Capítulo 52 Secuelas del pasado

A toda prisa una media docena de jovencitos se escapaban por uno de los húmedos callejones Rusos.

- ¡Dispérsense!- se escuchó la orden de uno de ellos.

Los agitados ladronzuelos obedecieron mientras hacían salpicar al pisar los charcos de agua en el camino.

- ¡Devuelvan lo que robaron y los dejaré ir!- gritaba con voz potente el hombre de capucha gris que los perseguía.

La chica de la pañoleta azul en la cabeza resbaló. Era la más pequeña de todos los delincuentes juveniles. El golpe que le ocasionó la caída pareció inmovilizarla un poco, sentía que sus piernas se durmieron. Miró atrás y supo que el hombre estaba a punto de atraparla. Por más que había tratado de perderlo no lo logró. Él corría casi tan velozmente como ella y el resto de sus compinches. A unos 20 metros de distancia, con un poco más de trabajo, lo seguía el dueño de la joyería.

- ¡Deténgase señor, es peligroso! ¡Ya la policía está en camino! – le gritaba agitadamente el joyero.

El hombre de apariencia heroica pareció no escuchar la advertencia y continuó corriendo lo más rápido que pudo.

- ¡Andrey ayúdame! – gritó la chiquilla que aún intentaba levantarse del suelo. – "¡Cobarde!" - pensó al ver a su compañero, quien iba apenas unos pasos adelante, vacilar en ayudarla para luego dejarla sola, a punto de ser atrapada por aquel extraño.

La chica comenzó a sudar, le dolía mucho su rodilla. Respirando de manera nerviosa, sacó de entre su bolsillo una pistola que sostuvo temblorosa y, cuando el hombre estaba a unos cuantos tres metros de tomarla, haló del gatillo con un poco de estremecimiento en su mirada. Ante el retumbo del disparo, el joyero se detuvo con las manos sobre la cabeza y comenzó a correr de vuelta. El hombre de capa gris trató de ocultarse entre algunos de los estañones.

¡No les haremos daño si devuelven lo que robaron! – gritó el hombre.

La chica intentó levantarse de nuevo. Una vez que se enderezó y dio vuelta para huir, pudo sentir la presencia de quien se acercaba a tomarla por detrás. El hombre solamente alcanzó a halarla de su chaqueta cuando ambos, en medio del fugaz forcejeo, resbalaron cayendo estrepitosamente. La chica se coloco boca arriba y empezó a dar pataletas, quejándose a la vez que él se asía del pie que más lastimado tenía para no dejarla escapar. Ella optó por tomar de nuevo el arma y halar del gatillo, dándole justo en el pecho.

El hombre dejó oír un quejido ahogado, el impacto lo hizo retroceder en el suelo de inmediato. La chica, con sus ojos abiertos de par en par, se dio media vuelta para intentar correr a pesar del dolor en sus piernas. Pero chocó con otro de sus compañeros, un muchacho de unos catorce años, quien la abofeteó al instante.

- ¡Mónica, imbécil! la policía no tarda en llegar. ¡Arrastra el cuerpo!

- ¡Ese cobarde de Andrey no me ayudó, tuve que defenderme!- dijo en tanto que intentaba seguir avanzando mostrando su rostro adolorido.

- ¡Cállate, trae el cuerpo ahora!- el muchacho la empujó hacia el cadáver.

Comenzó a llover de nuevo. La chica haló del recién asesinado con esfuerzo mientras un rastro de sangre se expandía por el pavimento.

- ¡¿Adónde pretendes ocultarlo, Denis?!- le reclamó al muchachito rudo que la apremiaba.

- Solo quiero su billetera. – le respondió mientras miraba a todos lados.

El chico de abrigo y botas de cuero negros registró los bolsillos y tomó la billetera del hombre que lucía un tanto abultada. Mónica se sentó de una en el pavimento pues ya no soportaba su pierna izquierda.

- Bien… larguémonos…

- No puedo correr… me lastimé cuando caí. – le dijo cortante.

Las sirenas de la policía se escucharon cada vez más cerca. El chico no tardó en echarse a Mónica al hombro para poder correr. Aunque le resultaba un tanto pesada, pues era de esas niñas que aparentaban ser dos años mayores a su edad real. Se escabulleron hasta dejar de escuchar las sirenas. Denis soltó a Mónica de inmediato al llegar cerca de una propiedad abandonada. Ella le apuntó con la pistola al pecho del muchacho que estaba igual de agitado que ella.

- ¡Debería dispararte por golpearme, idiota!- le gritó.

- Perdóname… - le dijo el chico mientras jadeaba, luego le dio un beso en la mejilla.

La chiquilla lo empujó mientras este se echó una carcajada.

- No te enojes con migo. – le decía mientras se dejaba caer sentado contra una de las paredes. –Y dame esa pistola… aún no la sabes usar bien.

Mónica lo miró con desdén. Volvió a sacar el arma y la abalanzó para que el joven la atrapara.

- Te la di solo para casos extremos y mira lo que haces… - le recriminó el chico, ahora con los ánimos menos alterados.- ahora sí que estamos en un gran lio.

- ¡Me iba a capturar y de ninguna manera lo permitiría! Y sólo por que eres el líder de la pandilla no significa que puedes golpearme cuando se te ocurra. – le volvió a reclamar enojada.

- Es la primera vez que te golpeo… te vez linda cuando te enfadas.

Mónica se enderezó a pesar del dolor que sentía en su pierna y lo tomó del cuello para chocarlo contra la pared.

- ¡Y será la última vez que me golpeas!– luego lo soltó y se sentó de manera que puso su cabeza sobre sus rodillas.

- Estás asustada por lo que hiciste, ¿cierto?- le dijo el muchacho que comenzó a sacar una bolsa de tela negra mediana que tenía varias cadenas de plata y oro.

- Solo no menciones nada a nadie… - le respondió luego de un silencio - Y tú también estás asustado…

- Esperemos unas dos horas… ya cuando oscurezca nos será más fácil irnos. – la miró aún estando sentada y abrazando sus rodillas. –Y no diré nada… pero aunque tu prima se enterara ¿de verdad crees que le importe?

- No es por Katrina, es por mi padre. Si él se entera de seguro vendrá por mí, y yo no quiero ir a ese lugar donde trabaja. Ahí hay solo perdedores.

- Eres rara. Te gusta todo eso del beyblade y no quieres estar con tu padre que dirige toda una abadía de ello.

- Es que no quiero toparme con su jefe… ése hombre es el verdadero problema.

- Bueno…al menos recuperamos bastante dinero.- Denis comenzó a registrar la billetera recién hurtada. Mónica miraba hacia otro lado casi sin parpadear.

Denis sacó uno que otro billete para revisarlo.

- Woo… ¡mira esto Mónica!

La chiquilla miró lentamente, pareció no ponerle mucha importancia y volvió a desviar su mirada.

- Este hombre debió ser un tipo adinerado… mira cuantas tarjetas de tipos con apellidos de clase tiene… ¿dónde estará su identificación? Oh… es esta… "Suzumo Hiwatari…"

Mónica se enderezó al escucharlo.

- ¿Cómo dijiste?

- ¿Qué?

- El apellido… ¡repítelo!

- Hiwatari… - le respondió levantando su ceja en señal de confusión.- ¿Qué tiene?

- ¡Lánzamela! – le ordenó

El chico hizo tal como le pidió. Mónica leyó detenidamente la tarjeta mientras la sostenía con sus dos manos. Luego la lanzó al piso con fuerza, al mismo tiempo que abría los ojos de par en par y respiraba rápida y profundamente.

- ¿Podrías explicar que ocurre?- le preguntó el muchacho que notó que su semblante se endureció.

No respondió. Se dio media vuelta y apoyó la cabeza en la pared.

- No puedo creerlo… -susurró.

La misma expresión fría y pensativa estaba en el rostro de la misma chica ahora unos años más adelante. Mónica estaba sentada en una silla reclinable mientras un hombre se acercó a entregarle una taza de café. Luego el hombre se sentó frente a ella y tomó un periódico.

- Entonces Brooklyn Masefield fue asesinado por uno de tus hombres… el torneo fue cancelado hace dos días. Alvin le comunicó a la prensa que Brooklyn había fallecido en un tiroteo. Los seguidores del beyluchador piden respuestas pero las declaraciones son pocas por parte de BEGA. El futuro de las beybatallas es incierto ya que los beyluchadores están consternados. ¿Cómo te sientes al respecto, querida?– el tipo bajó el periódico y miró a Mónica fijamente.

La ya adulta desvió la mirada con desdén.

- Hmm no vengas a darme sermones, papá. A ti no te han salido las cosas muy bien del todo… ¿o sí?- luego de inquirir con un poco de rabia se levantó abruptamente y se dirigió a un ventanal del departamento.

- Bueno es que cuando te encuentras en aprietos sueles buscarme… como cuando la policía no dejaba de perseguirte y tuviste que confesarme tus delitos para que yo pudiera ocultarte en la abadía… Nunca pensé que una criaturita como tu fuera capaz de tanta atrocidad que ni siquiera yo puede haber cometido…

Mónica, con los brazos cruzados, volteaba sus ojos mientras escuchaba a Boris externándole lo que aparentaba ser una retahíla paternal.

- ... y ahora vienes a buscarme de nuevo a Japón después de escapar diestramente burlando las autoridades con tu identificación falsa, que sin descaro la utilizas.

- ¡Quiero recordarte algo, papá! – lo interrumpió – En primer lugar, tú me diste la idea de la identificación con el nombre de mamá, a ti no te importó lo que ella pensara. Te aprovechaste una vez que supiste que ella había cambiado su nombre…

- No me levantes la voz, Mónica. – le advirtió serenamente el hombre que dejaba ver ya canas a ambos lados de su cabellera. – Tu madre aceptó que usaras su nombre, ella y yo tuvimos esa última conversación, ¿lo recuerdas? Te ofreció salir del país y olvidar tu pasado pero tu decidiste seguir en la búsqueda del poder para derrocar a la BBA y a Hiwatari, que, por cierto, sigues obsesionada con esos sujetos a pesar que hace más de seis años te enteraste por boca de tu misma madre que todo fue planeado por su odiosa primita Katrina. Así que no vengas a reclamarme de tus errores. –Boris tomó una copa de vino y se acomodó en un sofá con su pierna cruzada y el periódico en la mano.

Mónica miró a su padre fijamente, respirando amenazas se dirigió hacia él y le arrebató el periódico de las manos, éste la miró casi sin sorprenderse a pesar del tono enojado en la voz de su hija.

- ¡¿Y hablas de descaro?!Esa conversación que dices que tuviste con mamá no fue más que una manipulación de parte tuya. No te hagas el bueno ahora, padre, cuando a ti también te convenía que mamá me facilitara su nombre y apellido ante las autoridades. Si tanto te lastimaba la conciencia ¡¿por qué decidiste ayudarme con la nueva BEGA, recomendarme al traidor de Alvin y dejar que mamá se marchara sin mí?! Algo me dice que también tienes tus intereses claros ¿o no?

- Y ahora dices que hubieras querido marcharte con tu madre… - Boris dejó oír una pequeña risotada, se levantó y caminó hacia su hija. – Mónica, Mónica… Si tanto resentías la supuesta muerte de ella ¿por qué no cambiaste de rumbo cuando ella llegó a buscarte desesperada por conocerte? – Boris se acercó más a su hija y levantó su mentón y la miró a sus ojos. – En cambio la retaste, le dijiste que no podías volver atrás, que tu destino era conquistar y ganar, que no podías conformarte con la vida tranquila de buena samaritana que tu madre llevaba ahora con los niños del albergue Ruso. Le reclamaste haberme dejado solo… Y la dejaste ir con el corazón hecho pedazos…

Mónica miraba a su padre con los ojos conmovidos por ira y frustración, aún sin derramar una lágrima. Boris comenzó a reír por lo bajo mientras le sostenía el mentón. Luego la abrazó sin ser correspondido por ella.

- Eres idéntica a ella… esos ojos profundos. A nosotros nos ha tocado ser insensibles, disfrutar de nuestra fuerza y arruinar a los que nos arruinan. – la soltó y la tomó por los hombros sin dejar de mirarla. Ella volteó la mirada. – Tu madre tenía un defecto, querida, ella era débil… muy débil. Tu no, jamás te rindes. No creas que dejaré que nuestros planes caigan así de fácil. Ya yo pensé en algo….

Boris se dirigió a un estante y tomó una nota con un nombre escrito que le enseñó a Mónica de inmediato.

- ¿Recuerdas a este tipo?

- "Denis Pávlov"… -leyó. Luego miró a Boris.- Ay no padre… este tipo…

- Sí sí ya sé lo que piensas de él… pero te aseguro que Alvin no sabe en la que se habrá metido.

La mujer de cabello púrpura oscuro tomó el papel y suspiró profundo sin perder su compostura esbelta y autoritaria.

- Creo que debes descansar un poco. Tenemos mucho que hacer. Hasta mañana querida. – Boris mostró una media sonrisa y dio media vuelta.

Ahí estaba Mónica Balkov, quien se había hecho llamar Darlene ante cualquier figura legal, Silvia ante el mundo de las apuestas, aparte de los otros nombres más que le pudieron librar de arrestos y otros inconvenientes que ella consideraba patéticos.

¡Alvin eres un cretino! Pagarás muy caro lo que hiciste. Pensaste burlarte de mí pero no llegarás muy lejos. Ahora conozco tu identidad y no dudaré en usar todo lo que esté a mi alcance para traerte abajo. Hmm… Denis, tengo años de no verte ni saber nada de ti, pero ya que papá ha logrado contactarte me servirás de mucho. ¿Quién lo diría? Después de estar bajo tu estúpido control ahora trabajarás para los Balkov. Será divertido.

Unas sirenas se escucharon a lo lejos, Mónica supo que se trataba de una caravana de ambulancias policiales después de acercarse un poco nerviosa a la ventana de edificio. La memoria del asesinato de Suzumo regresó.

- Está bien, yo disparé, papá. – le decía la niña al hombre de capucha café.

- ¿Dices que era el hijo de Voltaire?- le preguntó en un susurro.

La chica asintió.

No fue a propósito… jamás pensé que se tratara de un Hiwatari. Tenía miedo, miedo de ser descubierta pero, me sentía aliviada, durante mucho tiempo sentí que estaba cobrando una deuda.

- Boris… sabes que no ignoro que tu hija es la asesina de mi hijo. – Voltaire tenía una reunión privada con Boris en la abadía. Mónica se las había arreglado para escucharlos escondida en el cielorazo.

- Mi hija no sabía que Suzumo era el hombre que la perseguía, señor. – alegó Boris con seriedad.

Mónica escuchaba sudorosa, tratando de que la intensidad de la respiración no resonara en aquella oficina de la abadía. Si descubrían que los espiaba estaría perdida.

- ¡Esto es inaudito! Suzumo era rebelde… nunca quiso hacer lo que le pedía. Para él todo eran malas ideas. ¡Nunca debí permitir que se juntara con ese perdedor de Damian y su hijo! Deshonró a la familia después de rechazar nuestro contrato. Pero era mi hijo, Boris. Tú deberías pagar por él.

- Primero Darlene, ahora mi hija… - Boris se levantó colérico, la niña sintió un sobresalto en su pecho al escuchar como su padre levantaba la voz- Puedes odiarme a mí y a Mónica por lo que ha ocurrido pero olvídate de BioVolt y la abadía para siempre. Y eso sí lo sabes, no me iré a prisión solo.

Voltaire miró fijamente a Boris. Tomó asiento y cerró sus ojos.

- Estoy esperando tu resolución, Voltaire. Puedes eliminarme si quieres. ¡Adelante! – lo retó- Dejarás ir tu empresa solo por un accidente. Pero lo entenderé, solamente que no te quejes de las consecuencias.

- ¡Cállate, Boris!- le ordenó – Yo no pienso matarte, ni a ti ni a esa criminal en potencia que tienes por hija.

Luego de una larga pausa, continuó.

- Olvidaré esto, si tú olvidas las acusaciones a BioVolt si llegásemos a fracasar.

- Es un trato. – Boris se acercó a Voltaire, quien lo miraba con su ceño fruncido.

Los dos hombres estrecharon sus manos.

Después Mónica recordó aquel encuentro con su madre, el cual ocurrió justo antes de retomar los escombros de BEGA que dejó su padre Boris. Éste último avanzaba hacia ella acompañado de una mujer que le parecía un tanto familiar.

- Mónica, quiero presentarte a Darlene, tu madre.- su padre tenía ese tono de voz ahogado que solía usar cuando pretendía ser cortés.

No lo podía creer. Mi madre debía estar muerta hace mucho tiempo. Todo parecía ser una pesadilla. Mi padre parecía estarme restregando lo que siempre me decía "Voltaire no acabó con la vida de tu madre, Katrina te ha mentido todo este tiempo." Por fin lo comprobaba. No era necesario hacer una prueba científica, odiaba admitirlo pero… nuestro parecido era evidente. Que equivocada estaba mamá si pensó que con una conmovedora visita, que hizo sufrir a mi padre por recordarle que nunca más podría tenerla, haría que yo cambiara de parecer.

- Mónica, quiero que vengas con migo, debes venir con migo. – decía temblorosa la mujer de tez pálida.

- Tú ni siquiera tienes tu mismo nombre, has cambiado tu identidad. – le respondió rebelde, dándole la espalda.

- Soy tu madre, eso no cambiará nunca.

- Lo siento. Lo que ahora soy, tampoco cambiará. Me alegra saber que vives, pero eso no cambiará el resto. ¿O piensas que debo amarte sólo porque eres mi madre?

Me marché dejándola con papá. Sé que él no la dejaría ir sin que ella le diera algo que lo beneficiaría. Eso nos hace ser tan parecidos, siempre aventajándonos… Sabía que no podía dejarme suavizar por las palabras de mamá, ella simplemente no pertenece a nuestra sociedad. Aunque si no fuera por su nombre jamás hubiera podido venir al Japón.

Mónica tomó un beyblade y un lanzador. Se preparó para hacerlo girar sobre un beyestadio al que se dirigió.

Gracias a ti, Beyblade, haces que mi labor sea más divertida ¡Cómo desearía que todos entendieran que esta industria solamente puede ser controlada por personas como yo! – Era lo que Mónica pensaba, mientras se reía al destrozar simulaciones de beyblades.

Mientras la cerraba, alguien hizo rechinar la pesada puerta de una lujosa habitación. La tos seca de Voltaire se escuchó de repente. El joven Kai alzó la mirada para observar la condición penosa de su abuelo. Los ojos cansados del hombre voltearon al muchacho que se acercaba poco a poco a su cama. Voltaire dirigió su vista a las manos de Kai.

- No tengo el beyblade de Brooklyn, como te lo prometí. – le dijo con seriedad.

El viejo trató de enderezarse, parecía no tener fuerzas para responder.

- No sé que tan enterado estés de las noticias últimamente. – Kai prosiguió con tono cortante. – Ya sé que no ignoras lo que ocurrió en los últimos días. Sé que sabes del complot contra la BBA. Te retiraste pero nunca has dejado de estar al tanto.

Voltaire asintió lentamente con su cabeza. Kai apoyó su espalda contra la pared y se cruzó de brazos mientras continuó.

- Estuvieron a punto de realizar un estrambótico experimento con mi memoria para poder ser utiliza como beyluchador de Mónica. ¿eso lo sabías?

Su abuelo abrió un poco más los ojos y tosió con más fuerza.

- No estuve… involucrado… en BEGA esta vez…. – dijo sin fuerzas.

Kai pareció reír irónicamente.

- Supongo que no hubiera sido muy diferente si estuvieses involucrado.

- ¿A qué has venido, Kai?- le inquirió el viejo.

El joven se acercó hasta que su abuelo pudiera ver su mirada desafiante.

- No te queda mucho tiempo de vida, y quiero saber si hay algo que puedas hacer para ayudarme a capturar a Mónica Balkov, abuelo.

El hombre volteó el rostro lentamente hasta evadir la mirada de Kai.

-No esperaré la respuesta mañana, dímela hoy mismo, Voltaire. – le dijo levantando más la voz.