sin que pueda impedirlo, mis piernas dejan de sostenerme y caigo hacia atrás, mientras la obscuridad me invade...

Y sueño. Con Ella. Sueño que me llama, que corre hacia mí, que sus manos tocan mi rostro, que hay preocupación en su voz, y que siento su aliento cubrirme como un manto de luz. No debería de soñar que sus labios están tan cerca de los míos que podríamos besarnos, pero lo hago, porque a fin de cuentas, estoy soñando, y en los sueños nada es imposible, ni siquiera besar a una hermosa doncella, aunque ella sea una Diosa. Y vuelvo a oír su voz…

No, no es su voz la que me llama, si no la de alguien más.

Y no es mi nombre el que pronuncia, si no el de otra persona.

Y sin embargo, de algún modo sé que es a mí a quien llama

Stephanos… ven...


Voilá mis preciosos lectores, he aquí lo más reciente de mi truculenta y retorcida imaginación, jajaja.

Prometo extenderme luego con los agradecimientos hacia ustedes, en un auto review o por mensajes privados, jajaja, porque de plano ya me amaneció aquí publicando, jajaja, pero gracias por su maravillosa e inesperada generosidad. Llegué a los dos mil hits el mes pasado, ni yo me la creo, y no me canso ni me cansaré de decirlo, gracias una vez más por su tiempo, que es un verdadero regalo, y por sus palabras, que alimentan mi alma y estimulan mi imaginación

Espero que este capi les guste: me tardé en hacerlo porque este mes de plano me la pasé fuera de casa, así que casi todo lo escribí a mano y luego lo mecanografié. Espero no demorar tanto con el que sigue, en el que vendrá claro, más de Seiya, Perséfone, Sayaka, Saga, Aioria, el cumple de Shun y lo que ahorita no recuerdo o que se acumule, jajaja. Estaré esperando ansiosa sus reviews, y nomás de rapidito para los que preguntaron, no, no tuve influenza, nomás estuve recluida en casa por prevención, como todo el mundo.

Hasta muy pronto.

Un abrazotote y mil besos,

Fuego.