Capítulo 50: La sagrada bestia de ojos azules
Esta vez, la noche en la sagrada tierra de Hyrule era distinta a las habituales, pues ahora, ni la luna ni las estrellas se habían asomado a presumir su belleza, sino que en lugar de eso, negras nubes de tétrica imagen formaban un gran manto, causando que el ambiente se torne turbio y llene de pánico y desolación a los habitantes de la ciudadela, los cuales, aun seguían terriblemente consternados y dolidos por la catástrofe que había ocurrido ese día, donde muchos de sus familiares y amigos habían muerto, y sobre todo, como la princesa, a quien admiraban y respetaban por la bondad de su alma, había entregado su amado reino al ser más despiadado de todos los tiempos.
Montado en su corcel, dirigiéndose a la frontera de la región de Lanayru, se encontraba el marqués, dispuesto a cumplir con lo que se había propuesto. En sus adentros, estaba preocupado por el paradero de su esposa e hija, pero a pesar de eso, estaba seguro que si habían logrado escapar al sitio que había asignado para que se protejan.
Mientras el joven seguía con su camino, a lo lejos visualizó a un individuo, que al igual que él, estaba montando un caballo, pero la única diferencia es que este se encontraba detenido bajo las ramas de un árbol. Inmediatamente, el marqués desvainó su espada, pensando que podría tratarse de uno de los esbirros de Ganondorf, pero una vez que estuvo más cerca, se dio cuenta que era un hombre sumamente conocido para él.
- Es el sabio Rauru…
Rápidamente, Cocu se bajó del caballo para acercarse hacia él, pero en ese momento, el hombre desvainó su espada pensando que se le acercaba un enemigo, pero por suerte, el joven lo tranquilizó.
- Tranquilo, señor Rauru. Soy Cocu, uno de los marqueses del reino. – aclaró con seriedad.
La respiración del sabio se tranquilizó al haber visto a una persona conocida, pues temía que se trate de algún villano que quisiera acabar con su vida.
- ¡Qué gran susto me diste, muchacho! – exclamó Rauru, aliviado.
- Me alegra saber que se encuentra con vida, que pudo escapar de los horrores que han ocurrido. – comentó el marqués, consternado.
- No fui el único que logró escapar, pues antes de irme ayudé a huir a algunos de mis vecinos por un pasadizo secreto que tengo en mi hogar. Todo lo que ha sucedido ha sido una completa catástrofe, nuestro amado reino en manos de ese maldito usurpador. Todas las tragedias del pasado se están repitiendo. – dijo, sintiendo impotencia.
- Yo todavía no logro asimilar lo que ha ocurrido, pero estoy seguro que ni los reyes ni Zelda tuvieron nada que ver. – comentó Cocu, con firmeza.
- La princesa fue manipulada por ese rufián, de eso no hay ninguna duda, pues desde la lejanía pude percibir como la oscuridad manipulada su alma, y referente a los reyes, estoy seguro de que están encerrados. Las intenciones de ese hombre es ejecutarlos a todos, pues él solo sabe presumir su poder por medio de esas bajezas.
- ¡Nada de eso puede ocurrir! ¡Link es el único que puede vencerlo y aún no ha regresado! – expresó el joven, desesperado.
- Talvez Ganondorf le ha puesto un montón de trabas para atrasar su regreso, es tan cobarde que en vez de enfrentarlo, lo aleja para poder seguir con sus planes. Aún sigo impactado por todo lo que ha sucedido, todas las vidas que se ha cobrado ese infeliz…y hablando de eso, me enteré que hoy nació tu hija, espero que tu esposa y ella estén bien.
- Por suerte dejé organizado todo para que escapen, pues desde que hubo esa explosión tuve un mal presentimiento, y para no arriesgarlas las envié con la sirvienta a una casa que tengo al otro lado del reino.
- Me alegro que hayas podido salvar a tu familia, pues esos desalmados no tuvieron piedad con nadie. En estos momentos, me estoy dirigiendo a la región de Eldin, estoy seguro que esas tierras aún no han sido invadidas. Tengo que advertir al alcalde y a todos sus habitantes, sino ocurrirá lo mismo que el palacio y sus alrededores.
- ¿Va a emprender el viaje solo? – preguntó Cocu, preocupado.
- ¡Claro que sí, muchacho! No puedo desentenderme de los habitantes del reino, mucho menos ahora que hemos perdido aliados, además, es cierto que soy un hombre mayor, pero tengo la suficiente fuerza para soportar el viaje. – contestó el sabio, con seguridad.
- Yo iré a buscar el apoyo de aliados, al igual que usted no pienso quedarme con los brazos cruzados.
- Imagino a dónde vas y es la mejor decisión que has tomado. Que las Diosas te acompañen en esta travesía.
- Los mismos deseos para usted, señor Rauru, espero sus advertencias puedan salvar al resto de la gente.
Subiéndose a sus respectivos corceles, Cocu y Rauru se dirigieron por diferentes caminos, sabiendo que ese era el único medio que les permitiría evitar que Ganondorf continúe con sus fechorías.
Alejada de todo contacto con el medio, encerrada en la torre más lúgubre y alta del palacio, se encontraba la princesa, completamente destrozada por todo lo ocurrido hace solo unas horas, en donde Ganondorf le mostró por medio de su oráculo el enfrentamiento que tuvo con sus padres y como por sus propios labios sentenció a su pueblo a vivir en la oscuridad; y por más que esos actos hayan sido involuntarios, no podía evitar sentirse culpable ante ellos.
Lo único que hacía en ese momento, era rezarle a las Diosas para que protejan a sus padres y a su pueblo, pues ya no quería que haya más muertes de las que se habían dado, sobre todo la de sus seres queridos, pues eso es algo que no podría soportar. Lamentablemente, nada podía hacer para escapar, pues aparte de haber perdido sus poderes sheikah, los cuales eran los que le permitían moverse de un lado a otro, Ganondorf había hechizado la puerta de su habitación, cosa que descubrió cuando trató de destruirla, la cual ni se inmutó a ninguno de sus ataques.
Terminando sus oraciones y secándose las lágrimas que había derramado, centró sus pensamientos en otra cosa, provocando que, por un momento, un poco de alegría invada su alma…la dulce vida que se encontraba formándose dentro de ella.
- Perdóname, pequeño, estoy segura que mis emociones te están afectando debido a nuestra conexión, sin embargo, no pienso permitir que esas cosas atenten contra tu vida, y por ese motivo te estoy cuidando de una manera muy especial. – dijo, hablando con dulzura mientras se acariciaba el vientre.
La joven metió sus manos a uno de los bolsillos de su vestido y sacó una pequeña botella que contenía una poción color púrpura. Este brebaje fue preparado por ella misma, pues hace tiempo, en uno de sus estudios secretos sobre la magia, había aprendido que este era bueno para las mujeres con embarazos riesgosos; ella sabía que su bebé estaba bien, sin embargo, no deseaba exponerlo a ningún peligro, por eso, había decidido que lo mejor era beber aquel remedio, el cual, aparte de lo mencionado, le permitía pasar tiempo sin necesitar alimento, el cual, debido a su malestar la mayoría del tiempo le producía rechazo.
Luego de haber tomado un sorbo de aquel líquido, se puso de pie y se asomó por la ventana para ver a su lejano pueblo, el cual, mezclándose con el lúgubre ambiente, provocó en ella una profunda tristeza y que los deseos de llorar regresen de nuevo. Luego de aquello, volvió acariciar su vientre, para después hablarle a su pequeño con dulces palabras, las cuales servían para darse ánimos a sí misma.
- Talvez hay algo de que no sepas, mi pequeño, pero tu papá es un hombre poco común, pues es el héroe elegido por las Diosas. Aún no sabe que existes, pero sé que cuando se entere se va a sentir inmensamente feliz. Estoy segura que muy pronto vendrá a rescatarnos, de eso no tengo dudas, pero sobre todo, sé que logrará salir del mundo del ocaso con éxito y vencerá a Ganondorf, tanto por nosotros, como por el resto de…
- ¿¡Con quien estás hablando!?
Ante aquellas palabras, Zelda se estremeció terriblemente, y al darse la vuelta se dio cuenta que detrás de ella se encontraba Dark Link, con el semblante endurecido. Verlo de frente provocó que el miedo la invada, pues temía que este hubiera escuchado lo que le estaba diciendo a su bebé.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó la princesa, escondiendo su temor.
- Te hice una pregunta, ¿con quién estabas hablando?
- Yo…no hablaba con nadie.
- ¡No mientas! ¡Yo escuché que estabas hablando de una manera muy dulce con alguien! ¡Responde de una vez! – exclamó, mientras sujetaba con brusquedad los hombros de la joven.
Ante aquella amenaza, Zelda tuvo que pensar rápidamente alguna respuesta, una que no involucrara de ninguna manera a su hijo, y fue entonces, que a su mente vinieron las palabras correctas.
- Estaba orando… ¿no tengo derecho a eso?, ¿hasta eso se me va a negar? – preguntó con sarcasmo.
- Claro que no, pero con eso estás perdiendo el tiempo, pues sea como sea ya no puedes hacer nada por tu amada tierra.
Con esas palabras, lo único que hizo la princesa fue zafarse del agarre y alejarse lo más que podía del ente, sin embargo, en ese momento, este la tomó de la mano izquierda para evitar que se retire, notando que en el interior del guante había un objeto.
- ¿Qué tienes ahí? – preguntó con curiosidad.
- ¡Nada que te interese! – contestó Zelda, con dureza.
Tomando con brusquedad la mano de la joven, Dark Link le sacó el guante y descubrió que en sus manos tenia puesto los anillos de su matrimonio, sin embargo, el que más le llamo la atención fue el solitario de tonalidades tornasoles que decoraba su dedo anular.
- Vaya, un anillo de compromiso. – comentó, con sonrisa irónica.
- ¡Suéltame!
- ¿Así qué esta es la preciada joya que te dio este bastardo como símbolo de amor? Pues bueno, desde ahora me lo quedaré. – expresó, quitándole el objeto.
- ¡No hagas eso! – exclamó, intentando inútilmente recuperar su anillo.
- Tu otra alianza no me interesa, pues siento que esta es muy especial para ti por venir de ese idiota.
- ¡Devuélvemelo! ¿¡Cómo te atreves a quitármelo!?
- ¿Por qué te interesa tanto un simple anillo? Porque te lo dio Link, ¿cierto?
- Así es, él me lo regaló y es sumamente valioso. Es más que un simple anillo.
- Siendo así, no volverás a portar este solitario. Como te dije antes, no quiero que nada te ate a ese miserable.
Sin esperar nada, Dark Link desvaneció el anillo en sus manos, provocando que la princesa no pueda evitar soltar una lágrima de rabia ante aquello, pues le habían arrebatado uno de los objetos más valiosos que le recordaban a su amado.
El ente de la oscuridad, a pesar de sentirse atraído hacia la joven, se deleitó con la impotencia que manifestaba, pues el saber que lloraba por algo que tenía que ver con su contraparte, alimentaba la oscuridad de su alma.
- No tienes idea de cuánto te desprecio…
- Eso a mí no me interesa, pequeña, pues lo único que importa es que, en estos momentos, tú y yo estamos solos, en una habitación apartada de todo y de todos. – dijo, acercándose sigilosamente hacia la joven.
La princesa se sintió sumamente incómoda ante esas palabras y cercanía, pues ahora que estaba encerrada y completamente vulnerable debido a su estado físico y espiritual, temía el no poder defenderse de las barbaridades que su enemigo estaba planeando hacerle.
Ante aquella imagen, Dark Link se estremeció al ver vulnerable a la princesa. Una vez más, sus bajas pasiones lo habían invadido, pues sus deseos de poseerla seguían presentes, y ahora más que nunca que estaban completamente solos y en un lugar apartado. En ese momento, se puso a observarla de pies a cabeza, dándose cuenta que a pesar de su semblante entristecido, su belleza no se veía opacada.
Ante la mirada morbosa del villano sobre su cuerpo, la joven se dio la vuelta como una manera de escape ante eso, luego, sintió como las frías manos del ente la tomaban de los hombros, mientras su respiración se golpeaba sobre su cuello, haciendo que el terror que tenia se intensifique.
- Según uno de los esbirros de Ganondorf, no has querido comer nada. Me sorprende que puedas estar tanto tiempo sin alimento, sin desvanecerte. En mi eso no es extraño, pues mi condición no es completamente humana, pero la tuya…
- No deseo comer nada, pues todo lo que venga de las manos de Ganondorf es veneno para mi alma.
- ¿Y si yo te traigo algo? Total, así lo niegues, sé que te atraigo de alguna manera. –dijo, posando sus labios al cuello de la princesa.
- ¡No me toques! ¿Acaso no te quedó claro lo que hablamos la última vez? ¡De mí no vas a obtener nada! – exclamó enfurecida, mientras se alejaba.
No había duda que el ente de la oscuridad detestaba la actitud que tenía la mujer tan deseada para él, lo único que quería era tomarla a la fuerza, acostarla en la cama y arrancarle la ropa para deleitarse con su cuerpo, sin embargo, algo le impedía hacerlo, y por más que le doliera reconocerlo, el motivo de ello era porque no podía igualarse a su contraparte; eso es algo que lo llenaba de suma impotencia.
- ¿Tanto te cuesta verme como a ese imbécil? Yo soy mucho mejor que él, pero físicamente nos parecemos y ese sería un motivo para que te sientas atraída por mí. –expresó con indignación.
- ¿Crees que estoy enamorada de Link solo por su físico? Con eso me doy cuenta de lo poco que sabes del amor.
- El amor no es algo que me interesa, simplemente me manejo por la lujuria, por la atracción que siento por ti, además, no sé porque escandalizas tanto, pues se por Ganondorf que te casaste por simple obligación de tus padres, así que, si en ese entonces, no tuviste problemas en consumar tu matrimonio, no veo cuál es la diferencia ahora.
Ante esas palabras y opacando su terror, la joven lanzó una irónica risa, pues de esa manera, quería intimidar, una vez más, a su enemigo, luego, decidió responderle.
- Tus palabras no son ciertas, pues Link y yo no consumamos nuestro matrimonio hasta que nos enamoramos.
- ¡No me vengas con esas falacias! Link es un hombre y de ninguna manera hubiera tolerado que no cumplas como su esposa, y si fue tan tonto para hacerlo, apuesto que tenía varias amantes para apaciguar sus deseos carnales debido a tus rechazos.
- Con tus palabras pones en evidencia tus bajezas, pues mencionas lo que tú si hubieras hecho en esas circunstancias, demostrando así lo poco hombre que eres. A pesar que nos casamos obligados, Link se comportó como todo un caballero conmigo, nunca me presionó a hacer nada que yo no quisiera, y no se buscó, como tú dices, a ninguna amante por el respeto que tenía hacia mí, y por supuesto, hacia sí mismo; él no me veía como un objeto como tú lo haces. Por esa delicadeza, entre otras cosas, es que mi amor por él nació, o más bien, renació, pues él y yo estamos unidos por un lazo del desino tan fuerte que ni la misma muerte ha podido romper, por ese motivo siempre nos reencontramos…en eso, nunca llegarás a ser como él. – contestó la princesa, demostrando suma seguridad en el acto.
Ante aquellas palabras, Dark Link tomó con dureza el cabello de la princesa, sintiendo como su orgullo de hombre era denigrado cada vez más. A pesar del dolor, Zelda se sintió satisfecha, pues desde hace un tiempo había planeado esa estrategia para tener alejado a su enemigo, pues su envidia hacia Link era tan grande, que aunque no lo reconociera, quería ser como él, y por ese motivo no se atrevía a tomarla a la fuerza.
Enfurecido, le dio la vuelta a la joven para abrazarla por la cintura, luego, se acercó a su oído para susurrarle unas palabras.
- Viendo que la paciencia de ese bastardo fue la que te enamoró, he decidido hacer lo mismo contigo. Estoy seguro que con el tiempo vas a encantarte conmigo, pues sea como sea necesitarás compañía; como toda mujer debes calmar ciertos deseos que tu cuerpo exige.
- Prefiero que Ganondorf me maté ante de convertirme en tu mujer, la sola idea me provoca nauseas. – contestó, manifestando malestar.
- ¡Te guste o no, terminarás siendo mía, pues al final Link morirá en el crepúsculo! ¡No volverás a verlo nunca más! – exclamó, apretando con dureza a la princesa.
- ¡Link no morirá! ¡Estoy segura que saldrá triunfante de la trampa que le han tendido, además nunca podrás obtenerme porque Ganondorf planea matarme!
- ¿Matarte? ¡Él no va a hacer eso! Pues el trato era que si yo te traía hasta él, yo podría quedarme contigo.
- ¡Te ha mentido! Él piensa matarme para apoderarse de mi fragmento y la esencia de mi alma. Al final de cuentas, te terminará traicionando.
Rechazando las palabras de la princesa, Dark Link la lanzó a la cama con brusquedad, causando que la joven se asuste, pensando que cumpliría con sus amenazas, luego, salió de la habitación de la misma manera en la que entró, sin saber que en la parte de afuera se encontraría con un indeseable ser, Grahim.
- Vaya, ¿otra vez fuiste rechazado? – preguntó con ironía.
- ¿Estabas espiándome, afeminado? – preguntó enojado.
- Si crees que tus palabras me importan, estás equivocado, pues el ver que la mujer que deseas te dice en la cara que no le interesas, opaca todo lo mal que me caes.
- ¡Piérdete! ¡Tengo que ir a hablar con Ganondorf!
- El rey está durmiendo, así que por tu propio bien no lo interrumpas. ¿Qué deseas hablar con él?
- ¡Eso es algo que no te importa! ¡Hablaré con él apenas despierte!
Terminando su conversación, Dark Link se retiró, molesto de haber tenido que encontrarse con el señor de los demonios, tipo que desde que había conocido detestaba con su alma.
Por otra parte, Grahim se sintió satisfecho de ver que sus palabras habían molestado al ente de la oscuridad, sin embargo, al haberlo tenido frente a él, se acordó del príncipe, ser que despreciaba en mayor magnitud que a su misma contraparte.
- ¿Será posible que el retrasado mental de Zant sea capaz de aniquilar al mocoso?
Siguió reflexionando un momento en sus palabras, pensando de qué manera el tirano de las sombras cumpliría con el mandato de su amo, sin dejarse llevar por sus desubicadas emociones…
Aun tras las rejas en aquel mundo sumido por el eterno ocaso, Navi aún no salía del impacto de la imagen que se encontraba frente a sus ojos, pues esta vez, ya no estaba aquel joven que ella conocía tan bien, sino que en su lugar se encontraba una extraña especie, una gran bestia de plomizo pelaje, ojos azules y una peculiar insignia decorando su frente. A pesar de aquel brutal cambio, podía percibir en el interior de la criatura el alma de su amigo, el cual la observaba con suma atención y sin demostrarle indicios de querer atacarla, por lo que se dio cuenta que no tenía por qué tenerle miedo.
- Link... – dijo Navi, aun impactada.
El joven apenas se estaba recuperando del intenso dolor por el que había pasado, pero una vez que su visión estuvo más clara, observó su reflejo en aquella fuente de agua, descubriendo que su rostro se había transformado en la de un lobo de azulada mirada, y como su cuerpo estaba cubierto por plomizo pelaje. Una vez más, la bestia de ojos azules había salido de su interior al haber tenido contacto con la energía crepuscular.
- Otra vez he vuelto a ser un lobo. – dijo Link, completamente sorprendido.
- A eso te referías con que algo iba a pasar…
- ¿Puedes entenderme?
- Claro que te entiendo, recuerda que puedo hablar con los animales.
- ¿Y…no me tienes miedo? – preguntó preocupado.
- No te niego que estoy sorprendida, pero no te tengo miedo, pues percibo que eres el mismo ser que este lobo que estoy viendo. – contestó con sinceridad.
- Me alivia escuchar eso. La verdad me siento extraño ahora que me encuentro de esta manera, caminar de cuatro patas, sin la capacidad de usar mi propio lenguaje, sin casi ninguna de mis facultades. – comentó, preocupado debido a sus falencias.
- Tú eres diferente a los lobos comunes, los superas en tamaño y en capacidades, todo por el hecho de que eres un hylian, sin embargo, tengo curiosidad de saber cómo regresarás a la normalidad.
- Tengo que encontrar la espada maestra, pues la energía de la misma puede ayudarme a repeler este hechizo. Así fue en el pasado, las cosas deben ocurrir de la misma manera ahora. Tenemos que irnos de aquí cuánto antes.
Terminando la conversación, Link escarbó un agujero en el sitio que había visto antes, sintiéndose aliviado de ver que, como había pensado, su forma animal sería la única que le permitiría salir de aquella prisión.
Una vez que estuvo fuera de las rejas, se movilizó lentamente por los pasillos, pues que habían guardias cerca, eso sorprendió al hada, ya que desde hace tiempo pensaba que se encontraban solos
- Link, ¿cómo supiste que había guardias? – preguntó sorprendida.
- Ahora que soy un lobo, mis sentidos se van vuelto más agudos. Desde que salimos de la celda, pude percibir el olor y movimiento de los guardias. La ventaja de nuestra nueva forma es que podemos camuflarnos con la oscuridad y no saben que los estamos observando.
Luego de que Link contestó las dudas del hada, esta pudo escuchar el sonido de las lanzas y pasos de los guardias. Eso la preocupó, pues no sabía cómo iban a evadirlos sin ser descubiertos.
- Link, no podemos quedarnos escondidos aquí para siempre.
- No quería llegar a esto, pero tendré que atacarlos. Es algo incómodo para mí, pues una cosa es usar la espada, pero otra los dientes. – dijo con malestar.
- Lo entiendo, pero creo que no tienes más opción, pues debes recuperar tu espada, el resto de las armas y rescatar a Midna.
Llenándose de profundo valor, la bestia de ojos azules salió de su escondite para encontrarse con los guardias, descubriendo que eran los mismos seres de las sombras con los que se había enfrentado en su camino a la región de Lanayru, la única diferencia en estos es que una máscara plateada cubría sus rostros.
- ¡Un lobo! ¡Ha entrado un lobo a la prisión! – exclamó uno de los vigilantes.
- ¡Acabemos con esa bestia! Podemos sacar mucho provecho de su carne y pelaje.
Navi se aterró al haber escuchado semejantes barbaridades hacia su amigo, sin embargo, el lobo crepuscular ni se inmutó ante ellas. Los guardias superaban en número a los tres seres que había enfrentado antes, eso no le preocupaba del todo, pero no sabía cómo iba a acabar con ellos de la misma manera que en el pasado, pues ya no contaba con su espada para realizar el ataque giratorio que le enseñó su maestro, y así contara con ella, de todos modos su estado actual le impedía tomarla.
- ¡Cuidado, Link! – gritó Navi.
Link esquivó el ataque del ser de las sombras, pues debido a estar centrado en sus pensamientos, no se dio cuenta que se estaban acercando hacía él.
En ese momento, de manera inconsciente, Link gruñó con fuerza al verse amenazado, instinto de defensa que no se esperó que salga de él, sin embargo, de esa manera pudo asustar a los villanos por unos segundos y hacer que estos retrocedan.
- En esta forma también podía acabar con ellos, pero no recuerdo como... ¿Cómo herirlos sin una espa...?
En ese momento, el lobo observó su larga cola y pudo notar que esa área brillaba con mayor intensidad que las demás. Este detalle provocó que a su mente llegue la estrategia que tanto deseaba, pues podría usar esa parte de su cuerpo como una espada y luchar contra sus enemigos.
Al ver la distracción de la bestia, uno de los seres de las sombras se acercó, pero lo que no se esperó es que Link enterraría sus fauces en su pecho, provocando que un desgarrador grito salga de su boca, por más que intentaba zafarse, no podía, hasta que finalmente su cuerpo cayó al suelo sin ningún rastro de vida.
Link había decidido acabarlo de esa manera porque quería conservar el ataque circular para el último grupo, ya que sabía que si uno solo quedaba vivo, los demás revivirían sin remedio.
Luego de haber visto morir a su compañero, los seres que restaban se acercaron hacia el lobo con la intención de cobrar venganza, pensaban que atacando todos al mismo tiempo lograrían impedir que Link entierre sus fauces en uno de ellos sin que el otro lo impida, sin embargo, no sabían lo que estaba planeando el cuadrúpedo, pues lo primero que hizo fue dar un gran ataque circular para noquear a todos con su cola, haciendo que todos los villanos caigan al suelo, quejándose de dolor.
Link, al ver que su ataque no había sido suficiente para acabar con ellos, aprovechó el estado de debilidad en el que se encontraban para aniquilarlos de una vez, así que enterró sus fauces en los pechos de cada uno, destrozándolos e hiriéndolos de muerte.
Los gritos en la estancia se hicieron sumamente fuertes y desgarradores a medida que Link acababa con un ser de las sombras y continuaba con el siguiente, pues el dolor no era el único que invadía a aquellos rufianes, sino que también el terror de ver a su compañero de al lado morir de tan terrible forma y que a ellos les esperaba lo mismo.
Finalmente, Link salió victorioso de aquella pelea, viendo como había acabado con cada uno de los guardias que estaban impidiendo su camino, sin embargo, el asco empezó a invadirlo, pues su hocico estaba completamente manchado de una sustancia color azulada, la cual, debido al aroma, no tuvo que pensar mucho para darse cuenta que se trataba de sangre.
- ¡Bien hecho, Link! ¡Acabaste con todos ellos!
- No creas que eso me hizo sentir bien, Navi, pues el sabor y el olor de la sangre me está atormentando. – expresó con desagrado, sacando su lengua una y otra vez de su hocico.
- Debe haber alguna fuente con agua para que te...
El hada enmudeció al ver como de las celdas, las cuales creía vacías, aparecían un montón de extrañas criaturas. Estas no se parecían a los seres de las sombras, pues poseían una forma más humanoide y en sus ojos podían reflejarse la desesperanza y la desolación. Alguna de las guaridas tenía a reos solos, pero otras tenían a grupos de familias abrazando a sus pequeños hijos, los cuales estaban llorando debido a la sangrienta pelea que se había llevado a cabo, pero por los gritos de los villanos, Link no había logrado escucharlos.
Sin saber quiénes eran esas personas, Link sintió tristeza al verlos encerrados, imaginándose que talvez muchos de ellos estaban injustamente en esa situación.
Una de las mujeres que cargaba a los pequeños, sacó de la celda una fuente de agua, ofreciéndosela al lobo para que calme su sed y limpie los rastros de sangre que lo manchaban. Al inicio, Link dudó en aceptarlo, pero viendo sinceridad en los ojos de aquella madre, terminó aceptando lo que le ofrecía.
- Tú…eres nuestro héroe legendario. La bestia de ojos azules.
Al haber terminado de limpiar su hocico, Link se sorprendió al haber escuchado las palabras de aquella mujer, trató de responderle, pero lo único que salió de su hocico fueron ligeros gruñidos.
- No puedo entender lo que dices, pero eso no me impide saber que eres el héroe del crepúsculo, el que no salvó a todos en el pasado, y ahora, has hecho lo mismo.
Todos los prisioneros empezaron a murmurar en voz baja mientras observaban a Link, sorprendidos de haber escuchado lo que la mujer había dicho de él. Inicialmente dudaron de su identidad, pero luego de haber rememorado la hazaña de como había vencido a los guardias, sin ayuda de nadie, ya no tenían nada que pensar, causando que en ese momento gritos de euforia se escuchen por todos lados, y haciendo que el lobo baje las orejas debido al bochorno.
- Lobo Link, si estamos aquí encerrados es porque Zant construyó esta pequeña prisión, alejada del pueblo, para aquellos que nos revelamos en contra de su mandato. A muchos de ellos asesinó y a nosotros nos envió a este lugar para hacer lo mismo posteriormente, encarcelándonos junto con nuestras familias, sin importarte si habían niños de por medio. – contó la mujer observando a Link.
Lo único que el lobo produjo ante aquel relato fue un gruñido de furia e indignación. Zant era mucho más despiadado de lo que lo recordaba y temía que, al igual que a los demás habitantes, acabe con la vida de su amiga.
- Ese tirano mostró su primera bajeza al haber ejecutado a nuestro príncipe, luego hizo lo mismo con su hijo…y referente a la princesa, simplemente desapareció sin dejar rastro, y sospechamos que Zant tiene mucho que ver.
- ¿¡La familia de Midna, muerta!? No, eso no puede ser…
Link no podía creer lo que la mujer le estaba contando, la familia de su amiga habia sido asesinada por el tirano de las sombras. Se entristeció enormemente ante aquello, aterrándose de como reaccionaria Midna al enterarse de aquella devastadora noticia.
- ¡No puede ser! ¡El esposo e hijo de la princesa no pueden haber muerto! – gritó Navi, al punto de las lágrimas.
- Tenemos que salir de aquí. Navi, no podemos permitir que Midna termine de la misma manera, sin embargo, no pienso dejar a estar personas encerradas. – dijo Link dirigiéndose al hada, sabiendo que solo esta podía entenderlo.
Sin perder más tiempo, el lobo escavó agujero en todos los suelos de las celdas para que los prisioneros escapen. En el momento en que todos estuvieron libres, se abalanzaron a él para abrazarlo, sintiéndose felices que después de mucho tiempo de encierro por fin estaban libres y podrían reunirse con los seres queridos que aún les quedaban con vida. La paz había retornado a ellos gracias la bestia de ojos azules que relataban las leyendas de su amado pueblo del ocaso.
Una vez que soltaron a Link, tumbaron la puerta de la prisión y buscaron la manera de regresar a sus casas sin ser descubiertos por el resto de los guardias que vigilaban la ciudadela, sin embargo, por alguna razón, confiaban en que Link terminaría con todas esas preocupaciones.
- No te preocupes por nosotros, bestia de ojos azules, encontraremos la manera de llegar a nuestro pueblo sin que nos descubran. – dijo la mujer.
- Tu llegada a nuestra tierra no ha sido en vano, por eso sabemos que deseas llegar hasta donde se encuentra Zant. Debes tomar el camino del norte para llegar al palacio. Es momento de que hagas pagar a ese tirano por todo el daño que nos ha hecho. – dijo un hombre.
El lobo movió la cola de un lado a otro como símbolo de agradecimiento, sabiendo que con esa información podría seguir con su camino, por suerte, con su nueva forma, movilizarse por los árboles y arbustos no se le dificultaría y le permitiría camuflarse.
- Gracias por tu ayuda, lobo Link, te deseamos todas las bendiciones en la derrota de Zant.
Luego de aquellas palabras, los prisioneros se retiraron, maravillados de haber sido rescatado por la bestia de las leyendas, y jurándose entre ellos que contarían semejante hazaña a sus amigos y familiares, pues al igual que en el pasado, nada de lo ocurrido iba a quedar en el olvido.
En la habitación principal del palacio del crepúsculo, despertando de su estado de inconsciencia, estaba Midna acostada en la gran cama que se encontraba en el lugar.
Una vez que su visión se clarificó, se dio cuenta que se encontraba en un lugar sumamente conocido, talvez habían cambiado algunas cosas, como el modelo de las cortinas y detalles de la decoración, sin embargo, eso no fue un impedimento para que descubra donde se encontraba.
- Esta es mi…
- Tu habitación, o más bien…mi ahora habitación.
Al escuchar aquella terrible voz, la princesa crepuscular se dio la vuelta, dándose cuenta, para su terrible desgracia, que frente a ella se encontraba su peor enemigo.
- Zant…
- Vaya, hasta que por fin la princesa se digna a despertar. – dijo en tono airado.
El impacto de ver al villano frente a ella no le permitió hablar por unos momentos, y cuando desvió su mirada por un instante, vio que en la habitación estaban unos objetos muy conocidos para ella, la espada maestra y la alforja de su amigo. Ver esos objetos, le devolvió la voz que había perdido.
- ¿¡Dónde está Link!? ¿¡Por qué tienes su espada!? – preguntó alarmada.
- No tienes idea de cuánto me costó apoderarme de esas cosas, sobre todo la espada, pues por algún extraño motivo, cuando la tomé, sentí un horrible ardor en las manos, creí que todo mi cuerpo se quemaría, pero a pesar de eso, no podía dejar aquella arma en manos de ese tonto, por eso tuve que abrir un portal, el cual me costó demasiado formar debido al desgaste de energía, para poder traerla hasta acá sin si quiera tocarla. Querida Midna, tu amigo está totalmente desprotegido y encarcelado en una prisión que construí para los que se rebelan contra mí, donde será ejecutado sin piedad alguna.
El terror invadió a la princesa al haber escuchado el relato del tirano de las sombras, el cual, al ver su semblante, se rio a carcajadas debido a la emoción de verla devastada.
- Todo el viaje que hiciste para salvar tu amado reino ha sido en vano, por eso, desde ahora no tienes más opción que gobernar a mi lado, de la misma manera en que lo deseé en el pasado.
- ¿Cómo en el pasado? ¡Por favor, eso ya fue hace muchos siglos! Recuerdo la época, en la que alguna vez, fuimos amigos. Íbamos juntos a todas partes y en algún momento, al igual que tú, llegué a sentir atracción por ti…pero el día en que el pueblo me eligió como su gobernante, desplegaste toda tu rabia hacia mí. Nunca olvidaré la sarta de insultos que me dijiste por el simple hecho de que no ibas a ser rey. Tu odio fue tan grande que asesinaste a mis padres la misma noche que los instalé en el palacio, y a mí me convertiste en este monstruo con el que vivo ahora…A pesar que fue en mi pasada vida, yo aún lo recuerdo y me duele en lo más profundo, maldito Zant.
- Es mejor dejar rencores de lado, pues ya el pasado no puede cambiarse, por eso es mejor que revivas esa atracción que alguna vez sentiste por mí y aceptes gobernar conmigo, solo con esa condición puedo devolverte tu hermosa y verdadera forma. – dijo con el mayor de los cinismos.
- Prefiero quedarme de esta forma antes de convertirme en tu reina, además recuerda que yo tengo una familia, a la cual, estoy segura que tienes encerrada.
Al oír las palabras de la twili, Zant lanzó una terrible carcajada, causando que Midna se espante debido a aquello a pesar que no lo demostrara.
- ¡Pobre ilusa! ¿Crees que conmigo tu familia puede estar con vida?
- ¿Ah?
- Ya no tienes familia, querida Midna, pues tanto tu esposo como tu hijo están muertos.
Sintió que su alma se destrozaba al escuchar esas palabras, sin embargo, no podía creerlas, no podían ser vedad.
- Mientes… - dijo con seguridad.
- ¿Mentir? En lo absoluto, querida. ¿Quieres comprobarlo?
Con un movimiento de su mano, Zant se desfragmentó junto con Midna de la habitación, camino a un especifico lugar, sabiendo que de esa manera respondería a las dudas que tenía…
…
Luego de un largo recorrido, la bestia de ojos azules, en compañía del hada oscura, llegó al palacio del crepúsculo. Pudo adentrarse al mismo por medio de un agujero que había escavado, pues en la parte exterior varios soldados de Zant estaban vigilando.
Por suerte, en la parte de adentro no había mucha vigilancia, solo se veían a los empleados caminar de un lado a otro, mostrando profunda ansiedad y nervios, pues desde que el tirano de las sombras los estaba gobernando, no había un día de paz y tranquilidad, pensando que cualquier error que cometieran les costaría la vida.
- No hay vigilantes aquí, Link, pero están los sirvientes y pueden delatarte. – dijo Navi, preocupada.
- No deseo atacar a estas personas, se ve que están muy asustadas y que solo son víctimas de ese mal nacido.
- Yo también percibo lo mismo en ellas, pero eso no debe impedir que encuentres tus armas, las cuales quien sabe dónde están.
- Ahora que Fi ha regresado, puedo percibir en donde se encuentra debido a nuestra conexión. Es una atracción parecida a la que sentí cuando la espada estaba escondida en el palacio de Ordon, y esta vez, la siento con mayor intensidad. – dijo el joven, con seguridad.
- Bueno, en ese caso, ¿cómo pasarás a todas esas personas?
- Solo debemos alejar a las que están cerca de las escaleras, pues la espada se encuentra en el piso de las habitaciones.
- ¡Ya se! Yo las distraeré, mientras que tú subes las escaleras. – dijo el hada, con determinación.
- Es una buena idea, pero ten cuidado, por favor.
Sin dejarse llevar por los nervios, Navi se acercó hasta donde estaban los sirvientes vigilando las escaleras, causando que estos se sorprendan de ver que un hada había entrado al palacio.
- ¡Un hada! ¡Mira, es un hada! – exclamó un sirviente, alarmado.
- ¡Atrápala rápido! ¡Si la vendemos podemos ganar algo de dinero!
Al ver que había llamado la atención de los sirvientes, Navi se alejó de las escaleras y provocó que los hombres la sigan. Fue entonces, que Link aprovechó que la escalera no estaba vigilada y subió con prisa hasta llegar al último piso.
Desde las alturas, Link observó que Navi aún seguía huyendo de las ansiosas manos de los sirvientes, y cuando esta notó que su amigo había llegado sano y salvo al último piso, ideó un plan de escape.
Sin previo aviso, se detuvo en un determinado sitio, esperando que los hombres, desde diferentes extremos, se aproximen a ella para capturarla, y en el momento en que las manos de estos estuvieron a punto de tomarla, Navi voló hacia arriba, causando que los sirvientes se golpeen sus respectivas cabezas y queden mareados por unos instantes. Fue entonces, que el hada huyó de ellos y fue hacia donde se encontraba Link, quien se sintió aliviado de ver que nada malo le había pasado a su amiga.
- ¡Por las Diosas, Navi! ¡Creí que te atraparían! – exclamó Link, preocupado.
- Por un momento creí lo mismo, pero por suerte pude escapar.
- Gracias por tu ayuda, si no hubiera sido por ti, no hubiéramos llegado hasta este piso.
- No tienes nada que agradecer. Bueno, no perdamos más tiempo y continuemos.
- Tienes razón, percibo que la espada está muy cerca.
Acelerando el paso, la bestia de ojos azules y el hada oscura se dirigieron camino a donde estaba la espada maestra, la cual era cada vez más percibida…
En esos momentos, el tirano de las sombras y la princesa del crepúsculo se encontraban en un desolado sitio, el cual estaba ubicado en los rincones más escondidos del palacio, y que solamente los miembros de la familia real twili tenían acceso.
Completamente destrozada, sintiendo que su vida entera se había acabado por completo, estaba Midna frente a una lápida, en la cual estaban escritas las palabras más dolorosan que nunca antes había leído…"He aquí Orión, príncipe del crepúsculo. Que en paz descanse"
No podía creerlo, mucho menos aceptar que su esposo, el gran amor de su vida y padre de su hijo, estaba muerto. Por primera vez en mucho tiempo, la fuerza de su espíritu se desvaneció, provocando que amargas lágrimas se apoderen de su rostro y los sollozos de dolor se hagan presentes en el ambiente.
- Mi amor…esto no puede ser posible… - expresó dolida, en medio del llanto.
A unos pasos detrás de ella, el tirano de las sombras estaba completamente complacido de ver sufrir a su enemiga, pues por más que se sintiera atraído por ella, le gustaba verla en ese estado de desolación.
Lentamente, fue acercándose hasta la princesa, causando que esta se dé la vuelta y lo mire con profundo desprecio.
- Eres un maldito bastardo. – reclamó, sintiendo como sus fuerzas se terminaban debido al dolor.
- El mismo se buscó su muerte por ser un completo imbécil, pero él no es el único por el que debes derramar lágrimas, pues tu hijo…
- ¿¡Donde tienes a mi hijo, infeliz!? ¡Devuélvemelo! – reclamó enfurecida.
- ¿Quieres ver a tu hijo? Eso no es posible, pero puedo darte un recuerdo para que tus brazos de madre no se sientan vacíos.
Sin ninguna compasión, el tirano de las sombras lanzó a los pies de Midna el mechón quemado del cabello de su hijo, y junto con este la cola del lobo tan querido por ella.
Esa imagen terminó de arrebatarle la poca voluntad que le quedaba, pues no podía creer que el ser al que más había amado en el mundo, a quien le dio la vida, estaba muerto junto con su apreciado amigo de la infancia. Ahora entendía aquella frase tan conocida que mencionaban las mujeres, donde no existía dolor más grande para una madre que perder a un hijo, el cual era capaz de arrebatar el último de los alientos. Si la tragedia de haber perdido a su gran amor la había devastado, el haber perdido a su pequeño, simplemente la había asesinado en vida…ya no tenía ningún sentido para ella seguir luchando si había perdido todo lo que la hacía feliz, ahora estaba completamente sola.
- Pobre Midna, tan solita sin su familia…pero no te preocupes, pues juntos podremos formar la nuestra y con el tiempo te olvidarás de aquellos insignificantes seres. – dijo Zant, en tono burlón.
Sin embargo, en el momento que escuchó las mordaces palabras del tirano de las sombras, Midna sintió como una ira desmedida se apoderaba de su espíritu, causando que, sin planearlo, lance al villano a una de las paredes por medio de la gran mano que formaba su anaranjado cabello. Zant quedó noqueado por unos momentos debido al golpe, para luego observar como su cabeza se había desagrado; esa situación lo llenó de inmensa furia, pues lo que menos toleraba era ser agredido por alguien a quien consideraba inferior; el rey del crepúsculo no iba a aceptar de ninguna manera ese tipo de tratos.
- ¡Cómo te atreves, maldita!
Irascible, Zant golpeó el rostro de la twili con fuerza, causando que un hilo de sangre saliera por sus labios. Midna ni si quiera había reaccionado ante aquello, pues después de la agresión que había tenido en contra del tirano, más el inmenso dolor que se había apoderado de su alma, no tenía fuerzas para defenderse.
- ¡Nunca perdono a quien se atreva tocarme un pelo, mucho menos si se trata de una escoria como tú! He cambiado de idea, ya no deseo que seas mi reina, en vez de eso, quiero verte agonizar hasta morir delante de mí. – dijo, demostrando odio en sus palabras.
Midna no respondió sobre la terrible sentencia a la que iba a ser sometida, pues ya nada le importaba, más bien, la idea de la muerte le atraía bastante, talvez así se podría reunir con las personas que más amaba y ser felices en la eternidad.
- Vámonos de aquí, querida, pues en este momento voy a presentarte a quien se encargará de tu lenta y dolorosa muerte. No vale la pena ensuciarme las manos contigo si otro puede hacerlo. Lo único que haré será sentarme en primera fila a ver tu fin, estúpida.
Y terminando su argumento, Zant se desvaneció del cementerio al balcón principal de su palacio, pues deseaba que la ejecución que estaba a punto de llevarse, sea vista por todo el que pasara…
Luego de una gran búsqueda y escondiéndose de cada sirviente que pasaba por los pasillos, Link logró llegar a la habitación donde se encontraba la espada maestra, la que por suerte no estaba siendo vigilada por nadie.
- ¡Aquí está la espada! Puedo percibirla.
- Bueno, ¿y ahora como entramos? Ni tú ni yo podemos abrirla por obvias razones. – dijo Navi.
- Tendré que tumbarla, no tengo otra opción. Esperemos que nadie nos escuche. – dijo Link, colocándose en posición para abrir la puerta.
Acumulando todas sus fuerzas, Link corrió hacia la puerta y la tumbó de un solo golpe, lo que menos quería era repetir sus acciones, pues temía llamar la atención con el ruido.
Una vez dentro de la alcoba, no tuvo que esmerarse mucho para encontrar la espada, la cual al percibir la presencia de su amo, brilló con suma intensidad, causando que todo el cuerpo de Link sea rodeado de una cálida y dorada luz.
- ¡Link! - exclamó el hada, sorprendida.
Luego de unos segundos, el cuerpo de la bestia de ojos azules había desaparecido, y ahora frente al hada se encontraba su amigo, en su verdadera forma.
- ¡Link, regresaste a la normalidad! – expresó el hada, maravillada.
- Yo te dije que la espada se encargaría de devolverme mi verdadero cuerpo. ¡Qué alivio siento!
Una vez que el joven se acostumbró a su cuerpo, tomó su alforja y la colocó en el cinturón de su traje, confirmando, previo a eso, que todas sus armas estuvieran ahí. Luego de eso, recuperó la espada, la cual volvió a resplandecer, anunciando la salida del espíritu que la habitaba.
- Que bueno volver a verlo, amo Link. – dijo Fi.
- No tienes idea las cosas que he tenido que pasar para encontrarte, Fi, pero por suerte, al final pude hacerlo.
- Le anuncio que los esbirros de Zant se están acercando a esta alcoba, por eso es prudente que vuelva a ser un lobo para que logre esconderse por los rincones del palacio.
- ¿¡Qué!? ¿¡Otra vez!?
- Así es, le aseguro que cuando estemos a salvo lo regresaré a su estado normal, además es urgente que encuentre a la princesa del crepúsculo, pues percibo que ahora se encuentra en un terrible peligro.
Al haber escuchado eso, Link se preocupó en sobremanera, así que dejó de lado su desagrado al volver a ser un cuadrúpedo. Armándose de valor, volvió a colocar la piedra en su frente, haciendo que el intenso dolor que antes lo había invadido regrese, y luego, volviera a ser aquella bestia de plomizo pelaje.
- Link, ahora la espada se encuentra en tu lomo. – dijo Navi.
- Es mejor que nos vayamos de aquí, amo Link, los esbirros se acercan.
Sin perder tiempo, Link salió de la habitación para buscar a Midna, estaba preocupado de solo pensar que el tirano de las sombras acabe con su vida, sin embargo, las advertencias de Fi se hicieron realidad, pues a lo lejos uno de los sirvientes lo vio salir de la habitación de su amo.
- ¡Una bestia! ¡Una bestia saliendo de la habitación del rey! ¡Guardias! ¡Guardias! ¡Vengan aquí cuanto antes! – exclamó aterrorizado.
Sintiendo como los nervios le ganaban, pero no dejándose llevar por ellos, Link continuó corriendo, sin saber que el camino que estaba tomando lo llevaría al balcón principal del palacio…
Ya una vez en los balcones del palacio, Zant se encontraba sentado en una elegante silla, mientras que Midna, sin mostrar ápice de emoción, estaba amarrada en el suelo por unas fuertes cadenas.
En ese momento, llegaron el Yair y Nadir, quienes tenían curiosidad de saber por qué su amo los había llamado con suma urgencia, principalmente al mercenario, quien, según el tirano de las sombras, era primordial en esos momentos.
- ¡Por fin llegan! ¡Ya se estaban demorando! – exclamó Zant.
- Perdone, mi señor, pero estaba en mis estudios con el consejero. ¿Cuál es el motivo por el que solicitó nuestra presencia? – preguntó Nadir, con sumo interés.
Zant señaló con la mano el bulto que se encontraba a sus pies, sorprendiendo de esa manera al consejero y al mercenario, sin embargo, por alguna extraña razón, este llamó la atención de este último.
- He aquí a la princesa del crepúsculo. ¡Por fin la logré capturar! – expresó con profunda emoción.
El semblante de los hombres se endureció por completo al haber escuchado esas palabras, no podían creer lo que veían sus ojos.
- ¿Midna? Pero ella… – preguntó el mercenario.
- Ya sé, muchacho, su físico te ha sorprendido, pero es ella, solo que la he transformado en ese abominable monstruo como un castigo por su rebeldía, la cual, ha llegado el momento en el que debe ser castigada...y serás tú el que lo haga.
- ¿Yo…?
- Así es, ¿hay algún problema con eso? – preguntó Zant, con desconfianza.
- No, ninguno…
- Muy bien, quiero que la ejecutes con esto…
El tirano de las sombras le entregó a Nadir su espada crepuscular, arma con la cual deseaba que Midna sea ejecutada. Una vez que el joven mercenario la tuvo en sus manos, la miró con profundo interés para luego desviar la mirada al consejero, el cual lo observaba intensidad.
Una vez listo, Nadir se fue acercando lentamente hacia el cuerpo de Midna, quien sin decir nada, lo miró a los ojos esperando que se le dé su anhelada muerte. El joven desvainó la espada, la cual apuntó con firmeza al cuello de la twili, y justo en el momento en que la punta iba a perforarlo, ocurrió algo sumamente inesperado…
El mercenario desvió la espada del crepúsculo del camino, y con fuerza la lanzó en la dirección en la que Zant se encontraba sentado, quien si no hubiera esquivado el arma, en esos momentos estaría muerto debido a la agresión.
- ¿¡Qué te ocurre, imbécil!? ¿¡Te has vuelto loco!? ¡Es a ella a quien debes aniquilar, no a mí! – exclamó Zant, respirando agitadamente debido al susto.
- ¡El único que merece la muerte eres tú, maldito usurpador! No Midna…no mi esposa.
Ante aquellas palabras, el joven sacudió su cabeza con su mano, causando que su cabello cobrizo tome una tonalidad albina, revelando a los ojos del tirano, una imagen devastadora.
- Tu…
- Creíste que habías acabado con mi vida, ¿verdad? – preguntó mordaz.
- ¡No es posible! ¡Tú estás muerto! ¡Yo te aniquilé delante de todos, Orión!
- Solo usaste un señuelo que formé por medio de un hechizo. ¿Acaso no te diste cuenta? ¡Qué lástima! ¡Das mucho que desear como hechicero! – expresó el príncipe, con ironía.
- ¡Bastar…!
Zant no pudo finalizar sus palabras, pues en ese momento, una daga estuvo a punto de, una vez más, perforarle el cuello, descubriendo posterior a eso que esta venia el consejero.
- Yair…
- ¿Sorprendido de que este viejo inservible te haya atacado? No conoces mi verdadera fuerza, maldito tirano. Y al igual que el príncipe pienso que eres un tonto al no haberte dado cuenta que estaba utilizándote. ¿Qué se siente que los papeles se hayan invertido? – preguntó el consejero, con sarcasmo.
- ¡Viejo traidor!
Zant no pudo evitar sentirse el más imbécil de los hombres, pues sin haberse dado cuenta, tenía a sus propios enemigos viviendo en su palacio. ¿Cómo no pudo haberse dado cuenta? ¿Cómo se dejó engañar de aquella terrible manera?
Sintiendo como la ira se apoderaba de él, su cuerpo fue rodeado por una energía oscura. Esta vez, la furia del tirano de las sombras había llegado a su límite, y estaba dispuesto a acabar con la vida de quienes lo habían traicionado con sus propias manos.
Completamente desprotegido y sin su arma, Orión se acercó hasta donde estaba Midna, la cual aún seguía en trance debido al dolor que embargaba su alma, luego, el joven se acercó hasta donde estaba el consejero, y junto con él empezaron a retroceder sus pasos.
- ¡Despídanse de este mundo, escorias!
Luego de aquellas palabras, el tirano de las sombras preparó una esfera de energía en sus manos para aniquilar a la pareja y al consejero, sin embargo, en ese momento sus malas acciones fueron detenidas…sintió como un intenso dolor se apoderaba de su pecho, pues la bestia de ojos azules lo estaba agrediendo con sus fauces.
- ¿¡Qué!? ¡No puede ser!
Luego de haber lanzado a Zant a una de las paredes, el cuadrúpedo empezó a gruñirle con sumo desprecio. Fue entonces, que Midna y los presentes descubrieron de quien se trataba.
- Link… - susurró la twili, quien luego cayó en un estado de inconsciencia.
Una vez que Zant se puso de pie, el cuerpo de la bestia sagrada fue rodeado por una intensa luz, causando que regrese a su forma original, sorprendiendo a todos lo que se encontraban en el sitio.
- ¡Bastardo! ¿¡Cómo pudiste escapar!? – preguntó Zant, gritando como un desaforado.
- ¡El único bastardo aquí eres tú! Tu pelea es conmigo, no con ellos. Esta vez pagarás por todo lo que has hecho, maldito tirano de las sombras. Ni tu ni Ganondorf lograrán cumplir son sus macabros objetivos.
Al escuchar que el príncipe mencionó a su dios, Zant empezó a reírse a carcajadas, pues con eso encontró el arma perfecta para vencer a su oponente…lo único que lo volvería vulnerable.
- Pues al menos Ganondorf ya cumplió con su objetivo. – comentó riéndose.
- ¿Qué cosa?
- ¿No lo sabes? Tu amada princesa ya está en sus manos, lo que significa que ya se hizo con sus poderes.
- ¡No mientas, infeliz! - exclamó Link, enfurecido.
- ¿No me crees? Es mejor que lo veas con tus propios ojos.
Luego de terminar con sus palabras, Zant apareció una visión frente a Link, donde se podía observar a su indeseada contraparte, si vida en el suelo…sin embargo, esa imagen no fue la que lo devastó, pues en ese momento, vio como el rey del mal incrustaba su espada en el vientre de su amada, causando que esta caiga totalmente desangrada…
Comentarios finales:
Tengo un motivo especial para haber dejado la pelea para el siguiente capítulo, ya se van a dar cuenta por qué.
Espero que en este capítulo se hayan despejado todas sus dudas referentes al crepúsculo, pues como muchos lo deben haber sospechado, Orión estaba vivo y escondido bajo la identidad del mercenario.
Espero este capítulo haya sido de su agrado. Saludos cordiales y hasta la próxima ^^
