Advertencia: Porno Klaroline #okno


Capítulo 51: En el bosque

Klaus Mikaelson
Cabaña escondida en el bosque, Mystic Falls

Era demasiado bueno para ser cierto, era suya... toda suya. Su piel, su aroma, su cuerpo entero. Suave, delicioso, tentador. No podía creer hasta que punto su ardiente deseo por ella lo estaba descontrolando. Se sentía como en otro mundo, aún no asimilaba que en verdad la había hecho suya, que ella se había rendido ante sus caricias, que dejó que la poseyera totalmente, que se haya entregado al fin. ¿Era eso la vida real? ¿No estaba en una alucinación? ¿O era un universo paralelo en el que después de tanto años de soledad y sufrimiento al fin alcanzaba esa paz y plenitud con la que siempre había soñado pero jamás se atrevió a admitir? Y era ella quien lo llevaba a ese mundo maravilloso. Si, era real. Caroline era suya. Pero por si las dudas, mejor hacerlo otra vez. Una y otra vez. Escuchar sus gemidos muchas veces, sentirse dentro de ella, penetrarla sin piedad, escucharla pedir más.

Caroline estaba desnuda a su lado en la amplia cama, hace unos minutos acababan de volver a hacerlo y vamos...aún no se lo creía. Tenía que probarla otra vez. Ella se acomodó de pecho en la cama estirándose un poco perezosamente. La visión de su cuerpo tan suave y desnudo tentándolo nuevamente lo puso a mil. Acercó su rostro a ella, lo hundió en sus cabellos y aspiró su delicioso aroma, ese perfume tan especial y único de Caroline que lo sacaba de quicio. Ella soltó una risilla y luego Klaus movió su rubia cabellera a un lado para posar delicadamente un beso en su cuello. Uno, seguido tras otro y otro. Sus labios fueron bajando lentamente por uno de sus hombros y luego descendió hacia su espalda desnuda, empezando a marcar un exquisito camino por su columna. Caroline suspiró hondamente mientras sus labios seguían bajando por su espalda hasta sus nalgas.

Sus manos se posaron en sus caderas y mientras las acariciaba lentamente sus labios besaban sus suaves nalgas, tenía hasta ganas de morderla, de ponerse salvaje un rato. Pero un momento Klaus... hay que controlarse un poco. Ella es una princesa, una reina, una diosa. Su reina. Y la iba a tratar con delicadeza... al menos en los próximos minutos. Porque Caroline había demostrado ser también una amante hambrienta, insaciable, siempre pedía más, sentía que en todo momento deseaba experimentar sensaciones más intensas... y por supuesto él estaba dispuesto a complacerla y a enseñarle de todo y así descubrir lo que eran capaces de hacer juntos.

- Oh Klaus...- dijo luego de suspiró - te necesito, quiero sentirte adentro... - dijo con voz ansiosa. Y él también se moría por sentir su miembro aprisionado dentro de ella, quería hacerla gritar y moverse tan duro que destrocen la cama, la deseaba demasiado, tanto que todo el cuerpo le dolía, su poderosa hombría erecta estaba dura, firme y ansiosa de entrar a casa. Caroline seguía acomodada sobre la cama, descansaba plácidamente sobre las almohadas. Y él ahí abajo, listo para darle todo lo que le pedía.
- ¿De verdad? - preguntó con una sonrisa, mientras rozaba su trasero con la yema de sus dedos y lentamente uno de ellos bajó hasta llegar a su intimidad.
- ¿No te das cuenta de lo mojada que estoy? - le susurró con voz ardiente. Y si, estaba muy mojada.
- Me doy cuenta.
- ¿Entonces qué esperas? ¿Me quieres matar de las ansias?
- Algo así - respondió mientras su firme dedo empezaba a moverse circularmente ahí y sus labios seguían besando sus nalgas, al cabo de unos segundos Caroline empezó a gemir y su cuerpo a temblar sobre la cama mientras dos de sus dedos la penetraban y su lengua se paseaba ávidamente por sus nalgas.
- Eso, sigue por favor...oh cielos... me encanta... - decía jadeante. Sus dedos entraban y salían rápidamente, pero estaba prontos a ser reemplazados.
- ¿Quieres más? - preguntó él mientras se ponía de rodillas detrás de ella.
- Que delicia... - le dijo extasiada - pero necesito algo más grande... dámelo Klaus,... dámelo... - pedía con voz ansiosa, cargada de deseo y necesidad.

El movimiento fue rápido, con ambas manos tomó sus caderas, levantó un poco su trasero para alcanzar una posición adecuada para penetrarla, su miembro entró primero hasta la mitad y se quedó quieto ahí una instante corto en lo que Caroline gritaba extasiada, complacida de sentirlo al fin. Y luego entró con todo, se clavó en ella con fuerza y empezó a moverse sin parar, entrando y saliendo con facilidad, haciéndola gritar enloquecida de tanto placer. La tenía bien cogida de las caderas mientras le daba sin parar en esa posición. Pero quería ver su rostro, quería ver sus senos saltar mientras su cuerpo se movía con cada arremetida salvaje. Salió de ella un corto instante en el que ella protestó al sentirse vacía. Caroline se giró y quedó de espaldas al lecho, se miraron a los ojos un momento, luego la vista de Caroline fue recorriéndole lentamente, paseándose por su pecho, torso… y terminando finalmente posada en su miembro erecto, ansioso de hundirse en ella otra vez. Caroline se mordió los labios, lo miró con una sonrisa pícara y lo llamó sensualmente con los dedos.

- Vamos Klaus…. Ven a mi… dámelo… - y claro que se lo dio, abrió sus piernas despacio y hundió su cabeza entre ellas para dejar que su lengua hiciera un poco del trabajo primero. Caroline estaba extasiada y él más encendido que nunca al verla así, completamente entregada a él y al placer que le daba. Ella presionó su cabeza, sus manos revoloteaban sus cabellos mientras su cuerpo se sacudía en un orgasmo. Apenas la dejó respirar unos segundos antes de volverla a penetrar, pero ahora lentamente. Entró con suavidad, haciéndola sentir el pase de cada centímetro en su interior. Caroline se aferró a las sábanas suspirando, jadeando, estaba en el éxtasis. Y así empezó una deliciosa y exquisita danza de caderas, con sus piernas aferradas a él, sus manos disfrutando de su exquisita piel para luego atraerla y devorar su boca con ansias. Nunca, jamás se iba a cansar de tenerla. Era una sensación demasiado plena y alucinante para ser de este mundo, era exquisito sentir el rozar de sus cuerpos, besar sus deliciosos labios e irse al cielo mientras la penetraba una y otra vez. Cuando llegaron al orgasmo cayeron en la cama con sus cuerpos unidos, jadeantes, ansiosos e insaciables uno del otro. Había sido divino.

No se separaron mucho, él se recostó en la cama con ella entre sus brazos, su cabeza apoyada en su pecho mientras que una de sus largas y firmes piernas estaba sobre él también. Wow… y mil veces wow. Caroline lo traía loco, moría de deseo y ganas de ella, pero no sólo de su cuerpo. Quería poseerla toda, en cuerpo y alma, tenerla para siempre y sólo para él. Quería su cuerpo, su alma, su amor también. No recordaba haberse sentido tan feliz en mucho tiempo. Caroline suspiró mientras uno de sus dedos jugueteaba en su pecho. Él acarició despacio sus cabellos, ella era simplemente preciosa. Y aún no podía creer que eso en verdad estuviera pasando, que Caroline estuviera así a su lado.

- Ha sido maravilloso… - dijo ella despacio – no quisiera tener que irme.

- No tienes por qué irte. Este lugar es seguro, podemos quedarnos acá el tiempo que quieras.

- Lo sé, este sitio es… bueno… como nuestro lugar secreto.

- Si, nuestro lugar – le gustó como sonó eso. Un lugar de ellos dos, su sitio en el mundo. El lugar donde se habían amado por primera vez y que sin dudas sería testigo de muchas otras repeticiones.

- Eres maravilloso.

- Tú eres exquisita – le dijo y buscó sus labios para besarla despacio, con dulzura. Fue un beso suave, todo lo que hacía con ella era maravilloso y especial. Se separaron un momento y se miraron a los ojos para luego sonreír.

- No quiero irme.

- Pero tienes que hacerlo, ¿verdad?

- Mamá se va a preocupar, ya debe estarlo… llevo dos días sin dar noticias.

- Puedes llamarla y decirle que estás bien.

- No será lo mismo, eso no va a calmarla, la conozco bien.

- No me agrada la idea de que estés sola esta noche –le dijo con un poco más de seriedad – no después de todo lo que ha pasado. Si quieres que regresemos prefiero que te quedes en la mansión.

- Klaus, no puedo decirle a mamá que me quedaré en tu mansión. Eso sería… raro. Pediría mil explicaciones y sólo se va a complicar todo. Tengo que volver – si claro, tenía razón. Después de todo tenía 18 años y aún no se desprendía de sus raíces humanas. No la culpaba de eso, era natural. Y él era muy paciente en lo que a ella se refería.

- Está bien –dijo dándole un beso corto – igual mandaré a alguien para que vigile tu casa durante la noche.

- Todo va a estar bien, lo prometo – contestó ella con una linda sonrisa para repetir el acto y darle otro suave beso – además el hecho de que pase la noche en casa no significa que no puedas meterte por mi ventana –le dijo con picardía. Él también sonrió. Una propuesta tentadora.

- Vamos a tener mucho cuidado… ya sabes que me gusta hacerte gemir fuerte – respondió con voz ronca y ardiente mientras se sentaba. Él acariciaba su espalda, una vez más tenía ganas de ella.

- Va a ser peligroso, pero valdrá la pena – le dijo también con el mismo tono sensual. Los labios del híbrido bajaron hacia su cuello, quería comérsela toda, quería hasta morderla y saber a que sabía su sangre –Klaus… Klaus… en serio debe ser tarde, quiero seguir pero.

- Si, entendí –dijo separándose con una sonrisa traviesa – pero es que no se me quitan las ganas de ti – ella le sonrió y le dio otro beso antes de pararse al fin de la cama y ponerse a buscar su ropa. Él la miraba detenidamente, era preciosa… y toda suya.

- Insaciable –bromeó ella mirándolo de reojo mientras se ponía las bragas.

- No podrás detenerme ahora Caroline, apareceré de la nada para comerte, cariño.

- El señor original me amenaza con violación sistemática? No tienes idea de como me encanta esa idea –ella ya casi había terminado de vestirse, él seguía bien tranquilo y desnudo sobre la cama.

- No me provoques Caroline, no sabes de todo lo que soy capaz de hacerte.

- Y quiero saberlo… pero tienes razón, ahora no.

- Ahora no – repitió mientras se ponía de pie, también tenía que vestirse pero, ¿dónde habrá dejado la ropa? Voló por todos lados, su paradero era de destino incierto.

- ¿Buscas esto? – Caroline le alcanzó los pantalones, al menos era un avance.

- Todo sería más fácil si estuviéramos desnudos todo el rato – bromeó mientras se ponía los pantalones, la camisa quien sabe donde andaría.

- Anarquista – bromeó ella nuevamente. Klaus se acercó a tomarla de la cintura y a besarla desde la espalda. Ella rió juguetonamente mientras sus frentes se quedaron juntas un momento – gracias por esto Klaus… no tienes idea lo feliz que me has hecho – murmuró.

- No tienes porque agradecerme –respondió en el mismo tono –sólo tus palabras ahora mismo me hacen tan feliz que no puedo explicarlo – dijo con verdadera emoción. Eso era más que un sueño hecho realidad.

Salieron sin muchas ganas de la cabaña para emprender la marcha al pueblo. Del brazo, de la mano, dándose besos de a ratos, sonriendo risueñamente como dos adolescentes. La llevó hasta la puerta de su casa y ahí le dio un tierno beso de despedida… tal y como había soñado hacer hace tiempo. No se había dado cuenta, pero durante todo ese tiempo no había dejado de sonreír. Y cuando al fin ella estuvo dentro de casa y él camino a la mansión fue que despertó al mundo real.

Un mundo donde había una maldita conspiración en su contra, donde había dejado a sus hermanos a cargo del secuestro y tortura de los cómplices y que ya a esas alturas debían de saber mucho sobre los planes de Esther. Y también estaba el detalle que uno de los secuestrados era Tyler, el aparentemente novio muerto de su Caroline. Tenía dudas…. ¿Será que ella se iba a molestar cuando supiera que lo tenía bajo su poder? Él le había hecho daño, pero Caroline era un alma bondadosa en realidad… si, quizá le moleste mucho. Ya vería como manejar a ese miserable. Llegó a la mansión, parecía muy silenciosa, el salón estaba solitario, en el ambiente se olía la sangre ajena. Al parecer Rebekah y Kol habían renovado sus tácticas de tortura. Fue a la sala, quizá hubiera alguien ahí que le haga un reporte. Se detuvo en seco apenas la vio. Priss estaba sola ahí. Y apenas lo vio ella se puso de pie sonriente… y a los pocos segundos él también estaba sonriendo… ¿pero qué rayos le pasaba?

- Ho… hola…. Klaus – dijo nerviosa, como si intentara controlar una alegría irracional que sentía al verlo. Y él compartía ese sentimiento, se descubrió tratando de controlar las ganas de correr hacia ella.

- Hola, ¿cómo estás? No te he visto desde ayer – "¡Calla! ¡Calla! Eso no importa", le gritaba la voz de la razón. "¿Y Caroline? Acabas de verla y ahora esto…" se dijo con fastidio.

- Bien, Kol me llevó al médico, me curaron bien el brazo de tantos cortes – Priss empezó a caminar lentamente hacia él y le enseñó las vendas de su brazo. Al ver eso una especie de alarma interna se disparó. Algo irracional, algo que hasta le dio miedo. Una especie de instinto de protección que no tenía explicación. Se acercó rápidamente y la tomó de las manos.

- ¿Pero ya te sientes mejor? Esos cortes te hicieron mucho daño, ¿verdad? No debí cortarte tan hondo… sólo quería un poco de sangre. No quería que tengas que pasar un mal rato – "¡Basta basta! ¿Te das cuenta de lo que haces? ¡Esta chiquilla es tu enemiga! Ella puede matarte con su sangre, ¿y la cuidas como bebé?", se reclamaba a sí mismo. Pero no por eso dejaba de apretar las manos de Priss y de mirarla preocupado.

- No… no es tu culpa, ninguno de los dos sabíamos que esto iba a pasar – respondió ella suavemente. Soltó una de sus manos y la llevó a su mejilla despacio – Klaus, no me has hecho daño… de verdad. Sé que esto es un poco loco, pero hasta ahora sólo has cuidado de mi, te lo agradezco mucho.

- No tienes que agradecerme por eso – se quedaron unos segundos mirándose a los ojos. Algo le provocaba esa chiquilla… algo que lo descontrolaba. Pero no era como con Caroline, ella lo sacaba de control pero de una manera maravillosa, que lo hacía sentir bien. El poder que Priss tenía en él lo asustaba… pero a la vez lo atraía. Era peligroso, estaba mal, no era correcto. Pero no podía evitarlo y le daba rabia eso. No poder controlar una atracción que no entendía. Como si los dos se dieran cuenta de pronto de eso se separaron rápidamente e intentaron separarse lo más lejos posible, cada uno al extremo de la sala.

- Kol está abajo… con ese tipo Tyler – informó – me dijo que me quedara acá.

- Si… pero creo que es mejor que vayas con tu madre. Arriba – lejos de él. Lejos sin tener que provocar ese descontrol en él. No sentía nada por ella, ¿entonces por qué? ¿Por qué? ¿Por qué le provocaba acercarse más y más? ¿Por qué lo que acababa de pasar con Caroline le parecía ahora tan lejano desde que esa chica apareció al frente?

- Si yo… mejor me voy – ella también pareció entenderlo rápidamente y salió corriendo de la sala. Cuando al fin estuvo fuera del alcance de su vista Klaus se relajó.

- Vaya… esta es peor que una Putova – dijo alguien detrás de él. Y sonrió de pronto.

- Esa voz me parece familiar – contestó mientras volteaba. Y si, ahí estaba Noelia acompañada de Beatrice y Sabrina.

- ¡Ay no seas mala! A mi me pareció lindis – dijo Sabrina –sólo que están hechizados, nada más.

- Así que este es el recibimiento de las tres mosqueteras – bromeó Klaus – hace tanto tiempo que no las veo a las tres juntas. Especialmente a ti –dijo mirando fijamente a Noelia. No esperó que ella apareciera de pronto, pero su presencia hacía que algunas cosas encajaran – déjame adivinar… fuiste tú quien envió las cartas a Bea y Sabrina para que vinieran.

- Eso mismo – contestó Noelia mientras se acercaba a él sin dejar de mirarlo – sabes que soy capaz de todo por mi señor.

- Sólo que esta vez se fue un poco a la mierda con ese "todo" – bromeó Beatrice y chocó las manos con Sabrina.

- No seas mala, que a nosotras ya nos "dio", deja que la hermana superiora se reencuentre con el señor – agregó Sabrina, las dos se alejaron entre risas, aunque conociéndolas no les sorprendería que se metan furtivamente a su cama por la noche. Y al fin estaba solo con Noelia en la sala, los dos sonrieron y se acercaron el uno al otro. Se miraban como dos viejos amigos de toda la vida que se reencontraban, pero más que eso, como dos eternos amantes. Y si alguien de Mystic Falls hubiera presenciado esa escena se hubiera sorprendido al ver ese gesto de Klaus…. Quien abrazó a Noelia y ella a él con fuerza. No solía tener esos impulsos, no desde hace mucho. Y vamos… quizá estaba un poco sensible con todo.

- Me alegra verte – le dijo a Noelia al oído – necesitaba que vinieras.

- Y yo nunca le fallaré a mi señor – murmuró ella –y creo que tenemos mucho de que hablar.

- Será mejor que vayamos a un lugar más privado – ella asintió. Que día tan largo le esperaba.