Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama es en mayoría mía, la otra parte es basada en una película algo retorcida que les tendré que ocultar hasta nuevo aviso para no arruinar el misterio de la historia.
Capítulo 47
Jessica negó con la cabeza y retrocedió sus pasos antes de darse la vuelta para volver al auto. Yo me di la vuelta para entrar en la clínica. Era pequeña y un poco oscura, pero se veía bastante limpia. Me acerqué al mostrador, donde una mujer delgada y aburrida me devolvió la mirada - ¿Pediste una cita previa o estás aquí de improviso?
Parpadeé, mi estómago volviendo a revolverse – Yo… um… llamé antes, hace tres días.
- ¿Nombre completo? ¿Semanas de gestación?
Me retorcí las manos - Isabella Swan – dije en un murmullo. Dudé en lo siguiente porque no sabía contar en semanas, y habían sido muchas de todos modos; con el sufrimiento de la muerte de mi familia y la verdad sobre ese sujeto, no me había percatado que mi menstruación no llegaba desde hace un par de meses. Eso quería decir que había concebido desde un día antes del incendio, en la noche de su cumpleaños. De esto se trataba mi constante mareo, falta de apetito y náuseas, había creído que era anemia – Umm… casi tres meses.
Ella me miró como si fuera una idiota y verificó la cita en su computador. Tomó unas cuantas páginas de varios lugares de su escritorio y me los dio – Tienes que llenar estos formularios. Esto funciona por orden de llegada, así que eres la siguiente después de la última persona que llegó – señaló a una chica rubia de unos años mayor que yo, vestida pulcramente de rosa.
Mis piernas estaban temblorosas cuando fui a sentarme a una de las sillas de la sala de espera. A parte de mí y la chica de rosa, había una mujer de mediana edad sentada junto a una chica que se veía un poco más joven que yo, un malhumorado chico, y otras tres chicas de mi edad.
Antes de que pudiera apartar la mirada de las personas a mi alrededor, escuché una puerta abrirse en el pasillo a un costado del mostrador. Casi una eternidad después, una chica apareció, caminando dolorosamente lento hacia el chico malhumorado. Él tardó en verla, ya que estaba hurgando en su móvil, pero levantó la vista cuando la chica se echó a llorar a un metro de él.
El chico frunció el ceño y se acercó a ella para ayudarla, pero la chica golpeó su mano para alejarla – ¡No me toques! – sollozó – Acabo de matar a mi hijo. Ese hombre lo rompió en pequeños pedazos y tú estás aquí afuera entretenido en tu maldito teléfono.
- Lo siento – dijo el chico, no sintiéndolo realmente.
Ella lo miró fijamente – Vete al infierno, Amun.
Las fosas nasales de Amun se abrieron, como si estuviera furioso, pero no respondió, solo caminó lentamente detrás de ella hasta salir del establecimiento.
Hubo un momento de silencio después de eso. Una de las chicas de mi edad se echó a llorar en sus manos y la pequeña chica junto a la mujer de mediana edad se levantó de la silla y corrió fuera de ahí, haciendo que la mujer saliera enfurecida tras ella. Las demás personas solo miraron sus regazos o rodaron los ojos por el desfile de drama, pero yo solo me quedé allí sentada, mirando la puerta.
Aún no había escrito una sola cosa en el formulario. De todos modos, no podía, mis manos temblaban demasiado como para escribir algo que pueda entenderse. Así que lo dejé ahí en la silla y me levanté para salir de la clínica. Afuera, la mujer estaba gritándole a la pequeña chica, pero ni siquiera presté atención a lo que decía, bajé los escalones y apresuré mis pasos por los otros establecimientos y el estacionamiento hasta llegar al auto de Jessica, que seguía estacionado allí.
Me subí al asiento de copiloto y empecé a llorar. Ella me miró con preocupación - ¿Qué pasó?
- No pude llenar el formulario, mis manos temblaban.
- ¿Has venido para que te ayude a llenarlo?
Sacudí la cabeza y me incliné hacia adelante – No puedo ser la culpable de una muerte más. No puedo dejar que el doctor lo rompa en pequeños pedazos, eso es lo que la chica dijo, que él rompió a su bebé en pequeños pedazos.
Jessica suspiró, aliviada – Entonces mantenlo entero. Dentro de ti.
Volví a sacudir la cabeza, sintiéndome histérica – ¡Pero no lo quiero! Todavía no lo quiero. No quiero tener un bebé. ¡No quiero tener un bebé de ese hombre!
- Bueno, no lo tengas – dijo, en voz baja y conciliadora. Parecía extrañamente serena en comparación con mi histeria – No tienes que tener un bebé de él si no quieres. Solo ten un bebé tuyo.
La miré fijamente, sin parpadear - ¿Puedo hacer eso?
Ella se inclinó sobre la palanca de cambios y me abrazó – Por supuesto que puedes.
Seth tenía una cama bastante pequeña en forma de pelota de futbol, pero ya que estaba encogida, los dos cabíamos perfectamente en ella. Él era hermoso cuando dormía. Y tarareaba, como mamá. Había tenido que acostarme aquí con él porque, a pesar de que estaba exhausto de tanto llorar, se aferraba a mi cuello sin querer dejarme ir.
Le di un beso en la frente y me bajé de la cama con cuidado, cobijándolo bien antes de salir silenciosamente de la habitación.
Bajé las escaleras y caminé lentamente por los salones de la casa hasta llegar al comedor, donde todos estaban cenando en silencio. La abuela estaba allí, al final de la mesa, y me sorprendí al verla. Todo lo que se me pasó por la mente, fue que era una… anciana. La abuela siempre se vio entera para su avanzada edad, estando siempre en buena forma, arreglada e imponente, pero ahora se veía abandonada, como si solo se hubiera sentado en una silla a esperar el día de su muerte.
Levantó la mirada distraídamente y cuando me notó, sus ojos se abrieron y llenaron de lágrimas – Bella – dijo con aquella voz temblorosa que tienen los ancianos. Esa no era la voz que recordaba en ella.
Aparté la mirada y la ignoré, sentándome junto a Lilian y frente a Jasper, a pesar de tener un lugar para sentarme junto a ella. Renata, de pie a un metro de la mesa, inmediatamente cambió mis cubiertos y vaso de lugar antes de apresurarse a la cocina para traerme un plato de comida. La abuela repitió mi nombre dos veces mientras esperaba mi comida y empecé a comer justo cuando ella empezó llorar sobre su plato. Todos dejaron de comer y la miraron, incómodos, pero yo seguí comiendo como si nada estuviera pasando.
Emmett soltó los cubiertos y echó atrás la silla ruidosamente – Esto es una mierda – dijo, enojado. Me miró – ¿Qué demonios estás haciendo? Sé que tienes cosas que decirme y estoy esperando pacientemente para que hablemos de ello, aunque ya vi la mitad o todo de ese asunto llamarte mamá hace un rato. Pero quiero que me digas en este momento por qué estás siendo de esta manera con la abuela cuando ha estado criando a tu hijo por ti todo este tiempo.
La abuela siguió llorando, así que yo seguí comiendo – No dejé a Seth con ella, lo dejé con Renata.
- ¿Ella? – preguntó, aún más enojado.
Suspiré, bajé mis cubiertos y giré mi cabeza hacia la melancólica anciana - ¿Por qué haces esto?
- ¡Bella! – gruñó Emmett.
Lo miré a él esta vez - ¿Sabes? Creo que es hora de que hablemos. En este preciso momento – los chicos empezaron a levantarse de la mesa, pero estuve de pie antes que ellos – No, no. Deben quedarse y escuchar, para eso los traje – cuando volvieron a sentarse, mirándome con incomodidad, señalé a mi abuela – ¿Ven a aquella vieja señora de allí? Es mi abuela, la madre de mi padre. Y la odio. Esa es una palabra bastante fuerte, pero estoy segura de que eso es lo que siento por ella, es la única persona en este mundo que me hace tener ese sentimiento tan feo. Ustedes podrían pensar que si tuviera que escoger una persona para odiar, ese sería el hombre que quemó mi antigua casa con mi familia adentro, pero después de haber pasado los últimos tres años en un hospital psiquiátrico, y después de sentirme tan culpable como para tratar de suicidarme frente a todos ustedes con un cuchillo, puedo comprender las cosas horribles que una persona enferma mentalmente es capaz de hacer, lo incontrolable que puede ser. Ahora, no me malinterpreten, no estoy diciendo que estoy perdonando a ese hombre, porque no lo estoy haciendo, me hizo mucho daño, solo estoy diciendo que no estoy poniendo todo el peso de la responsabilidad en él – volví a señalar a la abuela – La odio porque ella no tiene ninguna excusa. No tiene una razón válida para sus acciones. Ella trajo a ese hombre aquí, lo ocultó de todos, me entregó a él y luego me culpó por las consecuencias. Y cada cosa que hizo, se trató de su egoísmo – miré a Emmett – Así que no me pidas que sea buena con ella. No me pidas que le sonría, la abrace y le diga que me alegra verla. Porque no lo hace.
- ¿De qué estás hablando? – exhaló Emmett, perplejo.
- ¿De qué querías hablarme cuando estuviéramos aquí? ¿El asunto que estabas ocultando? – pregunté, con intención.
Emmett miró nerviosamente a las personas a nuestro alrededor, como si no pudiera hablar de aquello en público – Yo…
- ¿Querías hablarme sobre la tía Victoria? ¿Sobre el tío James? ¿Sobre cómo él me violó cuando tenía cinco años y asesinó a la tía Victoria al final de las escaleras cuando ella intentó salvarme?
Hubo un jadeo colectivo en el comedor, lleno de conmoción. La abuela lloró más fuerte y Emmett abrió los ojos desmesuradamente por el shock – ¿Lo sabías?
Asentí – Lo recordé todo. Ese hombre me hizo recordarlo.
- ¿Por qué sabías que iba a hablarte de eso? – la voz de Emmett era derrotada.
- En la institución, tuve mucho tiempo para pensar. Fue realmente extraño que pudiera recordar desde que tenía cuatro años hasta el presente. Recuerdo lo feliz que era en esa época y cómo pensaba que el tío James era lo más genial que había sobre la tierra, pero entonces me hizo daño. Recuerdo aquel día en el que mamá y papá nos presentaron como hermanos porque no nos recordábamos el uno al otro y lloraste cuando te hablé. También recuerdo el sueño recurrente y las pesadillas, cómo iba a tu habitación por las noches y tú nunca preguntaste por qué lo hacía, solo levantabas la manta para que me metiera debajo y tomabas mi mano. Mientras crecíamos, todo lo que te interesaba era artes marciales y luchas, cosas en las que pudieras defender, tener fuerza. Cuando tuviste la edad suficiente, corrías kilómetros y hacías un montón de ejercicio como si tu vida dependiera de ello. No te gustaba tocar a las puertas antes de entrar a un lugar, era algo por lo que recibiste muchos sermones, pero nunca intentaste remediar. Eras como mamá y papá con la escalera, te daban escalofríos si alguien tardaba demasiado tiempo en los escalones sin subir o bajar. Nunca fuiste como los demás hermanos mayores, no queriendo que sus hermanos pequeños pasaran tiempo con ellos para jugar, tú me querías allí, divirtiéndome contigo, era importante para ti que sonriera. Fui la persona que más te costó dejar cuando te fuiste a la universidad y durante los primeros meses, llamaste todos los días para hablar conmigo, como si tuvieras que asegurarte que yo estaría bien, aunque no estuvieras – me pasé el antebrazo por los ojos – Pensar en todos esos detalles me hizo darme cuenta de que lo recordabas. Que en realidad nunca lo olvidaste.
La piel de Emmett estaba roja, él se restregaba las manos en la cara con brusquedad – No quería que lo recordaras, nunca lo quise. Si pudiera elegir por lo que estaría bien para mí, eso es lo que escogería, pero esto se trataba de ti. Era más seguro que lo supieras ahora, que guardar silencio y tomar el riesgo de que puedas recordar algo como eso cuando tu vida esté construida y yendo bien – sacudió la cabeza – Fue trágico, nos jodió, pero tú lo olvidaste y yo no pude. Todo estaba en mi mente. Yo también quería que se borrara de mi memoria, por lo que me forcé a ello y les hice creer a todos que lo había hecho. Eso no me sirvió de nada, excepto para fingir que nada pasó y seguir con nuestra vida, pero me carcomía por dentro – suspiró – Creo que… aunque no quería que lo supieras, necesitaba que lo hicieras. Así podría sacar esto de mí de una vez por todas.
- Lo siento – susurré.
Levantó la cabeza para mirarme antes de negar con la cabeza – No tienes que disculparte por eso. No es culpa de ninguno de nosotros.
Culpa.
Ya no sentía que me abrumaba, porque entendía que las cosas nunca estuvieron a mi control, no era completamente inocente, pero podía admitir que fui conducida a aquellas situaciones por otras personas. Me aliviaba que Emmett se sintiera de la misma forma.
Me aclaré la garganta y respiré profundo, preparándome para romperle el corazón a mi hermano mayor – Hay una razón por la cual quería que hablaras de esto primero. ¿Recuerdas cuando hablé contigo sobre la verdad de la muerte de nuestra familia? – él asintió – Me preguntaste quién era el hombre que había hecho que mi mundo se desmoronara, pero te pedí que me permitieras tener ese secreto. Lo oculté porque no quería que hicieras preguntas sobre él y porque no podía decir su nombre. Literalmente – mi labio interior tembló y las lágrimas empezaron a salir silenciosamente de mis ojos – Puedo decir su nombre ahora sin que me duela. De lo que no estoy segura, es si el nombre te dolerá a ti.
Emmett se veía decidido a escuchar lo que sea que tendría que decir, pero había una chispa de temor en sus ojos - ¿Por qué crees que su nombre me dolería?
- ¿Por qué? – la voz de la abuela irrumpió en la conversación, temblorosa, frágil y entrecortada - ¿Por qué estás haciendo esto aquí? ¿Frente a todas estas personas?
Dudé en responderle, porque ella me hacía sentir tan antipática y mi primer curso de acción siempre era ignorarla, pero creí que ella debería saber la razón. La miré – Porque ellos son mi familia, y en esta familia no hay secretos. Alguna vez tuve una familia en la que había muchos de ellos y mira cómo terminó.
Sus ojos llorosos y legañosos me miraron suplicantes - Bella, por favor… no hagas esto.
La miré fijamente - ¿Qué no quieres que haga? – dije en voz baja, mi garganta cerrándose por el llanto reprimido - ¿No quieres que les diga que desafortunadamente eres mi abuela, pero que también eres la abuela del pequeño niño que duerme arriba?
Ella se inclinó hacia adelante y descansó los codos en la mesa para poder apoyar su rostro en sus manos. Emmett frunció el ceño el ceño mientras ella se echaba a llorar otra vez - ¿Qué?
- James – dije – Ese es el nombre del sujeto.
Cuando Emmett y los demás, que no estaban al tanto de la verdad, entendieron lo que quería decir, sus rostros se llenaron de horror.
Hola!
Espero que les haya gustado el cap.
Bueno, Bella finalmente le ha hecho saber a Emmett la completa verdad. Edward aun no aparece y lo extraño tanto como ustedes.
Para las que están confundidas acerca de Seth, voy a explicarles: Bella y Emmett tenían un hermanito de seis años, el de los recuerdos de Bella, llamado Seth. Ella se refiere a él como El pequeño Seth. Ahora, su hijo, de cuatro años y medio, fue nombrado en honor a ese niño que murió junto a sus padres en el incendio, los paramédicos no pudieron salvarlo. Y Bella se refiere a él como Mi pequeño Seth.
En todos los capítulos anteriores donde hubo referencia a alguno de los dos, se les diferenciaba de esa manera. Y pues, claro, era mi forma de hacerlas confundir y creer que solo había un Seth, pero algunas de ustedes son demasiado inteligentes y observadoras a los detalles como para caer en mis trampas, así que lo averiguaron antes de tiempo.
Les mando un beso y un abrazo enfurruñado. Gracias por sus comentarios.
Nos leemos en el próximo cap.
Bye!
