Cincuenta y dos: El doble día.
Mayo terminó y junio comenzó, anunciado por una onda de calor poco común. A riesgo de quemarse severamente la piel con la intensidad de los rayos solares, la mayor parte de las chicas del colegio tomaron la costumbre de salir a sus clases en el exterior portando sombrillas, todas de colores y diseños muy originales. Aunque claro, casi todas intentaban ser copias de las del Trío Tentación.
—Deberían dar techadas este tipo de clases —comentó Cillie el primer lunes de junio, estando en Cuidado de Criaturas Mágicas.
—Sí, claro, como si eso se pudiera —soltó en son de burla Stuart Tracy.
Ese día estaban repasando (para su desgracia) el tema de las salamandras, y como esas criaturas naranjas eran espíritus del fuego, había una gran hoguera frente a la clase. Para empeorar las cosas, los de Gryffindor debían aguantar a los Slytherin's más insoportables de su curso, pues tomaban dicha clase, lo que nunca se habían explicado.
—Vamos, acérquense un poco —pedía el profesor Hagrid con el tono de un niño que acaba de recibir un juguete nuevo —Ya hemos estudiado salamandras, muchachos. No les harán el menor daño.
—Sí, claro —soltó con sarcasmo una chica alta, sumamente delgada, con el largo y lacio cabello castaño cayendo por su espalda y sus ojos grises fijos en la hoguera. En su uniforme lucía los colores de Slytherin.
—Por supuesto —apoyó de inmediato Trixie Spencer.
—Cierren la boca —espetó Dean de mal humor, alejándose de aquel par de inmediato.
—Bien, chicos¿quién puede decirme qué le pasa a una salamandra si le dan de comer algún material explosivo? —preguntó entonces el profesor Hagrid, en un intento por captar la atención de la clase.
Los de Slytherin se mantuvieron silenciosos, como era su costumbre, pero Dean y Mara levantaron la mano en el acto.
—¿Sí, Dean? —concedió el enorme profesor.
—Comiendo un material explosivo, las salamandras lo queman por dentro, expulsando después varias chispas y produciendo fuertes estallidos —Dean sonrió ligeramente, recordando cierta anécdota al respecto por parte de sus tíos Fred y George —Eso puede causarles problemas digestivos en un futuro.
—Perfecto, diez puntos para Gryffindor —el profesor Hagrid asintió, sonriente.
Los Slytherin's presentes miraron con el ceño fruncido a Dean.
—Muy bien¿y cómo puede lograrse que las salamandras salgan del fuego?
—Mostrándoles una antorcha encendida —respondió al instante Mara —Debe ser de buen tamaño y con llama anaranjada, si no, no sirve.
—Excelente, diez puntos para Ravenclaw —dijo el profesor Hagrid —Es todo por hoy, muchachos. Pueden retirarse.
La clase se dispersó pronto, puesto que querían alejarse de semejante hoguera lo más pronto posible. Cillie abrió su sombrilla roja de lunares negros en cuanto estuvo a la mitad del camino al castillo y pasó a un lado de Dean, saludándolo con una mano. Aunque el pelirrojo, por alguna razón, creyó que la chica lo saludaba porque iba conversando con Stuart Tracy.
—¿Desde cuándo una del Trío Tentación te hace caso? —se interesó Stuart.
—Que yo sepa, siempre les he caído bien —Dean no le dio mucha importancia a la pregunta, para no levantar sospechas —Al menos eso me dijo Janice.
—Pues en ese caso, háblales de mí —bromeó Stuart, haciendo una mueca.
—Sí, hazlo, Longbottom —soltó una voz irónica a sus espaldas —Para que se rían de él.
Acto seguido, Trixie Spencer y su amiga castaña los adelantaron, sonriéndoles con burla y sosteniendo sombrillas verdes idénticas.
—Dan ganas de maldecirlas —murmuró Mara a un lado de Dean, tan de repente que Stuart, que no estaba acostumbrado a la forma de ser de la Ravenclaw, dio un respingo.
—Sí, pero no vale la pena —le hizo ver el pelirrojo —Además, si lo hicieras, tendría que quitarte puntos. Soy prefecto.
Mara sonrió y asintió.
—Muy bien, los veré después —la rubia se adelantó unos pasos —Saludaré a Nigel antes del almuerzo, hoy tendré una clase de Adivinación muy pesada.
—Aún no entiendo cómo alguien en su sano juicio puede tomar Adivinación —masculló Stuart al sentarse a la mesa de Gryffindor y comenzar a servirse su almuerzo.
Dean negó un par de veces con la cabeza, para encontrarse con Janice. Unos asientos más allá, su prima Rose y sus amigos charlaban con entusiasmo de la clase de Herbología del día, que los había tenido muy ocupados.
—Miren, no sé ustedes, pero quería tirar a esas mandrágoras por la ventana —se quejaba Rose mientras comía —¡Qué plantas tan escandalosas!
—A mí me parecieron interesantes —comentó Henry con seriedad.
—Pues a ti, pero este par —Rose señaló a Hally y a Procyon —tenía un ataque de risa.
—Pero eso fue porque las mandrágoras querían comerse el cabello de Lancaster —recordó Procyon, cosa que hizo que él y Hally volvieran a reírse.
—Bueno, admito que eso estuvo gracioso —Rose sonrió un poco —Sobre todo después de lo que le hizo a Procyon, pero esas cosas son insoportables.
—Ahí sí te doy la razón —Hally controló un poco su risa para poder hablar —Pero será mejor que te concentres, Rose. Los exámenes comienzan la próxima semana.
—¿Para qué me lo recuerdas? —se lamentó la pelirroja.
Rose puso una cara tan cómica que sus amigos, incluso Henry, soltaron una carcajada.
La semana transcurrió entre risas, repasos intensos y los nervios de punta, que en caso de los alumnos de quinto y séptimo, eran intensos por los TIMO'S y los ÉXTASIS. Amy les contó a sus amigos el sábado anterior a los exámenes que su hermano Ernest había tenido que acudir a la enfermería el jueves, puesto que estaba tan nervioso que ni su novia Alice lo aguantaba.
—A Erica le falta poco para terminar así —recordó Bryan, ceñudo —La verdad yo ya no la aguanto, necesito que haga esos condenados TIMO'S para que no se desquite con toda nuestra casa quitándole puntos a los ruidosos.
—Pues los de nuestra casa se ponen igual —se acordó Hally de pronto —Victory le quitó ayer diez puntos a un niño de primero porque estaba hablando muy fuerte cerca de donde ella y la hermana de Franco estaban estudiando.
—Creo que fue a Copperfield —Rose tenía la punta de su pluma en la boca, reflexiva.
—Pensé que tenías mala memoria para los nombres —se sorprendió Henry.
—Para los de Historia de la Magia, sí —reconoció Rose sin inmutarse.
—Cuando te pones así, me recuerdas a tu madre —afirmó Hally con un escalofrío fingido, para luego consultar su reloj —Bueno, en diez minutos dejo los repasos por el día de hoy¿alguien quiere preguntarme algo?
—¿Y eso? —se interesó Paula, mientras Thomas le preguntaba a Hally sobre unos datos de Historia de la Magia.
—Tiene una cita —respondieron Danielle y Rose al unísono, con idéntico tono cansino.
—¿Y porqué nosotras no lo sabíamos? —soltó Sunny ofendida, levantando la vista de sus apuntes de Pociones.
—No te quejes, que no has tenido que aguantarla toda la semana —repuso Danielle, con el ceño fruncido —Está muy emocionada porque Corner le mencionó que va a decirle algo importante.
—Con que no vaya siendo que la invita al pueblo el curso que viene… —Amy dijo aquello con el aburrimiento propio de algo que es muy aburrido.
—No, eso ya se lo pidió —Paula, con su excelente memoria, rebatió a Amy en el acto.
—No, lo que nosotras creemos es que le pedirá oficialmente que sea su…
—¡Condenada tinta!
Rose fue interrumpida por ese grito de frustración proveniente de Procyon, que sacudía un amplio pergamino para librarlo de una cantidad considerable de tinta que le había caído encima. Las chicas, a excepción de Hally (ocupada en ayudar a Thomas), temieron haber enfadado a su amigo.
—Vaya, creo que Astronomía no es mi fuerte —se quejó Procyon, mirando el desastre en el pergamino que sostenía —¿Alguno trae sus mapas?
Walter le hizo un gesto para que se acercara y repasaran los mapas celestes juntos, cosa que pareció tranquilizar un poco a Procyon. Pero eso puso en alerta a las chicas, además de una mirada de advertencia de Henry, y mejor cambiaron el tema.
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Hally, más que correr, voló a la entrada del castillo luego de despedirse de sus amigos, llevando su mochila al hombro y consultando su reloj. Iba con buen tiempo, aunque se estaba quedando sin aire, así que no tenía más que subir las escaleras y…
—¡Lo siento! —se disculpó la niña, al haber chocado con alguien.
—Seguro que lo sientes —escupió con rabia una voz que ella no consiguió identificar, aunque sin lugar a dudas era la de un chico —¿Qué no eres Potter?
La pregunta era hecha con el mayor tono de desprecio, así que Hally alzó la vista, sin dejarse amedrentar. Quien le hablaba era un chico negro, con el cabello oscuro muy corto, que tenía sus castaños ojos entrecerrados, mirándola con desdén.
—Sí, soy Potter —se decidió a responder, enderezándose todo lo que su corta estatura le permitía —¿Se te ofrece algo?
—¿De ti? Nada —el chico la rodeó y se marchó.
Hally no supo de qué casa era hasta que le vio en las manos una corbata a rayas verdes y plateadas. Justo se preguntaba si Danielle lo conocería cuando alguien la llamó.
—¡Hally, por aquí!
En lo alto de la escalera la esperaba Melvin Corner, vistiendo ropa muggle en su mayoría azul. También él llevaba unos cuantos libros en las manos.
—Perdón por llegar tarde —se disculpó ella.
—No importa, te vi venir —aseguró Melvin con seguridad, pero sin sonreír, lo cual a Hally se le hizo extraño —¿Qué quería Zabini?
—¿Quién? —la verdad es que el nombre no le sonaba nada¿o era un apellido?
—Zabini, de Slytherin —Melvin hizo una mueca de disgusto hacia las escaleras —El chico con el que chocaste.
—¡Ah, ése! Perdona, pero ni sabía quién era —Hally sonrió en señal de disculpa —Sólo me disculpé por chocar con él y el tipo aseguró que de mí, no se le ofrecía nada. Muy amable¿no? —agregó, irónica.
Melvin rió de buena gana, dado que hasta la fecha, cuando Hally hablaba en ese tono no podía aguantarse. Había algo gracioso en la forma en que se expresaba, con sorna pero de manera bromista.
—Disculpa, pero tendré que repasar un poco mientras paseamos —Melvin le mostró los libros que llevaba —Lo siento.
—No importa, eso estaba haciendo yo —Hally le mostró su mochila.
Bajaron las escaleras y se pusieron a charlar mientras llegaban a su destino, un rincón de los jardines cercano al lago, a la sombra de un árbol de cerezo que si estaban bien informados, habían sembrado los alumnos de Hoshikino a las pocas semanas de llegar al colegio, como símbolo de amistad con Hogwarts. En esa época del año, el cerezo estaba en flor y sus ramas se veían muy rosadas.
—Este árbol es muy bonito —comentó Hally, sonriendo y mirando las flores.
—Sí, lo admito —Melvin tomó asiento en el césped, abriendo uno de sus libros —Y es mejor estudiar aquí que en el castillo. Sobre todo cuando el día es como éste.
Hally se entretuvo un rato en mirar el cielo y constató lo que Melvin decía. El día no era tan caluroso como los anteriores, el firmamento era azul con unas cuantas nubes blancas y el lago ofrecía uno de sus mejores aspectos. En la orilla opuesta, Hally creyó ver a uno de los primos de Rose (por la distancia, era imposible saber cuál, pero el cabello rojo era suficiente para saber que era un Weasley) con los pies metidos en el agua y conversando con una chica de largo cabello oscuro.
—Basta por hoy —Melvin cerró de golpe su libro, haciéndolo a un lado, y miró hacia el mismo sitio que Hally —¿Esa chica es Krum?
—Creo que sí —Hally entrecerró los ojos —Entonces el pelirrojo debe ser Sam.
—¿Conoces mucho a los Weasley, verdad? —comentó Melvin entonces.
Hally asintió.
—Eso explica porqué te llevas bien con ellos —el chico hizo una leve mueca.
—¿Qué pasa? —quiso saber Hally —¿No te caen bien?
—No es eso, pero me preguntaba… ¿Porqué tienes amigos en Slytherin?
Hally frunció el entrecejo ligeramente y se dispuso a contestar.
—A Sunny la conozco de cuando estuve en el orfanato —Melvin asintió, dando a entender que recordaba ese relato —A Walter y Thomas los conocí aquí, en el colegio, aunque me sorprendió saber que los padres de Thomas son los actores de Vida a cuadros y… A Danielle le escribo desde que tenía cinco años. Luego nos vimos por primera vez en el callejón Diagon, antes de primer curso.
—Oye, dime algo¿Malfoy de verdad es buena? Quiero decir¿no es como sus padres?
—Para nada —Hally sonrió divertida —De hecho, hoy Danielle nos contó que era seguro que si sus padres supieran que tiene amigos de origen muggle y que tomará Estudios Muggles, pondrían el grito en el cielo. A su hermano casi le quitan la escoba por eso.
—¿La escoba? —se extrañó Melvin.
—¡Ah, sí! Danielle dice que cuando lo platicó con su hermano, a los dos les dio risa —la niña sonrió un poco más —Cuando sus padres se enteraron que su hermano Patrick tomó Estudios Muggles, lo regañaron mucho y querían quitarle su escoba, para que ya no estuviera en el equipo de quidditch.
—Digno de Malfoy —musitó Melvin, sonriendo —¿Y cómo está el hermano de tu amiga?
—Muy bien, ocupado con sus niños. Danielle dice que quiere que las vacaciones inicien pronto, quiere conocer a sus sobrinos. Y Sunny quiere conocer a los suyos.
Se quedaron callados un rato, mirando el lago, hasta que de pronto Melvin habló.
—Oye, Hally… Quiero preguntarte algo.
Ella lo miró con las cejas arqueadas, en señal de que escuchaba.
—Bueno, como te dije en diciembre, quisiera que fuéramos a Hogsmeade el próximo curso, porque tú podrás ir —Hally asintió y Melvin prosiguió —Así que… ¿quisieras… quisieras ir conmigo… como mi novia?
Hally quería oír esa pregunta, la ansiaba con el alma, pero nunca esperó quedarse muda de la impresión a tal grado de no poder dar una respuesta inmediata. Bajó la vista, completamente roja, y se quedó pensando lo que le pareció un largo rato, mientras veía el lago como hipnotizada. Al final, respirando profundamente, logró decir.
—Creo… creo que me gustaría mucho.
Apenas pudo oírse ella misma, porque habló en un susurro, pero lo que sí sintió fue a Melvin rodeándole los hombros con un brazo y acercándola a él.
—Gracias —musitó el chico, pasándole una mano por el cabello.
Hally no supo porqué le daba las gracias, pero por impulso respondió.
—De nada.
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—¿Nada más?
Las chicas de la Orden del Rayo se habían robado a Hally en cuanto ella regresó al castillo para comer, luego de despedirse de Melvin, y se la llevaron a dar una larga vuelta por los pisos superiores, pidiéndole detalles de su cita.
—No puedo creerlo —soltó Rose por enésima vez en media hora, sorprendida totalmente —Yo hubiera esperado algo más.
—Rose, eso ya lo dijiste muchas veces —espetó Sunny con cansancio.
—Lo sé, pero es que no…
—Puedes creerlo —completó Danielle por Rose —Sí, estoy de acuerdo contigo.
—¿Y eso? —se extrañó Paula —Tú eres la que menos debería alegar. Ni siquiera quieres hablarle a tu pretendiente.
—Sí, pero eso no significa que no tenga una opinión al respecto —Danielle hizo un gesto de mano frío y un tanto altanero, revelando con ello su parecido con sus padres.
—Bueno, dejen a Hally que nos cuente —pidió Amy, con su habitual serenidad —¿Y qué más pasó, Hally?
—Ya se los dije, nada —Hally les sonrió con indulgencia, complacida por las caras incrédulas de sus amigas —Luego de eso, Melvin se ofreció a ayudarme a repasar para los exámenes y yo acepté. Nos veremos mañana en la biblioteca después del almuerzo.
—O sea… ¿en serio no te dio un beso?
—¡Rose! —soltó Hally con una mueca.
—Quiero saber —se defendió la pelirroja.
—No, no me dio nada —respondió Hally, sonriendo nerviosamente —Dice que lo va a reservar para una ocasión especial.
—¿Ocasión especial? —Sunny puso los ojos en blanco.
—¿Qué ocasión es más especial que ésta? —Rose miró a su amiga como si no creyera lo que oía y soltó de nueva cuenta y en voz baja un no puedo creerlo.
—Estoy de acuerdo con este par —Paula señaló a Rose y a Sunny —Y si tomamos en cuenta que ellas están de acuerdo, parece una señal del fin del mundo.
—¡Oye! —se ofendieron las aludidas.
Amy y Danielle soltaron una carcajada.
—Vamos a comer —pidió Hally —Por contarles, no me dejaron probar bocado.
Las demás estuvieron de acuerdo y corrieron al Gran Comedor, dado que la hora de comer casi terminaba. Casi no hablaron para no entretenerse, pero Hally recordó algo.
—Danielle, Sunny¿conocen a un tal Zabini?
Las dos nombradas se miraron y a la vez, hicieron una mueca de disgusto.
—Sí, va en cuarto —respondió Danielle —Su padre y el mío eran amigos, así que puedes imaginarte cómo piensa.
—Es un creído de lo peor —consideró Sunny —Según sabemos, es el favorito para ser prefecto el curso que viene.
Hally caviló la información unos segundos y al decidir que no era muy importante, fue cuando ella y sus amigas llegaron al Gran Comedor. Se despidieron, cada una fue a su mesa y al sentarse, comieron de lo poco que encontraron, siendo observadas por sus amigos como si se hubieran vuelto locas.
—¿Y bien? —se atrevió a preguntar Henry luego de un rato —¿Qué pasó, chicas?
—Nada —contestó Rose con decepción.
—¿Nada de qué? —insistió Henry.
—Pues eso, nada —Rose dejó a un lado su plato, bebió un poco de jugo de calabaza y prosiguió —Bueno, no exactamente. Corner le pidió a Hally que fueran novios, pero…
¡Crash! El sonido de metal chocando con metal interrumpió a Rose por un segundo. Frente a ella, junto a Hally, Procyon había dejado caer los cubiertos sobre su plato.
—Lo siento —se disculpó Procyon, recogiendo el tenedor y el cuchillo —¿Decías, Rose?
La pelirroja temió continuar, y Henry pudo percibir con su Legado que lo que Rose decía le había caído a Procyon como balde de agua fría, pero fue Hally quien los sacó del apuro al relatarle a Procyon, con una gran sonrisa, cómo le había ido en su cita. El niño la escuchó con atención, pero a Rose y a Henry les pareció que entre más hablaba Hally, más triste se veía Procyon.
—Felicidades —logró decir el niño de cabello negro, sonriendo ligeramente —Pero recuerda que la primera salida a Hogsmeade es con tu querida Orden —bromeó.
—Sí, eso ya lo sé —aseguró Hally, tomando una manzana de un frutero cercano —Se lo comenté a Melvin hace una semana.
Y es que durante las vacaciones de Semana Santa, la Orden del Rayo acordó que su primera salida al pueblo la harían todos juntos, para disfrutarla a lo grande.
—En ese caso, te llevaré a conocer Zonko —dijo Rose de improviso —Hay allí bromas de tío Fred y tío George que te encantarán.
—Yo quiero ir a Honeydukes —Henry lo comentó tan a la ligera, que sus amigos lo miraron con extrañeza —¿Qué? Me gustan mucho los dulces.
—No lo dudamos —dijo Rose con sarcasmo —Pero pensamos que no querrías ir allí.
—¿Entonces a dónde?
Eso fue el inicio de una de las ya frecuentes discusiones de Rose y Henry, esta vez sobre los gustos de cada uno. Hally los miró un momento con interés, pero luego se volvió hacia Procyon con un gesto que quería decir que la situación le aburría mucho.
Si no hubiera estado tan contenta por lo que le había pasado en su cita, habría notado la ausencia de sonrisa de Procyon.
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Rebecca Copperfield no esperaba volver a ver a Katrina Turner luego de entregarle el sobre que pidió sacar de la cámara de Gringotts del difunto Charles, pero se sorprendió cuando a principios de junio, la mujer se puso en contacto con ella. Sorprendentemente, usó el teléfono, artefacto que Rebecca había mandado instalar en su departamento por mera suposición de que tal vez, la requirieran de parte de la escuela de Benny.
Y es que Katrina, muy a su pesar, no había comprendido cierto detalle del contenido de uno de los pergaminos del sobre. Más bien, no acababa de comprenderlo al relacionarlo con la información que le había enviado su amiga Isa, así que pensó que con un poco de ayuda, lo lograría. Katrina aceptó ver a Rebecca cuando la chica terminara sus clases.
La Escuela de Sanación estaba en Avalon, isla ubicada en el Canal de la Mancha, oculta a los ojos de los muggles por muchos y antiguos hechizos. Avalon, al principio, estaba en la Bahía de Cardigan, frente a las costas de Gales, pero los magos ingleses llegaron a un acuerdo con los galeses para cambiarla de ubicación, dado la fama que estaba alcanzando con las leyendas muggles acerca de Merlín y sus actividades por aquellos lugares. Actualmente, Avalon era la única isla enteramente mágica de Gran Bretaña, semejante al pueblo de Hogsmeade, y su principal actividad era… el turismo.
Los magos y brujas tenían pocas opciones para vacacionar con las comodidades de la magia, así que Avalon, llena de lagos, montañas, bosques y praderas, todo en un mismo lugar, era la opción más codiciada. Nombrar a Avalon era nombrar un paraíso y ningún mago que la conociera podía negar eso. Por esa razón, era extraño que fuera la sede de la Escuela de Sanación de Reino Unido, pues una institución educativa tan seria y centrada no quedaba con el ambiente alegre y vivaz de la mayor parte de la isla.
Ambiente que los estudiantes solían aprovechar al máximo los fines de semana o cuando no tenían clases. Los alumnos de la Escuela de Sanación eran conocidos por ser brillantes, pero sin nada qué hacer, totalmente alocados. A los que además de estudiar en la Escuela recibían hospedaje de parte de ésta en la isla, los frenaba un poco el hecho de que si eran atrapados en algún escándalo, se les expulsaría de la Escuela de inmediato, así que dichos jóvenes no podían permitirse muchas fiestas.
Ése era el caso de Jason Bradley, que a diferencia de Rebecca, había tenido que pedir alojamiento por parte de la Escuela de Sanación porque no era muy bueno en aparición y el uso de la red Flu hacia el exterior era carísimo. Además, Jason ganaba su propio dinero trabajando los fines de semana en Apple Beach (1), la principal playa de la isla, como mesero en un restaurante, así que de todas formas, no tenía tiempo de salir de Avalon aunque lo hubiera querido.
—¡Hola, Rebecca! —saludó Jason a la joven la tarde de aquel sábado de junio, el segundo del mes —¿Qué haces por aquí?
La chica estaba entrando al Excalibur, el restaurante donde trabajaba Jason, y en la hora pico. La mayoría de los clientes eran cansados magos y brujas que volvían después de largos paseos por la costa o por las cercanas tiendas. Aunque el restaurante no hubiera sido célebre, seguramente llamaba la atención por el enorme letrero que lo anunciaba, que incluía el dibujo de una hermosa espada de empuñadura dorada clavada en una tosca piedra. Pero el Excalibur tenía bien ganada su fama por la excelente comida que servía.
—Vengo a reunirme con alguien —respondió Rebecca sencillamente.
—¡Ah, vaya! —Jason sonrió y le señaló a un mago de túnica gris con motivos dorados en la entrada —Anúnciate, porque como soy un simple mesero, no te puedo colar.
La joven rió por el comentario y fue a anunciarse.
—Mesa para Turner, por favor —dijo.
El mago, seriamente, revisó en un pergamino.
—Sí, aquí está —avisó —La señorita Turner ya llegó. Mesa quince —y levantando una mano, el mago hizo sonar una campanilla dorada.
Al instante, una joven bruja con una túnica gris de cuello dorado llegó ante ellos.
—Conduzca a la señorita a la mesa quince, Alanna.
La joven bruja asintió y le hizo un gesto a Rebecca para que la siguiera. En menos de dos minutos, Rebecca pudo distinguir a aquella mujer morena, hermosa y de semblante triste sentada a una mesa redonda con vista a la playa, vestida de azul.
—Buenas tardes, señorita —saludó Rebecca en cuanto se sentó y Alanna se retiró con la indicación de volver más tarde para tomar la orden.
—Buenas tardes, Becky —saludó Katrina a su vez, con voz cansada —Es agotador ir y venir de la Europa continental a Reino Unido. Además, tuve que pelearme con mi jefa, pero… En fin, espero que no hayas tenido muchos problemas para venir a verme.
—No muchos, la verdad —Rebecca se encogió de hombros, aunque le parecía muy extraño que alguien que no fuera uno de sus hermanos la llamara Becky —Sólo tuve que trabajar más rápido en mi práctica de Encantamientos Sanadores. ¿Qué se le ofrece?
Katrina se tomó su tiempo y miró hacia la entrada del restaurante, por donde entraba en ese momento una mujer de túnica marrón con el cabello muy corto y de tono castaño cenizo, que sonrió al ver a Katrina y se dirigió hacia ella.
—Buenas tardes y disculpen la demora —la castaña recién llegada tomó asiento y Rebecca pudo oírle un ligero acento alemán en su inglés.
—No hay problema —aseguró Katrina, con una ligerísima sonrisa —Isa, te presento a Rebecca Copperfield, la hija mayor de Charles. Becky, ella es Isa… Klaus, una vieja amiga de la Europa continental.
Las nombradas se estrecharon las diestras por encima de la mesa, aunque a Rebecca no le pasó desapercibido el leve titubeo de Katrina al decir el apellido de Isa.
—Isa, simplemente hay algo que no entiendo —Katrina se volvió directamente a su amiga, como si Rebecca no estuviera, cosa que a la joven incomodó un poco —Me mandaste las palabras que te pedí, pero ahora estoy más confundida que antes. ¿No pretenderás que me ponga a buscar a chicas a las que les llamen así, verdad?
Isa ladeó ligeramente la cabeza hacia un lado, en actitud pensativa, para luego asentir.
—Según lo que me enviaste, sí. Aunque no creo que debas tomarlo tan literal. Por el origen de las palabras, debes empezar por brujas de México, China y territorio israelí y palestino. La última es la más difícil.
Katrina golpeó levemente la mesa con una mano, pero Rebecca pudo ver que con el movimiento, depositó un pergamino sobre la superficie de madera justo cuando Jason se les acercaba con una servil sonrisa.
—Soy Jason, su mesero en esta ocasión¿puedo tomar su orden?
Tanto Isa como Katrina dejaron su charla, miraron la carta y solamente pidieron algo de beber. Rebecca, como no había comido, decidió pedir salmón ahumado con guarnición y una cerveza de mantequilla fría. Después de todo, no podía darse el lujo de comer a diario allí, y quería aprovecharlo.
Jason se retiró con una inclinación y guiñándole un ojo a Rebecca, a lo que ella correspondió con una sonrisa divertida.
—Cuidado con lo que haces, Becky —susurró Katrina con ojos entrecerrados —Una sonrisita de ésas podría causarte problemas con tu novio.
—¿Sabe que tengo novio? —se extrañó Rebecca.
—Era el pelirrojo pecoso que vi en tu departamento¿no?
—¡Ah, sí! —la chica rió —Pero no hay problema. Jason es compañero de la Escuela y además, amigo de Ángel.
Katrina asintió.
—Katrina¿y la fecha? —inquirió Isa entonces —¿Ya sabes cuál es ese doble día?
Katrina negó esta vez, mientras Rebecca atendía la conversación de manera discreta.
—Por el momento esa parte no me interesa —desdeñó Katrina con un gesto —Necesito encontrar a esas tres chicas, que son las que le interesan al pariente de tu amorcito. Con ellas, podrá ir directamente por las que realmente van a satisfacerlo: el otro par de chicas.
—Pero sabiendo la fecha, las encontrarías antes —razonó Isa —Creéme, no creo que haya un par de chicas que nacieran con las características algún otro día.
Mientras las dos mujeres seguían discutiendo en voz baja, Rebecca fijó sin querer la vista en el pergamino que Katrina había dejado en la mesa. Parecía viejo, a juzgar por lo amarillento que lucía, y las palabras apenas se distinguían. Sin embargo, estaban en inglés y eso para Rebecca fue más que suficiente. Con lentitud, se lo acercó y lo leyó con esmero, tratando de ayudar. Y entonces…
—Su orden, señoritas —Jason se acercó con una charola en una mano y depositó las bebidas y la comida frente a sus respectivas dueñas. Acto seguido, se retiró.
—Descansemos un poco, esto no nos lleva a ninguna parte —dijo Katrina de forma un tanto terca, bebiendo un sorbo del largo vaso que había frente a ella.
Isa asintió, esbozando una sonrisa divertida, y también bebió, pero tanto ella como Katrina no tardaron en darse cuenta que Rebecca no tenía los ojos fijos en el plato al comer. Se llevaba el tenedor a la boca con buen tino, dado que miraba algo en la mesa con toda la atención del mundo. No fue sino hasta que Katrina lo miró que soltó un grito ahogado que logró que Rebecca dejara caer su cubierto.
—¡Cómo es posible! —exclamó Katrina sorprendida, quitándole a Rebecca el pergamino que leía —No deberías meterte en este asunto, Becky.
—Pero si el acertijo estaba entretenido —soltó Rebecca tímidamente —Casi lo tenía.
—¿Te gustan los acertijos? —inquirió amablemente Isa.
Rebecca asintió, esbozando una sonrisa nostálgica.
—Es de lo poco que recuerdo de papá —contó la chica —A los dos nos gustaba resolver los crucigramas del periódico de mamá.
—Marissa leía el Times —recordó Katrina, frunciendo el ceño —Y los muggles suelen usar acertijos en sus crucigramas que son ligeramente más difíciles que los de nuestro Profeta. Si lo que dices es cierto, entonces contéstame una cosa —Katrina tomó su pergamino y señaló cierta frase —¿Qué significa esto?
Rebecca leyó donde señalaba Katrina y sonrió en son de triunfo.
—Ésa es fácil —sentenció —Se refiere al veintiséis de junio.
Katrina e Isa se miraron condesconcierto.
—¿Cómo estás tan segura? —preguntó Isa.
—Porque dice que ese doble día es el cuarto día del boreal tiempo veraniego, que en palabras simples se refiere al cuarto día de verano del hemisferio norte. Y en la mayoría de los calendarios, el inicio del verano en el hemisferio norte está marcado el veintidós de junio. Por lo tanto, el cuarto día es el veintiséis. Ahora que lo recuerdo…
—¿Qué? —soltó Katrina impacientemente, sin poder evitarlo.
—En Londres, hubo un veintiséis de junio muy raro, sólo que no recuerdo de qué año. Hasta salió al día siguiente en los periódicos que ese día, a pesar de ser verano, hizo mucho frío en la mañana, pero que en la noche el termómetro rebasó los cuarenta grados. Lo recuerdo porque mamá dijo que en el hospital donde trabajaba llegaron muchos pacientes enfermos por el brusco cambio de temperatura.
Las dos mujeres se miraron otra vez, pero ahora entre asombradas y un tanto temerosas. La revelación les caía como anillo al dedo, pero seguía siendo peligrosa.
—No deberías haber leído eso —dijo por fin Katrina tras unos minutos de silencio —Si te soy sincera, ni siquiera yo debería conocer eso. Es una profecía. Una de verdad.
Rebecca se quedó anonadada.
—La conseguí en la misión en la que estoy trabajando actualmente, porque es una especie de clave para salvar personas inocentes —explicó Katrina, al parecer resignada a que Rebecca estuviera implicada en el asunto —No he logrado descifrarla toda, pero si lo hiciera, podría responder muchas preguntas. Ya tengo una parte, pero si de verdad eres tan buena con los acertijos —sonrió con nostalgia —espero que me ayudes. Aunque te advierto algo: Charles lo estaba haciendo y ahora él y Marissa están muertos. No quisiera que te pasara lo mismo.
Pero Rebecca negó con la cabeza.
—Quizá haya estado en Hufflepuff, como papá, pero no soy una Hufflepuff ordinaria —declaró, para sonreír con cierta astucia al segundo siguiente y agregar —No se puede ser novia de un Insólito siendo común y corriente.
—¿Qué es un Insólito? —se extrañó Katrina.
Isa se lo explicó en cinco minutos, aclarando que su hija le había contado de ellos.
—En ese caso, muchas gracias —Katrina miró a Rebecca con ojos brillantes —Aunque te agradecería que te pusieras en contacto con uno de mis colegas. Él también me ayuda a descifrar la profecía y déjame decirte que es casi tan bueno como Charles en eso de los crucigramas. Lo encontrarás fácilmente en el Ministerio, en el Cuartel General de Aurores.
Rebecca se sorprendió. Esperaba que Turner (como ella conocía) trabajara en algún área importante del gobierno mágico, pero que fuera aurora… Era demasiado para ella. Aunque el colmo fue lo que Turner dijo a continuación.
—Solamente pides ver a Jim Black de parte de Katy y él no pondrá reparos. Y le explicarás lo que te diga a continuación.
Y un tanto admirada de que tendría contacto con un Black, escuchó concienzudamente las instrucciones de Katrina, prometiendo que las seguiría al pie de la letra; sobre todo la que decía que no le hablara de eso a nadie, ni siquiera a Ángel.
Lo que por cierto, le supondría un pequeño problema. A él nunca le ocultaba nada en lo que llevaban de relación. Además, era un Insólito: si se lo proponía, podía sonsacarle la información. Para colmo, a ella no le gustaba mentirle, sentía que lo traicionaba. Así que no le quedaba de otra más que enterarlo… sin que Turner se enterara.
(1) En inglés, Apple Beach literalmente significa Playa Manzana.
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¡Hola, gente linda! Aquí Bell Potter gustosa de saludarlos. ¡Vaya capi! No tanto por lo que trata, sino por lo que me tardé en que estuviera listo. ¡Tres días! Es que nomás no se me ocurría cómo seguirle al ir casi por el final, y cuando se me ocurrió el resto (que fue poco), me salió… Bueno, ustedes juzguen el final. Para ser sincera, tenía una especie de bloqueo (me pasa seguido) y por eso el capi no me salía. Pero ahora que salió, pasemos a las curiosidades.
Lo más relevante es la introducción de Avalon (se pronuncia "Ávalon", se castellaniza "Avalón"), que en las antiguas leyendas, es la mítica isla donde llevaron al rey Arturo a curarse las heridas luego de sus batallas. ¿Cuáles batallas? No lo sé, se supone que enfrentó bastantes al ser rey de Britania (por allá en la frontera entre Inglaterra y Gales), así que supongo que lo pusieron muy mal. Quien haya oído de las leyendas del rey Arturo y sus caballeros de la Mesa Redonda, sabrá de lo que hablo. Así como sabe que "Excalibur" (se pronuncia con acento en la "a", por lo que sé) era la espada mágica de Arturo, que consiguió al sacarla de una piedra (al menos en eso coinciden las leyendas "oficiales" y la versión de Disney).
En cuanto al nombre de la playa… A Avalon también se le conoce como "tierra de las manzanas", pues según la cultura de esas regiones, las manzanas simbolizan la juventud eterna que se ganan los héroes vencedores. Creí que sería un lindo detalle.
Ya había mencionado detalles del rey Arturo en este fic, sobre todo con los datos que la misma Rowling ha puesto en los libros. Uno de los nombres de Dumbledore, por ejemplo, es el de uno de los caballeros de Arturo: Percival. Aunque también se le conoce como Parsifal, por si lo hallan en alguna otra historia. Pero en fin, basta de clases de Literatura y leyendas. Pasemos a otro asunto.
¿Qué les pareció el primer noviazgo oficial de la Orden? Bueno, de la Orden en sí no, sino de uno de sus miembros. Hally sí que sabe cómo emocionarse¿no? Es que me imagino que una niña de doce años no reacciona muy rápido. En fin¿creen que haya alguna cosa razonable por la que Melvin le dé las gracias por su respuesta? Quien me diga la mejor, quizá se gane una participación en el fic. Total, ya otorgué una (sí, Yare, estoy hablando de ti¡gracias otra vez por Katy!).
Ahora sí, me despido. Cuídense, vivan la vida y nos leemos pronto.
