¡Lo siento! me he demorado mucho, pero ¡aquí estoy!
¡Besos grandes!
Capítulo 43.
This is it.
—¿Seguro está bien si voy más tarde? —Edward salió de su habitación para encontrar a su esposa pegada al teléfono, le dio un beso en la cabellera mientras iba a servir dos jugos de naranja para ambos. —Sí, sí, claro que voy, —Bella continuó por teléfono, —Dile que con seguridad estaré allá en la tarde, —levantó la mirada para confirmar con Edward pero él estaba distraído sirviendo las bebidas, —le dan de alta hoy, —asintió a su interlocutor, —¡No! Por supuesto que no puedes decirle. —Edward sonrió sacudiendo la cabeza. Bella hablaba con Quill, era evidente que no podía decirle a Renné el motivo de su tardanza. —¿sigue decaído? Es solo la reacción al desparasitante, se pondrá bien, Luke solo tiene algunos achaques… Dile que le de trigo y avena, eso lo mantendrá tranquilo y asentará su estómago. —Edward le extendió el vaso lleno y le dio un guiño, Bella le sonrió, —Te hablaré más tarde entonces Quill. —cerró la llamada y le dio un beso corto a su esposo después de darle una probada a su jugo.
—Buenos días, —susurró él contra sus labios, —sabes a naranja, — Bella soltó una risita y lo besó de nuevo.
—¿Dormiste bien?
—¿Contigo en brazos? Por supuesto, —terminó su jugo, —¿Lista para irnos?
Ya había pasado una semana desde que Charlie había despertado del coma inducido, Bella se había repartido entre sus responsabilidades en Bosque Verde, su esposo, Nicole y Los Cisnes. Edward estaba realmente preocupado por ella, pero Bella se empeñaba en decir que se encontraba bien.
Él no la perdía de vista en ningún momento y en verdad Bella estaba aguantando mucho mejor de lo que imaginó, en una de las noches le confesó mientras dormían en brazos del otro, que le encantaba sentirse tan útil, Edward quiso refutar esa palabra, diciéndole que jamás la consideró inútil, pero estaba tan contenta al decirlo que le sonrió y besó sus labios a cambio.
Alice era una mezcla extraña de la chica que era antes con la que intentaba hacer. Aun no se había puesto en contacto con su madre y Bella había dejado de preguntar, sin embargo una de las cosas que cumplió la chica sin problema fue el no dejar la habitación del hospital de Charlie. Aun no se había atrevido a preguntarle directamente si era su padre, a pesar de que Bella le había dado carta blanca para hacerlo.
—Está muy cansado, —fue su respuesta cuando Bella preguntó sobre el asunto. Luego de eso, no preguntó mas.
Salieron de su departamento rumbo a Los Cisnes, Jasper había hecho un trabajo de contención de emergencias increíble. Aunque Bella no entendía mucho de finanzas, nadie se había aparecido en la hacienda para embargarla o cobrar, así que asumió que el trabajo estaba bien hecho. En cambio se dedicó a lo que prometió, cuidar de sus animales. El encuentro con Triniti y Neo, fue tanto doloroso como increíble.
Había entrado a la perrera su primer día de regreso, esperaba conseguirlos echados uno al lado del otro, lamiéndose sus patas o jugando con algún peluche.
Siseó un poco cuando entró, sintiéndose enormemente culpable por haberlos abandonado, Triniti, que ya estaba mucho mas ligera de peso, levantó la cabeza cuadrando sus orejas, la sonrisa perruna no se separó de su negro rostro, Bella terminó de entrar a la perrera con lagrimas en los ojos. Lágrimas que se derramaron cuando catorce cachorros de casi ya tres meses de edad, imitaron a su madre y corrieron a su dirección.
Trini daba quejidos de alegría, que podían ser confundidos con quejidos de dolor, Bella se puso de rodillas abrazándola y riendo cuando los cachorros brincaron sobre ella. —¡Están demasiado grandes! —se quejó cuando la tumbaron para lamerle el rostro, Bella rió y se revolcó ganándose las risas de Ian (el veterinario de la hacienda) y Edward que la había acompañado ese día.
Pero la historia con Neo había sido diferente, el enorme labrador no quería mucho a su dueña en ese momento, a Bella se le partió el corazón cuando el perro se alejó de ella y de su mano extendida, lo había abandonado y entendía que estaba mas dolido que enojado, pero eso no hacía que le doliera menos.
—Ya se le pasará. —le dijo Ian cuando Bella se quedó llamándolo sin obtener respuesta, —cuando te vea mas a menudo se le va a pasar. —Ella asintió sin decir nada mas, Edward le dio un beso en la frente y ella rió cuando él con asco se quitó un pelo de perro de los labios.
Pero la semana había pasado y Neo aun no veía con buenos ojos a su dueña.
—Te traje las galletas que te gustan, chico, —dijo al entrar a la perrera, Trini se levantó de inmediato a su encuentro seguida de sus cachorros que ladraban muy agudo.
—Neo está corriendo por los alrededores, —Ian contestó desde el otro lado de la perrera, —el pobre no duerme mucho últimamente, —Bella suspiró y acarició las orejas de Trini mientras Ian movía cosas metálicas lejos de ellas—hoy es día de vacunar a los cachorros, ¿quieres ayudarme?
La sonrisa le regresó al rostro, —¡Claro!
Pasaron así las siguientes dos horas, tomando a los diferentes cachorros y vacunándolos. Cuando terminaron, estaba realmente asquerosa. Sacudiéndose el sucio de las manos en sus jeans, salió de la perrera para ir a la casa principal por una ducha, quedó con Ian que irían a echarles un vistazo a los caballos y ayudarlo con su vacunación también.
Se bajó del jeep y subió las escaleras rítmicamente, la puerta principal de la casa se abrió de repente, —Bella, —Alice salió a su encuentro, por la expresión en su rostro, Bella se puso alerta.
—¿Sucedió algo con papá? —la pelinegra negó de inmediato.
—No, no, por supuesto que no, llegamos hace un rato de su cita en el hospital, está un poco refunfuñón, pero almorzó algo y ahora está en su habitación. —Bella asintió aliviada, Alice manteniendo una mirada cautelosa dio un paso hacia ella retrocediendo de inmediato mientras arrugaba la cara.
Bella ahogó una risa, —Uno de los cachorros me vomitó encima, dos de sus hermanos siguieron su ejemplo. —Alice arrugó de nuevo el rostro, —Déjame darme una ducha y cambiarme de ropa, luego conversamos, —tomó el picaporte con su mano.
—Khloe regresó, el detective la llamó y llamó a casa también. La autopsia fue hecha, ya se puede enterrar a Sara.
Bella paralizó sus manos y cerró los ojos con dolor, —¿Cómo se encuentra ella? —Alice resopló.
—¿Cómo crees? Se fue hace no mucho, vino a buscar algunas cosas, va a quedarse en un hotel del pueblo con su hermana, van a ver si pueden enterrarla mañana, —Bella asintió.
—Gracias por avisarme. —Sin esperar respuesta entró.
—¿Bella?
—¿Sí? —Alice abrió la boca, pero de inmediato la cerró.
—Nada. Nada importante. —Bella no se detuvo ni preguntó nada mas, —Bella, —se detuvo de nuevo dando apenas un paso en retroceso su mirada era toda preguntas con su hermana, esta después de dudar solo unos segundos inquirió, —¿Crees que sea buena idea que Seth vaya? —no tenía que preguntar a donde, —digo… si, ¿le haría algún bien? —Bella suspiró prestándole mas atención.
—No sé Alice, pero creo que sí, la gente comete errores, creo profundamente que merecen redimirse, —no esperó respuesta, solo entró en casa yendo al que era antes su cuarto.
Estar en Los Cisnes era bueno, siempre y cuando no tuviera que estar dentro de la casa principal. Pero ahora necesitaba una ducha por lo que subió sin demora hasta el primer piso, iba a ir justo a la suya cuando un estruendo de la habitación principal le llamó la atención. Respirando profundo y haciendo caso omiso a sus instintos, caminó hasta la bulla.
Sabía que el encuentro no iba a ser fácil, todo aquel escándalo salía de la habitación principal. Por ende no podía ser otro mas que Charlie el que hacía tal bullicio.
Las fotos de los estantes estaban en el suelo, el contenido de las gavetas de las mesas de noche estaban sobre la enorme cama, los cuadros en el suelo y, podían verse ropas volando desde el vestidor.
Bella respiró profundo y reprimiendo una volteada de ojos, caminó hasta el meollo del desastre.
—¿Puedo ayudarte a buscar lo que se te perdió, Charlie?
Charlie levantó la cabeza como un cervatillo encandilado, o quizás como un mapache sorprendido en plena fechoría. El mapache le iba mejor por las enormes ojeras que se dibujaban bajo sus ojos.
—Bella, —Charlie quiso gritar del asombro, pero en realidad la misma impresión no le permitió expresarse mas fuerte.
—La misma, —Bella cruzó sus brazos, —¿Qué se te perdió? ¿Necesitas ayuda?
Charlie pareció salir de su trance. —Nada, —dijo pero volvió a agacharse dentro de su armario.
—Papá, aun estás delicado, prácticamente acabas de salir del hospital, tienes que descansar.
—¡Yo lo que necesito es un trago! —Bella tensó la espalda, no podía creer en lo que se convirtió su padre, pero estaba cansada de pelear con él, realmente cansada.
—Pues a menos que tuvieras dos escondites secretos, tu búsqueda es en vano, —Charlie detuvo sus movimientos para girarse a verla, —vaciamos todo antes de que llegaras, —los ojos de Charlie se hicieron mas amplios, —sip, —dijo asintiendo mínimamente, —los chicos de seguridad vaciaron todo el licor de la casa. Absolutamente todo.
—¿¡Por qué demonios harían eso!?
Se encogió de hombros, —yo se los pedí. —Charlie entrecerró sus ojos a su hija mayor.
—No vives aquí, no tienes ningún derecho, ellos no tienen porque obedecerte.
—A ver…—dijo Bella soltando sus brazos y dando un paso en su dirección sin temerle en lo absoluto, —tú estabas en un hospital y Alice estuvo de acuerdo conmigo. Puede que no viva aquí pero sigo siendo tu hija, y si no te comportas como un adulto y enfrentas tus problemas de adicción al alcohol alguien mas tendrá que hacerlo, —ladeó un poco su cabeza.
Charlie resopló una risa irónica, —¿Enfrentar problemas? —abrió la boca mientras asentía, —¿tú vas a hablarme de enfrentar problemas? —Bella rodó los ojos, —¿tú? que cuando decidí ayudarte saliste huyendo casándote con el caza fortunas ese.
—Supéralo, Charlie, —dijo con desdén—se está volviendo cliché esa excusa tuya. —Charlie parpadeó asombrado de no poderla afectar, —además, —continuó la chica como si él no hubiera hablado, —yo no tengo nada por lo que debas ayudarme, veo gente muerta, ¿Qué problema hay con ello?
Charlie sacudió la cabeza, —no puedes hablar enserio…—respiró profundo, —¿ese hombre te ha vuelto mas loca? —no pudo evitar la punción de dolor que sus palabras le provocaron pero aguanto firme, eso era con lo que Charlie siempre la hería, tenía que ser fuerte y soportarlo.
—No tanto como lo hiciste con mamá, —si hubiera sido otro tiempo, Bella no hubiera nunca dicho esas palabras, no porque él no se las mereciera, sino porque jamás hubiera sido capaz de hacerle ese daño con premeditación y alevosía.
Pudo ver el momento exacto en el que la expresión de Charlie cambió por completo, se odió a si misma, pero a la vez se dio ánimos para no retractarse.
—No sabes nada acerca de tu madre. —atacó su padre.
—¿Y eso es gracias a quién?
—Bella. —su tono de advertencia fue totalmente ignorado.
—No Charlie, nada de lo que digas puede sacarte del hueco que te metí cuando la conocí, nada de lo que digas puede siquiera justificar el horror por la que la hiciste pasar solo porque eras demasiado cobarde para entenderla.
—¿Cobarde? Yo amaba a tu madre.
—¿Por eso la alejaste de mí cuando apenas era una niña?
Charlie negó, —no entiendes, —pero Bella no le dio oportunidad de continuar.
—¿Por eso la internaste? —Charlie seguía negando.
—¿Por eso no me contaste sobre ella y me dijiste que había muerto?
—¿Por eso te casaste en menos de un año con Charlotte?
—¿Por eso no dejaste que siquiera conociera a Quill?
Los ojos de Charlie se abrieron de manera exorbitada, —¿No te lo dije? —continuó Bella cruzándose retadoramente de brazos, —sé que es mi bisabuelo, sé toda la historia de ustedes, lo sé todo Charlie.
Él empezó a respirar ahogadamente, se recostó contra una encimera.
—Eso no puede ser cierto, —hablaba mas para sí mismo, —él pensaba lo mismo que yo, él lo creyó incluso antes de siquiera saberlo. —Bella siguió sin decir palabra, la verdad ya estaba cansada de seguir en este juego, —Por Dios, ella te llevó lejos en los terrenos de noche, eras apenas una niña, cuando le pregunté por que, ¡me dijo que iba a llevarte con mi padre! ¡Mi padre! Él estaba muerto hacía tiempo. Ahí lo supe, yo no la podía ayudar, ella no estaba bien.
Bella rodó sus ojos, —ella no está bien es ahora, Charlie, antes puedo jurar que estaba perfectamente bien, como me encuentro ahora, además, ¿sabes a quien veo siempre? A Nana, —los ojos de Charlie se vieron asombrados. —pero jamás haré que tengas esa conexión con ella, no como te vez ahora.
Se giró, aun necesitaba la ducha y quería salir de allí, —cada quien vive con lo que le toca Charlie, mamá y yo aprendimos a vivir con este don. Edward y Quill aprendieron a aceptarlo como parte de nuestras vidas. Los cuatro estamos ahora muy bien, ¿Y a quién es al que se le está cayendo la vida en pedazos?
No esperó ni dio respuesta mientras terminaba de una vez por todas de ir a su habitación y darse la ducha.
Cuando salió rodeada de una toalla justa para cubrirla vio a su alrededor, había entrado tan apresuradamente antes que no le había prestado mucha atención. Se tomó un respiro y se sentó en el borde de su cama, pasó los dedos por el delicado cobertor, estaba todo como lo había dejado la ultima vez que había ido. Suspiró, pero no era lo igual que estaba la habitación lo que la detuvo a pensar.
Recordó a David, su difunto prometido, suspiró recordando el día que se despidieron definitivamente, una sonrisa se dibujo en sus labios. Pasando las manos de nuevo por el cobertor susurró: —siempre te querré, David.
—Él lo sabe, niña, creo que por eso, fue tan decidido al irse.
Bella se giró sin siquiera sorprenderse un poco, —Hola Nana.
Una sonrisa delicada y llena del mas profundo amor la saludó de vuelta, —mi Niña.
Suspiró sintiendo el frío característico, —Nana, ¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—¿Por qué Charlie no nos cree?
Nana suspiró haciéndola estremecerse, su piel expuesta se erizó por completo, —mi hijo es un caso complicado, Niña, es un poco cabeza dura.
—Vamos, Nana, yo entiendo que sea difícil, pero una cosa es que parezca increíble y otra que no nos crea deliberadamente, él sabe que lo que mamá y yo hacemos es verdad, él decide no creerlo, francamente él es el que parece loco. —rió de su propia osadía.
—Él entenderá, estoy segura, solo hay que esperar a que esté listo. —Bella frunció la boca sacudiendo la cabeza.
—Seh, —contestó con sarcasmo, —cuando muera y sea la única que lo vea.
Ambas se quedaron en silencio un par de segundos, Bella mordió su labio con vergüenza, Nana se veía mas bien preocupada.
—Nana. —quiso disculparse, pero un toque en su puerta la distrajo, llevándose a Nana de inmediato.
—¡Demonios! —maldijo Bella al verse sola, sacudió la cabeza poniéndose de pie, yendo a la puerta de su habitación y abriéndola de golpe. —¿Qué?
—¿Quieres que Edward me mate? —Emmett le dio la espalda de inmediato. Bella bajó la mirada a su piel descubierta.
—Lo siento, —dijo, escondiéndose tras la puerta.
—Demonios que deberías sentirlo, Rose puede matar mis huesos luego de que Edward me mate.
Una risa se escapó de los labios de la chica, —¿quiere decir que te van a matar dos veces?
—¡Demonios que si!
Rodó los ojos, —ya, ya, estoy tras la puerta, puedes girarte o hablarme desde allí, ¿Qué pasa?
Emmett no se giró en ningún momento, —Dos cosas, Niña, —dijo con voz completamente diferente, llena de negocios, —una, que ya nos pagaron y quería agradecer lo que hizo por nosotros.
—No hay problema grandulón, pero creo que deberías agradecerle a Jasper, yo no hice nada.
Emmett resopló, —prefiero no hacerlo.
—Vamos, es tu cuñado.
El sonido de obstinación que salió de su garganta la hizo soltar una carcajada.
—Ok, no seré malvada, yo le agradeceré a Jazz, ¿Cuál es la segunda cosa?
Emmett suspiró, —ah sí, —se dio la vuelta, solo para girarse de inmediato, —¡Diablos! Enserio Edward me va a matar, —Bella rodó los ojos.
—Me está dando frío Emmett, ¿esperas que me vista, o hablas de una vez? —sonrió burlándose del escolta.
—Su hermana, —empezó, —ella salió de la casa, —la sonrisa se le borró del rostro.
—¿Sola? —Emmett asintió.
—No quiso llevar escolta y tampoco que Jasper la acompañara, dijo que debía ir sola, solo pensé que te gustaría saberlo. —Bella suspiró.
—Gracias, Emm, tengo que regresar con Ian y luego voy a Bosque Verde, pero ahora la llamo para saber dónde anda. —Emmett asintió dejándola sola.
Mientras se vestía, marcó el número de su hermana, dejando su celular en manos libre. Alice en no contestó ningún momento la llamada.
Se apresuró en bajar, sin volverle a prestar atención a la habitación principal, para así no tener que ver a Charlie de nuevo, la casa estaba de nuevo desierta por lo que simplemente tomó las llaves del jeep y se marchó a las caballerizas, haciendo lo posible por cumplir su palabra de no interferir mas allá en la hacienda que con el cuidado de los animales.
.
Edward estaba nervioso frente a la enorme puerta de madera, pensó en marcharse pero cuando se giró la puerta se abrió, haciéndolo desistir.
—¿Pasó algo con la Niña?
Pasó una mano por su despeinado cabello, —No, no pasó nada, Bella está bien, está en Los Cisnes ahora.
Quill se cruzó de brazos. Para ser un anciano, era bastante imponente, —¿entonces qué haces aquí?
Odiaba esto, jamás había tenido que pedir nada en su vida, de hecho, era el que daba las órdenes, pero ya estaba cansado de ser un bueno para nada, seguir buscando empleo en el pueblo era una estupidez.
—Necesito un empleo. —soltó sin reparos y luego empezó a balbucear, —quiero decir, ehh, bueno, en realidad si necesito un empleo, he estado buscando en la oficina del pueblo pero nada de eso ha funcionado, no sé pero… creo que…—estaba seguro que Charlie o Charlotte estaban tras su mala suerte consiguiendo empleo, pero no quería decirlo en voz alta, no estaba seguro de que Quill no le contara a Bella y no quería echar mas leña al fuego en la relación, padre-hija.
—¿Qué es eso que crees? —Quill parecía demasiado simpático, aunque intentaba ocultar muy bien la risa.
—No sé lo que creo, —contestó, —solo sé que no está funcionando y de verdad necesito trabajar, me estoy volviendo loco sin hacer nada y pensé que… bueno de las personas que conozco aquí, usted es el único que podría ayudarme.
—Porque soy el bisabuelo de tu mujer. —No preguntó.
—No, —Edward cerró los puños, —no me estoy aprovechando de eso, —sacudió la cabeza, —sabía que era una mala idea, no importa. —dio media vuelta, maldiciéndose en silencio, Bella le había dicho de lo fuerte y necio que era el viejo Quill, pero pensó que se había ablandado.
—No necesito escolta. —sus palabras lo hicieron girarse.
—¿Qué?
—Te dije que no necesito escolta, nunca nadie ha querido matarme y sé defenderme solo, no soy como los hacendados ridículos que contratan hombres para que no los despeine la briza, yo defiendo a los míos. —Edward asintió despacio sin saber muy bien que contestarle.—No sé que quieres hacer aquí, muchacho.
—Edward, —le corrigió, era demasiado viejo como para que lo llamaran "muchacho" —y si no necesita escolta está bien, tengo un par de brazos y piernas, puedo hacer de todo, lo único que quiero es trabajar.
Quill se quitó el sombrero y se lo volvió a calar.
—Despedí a mis hombres. —soltó. Edward esperó paciente, —asustaban a Neni y no lo podía permitir, desde hace unas semanas estoy llevando yo la hacienda, pero debo admitir que estoy jodido, me demoro el triple de lo que me demoraba antes. —Edward volvió a acercarse. —no te ofrezco pistolas ni persecuciones policiacas, lo que hay aquí es vacas, toros, caballos y montañas de estiércol, si las quieres son tuyas.
Edward asintió despacio, —¿Por dónde empiezo?
Quill soltó una carcajada, —por el estiércol, —dijo aun riéndose, —ve con Neni, ella confía en ti y puede decirte donde empezar.
Asintió. —Gracias, —Quill lo despachó con un saludo y lo dejó rodear la casa. El viejo vio al cielo y con media sonrisa negó incrédulo mientras entraba de nuevo a la casa.
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Alice siempre iba al Spa, al principio le asustaba, luego le encantaba, se sentía parte de la "familia" pero ahora se sentía asqueada al ver la ornamentada casa.
Activó la alarma del auto mientras caminaba a la puerta, sus rodillas temblaban bajo su sencillo vestido azul, estaba demasiado delgada. Luego del tiempo en la clínica, siendo paciente y visitante se le habían quitado por completo el apetito, apenas si comía una vez al día y era porque Jasper le llevaba los alimentos y le daba pena rechazarlo.
Era cliente fija por lo que ninguno de los hombres de seguridad la detuvo mientras se abría paso a la que a simple vista parecía una sala desolada, apenas la recepcionista esperaba tras el enorme escritorio blanco, no recordaba muy bien el nombre, Janett o Jane, la verdad no importaba.
—Ehh, —aclaró su garganta antes de volver a hablar, —estoy buscando a alguien, —su voz aun se escuchaba muy ronca.
—¿Tiene cita? —las gafas de montura gruesa se le deslizaron hasta el puente de la nariz a la rubia mientras, con sus dedos arreglados deslizaba pantallas en una tableta.
—No, no estoy aquí por una cita, estoy, buscando a una cliente, quería…—la verdad era que no tenía idea donde podía estar su madre, pero de pensarlo bien, el único sitio donde podía esconderse era ahí, —ella… no es cliente… bueno, si, si lo es, yo también…—negó sintiéndose tonta y asustada, —ella es mi madre, quería saber, si… si se encontraba aquí.
Entre balbuceos, la rubia alzaba cada vez mas sus cejas, cuando Alice logró terminar, se quitó las gafas y la vio directo a los ojos, —no puedo darle esa información señorita Swan, estoy segura de que ya lo sabe.
La conocía. Rodó los ojos, claro que lo sabía, la información de los clientes era súper secreta.
—Necesito hablar con ella, en verdad es urgente. —la rubia suspiró.
—No hay urgencias, no hay excepciones, lo lamento.
Le dio la espalda y se sentó en uno de los muebles pulcros y blancos, enterró la cabeza en las manos pensando que podía hacer.
—Lo siento, pero no puedes quedarte ahí. —no incorporó el rostro, solo cerró los ojos con rabia, era una tonta, venir a hablar con Charlotte era mala idea. Pero las palabras de Bella la dejaron muy inquieta, el funeral de Sara sería pronto, Seth seguía detenido y la única que podía hacer algo para soltarlo era Charlotte, contar con un favor de su madre era lo estúpido, pero, tenía que encontrar el valor para convencerla, sentía que se lo debía, no a Seth o a Bella, sino a la misma Sara. La chica había muerto en una situación muy parecida a la suya, en manos de nadie menos que su mamá.
El vómito se le subió por la garganta, cada vez que recordaba que esa mujer había donado ADN para hacerla con el de quien sabe quien, le daba asco hasta verse en un espejo.
—Señorita.
—¡Que! —levantó la mirada hacia la rubia, que volvía a tener las cejas alzadas.
—No puede quedarse ahí, este lugar siempre permanece vacío, estoy segura de que lo sabe.
Esa área se mantenía siempre así precisamente para el anonimato de sus clientes. Necesitaba subir y buscarla, aun no sabía con seguridad como iba a pedírselo, pero necesitaba que retirara los cargos contra Seth, o que ayudara a que el chico pudiera ir al funeral, parecía tonto, pero tenía que aferrarse a algo para sentirse útil, cualquier cosa.
—Señorita, —en serio iba a matar a la rubia.
—Ya sé, —su voz fue baja mientras se ponía de pie y caminaba hacia ella. Su estómago se revolvió cuando la siguiente frase salió de sus labios, —¿James está disponible? —apretó los dedos de los pies, no podía creer que estaba haciendo esto.
—James es muy solicitado…—no la dejó continuar.
—Dile que soy yo, —respiró, —Alice Swan, —James siempre la atendía, era así como su cliente/mascota/alumna favorita. Se dijo a si misma que si él decía que no, se iría y buscaría otra manera de hablar con Charlotte.
Esperó mientras la recepcionista hablaba por el Bluethoot. El miedo se le estaba alojando en el estómago de manera muy peligrosa.
—¿En serio? —La rubia habló, —no puedo creerte… está bien, está bien. —rodó los ojos y la vio por encima de sus gafas.
—¿Y bien? — en ese momento rogó que James estuviera ocupado. La rubia estiró una de sus manos deteniéndola mientras con la otra activaba de nuevo el Bluethoot. Estaba recibiendo otra llamada. Para cuando terminó, vio a Alice con una sonrisa de negocios.
—¿Master Card, Visa o Cash? —preguntó extendiendo su mano, el escalofrío la recorrió de arriba abajo, estaba disponible.
—Jane no seas ridícula, —su voz la hizo saltar, —ella tiene cuenta, —James llevaba la cabellera larga en una coleta, estaba sin camisa y su pecho se veía brillante, —¿No sabes de quien es hija? —sacudió la cabeza, —terminarán despidiéndote, —dijo en broma. Alice no la entendió pero no preguntó, no sabía que tuviera "cuenta"
—¿Qué le dijiste a la Sra. Andrew? —interrumpió la rubia.
James contestó con una enorme sonrisa, —quedó contenta conmigo, pero le interesó probar interracial, envíale a Laurent, lo está esperando.
Alice se revolvió del asco, mientras los dos conversaban.
—Eres increíble, —dijo la recepcionista con una pequeña sonrisa.
—Normalmente me dicen eso, —le guiñó un ojo, —¿la blanca está disponible? —Jane pasó algunas pantallas en su tableta.
—Solo por las próximas dos horas. —James se giró hacia ella.
—¿Necesitas mas tiempo que eso? —sacudió la cabeza sin poder contestar, no confiaba en su voz. Otro escalofrío la recorrió, antes participaba y le gustaban estas conversaciones, ahora se sentía asqueada de saber exactamente lo que "la blanca" significaba, era la habitación que siempre usaba con James, toda la decoración era en blanco, ahí perdió la virginidad, a Charlotte le pareció divertido reservarle esa, porque parecía "virginal" pero no lo era.
—Vamos, —James lideró el camino escaleras arriba, Alice lo siguió sin mirar atrás, cada vez que subía un escalón sentía el peso de un yunque en el estómago, —debo decir que me sorprende verte, pensé que después de que tenías novio no querrías mas mis servicios.
Ella solo medio sonrió en respuesta, pensar en Jasper no era algo que quisiera hacer ahora mismo.
—Pero lo bueno no se olvida, ¿verdad? —dijo con suficiencia, no contestó hasta que la puerta blanca apareció frente a ellos, a mitad del pasillo. James la desbloqueó. —Adelante, —dijo dejándola pasar primero.
Su vista se centró en medio de la habitación, había una especie de silla, parecía de gimnasio, donde se trabajan los muslos. Alice recordó la primera vez que estuvo desnuda frente a un hombre y cuando el mismo James la sentó allí y le separó las piernas.
La bilis se le subió por la garganta.
Unas manos se posaron en su cintura y dio un salto. Una risa se escuchó demasiado cerca de su oído, —estás muy saltarina, —le dijo James mientras pasaba las manos por su estrecha cintura, —estás muy delgada, —le dijo trazándole las costillas, —justo como me gusta, —posó su boca en su cuello, dándole un húmedo beso. Cerró los ojos y trato de aguantar las lágrimas, debía pensar.
—Espera, —se aclaró la garganta, James se separó un momento, después de todo él recibía pago por hacer lo que ella le pidiera, en el fondo Alice sabía que no la iba a forzar, o eso esperaba.
—¿Qué pasa? —preguntó él con su sonrisa característica, se desabotonó los pantalones y se los bajó sin ninguna ceremonia, Alice desvió la mirada, James se rió, —estás demasiado penosa, estás como el día en que te desvirgué.
Apretó los puños, —ve a ducharte, —no supo de donde había salido la excusa, pero al momento que dijo las palabras se felicitó a si misma, —le dijiste a Jane que habías dejado a otra cliente, —James se cruzó de brazos ladeando la cabeza, estaba encantado con ella, —no pretenderás que te toque cuando estás cubierto con sudor y… que se yo que mas.
—Prefieres que sea tu sudor ¿no?
—No seas ridículo, —rodó los ojos, —es asqueroso, ve dúchate y te vienes.
—Corrección, después de la ducha, tú te vienes. —le hizo un guiño e igual de desnudo entró a una puerta a la derecha y se perdió adentro, dejándola abierta. Colocó una mano contra su boca aguantando las náuseas y sin ver hacia atrás salió de la habitación blanca, cerró tras ella y corrió al final del pasillo, la habitación que normalmente usaba su madre era la siguiente a la de ella, la habitación amarilla, pensó en tocar y le pareció estúpido. Respirando profundo bajó la manija, cualquier cosa que viera dentro podría hacerla físicamente vomitar.
—No creerás que si estuviera allí la puerta estaría abierta, ¿no? No creo que seas tan tonta.
Luego del salto de asombro y cerrar los ojos por sus palabras, se giró enfrentando a su madre.
—¿Cómo sabías que estaba aquí? —Charlotte vestía pantalones blancos, ceñidos y una blusa verde vaporosa, su cabello en perfectas ondas, la pequeña verruga bajo su labio se burló de ella cuando dibujo una media sonrisa.
—Tengo ojos en todas partes, Alice, —contestó, —deberías saberlo. —Miró a ambos lados nerviosa, —Escuché que me estabas buscando, ¿Qué quieres?
No dejaba de temblar, sus manos se abrían y cerraban constantemente, vio a la puerta de donde había salido y a su madre repetidas veces, Charlotte se cruzó de brazos alzando solo una ceja, amenazadora como siempre.
—No tengo toda la vida, Alice.
—Mañana…—sacudió la cabeza y aclaró su garganta, odiaba tenerle tanto miedo, —mañana es el funeral de Sara. —ahora las dos cejas se alzaron.
—¿Y eso por qué me importa?
—No hay… no irá mucha gente, ella… —sacudió la cabeza, —Seth debería ir.
La cara le cambió de inmediato.
—Él está detenido.
—No, si quitas la denuncia. —Solo rió en respuesta, —Mamá… sabes porque te golpeó, déjalo ir, se siente culpable.
—No puedo con ustedes y los sentimientos, son realmente ridículos. El mundo es para los fuertes, Alice, los débiles se mueren, no hay que llorar por ellos, ella no aguantó lo que tú sí, ella murió, tú sigues, es así de simple.
—Claro que tengo sentimientos, no soy malvada, además lo de Sara no fue así, —sus ojos se inundaron, —ella fue engañada, no quería abortar, no la llevaste a un buen sitio. La llevaste a una carnicería.
Charlotte rodó los ojos con fastidio, Alice sacudió la cabeza, —¿Qué fue lo que te pasó? —La pregunta dejó un poco desconcertada a la mujer, —¿Quién te hizo tanto daño para que ahora seas tan indolente? ¿Tan mala?
Dio en un nervio, Charlotte caminó hacia ella y tomándola de la quijada la pegó a una pared, —no te hagas la inteligente conmigo, mocosa, —Alice estaba de puntillas mientras la mano se presionaba mas fuerte, sus ojos se abrieron de mas, llenándose de lágrimas y miedo, —no es de tu incumbencia todo lo que he hecho en la vida para llegar a donde he llegado, ¿Quién te crees que eres? No eres nadie, fuiste mi boleto de salida de un lugar horrible, pero eso fue todo, si no me da la gana de retirar la denuncia no la retiro, si no quiero que haya funeral, no hay, no me tientes, porque no sabes de lo que soy capaz, no tienes idea de todo el daño que puedo hacer, te conviene estar de mi lado mocosa, porque si te cambias de lugar, no dudaré en arrastrarte con el resto.
—¿De que estas hablando? —tartamudeó intentando quitarle las manos de su cara, —solo quiero que Seth pueda ir al funeral, tuviste que ver en su muerte, pudieras ayudar.
Charlotte rió soltándola, —¿Ayudar? ¿Y por qué carajos tendría que ayudar a nadie? Seth fue un idiota que no supo aprovechar lo que le di, ahora que se pudra, tu eres una ingrata, no tengo porque ayudarte, Khloe es una tonta servicio que jamás me agradó, que vaya y le pida ayuda al moribundo de Charlie o a la idiota de la única hija que tiene.
Dijo las palabras necesarias para herirla por todas partes, —Charlie no está moribundo, él sobrevivirá. —Charlotte detuvo todo movimiento, detuvo hasta su mal genio.
—¿No murió? —Alice la vio a los ojos y negó despacio, aun le sorprendían sus palabras pero era estúpido asombrarse.
—¡Por supuesto que no! está en casa. —Charlotte respiró profundo. Y Alice de repente se arrepintió de haber dado esa información.
—¿Alice? ¿Por qué te fuiste? —ambas voltearon a ver a James, llevaba solo una toalla muy baja en la cintura. Maléfica lo observó de arriba abajo con deleite y cruzándose de brazos volteó a ver a su hija, le pequeña verruga burlándose de ella.
—Dices que no eres como yo y mira. —señaló el cuerpo de James. —¿No estás aun de reposo?
—¿Reposo? ¿Reposo de qué? —James se ajustó la toalla un poco, Alice negó.
—Nada. —Respondió viendo a James, luego vio a su madre, —solo pedí verlo para poder buscarte. No me dejaban subir de otra manera.
—Jefa, ¿Qué pasa? —Alice se sorprendió parpadeando entre ambos.
—¿Jefa? —Maléfica ni siquiera se molestó en mirarla cuando contestó.
—Sofía está de vacaciones, —Alice parpadeó asombrada, ¿ahora su mamá llevaba el bar?
—Lo siento, pero la habitación estará ocupada en menos de dos horas…—James era todo negocios.
—Ve adentro, —le pidió Alice, —necesito hablar con mi madre un momento, —James asintió, dejándolas solas.
—No sé de qué más quieres hablar, balbuceas y balbuceas y como siempre, no llegas a nada.
Cerró los ojos y puños pensando un momento, habían demasiadas cosas que reclamarle a su madre, pero debía enfocarse en una sola, había ido hasta allá por el asunto de Seth, era mejor enfocarse en él.
—Retira la demanda contra Seth, déjalo asistir al funeral de Sara, no seas la bruja que todo el mundo piensa que eres.
Esperó el insulto o la cachetada. Pero en cambio recibió una sonrisa ladeada.
—Está bien, —sus palabras la asombraron mas que si le hubiera dado una cachetada.
—¿Ah?
—Eso, —dijo Charlotte demasiado tranquila, —voy a hacer que vaya al funeral, —hizo girar una de sus muñecas en el aire.
Alice sonrió, —Gracias, —su alivio fue evidente, —en verdad, gracias, yo sé que dices cosas malas a veces, pero no lo eres, sabía que podía hacerte entender, no sé si Seth es malo o no, pero es bueno que pueda darle un ultimo adiós a Sara. Creo que la amaba.
Charlotte rodó los ojos, —no hables de amor, Alice, me da náuseas.
Inmediatamente se calló, había hablado demasiado y no quería alterarla nuevamente, —Claro, —contestó parpadeando y moviendo sus dedos nerviosamente, —ehhh, ¿quieres que te acompañe? A la comisaría.
La sonrisa de su madre le hizo helar la sangre de nuevo, —no ahora. —contestó acercándosele un poco.
—Pero…
—Sin peros, Alice, ¿quieres algo? Debes pagar por él.
—¿Pa… pagar?
Señaló con la barbilla hacia la habitación, los ojos de Alice se inundaron de nuevo.
—No dejes esperando a James, él cobra por hora y ya has desperdiciado bastante tiempo. —Alice negó retrocediendo.
—Entonces puedes irte, —se encogió de hombros, dándole a entender que no haría nada de lo que había prometido.
—Pero…
Charlotte dio media vuelta para marcharse.
—¡Espera! —medio giró su cuerpo para poder verla, —en verdad no puedo, el médico dijo que no era seguro… para mí.
—No quedaras embarazada y estoy segura no lo disfrutaras, pero puedes hacerlo, he estado en tu lugar.
—¿Entonces porque quieres que pase por lo mismo? —su voz tembló, rogaba porque la quisiera un poco.
—Porque necesitas endurecerte, eres demasiado frágil y tonta… me voy a quedar aquí hasta que termines, luego haré lo que acordamos, no me hagas entrar allí y vigilarte. —caminó hasta la puerta y la abrió, —James, querido, tu cliente está lista.
El clac clac de sus tacones mientras se alejaba le parecieron puñaladas en su pecho. No entendía por qué su mamá tenía que causarle tanto miedo, podía hasta saborearlo.
—¿Alice? —la voz de James la hizo temblar, respiró profundo y caminó hasta la puerta. Estaba segura que si no lo hacía, Charlotte regresaría y se quedaría de testigo.
James le sonrió encantadoramente, él era hermoso y estaba segura que en el fondo no era malo, pero se acababa de convertir en su segunda peor pesadilla.
.
Edward se lanzó el bulto de paja a la espalda. Le dolía absolutamente todo, este era el ultimo bulto que debía cargar y estaba agradecido por ello. Había limpiado la paja sucia de todos los caballos y ahora debía esparcirla por toda la caballeriza.
—¿Quieres limonada? —su suegra se encontraba en la entrada, le sonrió y quitándose los guantes fue hasta ella.
—Gracias, —dio un sorbo, —en verdad estaba seco, —Renné sonrió y le sirvió otro poco.
—Es agradable tenerte aquí. No me gustaban los otros hombres. —Edward asintió.
—Es bueno estar, señora.
—Llámame Renné, o Neni, ese me gusta. —se separó y caminó hasta Luke, Edward no pudo evitar la enorme sonrisa que se le dibujo en el rostro.
—Neni, —susurró y ella le sonrió en respuesta sin verlo realmente. Acarició el hocico de Luke.
—Creo que quiere pasear un poco. Voy a sacarlo a caminar. —Edward dejó el vaso sobre un tronco seco y se acercó para ayudarla. Renné le indicó que no se acercara, pero Luke saludó muy a su manera a Edward mientras le tomaba las riendas. —Le gustas. —declaró complacida.
—¿A este muchacho? —Edward acarició su hocico, —no es nuestro primer rodeo con él, abrió la puerta de madera y lo haló haciéndole sonidos con la lengua.
—Él no suele ser cariñoso.
—Ningún buen chico lo es en un principio.
Renné rió, —¿No lo eres tú? ¿Con ella? la chica bonita, tu esposa.
Edward rió, —al principio no lo fui, —empezaron a caminar hacia afuera, el sol los hizo entrecerrar los ojos, él pensó que sería buena idea tener un sombrero como el de Renné. —solía trabajar para ella, era muy bonita, pero un poco extraña, —empezaron a caminar hacia el área de trote, —pero ella decía que se sentía tranquila conmigo… libre, creo que fue la expresión que uso.
Le hizo el sonido de nuevo a Luke y lo instó a caminar. El caballo se resistió un poco haciendo que Edward lo mirara extraño, sus ojos parecieron un poco rojos y se acercó un poco mas.
—¿Es por lo que puede ver, cierto? —se volteó de inmediato a verla.
—Se refiere a los fantasmas, —dijo sin preguntar. La sonrisa en los labios de Renne se incrementó muchísimo más.
—Yo los llamaba visitantes, fantasma me parecía un poco ridículo, —soltó una carcajada y sacudió su cabeza, —todo eso es ridículo, ¿no?
—En absoluto, —No haló mas al caballo y este milagrosamente se quedó en el sitio, si siquiera movió sus patas en protesta, —me parece admirable lo que hacen, aterrador, pero admirable.
Renné sacudió la cabeza, —eres un chico especial.
—Su hija es la especial.
En el momento que las palabras salieron de su boca se arrepintió, se giró con cara de terror a observarla. Renné lo miraba con cara de terror y desconcierto.
—¿Hija? —dio un paso atrás, Edward se maldijo y observó a su alrededor buscando ayuda, de cualquier tipo, pero Quill que era el único que a lo mejor podía calmarla y por supuesto no estaba en ningún lugar a la vista. Soltó las riendas de Luke y caminó hasta ella.
—Renné. Neni…—se acercó a ella, —no me hagas caso, —intentó lo que se le ocurrió, —hablé sin pensar.
Renné se alejó sacudiendo la cabeza, a pesar de lo desconcertada que se sentía, no estaba entrando en pánico, Edward respiró profundo mientras se acercaba.
—Por favor háblame. —suplicó.
—Mi niña, —dijo casi en un susurro, —ella es chiquita, ella tiene cuatro años, ella…—sus ojos se encontraron con los de él, al ver su expresión se llenaron inmediatamente de lágrimas, —¿ella no es más una niña, cierto?
Edward caminó hasta ella, —Neni, —intentó alcanzarla pero ella retrocedió, sus ojos le rogaban, Edward respiró profundo y espero lo mejor de lo peor y negó despacio.
Renné ahogó un quejido, —ella… tu esposa…
—Es ella, —dijo él, —ella es Isabella Swan. Bella. Tu niña creció mientras estabas lejos, se convirtió en una mujer hermosa y valiosa, la amo con toda mi alma y solo quiero lo mejor para ella, se que te ama, solo quiere acercarse a ti, solo quiere ser parte de tu vida. No te va a pedir nada, solo que la dejes estar.
Renné negó alejándose un poco mas, Edward la siguió, —no sé, no sé…—negó despacio.
—No digas nada, no tienes que decir nada, solo…—respiró profundo, —vamos a casa, —se le ocurrió, —vamos con Quill, estoy seguro que él podrá ayudarte, vamos…—estiró su mano hacia ella, que lo vio con recelo, —por favor…—necesitaba ayuda de quien fuera, había metido la pata y ahora tenía que solucionarlo, si Renné no quería verlos mas, Isabella lo iba a odiar y antes preferiría estar muerto.
No en vano Renné siempre sintió simpatía por su yerno, ya que lentamente posó su manos sobre la de él. Edward respiró profundo, y cerró su mano, sosteniéndola, —lo siento, —susurró mientras caminaba en dirección a la casa de Bosque Verde.
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Eran las 3 de la tarde ya y Bella no había podido salir aun para Bosque Verde. Vacunar a los caballos no había sido tan rápido como había pensado, había hablado con Quill para excusarse y éste le había dicho que no se preocupara, que tenía un ayudante nuevo que estaba haciendo un buen trabajo, se alegro de escuchar que había conseguido ayuda, pero le dijo que de igual forma iría a ver a Renné hoy, además quería echarle un vistazo a Luke.
Su bisabuelo le había dicho que el caballo había pasado los últimos dos días decaído, ella ya lo había desparasitado y podía ser hambre, por eso lo había mandado a alimentar temprano en la mañana.
Cuando terminó sus quehaceres, fue a la casa de nuevo, no planeaba entrar, solo quería preguntarle a Emmett si se sabía algo de Alice, la había llamado un par de veces pero la contestadora salía automáticamente.
—¡Bella! —la voz de Jasper la distrajo mientras se bajaba del Jeep.
—¿Aun nada de Alice? —el rubio negó.
—No, tampoco me contesta al celular, ahora repica, pero no hay forma de que me atienda alguna llamada. —Bella suspiró.
—No creo en verdad que algo le haya pasado, quizás solo necesitaba un tiempo a solas.
Jasper asintió, —puede ser, —sacudió la cabeza y despeinó su cabello, —me voy a volver loco, ¿lo sabes, no? —Bella no pudo evitar reír.
—No seas tan exagerado, Jazz. —él la vio con ojos muy abiertos, pero con un indició de sonrisa en los labios.
—¿Exagerado? no tienes idea de todo lo que he hecho, tu padre tiene unos clientes atroces.
Bella suspiró. A pesar de todo lo que había pasado, bueno o malo con Jasper. Sabía que le debía mucho, se había encargado de todo cuando ningún miembro de la familia lo había hecho y ella podía ser de todo menos desagradecida.
—Oye, —dijo sacudiendo las manos en sus jeans, —estoy segura que Alice está bien. Vamos adentro, te invito un exquisito té helado, —le sonrió como cuando era niña.
Jasper se sorprendió de no sentir el anhelo que normalmente su sonrisa lo hacía sentir. Una autentica y despreocupada sonrisa se apoderó de sus labios. —Claro, te sigo, —señaló la puerta, Bella caminó dentro de la casa yendo directamente a la cocina.
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—A ver, —Bella le dio un mordisco a una rueda de pan untada de Nutella, ya iban por su tercer vaso de té y ella decidió preparar su snack favorito mientras, —¿estás o no estás enamorado de mi hermana pequeña?
Jasper rió y dio otro sorbo a su té, —¿Sabes que odia que la llamen, "pequeña"?
—¡No cambies el tema, Jazz!
—No lo estoy cambiando, —ella se cruzó de brazos, él levantó los propios en rendición—pero te dije hace tiempo que no iba a contestarte eso a ti, vamos, tu hiciste lo que quisiste con tu escolta, deja que Alice y yo resolvamos nuestros embrollos.
Rodó los ojos, —aburrido. —él solo rió.
—Extrañaba esto, —dijo el rubio, —pasar el rato contigo, ser amigos, hace mucho rato que no conversaba con un amigo.
—Siempre seré tu amiga, Jazz, solo que te desviaste un poco del camino. Pero ahora todo está bien, podemos retomar nuestra relación.
—¿Con Edward de por medio? Sí, claro.
—Edward no es malo. Si tan solo se conocieran mejor, podrían ser amigos.
—Jamás podría ser algo de tu marido, pero me conformo contigo, —dijo en tono burlón que ella contestó sacando la lengua.
—Jasper, —el susurro vino de la puerta, ambos se giraron asombrados para encontrar a una Alice con la cara manchada de lágrimas viéndolos.
—Alice, —Jazz se levantó de inmediato y fue hasta ella, —¿Dónde estabas? me tenías preocupado.
—No parece, —dijo la chica alejándose del contacto del rubio, una lágrima resbaló por su mejilla pero la quitó de inmediato.
—Alice, estábamos muy preocupados por ti, Jasper se estaba volviendo loco y yo solo le ofrecí una bebida para distraerlo, nada mas.
Sintió que su hermana necesitaba una explicación, aunque era evidente que ella y Jazz no estaban haciendo nada malo.
—No pasa nada Bella, —respondió con voz muerta, —ya nada importa… Estoy cansada, así que subiré a mi cuarto, tomaré una ducha y me iré a la cama. Ahh, Seth podrá ir al funeral de mañana, quería que supieras que logré hacerlo posible.
—¿Qué? —preguntó Bella con asombro empezando a seguirla. —¿Cómo?
—Bella no, —Jasper levantó una de sus manos, —déjala tranquila ahora.
—Pero…
—Pero nada, Bella, déjala tranquila un rato.
—No me gusta que esté sola.
—No lo estará, —y se fue tras la que aun consideraba su novia dejando a Bella con los ojos claros y sin vista.
Su celular sonó y sonrió al ver el rostro malhumorado de Edward en la pantalla, el día que le tomó la foto, él no quería y ella lo obligó.
—Hola amor. —contestó al segundo timbre.
—Isabella, —su nombre completo la hizo ponerse alerta.
—¿Qué pasó? ¿Estás bien? —preguntó con cautela.
—Yo estoy bien, Renné y Quill también.
—¿Estás en Bosque Verde? ¿Por qué?
—No hay tiempo para explicar, Nena, necesito que vengas, te necesitamos aquí ahora.
Miedo se metió en sus venas.
—Voy para allá. Pero por favor dime que está mal.
—Nena…—la respiración que tomo se le hizo eterna a Bella, —Es Luke, solo apresúrate, ¿sí?
Ahora lo que sintió fue pánico.
—Estaré allá en 30, —cerró la llamada sin esperar nada mas, el trayecto a Bosque verde podía ser de casi una hora, lo último que necesitaba escuchar ahora era a Edward pidiéndole tener cuidado en la vía.
Salió corriendo tomando su bolso y llaves, se llevaría uno de los autos de la casa y le importaba muy poco lo que cualquiera le dijera.
Cuando salió al aire caliente del final de la tarde, se detuvo en seco frente a un auto nada familiar que estaba al frente. Pero el auto no era lo que le llamó la atención ni mucho menos, lo que le prácticamente la hizo caerse de trasero fue su madrastra, en todo su esplendor, frente a ella.
—¿Qué demonios haces tu aquí?
Charlotte bajó sus lentes por el puente de su nariz.
—No es como si necesitara responderte. Pero esta es mi casa y me enteré que mi marido regresó, así que vine para quedarme.
