Cada uno se sienta en su silla de la mesa, dispuestos a comer algo antes de que siga la fiesta. Kya y yo, por supuesto, presidimos la mesa. A pesar de que se supone que tenemos que mostrar "buenos modales", yo me comporto como si nada. Es cuando miro a mi trozo de mesa que exclamo:

-¡¿Todos estos tenedores son para mí?! Mamá, ¡¿Estás loca?!

-¡No grites!

De repente, mi madre se da cuenta de que está chillando y baja la voz.

-Son para los diferentes platos, hombre. Es una fiesta especial, habrá que tener hábitos adecuados, ¿No crees?

Sí, ya, se cree que voy a usar todos los tenedores y todos los cuchillos. Pues me parece que va lista.

Para cenar hay una sopa de pollo de primero con pistones. Está realmente buena, y parece gustar a todo el mundo. Pero de segundo…

-Qué rica estaba la sopa, ¿Verdad?-me pregunta Kya, sonriendo.

-Ni que lo digas. ¿Qué hay de segundo?

-Es carne con salsa amarga de naranja y apio con tropezones. Es un plato que está muy de moda.-sonríe mi madre, orgullosa.

A mi madre se la veía muy emocionada, así que cojo un tenedor y un cuchillo y me llevo un trozo de carne a la boca, y por poco lo vomito. ¡Qué asco! Me parece que el catering la ha timado. Y por lo visto, no soy la única. Los adultos no rechistan, pero los listos de turno…

-¡¿Se puede saber qué puñetas es esto?!-grita Sue por lo bajini, comentándolo entre todos los chavales.

-Es verdad, ¿Qué le han echado a la carne, que la han estropeado?-protesta June.

-Naranja y apio…-aclaro, con una arcada.

-Pues casi mejor que no le hubieran echado nada…-se queja Tommy.

-Estoy contigo. Con naranja aún…-empieza Amelie.

-¡Pero con apio!-reprocha Geneviève.

-Y esos tropezones no le hacen un favor…-juzga Raphael.

-Oh, vamos, no está tan mal….-dice Kya, disimulando como puede.

-Kya, es inútil. No hace falta que te escondas, si nadie se ha enterado. De los mayores, digo.-aclara Louise.

-No seas tímida, rubita, puedes admitir que es una bazofia.-suelta Ely, como quien suelta una bomba.

-Está bien… Es cierto que…

-Que es horrible.-acaba Regina.

-Pues menos mal que me avisáis, porque no tenía ni idea, y soy alérgica a la naranja.-avisa Cheryl.

-Qué suerte, la que se habría montado si Cheryl lo hubiera probado. ¡Vaya ridículo!-empieza Toby.

-¡Se pone roja, le salen granitos por todas partes, se le hincha la cara, y parece el yeti de color rojo! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!-se ríe Tim.

-¡Qué malo eres, Tim!-corrobora April.

-Sois una escena. Entre todos, en serio. Cuesta creer que estuvierais resolviendo un crimen hace tan poco.-se burla Mya.

-Pero tú también compartes la idea, ¿No?-pregunta Karla.

-Pues…

-Vamos, eso es un sí.-corta Kurt.

De repente, noto un tirón de mi vestido. Levanto ligeramente el mantel y veo a Electra allí debajo, con una cajita de cartón.

-¿Qué haces allí abajo, chiflada?

-Oye, mis respetos, que te vengo a dar mi regalo.

Desconfiada, lo cojo y lo abro. Dentro resplandece una flamante hamburguesa con queso rebosante de kétchup.

-¿Cómo la has conseguido?-pregunto, determinante.

-Sabíamos que podía pasar algo así, así que Regina y yo pasamos por un Burger antes de venir aquí. ¡Sorpresa!-se burla Ely.-Toma, pásasela a Kya.

Electra me da otra hamburguesa igual, y veo que tiene otras cajas en su bolso.

-¡¿Pero qué llevas ahí, el Burger entero?!

-Sin pasarse, ¿Eh? O me lo guardo todo para mí.

-¿Es que me aprecias, Ely?

-¡Ni loca! Solo que así te engordas más y puedo reírme de ti.

-Sí, ¿Y qué más? Muchas gracias, Ely.

-No me llames Ely, mendruga. Para ti soy Electra, y da gracias de que no te haga llamarme "Srta. Foster".

-Como usted diga, señora Foster.

-¡¿A quién llamas tú "señora"?!

-Calla y vuelve a tu sitio, que te van a descubrir.

La señorita Foster rechista y vuelve a regañadientes a su sitio, y yo le doy la suculenta hamburguesa a Kya, que al igual que yo, decide repartirla. Con nuestra "buena fe", nuestra discreción y el Burger que Ely lleva en el bolso, todos los críos (excepto Dakota, porque así lo mando yo) tenemos nuestro cachito de hamburguesa. ¡Y los viejales de los adultos no se enteran de nada!

Después llega el momento del postre, el momento preferido de Louise. Y el mío, lo admito. Helado de nata servido en una copa la mar de elegante. Se me hace la boca agua… El postre parece el momento perfecto para ponernos en ridículo los unos a los otros, porque entre que los adultos empiezan a comentar cosas de mi niñez, y tal… Se armó la gorda.

-Este helado de nata me ha recordado a un baile que hizo Kylie una vez, cuando se apuntó a danza con el colegio…-se acuerda, para mi pesar, mi madre.

-¡Mierda!-grito.

-¡¿Tú sabes bailar?!-se mofa Sue.

-Oye, no es lo que pensáis. Yo me apunté para el campamento de exploradores, pero hubo un error y tuve que tragarme danza medio curso.

-¿Seguro que fue una confusión?-bromea Tommy.

-¡Sí, seguro!-mascullo, decidida.

-¡Ah, sí! Y ahora que hablamos de funciones, ¿Qué hay de esa función que hizo Kylie en primaria, donde iba de Blancanieves?-comenta mi abuela Roselyn.

-No, no, no…-me quejo.

-¡Y cuando la vestí de hada en Carnaval!-informa tía Rochelle.

-Y cuando era bien pequeñita, que no sé para qué era se vistió de osito…-sigue Nicky.

¡La madre que los trajo a todos! Todo el mundo cachondeándose de mí.

En un momento dado, todo el mundo recordando mis momentos de infancia más bochornoso. Me estoy intentando camuflar, pero Kya sale en mi apoyo. Se levanta de la silla y…

-Sí, es cierto que todas esas cosas son muy divertidas. Pues puestos a recordar todas esas cosas, yo también tengo que confesar una cosa.

-Dinos, Kya, cielo.-incita mi abuela Jeanie.

-Yo…

-Kya, ¿Qué estás haciendo?-pregunto.

-Nada, participar en esta conmovedora celebración familiar.

Todos se quedan mirando a Kya, alzada.

-¡De pequeña me ponía los vestidos y los tacones de mi madre y empezaba a correr por casa!-confiesa Kya, sonriendo, para mi sorpresa.

Al principio, todos se la quedan mirando, pero después la aplauden y ríen.

-¡Sí que sos honesta, Kya!-ríe mi abuelo Paul.

-Claro, para que Kylie vea que no se ha de abochornar…-me mira Kya.

-Gracias, Kya.

Me envalentono y me levanto también.

-¡A veces empiezo a tocar mi saxo imaginario como si fuera una profesional!-confieso yo.

Más risas y aplausos. Me parece que todo el mundo me apoya y hace lo mismo que yo.

-¡Jugando a los bolos partí un cuadro y para repararlo lo dibujé yo misma, y hoy en día mi dibujo sigue en el marco!-grita Louise a pleno pulmón.

-¡Una vez estampé mi guitarra de juguete contra el suelo creyéndome una estrella del rock y que no iba a pasar nada!-corrobora Sue.

-¡Sin querer me eché pimienta en las patatas fritas en lugar de sal!-recuerda Tommy.

-¡Un día me fui al cole en zapatillas sin darme cuenta!-chilla June, como si estuviera orgullosa.

-¡A veces sigo hablando con mis muñecos cuando me siento sola!-confiesa Amelie.

-¡Una vez en un examen se me rompió el lápiz y empecé a escribir con el compás!-manifiesta Geneviève.

-¡Cuando me dijeron que saqué un 10 en literatura me emocioné tanto que se me rompieron las mangas de mi chaqueta!-menciona Raphael.

Regina no está muy convencida, pero después de pensárselo un poco, se lanza también.

-Por un problema genético que tengo, siempre que veo sangre pierdo el sentido.

Ely, en cambio, no está convencida para nada.

-¡Vamos, Ely, no te cortes!-suelta Cheryl.

-¡Sí, vamos, todos han dicho algo!-intenta Jess.

-¡Ni hablar, me niego!-grita Electra.

-Suerte que la valiente eras tú, hermana melliza.-se burla Regina.

-¡¿Tú también?! ¡Unununa Foster, eres una maldita traidora!-insulta Electra.

-Si no dices nada, doy el chivatazo de quién ha traído las hamburguesas…-susurro.

Puede que esa excusa no sea muy fuerte, pero con Ely se ve que ha funcionado.

-Tuve un novio imaginario llamado Killian…-dice Ely, bajito, avergonzada.

Todo el mundo ríe el doble.

-¡No sé por qué, pero siempre me doy golpes en la cabeza!-asegura primo Nick.

Dakota pasa de todo, y no hace ningún comentario. Mira enfurruñada a un lado. Parece que le da rabia que me lo esté pasando tan bien.

-¡Tengo un muñeco de nieve de peluche llamado Frosty!-chilla Mya, sonriendo.

Hasta la poli se suelta en mi fiesta. Esto es impresionante.

Todo el mundo ríe y aplaude después de cada comentario. Pero después, en medio de las risas…

-¿Sabéis que tengo un máster en periodismo?-pregunta inquisitiva tía Rochelle.

Todo el mundo le contesta con un "Sí".

-¿Y sabéis que hice el examen final para ganarme el título?

Otro "Sí" de la multitud.

-¡Pues suspendí!-revela tía Rochelle, más contenta que otra cosa.

Más que aplaudir, la gente ríe y ríe. Mi abuelo Paul adopta una mirada inocente, y mi abuela Roselyn se quiere morir. ¡Vaya hija benjamina les ha salido, ja, ja, ja, ja, ja!

Las carcajadas siguen, implausibles, pero para mi sorpresa, hay alguien más que tiene algo que decir.

-Yo recorrí nadando las 29 millas que circundan la isla de Manhattan. Tardé 10 horas, pero gané una apuesta.

Es mi viejo, que nos sigue la corriente. Al igual que yo, todo el mundo se queda callado, perplejo. Al cabo de unos instantes, algunos aplauden y tal, pero yo sigo mirándolo fijamente con los ojos abiertos como platos. ¿Qué narices le pasa que está hablando de sí mismo?

Al final, todo el mundo se sienta, los adultos toman el café, y tal. Aunque Kya me pregunta a pesar de que entienda la razón, yo me quedo callada durante todo el resto de la cena. Esto sí que me ha dejado de pasta de moniato, y no consigo articular palabra.