ke taal? espero es guste Recuerden de ke sta historia sta a punto de acabar..
nada me pertenece
Capítulo 48
—Eres una mujer fascinante, hermanita. —Rosalie se apoyaba en la encimera de la cocina, contemplando cómo Bella introducía la pasta en el agua hirviendo.
—Tenemos encima una crisis, un asunto que viene forjándose desde hace tres siglos; Alice está nerviosa y no deja de lanzar juramentos, y tú sigues cocinando y sirviendo comida como si tal cosa.
—Cada uno se dedica a lo que sabe hacer mejor. —Bella levantó la mirada, mientras removía la pasta—. ¿Y tú qué haces Rose?
—Yo espero.
—No, no es tan sencillo.
—Me preparo, entonces. —Rosalie levantó su copa de vino y bebió—. Por lo que pueda pasar.
—¿Tú puedes ver lo que se avecina?
—No del todo. Sólo veo algo fuerte y devastador. Algo compuesto de sangre y venganza, que reclama lo que está en su origen, que crece a medida que devora. Utiliza la debilidad —dijo Rosalie.
—Entonces no hay que ser débil.
—Nos subestima —prosiguió Rosalie—, pero nosotras debemos tener cuidado de no hacerlo. El demonio no se preocupa de las reglas, de lo correcto y lo justo. Es inteligente. Es capaz de presentarse como algo atractivo.
—Ahora estamos juntas las tres. Yo tengo a Edward, Alice a Jasper, me gustaría...
—No desees por mí. Tengo todo lo que necesito.
—Rose... —Bella sacó el colador, intentando encontrar las palabras apropiadas—, incluso ahora que nos vamos a enfrentar al peligro que tenemos encima, hay un asunto más: tú.
—¿Crees que voy a salir volando por el acantilado? —Rosalie se relajó lo suficiente como para soltar una carcajada—. Puedo asegurarte que no voy a hacerlo. Me gusta demasiado la vida.
Existen otras formas de saltar al vacío, pensó Bella. Quiso expresarlo en voz alta, pero se contuvo.
De momento, tenían demasiado a lo que enfrentarse.
¿Qué les ocurría? Alice escuchaba la conversación que se desarrollaba en torno a la mesa, mezclada con los deliciosos olores de la comida bien preparada. Era una conversación corriente y las voces sonaban tranquilas.
Pásame la sal.
¡Por el amor de Dios!
Sintió que algo a punto de estallar bullía en su interior, algo listo para desbordarse y derramarse a la vista de todos. Mientras tanto, los demás charlaban y comían como si fuera una velada cualquiera.
Parte de ella sabía que se trataba de una pausa, de un respiro para reunir fuerzas y prepararse; pero Alice no tenía la paciencia suficiente como para resistirlo, ni la absoluta calma de Bella, ni la frialdad de Rosalie. Su propio hermano se dedicaba a servirse otro plato de pasta como si todo lo que le importaba en la vida no estuviera a punto de desmoronarse y hundirse.
En cuanto a Jasper... Observaba, asimilaba, valoraba, pensó con resentimiento. Era un cretino, al fin y al cabo.
Ahí afuera había algo hambriento, que no se daría por satisfecho con una comida casera bien preparada. ¿Acaso no eran capaces de sentirlo? Era algo que reclamaba sangre, sangre y huesos, muerte y agonía, dolor.
Aquello la desgarraba.
—¡Caramba! —Alice empujó el plato y la conversación cesó—. Estamos sentados aquí tranquilamente, comiendo pasta, y esto no es una maldita fiesta.
—Hay muchas formas de prepararse para luchar —comenzó a decir Jasper, mientras le ponía una mano en el brazo.
Lo que ella quería era quitar aquella mano de un golpe, y se sintió mal por ello.
—¿Para luchar, dices? Esto es una guerra.
—Hay muchas formas de estar preparado —repitió él—. Estando aquí juntos, compartiendo la comida, que es un símbolo de vida y de unión...
—Ya no es momento de símbolos. Tenemos que hacer algo concreto —respondió Alice.
—Con la ira sólo conseguimos alimentarlo —intervino Rosalie.
—Entonces estará a punto de explotar —replicó Alice, mientras se ponía de pie—, porque estoy cabreada hasta el infinito.
—El odio, la rabia, el deseo de violencia, todas esas emociones negativas le refuerzan y a ti te debilitan —dijo Rosalie llevándose la copa de vino a los labios.
—No me digas lo que debo sentir —contestó Alice.
—¿Acaso he podido hacerlo alguna vez? Quieres lo que siempre has perseguido, una respuesta clara. Cuando no lo consigues, o te lías a puñetazos o te marchas —atacó Rosalie.
—Por favor —suplicó Bella—. Ahora no es el momento de enfrentarnos entre nosotras.
—En efecto. Hagamos las paces. —Alice pudo escuchar el tono mordaz de su voz, y aunque le avergonzó, no pudo detenerse—. ¿Por qué no tomamos café y pasteles?
—Ya basta, Alice —intervino Edward.
—No, no basta. —Se giró hacia su hermano sintiendo un disgusto que iba más allá de los buenos modales—. Hasta que hayamos solucionado esto, hasta que no termine, nada es suficiente. Esta vez habrá algo más que un cuchillo sobre su garganta, algo más que un cuchillo teñido con tu sangre, Edward. No voy a perder lo que amo. No voy a permanecer sentada aquí a la espera de que venga a buscarnos.
—En eso estamos de acuerdo —Rosalie dejó su copa—. No vamos a perder y como discutir es malo para la digestión, ¿por qué no nos ponemos manos a la obra? —Rosalie se levantó y comenzó a despejar la mesa, y antes de que Alice pudiera hacer algún comentario sarcástico añadió—: Bella se sentirá mejor si tiene la casa ordenada.
—Perfecto, seamos ordenados. —Alice agarró rápidamente su plato; se dirigió a la cocina y se felicitó por no limitarse a dejar el plato en el fregadero. ¡Qué control! ¡Qué autodominio!
¡Dios mío! Lo que quería era gritar.
Jasper apareció tras ella, solo. Dejó los platos sobre la encimera y le puso las manos sobre los hombros que estaban rígidos y agarrotados.
—Tienes miedo. —Jasper agitó la cabeza antes de que ella pronunciara una palabra—. Todos lo tenemos, pero tú crees que debes soportar todo el peso de esto y de lo que suceda, y no tiene por qué ser así.
—No quieras aplacarme, Jasper. Sé cuándo me comporto mal.
—Está bien, entonces no tengo por qué seguir, ¿no? Conseguiremos acabar con esto.
—No puedes sentir lo que yo siento, es imposible.
—No, no puedo, Alice, pero te amo con todo mi corazón, y lo sé, y eso es lo más cercano a sentirlo.
Alice se dejó llevar un momento, dejó que él la tomara y se cobijó en ese refugio.
—Habría sido más fácil que esto hubiera sucedido después.
Jasper rozó su mejilla contra su cabello.
—¿Tú crees?
—Si hubieras llegado cuando todo se hubiera normalizado, habríamos mantenido una relación sentimental normal y una vida corriente: barbacoas, riñas matrimoniales, fantásticas sesiones de sexo y facturas de dentista.
—¿Eso es lo que quieres?
—En este momento, suena estupendo. Prefiero sentirme furiosa que asustada. Actúo mejor.
—Recuerda solamente que todo se reduce a esto —Jasper le echó la cabeza hacia atrás y puso sus labios sobre los de ella—. Aquí existe una magia que la mayoría de la gente no llega nunca a conocer.
—No pierdas más el tiempo conmigo, ¿vale?
—Eso es imposible.
Alice intentó contener su impaciencia, mientras se hacían los preparativos. No quería tumbar se en el sofá, porque se sentía demasiado vulnerable, y prefirió acomodarse en una silla en el vestíbulo, con las manos sobre los reposabrazos y tratando de no pensar en las máquinas y en las cámaras.
Sabía que le hubiera reconfortado tener a Rosalie y a Bella, una a cada lado como dos guardianes, pero se hubiera sentido ridícula.
—Hazlo ya —le dijo a Jasper.
—Tienes que relajarte. —Acercó una silla a la de Alice, se sentó y sostuvo el colgante con aire distraído—. Respira despacio. Aspira y expira.
La hipnotizó sin esfuerzo, de una manera tan fácil que le hizo estremecer.
—Está en sintonía contigo, y tú con ella —comentó Rosalie, sorprendida al ver cómo Alice se había entregado por completo—. Eso supone una especie de fuerza.
Fuerza que iban a necesitar todos ellos, pensó, sintiendo un escalofrío en la piel. Para luchar contra esa sensación, tendió la mano por encima de Alice para tomar la de Bella.
—Somos las Tres —dijo Rosalie con claridad— y dos de nosotras protegeremos a la tercera. Nada podrá dañarnos si permanecemos unidas —hizo un gesto a Jasper, mientras volvía a sentir calor.
—Alice, aquí estás a salvo. Nada puede hacerte.
—Está cerca —anunció Alice estremeciéndose—. Es algo frío y está cansado de esperar —abrió los ojos y miró a Jasper sin verle—. Te conoce, te vigila y te está esperando. Compartís la sangre. Morirás por mi mano, eso es lo que quiere: acabar con el poder y que sea destruido por mi mano. —El dolor le calaba hasta el fondo de los huesos—. Deténganme. —Su cabeza rodó hacia atrás y se le pusieron los ojos en blanco—. Yo soy Tierra.
Se transformó ante los ojos de todos, súbitamente de su pelo brotaron rizos y se le redondearon los rasgos.
—Debo expiar mi pecado y se me acaba el tiempo. De hermana en hermana y de amor en amor. La tormenta se acerca y con ella la oscuridad. Yo no tengo fuerzas, estoy perdida —mientras hablaba, gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
—Hermana —Rosalie posó la mano que tenía libre en el hombro de Alice y volvió a sentir el frío—. ¿Qué podemos hacer?
Los ojos que se posaron sobre Rosalie no eran los de Alice; parecían ser unos ojos viejos y estaban increíblemente tristes.
—Lo que deseas, lo que sabes, lo que crees... La confianza es lo primero, la justicia es lo segundo, y el amor sin límites lo tercero. Ustedes son Tres. Que sean más fuertes que lo que las creó a ustedes y a todos no es suficiente. Si vives se te romperá el corazón. ¿Podras afrontarlo?
—Yo viviré y conservaré mi corazón sano—contestó Rosalie.
—Mi hermana pensó lo mismo. Yo la amaba, amaba a las dos demasiado, o no lo suficiente, aún no lo sé. Quizá su círculo sea más fuerte y resista.
—Dinos cómo resistir.
—No puedo. Si las respuestas están dentro de ustedes, las preguntas carecen de importancia. —Se dirigió entonces a Bella—. Tú encontraste las tuyas, por lo tanto hay esperanza. Bendita seas. —Continuó hablando entre jadeos—. La tormenta —dijo en el instante en que el primer relámpago azul iluminó la habitación.
Se rompió una lámpara que cayó al suelo. Un florero se elevó en el aire antes de estrellarse contra la pared. El sofá se levantó solo y cruzó la habitación.
Cuando Edward se volvió hacia Bella, una mesa se cruzó en su camino. Saltó por encima, maldiciendo, y sujetó a su esposa poniendo su cuerpo como escudo para protegerla.
—¡Detente! —gritó Rosalie al viento que había inundado la habitación—. Bella, quédate conmigo. —Apretó su mano contra la de Bella y con la otra tomó la de Alice—. Que se detenga el poder y el aire se pare. Que desafíe este círculo, aquel que se atreva. Nosotras permanecemos aquí, somos las Tres. Hágase nuestra voluntad.
Una voluntad luchando contra otra. Magia chocando contra magia. Y entonces el viento se detuvo, tan de golpe como había comenzado. Los libros que habían estado volando por el aire cayeron al suelo con un ruido sordo.
—Alice... —la voz de Jasper era absolutamente tranquila, en contraste con los latidos acelerados de su corazón—. Voy a contar desde diez hacia atrás y te despertarás cuando llegue al uno. Despacio.
Se inclinó sobre ella, rozó sus mejillas con los labios y susurró el conjuro que había leído en el diario.
—Lo recordarás —le prometió, confiando en que permaneciera en su mente para cuando le fuera más necesario—. Vas a escucharlo y sabrás cuándo utilizarlo.
Mientras Jasper la iba despertando, Alice notó que volvía. Era como si regresara de un mundo de terror. Cuanto más se acercaba al borde, más frío y más pavor sentía.
Cuando abrió los ojos y pudo ver con claridad, reparó en que Jasper tenía sangre en el rostro: un re guero que fluía de la sien a la mejilla.
—¡Dios mío! —exclamó.
—No es nada. —Jasper no había notado el corte hasta que Alice retiró su mano llena de sangre— Habrá sido algún cristal suelto. No es nada —repitió— sólo son rasguños.
—Tu sangre —Alice cerró el puño sobre la mancha de sangre y sintió la culpabilidad, el poder, la avidez y el miedo.
—A veces afeitándome ha sido peor. Mírame. Relájate. Bella, ¿le puedes traer un vaso de agua? Vamos a descansar un momento, antes de comentar lo que ha sucedido.
—No —replicó Alice, mientras se levantaba—. No es necesario, sólo necesito un momento. —Puso su mano en el rostro de Jasper con suavidad—. Lo siento. No he podido controlarlo. Lo siento.
—No pasa nada —respondió Jasper.
Alice asintió como si estuviera de acuerdo con él, pero mientras se dirigía a la cocina sabía que ni era así, ni sería así, ni podría serlo nunca.
Era consciente de lo que tenía que hacer, de lo que había que hacer. La sangre de Jasper ya se había enfriado en sus dedos cuando salió por la puerta trasera hacia la tormenta, que iba en aumento.
Oh my Goood ke pasara ahora? Adonde se dirige Alice? haaay ke kuriosidad no?
bueeno dejenme reviews y es actualizo jeje
byeee
