Capítulo 53 - ¡La furia de Lugia y la reunión de las tres pokédex de Johto!

Alguien acababa de aterrizar en otra de las Islas Remolino montado en un Jigglypuff inflado. Amy hizo volver a su exhausto pokémon a la pokéball con una sonrisa pesarosa:

- Últimamente te he ordenado volar tanto, Puffy - murmuró Amy -. Te mereces un largo descanso.

Amy miró a lo lejos. Desde allí, era capaz de ver lo que estaba ocurriendo en otra de las islas cercana:

- Ese torbellino … - dijo para sí -. ¿Será de lo que hablaba Lance?

Se acercó a la entrada de la cueva y tragó saliva.

- ¿Y ahora cómo le explico que no he encontrado a Silver? - se preguntó, temblorosa -. Nada de lo que le diga … será nuevo para él.

Amy se miró. Tenía arañazos y alguna que otra herida en los codos y las rodillas, a parte de que estaba bastante sucia:

- Qué vergüenza … - murmuró, sonrojándose -. Bueno, ahora no puedo echarme atrás.

Aprovechando su ligereza, Amy se adentró en la cueva escabulléndose entre un estrecho agujero en las rocas.

No muy lejos de ahí, el Santa Aqua acababa de llegar al remolino que se estaba creando en torno a aquella otra de las Islas Espuma, presidido por LT. Surge:

- Es tal y como me dijo el tipo de los fantasmas - comentó LT. Surge -. Esta debe de ser la isla … ¡Esperadme aquí, volveré en unos minutos!

Los Magnetons de LT. Surge crearon una especie de plataforma volante de modo que LT. Surge salió volando en dirección a la isla.

Gold y Silver se encontraban trepando por una montaña del centro de la isla en su afán de huir de los Sandslash.

- ¿Les hemos despistado ya? - preguntó Gold.

- ¡Hey! - exclamó LT. Surge, llegando junto a ellos.

- ¿Qué pasa ahora? - preguntó Gold -. ¡¿Quién ese tío y por qué está flotando?

- ¡Comprobad si alguno de estos objetos os pertenece! - exclamó LT. Surge, dejando caer unos objetos -. ¡Hay un Gyarados rojo en la pokéball!

Gold no daba crédito:

- ¡Mi gorra! - exclamó -. ¡Y mi mochila, y mi zapatilla, y mi monopatín …!

- ¡Hey! - exclamó LT. Surge -. ¡Hey, espera un momento! ¿No deberíais agradecérmelo primero?

- Oh, señor - dijo Gold, arrodillándose -, muchísimas gracias por devolvernos nuestras pertenencias. Jamás olvidaremos su amabilidad.

Ahora era Silver el que no daba crédito:

- ¡Jajaja! ¡No me refería a eso! - negó LT. Surge -. Lo que quiero es información. Vosotros luchasteis contra el hombre enmascarado, ¿verdad?

- ¿El Hombre de la Máscara de Hielo? - preguntó Gold.

- ¿Información? - preguntó Silver.

- Sí - afirmó LT. Surge -. Quiero saberlo todo sobre ese tío. Sus ataques, sus técnicas, sus estrategias … y sus pokémons.

- No veo ningún problema con contártelo - dijo Silver -. Pero antes, yo también tengo algo que preguntarte.

- ¿De qué se trata?

- ¿Has venido en ese barco?

- ¡Oh, el Santa Aqua! ¡Por supuesto! ¡Es el crucero más lujoso de …! ¡Aah! ¡Pero si está flotando en el aire!

El enorme barco estaba flotando en el aire con la ayuda de los poderes psíquicos de un gigantesco pájaro pokémon:

- ¡Vaya! - exclamó Gold, poniéndose la gorra -. ¡Parece que no hay tiempo para descansar!

No se dieron cuenta de que un pequeño yate flotaba al lado del Santa Aqua, con Crystal, Yellow y su tío a bordo. Los marineros del Santa Aqua gritaban como desesperados.

- ¡¿Ese pokémon es el causante de todo? - gritó LT. Surge.

- ¡Son poderes psíquicos! - exclamó Silver -. ¡Es Lugia!

El gigantesco pájaro parecía furioso. Atacó a la isla con un enorme psico rayo que Gold, Silver y LT. Surge esquivaron por los pelos:

- ¡Mi Santa Aqua! - se lamentaba LT. Surge -. ¡¿Ese pokémon también ha provocado todos esos remolinos?

Lugia dejó caer los dos barcos al agua, levantando un gran oleaje. Silver echó a volar con su Murkrow:

- ¡Eh, espera! - exclamó Gold, en vano.

No le quedó más remedio que agarrarse a uno de los Magnetons de LT. Surge para subirse en su plataforma.

- ¡Gracias por el viaje! - exclamó el muchacho.

- ¿No puedes moverte por ti mismo como el otro chaval? - preguntó LT. Surge, fastidiado.

- No tengo ningún pokémon que vuele o que nade, así que …

- ¡No me digas que voy a tener que llevarte! ¡¿Y cuándo te he dado yo permiso para subirte?

- ¡Cuidado! - gritó Gold.

Tras intentar atacar a Silver en vano, Lugia atacó a LT. Surge y a Gold, que lo esquivaron por poco.

- ¡Tienes que velar por nuestra seguridad, tío! - exclamó Gold.

- ¡Será posible …! - exclamó LT. Surge.

- ¡No me importa porqué quieres saber sobre el Hombre de la Máscara de Hielo, ni porqué nos has traído nuestras cosas, ni cómo sabías que estábamos aquí! - exclamó Gold -. ¡Pero yo soy de los que devuelven los favores! Así que te voy a decir todo lo que sé. He luchado contra el Hombre de la Máscara de Hielo dos veces.

- ¡¿"Dos veces"?

- Sí … Lo único que le describe es la palabra "hielo". ¡Todos sus ataques se basan en hielo! ¡Es un experto en el hielo! ¡Pudo congelar el Lago de la Furia entero!

- **¿Hielo? - pensó LT. Surge -. ¡Pero no usó ataques de hielo contra mí! ¿No me estaba tomando en serio?**.

- Siento no poder decir más, ¡pero primero tenemos que encargarnos de ese pajarraco! - exclamó Gold -. ¡O no podrás volver a enfrentarte al Hombre de la Máscara de Hielo nunca más!

Así pues, Gold y LT. Surge se lanzaron a atacar a Lugia.

Amy ya había recorrido varios túneles y estaba a punto de llegar a la sala oculta en lo más profundo de la cueva. Al escuchar sus pasos, un pequeño pokémon avanzó corriendo hacia ella:

- ¡Ah, Eevee! - exclamó Amy, agachándose para recibir a su pokémon -. ¡Ya he vuelto!

Eevee estaba dando saltos de alegría. Amy le acurrucó entre sus brazos y le acarició:

- ¿Me has echado de menos? - le preguntó, contenta.

- Amethyst - dijo, de repente, una voz.

Amy tragó saliva. Depositó a Eevee en el suelo y avanzó hacia el final de la sala, donde le esperaba el elegante maestro de los dragones, Lance, sentado en su trono de piedra.

- Hola, Lance - murmuró Amy, sonrojándose.

- Has estado bastante tiempo fuera - comentó Lance -. Y, a juzgar por tu aspecto, has debido de estar trabajando muy duro.

Amy bajó la cabeza, avergonzada:

- Lo siento - dijo -. No he podido encontrar a Silver.

Lance no dijo nada. Se limitó a mirarla.

- Ni siquiera he recibido noticias de él - añadió Amy, tristemente -. Estoy preocupada por él.

- Sin duda - dijo Lance -, es extraño. Pero es un chico fuerte. Tengo fe en él, estoy seguro de que no se dejaría vencer tan fácilmente.

- **Me pregunto si tendrá tanta fe en mí como en Silver - pensó Amy -. A pesar de ser tan pequeño, Silver es tan guay. Tal y como era …**.

- Bueno - dijo Lance, interrumpiendo sus pensamientos -. ¿Alguna que otra nueva noticia?

Amy no quería contárselo.

- No creo que hayas estado buscando ciegamente a Silver durante estas tres semanas enteras - dijo Lance, taladrándola con la mirada.

- Yo … - titubeó Amy -. Me enteré de que los Perros Legendarios habían despertado, y pensé … pensé que podrían haberte sido de ayuda con tus investigaciones, ya que son pokémons muy poderosos … Pero no pude atrapar a ninguno de ellos. Son demasiado fuertes. ¡Sobre todo Suicune! Derrotó a todos los líderes de gimnasio a los que se enfrentó.

- ¿Los Perros Legendarios? - preguntó Lance -. Jeje. Eres ambiciosa, Amethyst, mira que ir tras pokémons legendarios … ¿para mí? ¡Jajaja!

Amy no sabía qué pensar. Era incapaz de imaginarse si Lance estaba disgustado o se estaba riendo de verdad. Intercambió una rápida mirada con Eevee.

- ¿Por qué te esfuerzas en llegar tan lejos por mí? - preguntó Lance.

Amy abrió los ojos. Hacía ya un año, Lance le había formulado una pregunta muy parecida.

Crystal, Yellow y su tío observaban a Lugia desde el yate, después de haber sido lanzados brutalmente contra el agua. El yate se estaba empezando a resquebrajar y no duraría mucho más:

- ¡Yellow! - exclamó Wilton, agarrando a su sobrina -. ¿Estás bien?

Entonces, vieron a Crystal en la otra punta del yate, agarrándose como podía a la borda para sobrevivir al oleaje:

- ¡Señorita! - gritó Wilton -. ¡¿Estás bien?

- ¡Ese pokémon …! - exclamó Yellow, mirando a Lugia -. ¡Es el mismo que se fue volando hacia el oeste tras la batalla contra Lance en Isla Cereza! ¡Así que era verdad!

Crystal se dio cuenta de un leve sonido que salía de su mochila:

- ¡Sale un pitido de mi mochila! - exclamó Crystal, rebuscando en su mochila y sacando la pokédex -. ¡Oh, pero si es la pokédex!

- ¡Es el sistema de resonancia! - exclamó Yellow -. ¡Las antiguas pokédex también tenían esa función! ¡Cuando las pokédex de una región y sus dueños legítimos se reúnan, empezarán a emitir ese sonido!

- ¡Cuidado! - gritó, de repente, Wilton.

Lugia lanzó otro gigantesco rayo por la boca hacia el yate, destrozándolo y partiéndolo por la mitad.

- ¡Crys! - gritó Yellow, al ver que la mitad del yate en la que estaba Crystal empezaba a ser absorbida por el remolino.

Pero Crystal ya no podía oírles. Se habían alejado muchísimo en cuestión de segundos, y ella tenía las piernas atrapadas entre los escombros de la cabina del yate, que se había derruido:

- Uh … - murmuró Crystal, sin soltar la pokédex.

Bayleef había aparecido y se mantenía a su lado, preocupado por su entrenadora.

- Las tres pokédex de Johto … - dijo Crystal -. El Prof. Oak me contó algo sobre eso. Los dos chicos que tienen las otras dos pokédex están en algún lugar … en Johto.

Sobre aquella zona, Silver volaba con su Murkrow, esquivando los rayos de Lugia.

- **Es demasiado poderoso, es … monstruoso - pensaba Silver -. Ahora comprendo porqué los Sandslash estaban tan exaltados. Y hablando de exaltación … este Lugia también parece bastante furioso … ¿Por qué será?**.

Miró hacia abajo y se fijó en la mitad del yate con Crystal y Bayleef a bordo que se hundía en el remolino.

- **¡Un barco! - pensó Silver -. ¡Y hay pasajeros!**.

Hizo aparecer a su Croconaw y se montó sobre él para nadar hacia el yate.

Por su parte, Gold también se fijó en la mitad del yate que se acercaba peligrosamente al remolino:

- ¿Pero qué veo? - preguntó Gold, apretando los ojos y mirando a través de sus gafas de buceo -. ¡Una bella dama en apuros! ¡Bueno, tío, gracias por el viaje, ahora me tengo que ir!

Le dio unas palmadas en el hombro a LT. Surge e hizo aparecer a Quilava:

- ¡¿Quéé? - gritó LT. Surge, incrédulo.

Gold y Quilava se tiraron y cayeron sobre un trozo del yate, usándolo como tabla de surf:

- ¡Vamos, Explotaro! - exclamó Gold -. ¡Surfear es lo que más mola!

Llegó hasta el yate y se asomó a la borda. Le extendió su mano a la pobre Crystal, que estaba casi inconsciente debido a los golpes:

- ¡Ya estoy aquí! - exclamó Gold -. ¡Dame la mano, guapa!

Pero otra mano con un guante negro ya había agarrado la mano de Crystal. Gold miró y se dio cuenta de que Silver había llegado antes que él:

- Eh … - titubeó Gold -. ¡¿Estás intentando hacerte el héroe o qué? ¡Aquí el que salva a las damas en apuros soy yo, así que suéltala!

A Silver no le quedó más remedio que soltar la mano de Crystal, que recuperó el conocimiento y abrió los ojos:

- ¡Aah! - chilló, al ver a Gold agarrando a Silver del cuello de la sudadera para darle un puñetazo -. ¡Gamberros!

- Eh … ¡No sé éste - exclamó Gold, apurado, señalando a Silver -, pero yo no soy un gamberro!

- ¿Eh? - preguntó Silver, dándose cuenta de una cosa.

Las pokédex de los tres empezaron a pitar como locas.

- ¡Ellos son … - exclamó Crystal -, ¿los dueños de las otras dos pokédex?

Bayleef se había acercado a Quilava y a Croconaw, haciéndoles mimos y llorando de la alegría.

- ¡Los tres pokémons del Prof. Elm! - exclamó Gold, reconociendo a la forma evolucionada de Chikorita.

Habría sido una situación agradable de no ser por que se encontraban en medio de una crucial batalla:

- ¡Aah! - gritó Gold, mirando a Lugia -. ¡Que viene otra vez!

Lugia elevó de nuevo aquella mitad del yate. Crystal se agarraba como podía, pero Gold y Silver no se ponían de acuerdo:

- ¡Quita de en medio! - ordenó Silver.

- ¡Quítate tú! - gritó Gold.

- **Dan miedo …** - pensó Crystal.

Lugia volvió a dejar caer el yate en el agua violentamente. Tras recuperarse del golpe, Silver se puso en pie:

- Vámonos, Croconaw - dijo.

- ¡Eh, Silver, espera! - exclamó Gold -. ¡Ya sé que lo vamos a tener difícil luchando desde aquí abajo, pero mira! ¡Tu Croconaw está preparado para luchar junto a sus compañeros!

- Y qué - dijo Silver.

- ¡¿No podemos dejar nuestras diferencias de lado por una vez? - gritó Gold, enfadado -. ¡Dales una oportunidad!

Silver se giró. Bayleef, Quilava y Croconaw estaban juntos, lanzándole todo tipo de ataques a Lugia. Pero poco se podía hacer, porque el oleaje agitaba con fuerza el yate.

- ¡El bote está perdiendo el control! - exclamó Gold.

- ¡Tendrías que haberlo pensado antes de empezar a atacar! - exclamó Silver.

- ¡¿Me lo estás echando en cara?

- ¡Por favor, parad! - suplicó Crystal -. ¡Ahora no es momento de discutir! ¡Sois los dueños de las otras dos pokédex de Johto, ¿no? ¡El Prof. Oak confío en vosotros, ¿verdad?

Erm … - titubeó Gold, apurado; se giró hacia Crystal -. ¡Oye, no nos sermonees tú ahora! ¡No me digas que eres de ese tipo de chicas! ¡Siempre seria y respetuosa!

- ¡¿Pero qué hay de malo en ser seria? - gritó Crystal.

LT. Surge observaba a Lugia lanzar aquellas devastadoras oleadas de energía por la boca:

- Esos ataques … ¡no son bombas sónicas, ni siquiera es energía propiamente dicha! - exclamó LT. Surge -. ¡Sus ataques están hechos de aire! ¡Con cada bocanada de aire que toma, es capaz de disparar destructoras corrientes de aire! ¡El nombre perfecto para un ataque así sería … ¡aero chorro!

Lugia atacó a LT. Surge con su aero chorro, con lo que sus Magnetons sufrieron un gran daño, aunque no se desmoronaron.

- ¡Uff! - exclamó LT. Surge -. ¡Un golpe más y caeremos al agua! No hay forma de detenerle en el aire … ¡Ese chico debe de haberse dado cuenta!

Miró a Silver, que les estaba contando un plan a Gold y a Crystal.

- ¡¿Quieres obligarle a ese pájaro gigante a luchar bajo el agua? - gritó Gold, tras escuchar el plan de Silver.

- Sólo de esa forma podremos impedir que efectúe esos ataques de aire - dijo Silver, muy serio.

- ¿Pero cómo vamos a hacer eso? - preguntó Gold.

- La mejor manera sería herirle las alas, de modo que tenga que nadar bajo el agua para recuperarse - explicó Silver -. ¡Pero para eso nos tendremos que acercar! Tú no puedes volar, y Croconaw se quiere quedar aquí, así que … quedaos todos aquí.

Silver hizo aparecer a Murkrow:

- ¡Vamos, Murkrow! - exclamó Silver, echando a volar.

- ¡Yo también! - exclamó Crystal, enviando a su Natu -. ¡Vamos, Natee!

Gold les observó echar a volar, y apenas pudo reaccionar cuando vio a Lugia atacándole con otro de sus aero chorros.

- ¡AAAAAHHH! - gritó Gold.

- ¡Gold! - exclamó Silver.

Él y Crystal volvieron a bajar hasta el yate y, con la ayuda de los tres pokémons, le lanzaron a Gold una cuerda:

- ¡Sujétate fuerte! - gritó Silver.

Gold pudo agarrarse a la cuerda, pero la corriente era demasiado fuerte:

- ¡Ánimo! - exclamó Crystal.

- ¡No puedo! - gritó Gold -. ¡Me arrastra!

La cuerda se estiraba y se alejaba más y más de donde estaban Silver y Crystal cuando, en ese momento, el pokégear de Gold recibió una llamada:

- ¡Ahora estoy ocupado! - exclamó Gold -. ¡Llama más tarde!

- ¡Mira detrás de ti! - gritó una conocida voz a través del altavoz.

Gold giró la cabeza y vio a Wilton, que nadaba como buenamente podía agarrado a un trozo del yate:

- ¡Soy yo, el pescador que conociste en el muelle de Pueblo Azalea! - exclamó.

- ¿Por qué será que siempre que nos vemos estamos en apuros? - preguntó Gold.

Seguían comunicándose a través del pokégear, ya que aún estaban algo alejados y el ruido de las olas era ensordecedor.

- ¡Te he traído algo que podría serte útil! - exclamó Wilton, que llevaba entre las manos una bolsa con pokéballs.

En ese momento, una enorme ola se elevó sobre ellos:

- ¡UUUAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGHHH! - gritó Gold.

La ola le atrapó, hundiéndole en el agua. Wilton también se perdió de vista, aunque fue capaz de soltar las pokéballs, que también empezaron a hundirse en el agua.

- ¡Kyaah! - chilló Crystal.

Ella y Silver cayeron hacia atrás. La cuerda se había roto:

- ¡Oh, no! - exclamó Crystal, preocupada.

Silver no dijo nada, aunque también estaba sobresaltado.

- **Poltaro no podrá llevarme a la superficie … - pensaba Gold, mientras se hundía -. La corriente es … demasiado fuerte**.

Las pokéballs que Wilton había lanzado también se hundían junto a él. En su interior había decenas de Remoraids.

- **No puedo …** - pensó Gold, mientras sentía cómo perdía el conocimiento.

Siguió cayendo hacia el fondo marino.

En ese momento …

Amy había estado todo aquel rato callada, intimidada ante la imperiosidad de Lance, que no cesaba de observarla, esperando una respuesta. Eevee miraba preocupado a su entrenadora:

- Amethyst - dijo, finalmente, Lance -, has estado bajo mi cargo durante estos últimos doce meses. Te he visto crecer. Has pasado de ser una niña huidiza e insegura a convertirte en una muchacha perspicaz y habilidosa.

La chica no dijo nada, se limitó a sostenerle la mirada a su maestro.

- Pero siempre haces lo mismo - añadió Lance -. Cada vez que te pregunto por qué te esfuerzas tanto en conseguir las cosas por mí, te quedas callada y no dices nada. ¿Es para impresionarme?

- Yo … - tartamudeó Amy -, ¡yo sólo quiero volverme más fuerte! ¡Fuerte como tú, Lance! Te lo dije cuando me uní a ti. Te admiro. Desde el primer momento en que te vi. Quiero ser una buena entrenadora como tú, Lance, y la única manera de conseguirlo es …

- ¿Impresionándome?

Con un nudo en la garganta, Amy se calló y fijó la vista en el suelo. Eevee le dio unos mordiscos en la capa, tirando de ella:

- Umh - murmuró Amy -, ¿qué hay de malo en querer impresionar a un maestro?

Amy levantó la vista y miró a Lance con decisión:

- ¡Quiero superar tus expectativas! - exclamó -. ¡Silver no ha dejado de mejorar y de cumplir objetivos desde que llegó aquí! Y lleva aquí la mita de tiempo … En cambio, yo he mejorado muy poco. Y a mí nunca me has encomendado una misión importante.

Lance parpadeó:

- ¿Le tienes envidia a Silver? - preguntó.

- ¡No! - negó Amy -. No es eso …

- Ya sabes que él tiene muchos más motivos que tú para querer volverse más fuerte.

- Lo sé, lo sé - admitió Amy -. No le guardo ningún tipo de rencor a Silver, no le tengo envidia ni nada por el estilo. De hecho, le he cogido mucho cariño durante estos seis meses. Siento mucha pena cada vez que pienso en lo mal que lo pasó cuando era pequeño. Aunque sea un chico tan frío y distante, yo le considero un buen compañero.

Lance miró a Amy:

- ¿Y entonces?

- Lo que pasa es que … - dijo Amy, pero se rectificó; se dio cuenta de que no era recomendable seguir con aquella discusión -. Lance, he tomado una decisión. Estoy demasiado preocupada por Silver, no puedo estar tranquila sin él. No sé ni cómo me he atrevido a volver sin haberle encontrado.

Amy se dispuso a girarse:

- ¡Tengo que encontrarle! - exclamó -. Es un reto que me he impuesto yo misma, así que no volveré hasta que lo consiga. ¡Vámonos, Eevee!

Eevee erigió las orejas, extrañado.

- Me marcho, Lance - dijo Amy -. Esta vez necesitaré a Eevee. Cuando encuentre a Silver …

- ¿Quién empezó recomendándome que Eevee se quedara conmigo mientras tú estabas fuera para que me ayudara con su gran sentido del oído? - preguntó Lance.

Amy giró la cabeza y le miró:

- Fuiste tú, Amethyst - dijo Lance -. No me mires así, no te estoy diciendo que la presencia de tu Eevee ha sido inútil. De hecho, te lo agradezco. Gracias a él, no me las he tenido que ver con ningún intruso indeseado.

Finalmente, Amy volvió a girarse hacia Lance, dándose cuenta de que no la dejaría irse. Eevee miraba alternativamente a su entrenadora y al chico.

- No es sólo que siempre quieras impresionarme - dijo Lance -, es que además siempre encuentras un motivo para preocuparte por mí incluso teniendo una misión de por medio, sabiendo que YO soy tu maestro y me las sé arreglar por mí mismo.

Amy frunció el ceño, sin saber si indignarse o avergonzarse.

Unos minutos después …

Gold palpó algo en la oscuridad del fondo del mar:

- **¿Qué es … esto?** - pensó.

Se aferró. Estaba agarrado a un pokémon con forma de raya marina. Los Remoraids a su alrededor empezaron a salir de sus pokéballs. Gold no tenía ni idea de cómo le iban a ayudar aquellos pokémons, pero confió plenamente en ellos.

Silver y Crystal seguían a bordo del bote, lamentándose, cuando un ruido empezó a salir de debajo del agua.

- ¿Qué es ese ruido? - preguntó Crystal.

De en medio del oleaje, salió Gold volando ayudado del pokémon raya que había encontrado y los Remoraids, que aumentaban la velocidad a base de lanzar chorros de agua por la boca. Los dos últimos Remoraids de cada columna sujetaban con la boca la vara de billar de Gold, que se aferraba a ella con fuerza:

- ¡HE VUELTO! - gritó.

- ¡Mantine! - exclamó Crystal, leyendo los datos del pokémon raya -. ¡Es un pokémon de tipo agua y volador a la vez! ¡Y los Remoraids se adhieren a su cuerpo para aumentar la velocidad!

- ¡Tío pescador - exclamó Gold -, me has dado el mejor regalo que podrían haberme dado! ¡A ver, Silver! ¡Chica seria, tú también! ¡Mantened vuestra vista fijada en el pajarraco ese mientras le ataco! ¡Vamos, chicos!

Mantine se acercó a Lugia:

- ¡Media vuelta! - ordenó Gold, y todos los Remoraids se giraron para ponerse mirando a Lugia -. ¡Al ataque!

Todos los Remoraids a la vez atacaron a Lugia con potentes chorros de agua, haciéndole tambalearse. Pero Lugia le dio un coletazo en el aire a Gold, lanzándole a la orilla con sus pokémons.

- ¡Oh, no! - exclamó Crystal -. ¡No ha podido lanzar a Lugia al agua!

- ¡Puede que tengas razón - exclamó Silver -, pero ha detenido sus ataques con otro método!

Silver y Crystal miraron a Lugia. Justo antes de caer, Gold había podido bloquear la boca de Lugia con u vara de billar:

- ¡Si no puede abrir ni cerrar la boca, no podrá atacar con sus explosiones de aire! - exclamó Silver -. ¡Es nuestra oportunidad!

Desembarcaron en la orilla para llegar junto a Gold. Quilava se arrodilló junto a su entrenador, preocupado.

- ¿Qué te ha parecido mi estrategia? - preguntó Gold -. Estoy hecho un genio, ¿eh? ¡Mira, tenemos un nuevo compañero en el equipo!

Le enseñó la pokéball con Mantine y los Remoraids dentro, que se habían unido al pokémon raya.

- ¿Estás bien? - preguntó Crystal.

- Sí … - respondió Gold -. Aunque caer desde tan alto no era parte del plan.

- ¡Aquí vuelve! - exclamó Silver.

Lugia, aún con la vara de Gold en la boca, volaba furioso hacia los tres muchachos y sus pokémons.

- Ya que no puede atacarnos con sus golpes de aire … - murmuró Silver, mientras veía a Lugia dejarse caer sobre ellos -, ¡va a intentar aplastarnos!

En efecto, Lugia se dejó caer sobre ellos, intentado aplastarles. Bayleef, Quilava y Croconaw, a pesar de ser prácticamente enanos comparados con Lugia, intentaron sostener el peso del gigantesco pájaro:

- ¡Aguanta, Mega! - exclamó Crystal, a la que la idea de morir aplastada no le hacía ninguna gracia.

- ¡Hey! - exclamó Gold, dándose cuenta de una cosa.

Bayleef, Quilava y Croconaw, puestos en cuerpo y alma para detener a Lugia, comenzaron a brillar y a transformarse.

- ¡Los tres están evolucionando al mismo tiempo a su etapa final! - gritó Crystal.

Bayleef, Quilava y Croconaw evolucionaron en Meganium, Typhlosion y Feraligator, con lo que ganaron altura, peso y fuerza:

- ¡Pero si Mega había evolucionado hace poco en Bayleef! - exclamó Crystal, sorprendida -. ¡No lo entiendo!

- **Cuando varios pokémons que se han criado juntos son empujados a trabajar juntos, son más propensos a evolucionar - pensó Silver -. Ya me habían hablado de este fenómeno antes, pero …**.

- ¡¿A quién le importa por qué haya ocurrido? - gritó Gold -. ¡Todavía tenemos una oportunidad para derrotar a este pájaro gigante!