CAPITULO LII
La Desaparición de Anthony
La fiesta estaba por concluir, Kate estaba por rendirse, el cansancio la mataba, decidió salir un momento a respirar un poco de aire. Se sentó en las gradas de una de las salidas, a pesar de la alegría del festejo ella sentía como si ahí terminaba la vida de la muchacha dulce que soñaba con el amor verdadero. Ya no sentiría más esa deliciosa fragancia que la había cautivado desde el principio.
Adentro Stear y Patty platicaban sobre las cosas que harían cuando regresaran a América que sería dentro de una semana más.
-¡Patty! Aun no hemos hecho lo que
queríamos, cuando regresemos no vas a poner más excusas, subirás
conmigo a la avioneta
-No, me da mucho miedo -le dijo
tímidamente-
-¿Qué te da miedo? ¿La avioneta? ¿O estar
a solas conmigo?
-¡Stear! -exclamó roja-
-¿Qué pasa? ¿Es
una pregunta algo comprometedora?
-Es que a veces me sorprendes,
te has vuelto más atrevido
-¡Hum! ¿Y no te gusta?
-Es
que...
-No soy el lobo feroz Patty, no tengas miedo
-No tengo
miedo
-Está bien, voy a ser como tú quieres que sea
Anthony se acerca a la pareja para despedirse, quería regresar al hotel cuanto antes.
-Perdonen que los interrumpa pero vengo a
despedirme, me regreso al hotel
-Entonces vamos contigo -le dijo
su primo-
-No, no te preocupes, tú sigue disfrutando de la
fiesta, yo pedí un taxi
-No queremos dejarte solo -le dijo
Patty-
-Son ustedes muy amables pero no se preocupen, estaré
bien
-Entonces...
-Nos vemos más tarde
-de acuerdo, más
tarde hablaremos
El rubio fue a abrazar a su querida Candy y se despidió de algunos amigos y conocidos al salir tropezó con la nueva dueña de su corazón. Quiso decir algo pero no pudo, tenía un nudo en la garganta y pasó de largo. Kate no permitiría que se fuera así, sin darle la última estocada.
-¿No vas a
felicitarme Anthony? Todos lo han hecho, tú eres el único que no me
ha deseado nada
-¿Qué quieres que te diga? -preguntó volteando
a mirarla- ¿Qué me hace feliz que vayas a casarte con otro?
-Al
menos finge un poco como Elisa
-No, yo no puedo ser como Elisa ni
como nadie en esta fiesta que sepa que vas a casarte por puro
despecho, porque bien sabes que no podrás amar a nadie como me amas
a mí.
-¡Vaya! ahora te has vuelto un engreído, crees que puedes
tener la atención de una mujer por bastante tiempo
-Puedo
mantener la atención de una mujer lo que yo quiera ¿Acaso no es lo
que pasa contigo?
-No, no lo es
-Entonces ¿Por qué no
dejaste que me vaya tranquilo? Has querido retenerme con el absurdo
pretexto de pedir felicitaciones
-No es así
-Entonces lo has
hecho por lastimarme. Pues te digo algo, si piensas que me estas
hiriendo más con eso, estás muy equivocada, no me puede doler más
de lo que me dolió hace rato ver como otro te besaba.
-¿Te
dolió? -Pregunta un tanto afectada-
Anthony se acerca más y la mira con mucha rabia ¿cómo puede preguntar lo que es obvio? ¿Acaso no se lo estaba diciendo?
-¿Qué ganas con preguntar
algo que ya sabes?
-No creo nada de eso que dices, a ti te duele
que mi hermana esté por casarse con Terry, no el hecho de que yo me
haya comprometido con Oscar.
-Sigues sin creerme, ya no sé como
demostrarte que te amo. Por favor recapacita y rompe ese absurdo
compromiso
-No lo voy hacer, cuando tomo una decisión no hay nada
en el mundo que me haga cambiar de opinión
-Sí, ya lo estoy
viendo, entonces no voy a insistir por ahora
-Te aconsejo que no
vuelvas a insistir después tampoco porque será igual que esta
noche, no obtendrás resultado
-Bueno, ese es mi problema, ahora
si me despido, voy a darte lo que tanto quieres de mi, mis
felicitaciones
-¿no dijiste que tú no eras como los demás? ¿Que
jamás me felicitarías?
-Ellos te felicitaron de una forma
diferente a la mía
-¿y cuál es tu forma?
-Así
En un movimiento rápido Anthony la tenía entre sus brazos, sus ojos se dilataron, haciendo que el rubio luciera más atractivo y seductor que antes. Varios mechones cayeron sobre su frente pero estos no importaban, el tenía que hacer algo.
-¡Felicidades!
Le dio un suave abrazo, bajó sus manos lentamente por su espalda y le dijo algo al oído, algo como un susurro que hizo que Kate se estremeciera. Luego besó delicadamente su cuello.
-¿Qué haces? -preguntó ella asustada-
El no le respondió solo continúo acariciando su espalda y oliendo su suave fragancia.
-¡Cómo me gustaría estar siempre así! -luego se atrevió a decirle- Te siento como la primera vez que nos vimos, cuando me dijiste que te ponía nerviosa ¿lo recuerdas?
Kate no tenía valor para soltarse, ella deseaba tanto estar así, quería que el tiempo se detuviera pero luego surgieron nuevamente las dudas y trató de separarse de él. Anthony la miró y acarició su rostro con la punta de su nariz.
-Quisiera besarte -le dijo
lentamente-
-¿Por qué no lo haces? -preguntó ella sin darse
cuenta-
Kate esperaba ese beso, no le importaba que ocurriría después solo quería tenerlo cerca aunque fuera la última vez.
-¡No puedo! Ahora eres prohibida para mí, pero sabes
que eso hace que te desee más
-¡Anthony! -suspiró ella-
-¡Y
no! -luego le gritó mientras la separó de él con violencia- ¿Cómo
esperas que lo haga, después de que otro te ha besado?
Ella no supo cómo responderle, se quedó inmóvil mirándolo, mientras una lágrima rodó por una de sus mejillas.
-Será mejor que me marche, no quiero seguir recordándolo. -dijo el rubio mientras dio media vuelta y se fue-
Kate cayó sobre sus piernas y se puso a sollozar arrugando los pliegues de su vestido, se odiaba a sí misma por ser tan débil y caer nuevamente en las redes del amor.
Terry y Candy se habían escapado a uno de los cuartos de música querían un momento a solas.
-No sabes las ganas
que tenía de besarte allá afuera
-¡Terry!
-¡Ojalá hoy
fuera el día de nuestra boda!
-Todavía faltan algunas semanas para la boda
-Se me harán eternas, ¿no sabes que todas las noches sueño contigo, pecosa?
-Terry no deberías decirme esas cosas
-¿Por qué? ¿Desde cuándo eres tímida? -Le pregunta mientras juega con uno de sus rizos-
-Es que eres terrible, esas cosas son un tanto íntimas
-¿Sí?
-Sí, haces que me apene
-bueno no voy a decirte nada más. ¿Me das un beso?
-Está bien pero solo uno
-¡Hummm...! Yo te quedé debiendo aquel día en la torre Eiffel, será mejor que empiece a pagarlos ahora
-no te los estoy cobrando
-pero una deuda es una deuda y me gusta quedar bien
-bueno si insistes tanto, pero.
-¿Pero qué?
-¿Si viene alguien?
-nadie va a venir
-si eso pasa me moriría de la vergüenza
-¿y qué importa? No estamos haciendo nada malo, además estamos comprometidos, vamos a casarnos
-Sí pero.
-Sí pero nada -dijo antes de robarle el beso-
Los invitados se retiraron y la enorme casa quedó vacía, los Duques se retiraron exhaustos pero felices y los Condes hicieron lo mismo.
Candy estaba en su habitación cambiándose de ropa y Kate continuaba conversando con Oscar sentada en una mecedora que estaba en el jardín trasero de la casa.
-¿Te molestó que te haya besado?
-No, además debo empezar a acostumbrarme
-Si prefieres no volveré a hacerlo pero lo consideré necesario, no quería que nos viéramos menos enamorados que tu hermana y su prometido
-hiciste lo correcto
-¿Te gustó el diamante?
-Sí es precioso, gracias Oscar
-Me alegra que te gustara
-¿es el mismo que ibas a darle a Evelyn?
-No, el otro lo boté
-Pero ¿Cómo? Pudiste cambiarlo en la joyería
-No quería que otra persona más lo usara, tenía la maldición
-Oscar exageraste
-no importa ya
-¿te has puesto a pensar en cómo tomará Evelyn nuestro compromiso?
-Le importará muy poco, recuerda que está enamoradísima de Fabiani
-Tal vez siga sintiendo algo por ti
-no lo creo
-Bueno, creo que será mejor que entremos
-Si ya es muy tarde
Candy recordaba los momentos más emocionantes de aquella noche, tocaba su anillo de compromiso y aun no podía creerlo, hace algún tiempo atrás cuando regresaba de México a Chicago, adolorida por la pérdida de Albert pensó que su vida giraría en torno al trabajo en el hospital que fundó, nunca hubiera imaginado la sorpresa que le tenía preparada la vida, el amor de Terry, de su familia y amigos, solo le faltaba algo para ser completamente feliz y era que su madre recuperara la salud, algo que era verdaderamente imposible teniendo en cuenta que estaban sus días contados, luego estaba lo de su hermana y Anthony una relación amor odio que se vería perjudicada por una mala decisión.
Terry estaba por acostarse cuando uno de los sirvientes le indicó que tenía una llamada telefónica. Al tomar el auricular se percata que se trata de Stear.
-Aló ¿qué pasa Stear?
-Disculpa que te llame tan tarde pero es que necesito que alguien me ayude
-¿Qué sucede?
-Se trata de Anthony, hace horas que salió de tu casa dijo que vendría al hotel pero no ha llegado, ya estuve preguntando en recepción y no me dan razón de él en ninguna parte del edificio, estaba muy mal por lo de Kate y temo que cometa una locura. La depresión lo ataca con fuerza, no sé si sepas que hace años…
-Lo sé, trató de suicidarse, gracias a Dios estuve ahí para impedirlo. Pero ahora mismo voy al hotel, entre los dos lo buscaremos.
-gracias Terry
A los pocos minutos el castaño llegó al hotel donde lo esperaba Stear justo en la entrada. Salieron a buscarlo por todo París. Parques, avenidas y estaciones fueron recorridas por ambos jóvenes pero sin resultado alguno. Dentro de poco llegaría el amanecer. Ellos seguían gritando en las calles el nombre del rubio, cansados se sentaron en una banca.
-Es inútil, ¿no será que se lanzó al río Sena? –Dijo asustado Stear-
-No lo creo
-¿Pero a donde pudo haber ido?
-Solo hay un lugar donde puede estar. ¿Cómo no se me ocurrió antes?
-¿Dónde queda ese lugar?
-Se trata de un Teatro ¿Conoces el Follies Bergere?
-He escuchado ¿Crees que esté ahí?
-Estoy casi seguro
-vayamos entonces
El lugar estaba casi vacío, los clientes estaban saliendo, Terry esperó en la entrada a su amigo, luego lo vio salir solo.
-No está –dijo decepcionado-
-Ya estoy empezando a preocuparme, llamemos al hotel para saber si llegó
En el hotel no estaba, no había regresado en toda la noche, volvieron y se sentaron en una de las salas del edificio de pronto le informan a Stear que tiene una llamada. El va a atenderla cuando regresa por Terry.
-Vamos rápido, ya sé donde está
-muy bien ¿Dónde está?
-En el Moulin Rouge
-¡No lo puedo creer!
Cuando llegaron al lugar una muchacha los recibió, les dijo que estaba en uno de los cuartos de una de las bailarinas, completamente borracho. Stear fue a buscarlo y lo encontró en una cama junto a una bonita mujer que estaba en paños menores.
-Hola ¿Vienes por tu amigo?
-Sí
-Se quedó dormido antes de que lo hiciéramos, es una pena me hubiera gustado tanto tener a un hombre tan dulce como él aunque fuera solo una noche.
-Él no es de esa clase señorita, así que déjeme llevarme a mi amigo
-Antes tiene que cancelar
-Yo le doy lo que deba pero ayúdeme a levantarlo
Entre Terry y Stear lo subieron al auto, ninguno de los dos podía creer que Anthony fuera a un lugar como ese.
-Mi primo se va a perder -le dijo Stear al castaño-
-No pasará porque ahí vamos a estar nosotros para ayudarlo
-No es la primera vez que coquetea con este tipo de chicas y temo que empiece a cogerle gusto a este tipo de cosas
-Sé cómo es esto. En mi adolescencia hice cosas parecidas
-¿En serio?
-¡Hum! Pero tampoco pienses lo peor, solo fueron unas cuantas….
-¿Qué? ¿Noches o mujeres?
-Soy hombre Stear y sabes cómo son estas cosas, aunque nunca llegué a enredarme con alguna mujer, si me daba mis escapadas y visitaba lugares como estos pero después que conocí a Candy nunca más
-Es verdad, cuando la tentación es grande es difícil. Ahora mismo Archie tiene un problema por eso
-¿Qué le pasó?
-Después te cuento ahora llevemos a Anthony al hotel
-Tienes razón
Archie estaba en su cuarto, se sentía completamente solo, Annie ya no descansaba en el mismo lecho que él y tampoco se escuchaban las risas de sus pequeños hijos.
-Perdóname Annie, mi amor, no quiero perderte
Annie no podía dormir, pensaba en todos los momentos llenos de felicidad que pasó a lado de su esposo, no podía creer que esto se terminara de esta manera.
Candy y Kate dormían aun no imaginaban que los hombres que amaban habían pasado toda la noche en la calle aunque en diferentes circunstancias.
El periódico de la mañana empieza a ser repartido por los voceadores, una señora de mediana edad sale a recoger el suyo y lo deja en la mesa de su sala mientras va a la cocina a preparar el desayuno para su sobrina.
