-Jason-
Jean se apoyaba en la mesa de la chica de recepción, coqueteando con descaro, como si una fuerza sobrenatural le obligase a coquetear con cualquier mujer que se cruzase en su camino. Por suerte las mujeres del cuartel central conocían a Havoc y no caían en sus redes. A Jean ni siquiera le importaba, disfrutaba con aquel juego por el simple hecho de jugarlo. Susan tragó saliva cuando un soldado al que nunca había visto por allí se acercó a ellos sonriendo. Era un hombre alto de piel bronceada y cabello rubio, lo llevaba recogido en un moño. La barba espesa y también rubia le daba un aspecto de guerrero tribal.
— Havoc, no sabía que estabas por aquí, creía que estabas en el cuartel del este — dijo cuando llegó hasta ellos. Susan no apartaba los ojos de él, sonriendo nerviosa, era atractivo hasta él podía darse cuenta de eso, parecía un galán de novela, el héroe de la película.
— Black, hacía siglos que no te veía, ¿Eres teniente ahora por lo que veo? — contestó Jean golpeando la espalda de aquel tipo con animosidad.— Nos han trasladado hace poco. ¿Qué haces tú aquí? ¿Dónde estás destinado?
— Estoy en el cuartel de sur, he venido a presentar unos informes al Fürher Bradley — contestó dando unos golpes a la carpeta que llevaba bajo el brazo.
Black estaba seguro de que había oído ese apellido con anterioridad.
— Este es mi superior al mando, el coronel Roy Mustang — dijo Havoc señalándolo. — Él es Jason Black, un antiguo compañero de la academia.
— Encantado, — le dedicó una sonrisa extraña y tendió la mano. — Es un placer conocer al alquimista de fuego, el héroe de Ishval.
Le estrechó la mano y aquel tipo le dio un fuerte apretón, estaba seguro de que había oído hablar de él.
— No soy un héroe solo cumplía con mi deber — contestó con una sonrisa amable.
— Cuando entregues el informe ven a nuestro despacho, alguien que yo me conozco se va a llevar una grata sorpresa.
Cuando Jean pronunció aquellas palabras enseguida supo de que le sonaba aquel nombre, era amigo de Riza, o había sido algo más, aquel nombre había aparecido en una noche de borrachera con los chicos y él había sido incapaz de conseguir más información sobre Jason Black.
— ¿No me digas que ella está aquí? — dijo sonriendo de oreja a oreja y sus ojos se iluminaron, aquel desgraciado incluso tenía los ojos de un verde espectacular. — ¿Dónde está el despacho?
Havoc señaló la puerta y tras despedirse ambos se dirigieron de nuevo al despacho. Sin decir nada se sentó en su escritorio observando como Riza trabajaba atenta en su informe. Jason no tardó en aparecer por allí, apoyado en el marco de la puerta como si fuese una maldita estrella del teatro. Sonriendo con encanto, lo odiaba sin conocer nada de él.
— Rubita ¿Que tal si levantas la vista de esos papeles y le das un abrazo a este viejo canalla? — dijo con descaro Riza alzó la cabeza sonriendo al reconocer aquella voz. Empujó la silla y se levantó para darle un fuerte abrazo, Jason la estrechó entre sus brazos, parecía muy pequeña allí escondida. Se separaron, había pequeñas lágrimas en sus ojos.
— Coronel, me gustaría hacerle una petición, me gustaría que le diese el resto del día libre a Hawkeye, — sonrió con aquella sonrisa encantadora y con todo el descaro del mundo pasó un brazo por su hombro.
Miró a Riza que a pesar de permanecer estoica, con la espalda recta y semblante serio tenía una súplica en la mirada. Quería decir que no, que quitase sus manos de su teniente. Pero probablemente aquella era la peor de las ideas.
— Está bien, puede salir si le apetece, teniente, — dijo, esperando en el fondo de su corazón que ella se quedase en el despacho, allí donde él podía verla. Riza sonrió agradecida y ambos salieron del despacho. Roy tragó saliva y se concentró en su trabajo intentando no hacer caso a los comentarios de su equipo que debatía sobre la relación de aquellos dos, mientras Breda y Havoc contaban anécdotas de Jason y Riza, de todo lo que se había hablado de ellos. Del tiempo que pasaron juntos y de unidos que estaban.
No quería escuchar más, no quería saber nada, aquello le revolvía el estómago, Se giró a mirar por la ventana y los vio caminando por el patio. El modelo de ropa interior le dijo algo a Riza que le agarró del brazo y echándose a reír apoyó la cabeza en su hombro. Y así agarrados como un par de enamorados salieron fuera del cuartel.
Respiró tratando de mantener la calma, confiaba en ella, más que en ninguna otra persona del mundo, pero no podía evitarlo, se sentía enfermo. La angustia le comía por dentro, como si royese sus entrañas. No había hecho nada en todo el día, apenas había leído la mitad de los informes que tenía sobre la mesa. No había comido, tenía el estómago cerrado, no podía comer, estaba de mal humor y en su cabeza aparecían una y otra vez imágenes que se apresuraba a apartar una y otra vez.
Empezaba a oscurecer y seguía en el despacho. No podía apartar la mirada de la chaqueta de Riza colgada en el respaldo de la silla. Quería levantarse y cogerla entre sus manos, olerla y tenerla cerca de él, pero le parecía algo enfermizo. Quería llevársela a casa, pero le parecía la peor de las ideas.
Se frotó los ojos frustrado. Le dolía la cabeza, le dolía el estómago. Tenía un nudo en la garganta y le costaba incluso tragar saliva. Confiaba en ella, lo hacía de verdad, pero en el fondo de su corazón sabía que Riza merecía algo mejor, que cualquier otro hombre sería mejor que él, que podría hacerla más feliz. Qué podría darle una vida más tranquila y más fácil. Se cubrió la cabeza con las manos iba a volverse loco.
La puerta se abrió con cuidado y Riza entró en el despacho y lo miró sorprendida. Llevaba el pelo suelo.
— Coronel ¿Qué hace aquí? — preguntó acercándose hasta su silla.
— Terminar mi trabajo — contestó centrándose de nuevo en las hojas que tenía sobre la mesa.
Riza se acercó a él y lo miró sonriendo, él sonrió también pero estaba seguro que ella había notado que no había nada de sinceridad en ella.
— Deje que lo ayude, — preguntó cogiendo la mitad de los informes. — Es muy tarde ya.
— No es necesario hacerlo, teniente, — dijo tratando de sonar desinteresado. Riza le ignoró por completo y se sentó en su mesa y de un ágil movimiento volvió a recogerse el pelo.
Estaban en silencio, su corazón bombeaba como si hubiera corrido un sprint.
— Me sorprende lo bien que estás llevando todo esto, Roy — susurró sin levantar la cabeza de lo que estaba haciendo.
— No lo llevo bien, — murmuró entre dientes sin atreverse a mirarla. — No puedes entender lo difícil que es lidiar con los celos.
Sabía que ella estaba mirándole, se centraba en escribir para no decir nada, para no hacer nada que solo conseguiría hacerla enfadar. Pero era muy difícil, le dolía, le daba rabia. Apretó con tanta fuerza la estilográfica contra el papel que estalló manchando todo de tinta.
— Joder — dijo furioso mirando el desastre que había formado sobre los documentos, sobre sus manos y su camisa. La escuchó arrastrar la silla y acercarse a él, se acuclilló junto a su silla y sacando un pañuelo del bolsillo cogió su mano. Sonreía con dulzura, limpiando con atención la tinta de entre sus dedos.
— Jason es igual que nosotros — susurró cogiendo su mano con cuidado.
— ¿ Igual que nosotros? — preguntó sin entender muy bien lo que ella quería decir.
— Él tampoco puede estar con la persona a la que quiere, su relación también está prohibida. — alzó la vista y le dedicó una mirada triste. — Solo que el nunca podrá hacerlo, no importa lo alto que llegue o lo mucho que luche.
— Pero... No entiendo muy bien... ¿Qué quieres decir? — preguntó confundido.
Riza suspiró frustrada y se sentó en su regazo abrazándose a él. No habían cerrado la puerta, cualquiera podría entrar y verlos a allí, así, pero a él no lo importaba, solo quería abrazarla y no soltarla jamás, ahogar sus estúpidos celos, que solo servían para hacerlo sentir mal.
— Roy, a Jason le gustan los hombres — apoyó la cabeza en su hombro acariciando su pelo. Estaba triste, podía sentirlo en la postura de su cuerpo, en la forma en la que se acurrucaba en su regazo.
— Oh... — murmuró sin saber que decir rodeándola con los brazos. — Oh...
La situación de Black era bastante más complicada que la suya, si los descubrían lo máximo que podían hacer es someterlos a juicio y expulsarlos del ejército y sabiendo lo anticuado y machista que era la institución solo expulsarían a Riza. Pero la homosexualidad estaba absolutamente prohibida en el ejército. Castigada con la pena de muerte. Con la horca, no lo consideraban digno siquiera de un fusilamiento.
— Cuando estaba en la academia, lo vi besando a un chico en los baños de un bar— se separó de él, agarró su mano y con mucho cuidado, se la llevó a los labios y la besó. — Me rogó que no lo denunciará...¿Cómo iba a hacer algo tan horrible? Sabiendo lo que implica...Estaba muy asustado y le dije que no se preocupara que a mí no me importaba a quien desease. Qué era cosa suya y de nadie más. Nos hicimos buenos amigos, le servía de escusa para disimular sus relaciones y a mi... Bueno a mí me ayudaba a rechazar a mis compañeros sin tener que dar explicaciones — suspiró, su boca se había manchado de tinta. — Era a quien contaba mis penas de amor, lo que te echaba de menos...todo, —se rió y sus mejillas se tiñeron de un rojo apenas visible. — No he querido hablar de él nunca para protegerle, lo siento.
— Lo entiendo, — susurró con delicadeza y le pasó los dedos por los labios para borrar las manchas de tinta.
Riza sonrió besando las yemas de sus dedos y se abrazó a él.
— Le he hablado tanto de ti que es como si te conociera, — murmuró sin dejar de abrazarle. — Te ha calado a la primera, no paraba de bromear diciendo que tú estarías pensando que estábamos haciendo el amor salvajemente en un jardín.
— No he pensado eso... No tan explícito... No... Se que no harías una cosa así... Pero... Joder... No funciona así... — masculló incapaz de encontrar las palabras correctas con las que expresarse.
— Lo se, — agarró su cara con ambas manos y le besó.
Volvió a rodearla con los brazos, ojalá las cosas fueran más fáciles para ellos, para todo el mundo.
— Nunca lo había pensado pero esa es otra de las estúpidas leyes que tendremos que abolir cuando llegue a lo más alto — sentenció separándose de ella.
— ¿ Lo dices en serio? — preguntó poniéndose en pie sacudiéndose la ropa.
— Por supuesto, proteger a los que quiero y que ellos hagan lo mismo, de eso se trata ¿No? — extendió la mano para que ella le ayudase a levantarse.
— Si... De eso se trata — contestó tirando de él que aprovechó para volver a abrazarla.
Si las cosas fueran más fáciles podría quedarse así con ella hasta que se cansara, sin temor a que los descubrieran y eso supusiera un problema para ellos. Si las cosas fueran más fácil nadie tendría que esconderse para querer a otra persona. La apretó contra él y a ella se le escapó una risita.
— Se hace tarde, van a pasar a limpiar los despachos y no deberíamos estar aquí, — dijo soltándose de su abrazo. — Nos estamos arriesgando mucho.
En días como aquel le costaba un mundo aceptar su situación. Quería volver a abrazarla y que le jodiesen al mundo. Qué le jodiesen a un mundo donde la gente no podía quererse en libertad.
— Nada de esto es justo, Riza, — murmuró con tristeza quedándose en su sitio mientras ella se acercaba hasta la puerta. — A veces me agota.
— No solo a ti, — se apoyó en el marco de la puerta sin atreverse a abrirla y suspiró. — Pero merece la pena.
— Si...— contestó con una sonrisa caminando hacia ella. — Siempre merece la pena.
Quiso volver a agarrarse a ella pero ya estaban casi fuera del despacho y volvían a estar expuestos.
— ¿Así que no hubo otros chicos en la academia? — preguntó escondiendo en una broma una pregunta que siempre había querido hacer.
— Coronel... — contestó escondiendo una sonrisa cómplice esperando a que él saliese del despacho.— Aún tenemos mucho trabajo por delante.
— Lo se...
Caminaron juntos hacia la salida. Todo lo juntos que se le permitía. Reprimiendo las ganas de pasar un brazo por su cintura y acercarla a él.
hola !
Aquí estoy de nuevo con otro capitulillo! Espero que os guste! Un abrazo muy fuerte !
Muchas gracias a todas por vuestras palabras y por leer lo que escribo
Faliagavil, CamilaMustang, Gospeloak sois las mejores gracias por estar ahí!
