Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Edward

–Ya te dije que me llamarías un día, – dice Rosalie mientras caminamos por el centro comercial.

La llamé ayer y le pedí que se reuniera conmigo después del partido de fútbol de Forks. Necesito su ayuda, porque es la única que conozco que sea lo suficiente repipi para ser un experta en toda esta mierda del baile de bienvenida.

–No alardees de ello, –le digo. –Me sorprende que Emmett no insistiera en venir con nosotros. Vosotros dos estáis unidos por la cadera.

Ella mantiene su concentración en los bastidores de los trajes, tratando de escoger algunos para mí. –No hablemos sobre Emmett.

– ¿Por qué no, es que os habéis peleado?– Bromeo, no creo ni por un momento que mi hermano discuta con su novia.

Rosalie parpadea un par de veces, como si estuviera conteniendo las lágrimas. –En realidad, lo dejamos ayer.

–No hablas en serio.

–Estoy hablando muy en serio, y no quiero hablar de ello. Ve a probarte los trajes antes de que empieces a gritar en medio de la tienda. No va a ser bonito. –Ella empuja los trajes y me espanta para que vaya a los vestuarios. Cuando miro hacia atrás, coge un pañuelo de su bolso y se seca los ojos con él.

¿Qué demonios? No es de extrañar que mi hermano no haya querido hablar mucho conmigo y no me haya perforado sobre Vulturi desde la noche del domingo. ¿Qué hizo para enredar las cosas con Rosalie, la chica que dijo que fue la responsable de cambiar su vida?

Gracias al sobre lleno de dinero de Vulturi, puedo comprar el traje que dice Rosalie que me hace ver como un modelo de GQ. A continuación, recogemos el ramillete que pedí ayer, cuando encontré con una florería que haría una para Bella en poco tiempo. Cuando estamos de vuelta en el coche, me imagino que es seguro preguntarle a Rosalie por la supuesta ruptura. Si llora ahora, nadie va a ver que se le ha corrido el rímel.

No puedo perder más tiempo. La curiosidad me está matando. –Mi hermano y tú estáis asquerosamente perfectos juntos, así que ¿cuál es el problema?

–Pregúntele a tu hermano.

–No estoy con él ahora mismo, estoy contigo. A menos que quieras que le llame... –Saco el móvil del bolsillo.

– ¡No!– Llora. –No te atrevas a llamarlo. No quiero verlo, escucharlo, o tener nada que ver con él ahora mismo.

Oh, mierda, esto es serio. Ella no está jugando, así que mejor pensar rápido en algo. –Llévame al taller. Esta noche voy a tomar prestado el nuevo coche de Emmett.

–Puedes usar mi coche–, dice ella, sin pestañear.

¡Oh, infiernos! Tengo que pensar una excusa de por qué necesito el nuevo coche de mi hermano en lugar de un caliente Beemer convertible. –A Bella le gustan los coches de época. Va a estar decepcionada si voy en un Beemer cuando está esperando un Monte Carlo. Ella no es normal, ya sabes. Y se enfada con facilidad. No
quiero hacerla llorar y tartamudear en el baile.

– ¿Vas a decirme más mentiras hasta que te deje en McConnell?

–Más o menos.

En un semáforo, Rosalie suspira y toma una respiración profunda. –Muy bien, te llevaré. Pero no esperes que salga del coche o hable con él.

–Pero si me llevo su coche, necesitará que lo lleven a casa. ¿Puedes llevarlo, así podré estar listo para el baile? –Mi hermano y Rosalie junto me dan náuseas, pero la idea de ellos separados y miserable sólo... no está bien, no es bueno. Yo les doy un tiempo difícil, pero en el fondo envidio su relación. Cuando están juntos, el mundo podría derrumbarse a su alrededor y nunca lo notarían o se preocuparían, siempre y cuando se tuvieran el uno al otro.

–No me empujes, Edward, –dice Rosalie. –Te dejaré allí y me iré. Pero te voy a dar un consejo para esta noche, y entonces me callo. Refrena tu actitud y tu ego y trata a Bella como si fuera una princesa. Haz que se sienta especial.

– ¿Crees que tengo un gran ego y un problema de actitud?– Le pregunto.

Ella deja escapar una breve carcajada. –Yo no creo que sí, Edward. Lo sé. Por desgracia, es un defecto Cullen.

–Yo lo llamaría una virtud. Es lo que nos hace irresistibles a los hermanos Cullen.

–Sí, lo que sea–, dice. –Es lo que arruina vuestras relaciones. Si deseas que Bella tenga grandes recuerdos de esta noche, sólo recuerda lo que te he dicho y contrólate.

– ¿Alguna vez te he dicho que Emmett te quiere tanto que tiene tu nombre tatuado por todo el cuerpo? Demonios, incluso se tatuó tu nombre en la parte posterior de su cuello.

–Pone 'LB', Edward. Las iniciales de los Latino Blood.

–No, no, no. Lo entiendes todo mal. Él quiere que todos piensen eso, pero en realidad significa amante de Rosalie. LB1, ¿entiendes?

–Buen intento, Edward. En realidad no es verdad, sin embargo ha sido un agradable intento.

Fiel a su palabra, Rosalie me deja en la tienda y se va a toda velocidad. Los neumáticos chirrían en el estacionamiento, algo que estoy seguro de que mi hermano le enseñó a hacer. Es sólo una prueba más de que deben estar juntos.

En la tienda, mi hermano tiene la cabeza bajo el capó de un Cadillac. Me pregunto si es inconsciente de que su reciente ex-novia/amor de su vida apenas se acaba de ir.

– ¿Qué estás haciendo aquí?– me pregunta Emmett cuando se limpia las manos en un paño de la tienda. –Pensé que estabas medio muerto.

–Te sorprenderías de lo lejos que está medio muerto de totalmente muerto, Emmett. En realidad me siento como una mierda, pero estoy haciendo un trabajo cojonudo fingiendo.

–Uh-huh. –Me doy cuenta de que tiene un pañuelo negro puesto, algo que no he visto desde que se fue de los Latino Blood. No es una buena señal. Se ve como un rebelde, como yo. Sé de primera mano que cuando se toma tiempo para verse como un rebelde, actuando como tal no se queda atrás. –Tengo un montón de trabajo por hacer, y tienes que ir a bailar, por lo que si no te importa...

– ¿Por qué has roto con Rosalie?

– ¿Es eso lo que te ha dicho?–, Dice Emmett, su cejas se arrugan en señal de frustración y enfado. Hombre, está enfadado en este momento. Por su aspecto harapiento, no creo que esté durmiendo bien últimamente.

–Mantén tus pantalones, hermano, –le digo. –Ella no me ha dicho nada. Me ha dicho que te pregunte a ti lo que ha pasado.

–Hemos roto. Tenías razón, Edward. Rose y yo somos muy diferentes. Venimos de mundos diferentes y nunca va a funcionar.

Cuando mete su cabeza debajo del capó de nuevo, lo tiro hacia atrás. –Eres estúpido.

– ¿Me estás llamando estúpido? Yo no soy el que involuntariamente se metió en una banda el domingo pasado. –Sacude la cabeza. –Habla de estupidez.

–Te diré que, Emmett. Me lo dices por qué tú y la reina de la belleza habéis roto, y te voy a decir tolo lo que sé de Vulturi.

Emmett suspira, esa acción desinfla un poco su enfado. Sé que quiere protegerme a mí y a nuestra familia por encima de todo. Sabe que la semana que viene voy a ser llamado a la acción por Vulturi. Él no puede resistirse a participar en tratar de ayudarme a salir de esto.

–Sus padres vendrán a la ciudad para visitar a su hermana Bree en dos semanas–, dice Emmett. –Ella quiere decirles que hemos estado saliendo en secreto en serio desde que empezamos la universidad. Ellos saben cómo terminó lo nuestro en Chicago. Fui un idiota total con ella, entonces me fui. –Aprieta sus ojos con las manos y gime. –Mírame, Edward. Sigo siendo el mismo tío con el que no dejaban que saliera en Chicago. Creen que soy la escoria de la tierra, y probablemente tengan razón. Rosalie quiere que vaya a cenar con ellos, como si sólo fueran a aceptar que una chica que estaba preparado para ser una princesa terminara con el hombre que siempre se verá como los pobres y sucios mexicanos de los barrios bajos.

No lo puedo creer. Mi propio hermano, el que luchó con valentía contra su propia banda y no tenía miedo de recibir un disparo por ello, se caga en los pantalones ante la perspectiva de ponerse de pie por sí mismo y mostrar su relación frente a los padres de Rosalie. –Estás asustado–, le digo.

–No lo estoy. Solo que no necesito la mierda.

La mierda es que mi hermano tiene miedo. Tiene miedo de Rosalie se ponga de acuerdo con sus padres de una vez por todas y se deshaga de su culo. Emmett no puede aguantar su rechazo, por lo que se está alejando y rechazándola él a ella antes de que lo que le pueda hacer a él. Lo sé, porque esa es la historia de mi propia vida.

–Rosalie quiere dar la cara por vuestra relación–, le digo cuando veo el antiguo Monte Carlo vintage de Emmett en la esquina de la tienda. – ¿Por qué tú no? Porque eres un cobarde, hermano. Ten un poco de fe en tu novia. Si no, corres el riesgo de perderla para siempre.

–Sus padres nunca van a pensar que soy lo suficientemente bueno para ella. Siempre me siento como el pendejo de clase baja que se aprovecha de su hija.

Tengo suerte porque los padres de Bella son todo lo contrario. Son felices cuando sus hijos son felices, no importa por qué. Tratan de influirnos, pero no juzgan a nadie. Al principio pensé que era un hecho, que nadie me podría aceptar ni siquiera cuando trataba de alejarlos. Creo que los Swan realmente aceptan a las personas por lo que son, con defectos y todo.

–Si crees que eres el pendejo de la clase baja, entonces lo eres. El problema es que, Rosalie no ve diferentes clases sociales o piensa en tu cuenta bancaria cuando está contigo. Es algo repugnante, pero en realidad te ama no importa lo que pase. Tal vez deberíais romper, porque ella se merece un tipo salga en defensa de su relación a toda costa.

–Vete a la mierda–, dice Emmett. –Tú no sabes una mierda acerca de las relaciones. ¿Desde cuándo has tenido alguna?

–Estoy en una ahora.

–Es falsa. Incluso Bella lo admitió.

–Sí, bueno, es mejor que lo que tienes tú, que no es nada. –Camino hacia el Monte Carlo azul. –Para que lo sepas, tenía la esperanza de pedirte prestado el coche esta noche. No por mí, sino por Bella. Sé que piensas que es buena chica, y no queda muy bien usar su coche para llevarla en una cita oficial.

–Estaba pensando en ir a casa de los Swan antes del baile. Me han invitado.

– ¡Ahórrate la molestia!, –digo yo.

–Muy bien. Sin embargo, tráelo de vuelta después del baile, porque estaba pensando en trabajar en él mañana. –Después de tirar el traje y el ramillete en el asiento trasero, dice Emmett, –Pensé que nos odiabas a Rosalie y a mí juntos.

–Me gusta darte mierda, Emmett. Para eso están los hermanos menores, ¿no? –Me encojo de hombros. –Ella no será una chica mexicana, pero es lo mejor que tu culo va a conseguir. También podrías sellar el acuerdo y casarte con la chica.

– ¿Con qué? ¿Con media licenciatura y un coche de época que ofrecer?

Me encojo de hombros. –Si eso es todo lo que tienes, estoy seguro de que se lo lleva. Infiernos, que es mucho más de lo que tengo yo, y más de lo que tenían nuestros padres cuando se casaron.

Peor aún, la causa fue que mamá estaba embarazada de tu feo culo.

–Hablando de feo, ¿te has mirado en el espejo últimamente?

–Sí. Es curioso, Emmett. Incluso con un labio partido y el ojo negro, todavía soy más guapo que tú.

–Sí, claro. Espera –, dice Emmett. – todavía no me has hablado de Vulturi.

–Oh, sí. –Enciendo el coche y revoluciono el motor. –Te lo contaré mañana. Tal vez.

Cuando llego a casa de los Swan, Seth está en mi habitación sentado en mi cama con los brazos cruzados. El chico está haciendo todo lo posible por poner una cara significa que en realidad podría intimidar a alguien dentro de diez años o así.

– ¿Qué pasa, cachorro?

–Estoy enfadado contigo.

Hombre, me estoy poniendo en tensión por todas partes hoy. –Toma un número y ponte en la fila, chico.

Él sopla como un coche con una mala salida. –Dijiste que éramos socios en el crimen. Que si yo hacía algo, no dirías nada. Y si tú hacías algo, yo no diría nada.

– ¿Y?–

–Eres un chismoso. Ahora mi padre no me deja jugar en el ordenador a menos que esté mirando, como si fuera un bebé. Todo es culpa tuya.

–Lo siento. La vida no es justa.

– ¿Por qué no?

Si la vida fuera justa, mi padre no hubiera muerto cuando yo tenía cuatro años. Si la vida fuera justa, no tendría que preocuparme de Vulturi. Si la vida fuera justa, tendría una verdadera oportunidad con Bella. La vida más o menos una mierda. –No lo sé. Pero si te das cuenta, cachorro, házmelo saber.

Espero que me lance un ataque, pero no lo hace. Salta de la cama y se dirige a la puerta. –Todavía estoy enfadado contigo.

–Se quedará en el olvido. Ahora lárgate. Tengo que darme una ducha y prepararme. Voy tarde.

–Me iré más rápido y te dejaré solo, si puedes conseguirme unos cuantos caramelos del armario que está encima de la nevera. Es el escondite secreto de mi madre. –Me hace un gesto para que me incline por lo que puede decirme un secreto. –Ella mantiene bocadillos no saludables en él–, susurra. –Ya sabes, de tipo bueno. –Cuanto más habla de ello, más emocionado se pone.

Maldita sea. Tengo menos de una hora antes de que tenga que ser la cita de Bella, pero no quiero dejar que al niño así. –Muy bien, Racer. ¿Estás listo para ir a una misión secreta para encontrar el tesoro?

Seth se frota las manos, evidentemente satisfecho de sí mismo por su manipulación. El chico tiene talento en el departamento de persuasión, le daré muchos.

–Sígueme. –Asomo la cabeza por la puerta, y luego un poco más. Oculto una risa cuando viene de puntillas hacia mí. A veces, este niño se comporta como un niño de seis años, y a veces se comporta como alguien que tiene más sentido que algunos adultos que conozco.

Bajamos por las escaleras en silencio. Antes de llegar a la cocina, alguien sale de la oficina de Swan. Es Bella, con un vestido negro largo que abraza las deliciosas curvas de su pecho hasta los muslos. Su cabello no sólo le cae por la parte delantera de su pecho, los extremos están cuidadosamente y perfectamente rizados. Una de sus piernas largas y delgadas se asoma por la raja increíblemente sexy del lado.

Estoy sorprendido.

Estoy sin palabras.

Mis ojos vagan sobre ella, disfrutando de la vista. Sé que voy a recordar este momento el resto de mi vida. Cuando miro hacia abajo a sus sensuales zapatos de punta abierta con un tacón más alto de lo que jamás imaginé que se pondría, mi corazón da un vuelco. Tengo miedo de abrir y cerrar los ojos por temor a que sea un producto de mi imaginación y que desaparezca.

–B-b-bueno, ¿q-q-qué t-te p-p-parece?

Seth le da en voz alta un: –Shh–, y pone un dedo sobre su boca. –Estamos en una misión secreta–, susurra en voz alta, sin pensar que su hermana se ha transformado en una diosa. –No se lo digas a mamá o papá.

–No lo haré–, susurra. – ¿En una misión para qué?

–Caramelos. Del tipo no saludables. ¡Vamos!

Miro hacia atrás a Bella, deseando que estuviéramos solos en este momento. Realmente deseo que estuviéramos solos en este momento. –Seth, ves a ver dónde está tu padre así sabremos si la costa está limpia, –le digo. Necesito unos minutos a solas con su hermana.

–Está bien– dice, deslizándose fuera de la habitación. –Vuelvo enseguida.

Tengo menos de un minuto a solas con ella. Meto mis manos en los bolsillos, para impedir que muestren mi nerviosismo, temblándome las manos. Ella me recompensa con una media sonrisa, luego mira hacia el suelo.

Miro hacia el techo, deseando poder obtener algunos consejos, o por lo menos una señal de mi padre. Echo otro vistazo a Bella. ¡Oh, hombre! Ella está mirándome, esperando que diga algo. Antes de que pueda llegar a una observación significativa o divertida, Seth vuelve. –Está en su guarida. Vamos a hacerlo antes de que nos atrape.

Me atraganté. Tengo que conseguir que Seth salga de aquí. Todos vamos de cabeza a la cocina. Llego arriba y abro la puerta del armario pequeño encima del refrigerador. Efectivamente, hay una gran cesta llena de contrabando.

Seth tira de la parte inferior de mi camisa. –Muéstrame, muéstrame.

Pongo la cesta sobre la mesa. Seth se sube en una silla de la cocina y comprueba el botín. –Toma–, dice, empujando una barra de chocolate en mi mano. –Tienen frutos secos. No me gustan los frutos secos.

Al final, Seth coge una barra de chocolate con leche y dos trozos de regaliz. Satisfecho con su tesoro, salta de la silla.

Pongo la cesta de vuelta en el escondite secreto que todo el mundo conoce. Cuando me giro, Seth ya está rompiendo un trozo de chocolate y metiéndoselo en la boca.

–Bella, ¿por qué te ves como una chica?– Seth le pregunta con la boca llena de chocolate.

–Tengo una cita. Con Edward.

– ¿Vas a darle un beso francés?

Bella me da una mirada regañona. – ¡Seth! Eso es totalmente inapropiado preguntar. ¿Quién te ha dicho eso?

–Los estudiantes de cuarto grado en el autobús.

– ¿Qué te dijeron los estudiantes de cuarto grado que era?

Él le da una mirada exasperada. –Ya sabes...

–Dime–, dice. –Tal vez no lo sé.

Tengo conocimiento de primera mano de que sabe lo que es el beso francés, pero no voy a decir su secreto.

–Es cuando lames la lengua de la otra persona–, susurra.

Maldita sea, el niño sabe más que yo a su edad. En primer lugar es un traficante de drogas cibernético, ahora está hablando del beso francés. Bella me mira, pero pongo las manos en alto. Aunque nada me gustaría más en este momento que darle un beso francés, puedo esperar hasta más tarde. –No es mi hijo.

–Puedes obtener una gran cantidad de gérmenes de esa manera–, dice mientras mastica y considera las consecuencias del beso francés.

–Absolutamente–, Bella está de acuerdo. – ¿Verdad, Edward?

–Así es. Gérmenes. Muchos de ellos. –No le digo que los gérmenes de algunas chicas valen la pena obtenerlos.

–Nunca voy a hacerlo–, declara.

–Nadie va a querer hacerlo contigo, cachorro, si no te limpias la boca después de comer chocolate. Eres repugnante.

Cuando Bella alcanza una servilleta y le limpia la cara a Seth, él la mira con curiosidad. –No has respondido a mi pregunta. ¿Edward y tú vais a daros un beso francés?


1 Lover of Brittany. El personaje de Rosalie realmente se llama Brittany, por eso son las siglas son LB. Y por eso no las e cambiado por que si no no tendría sentido.

Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.