Disclaimer: Todos lo reconocible de Harry Potter es propiedad de la maravillosa J.K Rowling.

¡Merlín! La verdad es que no sé como pasó, digo, me tardé más de dos semanas en actualizar...

Creo que el tiempo corre diferente cuando no tienes nada que hacer. Ufff... De verdad que lo siento y de hecho el capítulo lo escribí anoche cuando un virus se le metió al la computadora... Si, ya sé, raro que me pusiera a escribir cuando estaba escaneando la pc... Pero así soy yo de rara.

Que por cierto les comento eso, por si de repente me pierdo es que la pc no la pude arreglar, de hecho ahorita apenas y le estoy haciendo otro escaner para ver si sí la limpié anoche...

En fin, no les quito más tiempo y ¡Espero que les guste este capítulo! ^^ Un beso a todos y todas las que me lee.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

51. Cuarto año: Prioridades

El resto de la semana el trabajo no disminuyó para nada, al contrario, aumentó más de lo que cualquiera hubiera imaginado. Draco tenía montañas de deberes que hacer y no había hecho nada en lo absoluto, todo su tiempo libre lo gastaba en la sala de los menesteres. Cualquier momento era bueno para ir a la sala de los objetos ocultos e intentar reparar el armario evanescente, aunque no daba indicios de estar mejorando. Cada sesión resultaba más frustrante e inútil, todo lo que metía en el armario terminaba dañado, destruido o simplemente no volvía a aparecer.

Por otro lado, Astoria tenía tantos deberes y trabajo que no le ponía el más mínimo cuidado a lo que Draco pudiera estar haciendo. Si la castaña no estaba escribiendo redacciones, se encontraba estudiando Runas. «Las Runas Antiguas no son como el Francés» le había Cole y no se había equivocado. Estaba demasiado atrasada en esa asignatura y aunque la profesora Babbling aseguraba que era muy buena para ser una principiante, se veía abrumada por estar en una clase "intermedia", donde los alumnos entendían más que ella.

El único consuelo de Astoria era que no tenía a casi nadie conocido en esa clase, ni la cabeza hueca de Vane, ni nadie que la molestar. De hecho, solo había quince alumnos en esa clase, entre las cuatro casas. Había cuatro de Slytherin, contándola a ella, seis de Ravenclaw, tres de Gryffindor y dos de Hufflepuff. Por suerte no se la llevaba tan mal con los Slytherin que estaban ahí, aunque de hecho nunca hablando antes y no parecían querer comenzar en esos momentos.

—¿Necesitas ayuda? —preguntó un chico de Ravenclaw, que estaba sentado cerca de ella y había notado como la pequeña Greengrass comenzaba a retorcer su pluma en una clara manifestativo de frustración.

—Por favor —susurró Astoria con cara de circunstancia.

—Mira, son como los números que nosotros usamos —comenzó a explicarle el chico y Astoria le miró con una cara que decía 'si claro, como no', pero el Ravenclaw solo sonrió y asistió con seguridad.— De verdad. Mira, si los memorizas es más fácil, aquí están del cero al nueve y al igual que los nuestros, simplemente los combinan para formar otro numero, como un uno (1) y un cero (0), que forman un diez (10). Por ejemplo aquí hay un unicornio, que representa el uno (1) y una Acromantula que representa el ocho (8), así que aquí hay un dieciocho (18). Realmente no es tan difícil, solo debes de ser paciente.

—¿Por qué se complicaban tanto la vida? —masculló la chica, apuntando la primera respuesta. El Ravenclaw soltó una pequeña risa.

—Todos son números, así que no te martirices tanto, esa 'Z' significa que los números se suman, mientras ese espiral representa un punto, como un decimal y esas dos lineas curvas indican que se trata de una división.

—Si lo pones así suena hasta fácil —comentó la chica, analizando el enorme pergamino que estaba lleno de esos problemas que ya no parecían tan complicados después de esa sencilla explicación.

—Realmente lo es —aseguró el chico, sonriendo y regresando a su lugar antes de que Astoria pudiera darle las gracias. La chia sonrió y continuó trascribiendo el pergamino lleno de números.

O-O-O

Draco miraba el techo de la sala común, ignorando todo lo que pasaba a su alrededor. No se sentía con ánimos de nada. El maldito armario seguía descompuesto y sus clases iban de mal en peor, por no decir otras palabrotas. Apenas y llevaba una semana en ese lugar y ya quería salir corriendo de hay. Odiaba ese lugar y más aún odiaba lo que tenía que hacer.

Diez días atrás su misión no parecía tan complicada, al menos no la misión de arreglar el armario para que los mortífagos entraran a la escuela, porque eso de matar a Dumbledore parecía no haber progresado en lo más mínimo. Tenía planes, sí, pero ninguno parecía estar progresando con la rapidez que él quería. Ya quería ponerle fin a todo aquello y largarse de ese lugar.

—Hermano, tenemos Defensas contra las artes oscuras, levantate —le dijo Zabini, quien salía de los dormitorios de los chicos, ya con sus cosas en mano y las de Draco en la otra. —Andado —sentenció, arrojándole sus pertenecías al rubio Malfoy.

—Maldita clase del demonio —murmuró Draco entre dientes.

—Calmado, hermano, últimamente andas de muy mal genio —le comentó Theo, pero el rubio apenas y le puso cuidado.

Cada día que pasaba se le hacía más tediosa la escuela. No solo tenía que aguantar al trío de leones, sino que tenía que aguantar a Snape, quien últimamente parecía empecinado en saber lo que hacia a sol y a sombra. Su padrino jamás había sido un metido, pero en esos momentos le estaba colmando la paciencia a más no poder.

Se frotó el rostro de mala gana y tomó sus cosas para salir en compañía de sus dos amigos, rumbo al aula de clases. Llegaron y si pensó que no le podía ir peor, se equivocó al notar que no había hecho ninguna redacción. Snape lo miró de forma suspicaz y por un segundo juró que dejaría pasar su falta, pero la maldita comadreja de Weasley tenía que abrir su boca y decir: "Creo que olvidé mi trabajo, igual que Malfoy." Obviamente que Snape no dudó en ponerles un castigo a los dos, un castigo que consistía en tener más deberes que el resto, aunque para fines prácticos que él no haría nada, ni aunque le pagaran, pero fue humillante escuchar las palabras de su padrino, cuando usaba su nombre en una misma oración en la que incluía a la comadreja.

La clase terminó y lo único que pudo hacer fue dedicarle una seña obscena a los Gryffindor, antes de irse al séptimo piso donde Crabbe y Goyle le esperaban. Los dos corpulentos chicos se encontraban sentados en el suelo, apoyados en la pared de piedra donde salía la puerta para entrar a la sala de los menesteres.

—¿Consiguieron lo que les pedí? —preguntó Malfoy, mirando a sus dos amigos con una ceja enarcada.

—No fue tan difícil —le respondió Vincent, sacando un frasco grande que bien podía ser de mermelada, pero que estaba lleno de algo que era como lodo.

—¿Y ya tienen los cabellos? —volvió a interrogar, pero los chicos solo se miraron entre ellos como si no supieran de lo que les hablaba el rubio.— ¡Oh, genial! —ironizó Draco, golpeándose la frente.— Consiguen lo difícil y lo fácil no lo hace —gruñó, mirando con reproche a los dos chicos.

—Bueno, no sabíamos que necesitábamos cabello —se excusó Gregory.

—No me extraña que reprobaran Pociones y todo lo demás —se burló el rubio, aunque la exasperación era más que clara en su voz.

—Bueno, si quieres vamos a ver que conseguimos en la sala común —se ofreció Crabbe, haciendo ademan de levantarse e irse, pero Draco le dirigió una mirada asesina y el chico robusto se quedó en su lugar.

—Olvidenlo, no quiero perder tiempo —sentenció el chico.— Solo vigilen sin lucir tan sospechosos ni obvio y ya saben que hacer para avisarme si alguien se acerca y así —les dijo el rubio con seriedad.— Y si de pura casualidad llega a ser Astoria o alguno de los idiotas de Gryffindor, hagan todo lo posible por mantenerlos alejados de la sala. ¿Entendieron? —añadió de mala gana, amenazando con su varita a los dos chicos.

Crabbe y Goyle asistieron sin chistar, ya estaban acostumbrados a ese trato por parte de su rubio amigo. Draco hizo una mueca de aprobación y con un movimiento de cabeza les indicó que se apartaran, para luego pasar tres veces frente a la pared y así entrar a la sala que tanto quería. Tenía una hora libre antes del almuerzo, para seguir intentando arreglar el armario evanescente y aunque le hubiera gustado también tomar la hora del almuerzo, sabía que no podía ser tan obvio, no mientras Astoria estuviera cerca. Porque si daba la casualidad que Astoria sospechara de él, se desataría una guerra y no precisamente mágica, entre mortífagos y aurores.

O-O-O

—Anda, come un poco —le pedía Paige a su amiga, quien en esos momentos tenía su nariz de botón metida en un libro de Runas Antiguas.

—Te estás obsesionado con eso —observó Cole, mientras llevaba un pedazo de pan a la boca.

—Solo quiero avanzar, es odioso estar un año atrasada —se quejó la castaña, dándole la vuelta a la pagina.

—Estás atrasada porque te entró la locura de estudiar Runas, cuando antes y apenas te interesaban —le reproche Rowle, desistiendo de la idea de hacer comer a Astoria y ponerse a comer ella.— Así que sufres porque quieres —finalizó, sirviéndose una generosa porción de carne molida con pasta.

—¿Podrían dejar de molestarme con eso? —gruñó Astoria, algo irritada, pues desde que había recibido los libros de Runas, sus amigos la molestaban con eso. Al principio solo los ignoraba, pero luego simplemente se volvió molesto escuchar eso de "Sufres porque quieres." Era como cuando quería aprender ballet y su hermana se metía con ella, diciéndole que sufría porque quería, cuando ella se quejaba del dolor de sus pies.

—Solo nos preocupamos por ti —aclaró Leo, mirando de forma inquisidora a su amiga.— Ya ni siquiera te he visto con el egocéntrico de Malfoy y eso ya es para preocuparse. Si no le pones cuidado a tu novio es que tienes un problema —comentó, con ciertos aires de sabio.

Astoria lo miró con cierto recelo y cerró su libro de mala gana.

—No sé donde demonios está Draco —declaró, volteando a ver la entrada del Gran Comedor. Esa mañana el rubio no la había esperado en la sala común para desayunar y tampoco se había aparecido para acompañarla a clases, de hecho, no lo veía desde la noche anterior, cuando la había despertado en la sala común para que se fuera a dormir a los dormitorios.

—Últimamente como que se ve muy raro, ¿no crees? —dijo Greyback, mirando de reojo a Astoria.

—¿Como te verías tú, si tu padre estuviera en Azkavan? —argumentó la Greengrass.— Está preocupado, sobre todo por la carta que recibió de su madre... los inútiles del ministerio mandaron a revisar su casa. ¡Merlín! Como si fueran a encontrar algo ahí —se quejó, cruzándose de brazos.

—Lo dices con mucha seguridad, ¿tanto metes las manos al fuego por ellos? —le respondió Cole, mirando fijamente a la chica. Los ojos esmeralda de Astoria se clavaron con reproche en los azules del chico, mientras los otros dos presentes solo intercalaban miradas entre sus amigos.

—No serán santos, pero no son estúpidos —declaró Astoria.— Como si en otras casas no se escondieran cosas de personas indeseables —añadió, dirigiéndoles unas miradas tanto a Dolohov como a Rowle.— Estamos en Slytherin, es una tontería hacernos los inocentes —sentenció, encogiéndose de hombros.

—Me sorprende esa nueva actitud —le dijo Cole con seriedad.— Hasta hace poco hubiera apostado a que tú jurabas que había buena gente en Slytherin y que tú eras de las pocas que pensaban diferente —comentó, con cierto reproche en sus palabras.

—¿Vale la pena que me esfuerce? —resopló la castaña, ganándose una mirada extraña por parte de sus tres amigos.— Simplemente ya me cansé de ir contra el sistema —sentenció, tomando una manzana y poniéndose de pie, con sus cosas.— Necesito sacar algo de la biblioteca, nos vemos en Pociones —se despidió, alejándose con graciosos pasos, muy comunes en ella, pero al mismo tiempo con un aire de melancolía que no les gustó a sus amigos.

—Necesitas hablar seriamente con ella —pidió el chico mayor, mirando a Paige, quien seguía con la vista a su amiga.

—¿Qué quieres que le diga? Con ese humor que trae y que apenas se dejaba ver por estar estudiando, creo que ya hasta se olvidó de que soy su mejor amiga —murmuró la pelirroja con cierto resentimiento.

—¿No creen que exageran un poco? —intervino Leo.

—¿Te parece exagerado que se valla siempre a dormir ya pasada media noche por estar estudiando? —le recriminó Paige.

—Me preocupa más lo que se trae con Malfoy —dijo Cole, aunque sus palabras habían sido más para si mismo que para la conversación.

—¿Con Malfoy? ¿Qué se puede traer con él? —cuestionó la pelirroja Rowle, pero el castaño mayor solo se encogió de hombros, restándole importancia.

—Tengo que ir por unas cosas a la sala antes de la clase de Herbología —informó el chico, tomando sus cosas para salir del Gran Comedor a toda prisa.

—En esta escuela todos están locos —masculló Paige, resoplando. Su primo la miró y sonrió, para luego negar con la cabeza.

—Anda, vamos a caminar por ahí y pretender que tenemos algo mejor que hacer que quedarnos a comer —propuso Leo, poniéndose de pie y tendiéndole una mano a la pelirroja, quien solo lo miró de forma extraña.

—¿Ves lo que te digo? —dijo con sorna.— Si tú no quieres pasar todo el descanso comiendo, sin duda alguna tenemos problemas —se burló, antes de tomar también sus cosas y seguir los pasos de sus demás amigos, saliendo del comedor.

O-O-O

Draco no dejaba de maldecir, había pasado toda una larga hora y hasta un poco más en la sala de los menesteres, intentando hacer que la cochinada de armario funcionara, pero nada parecía progresar. Así pues había salido del lugar con un humor de los mil demonios y les había pedido a Crabbe y Goyle que fueran a conseguir los cabellos que necesitaban para trasformarse en otras personas, preferentemente gente insignificante que no llamara mucho la atención. Era obvio que necesitaba una guardia, pero si todos los días miraban a sus dos corpulentos amigos ahí paradotes, sería obvio que era él el que estaba tramando algo en el séptimo piso.

Mientras tanto, Draco, algo exasperado y poniendo en duda la información que le había proporcionado el señor Borgin, decidió ir a la biblioteca a ver si encontraba algo de los armarios evanescente, pero no había ningún maldito registro en los objetos mágicos que hicieran referencia al dichoso objeto.

Estaba de pie, frente a uno de los anaqueles, revisando la enciclopedia de 'Artefactos místicos', cuando sintió claramente como algún alumno impertinente pasaba detrás de él y lo golpeaba con fuerza con su mochila.

—¿Pero que demonios te crees? —gruñó molesto, girándose con brusquedad para tomar por el brazo a quien fuera el idiota que se había atrevido a golpearlo, pero para su sorpresa no se trataba de un 'él' y no solo eso, si no que esa 'ella' era su novia, quien lo miraba con reproche.

—Hasta hace unos días hubiera contestado que tu novia, pero ahora no estoy muy segura de ello —contestó con cierta frialdad. Draco la miró con algo culpa, pero sin decir nada. La verdad es que el rubio no tenía mucho que decir a su favor.— Suéltame, Malfoy —pidió la chica.— Tengo deberes que hacer.

—Yo también, ¿por qué crees que estoy aquí? —se defendió el aludido, sin soltar el brazo de su niña, quien lucía realmente molesta.— Tengo muchos deberes que hacer, no creas que me la paso casando duendecillos —añadió ante la severa mirada esmeralda.

—Lo entiendo, pero ¿sabes qué? —dijo Astoria con reproche y safándose del agarre de su prometido.— Sería bueno que te tomaras la molestia de decirme donde vas a estar o ya de perdido decirme claramente que no tienes tiempo para mí y así podría dejar esperarte como una tonta a ver si llegas a desayunar o a comer o en las noches a la sala común —espetó con todo su veneno y reproche.

Draco solo la miró e hizo una mueca, como si le molestara algo en la quijada. Las palabras de Astoria eran un golpe bajo para él, porque la quería, pero no podía simplemente decirle lo que estaba pasando. De hecho, comenzaba a plantearse seriamente lo que le había dicho Theodore desde las vacaciones: Terminar con ella.

—Lo siento, pero como te dije, tengo muchos deberes que hacer y pierdo la cabeza —declaró con firmeza, convenciéndose de que no le estaba mintiendo. Al menos no del todo, pero igual no dejaba de sentirse culpable, sobre todo por la expresión que tenía la pequeña Greengrass.

—Perfecto, ya entendí que no tengo espacio en tu ocupada agenda —dijo la castaña con cierta burla en sus palabras y encogiéndose de hombros se giró de forma despectiva para continuar su camino por la biblioteca.

El rubio Malfoy no negaría que aquello lo había hecho sentir mal. Un hueco en su estomago y esa opresión en su pecho se sentían peor que estar recibiendo la maldición Cruciatus, porque sabía que la estaba lastimando, que Astoria también estaba sufriendo. ¿O a caso estaba siendo demasiado egocéntrico? No, sabía que ella lo quería tanto como él a ella y podía notar en sus ojos esmeralda como ella lucía triste.

Suspiró y se frotó el rostro sin ninguna consideración a su pálida piel. Se sentía cansado y si hace unos instantes atrás había maldecido a medio mundo por no poder llevar a acabo un simple pedido del Señor Tenebroso, ahora solo se maldecía a sí mismo por no poder hacer nada bien, por hacer sufrir a quien tanto quería. Se encontraba en una horrible posición, que aunque él no lo quisiera admitir, tenía las manos atadas.

Draco dijo una palabrota por lo bajo y colocó la enciclopedia de regreso en el anaquel, pero antes de continuar su búsqueda, un libro viejo con cubierta rojo se calló frente a él. El rubio volteó a todos lados, intentando ver si alguien lo había tirado a propósito, pero al parecer simplemente se había caído del anaquel por estar mal colocado. Se agachó y con un ágil movimiento lo levantó para observarlo.

El libro no tenía letras en la cubierta, nada que diera una pista del contenido del libro, así que por mera curiosidad, Malfoy lo abrió y hojeó un poco, cayendo en cuenta de que era un tonto y cursi libro de hechizos de amor. Lo cerró de mala gana y lo colocó de nuevo en el anaquel, para seguir buscando algo que le ayudara con el armario evanescente, sin embargo una punzada en su pecho lo hizo cambiar de opinión. Volteó a ver el libro de cubierta roja que se acaba de caer y no muy seguro de lo que hacía, emprendió camino hacía donde se había ido Astoria.

Caminó por varias filas de libros ordenados y pasó frente a varias chicas que estaban ahí, algunas le dedicaron miradas de asco, mientras otras lo devoraban descaradamente con la mirada. Paró en seco, frente a la sección de libros prohibido y aunque un fugaz pensamiento cruzó su mente, desistió de forma momentánea de la idea y caminó un poco más, en busca de su novia. Giró a la izquierda en la sección de 'lenguas muertas' y ahí encontró a la pequeña castaña, sentada en una de las mesas de estudio, sola y con su nariz metida en un polvoroso libro.

No pudo evitar sonreír de miedo lado al verla y se acercó para abrazarla con fuerza por la espalda.

—Disculpame —le susurró al oído, depositando un beso en su cuello.

—No quiero —susurró ella, sintiendo como una corriente eléctrica la recorría por culpa de ese beso.

—No seas orgullosa —la reprendió el rubio.— Mira que yo me estoy tragando mi orgullo para venirte a pedir disculpas —añadió, con un deje de suplica en sus palabras. La chica arrugó la nariz y se giró a verlo, primero con un porte serio y luego se suavizó para abrazar a su novio.

—¿De verdad te es tan difícil dedicarme algo de tiempo? —interrogó la chica, pegando su frente a la de Draco, mirándolo directamente a los ojos.

—Lo siento —murmuró Draco.—Pero tengo tantas cosas que hacer y luego tú también estás tan ocupada y sumergida en tus cosas de Runas —añadió a su favor, mirando como ella hacía un puchero, pero no parecía argumentar nada en contra.— Te quisiera ayudar, pero ya no es como pociones.

—Lo sé y también sería ridículo si yo dijera que te quiero ayudar, porque estoy dos años abajo de ti —masculló, acurrucándose de forma mimosa en su pecho.

—Te prometo que cenaremos juntos, ¿si? —propuso el rubio, estrechando a su novia con fuerza.

—Uhm... vale, pero prometelo dos veces —pidió la pequeña castaña.

—Te lo prometo, princesa —respondió Draco, besando la coronilla de su niña.

—Te amo —le susurró ella, depositando un beso en la mejilla del rubio. Él solo sonrió y la apretujó más, no muy seguro de estar haciendo lo correcto, pero sí estaba convencido de que eso era lo que quería y como buen Malfoy, no se privaba de nada. Aunque una voz, muy parecida a la de Nott, le decía que era mala idea volver a estar tan cerca de Astoria, cuando sus planes estaban resultando más difíciles de lo que había esperado y debía de poner más empeño para realizarlos.

Pero ignoró esa vocesita y tomó a la pequeña Greengrass del mentón para darle un beso. Astoria correspondió el beso y lo abrazó del cuello, pero el gusto no les duró mucho pues Madame Pince apareció, dándoles a cada uno un golpe en la cabeza con un libro.

—Ese comportamiento no está permitido en la biblioteca —dijo seriamente la mujer.— Además, la campana de las clases ya está por sonar, así que apuraos para que no lleguen tarde —añadió y los dos adolescentes no dudaron en tomar sus cosas y salir a paso rápido del lugar.

—Pero que carácter tiene esa mujer, no me sorprende que siga soltera —dijo Draco, entre burlón y desdeñoso. Astoria solo soltó una risita.

—Tengo dos horas de pociones —informó la chica, deteniéndose en las escaleras de mármol blanco.

—Transformaciones —contestó él, mirando las escaleras que iban hacia arriba.

—¿En el Gran Comedor? —preguntó, sonriente. El rubio se contagió de la sonrisa de su novia, le gustaba tanto verla así de alegre.

—Sí, ahí nos vemos —asistió él.

—Nos vemos, mi amor —se despidió la chica, robándole un último beso al rubio, antes de irse a su clase con una enorme sonrisa en su rostro.

En el mundo solo existían dos cosas que ponían feliz a la pequeña Greengrass, una era el ballet y la otra era Draco, lo cual resultaba algo irónico si recordaba como el rubio Malfoy había sido su dolor de cabeza cuando recién había llegado a Hogwarts. Pero ahora debía de admitirlo, quizás y solo quizás, Draco era un poco más importante que el ballet o que cualquier otra cosa más, por eso se ponía de mal genio cuando las cosas no estaban bien con él.

Dando pequeños y graciosos saltos llegó al aula de pociones, en las mazmorras. El profesor Slughorn ya estaba ahí, con su sonrisa bonachona adornada por su frondoso bigote de morsa y las manos apoyadas en su prominente barriga.

—Buenas tardes, señorita Greengrass. Un placer tenerla con nosotros, ¿por qué no toma asiento? —pidió el hombro, sin dejar de sonreír.

—Lamento la tardanza —murmuró, aunque su disculpa pareció caer en oídos sordos.

Astoria se encogió de hombros y se sentó en la mesa, justo en medio de Leo y Paige, mientras el profesor Slughorn daba un largo discurso de lo efectivas que eran las pociones revitalizadoras, para luego decir la poción que harían ese día.

—Las instrucciones están en la página numero 76 —informó el profesor.—La poción de Ojos Abiertos o de Despertares, es muy eficaz para reavivar a un persona que ha sido drogada o recibido un golpe que los ha dejado inconsciente... — explicó el profesor, mientras los alumnos abrían sus libros en la página indicada.

—Entonces, si alguien ha tomado mucho Whisky de fuego, ¿podría tomarse esta poción y se le pasaría la borrachera? —preguntó Remy Olivier de Gryffindor.

—Bueno, podemos decir que si, señor Olivier, aunque sería una imprudencia tomar tanto Whisky de fuego —le respondió el profesor.— La poción, como dice su nombre, también funciona para mantener los ojos abiertos o estar despierto... —siguió explicando, pero calló al notar la mano de Astoria levantada.— ¿Si, señorita?

—¿Podría funcionar si una persona necesita estar despierta por más de 24 horas? —cuestionó la castaña y el profesor hizo una mueca de estar pesando.

—Para estar despiertos por tanto tiempo necesitarían ingerir una cantidad de poción muy grande —contestó Slughorn, comenzando a caminar por el aula.— Digamos que un trago pequeña ayuda a despertar, como un buen café cargado por las mañanas, aunque con resultados más rápidos y eficaces. Pero ingerir tanta poción solo para mantenerse despiertos, sin haber tenido un descanso previo o haber sido drogado... puede ser muy peligroso —advirtió, mirando severamente a cada uno de los alumnos, para que no consideraran siquiera la idea de intentarlo. Deteniéndose finalmente en Astoria.

—Entiendo —dijo la castaña, sonriendo con cierto nerviosismo.

—Espero que si, porque el ingerir esa poción podría causar efectos secundarios muy fuertes, más aún si no es preparada correctamente —volvió a advertir el profesor con seriedad, para luego sonreír y levantar los brazos como si quisiera abrazar a todos.— Así que a trabajar, que tienen dos largas horas para darme una buena muestra de esa poción.

—No se te habrá ocurrido tomar la poción para seguirte desvelando para estudiar, ¿verdad? —retó Leo a Astoria, mientras repartía las ampolletas a sus amigas.

—Claro que no, solo quería estar segura de sus efectos —respondió la castaña, mientras acomodaba las balanzas de latón sobre la mesa.

—Eso espero —añadió Paige, mirando de forma severa a su amiga. Astoria resopló y rodó los ojos con fastidio, para después irse por el caldero de plata que iban a utilizar.

La poción realmente parecía muy sencilla de hacer. Seis colmillos de serpientes al mortero, con cuatro medidas de ingrediente estándar que debía de triturar hasta obtener un polvo fino. Luego debía de poner a calentar seis medidas de aguijones secos de Billywig por treinta segundos dentro del caldero. Sin embargo, lo que parecía ser muy fácil para Astoria no estaba dando los mismos resultados en otros miembros de la clase. Por ejemplo, Ivan Osborne parecía que había quemado los aguijones, pues de su caldero salía un humo negro, que no se veía nada saludable, mientras que Paige, a su lado, batallaba para triturar los colmillos de serpiente, aún cuando Leo ya le había ofrecido ayuda en tres ocasiones.

—¿Como demonios le haces para que te salga tan natural? —le cuestionó Dolohov a su amiga, quien para entonces ya mezclaba tranquilamente todos los ingredientes dentro del caldero.—Recuerdo el primer y segundo año, antes de que te juntaras con nosotros —comentó el chico, mientras le arrebataba de una buena vez el mortero a su prima para ayudarla.— Eras un desastre, junto con Osborne, claro que él sigue siendo un desastre.

—Recibió clases particulares con Draco Malfoy, ¿qué mejor maestro podía tener? —se apresuró a contestar la pelirroja, consiguiendo que las mejillas de la Greengrass tomaran un ligero color rojo y no precisamente por el calor que hacía en ese lugar.

—Claro que Draco me enseñó mucho, pero por si no lo han notado, también estudio más —señaló la castaña, con arrogancia en sus palabras.

—Claro, pero admite que estudias más porque Draco es tu novio, porque cuando andabas con Osborne solo te quitaban puntos por andar de revoltosa —declaró Paige, hablando lo suficientemente alto como para que el aludido de Gryffindor volteara a verlas, cruzando miradas con Astoria, quien solo rodó los ojos.

—Ya entendí que las serpientes y los leones no se llevan —afirmó la princesa de Slytherin con orgullo, apagando el fuego de su caldero, para darle un toque con su varita y luego dejar reposar la poción.

—Si Snape estuviera aquí lo harías saltar de felicidad —bromeó Leo.— Él si que se la traía con ustedes dos, claro que los puntos que te quitaba a ti luego se los daba a cualquier otro, si tonto no era —rió el chico, entregándole el polvo de colmillos de serpiente a su prima.

—Gracias —dijo la pelirroja, echando cuatro medidas del polvo triturado dentro de su caldero.

Astoria solo sonrió y negó con la cabeza, observando como su poción adquiría ese color azul marino que indicaban las instrucciones del libro. Continuó con las indicaciones al pie de la letra, añadiendo dos ramas enteras de Aconito al caldero, para después prender el fuego lento y comenzar a mesclar la poción, cinco vueltas en sentido del reloj y dos en sentido contrario, durante dos minutos.

—Magnifico, señorita Greengrass —aduló el profesor de pociones, observando los calderos de esa mesa y notando como la poción de Astoria tomaba un ligero color verdoso con cada vuelta que hacía en sentido contrario de las agujas de reloj. Por el contrario, la poción de Leo era un azul eléctrico que se oscurecía cada vez más y la poción de Paige seguía en etapa de reposo, por su necedad de moler sola los colmillos.— Debería apurarse, señorita Rowle, solo le quedan veinte minutos antes de que acabe la clase y le falta casi la mitad de los pasos.

—Que pesado —se quejó Paige, mirando con odio su caldero.

—Consuélate pensando que hay dos leones que son un asco en pociones, peores que tú —le animó Leo con burla, mirando disimuladamente a la mesa donde estaban tres Gryffindors: Ivan, Romilda y Remy. El único que parecía tener una idea de lo que hacia era Remy, el chico castaña con profundos ojos negros.

—Listo —suspiró Astoria, apagando el mechero y agitando su varita, para que la poción tomara un sutil color verde limón con pequeños brillos negros.

—Té quedó hasta mejor que la que pintan en el libro —comentó Paige con cara de circunstancias y se podría decir que hasta algo de celos.

—Bien, una muestra y creo que puedo salir temprano —bromeó, viendo las caras que ponían sus amigos.— Es broma, claro que me quedo a ayudarles —rectificó, riendo por lo bajo, mientras llenaba una de las ampolletas de cristal para dejarla en la mesa del profesor Slughorn.

La castaña dejó la poción y regresó a limpiar sus cosas, pero un fugaz pensamiento cruzó por su mente. Estaba absolutamente segura de que su poción había quedado perfecta y si tan solo probara un poco para mantenerse despierta, seguro que podría terminar sus deberes más noche y así pasar un rato con Draco en la tarde. Haciéndose la distraída, pero con un brillo de malicia en los ojos, tomó otra ampolleta y aprovechó la distracción de sus dos amigos que se concentraban en sus pociones, para tomar dos buenas muestras de su poción y guardarlas en su mochila. ¿Qué era lo peor que podía pasar?

O-O-O

Astoria caminaba en compañía de Paige y Leo, como siempre, rumbo al Gran Comedor. Ninguno de sus dos amigos había notado que ella había tomado dos muestras de poción de ojos abiertos y ella no tenía planes de compartir eso con ellos.

—¡Una redacción tamaño duende! —se quejaba el chico de ojos claros.— ¿De verdad los profesores piensan que uno no tiene vida?

—Tú no tienes vida —le respondió Paige, con una mueca divertida.— Te la pasas comiendo y comiendo o hablando de Quidditch con Cole.

—Eso es vida, por si no te has dado cuenta —aclaró Leo.— Qué tu te la pases leyendo revistas de chismes y buscando todo aquello que fuera firmado por Rita Skeeter, eso si es no tener vida propia —le dijo crudamente su primo.

—Disculpa, pero para tu información, yo solamente me mantengo informada y sigo la carrera de la persona que admiró y como aspiro a ser —sentenció la pelirroja.— Así que se podría decir que lo que yo hago tiene fines académicos —se defendió.

—Corazón de bruja no te ayudara a pasar historia de la magia —se burló Astoria, soportando la risa, pero recibiendo un buen codazo por parte de su amiga.

—¡Ahhh! Merlín, muero de hambre —manifestó Leo, cuando por fin llegaron a las puertas del Gran Comedor.

Sin embargo, Astoria se detuvo en la entrada, recorriendo con la mirada la mesa de Slytherin.

—¿No piensas venir con nosotros? —preguntó Paige, mirando a su amiga.

—Draco prometió que cenaría conmigo —declaró la castaña, notando que el rubio no se encontraba ahí.

—Ay, linda —suspiró la pelirroja.— ¿Segura que lo esperas? No has comido nada en todo el día y si te deja plantada te vas a quedar sin comer —añadió, mirando a su amiga con preocupación. Sabía de sobra que Astoria buscaba estar con Malfoy, pero el rubio ya la había dejado plantada varias veces, como en las mañanas o en los descansos y aquello apartaba solo para el mal humor de la Greengrasss.

—Prometo que si no llega en cinco minutos me voy a comer con ustedes —dijo en un suspiro, volteando a ver el vestíbulo a ver si su novio aparecía por ahí.

—Vale, por si las dudas, te guardaré unas manzanas —comentó la pelirroja, alejándose con Leo.

Astoria observó como sus dos amigos se iban a sentar con Cole, casi al centro de la mesa a poca distancia de donde estaba su hermana con sus amigos. Cerró los ojos y suspiró con cansancio. Se sentía débil, tanto por la falta de alimento como el sueño que traía arrastrando. Se quedó unos momentos así, como descansando, mientras se apoyaba en la pared.

Fue solo cuestión de segundos en los que Astoria sintió como alguien la aprisionaba contra la pared, cuerpo a cuerpo y antes de que abriera los ojos, unos labios ya habían capturado los suyos y una lengua traviesa jugaba con la suya.

—Pero que fácil sería violarte, mini-Greengrass —le susurró el chico al oído, pero ella no parecía molestarse, pues ya lo había reconocido.

—Si hubieras sido otro, le hubiese mandando a San Mungo en pedazos —le aclaró la castaña, sonriendo con arrogancia.

—¿Muy brava, mi princesa? —retó el rubio, pegándose más a ella.

—Pruebame —respondió Astoria, con aire de grandeza, mostrando sus dientes como si fuera una serpiente a punto de atacar.

—Si pudiera, te comería —le susurró Malfoy, con la voz ligeramente ronca.

—Cuando quieras, amor —contestó la menor, con las mejillas algo rojas y ocultando su rostro en el cuello del rubio, dando un fugaz beso en el cuello de él.

—Cuando seas mayor —aclaró él, soltando a su novia-prometida.

—No es justo, ya tengo catorce —se quejó la Greengrass.

—Cuando tenga dieseis hablamos del tema —sentenció Draco, tomándola del mentón para robarle un beso más. Ella solo hizo un puchero y negó con la cabeza, pensando en argumentar que él tenía trece años cuando había sido su primera vez, pero el astuto príncipe de Slytherin adelantó —Vamos a tomar algo de comida y luego vamos al lago oscuro —propuso, guiñándole un ojo con complicidad. Astoria solo sonrió y asistió energéticamente con la cabeza.

Los dos chicos tomaron una buena cantidad de comida que metieron en la mochila de Draco y sin apenas dirigirles una palabra a sus amigos, salieron a los terrenos de Hogwarts y se pusieron cerca del lago negro, tan cristalino y tranquilo como siempre.

Comieron en paz, entre una que otra broma y varios besos, hasta que el atardecer calló. Ambos se quedaron un poco más ahí, abrazados y observando como el astro rey se escondía en el horizonte, detrás de esas majestuosas montañas escocesas, mientras todo se bañaba por una luz anaranjada.

—Te amo, Draco —susurró la niña, cerrando los ojos cuando el espectáculo ya había terminado y la noche se había impuesto con su manto oscuro. Ella se acurrucó en él y el solo la abrazó con fuerza, besando su coronilla, pero sin responder a esas palabras de amor.

—Vamos a adentro, princesa —declaró el rubio Malfoy, levantándose y tomando sus cosas, para luego ayudar a su novia a levantarse. Ella sonrió con peresa y se dejó llevar sin resistencia. No le molestaba que Draco no le respondiera siempre aquella frase, porque ya lo había hecho en otras ocasiones y también se lo demostraba, así que aunque no se lo dijera muy seguido, sabía y estaba segura de que él la quería tanto como ella a él.

Entraron y llegaron a la sala común de Slytherin, donde aun había algo de actividad, aunque el ambiente siempre era calmado y tranquilo, ideal para leer.

—¿Y que tal la pasaste, hermanita? —preguntó Daphne, con evidente curiosidad y algo de sorna, mirando a la pareja.

—De maravilla, ¿por qué?, ¿estás celosa? —respondió Astoria, dedicándole una mirada asesina a las demás chicas presentes que la habían volteado a ver, empezando por Pansy y terminando en un grupito de mocosas de segundo que cotilleaban.

—Amo el aire libre, peor no para comer —se defendió la mayor de las Greengrass con cara de asco.— Es algo anti-higienico.

—Claro —se rió la menor.— No sé como le harás con tu trabajo, no creo que en esos lugares donde vas a andar, con animales y criaturas, te vayan a poner una mesa limpia con vajilla de porcelana y cubiertos de oro o plata —comentó desdoñosa.

—¿Sabes? No sé si alegrarme o asustarme cuando sacas tus colmillos —gruñó la rubia, que estaba acurrucada en el regazo de Theo, quien le dedicó una mala mirada al rubio, pero Draco solo lo ignoró.

—Por algo es la princesa de Slytherin, ¿no? —dijo el heredero Malfoy con arrogancia.

—La estás volviendo muy venenosa —comentó Pansy.

—Pues mientras no termine como tú, no tendré ninguna queja —comentó Draco de forma burlona, a lo que la pelinegra rodó los ojos y se guardó sus insultos al ver a Zabini, quien salía de los dormitorios de los chicos con una montalla de libros.

—Recuérdenme que quiero ser auror... recuérdenme que quiero ser auror... —repetía el moreno, mientras se instaba en una mesa bien ubicada e iluminada.

—¿Qué pasa contigo? —le preguntó Draco, siguiendo con la vista a su amigo.

—Seis redacciones... ¡Seis! ¡Y dos de ellas son tamaño trol! —gruñó exasperado.

—Oye, tranquilo, te va a dar algo, hermano —le dijo Nott, incorporándose mejor para ver a su amigo, pero sin soltar a Daphne, quien también observaba a Blaise extrañada. El chico siempre había sido muy aplicado, algo holgazán y creído, pero siempre hacía sus deberes sin parpadear, por lo que era extraño que se quejara.

—Ya sé por qué Granger no quiso tomar Alquimia —gruñó, al tiempo que acomodaba sus pertenencias, de tal manera que un buen tramo de la mesa estuviera disponible para escribir en los pergaminos.— No solo tengo que estudiar las malditas teorías y filosofías de alquimistas deschavetados, sino que todos los escritos están en alguna maldita lengua muerta... ¡Tan muerta como ellos! —bramó.

—Blaise, en serio, te va a dar algo, tranquilizate —le dijo Astoria preocupada y con cara de circunstancia, al notar que los gritos del moreno habían llamado mucho la atención de los presentes de la sala común.

—Nunca, jamás en tu vida, tomes esa clase —le advirtió Zabini a la chica, sentándose finalmente en la mesa y abriendo un libro enorme que estaba lleno de símbolos raros. El chico tomó el su pluma, la mojó en tinta y tituló un pergamino como "Pagina 206 – Conceptos de la materia", para luego tomar el diccionario elemental de Runas Antiguas y comenzar a leer y transcribir lo que estaba en el libro grande, todo eso ante la mirada incrédula de los presentes.

—¿Tienes que traducir todo eso? —le preguntó Vincent, acercándose a la mesa de Blaise.

—¡No! —dijo con sarcasmo y alargando la 'o'.—Solo tengo que entender los conceptos para hacer una redacción de '¿Por qué a un chiflado se le ocurrió decir que la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma?', pero para hacer eso necesito que esté en mi idioma —contestó de forma brusca.

—Pero que carácter —le dijo Draco, chasqueando la lengua, para luego recibir un codazo de Astoria.

—¡Tú! —bramó Zabini, girándose de repente y apuntando a Draco con su dedo, de forma acusadora.— Deja de holgazanear que no has hecho ni uno de tus deberes y si McGonagall nos vuelve a quitar un punto más porque no se te da la gana trabajar, jura que te romperé la Nimbus2001 en la cabeza —amenazó y un profundo silencio se formó en el lugar, aunque Astoria pudo notar que uno que otro aguantaba la risa por miedo a represarías.

—Porque eres mi amigo desde antes que aprendiera volar, no te responderé como debería —respondió el rubio.— Por eso y porque sé que andas que te lleva el demonio con tanto trabajo, solo por eso —reafirmó el chico, manteniendo un porte serio y frío.— Y te haré caso, me largo a la biblioteca a hacer los deberes de pociones —declaró con indiferencia, para luego hacerle una seña a Crabbe y Goyle.

—¿Te vas a la biblioteca a esta hora? —preguntó Astoria extrañada y haciendo un puchero.

—Aún tengo dos horas antes del toque de queda, así que me voy a seguir los consejos de Blaise —repuso Draco, dándole un último beso a su novia, para luego salir de la sala común de Slytherin, flanqueado por sus dos robustos amigos.

—Bueno, ya que mi toque de queda es hasta las siete, me voy a hacer mis deberes al dormitorio, buenas noches —declaró la castaña, haciéndole una seña a sus hermanas y amigos de por ahí, igualmente ignorando algunas señas como las del odioso de Derrick.

Astoria siguió su camino hacia los dormitorios y suspiró con cansancio, se sentía realmente acaba y lo único que se le antojaba era dormir abrazada a una almohada y soñar con Draco. Llegó al dormitorio donde ya estaba Paige, recostada en su cama y leyendo 'Corazón de Bruja'.

—¿Qué tal te fue? —interrogó la pelirroja, dejando de lado la revista, para dedicarle toda su atención a su amiga.— Los vimos muy abrazados —añadió.

—Solo comimos y charlamos —respondió Astoria, bostezando, sin ponerle mucho caso a la chica.

—Claro —se rió Rowl.— Te estaba abrazando y comiendo a besos cuando los vimos —rectificó de forma pícara., para presionar más a Astoria.

—Bueno, sí, me mimó un poco, pero nada de lo que te debes de estar imaginando, pervertida —contestó la castaña, con una risa y arrojándole una almohada Paige cuando esta sonrió con cara de 'no te creo que solo fuera un beso'.

—Jajajaja, se ve que te quiere, no por nada eres su princesita, a Pansy jamás la trató así —molestó Paige, consiguiendo que su amiga resoplara.

—Lo amor y sé que él también —aseguró la pequeña Greengrass, con cierto tono soñador.

—¡Ay! —suspiró la pelirrroja.— Lo que daría yo por conseguir un chico así, uno que me quiera y me mime, aunque no sea de portada de revista ni esté podrido en dinero, con un novio cariñoso me conformó —comentó Paige, mirando al techo con cierta melancolía.

—Zabini te pretendió y lo bateaste porque estás colada por Leo —le dijo Astoria con firmeza.

—Sabes que lo de Leo no puede ser —le recriminó, dedicándole una mirada asesina.— Es mi primo, aunque es lindo y gracioso, sigue siendo mi primo...

—Tu primo segundo —aclaró la castaña.— Sabes que no tendría nada de malo que estuvieran juntos, si antes y siempre se ha estilado en nuestras familias casarse con primos con tal de mantener la pureza de la sangre —le recordó Astoria.

—Si, pero si leyeras más revistas y menos libros, sabrías que por esas tradiciones algunas familias terminaron locas —le remarcó Paige.— Además, ¿qué me puedes decir tú? Tú tienes a un chico que es un cuero, está forrado en dinero y tiene una linea de sangre pura... desentiende de los Black. Y no es tu primo, así que no hay punto de comparación —bufó con fastidio.

—Pareciera que comiste un Escregutos de Cola Explosiva —le recriminó la aludida.— Y quien sabe, a lo mejor por ahí estamos emparentados, todas las familias de sangre pura lo están, pero créeme que no me martirizaré por eso —sentenció la chica.— Solo te dijo que si eso de la sangre es lo que te detiene, estás mal y deja de hacerle caso a las revistas, sobre todo a las de Rita, esa mujer vendería los secretos de su madre con tal de ganar dinero —finalizó Astoria, guardando sus cosas en el baúl y sacando unas para bañarse.

—¡Ash! Mejor olvidate de eso y vete a bañar con agua bien fría, que por estar con tu enamorado, no has terminado las cosas de herbología y lo tenemos que entregar mañana a primera hora —le informó Paige.

—Tú si que sabes como tirarme de la nueve con un buen escobazo —resopló la pequeña Greengrass, haciendo una seña de despedida antes de entrar a la dicha de los dormitorios.

O-O-O

—¿Algún pogreso? —preguntó una niña pequeña con dientes grandes que seguía a Draco de cercas, junto con otra pequeña pecosa.

—Ninguno —respondió Malfoy apretándose el punte de la nariz como si le doliera la cabeza.

Había pasado más de tres horas intentando hacer funcionar el armario evanescente pero no parecía funcionar nada. No había ningún maldito progreso y eso que había realizado varios hechizos de restauración, pero por más brilloso y reluciente que quedaba el armario, la magia de crear un pasadizo no funcionaba. De hecho, había desaparecido dos duendesillos disecados y tres sombreros, pero solo había conseguido que un duendesillo reapareciera por la mitad.

—¿Cuanto más durará el efecto? —se quejó la niña con pecas, cuando llegaron al vestíbulo.

—No lo sé, se tomaron dos porciones, no debe de tardar mucho en pasar, así que andaos a la cocina a comer algo y no se aparezcan por la sala común hasta que no luzcan como ustedes mismos, ¿entendido? —ordenó Draco y ambas chicas asistieron energéticamente con una sonrisa, para enseguida tomar rumbo hacia la cocina, como les había dicho el rubio.

Draco suspiró y no les puso mucho cuidado, ya sabía de sobra como eran Crabbe y Goyle. Chasqueó la lengua al estar parado frente a la pared de piedra y rogando porque nadie indeseable estuviera aún en la sala común, murmuró la palabra clave.

—Lycoctonum —murmuró el chico, observando como la pared le abría un hueco para dejarlo pasar. Entró y echó un fugaz vistazo a la sala, solo para comprobar que estaba sola y que Astoria no se había quedado por ahí dormida. Miró el reloj, ya pasaban de las diez. Bostezó y tomó rumbo a los dormitorios.

—No hiciste nada, ¿verdad? —fue lo primero que escuchó de Zabini cuando entró.

—¿Importa? —contestó con descara, tirando sus cosas dentro del baúl, para luego sacarse la ropa sin pudor alguno y ponerse la ropa de dormir.

—No conoces la vergüenza... —suspiró el moreno, negando con la cabeza.— Y no, no era pregunta, era afirmación, así que ahorrate la respuesta —dijo Zabini, antes de que el príncipe de Slytherin dijera media palabra. Draco rodó los ojos y resopló.

—¿Y Crabbe y Goyle? —preguntó Theo, quien salía del baño, con solo una toalla encima.

—Acabando con la cocina, posiblemente —respondió el rubio Malfoy.

—¿Y? ¿Ya nos piensas decir en que andas metido?—cuestionó Theo, poniéndose la ropa.

—No ando metido en nada —contestó Draco, malhumorado.

—no somos tontos, Draco. Es obvio que andas en algo, por el simple hecho de que pasas mucho tiempo haciando sabrá Melrín qué cosa, porque en definitiva no son tús deberes, aunque eso quieras hacer creer a los demás —declaró Blaise con obviedad.

—Que no es nada —sentenció el rubio, acostándose.

—Si no es nada, deja entonces de perder el tiempo en eso y ponle cuidado a las cosas que tienen prioridad, como tus trabajos y tu novia —le retó Zabini.

—Hermano, créeme que tengo muy claras mis prioridades, así que dejen de preocuparse por mí y métanse en sus asuntos.

—Somos tus amigos, deja que nos preocupemos por ti —remarcó Nott.

—Gracias, pero no tienen porque hacerlo —volvió a insistir el rubio.— Y buenas noches —concluyó, sonriendo de medio lado y cerrando las cortinas de su cama para poder dormir en paz. Tenía muchas cosas que hacer, era verdad, pero tenía que darle prioridad a las cosas ¿cierto? Y la mayor prioridad era la misión del Señor Tenebroso, ¿cierto? ¿Y Astoria? No, Astoria estaba por encima de todo, pero ella estaría bien, quizás debería pasar algo más de tiempo con ella, pero ella estaría bien, por lo menos siempre y cuando él cumpliera su misión.

O-O-O

Astoria se encontraba sentada en su cama, sus ojos se cerraban casi por si solos del cansancio y es que no solo tenía que terminar la tarea de Herbología, sino que tenía que hacer uncas cosas de Runas y Transfiguraciones. Su varita la iluminaba y su fuerza de voluntad la mantenía despierta y escribiendo algo sobre las tentaculas venenosas y como podarlas.

Bostezó y cerró los ojos con pesadez, intentando calmar el sueño un poco. Si tan solo tuviera algo dulce para comer y tener energía, pero se había acabo todas las ranas de chocolate la noche anterior... ¡Momento! Sí tenía algo para estar despierta. Tomó su varita y con sigilo salió de su cama para hurgar en su baúl. No tardó mucho en encontrar las ampolletas que había tomado de 'ojos abiertos', Meditó por unos segundos las palabras de su profesor: "El ingerir esa poción sin descanso previo o sin haber sido drogados, podría causar efectos secundarios muy fuertes."

—Oh, vamos, ¿qué puede pasar? —murmuró la chica, sacudiendo la cabeza para alejar el pensamiento de su cabeza. Una vez no la iba a matar, ¿o sí?, además que necesitaba terminar sus deberes para mañana. El fin justificaba los medios, ¿no? Había pasado una tarde maravillosa en compañía de Draco y ahora le toaba terminar los deberes, así que... Sin pensarlo más destapó un frasco de la poción verde limón y se la tomó de un solo golpe.

El efecto fue inmediato, tal cual lo había dicho Slughorn, era como tomar un café muy cargado, pero más eficaz.

Astoria sonrió victoriosa y escondiendo bien la ampolleta restante y la vacía, se puso a hacer sus deberes con una enorme energía renovada. Fue literalmente mágico. Terminó en poco tiempo los deberes que tenía que entregar y tuvo tiempo para avanzar a los demás trabajos pendientes, hasta que notó que el reloj marcaba las seis de la mañana. Con tranquilidad se levantó y se bañó, tomándose su tiempo, sin que nadie la apurara. Con una sonrisa en los labios se arregló con esmero y para cuando Paige apenas abría los ojos, ella estaba radiante y diciendo que la esperaría en la sala común, solo por si podía atrapar a Draco para el desayuno.

En la sala común tuvo tiempo para seguir avanzando sus deberes y para cuando el rubio apareció, bostezando, ella estaba más que lista y puesta para no dejarlo escapar. El rubio no se negó y aceptó desayunar con ella. Astoria no podía estar pasando una mañana más feliz que eso y lo mejor de todo es que para la primera hora seguía teniendo una energía increible.

—¿Pero qué te dio Draco para que andes así? —la molestó Daphne, cuando cerca de ella en el descanso, mirando como la pequeña Greengrass, comía y hacía traducciones de Runas.

—Secreto —contestó la menor de las hermanas, con una sonrisa traviesa, viendo como Pansy, que estaba cerca, se ponía verde del coraje.

Para la tarde la energía comenzaba a decaer y sus ojos los sentía pesados, pero en lugar de ir a descansar, prefirió hacer uso de la otra porción de poción y darle prioridad a la invitación de Draco, para pasar un rato en la sala de los menesteres.

Se escabulleron justamente en esa habitación que era una peculiar mezcla de sus lugares favoritos.

—La habitación de las serpientes le quedaría bien —propuso Astoria cuando Draco le preguntó que qué nombre sería bueno para ese lugar. Así como existía la sala del ejercito de Dumbledore y la sala de los objetos perdidos.

—Me gusta, muy acorde para el príncipe de Slytherin y su princesa —apoyó el rubio, recostándose sobre su pequeña novia, quien estaba acostaa boca arriba en la cama. Ella solo sonrió y comenzó a acariciar la cabeza del chico, que descansaba convenientemente sobre su pecho. Así pasaron un buen rato, mientras ella lo acariciaba y él se dejaba mimar, dándole de vez en vez uno que otro beso sobre la ropa, o al menos hasta que se durmió sobre ella.

Astoria sonrió, enternecida, pero al tener tanta energía, solo se levantó y continuó haciendo deberes. Para cuando Draco se levantó, la chica ya había terminado prácticamente todo lo que tenía que entregar para esa semana y aún así se sentía activa. El rubio, por el contrario, lucía cansado y decidió que era mejor ir a tomar un baño antes de ponerse a hacer sus cosas. Astoria no se quejó de aquello y tomada de la mano de su prometido se dirigieron a la sala común de Slytherin, donde la castaña se quedó a estudiar y Malfoy se perdió en los dormitorios.

La pequeña Greengrass se sentó en uno de los sofás de cuero negro, sacando un libro para leer. Aún era temprano y no dejaba de sentir ansiedad por hacer algo, pero como ya había terminado todo, se forzaba a leer, aunque un pensamiento fugaz no la dejaba en paz. Ya había acabado en menos de 24 horas con dos porciones de poción de ojos abiertos y aunque algo le decía que no estaba bien, quería conseguir más para no decaer al día siguiente.

Volteó a los alrededores, notando que no había ningún conocido que la pudiera cuestionar y antes de que apareciera alguien, decidió que tenía algo que hacer antes de que anocheciera más. Quizás estaba loca, pero en esos momentos su cabeza le repetía que el rendimiento era prioridad a su propia integridad.


¿Y que tal, qué les pareció? :3

Todo este capítulo como les dije, lo escribí anoche y lo escribí a mano, ahorita apenas y lo acabo de trascribir xP

Y ya le avancé un poco al siguiente capítulo, pero tengan piedad, digo, ya sé que estoy sin nada que hacer, pero por lo mismo me estreso más. Como le decía a una amiga, cuando andaba ocupada aprovechaba cada segundo libre para escribir, y ahora que ando desocupada me es más difícil inspirarme... sorry.

Y pues también cabe destacar que emm, ya las acostumbré a escribir capítulos laaargos que en veces es difícil hacer un capi, cuando la idea es pequeña, como la de aquí y emm sorry si quedó muy corto para su gusto, intentaré que los siguientes sean más largos xDU

Pero bueno, ojala que les gustara un poco y me disculpen por la tardanza, intentaré no volverme a trazar tanto...

¡Un beso enorme a todas y todos!, ¡muchas gracias por leer y por darme todo su apoyo! ^^

Rr's

MrsBarton:
Lamento mucho de verdad haberme tardado tanto, de hecho te confiezo que si no es por tu Review hubiera dejado pasar más tiempo, porque ando así como que con falta de sentido del tiempo xP
Jajajaja, me alegra que te animaras a leer toda y llegaras ya hasta acá :3
¡Y bueno, ya actualizé y espero que te guste! ^^
Muchas gracias por tus palabras, me animron mucho y como he dicho un sin fin de veces, siempre que alguien me lea seguiré escribiendo, aunque sa solo una persona :3
Awww, ¡Que linda! ¡Muchas gracias de verdad!
Un beso enorme, linda.

Yadira Green:
Awww, jajajajja, hola dos veces, linda xD
Lamento de verdad la tardanza, pero pues aquí por fin está ^^
Raro, o.o no sé porque pudiste tener problemas al votar, pero bueno yo tomo tu voto en cuenta y lo apunto, igual estoy viendo que la mayoría quiere que no publique historias largas hasta que no termine con esta, supongo que porque con más de una me tardaría más en actualizar xD
Y por mí está bien, así puedo seguir estructurando la historia de Astoria, sin caer en inconsistencias o cosas raras como aquí xP
Jajaja sobre el otro comentario, si, cada cual y cada uno le está dando prioridades a cosas que no deberían pero bueno, a ver si al final caen en cuenta de que andan haciendo algo mal D:
En fin, ¡un beso enorme! ^^ y perdon la tardanza.
Nos leemos pronto, guapa. Saludos.

Ursa Cassiopeia Lestrange:
¡Hoa linda! Awwww, pero que que bueno que te animaras a hacerte una cuenta, me encanta tu nombre, sobre todo el de Cassiopeia y el apellido Lestrange rulea :3
Jajaja, pues de perdido eso de hacer cosas productivas era mejor, ahora que ya me dejaron sin nada que hacer me estreso un poco, pero bueno aquí sigo al pie del cañon ;D
Lamento haber tardado, pero espero que te gustara este capítulo.
¡Besos y saludos! ^^ ¡Muchas gracias linda! Nos seguimos leyendo.

MALACA:
¡Hola guapa! ^^
Jajaja, si, ando ocupando todo mi tiempo en escribir por aquí y por allá, aunque creo que descuidé un poco esté fic, pero ya por fin pude acutalizar :3
Oh bueno, yo no sabía que en Argentina era hasta el 3er Domingo de Ocutube O:
Las ventajas de conocer o hablar con gente de diferentes paises es que uno aprende datos curiosos e interesantes de los demás :3
^^ Tranquila, entiendo que andas ocupada y así, a diferencia mía que soy una osiosa xD
¡Muchas gracias! ¡Me alegra mucho que te gustaran las demás historias! :3

Jajajajajajajajajaja, eso de Troya sin Brad Pitt me mató xDDDD
Nadie le niega a ese que está bien mono :3
jajajaja, pues así son, como dicen por ahí, es la maldición de tener novio guapo, siempre habrá más de una que te lo quiera quitar D:
O: creo que si, algo así recuerdo que me dijiste, soy de repente mala con acordarme de las palabras exactas, pero lo que no sé me lo invento xDU
Pero ^^ en concepto general, son ustedes las que llevan a los Drastoria hacia arriba, pues bien yo podría escribir y nadie leer xP
¡Te deseo mucha, pero mucha suerte en tus cosas! :3
Un beso enorme para ti y tu familia.
Cuídate mucho, hermosa ^^
No sabes como te agradesco infinitamente todo tu apoyo.
Espero seguirte leyendo y cualquier cosa, a tus servios, guapa :3

ToRie Potter:
¡Mujer! Que te me cambiaste el nombre xD
¡Si! este año apenas empieza y ya se va ir tornando cada vez más díficil, aunque vale la pena darles una tregua de paz antes de que arda Troya xD
Jajajaja, awww, que linda, yo releyendo junto a mi prima -que le dio la loquera de leer mis fics- noté que tengo monton de cosas raras en los capitulos antiguos xDU
Como eso de que el gato de Astoria comenzó siendo gata xDU
Pero bueno, ya lo intentaré corregir más adelante ^^
¡Muchas gracias, guapa! :3
Como te dije, me gustó tu nick y las razones por las que lo cambiaste.
¡Un beso gradote para ti ^^! Y nos seguimos leyendo.

RuthEmperatriz:
¡Holas, lidna!
jejeje más bien soy yo la que ha actualizado un poco tarde.
Estoy bien, o al menos eso creo xD
¿Y tú? :3
Awwwww, que bueno saber que te gusta xD
Sii, ando sacando cosas de por ahí en Pottermore, y como decían lo de Alquimia no pude evitar incluirlo xP
jajajaja es un logro para mí conseguir que la gente se ría, generalmente soy una comica pesima xD
Emm pues tengo dos candidatas para Zabini, una que la mayoria odia y otra que es un OC, pero aun falta decidirme por muchas cosas, así que nada es seguro xD
¡Ya lo tengo! Me tardé muuucho en pensar ¿que podría avergonzar a Pansy como para que desista de molestar a Astoria? y por fin encontré lo que era perfecto y curiosamente fue mi priama la que me dio la idea, por andar urgando en mis cosas y poniendome en verguenza xDU
Me alegra muuucho, pero mucho que te gustara ^^
De verdad que si, linda.
¡Te deseo lo mejor y un beso enore! :3
¡Muchas gracias, linda y nos seguimos leyendo! ^^