Severus se paseaba como un tigre enjaulado dentro de la habitación. Había intentado salir usando todos los medios que conocía, evidentemente, sin resultados lo cual no hacía más que exacerbar sus nervios.

_Estese quieto, no va a conseguir más que horadar el suelo.

La miró con los ojos afilados, "Horadar, que bonita palabra. Yo le horadaría el cerebro"

_¿Qué está ocurriendo? ¿Lo sabe?

La muggle tocó su antebrazo con precaución. Era evidente que buscar, tal vez forzar, el contacto le resultaba doloroso. "Peor para usted"

_Creo que nuestra querida Bellatrix está torturando a la chica, está muy inquieta por lo de la espada. ¡Siéntese, haga el favor!

Snape se dejó caer de mala gana sobre el sofá. Se retorcía las manos y se podía ver su ira rodeándole con un halo rojo aunque su rostro no delatase la más mínima expresión. ¿Para eso había estado preparándose todos estos años?¿Para fallar en el momento más inoportuno por el capricho de una muggle?

_Hábleme de algo, distráigame de mis malos pensamientos.

La muggle sintió sus ojos negros clavados en ella, presintiendo que esos malos pensamientos tenían algo que ver con ella y con lanzarle un cruciatus de órdago.

_ Cuénteme cómo es que sabe lo que está pasando.

La muggle suspiró, vale, a lo mejor no podía tranquilizarle pero podría hablar, "hablar demasiado" se le daba bien.

_Es por la marca. Ya sabe que mientras estuve en casa de los Malfoy toqué a casi todos los mortífagos, salvo quizá a los Malfoy. También sabe que cuando toco a alguien...prácticamente me convierto en ese alguien, sé todo cuanto piensa, sabe o siente. La marca tenebrosa es como un...no sé...un comunicador. Si alguien la toca, yo lo noto y siento lo que está pasando por su cabeza. Es como si el tacto se trasmitiera por la marca y llegase hasta mí.

Snape asintió con una cabezada lenta, sin dejar de retorcerse las manos, tratando de digerir que ella no sólo tenía acceso a él cuando se tocaban, sino que además podría hacerlo estando lejos. Aún cuando el íntimo conocimiento que tenía de él, esa forma de compartir su carga, le había resultado un sustancioso alivio, no estaba seguro de desear no poder disponer de ninguna intimidad.

_ También me llegan sensaciones cuando alguien está muy excitado por algo..._continuó.

_Como cuando Alecto torturó a Corner_ Snape adelantó sus propias palabras, sí que estaba impaciente.

_Exacto. Por eso he sido capaz de "sentir" lo que ocurría..lo que le ocurría a Bellatrix. Y sé, para su tranquilidad, que no han llamado al Lord.

Snape resopló.

_Lo harán pronto. Llame a Winky, ¡por Merlín, mujer!, ¡déjeme ir!

La muggle negó con la cabeza.

_ Es una estupidez que vaya. ¿A santo de qué podría presentarse allí?

Tenía razón, sus oportunas apariciones casuales habían comenzado a despertar todo tipo de comentarios desde hacía años, siempre parecía saber más de lo que le correspondía, aún así, no se rendía.

_Basta con explicar lo que me ha contado.

_Eso, y que al Perturbado se le ocurran más maneras de usarme...No, gracias. Además, el que usted vaya no va a cambiar las cosas: o Potter tiene las reliquias de la muerte y se salva o no las tiene. No tiene que decirle que su destino es caer a manos del Lord. Lo que tenga que ocurrir, ocurrirá, esté usted o no.

También tenía razón. Eso era lo doloroso del caso, que fuera o no, el destino del chico no estaba ni de cerca en sus manos.

Snape pasó los dedos por su pelo.

_ ¡¿Y cómo es que se le ocurre mandarle a un elfo doméstico?!

La muggle le miró como si despreciara su profunda ignorancia.

_¡Pero que prepotentes son los magos! ¿Se creen los más guays del Universo, verdad? Si se molestaran tan solo un poco en mirar a su alrededor... ¡Los elfos domésticos tienen un poder casi ilimitado! Mire, si "nuestro" señor lo ordenara un elfo podría traerle a Potter y someter al mundo mágico y al muggle con un chasquido de sus dedos. Nos salva el que ese inmenso poder está contenido en criaturas ignorantes y serviles. Como los genios atrapados en las lámparas maravillosas, están limitados a los deseos de sus amos. Amos que no piensan que sirvan para algo más que para las tareas domésticas.

_Veo que tiene un profundo conocimiento de la materia.

_Algo tengo que hacer en las horas en que usted trabaja. Las cocinas no son mal sitio.

Pero la preocupación de Severus no remitía. Demons trató de nuevo.

_ Dobby tiene adoración por Potter, si alguien puede sacarle de allí es él...¡maldito sea, Snape!¡Por Dios bendito!¡Tantas ganas tiene de ir al encuentro de la muerte!

Hundido en el sofá, con la cabeza entre las manos, Snape se debatía entre la impotencia, la furia de verse privado de movimientos, y la extraña sensación de que alguien intentara protegerle. No recordaba la última vez en que alguien lo hubiera hecho.

_Creo que me he defendido bien sin usted todos estos años.

Un silencio incómodo se instauró entre ambos. La muggle se frotaba compulsivamente el antebrazo marcado reprimiendo las ganas de hacerse un sitio en las rodillas de Snape y hundir la cabeza en su pecho. Snape lo rompió con su voz fría y educada.

_Sabe por casualidad, con su prodigiosa clarividencia, dónde está el Lord.

La muggle cerró los ojos.

_Está lejos, está...interrogando a alguien.

Demons apretó con saña su brazo. Snape incluso percibió algo en su propio antebrazo. Alguien había convocado al señor tenebroso.

_Bellatrix cree que la espada es falsa_ comunicó Demons.

Snape resopló algo aliviado. Aunque eso no compensaba el hecho de que el Lord se dirigía hacia Potter irremediablemente.

_En el caso de que Dobby no lo consiga...

_Tenga fe_ la mente de la muggle trabajaba rápido para darle alguna esperanza más_ Aunque no lo consiguiera, el Lord no le hará nada aún. No tiene la varita de saúco. Tiene la fijación de que debe hacerlo con esa varita, no le sirve ninguna otra.

De nuevo tenía razón... y de nuevo la lógica no le servía para calmar el deseo de correr hasta el hijo de Lily. Demons le agarró del brazo. Snape alzó la mirada para encontrarse con una esperanzadora expresión de alivio.

_¡Se ha ido, ha conseguido escapar!

Snape frotó compulsivamente su rostro con las manos, la tensión había sido tal que temía empezar a derramar alguna lágrima.

_¿Está segura?

_Completamente.

_¿Y el Lord?

_Está llegando_ el pecho de la muggle se encogió_ Está...furioso...está castigando a todo el mundo.

Snape se levantó del sofá y cuidadosamente puso su mano sobre el hombro de la muggle.

_¿Puede parar eso?_ ella asintió_ Hágalo. Déjelo ya.

Acto seguido la acercó a su pecho y la envolvió en un consolador abrazo.

_Gracias_musitó contra el pelo castaño y revuelto de la muggle_ Ahora, por favor...¿Podemos salir de aquí?

_Por supuesto, aunque... tengo algo que pedirle...no invente nada. Le digo de lo que hablamos antes, no cambie nada. Si el Pervertido quiere ver algo, que nos vea comiendo fresas...no quiero darle a ese.. ser... ni una satisfacción más a mi costa, si puedo evitarlo.

Snape se comprometió en un susurro besándole el pelo.