Kill la kill tiene su dueños respectivos, el propósito de este escrito es solo el de entretener. Así que, por favor no me demanden.
Nota: Recuerden que en esta historia no habrá ningún OTP definitivo, solo son insinuaciones.
Disfrútenlo.
Kill la kill fanfiction
Remembranzas vivas
Acosadores
Ya era el atardecer cuando Matoi Ryūko caminaba de regreso al departamento que compartía con Kinagase Kinue. En su hombro llevaba su pesado estuche de acero y en sus brazos dormitaba Senketsu. La joven se encontraba cansada por el largo día, pero estaba feliz consigo misma por haberse deshecho de algunas plagas.
Efectivamente, se encontraba sola por primera vez en el día.
Había sido una tarde tortuosa por la constante presencia de Inumuta Hōka (el espía de Kiryūin Satsuki) sino también por las repentinas apariciones de Kinagase Tsumugu.
El llamativo guardaespaldas de su padre no solamente la siguió todo el recorrido a casa de Mako, también el hombre se interpuso en su camino cuando se encontraban a unas cuadras por llegar. Al doblar en una esquina, Tsumugu ya se encontraba estacionado junto a la acera fumando tranquilamente otro cigarrillo. Al verlo tan repentinamente, tanto Ryūko como Inumuta detuvieron sus pasos.
–Tengo que hablar contigo –dijo el hombre de peinado mohicano al ver a la chica y su acompañante detenerse frente a él.
La joven sabía de que se trataba, pero fingiendo no haberlo escuchado, Ryūko retomó su camino sin dirigirle alguna mirada o palabra, dejando tanto Tsumugu e Inumuta pasmados por un momento. Ambos hombres intercambiaron vistazos antes de seguir cada uno por su rumbo. Tsumugu no solía aceptar ese comportamiento insolente de nadie, pero que por esa ocasión, dejó que Ryūko se saliera con la suya, pero pronto él volvería intentarlo.
El resto del camino a la casa de los Mankanshoku, ni la joven de cabellera oscura, ni el chico de gafas intercambiaron alguna palabra o amenaza. Ryūko continuó marchando ignorando descaradamente la presencia de Inumuta, mientras que él le dirigía una que otra mirada, interesado en lo que estaba sucediendo.
–¡Ryūko-chan! –saltó Mako de alegría al ver a su amiga en la puerta de casa. Se arrojó contra Ryūko sin pensarlo, aplastándola a ella y a Senketsu; todos cayeron juntos al piso –. ¡Tanto tiempo sin verte, Ryūko-chan!
–Ma-mako –balbuceó la joven ante la falta de aire –; apenas paso un día desde que regresé a casa con Kinue.
–Lo sé –dijo Mako feliz sentándose en la rodillas de Ryūko, mientras Senketsu se recargaba en su regazo –, pero cuando uno tiene una amistad tan fuerte, las separaciones pueden sentirse mucho más largas.
Ryūko no pudo evitar sonreír, por primera vez en el día se sentía de buen humor. Para su desgracia no duro mucho.
–Una interesante teoría –afirmó Inumuta acomodando sus gafas en la nariz –, para una mente tan simple.
–¡¿Qué dijiste?! –gruñó Ryūko.
–¡Oh mi dios! –bramó Mako percatándose por primera vez de la presencia de Inumuta –. ¡Es el extraño chico de lentes de Honnōji! ¡¿Qué hace aquí en mi casa?!
–No me llames extraño –se quejo Hōka con una mirada agresiva –, mi nombre es Inumuta Hōka y soy el presidente del comité de información y estrategia de Honnōji, y un miembro del consejo escolar de Kiryūin Satsuki –agregó con soberbia.
–Y un extraño y enfermo acosador que no deja de seguirme–continuó Ryūko en burla provocando que el joven de gafas se crispara, pero antes de que pudiera responder algo contra la joven, Mako lo tomó de las manos:
–No importa si está loco, Inumuta-senpai. En esta casa nadie está cuerdo y todo el que venga con Ryūko-chan es bienvenido.
Y ante la sorpresa de Inumuta y Ryūko, la chica de pelo castaño lo introdujo a su hogar a la fuerza, dejando a Ryūko sola con Senketsu, tirada en el jardín delantero, antes de que pudiera decir algo al respecto.
–¡Entra Ryūko-chan! ¡No seas lentita! –escuchó la voz de Mako gritándole desde el interior –. ¡Hay alguien que vino a verte!
¿Alguien quería verla? Preguntándose quién podría ser, Ryūko se puso de pie inmediatamente y entró en la pequeña casona, seguida de cerca de su mascota peluda.
–Konichiwa –dijo Ryūko –. Tadaima.
La puerta de entrada daba inmediatamente con el pequeño recibidor que también era utilizado por la familia como comedor; alrededor de la mesa ya se encontraba sentados Mataro con Guts en su regazo, a su lado Mako que intentaba de retener a Inumuta, quien luchaba con todas sus fuerzas del agarre de la joven, y frente a ellos no había otro que Mikisugi Aikurō tomando un té.
–¡¿Tú qué chingados haces aquí?! –soltó Ryūko tan pronto lo vio.
–Vine a buscarte Ryūko-kun –dijo el hombre alegremente dando con tranquilidad un sorbo a su taza con té.
–¡¿Cómo diablo llegaste antes que nosotros si te dejamos en casa con Kinue?!
–Automóvil –respondió Aikurō haciendo girar las llaves de su vehículo en su dedo.
Frustrada y refunfuñando, Ryūko se dejo caer en su asiento junto a la mesa. Senketsu no desaprovechó la oportunidad para subir inmediatamente al regazo de su ama, pero Ryūko estaba tan furiosa que ni se dio cuenta. Era el colmo para ella ¿Acaso no la dejarían en paz por el resto del día? ¿Qué demonios tenía que hacer Mikisugi buscándola a casa de los Mankanshoku?
–Si quieres saberlo –continuó Aikurō con una sonrisa hipócrita como si leyera su pensamiento –, solo vine para decirte que Tsumugu te está buscando. Después de que saliste de casa, llegó para llevarte con el profesor, pero al no verte se marchó de inmediato. Yo decidí adelantarme para avisarte.
–¡No necesito que me pases recados, vejete! –gruñó Ryūko al haberse agotado su paciencia –. Mejor ni hubieras venido.
–¡Ryūko no hay nada malo que Mikisugi te buscara solo para darte un aviso! –dijo de repente Mankanshoku Sukuyo llevando una gran bandeja con tazas de té para todos, la mujer tenía una sonrisa mucho más grande de lo normal –. Aquí todas las visitas son bienvenidas.
–Doumo arigatou, Mankanshoku-san –le agradeció Mikisugi tomando otra taza de té.
–No, es nada, usted siempre será bienvenido en esta casa y por favor no me diga tan formal, pude llamarme Sukuyo –lo corrigió la mujer con una risita de adolecente enamorada, antes de sentarse a un lado de Aikurō sin despegar la mirada de él.
Ryūko se sintió asqueada.
–Tsumugu ¿eh? –inquirió Inumuta apartando a Mako con un mano, ya que la joven había comenzado a examinarlo con curiosidad como si fuera alguna extraña criatura –. ¿Sería el hombre que nos topamos en el camino?
–Entonces lo vieron –dijo Mikisugi pasando del joven de lentes a la chica del mechón rojo, pero Ryūko fingió de nuevo no haber escuchado nada y lo disimuló tomando un poco de té.
–¿Quién carajos eres tú? –preguntó repentinamente Mataro a Inumuta, cambiando la atención de Ryūko a su persona.
–Yo podría preguntar lo mismo de ti –le respondió el joven de gafa sin inmutarse de la petulancia del niño.
Tanto Inumuta como el hermano de Mako cruzaron los brazos sobre su pecho y le lanzaron al otro una mirada amenazante. Un invisible rayo cruzó la distancia entre ambos y chocó en un punto intermedio de sus miradas. De sorpresa, Mako se interpuso entre las miradas furiosas de ambos jóvenes y agarrando ambos del cuello, lo atrajo hacia ella juntando mejillas con mejillas.
–¿Acaso necesitan que los presente? –dijo ella alegre con una gran sonrisa y los ojos bien abiertos y brillosos –. Él es mi otooto Mataro, es una pequeña sabandija que siempre se sale con la suya, al menos eso dice otoosan. Y él es Inumuta Hōka, asiste a la escuela enemiga y también acosa a Ryūko-chan. Creo que actúa como un enamorado.
–¡¿Qué?! –gruñeron al unisonó ambos jóvenes empujando a Mako contra la pared.
–¡Eso no es cierto! –soltó a su vez Ryūko golpeado con fuerza las palmas de sus manos en la superficie de la mesa, haciéndola temblar.
Debido a la sacudida de la mesa, las tazas brincaron un poco soltando un poco de su contenido. Mikisugi y Sukuyo alcanzaron a levantar las suyas antes del desastre. Ante el estrepitoso ruido, Senketsu alzó sus orejas en alerta y ante el líquido derramando, Guts se dispuso inmediatamente a limpiarlo con su pequeña lengua.
–No importa si es cierto o no –masculló Mataro de nuevo adquiriendo su actitud presumida y cruzado otra vez los brazos. Le lanzó un vistazo amenazador al joven de gafas, antes de señalarlo acusatoriamente con su dedo –. ¡Porque al final de cuentas Ryūko será mía!
–¡Urusai! –lo amenazó Ryūko lanzándole rápidamente su taza, pero el chico la vio justo a tiempo y la esquivó antes que le golpeara la cabeza.
–Te escuchas muy seguro de ello –señaló Inumuta siguiéndole la corriente al pequeño pre-adolecente.
–Por supuesto –siguió el chico con las manos en la cintura y una sonrisa picara en sus labios –; ya que he planeado esto desde hace mucho tiempo. Solo estoy esperando a alcanzar la mayoría de edad para que ambos nos casemos.
Al escuchar eso, Mako se levantó de un brinco desde el punto donde había aterrizado cuando la lanzaron contra la pared, y apareció en un abrir y cerrar de ojos detrás de su hermano menor. En una extraña reacción (no era seguro que si de sorpresa o enojo) apretó sus puños mientras sus mejillas se hinchaban con aire y se tornaba rojizas, pero antes de que pudiera decir lo que estaba pensando, su madre se le adelantó:
–¡Que adorable! Me gustaría tener a Ryūko-chan como una hija política.
Ante las palabras de su okaasan, Mako se desinfló rápidamente y ya sin aire, cayó al piso inconsciente.
–A mi no me agrada el método –masculló Ryūko crispada y con una mueca, pero manteniendo la calma por la señora Mankanshoku. Porque dejando a un lado los descabellados planes de Mataro, Ryūko le gustaba considerar a Sukuyo como su madre.
Era una mujer amable y cariñosa, y siempre la había tratado con mucho afecto. Ryūko no podía evitar sentir celos por Mako al tener a una madre tan maravilloso. Ella nunca conoció a la suya y su padre no le gustaba hablar del tema, por lo cual Ryūko ignoraba si su progenitora estaba viva o muerta. Por un tiempo se preguntaba constantemente que había sucedido con ella, pero cuando conoció a la señora Mankanshoku cuando era pequeña y la mujer le dio el primer abrazo, supo que no necesitaba hacer más preguntas al respecto. La única madre que había para Ryūko era Sukuyo.
–Además hay una complicación –interrumpió de repente Aikurō dejando su taza con té sobre la mesa. Su semblante había cambiado de su pasible aspecto, a una profunda y penetrante mirada –. No creo que sea posible que puedas casarte con Ryūko-kun –dejo a todos en suspenso antes de decir la gran conclusión –: si ella va a casarse con alguien, será conmigo –agregó sorpresivamente cambiando completamente su expresión a una que denotaba su tono burlesco.
Todos los presentes dieron un brinco de sorpresa y soltaron una exclamación casi sin aliento. Ryūko rápidamente se sonrojo, rechinó los diente y apretó los puños con grandes deseos de darle una paliza al hombre de cabellera azul. Pero antes de que pudiera libera su iracunda acometida, Mataro brincó sobre la mesa:
–¡Eso no va a pasar, viejo pervertido! –gritó el chico furioso señalando la nariz de Mikisugi con su dedo índice.
–¿Cómo estas tan seguro?
–¡Eres muy viejo para ella!
–Y tú eres muy chico.
–¡Además es ilegal!
–Solo tengo que esperar que ella cumpla la mayoría de edad, como tú lo dijiste –agregó Aikurō con una sonrisa burlona a pesar que la cara furiosa de Mataro había alcanzado la suya, y solo estaban separadas por un palmo.
–Además creo que son menos años para que Matoi alcance la mayoría de edad, a que tú lo hagas –comentó Inumuta asiendo los cálculos como si fuera en realidad un tema relevante.
Mientras los tres varones discutían sobre quien debía casarse con Ryūko, la joven de la cual hablaba estaba furiosa en su puesto y con cada palabra que agregaban, ella se enfurecía más. Una increíble aura incandescente rodeó a Ryūko, que si esta hubiera sido fuego, la casa habría estallado en llamas. Finalmente, la chica del mechón rojo no pudo más:
–¡Dejen de estar planeando mi vida! –gritó con fuerza hasta lastimarse la garganta y le propinó tremendo coscorrón a Mikisugi, Inumuta y Mataro poniendo punto final a su ridícula discusión.
Las diferencias en la mesa se terminaron dejando la habitación en silencio. Ryūko estaba a la cabeza de la mesa con las mejillas aún sonrojadas por el enojo, pero bebía con calma el restante de su té. Mikisugi, Inumuta y Mataro, cada uno permaneció callado en su puesto mientras en sus cabezas relucían los enormes chichones. Mako finalmente se levantó y con una expresión adormilada se sentó junto a su amiga y dejo su mirada perdida en el vacío, como si hubiera matado algunas de sus neuronas al aguantar la respiración. Solo la señora Mankanshoku se puso de pie para luego regresar con una gran bandeja de croquetas que dejo pesadamente sobre la mesa.
–Todos deben estar muy hambrientos después de no ponerse de acuerdo –dijo la mujer con una gran sonrisa –, así es el momento de comer algo delicioso. Doozo.
–¡Son las maravillosas croquetas misteriosas de okaasan! –soltó Mako maravillada sujetando su mejillas mientras sus ojos se iluminaron con la extraordinaria visión de la comida. Rápidamente, tomó sus palillos y comenzó a devorar tantas croquetas pudiera poner en su boca.
–¡Itadakimazu!
Todos lo que estaban sentados a la mesa comenzaron a probar el delicioso platillo, solo Inumuta mantenía las reservas de tantear algún bocado.
–¿Por qué se llaman croquetas misteriosas? –preguntó mirando el platillo con duda, mientras los demás comían sin reservas.
–Por que la señora Mankanshoku no cuenta con dinero para comprar los ingredientes ordinarios para las croquetas –le explicó Ryūko con malicia inclinándose hacia él –, así que utiliza todo lo que encuentra.
–¡P-per-oo nunca u-sssa na-ddda ve-nnee-nosos! –agregó Mako felizmente con la boca llena y escupiendo un poco de la comida.
–Lo hago con mucho amor –dijo Sukuyo sujetando el plato con croquetas y ofreciéndolas directamente al joven de gafa. Con la información que acababa de recibir, él estaba aún más inseguro de tocarlas, pero la amable y apacible mirada de la señora Mankanshoku lo presionaba a aceptar el ofrecimiento.
–Vamos… recházalo –se burló Ryūko en voz baja y con una sonrisa malvada –. Te reto.
Hōka tragó saliva. Temblándole las manos tomó sus palillos y los acercó a las croquetas. Él dudaba en tomarlas, todo su ser racional le decía que era una mala idea, pero la dulce expresión de la señora Mankanshoku lo impulsaba a no decepcionarla. Por un momento, maldijo mentalmente a Matoi quien lo observaba burlonamente. Estaba por sucumbir finalmente por el miedo, cuando una voz en su cabeza muy similar a la Jakuzure Nonon le gritó con fuerzas "¿Eres un perro o un hombre?"
Con una indescriptible irritación, de un solo movimiento tomó una de las croquetas con sus palillos y se la llevó a la boca. La masticó con los ojos cerrados, y mientras sus dientes aplastaban una masa misteriosamente crujiente, el increíble sabor inundó su gusto…. ¡No lo podía creer! Abrió los ojos maravillados y se topó con la simpática sonrisa de Sukuyo. ¡Era los más deliciosos que había comido en su vida!
–Son… sabe… ¡Es increíble! –dijo casi sin palabras, antes de imitar a Mako y comenzó a devorar tantas croquetas como podía llevarse a la boca –. Itadakimasu.
–¡Arigatou gozaimasu! –dijo a su vez Sukuyo fascinada, dejo a un lado el plato de la croquetas en la mesa para abrazar con ternura a Inumuta –. Arigatou, Inumuta-kun. Eres tan adorable que también podría adoptarte.
–Entonces sería la familia más rara –comentó Ryūko por debajo sonriendo, aunque su tono de voz indicaban lo contrario.
La comida continuó sin contratiempos y con muy buen humor. Las burlas y comentarios pesados con los que había indicado la visita habían quedado en el paso. Por un momento, Ryūko pudo olvidar completamente el mal día que estaba teniendo y esperanzarse en que todo iba a mejorar; ya ni siquiera la presencia de Mikisugi e Inumuta le molestaba.
–¡Gochisosama!
Después de terminar tan deliciosos alimentos, la señora Mankanshoku trajo otra ronda de té para asentar los estómagos. Satisfechos y silenciosos, todos los que se encontraban a la mesa, disfrutaron el momento de calma y pereza que inducía la comilona que acababan de tener.
Entonces escucharon el motor de un vehículo.
–¿Qué ha sido eso? –soltó Sukuyo poniéndose de pie para ir a averiguar.
–Tal vez sea Pops –comentó Mataro –. Salió temprano esta mañana para ver al carnicero que al parecer le dio un ataque cardiaco.
–¿En serio? ¿Lo llamaron a él en lugar de una ambulancia?
–No. Solo iba a ver si podía tomar algo de la mercancía antes de que recobrara el conocimiento.
Antes de que alguien pudiera agregar algo al comentario del chico, unos pasos retumbaron contra el piso de madera. La imponente figura de Kinagase Tsumugu apareció en el umbral junto a la señora Mankanshoku; él hombre se veía tan serio como siempre y la mujer a su lado estaba sorprendida con su llegada. Tsumugu se introdujo en la casa sin hacer ningún saludo, solo se quitó sus pesadas botas como dictan las costumbres.
–¡Tsumugu, llegas justo a tiempo para el té! –lo saludó Aikurō levantando su taza.
–No estoy aquí para eso –dijo lanzando una mirada a cada uno de los presentes en la habitación –. ¿Han visto a Matoi por aquí?
–¿Eh?
–¿A Ryūko-chan?
–Pero si Ryūko- kun esta…
Todos se volvieron al puesto donde se suponía que se encontraba Ryūko hacía un momento, pero ya estaba vacío y no había rastro de la joven, su estuche de acero o Senketsu .
–Creo que huyo por la ventana –intuyó Mikisugi mirando el marco de la misma abierta.
–Eso fue rápido –comentó Inumuta asombrado.
Mako se levantó de su lugar y corrió a la ventana, y colgándose de esta comenzó a gritar:
–¡Ryūko-chan! ¡R.Y.U.K.O-CHAAAAAAAN!
Tsumugu no comentó nada al respecto. Dio media vuelta y salió de la casa ante la mirada sorprendida de todos. Subió a su motocicleta y encendió otro cigarrillo antes de arrancar el motor. La chica comenzaba a ponérsela difícil y él no poseía mucha paciencia. Tal vez… tenía que tomar medidas más drásticas.
Regresando a Ryūko, la chica estaba por llegar a su hogar, solo le faltaba cruzar el jardín frente al complejo de departamentos, mientras pensaba en el desesperado movimiento que llevó a cabo en la casa de los Mankanshoku. De algo podía estar segura, sería casi imposible que esa técnica de escape le volviera a funcionar contra Tsumugu. Ryūko sabía a la perfección las capacidades del guardaespaldas de su padre y sin duda la única razón por la que había podido evitarlo con tanta facilidad hasta el momento se debía a que él no se estaba esforzando en su tarea. Aún así la chica no pudo evitar sentirse orgullosa de sí misma por haberlo evitado dos veces en el mismo día.
Se preguntó cuál sería la razón e insistencia de su padre por verla, nunca lo había hecho antes, y mucho menos le había pedido a alguien (especialmente a Tsumugu) que la buscara por él. El primer impulso de Ryūko ante tal idea era darle una oportunidad, principalmente por la curiosidad, pero luego su orgullo tomó control de su razonamiento y la disuadía completamente de tal pensamiento con los recuerdos de la última conversación que tuvo con su padre.
Justamente la noche que huyó de la casa, Ryūko se arrepintió enormemente de las palabras que dijo mientras corría por las calles oscuras de la ciudad. Pero igual que en ese momento, su orgullo fue más fuerte y unido a su dolor acumulado por los años, no podía pedirle perdón, aún no podía, a pesar de todo el tiempo que había pasado.
La joven del mechón rojo amaba mucho a su padre, por ello le dolía tanto la indiferencia de este. Nunca estuvo cuando ella lo necesito, no recordaba alguna palabra cariñosa o palabra de aliento. No había recuerdos buenos de navidad o del día del padre. En sus cumpleaños recibía regalos de indiferencia y sin afecto, aunque fueran exactamente lo que ella quería. En realidad, no sabía nada de él, apenas lo conocía. Ryūko siempre estuvo sola desde niña y sola aprendió a cuidar de sí misma, ya no necesitaba de su padre… ya no requería de su cariño.
Mentalmente Ryūko decidió que no importaba los esfuerzos de Tsumugu o los deseos de su padre, ella no acudiría a su llamado.
–Disculpa ¿Tienes la hora?
En sus pensamientos, Ryūko no se percató de sus movimientos y su camino, se encontraba a unos pasos de la entrada del edificio cuando una persona sentada en la última banca de acero del jardín la llamó. La joven se volvió hacia ella cuando detuvo sus pasos, pero no pudo verle la cara ya que se tapaba el rostro con una enorme sombrilla rosada con encajes. Sin duda se trataba de una chica, tal vez una muy pequeña debido a su menudillos pies que apenas sobresalían de sus zapatillas de charol.
–Lo siento, no traigo reloj –se disculpó Ryūko mirando con extrañeza a la joven misteriosa.
–No importa –respondió ella moviendo su sombrilla y revelando su rostro –. De todas maneras la persona que buscaba ya llegó.
Ryūko no se había equivocado, se trataba de una jovencita de secundaria; era muy bonita de cabellera rubia y un vestido muy fino, lo que le resultó más extraño a la joven, su presencia en el campus de la universidad. Tal vez era la hermana menor de alguno de sus vecinos.
–¿Eh? –musitó Ryūko por inercia.
La misteriosa chica se puso de pie con gracia mientras doblaba su sombrilla. Dio una vuelta sobre sí misma para que la falda de su vestido ondeara antes de detenerse delante de Ryūko, a una corta distancia que invadía su espació personal. Tanto la chica del mechón rojo como Senketsu se inclinaron hacia atrás en lo que la misteriosa joven lo hacía hacia adelante.
–Sí –afirmó la Harime Nui con alegría –. Es a ti a quien estado esperando, Matoi Ryūko.
Otro capítulo, más suspenso.
La verdad, había pensado incluir la parte de Nui completa, pero se me ocurrió algo mejor en el último momento, por lo cual la dejo para el siguiente capítulo. Pero me sorprendió un poco que lo lograra a tiempo ya que me encontré mal estos últimos días. Pero en fin, ya está listo.
Y otra cosa para estar orgullosa, ya son 50 capitulo! Wow! No les parecen que son demasiados? Tal vez ya exageré un poco? Al hacerlo tan largo, a lo mejor ya no es tan llamativo por leer…. Bueno, al final de cuentas creo que me sería imposible terminarla pronto, falta tantas cosas e ideas….
Por cierto, los capítulos del 40 al 49 ya han sido corregidos por algún error ortográfico, si llega ver alguno más, no duden en avisarme. Gracias.
Saludos a los nuevos lectores y otro a los viejos. Nos vemos el próximo viernes.
