CAPÍTULO 52 – DESASTRES Y CATACLISMOS

-NARRA APRIL-

-Supongo que ya es hora de salir de aquí, ¿no? –me dijo Nick al cabo de un rato.

Estar tumbados en esa mini cama, abrazados sin importarnos el resto del mundo, era algo maravilloso. Pero quizá tenía razón.

-Está bien –gruñí, obligándome a mí misma a levantarme y volver a ponerme los matadores tacones. Nick se me quedó mirando mientras me alisaba el vestido, sonriendo. Le miré extrañada –. ¿Qué pasa?

Él sacudió la cabeza ligeramente, levantándose también. La fuerte música de cubierta se oía hasta allí dentro, más o menos amortiguada. Estaba segura de que los invitados se lo estaban pasando demasiado bien.

-Aún no me puedo creer que te tenga ya para mí solo –me dijo Nick. Fruncí el ceño aún más, completamente perdida.

-¿Cómo?

-Lo que me has dicho… supongo que ahora verás las consecuencias –explicó, acercándose para cogerme de la mano –. Si tú no quieres separarte de mi lado, no veo motivo por el que tengas que hacerlo, porque yo tampoco quiero que te alejes.

Recordé nuestra conversación de antes, cuando básicamente le dije que mi futuro era él.

-No te preocupes, yo puedo perfectamente adaptarme a ti –contesté, sonriendo –tú eres la estrella. Yo seré tu chica.

-Tú ya eres mi chica –respondió, con una expresión matadora. Tuve que recordarme a mí misma cómo respirar.

Después de darme un tierno beso, decidimos que ya nos tocaba volver con el resto del mundo, así que salimos del camarote privado cogidos de la mano.

Sí; como había supuesto, la fiesta empezaba a desmadrarse. Unos cuantos bailaban encima de las mesas, algo no muy inteligente considerando que ya estábamos en alta mar. El barco estaba anclado allí en medio, así que éramos la única luz en medio del océano. Lo que no entendí era por qué no veía a nadie conocido.

-¿Dónde están tus hermanos y Liz? –pregunté a Nick, que también parecía estar inspeccionando el terreno.

-No lo sé… tendremos que buscarlos –murmuró, fijándose en Jack y John Taylor, que bailaban en medio de la pista rodeados de gente. Incluso me pareció ver a Taylor Swift por allí.

-No sabía que la patilarga estaba invitada –dije entre dientes, casi para mí misma.

-¿Quién? –preguntó Nick. Mierda, me había oído.

-Nadie… creo que será mejor que me vaya a buscar a las chicas –esquivé su pregunta –. Summer no iba muy serena cuando la vi antes.

Rápidamente, le di un beso y salí disparada de allí, rozando a la chica de pelo largo rubio rizado. Sí, la patilarga estaba allí. Tenía todos los pelos en su sitio, así que supuse que Liz aún no la había visto. Más me valía mantenerlas alejadas durante toda la noche o la escenita que montaría mi amiga sería demasiado.

-¿Dónde has conseguido la corona? –oí que le preguntaba a otra chica, que bailaba frenéticamente sujetándose su tiara para que no saliera volando.

-¡Joe me la ha dado! –gritó por encima de la música.

Riéndome en voz baja, seguí mirando por todas partes. Algunas caras conocidas me devolvieron la sonrisa, pero no encontré ni a Liz ni a Joe.

De repente, los vi: Summer y Kevin en un rincón medio en penumbra, abrazados. Bueno, más bien Kevin abrazaba a Sum, seguramente para que no se cayera al suelo. Aunque ella sonreía, parecía aún un poco ebria. Sin embargo, hubo algo que me hizo pararme allí en medio para observarlos. Él la miraba con una cara casi de adoración, podría jurar que sus ojos brillaban. Y era demasiado tierno con ella…

Pero la realidad me asaltó. ¿Dónde estaba Anne? ¿Qué pasaría si los viera así?

Tras comprobar que la pelirroja no estaba por los alrededores, salí disparada hacia la pareja, con la intención de separarlos.

-¡Summer, aquí estás! –exclamé. Rápidamente, Kevin dejó de acariciarla, mirándome como si le acabara de pillar robando galletas en la cocina.

-Es… estaba un poco mal, y pensé que no debía dejarla dar vueltas por ahí sola –se excusó. Summer le miró con ternura.

-¿A que es un completo caballero, April? –me dijo ella, con la voz un poco perjudicada. ¿Cuánto habría bebido?

-Sí, lo es –respondí, mirando casi con dureza a Kevin. Lo aparté un momento, ejerciendo mi papel de madre – ¿por qué le haces esto? O mejor aún, ¿por qué te haces esto a ti?

-¿Qué? –preguntó Kev, confundido. Estaba muy gracioso con las mejillas encendidas por el alboroto y la vergüenza.

-No puedes estar con ella así tan tierno. Mañana te vas a casar con una chica que no es ella, ¿cómo crees que se siente? –espeté. No me importaba ser dura, los tacones me estaban matando y tenía que desquitarme con alguien. Mala suerte para él.

Su cara se puso más roja aún.

-Yo no… yo no quería… -balbuceó, en shock por mis palabras. Además, sospechaba que él también había bebido.

-No querías, ya lo sé –relajé un poco mi tono de voz –; pero es así. No puedes jugar con ambas, Kevin.

Él asintió rápidamente, para luego balbucear algo sobre que tenía que atender a los invitados y desaparecer. Summer me miraba con cara de mal humor, sentada en su silla.

-¿Qué le has dicho para que se fuera? –me preguntó secamente. Me senté a su lado.

-No le he dicho nada… él es el anfitrión de la fiesta, tenía que atender a unas personas –mentí. Sus ojos azules me miraron relampagueantes. Esa chica enfadada debía de dar mucho miedo.

-¿Y por qué no se ha quedado conmigo? ¡Yo le quiero! –siguió Summer, con un volumen no demasiado apropiado. Me apresuré a taparle la boca.

-Ya lo sé, Sum, ya sé que le quieres –susurré, intentando calmarla –pero no puedes… hacer muestras de tu amor en público, y mucho menos con su prometida por aquí. ¿Quieres acabar en el fondo del océano?

Summer negó con la cabeza, como una niña pequeña asustada a la que le preguntas si quiere que venga el hombre del saco. Sonreí.

-Porque si la loca pelirroja esa te pilla tonteando con su futuro marido, ella misma se encargará de tirarte por la borda –susurré. Summer empezó a reírse.

-Me gustaría verla intentándolo –respondió bravucona. La dejé por un caso perdido.

-¿Cómo te sientes? –le pregunté. Sus ojos centellearon un poco antes de cerrarlos con fuerza.

-Mareada. Creo que he bebido demasiado –murmuró. Crucé los dedos para que eso fuera señal de que se le iba pasando la borrachera –. ¿El suelo se mueve?

Me reí ligeramente.

-Puede. Estamos en un barco, Sum –contesté, apartándole el pelo de la cara.

-Creo que voy a vomitar… otra vez –dijo, levantándose rápidamente para correr hacia la barandilla, asomándose para tirar… lo que fuera que saliera de su estómago al mar.

Me acerqué para sujetarle el pelo, como buena amiga que era. Mejor fuera que dentro.

Una mano se apoyó en mi hombro, sobresaltándome. Sin embargo, cuando me giré vi que era Nick, con una expresión un tanto seria. Pero bueno, él siempre era serio, ¿no?

-Me has asustado –murmuré, relajándome un poco. Summer seguía con su purga estomacal.

-Vaya, lo siento –dijo. Luego, habló en voz baja –. Creo que deberías ir a buscar a Liz.

-¿Por qué? Seguramente está en algún rincón oscuro morreándose con Joe. No le he visto antes –le dije. Nick sacudió la cabeza.

-Joe está ahí –señaló hacia el centro de la pista, donde un tipo con peluca y tiara rosa al que reconocí como Joe bailaba demasiado cerca de una rubia patilarga.

Nick y yo intercambiamos una mirada de preocupación.

-¿Pe-pero dónde está Liz? –balbuceé, confundida por la situación.

Mi novio apartó la vista de su hermano, fijándola en la superficie del mar oscuro.

-Creo… creo que han roto –soltó. Giré la cabeza tan rápido que casi hizo crack.

-¿Qué?

Sabía que estaban teniendo problemas, pero pensé que los superarían. ¿Qué había pasado y cuándo había sido eso?

-Eh… Garbo me ha contado algo –explicó Nick. Paró un segundo de hablar, a la vez que Summer volvía a vomitar. En serio, ¿cuánto podía caber en su estómago? –. Sólo sabe que hace un momento Liz y Joe caminaron cada uno en diferentes direcciones, y que lo siguiente que ha visto es que Joe estaba en el centro de la pista, siendo el alma de la fiesta y bailando con cualquiera que se le pusiera delante.

-Pero eso… eso no lo haría el Joe que conocemos… ¿no? –murmuré, fijándome en el nuevo y quizá no mejorado Joe. Llevaba la camisa medio desabotonada, dejando ver casi por completo sus pectorales perfectamente musculados, mientras que se movía al compás de la música con soltura.

Sí, Joe era un alocado y a veces infantil, pero el que estaba viendo no se acercaba ni lo más mínimo al que yo conocía: se abrazaba contra Taylor y ambos bailaban demasiado pegados. El Joe que yo conocía no habría hecho eso con cualquier chica.

-Vaya putada –soltó Summer, alzando la cabeza por primera vez. Sin embargo, otra arcada le hizo volver a lo suyo: los vómitos.

-Liz debe de estar fatal… ¿la has visto? –le pregunté a Nick, que negó con la cabeza.

-Deberías ir a buscarla –repitió. Miré a Summer, como dándole a entender que no podía dejarla allí en ese estado. Él la sujetó por el brazo, mirándome fijamente como si me acabara de leer la mente–. No te preocupes por ella, yo me quedo aquí. Seré tu relevo.

Sonreí vagamente, segura de que así sería.

Di media vuelta, decidida a dar con Lizzie aunque tuviera que buscar debajo de todas las coronas rosas de cubierta.

-NARRA LIZ-

Media hora después, yo seguía encerrada en el lavabo de señoras. Me importaba un pimiento que una legión de mujeres cabreadas aporrearan la puerta para que saliera, yo tenía una emergencia emocional. Y no, no podía estar en medio de cualquier parte, a la vista de todos.

-¡¿Quieres salir de una vez? –gritó otra vez la chica que llevaba intentando echarme por lo menos desde hacía quince minutos – ¡las demás también tenemos derecho a usar el baño!

Ese era el gran fallo del yate: que sólo había un baño. Bueno, en realidad dos, pero el otro estaba asignado a los hombres.

Pero era el único sitio en el que estaba segura de que nadie me veía, entre otras cosas porque la pequeña ventanita "ojo de buey" daba directamente al mar.

-¡Que te den! –grité, sin moverme de mi posición (sentada en el suelo del baño).

Joe y yo habíamos roto, y por alguna razón me olía que esa vez era la definitiva. Y todo por culpa de mi estupidez. ¿Por qué me había comportado así? Tenía razón cuando me echó en cara que había cambiado… a peor. ¿Cuándo me había transformado en una egocéntrica y altiva diva? Recordé el incidente en el House of Blues, y el de la cafetería. Yo no era así antes.

Al cabo de un rato, volvieron a aporrear la puerta, esta vez con más fuerza, como si fuera un chico (o una mujer muy, muy corpulenta). Esperanzada, pensé que sería Joe.

-¡Sal de ahí dentro! –gritó una voz con autoridad. No, no era Joseph. Di un respingo.

-¡Déjame en paz, David! –contesté. Bastantes problemas había causado ya.

-Galleta… vas a hacer que las mujeres se hagan pis encima –dijo, igual de fuerte.

¿Era una risa lo que había tenido que contener? ¡¿Cómo podía siquiera pensar en reírme en esa situación? Pero tenía que admitir que su comentario me había hecho gracia.

-Me da igual –refunfuñé, levantándome rápidamente, aún con la puerta cerrada para comprobar mi cara en el espejo.

Estaba horrible: el rímel se me había corrido por toda la cara debido a las lágrimas, y tenía los ojos hinchados como dos pelotas de golf. Ahora sí que no pensaba salir de allí hasta que llegáramos al puerto y los invitados desembarcaran. ¿Habría algún traje de buzo por el yate? Si los paparazzi estaban apostados en el puerto y me fotografiaban con esas pintas, adiós reputación.

¿Qué reputación?

-¿Vas a obligarme a que vaya a buscar a Big Rob para que tire la puerta abajo? –insistió David desde fuera. Consideré la idea.

Quizá si causaba una escenita Joe tendría que venir a reprenderme. Y a recordarme que era una diva malcriada. Mejor lo dejaba pasar…

-Pero es que estoy horrible –murmuré, acercándome a la puerta y apoyando la cabeza en la madera. Se oía la música imparable de la fiesta, pero no a ninguna señora gruñona.

-Galletita, tú nunca podrías estar horrible –dijo David. Notaba que estaba muy cerca, quizá pegado a la puerta.

¿Por qué me llamaba Galleta? Era una mala costumbre que se le había quedado pegada.

Entreabrí la puerta con cuidado, asomando una parte de mi cara para mirar a David, que estaba allí delante, con los brazos cruzados. ¿Por qué no llevaba camiseta? Al menos no llevaba la corona rosa…

Joe.

Tenía que dejar de pensar en él.

-¿Por qué no estás con alguna de esas chicas pervertidas que se cuelgan de tu cuello y babean por ti? –pregunté sorbiéndome la nariz, aún sin abrir del todo. David se rió, manteniendo las distancias con precaución.

-Porque ninguna de ellas me interesa, Lizzie –contestó. Luego, me tendió una mano –. Venga, vamos fuera a que te dé el aire. Creo que tendré que sacarte rápidamente sin que nadie te vea, o las chicas se te tirarán a la yugular. He visto a una que estaba literalmente retorciéndose para no hacerse pis encima.

Un sonido parecido a una risa ronca salió de mi boca, aunque no estaba muy segura de que hubiera podido ejercer sonido alguno. Decidí cogerle de la mano y salir de allí dentro.

-Espera, antes de ir en público… -me detuvo él, quedándose parado enfrente de mí quizá demasiado cerca. Observó con detenimiento mi cara y, cuando pensaba que iba a besarme, simplemente pasó sus dedos por debajo de mis ojos, limpiando los restos de rímel –. Tengo una reputación que mantener, ¿sabes?

Sonreí sinceramente, porque la verdad, se estaba portando muy bien conmigo.

Y entonces, supe que iba a hacer lo que me temía: besarme. Antes de que sus labios llegaran a los míos, le puse la mano firmemente en el pecho, deteniéndolo. Me miró confundido.

-Yo-yo… David, gracias por todo lo que estás haciendo… pero no quiero… no quiero hacer nada ahora –murmuré, demasiado nerviosa. Intentaba encontrar las palabras adecuadas para no cabrearle –. Acabo de dejarlo con Joe, esto no es lo más adecuado…

Él se apartó rápidamente, quitando sus manos de mis hombros y asintiendo brevemente. No parecía molesto.

-Está bien, te entiendo –contestó –; creo que me he precipitado un poco. Pero no he podido evitarlo.

Dejé escapar un suspiro dramático.

-Pues tendrás que aprender a hacerlo… ahora mismo eres el único con el que puedo contar –dije, retorciéndome las manos, nerviosa. David me miró extrañado.

-¿Y qué hay de April, Nick, Summer y Kevin? –preguntó. Estábamos solos en ese pasillo, así que podíamos hablar tranquilamente. Una vez que saliéramos, todo el barullo nos inundaría.

-No quiero tener nada que ver con la familia Jonas nunca más –respondí seriamente.

La media hora de reclusión en el lavabo de señoras me había llevado a esa conclusión: si seguía alrededor de él y su perfecta familia, sufriría. No podía quedarme alrededor de April y Nick, que tan felices estaban siempre; tampoco con Summer, porque bastante mal estaba ya la pobre. Y mucho menos con la pareja extraña, Anne y Kev. Sólo de pensar en tener que ir los domingos a comer a casa de los Jonas y ver a Joe contar sus batallitas amorosas, me daban ganas de golpear algo.

David me miró fijamente, como intentando averiguar si estaba bromeando o no.

-¿Estás segura de eso? –preguntó. Asentí convencida.

-Está bien. Entonces, vamos fuera a bailar –me dijo, haciendo un movimiento fugaz para cogerme de la mano.

Básicamente, me arrastró hasta el borde de la pista de baile. No estaba muy segura de si eso sería lo más adecuado, teniendo en cuenta la situación. Sin embargo, hizo falta que viera lo que acababa de ver para convencerme: Taylor y Joe bailando… muy juntos.

Me quedé parada en seco.

-¡Liz! ¡Aquí estás! Llevo buscándote un buen rato –apareció de repente April.

Su mirada fue desde mi cara hasta mi mano entre la de David, que se apresuró a soltarme. April volvió a mirarme fijamente, como evaluándome.

-¿Estás bien? –preguntó. ¿Era eso miedo en su voz? Alcé la cabeza.

-Muy bien. ¿Y tú? ¿Por qué no estás con tu perfecto novio? –pregunté. Necesitaba hacerle daño para que se alejara de mí. Cuanto menos contacto tuviéramos, mejor.

Seguía echando miradas fugaces hacia las dos figuras entrelazadas bailando. Joe estaba demasiado sexy con su camisa entre abierta… pero la araña… Volví a concentrarme en April.

-¿Mi perfecto novio? –respondió April –. Está… está con Summer. Ha bebido demasiado y no se encuentra muy bien.

Solté una risa amarga.

-Quizá a mí también me vendría bien una copa –me giré hacia David –; ¿crees que podrías conseguirme algo?

Él asintió sonriente, para luego salir de allí disparado, dejándonos a April y a mí solas.

-No sé si deberías beber en tu estado –murmuró mi amiga. Fruncí el ceño.

-¿Mi estado? ¿Qué estado? –espeté, soltando una carcajada –. Ni que estuviera embarazada o algo así…

-Eres… vulnerable cuando bebes, lo sabes –insistió April. Su mirada era esa de "sé que quieres beber para ahogar tus penas porque Joe te ha dejado". Me repateaba que fuera así siempre, como si conociera perfectamente mis pensamientos.

-Seré todo lo vulnerable que quiera ser –contesté –. Ahora mismo lo único que quiero es bailar hasta que me duelan los pies. Y puede que entonces, me quite los tacones y baile descalza.

-¿No estás… mal por lo que ha pasado entre tú y Joe? –preguntó ella, como intentando descubrir algún signo de dolor en mi expresión. Compuse mi mejor cara.

-No. Hemos llegado ambos a la conclusión de que ya no debíamos estar juntos.

-Pero… Liz, sé que tú le quieres –insistió April.

Nick apareció de repente a su lado, cogiéndola de la mano. Eran tan perfectos juntos… dudaba que alguna vez tuvieran alguna discusión. Casi tan perfectos que daban asco.

-Deja de decirme lo que quiero o no quiero, April –rugí. Nick se puso tenso a su lado, pero no me importó –; en vez de eso, ocúpate de tus asuntos. Id a algún sitio en el que podáis estar a solas y haced lo que las parejas perfectas hacen.

El Jonas me miró fijamente.

-No le hables de ese modo –me dijo con su tono autoritario. En otra ocasión habría retirado mis palabras inmediatamente, pero no esa noche. Me daba igual que Nick Jonas, el señor Presidente en persona me regañara.

-¿Ahora eres su guardaespaldas? –le pregunté con chulería. Si David no llegaba ya para rescatarme estaba segura de que acabaría llorando delante de esos dos y disculpándome. No sabía cuánto podría durarme la fachada de chica dura.

-No; soy su novio –respondió Nick –. Y tú no te estás comportando bien, Liz.

April pareció ponerse más tensa de lo que estaba, como si quisiera parar lo que estaba pasando. La mala noticia era que no podía.

-Martini con limón, espero que te guste –intervino de repente David, ofreciéndome un vaso gigante. Por fin.

Me agarré a la bebida como si fuera mi salvavidas y, tras dirigirles una última mirada a la pareja, salí disparada hacia el centro de la pista, dispuesta a olvidarme de todo bailando. Por supuesto, David me siguió.

Por muy centro que fuera, intenté mantenerme a unas cuantas parejas de distancia de la patilarga y Joe, pero lo suficientemente cerca como para poder espiar trozos de su conversación. Aunque en realidad no hablaban mucho…

-¿Entonces te gustó la canción que escribí? –preguntó Taylor con su vocecita inocente. Joe tardó un tiempo en mirarla.

-¿Forever and Always? –la rubia asintió –. Me entusiasmó.

Contuve la risa. Me encantaba cuando Joe era sarcástico. Taylor simplemente se rió.

-¿Sabes que siempre me ha encantado tu sentido del humor? –le preguntó. Si seguía oyendo empezaría a echar humo.

Me acabé de un trago mi bebida, mientras que David pululaba alrededor mío.

-¿Quieres más? –preguntó, con su sonrisa seductora.

-¿Intentas emborracharme?

-¡Puede! –contestó él, saliendo disparado a por más bebida. Me quedé allí parada, bailando sola como las tontas que bailan solas.

En un momento Joe y yo cruzamos nuestras miradas, pero rápidamente volvimos a apartarlas. Me era demasiado difícil mirarle fijamente a los ojos.

Seguí controlando a Joe por el rabillo del ojo, y la verdad, me sorprendió mucho que en medio de una canción dejara colgada a Taylor y saliera de la pista de baile. Iba directo al área de las bebidas… justo donde estaba David.

Quizá era mejor que yo fuera a recuperar a Henrie antes de que Joe le preguntara qué estaba haciendo conmigo.

Pasé por al lado de la patilarga, que sólo me sonrió brevemente. Di gracias porque no quería empezar una conversación forzada con ella.

Sin embargo, al estar cerca de la mesa con las bebidas y la comida, vi que llegaba un poco tarde: Joe y David estaban ya hablando.

En un impulso, me agaché rápidamente y gateé sin ser vista hasta detrás de la barra, intentando acercarme a ellos para escuchar su conversación. A pesar de la música a toda potencia, conseguí captar trozos.

-¿Esa bebida es para Liz? –le preguntó Joe a David. Supuse que este asintió, porque el Jonas siguió –; le gusta con mucho limón.

Sonreí brevemente.

¿Se acababa allí la conversación de hombre a hombre? Presté atención.

-Oye, Joe… ¿Liz y tú habéis acabado… para siempre? –preguntó David, titubeando. Estaba tan tensa que seguramente me daría un espasmo.

El Jonas suspiró. Lamenté no poder verle la cara.

-Eh… sí –contestó un aplastante Joe. Cerré los ojos con fuerza. Me negaba a creerlo.

-Entonces, ¿te importa si lo intento yo con ella? Ya sabes lo mucho que me gusta–preguntó con descaro David. Di un respingo.

¡¿Hablaban sobre mí como si fuera un caballo de carreras o un trofeo o una posesión o qué se yo? Escuché indignada.

-Haz lo que quieras, David –contestó Joe secamente –; ella ya no es nada mío.

Me quedé parada en el suelo, dejando de oír todo. Simplemente era yo en una burbuja, ni siquiera la música retumbaba en mis oídos. Todo lo que podía procesar en ese momento eran las palabras de Joe.

Sí, no eran noticias nuevas… pero esperaba que fueran mentira o que nos arregláramos al final de la noche. O quizá al día siguiente.

Pero ahí estaba la verdad, aplastante. No más Joe.

Mi plan era acercarme a él cuando las cosas estuvieran más tranquilas y pedirle disculpas, admitir que era verdad que había cambiado y prometerle que no volvería a pasar. Decirle que le quería, que le necesitaba a mi lado. Pero, ¿después de todo eso?

¿Me había cedido a su mejor amigo como si fuera una posesión?

Con la mirada perdida entre la gente, sólo una cosa pudo sacarme de mi ensimismamiento: ¿esos eran Javier y Annette besándose rápidamente al salir de uno de los camarotes privados?

La pelirroja echó a andar en una dirección, alisándose la falda, mientras que el italiano se dirigía en dirección contraria, con una sonrisa de oreja a oreja. Yo conocía esa expresión: de triunfo.

Después de todo, yo no era la única que tenía problemas.


Capítulo 52, ¿nos hemos vuelto locos o qué? jaja :)

¿Qué os ha parecido? ¿Creéis que voy muy lenta? siento mucho haceros esperar, escribo cuando puedo!
Espero que os haya gustado, sé que a nadie le ha gustado que Liz y Joe hayan roto... pero supongo que nada es permanente hasta el final de la historia (ni siquiera entonces).
En el siguiente capítulo, la boda ;)

¡Muchísimas gracias por vuestros reviews, no teneis ni idea de lo MUCHO que me animan el día!

Cuidaros mucho.

-Vicky. ( twitter / vicckiee )