Bombero

En el patio los miembros del consejo junto con David organizaban los coches y equipo que se llevarían en la salida, cuando Vicent y Mara salieron del bloque A. La joven se dirigió al otro pabellón con la intención de cambiarse de ropa y sentirse algo más cómoda durante el viaje. Aún sentía los ojos hinchados por el llanto, pero tras muchos meses sentía que su pena era más liviana al poder compartirla, y esta se mezclaba con la emoción y alegría de haber encontrado a Vicent vivo, lo cual aún no terminaba de creerse.

Al cruzarse con Beth en la galería la saludó con una cálida sonrisa de camino a su celda, pero tras observarla la joven Greene la siguió con la mirada.

Como era de esperar Olga estaba en la celda, pero no había rastro de Shelly.

—Si te vas a acostar me marcho, supongo que la noche habrá sido horrible —comentó Olga poniéndose en pie.

—No, tranquila. Sólo vengo a cambiarme de ropa —la informó —, voy a volver a salir, puede que vuelva por la noche.

—¿Irte? Pero si acabas de llegar...

—Olga, ¿recuerdas que mi hermano siempre hablaba de un hombre que le había enseñado cosas sobre armas y supervivencia? —preguntó la joven, a lo que la mujer asintió en silencio —Bien, pues ese hombre es Vicent, y le he encontrado tras casi dos años de darle por muerto, así que no voy a separarme de él ahora que volvemos a estar juntos.

—Pero Shelly...

—Lo hablaré con ella y lo entenderá —comentó —como mucho estaré aquí en un par de días, de quedarme con ellos a organizar el traslado.

—Como quieras... iré a buscarla para que te despidas —dijo con resignación saliendo de la celda.

La joven se cambió de ropa y se cepilló el pelo, recogiéndolo en un coleta baja y salió de la celda.

—Mara, ¿estás bien? —preguntó Beth, cuando pasó a su lado, con tono suave pero preocupado.

—Sí, algo cansada... pero ya —contestó Mara, pero algo en la mirada dudosa de Beth la decía que dudaba de su respuesta —. Sé que me veo horrible... y que llevo como una eternidad en mi propio mundo sólo viendo lo peor de todo, pero de verdad que estoy bien o al menos mejor que antes.

—Bien... me alegra que te sientas mejor.

—Es así, creo que veo una luz al principio del pozo y te aseguro que voy a esforzarme por trepar y salir a ella —dijo como si fuera una promesa, no sólo a Beth sino también a sí misma.

La joven rubia la abrazó por toda respuesta, emocionando a Mara y la correspondió afectuosamente.

—Puedes hacerlo, pero si lo necesitas recuerda que no te van a faltar manos que te ayuden a impulsarte —le confortó Beth.

—Lo sé, gracias —contestó Mara con una sonrisa agradecida y emocionada.

—¡Amie! —se escuchó el grito de Shelly antes de que entrase a la galería —¡Amie!

Como una lancha motora la niña entró corriendo y buscando con la mirada a Mara, a la que se lanzó en el momento que la divisó junto a Beth.

—No, no mi vida, no te subas que estoy cansada —la pidió a la niña evitando cogerla en brazos.

—¿Qué pasa, Amie? Me ha dicho mamá que tenías que decirme algo muy importante —preguntó la niña con un tono que rozaba el dramatismo.

—No pasa nada corazón, mamá a exagerado un poco... para variar —dijo esto último para sí misma —. Me voy a ir fuera otra vez, ¿vale?. Tal vez tarde un poco, un día incluso —la cara de la niña se iba entristeciendo al oírla y sus grandes ojos azules se parecían cada vez más a los de un cachorro de pajarería —. El hombre grande con el que he venido es mi tío, y quiero estar un tiempo con él, porque hace mucho que no le veo, ¿lo entiendes, Ratita?

—¿Es el que contaba Roland que sabía muchas cosas? ¿El que tenía una gorra verde? —preguntó la niña.

—Sí, ese mismo —contestó la joven sonriendo —. Así que no te preocupes que no me va a pasar nada y voy a volver.

—Vale —asintió la niña encogiéndose de hombros.

Ambas salieron hacia el exterior cogidas de la mano, pues no tardarían en irse de la prisión.

—Sé que vas a volver —aseguró la niña —, ahora que Meg se ha ido con Roland yo sé que tú te quedarás conmigo. A ella le gustaba mucho él, pero yo siempre te quise más a ti, por eso me he quedado contigo y ella no.

Mara no pudo cuanto menos sorprenderse ante el comentario, y la extraña forma en que Shelly había intentado dar sentido a que su hermana hubiera muerto. Para ella, aquello tenía su lógica y hasta una buena razón que desechaba la pena o la culpa. Megan había muerto para poder estar con Roland, ella seguía viva porque prefería a Mara. Entonces la joven recordó porque le gustaba tanto trabajar con niños y lo mucho que se aprende estando con ellos.

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En el exterior Hershel observaba a Vicent pensativo, una idea le intranquilizaba desde que el hombre había explicado cómo era su grupo y la organización que llevaban a cabo. Sabía que era un tema complicado de plantear, pero no atajarlo no era la solución y en parte podría conllevar futuros problemas en la convivencia.

—Vicent... respecto a la organización si al final nos unimos —comenzó a plantear el hombre de pelo cano.

—Llámeme Five, todo el mundo lo hace, es mi nombre de guerra —apuntó el boina verde con tono jovial.

—Bien, como decía... aquí tenemos ya un consejo y puesto que en vuestro grupo también existe una especie de cadena de mando, sería conveniente que se aclarase como vamos a resolver la situación.

—No se preocupe por eso, le aseguro que ni Poker ni yo vamos a intentar hacernos con el mando de este lugar —aclaró —. Ambos tomamos el liderazgo porque nadie más lo hacía, pero no tenemos pretensiones de seguir con ello.

—Entiendo, en ese caso no tendremos ningún problema —dijo Hershel escuchando su argumento.

—Eso espero, realmente deseo que esto funcione y que no haya ningún problema para poder estar con ella —explicó mirando a Mara que se aproximaba desde el bloque C.

—Todos lo esperamos —concluyó el veterinario.

Con paso tranquilo la joven se acercó hasta Daryl que le entregó la más pequeña de las ballestas que llevaba colgadas al hombro. Seguidamente se dirigieron a la camioneta amarilla que conduciría Vicent para llevarlos hasta su refugio. Pero el militar reparó en que al contrario que Daryl, ella no llevaba ningún arma de fuego.

—¿No llevas pistola? —le preguntó antes de subir al vehículo.

—No... Sólo la ballesta y un cuchillo, el Tanto prefiero guardarlo —explicó ella con normalidad.

—¿Por qué no llevas una pistola? —repitió como si la explicación no le hubiera resuelto la duda.

—Pufff... mejor ni preguntes... —comentó Daryl montando en el asiento del copiloto.

—Eres peor que okãsan —sentenció Vicent, ante lo que Mara se encogió de hombros y se montó por la parte de atrás de la camioneta.

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La Econoline era seguida por Glenn, Sasha y David en el turismo negro por un camino de tierra. En el asiento trasero tras Daryl, la joven miraba por el cristal de la ventanilla el paisaje que parecía tranquilo, sin ningún caminante a la vista. Todos estaban callados desde que se habían puesto en camino, pero llegados a un punto Vicent acabó con el silencio.

—Así que tú eres el tipo que se folla a mi pequeña, ¿no? —soltó girando la cabeza unos segundos hacia Daryl.

—¡Viz! —Gritó Mara con los ojos como platos, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. De no haber sido quien manejaba el volante de seguro le hubiera golpeado.

El copiloto intentó disimular la sorpresa e incomodidad que le había causado la pregunta, y miró a Vicent un par de segundos barajando la respuesta.

—Diría que le hago el amor, pero tú llámalo como quieras —contestó con aire despreocupado y se volvió a mirar por la ventanilla, como si esa conversación no le interesase. Cuando realmente se sentía tremendamente agitado, más que por la pregunta por lo que acababa de contestar. Pero viendo la cara de desconcierto de su interlocutor se sintió satisfecho.

En el asiento trasero la cara de Mara había pasado del rojo de la indignación al blanco de la incredulidad tras oírle, y su corazón se había parado de la impresión. De todas las respuestas que supuso que Daryl daría, ninguna de ellas contenía la palabra amor. Pero pese a la primera impresión de absoluta sorpresa, la emoción que esas palabras le había causado dibujó una tonta sonrisa en la cara y sus mejillas se tiñeron de rojo por la vergüenza.

Vicent tuvo que reconocer interiormente que no esperaba esa respuesta en absoluto, pero no pensaba permanecer callado. Notaba la incomodidad de la pareja y eso le resultaba especialmente divertido.

—Qué bonito... en serio —alegó —Aunque debe ser difícil compartiendo el espacio con tanta gente.

—¡Para! —le pidió Mara con tono agresivo.

—¿Tenéis algún tipo de código secreto? —la ignoró, captando la atención de Daryl, que le volvió a mirar con atención —Ya sabéis, frases con significado oculto...

—¿Te quieres callar? —insistió la joven cada vez más indignada. Pero eso era lo que divertía al hombre.

—... decir "amenaza tormenta" que significa realmente "Te quiero", y cosas así, para declararos vuestro amor secretamente —explicaba Vicent de manera teatral, sin ocultar que aquello lo divertía —. Te gustaban esas cosas Marita, no mientas.

—Vete a la mierda... —contestó ella cruzándose de brazos.

—Esa boca, peque. Eres una profesional... —le llamó la atención.

—Que te comportes como un niño no hará que te trate como tal —sentenció la joven visiblemente molesta.

—Venga no te encabrones... —pidió el conductor —. ¿Sabes hace cuantos años llevo esperando para hacerte rabiar así? Además a él no le molesta, ¿a que no te molesta? —preguntó a Daryl, el cual hizo un leve gesto mostrando su indiferencia —Pues ya está... Y él resulta más colaborador que ese pipiolo universitario que tartamudeaba al verme —declaró.

El bufido de Mara ante la última frase hizo que Daryl se girara para mirarla levemente, mientras Vicent se reía de la reacción de la joven.

—No te rías encima —pidió ella.

—No puedo evitarlo —se disculpó riendo —. Era el chico más insípido y pusilánime que he visto en mi vida —declaró con rotundidad —, No me lo puedes negar. Si le faltaba mearse en los pantalones cuando le hablaba directamente.

A su lado, Daryl intentaba disimular una sonrisa, toqueteándose la comisura de los labios con los dedos, ante aquella descripción de uno de los ex-novios de Mara, la cual no podía negar que le agradaba.

—Le dijiste que a mi último novio le encañonaste con tu Beretta —recordó la joven, echándoselo en cara.

—Porque fue lo que hice —declaró soltando las manos del volante para enfatizar aún más su tono —. Créeme ese cabrón anaranjado se lo merecía —explicó mirando a Daryl, el cual asintió levemente, y miró a Mara de reojo.

La joven desvió la mirada pero se quedó callada, lo que no pasó desapercibido a Vicent que carraspeó, mostrándose serio nuevamente y un poco culpable, aquella gracia se le había ido de las manos, había tocado el tema que nunca se mencionaba en público. Por lo que prefirió mantenerse callado el resto del trayecto, sobre todo porque no iba a disculparse delante de Daryl. Eso eran cosas intimas, temas familiares.

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Los vehículos circulaban por la autovía veintisiete, pero antes de llegar al pequeño pueblo de Greenville algunos parapetos y bultos les hicieron aminorar la marcha pues formaban pequeñas barreras zigzagueantes por la calzada. Vicent se mostró completamente familiarizado con aquellos obstáculos, por lo que sus compañeros dedujeron que su grupo era quien los había colocado a propósito. Apenas tardaron en llegar hasta el parque de bomberos, que estaba aún más rodeado de barreras.

La puerta de la cochera se abrió cuando faltaba poco para que llegasen y ambos automóviles entraron en el interior del edificio. Con un agudo chirrido el portón volvió a cerrarse empujado por un hombre de mediana edad, algo grueso, con una profusa calva en su cabellera castaña y barba.

Todos bajaron de los automóviles en el momento que una mujer y dos hombres, uno detrás de otro bajaban por la barra que comunicaba con el piso superior.

—¿Cómo ha ido el día, Brian? —preguntó Vicent dirigiéndose al hombre que había cerrado la puerta del garaje.

—¡No me ignores! —alzó la voz una mujer que había descendido por la baranda —Eres un jodido bastardo, Five —le insultó lanzando un manotazo que el hombre paró con su mano.

—¡Eh...! Lo de bastardo vale, porque no conocí a mi padre, pero lo golpes para esta noche, leona —le dijo ignorando su enfado y sujetando sus brazos.

—No me vaciles —le advirtió conteniendo su rabia —, no puedes irte con unos desconocidos y pretender que...

—Es Marita, ¡la encontré! —interrumpió él mirándola intensamente a los ojos sin ocultar su emoción ante lo que estaba diciendo.

—Ma... ¿Marita está viva? —peguntó la mujer, que se volvió hacia los desconocidos.

—¡Marita! —la llamó Vicent.

La joven algo confusa se acercó hasta la pareja en silencio, mientras sus compañeros seguían a David al piso superior. Cuando la mujer se giró hacia ella la escrutó con la mirada como si intentará reconocerla, pero la joven estaba convencida de que jamás en su vida había visto a aquella mujer de cabello castaño largo y ojos azules que estaban enmarcados en unas fina cejas. Había oído hablar de Poker muchas veces, incluso sabía que su nombre clave se debía a las dos fichas de casino con las que solía juguetear entre los dedos para calmarse, al igual que a Vicent le llamaban Five, por el valor en números romanos de la primera letra de su nombre. Pero hasta el momento siempre había creído que Poker era un hombre, y aún menos imaginaba que tenía una relación con Vicent, más allá de la meramente profesional.

—¿Así que tú eres la famosa Amaranta Darling de la que tanto he oído hablar? —preguntó con una sonrisa cómplice que agradó a la joven —Yo soy Elena, pero puedes llamarme Poker, aquí todos los hacen.

—Bien, tú puedes llamarme Mara —contestó también sonriendo—. Si me llamas Amaranta Darling puedes que te conteste pero seguro te odiaré.

—Joderse... es cierto que tienes unos ojos enormes para ser medio japonesa —soltó como si fuera un gran descubrimiento—, siempre lo achaque al flash, pero no.

—¿Flash? —preguntó desorientada.

—Las cámaras, ya sabes... —intentó explicar —. Este cabronazo de aquí ha estado mostrándome fotos de vosotros desde hace siglos —explicó golpeando a Vicent con el puño en el antebrazo de forma cariñosa, pero al concluir se quedo pensativa, como si acabase de reparar en algo—. ¿Y el orgullo de la nación, no ha...? —antes de terminar la frase supo cual sería la respuesta y se lamentó de haberla formulado.

—No... él... —la joven bajó la vista al suelo.

—Dios... lo siento, deberían llamarme bocas y no Poker... —intentó disculparse y miró a Vicent, que mostraba un gesto compungido también —Lo siento mucho, de verdad que sí, sé que nunca nos hemos visto pero es como si os conociera a todos.

—Bueno... estamos juntos de nuevo —dijo Vicent rodeando a la joven con el brazo, con gesto protector —ya está en casa, todo va a ir bien... —la besó en la cabeza.

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En la prisión, Carol se encontraba sentada en el patio, en una de las mesas de la cocina exterior, tras inventariar los víveres que se habían recogido en la última salida, comparaba la lista con la de los suministros más necesarios. Pese a que se habían obtenido muchos suministros aún faltaban o contaban con poco de primera necesidad, como aceite y derivados lácteos que sobre todo eran necesarios para los niños.

Su frustración se le notaba en la cara a simple vista y no pasó desapercibida para Hershel.

—¿Ocurre algo? —preguntó sentándose a su lado.

—Nada realmente grave, sólo un contratiempo al que deberemos adaptarnos —contestó —. Tal vez Daryl sí tenga que ir con Michonne a por suministros, carecemos de muchas cosas necesarias al menos en alimentación, ¿cómo ha resultado con las medicinas?

—Bien, bien... —aseguró el hombre—. Caleb está tranquilo, no tenemos de todo ni mucho menos, pero lo suficiente para tratar algunas enfermedades y las frecuentes lesiones.

—Eso son buenas noticias...—comentó la mujer, pero su cara aún mostraba su frustración.

—El grupo de Vicent es organizado, por lo que nos han contado, y probablemente vendrán aquí en unos días —comenzó Hershel —. Lo más seguro es que ellos traigan más suministros y podemos contar con más recuerdos.

—También son mucha más gente...

—Cierto, pero no adelantemos nada, hasta estar seguros de cuáles son las circunstancias.

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Todos se reunieron en el comedor del piso superior, que era una sala amplia, pintada de color azul claro, con un par de mesas alargadas para unas diez personas cada una. Mara ni iba a formar parte del debate sobre unir o no los grupos, pues no era miembro del consejo y sabía que de estar presente le costaría no tomar parte. Por lo que se ofreció voluntaria para hacer guardia desde una de las habitaciones con vistas más amplias, permitiendo que todos los integrantes del grupo de Decatur estuvieran presente.

Le preocupaba quedarse dormida, pues realmente se encontraba muy cansada tras llevar más de treinta y seis horas sin dormir y todo lo vivido en ellas, pero la incertidumbre de lo que se decidiera en esa reunión no le permitía descansar la mente.

Era evidente que tanto Poker como Five eran las cabezas de aquel grupo, y no podían irse a la prisión si el resto se negaba, pero ella no podía sencillamente irse allí. Su grupo no la necesitaba, no dependían de ella y podrían seguir sin ningún problema adelante si les abandonaba, pero no deseaba hacerlo. En esos momentos se daba cuenta más que nunca de lo estúpida y ciega que había estado al pretender no querer estar con Daryl para no sufrir si le perdiera por completo, pues aunque supiera que estaba bien necesitaba tenerle cerca, quería verle y estar con él. Sólo de pensar en alejarse de él la presión en su pecho se le hacía dolorosa.

Le amaba con todo su ser.

Aquella afirmación en su mente y en su pecho, la agitaron. Le amaba, era cierto e innegable. No quería, y dudaba de sí podía, vivir sin él.

Pero no sólo se trataba de Daryl, pese a ser el que más peso ejercía en la balanza. Sabía que Olga aceptaría ir con ella y no tendría que separarse de Shelly, pero al resto los perdería. Hershel y sus hijas con los que tan unida estaba, Sasha, Carol, Rick, Michonne, Scott... tendría que dejarlos a todos. Ya no volvería a despertarse ocasionalmente con el llanto de Judith.

Sentía ganas de llorar sólo de pensarlo.

No sabía cuánto tiempo había pasado mirando por la ventana de aquel despacho frio y diáfano, cuando la puerta se abrió lentamente. Daryl entró en la sala, también se le notaba visiblemente cansado.

—¿Qué han decidido? —preguntó ella levantándose del viejo sillón de cuadros, sin ocultar su ansiedad.

—Nada, lo van a hablar entre ellos... —dijo acercándose hasta ella —Glenn y Sasha están intentando contactar por radio con los nuestros, porque el Walkie no tiene rango a esta distancia.

Mara soltó un suspiro agotado y se apoyó sobre la mesa de escritorio, dejando que Daryl se sentase en el sofá, cayendo en él pesadamente. Tras unos segundos él alzó el brazo indicándole que se acercase. Cuando Mara tomó su mano, él tiró para sí, haciendo que la joven se sentara sobre sus piernas. El gesto cariñoso y espontaneo del cazador le sacó una sonrisa a la joven.

—Pinta bien, hay unos pocos que tal vez se vayan por libre, pero casi todos quiere unirse a un grupo mayor —comentó para tranquilizarla, y quitarle importancia a lo que acababa de hacer.

—Eso es bueno —asintió, notando como la presión de su pecho se aliviaba.

Observó a Daryl que miraba hacia la ventana, parecía algo turbado, pero sin embargo le sostenía la mano con fuerza y seguridad. Ya sabía que las demostraciones de cariño no eran algo natural en el cazador, por eso cada gesto le resultaba tan valioso a la joven, que se recostó sobre él, apoyando la cabeza en su hombro, ante lo cual Daryl se relajó conforme.

—Siento lo de antes de Vicent... lo que te dijo, puede ser un... incordio —se disculpó en voz baja, acariciando su pecho con la mano libre.

—Es igual. —movió levemente el cuello y apretó los labios

—Me gustó lo que contestaste... —no pudo evitar confesar con una sonrisa satisfecha, notando como Daryl se ruborizaba visiblemente, sin decir nada.

Más relajada por las expectativas que mostró Daryl, encontrándose entre sus brazos y confortada por su calor, los párpados de Mara comenzaron pesarle hasta que acabó sucumbiendo al sueño. Daryl la miró de reojo y sonrió con cariño, el sofá no era cómodo, pero se encontraba realmente a gusto en aquel momento, sintiendo la constante y tranquila respiración de Mara sobre su cuello.

Ojalá pudiera tenerla siempre tan cerca, pensó para sí mismo.

—Ya hay una decisión —informó Vicent, al entrar en la sala—. Nos vamos con vosotros.

En el sofá Daryl soltó todo el aire de golpe con un estertor que sobresaltó a Mara.

—¿Qué pasa? —preguntó esta somnolienta.

—Mañana nos iremos todos a la prisión —aclaró el militar.

—Fantástico —aseguró con voz cansada pero contenta y miró a Daryl sonriendo.

—Aún nos queda planificar como lo vamos a hacer —advirtió el hombre —, así que hay que volver al comedor y decirlo.

—Claro —asintió Daryl.

Mara se levantó dejando que Daryl se incorporara también, Vicent abandonó la sala sin esperarlos.

—Vamos —indicó el cazador.

Pero en vez de seguirlo, la joven le retuvo por el brazo, se acercó sin ocultar una amplia sonrisa y enterrando sus dedos en la cabellera castaña le besó intensamente, con toda la pasión y entusiasmo que sentía en esos momentos. Aunque sorprendido, Daryl se mostró complacido y la rodeó con los brazos, atrayéndola más aún hacia su cuerpo.

—Ahora mismo no podría estar más feliz —le confesó al separarse y mirarle a los ojos.

Nadie hubiera podido negar aquello, pues con sólo mirarla se podía ver la alegría que irradiaba. Daryl no la había visto tan entusiasmada nunca. Era una imagen reconfortante.

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Con la decisión de mudarse a la prisión tomada, la gran mayoría de las personas comenzaban a empaquetar sus posesiones y todo aquello que pudieran necesitar y llevarse con ellos en el traslado. Mara se fue a ayudar a Brian y su pequeña hija, Mika, mientras en el comedor se tomaban las últimas decisiones.

—Entonces, ¿estáis decididos a iros por vuestra cuenta? —preguntó Vicent a un hombre rubio de unos treinta años.

—Sí, tiene que haber un refugio más grande, algo que no sea... una prisión —contestó el hombre —Tú mismo lo has comentado alguna vez, Five.

—Es un viaje largo y peligroso... y no hay ninguna garantía —explicó Elena.

—Nos vamos a arriesgar, siempre hemos pensado que quedarnos aquí era temporal, ahora las temperaturas suben y viajar es más fácil que en pleno invierno, pero... necesitaremos vivieres y otras cosas —sugirió el hombre con voz titubeantes.

—Claro... coger todo lo que queda, tampoco es mucho —accedió Vicent con tono derrotado.

Frente a él, Glenn y Sasha intercambiaron una mirada que no pasó desapercibida a Elena.

—Siento deciros que no podremos llevar muchos alimentos ni otras cosas con nosotros —explicó con tono humilde —, hemos tenido una serie de complicaciones en las últimas semanas, y apenas contamos con cosas.

—¿Qué clase de problemas? —preguntó Daryl con interés.

—Varios compañeros no volvieron de sus expediciones, eso hizo que fuera complicado que alguien más que nosotros accediera a salir si no era en un gran grupo.

Aquella última explicación fue suficiente para que Daryl entendiera qué o mejor dicho, quién había complicado la situación del grupo.

—Esos que os atacaron ya no son un problema, les eliminamos hace un par de semanas —explicó.

Elena y Vicent se miraron entre ellos y volvieron a mirar a Daryl con curiosidad.

—¿Cómo...? —comenzó a hablar la mujer, pero fue interrumpida por Daryl.

—Nosotros también fuimos el objetivo de esos caníbales hijos de puta, y tomamos la misma medida de salir en grandes grupos tras descubrir qué era lo que hacían —aclaró.

—Encontramos su campamento y les enfrentamos, no matamos a todos y nos salió caro —reconoció con tono apesadumbrada Sasha que continuó el relato —. Pero no volvimos a cometer el mismo error, ya no queda ninguno.

—¿Fuisteis tan al Oeste? —preguntó Vicent.

—Acampaban cerca de la prisión —dijo Sasha confusa.

—Supongo que se mueven... —comentó Elena —Ya no importa. Pero el caso es que no tenemos muchos suministros.

—Precisamente cuando os encontramos a Amaranta y a ti intentábamos cazar por donde consideramos territorio seguro.

Daryl hizo un gesto sin poder disimular la opinión que le merecía el que intentasen cazar en esa zona y un grupo con armas automáticas, pero no dijo nada.

El grupo siguió organizando como repartiría los coches y demás materiales entre el grupo que se mudaría a la prisión y los otros seis miembros que habían decidido peregrinar hacia el norte en busca de un refugio gubernamental del que habían escuchado rumores, y que se les antojaba tan utópico como real. Durante un momento Vicent abandonó la sala y fue en busca de Mara, encontrándola haciendo la maleta junto a Mika.

—¿Marita, puedes venir un momento? —la llamó aparte.

La joven se dirigió a él visiblemente contenta y mucho más relajada de lo que había estado en todo el día, sabiendo que no tendría que despedirse de nadie. Pese a que lucía bastante cansada.

—Sé lo que me vas a decir, pero te dejo que lo hagas de todas formas —indicó con aires de autosuficiencia.

—Tus amigos se irán en un rato a la prisión, pero quiero que tú te quedes conmigo esta noche —pidió sin titubeos —. No quiero alejarme de ti de ahora en adelante.

—Ya lo sé, y contaba con ello —contestó —he traído cosas para pasar la noche, ya lo tenía decidido.

—Esta es mi chica —dijo con una sonrisa orgullosa—. Podrás dormir en mi cama, es la última de la otra sala, junto a la ventana.

—Bien...

Antes de regresar a la reunión la estrechó entre sus brazos a la joven y la besó en la frente. Aunque habían pasado horas, todavía no daba crédito a tenerla de nuevo junto a él. No podía dejar de temer despertarse y que todo hubiera sido mentira.

Cuando Vicent regresaba al comedor, la reunión había concluido y los tres compañeros de la prisión iban a marcharse, el cazador se le cruzó por el camino.

—Voy a avisar a Mara —dijo Daryl.

—Ella se queda —le frenó Vicent —. Mañana ira con nosotros, así nos indicará el camino.

—Eso me gustaría verlo —no pudo evitar soltar Daryl, sin pararse, pese a la indicación de Vicent de que Mara no se iría con ellos.

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Tras comprobar dos habitaciones, el cazador encontró a la joven en uno de los dormitorios, dejando su mochila a los pies de una de las camas.

—Así que te quedas ¿huh? —preguntó Daryl algo decepcionado.

—Es sólo una noche y contaba que Vicent no dejaría que me fuera lejos de él —contestó algo culpable.

—Iré a decirles que nos quedamos —indicó, tras pensar unos segundos, volviéndose hacia la puerta.

—¿Nos? —repitió sorprendida, haciendo que el cazador parase sus pasos —Oye no es necesario, voy a estar bien y es un grupo grande, no va a pasar nada... mañana estaré en la prisión.

—Lo sé, sé que estarás bien —dijo sin girarse a mirarla —, pero prefiero quedarme...

Mara no dijo nada, sólo sonrió para sí misma y le siguió, hasta el piso inferior, bajando por la barra hasta el garaje y reuniéndose con sus compañeros.

—Siempre quise hacer esto —confesó cuando sus pies tocaron el suelo.

—Yo también —admitió Sasha cómplice, a unos metros de ella.

La pareja se despidió de sus compañeros, quedándose con uno de los Wakie para avisar al día siguiente de su llegada a la prisión.

—No paréis por nada ni nadie —aconsejó el cazador—, sólo vais los dos.

—Tranquilo, iremos directamente, este coche es muy rápido —asintió Glenn.

David abrió los portones de salida y los volvió a cerrar cuando el coche negro abandonó el recinto. Justo en el momento en que Vicent bajaba al garaje en busca de Mara, sorprendiéndose al encontrar a Daryl con ella, unas vez que su grupo se había ido.

—Vaya... así que tú también te quedas a pasar la noche —dijo Vicent—. ¿Por algún motivo en especial?

—Psst... quería ser bombero de pequeño —contestó Daryl dirigiéndose al piso superior.

El hombre se acercó hasta la joven que observaba divertida como Daryl se alejaba hacia las escaleras.

—Es todo un romántico —comentó con sorna.

—No te haces a la idea de cuánto —contestó ella con el mismo tono —pero sólo cuando la gente no mira...

—Ya... eso lo dudo — dijo con recelo.

—Lo supongo —admitió Mara —, pero no importa porque no es a ti a quien tiene que demostrar nada.

—Sólo me preocupo por ti —explicó el hombre.

—Lo sé, te lo agradezco y no te digo nada... sólo que no te lo tomes a broma —contestó, con tono más serio —. Le quiero muchísimo, no imaginas cuanto... sólo dale unos días y podrás ver porqué.

—No hagas que me vuelva a arrepentir de ponerme de tu parte —indicó con tono comprensivo pero rotundo.

Continuará...

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TWD


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Ever: Gracias por el cumplido y el apoyo con tu review, me alegra que te gustase el capitulo.

Anne:Mil gracias por tu fidelidad con la historia siguiéndola desde el otro portal y comentándola siempre que te es posible. Me hace mucha ilusión.

JB:Muchísimas gracias por el halago sobre mi escritura, no descarto escribir un original en un tiempo, pero ahora estoy tan cómoda y feliz trabajando con personajes de otros y adaptándome a su canon que de hacerlo será en un futuro largo. Espero que te guste el nuevo capítulo.

Gracias también a los nuevos seguidores, me asombra que aún nuevos lectores de acerquen a esta historia tan tan larga.

NdA:Voy a tomar este espacio para hacer una denuncia pública a un tema de PLAGIO que sucedió la semana pasada en este fandom, en el que me he visto implicada sin desearlo, y que es una de las causas del retraso en la publicación. Pues le dedique mucho tiempo con la intención de ponerle fin.

Increíblementeel texto sigue publicado, aunque ya no contiene las partes ROBADAS de mi historia, pero si el de otras, siendo un patético conjunto de retazos de otros fanfic. Lo cual es una lástima, no solo por la impunidad del hecho sino también porque nadie entra aquí para encontrarse historias que repiten los mismo que otras y que sin duda convierten el fandom en mediocre y de baja calidad. Por él, el fandom, por los lectores que merecemos calidad y originalidad, y también por los autores que dedican su tiempo y neuronas por contarnos una historia que poco o mucho nos haga vibrar y sentir, el robo de ideas y esfuerzo ajeno es algo contra lo que hay que luchar y denunciar.

Se puede acabar con elPLAGIO si no le damos chance, ya sea avisando a los afectados, demandando al que lo comete que lo retire y reportando las historias avisando a los administradores. Por supuesto no apoyando esta historias y no ser tolerantes con las personas que se apropian de lo que no les pertenece y de lo que nunca podrán ser propietarios, la creatividad, el esfuerzo y la ilusión que un escritor pone en su obra.

El plagio es sólo otra de las muchas formas que hay de robar el esfuerzo de otro y querer llevarse el merito.Y QUIEN PRETENDE SER LOADO POR EL TRABAJO QUE NO HA REALIZADO ES DELEZNABLE EN PRINCIPIO Y PATÉTICO AL FINAL.

Pero como todo en este mundo, cuando encuentra el Yin también acabas descubriendo el Yan, y este suceso no sólo ha sacado a la luz lo peor que se puede dar en un fandom, sino también las cosas buenas que aquí suceden.

Como el compañerismo y compromiso que han demostrado cuatro maravillosas autoras (Todas con las que pude contactar personalmente) que sin verse afectadas directamente no dudaron en volcarse con la causa y emplear su valioso tiempo en echar una mano.

*Lo siguiente debería ir escrito en letras de oro*

Acuinipuini:Gracias por dar la voz de alarma y advertirme sobre las mañas de estas tipas, y sobre todo estar hora tras hora siguiendo y trabajando en esta lucha, como la que más.

Sharpey-00: Gracias por interesarte desde el comienzo y darme tu apoyo, por ayudar cuando se te pidió sin dudar estando hasta arriba de obligaciones y cosas por hacer.

Beauty Angel: Gracias por hacer un parón en tus estudios y tomar tiempo de enterarte del problema y ofrecerte a ayudar con plena disposición.

Gato Jazz: Gracias por no dudar ni un minuto en ayudarnos en esto con completa entrega. (dudo que leas esto pero aquí queda, jeje)

Gracias también a las seguidoras que me demostraron su interés y repulsa a lo que sucedía, pero con las que no fue necesario contar, pues por suerte hay un buen grupo de autoras que tiene no sólo talento sino también una moral y ética tan admirable como para respetar y luchar por las historias que ni siquiera les gustan ;)

La semana que viene más si eso... jejeje

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