Antes de nada pedir perdón como hice con De Armas Tomar por tardar tanto :'( He estado bastante liada, y bueno, la historia del otro fic, al estar en pleno amorío me inspiraba más, sin embargo quería estar realmente inspirada para que el dolor fluyera bien, que la verdad, no sé si lo he conseguido :')

No sé si el próximo capítulo contendrá el esperado salto del tiempo o será el siguiente, estoy pensándolo. Solo quiero que sepáis que nunca dejaría ninguna historia tirada, ni nada por el estilo, siempre la acabaría.

Actualizaré lo más pronto posible que pueda, en serio.

Si alguien quisiera decirme algo por Twitter vuelvo a dejarlo aquí: /NewYorkerWriter

Que disfrutéis de la lectura, pues si escribo es para que vosotros leais, tenedlo por seguro, un beso :*

PD: Vuestra opinión siempre es bienvenida así que me encantaría que dejarais una review pls. :*


Deslizó la mano con gracia sobre la cubierta del libro, tal y cómo había hecho con las anteriores personas, una y otra vez. Sonreir, preguntar, firmar. Una rutina diaria a la que se había acostumbrado.

-¿Para quién?-fingió una sonrisa amable. La chica lo miró con unos ojos verdosos brillantes, excitados. Solía pasar cuando los fans se aproximaban a él en busca de una foto, de una firma o solo un par de palabras. Un pinchazo doloroso recorrió su pecho gracias al vago recuerdo que rememoró tras los ojos de esa chica.

-Elizabeth.-respondió ella incapaz de dejar de sonreir.

Escribió una pequeña dedicatoria, acabando con su nombre al final y le entregó su propio libro, ese que había publicado hacía seis meses.

Seis meses habían pasado desde su discusión con Kate y ni siquiera había podido hablar con ella, ni mucho menos verla. Si sabía que se encontraba bien era porque Scarlet le informaba cuando hablaban. Comenzaba a volverse loco.

No eran pocas las noches que se había pasado sin dormir, pensando en todo lo que habían pasado juntos, en esos momentos que volvían a su cabeza intentándolo torturar como si su ausencia no fuera suficiente.

Tampoco había día que no se arrepintiera de haber fastidiado todo, porque él sabía que era su culpa por no saber quedarse en su sitio. Era el amor de su vida, claro que lo era, sin embargo eso no era excusa para decidir sobre un tema tan importante para Kate.

Sacudió la manga de su traje, esperando mirar la hora en su nuevo reloj. Un Lotus negro y plateado que le habían regalado en una conferencia. Marcaban las doce del medio día. A su alrededor no quedaban muchas personas, la firma estaba finalizando y solo tres mujeres y un hombre daban por zanjado todo.

Siguió firmando con naturalidad y con su sonrisa siempre puesta. Aún así por dentro estaba muerto. No saber nada de Kate, no haber escuchado su voz... Era muy duro. ¡Le iba a pedir matrimonio! La amaba, y estaba seguro de que también ella.

Quería llamarla, quería saber cómo le iba en la academia, hacerla saber que él seguía ahí, esperándola.

Se pasó la mano por la frente. Si continuaba mortificándose de esa forma el dolor de cabeza sería inminente, algo a lo que parecía haberse acostumbrado.

-Te veo cansado.-una botella de agua apareció en su campo de visión. Alzó un poco más la vista buscando al dueño de ese brazo.

-Agotado mas bien.-respondió agarrándola y abriéndola con una rapidez increíble. Dio pequeños tragos al mismo tiempo que rodeaba la libreria con la mirada.

Había una mesa repleta de copias de su libro colocados estratégicamente en una especie de piramide, y detrás estaba un cartón con su foto sujetando el ejemplar. Cualquiera que no lo conociera lo suficiente como para saber qué había pasado hacía seis meses vería a un joven escritor, con toda la vida por delante y con unas ganas enormes de comerse el mundo. Él veía una sonrisa forzada en sus labios y la inmensa tristeza en sus ojos azules enigmáticos.

Suspiró, cerrando el tapón de la botella de plástico y dejándola sobre la mesa. No le valía todo lo que conseguía si no podía disfrutarlo con ella.

Como rutina, desbloqueó su iPhone, también nuevo, y revisó uno por uno sus mensajes. La posibilidad de que Kate se hubiera decidido a hablar estaba siempre en su cabeza, no obstante, nunca encontraba su nombre entre los demás mensajes. Editores, amigos, Martha... ¿y por qué no "Kate"?

-Está bien...-intervino Jake sabiendo qué intentaba su amigo.

Tanto él como Scarlett habían vivido muy mal los últimos meses. Rick era su mejor amigo, y Kate la mejor amiga de su novia. Estar en medio de los dos era complicado, aún sabiendo que se querían con locura, los fallos en una situación complicada podían ser decisivos. Solo sabía que ella se encontraba bien, pues su novia le comentaba algo de vez en cuando. Sabía que la academia la enfrascaba y que era muy buena en eso. En cambio, él estaba todos los días con Rick, él lo había apoyado al verlo llorar, con el corazón roto. Él sabía que por las noches no podía dormir porque los recuerdos le perseguían y soñar con ella sabiendo que se despertaría y no estaría a su lado le dolía.

Él había hablado con Rick, lo había tranquilizado, le había pedido que no bebiera, que no hiciera ninguna tonteria y que lo único que Kate necesitaba era tiempo para poder aclararse.

Pero Rick no soportaba el día a día, simplemente no podía.

-¿Has hablado con ella?

Sintió pena al ver el color que habían tomado sus ojos azules.

-Scarlett.

Rick suspiró harto de esa situación. Él reconocía su culpa, el haber obrado mal, pero siempre había pensado que el hecho de estar locamente enamorado de ella serviría de algo.

-Sigue sin querer saber nada de mi, supongo...

Jake se acarició la barbilla. Elegir las palabras adecuadas para intentar controlarlo todo era muy difícil. No quería hacerle daño, ya cargaba con mucho dolor a su espalda.

-En realidad, preguntó si estabas bien.

Rick frunció el ceño. Después de seis meses sin hablarle, sin cogerle las llamadas, sin si quiera querer verle ni acceder a nada que tuviera que ver con él, ahora preguntaba por su bienestar.

Sonrió.

-He estado martirizándome desde ese día.-comenzó a decir fijando la vista en el ventanal de cristal. El asfalto negro estaba bañado por una fina capa de nieve blanquecina, obligando a que las temperaturas descendieran con brusquedad. Aún quedaban varios adornos de navidad colgados en diversos balcones, farolas o establecimientos, sin embargo, las fiestas habían llegado a su fin.-Pensando en qué hubiera pasado si hubiera sido capaz de decirselo. En si hubiera sido capaz de haberse ido a Rusia, o si... me hubiera dejado aquí para que no sufriera ningún daño. No lo sé, nunca he llegado a ninguna conclusión. Me he pasado noches enteras sin dormir, esperando a que tocaran a la puerta y pudiera ser ella. Que pudiera volver a tenerla entre mis brazos, olvidar todo y volver a lo que una vez fuimos.-enterró la cabeza entre sus manos. Su garganta comenzaba a arder y sabía que las lágrimas no tardarían en salir.-Pero nunca pasó, nunca me llamó, nunca me mandó un mensaje. Sé que estuvo aquí en Navidad y no fue capaz de decirme que quedáramos. Entonces, me pregunto. Si tanto me quería, si tan enamorada estaba de mi, ¿por qué me ha abandonado?

Jake también frunció el ceño. En esos momentos, su mejor amigo tenía razón. No dudaba del amor de Kate por Rick, no obstante, si le hubiera importado lo suficiente, ni siquiera habría pasado un mes sin ponerse en contacto con él. Y mucho menos habría estado en Nueva York sin avisarlo.

-La verdad, yo tampoco sé qué decir.

Una ráfaga de imagenes asaltaron a Rick por sorpresa. Él y Kate, juntos en el campus de la Universidad de Derecho. Tan solo llevaban un par de meses saliendo oficialmente, pero él ya se sentía dependiente de ella, de su boca, de su mirada, de la forma en la que reía.

Hablaban sobre lo que harían esa misma noche, intentando planear algo para que pudieran dormir en un apartamento u otro para poder dejarles libertad también a Scarlett y Jake.

-¿Por qué no vamos a Coney Island a dar una vuelta?-preguntó Kate girando un poco la cabeza con la intención de mirarle.

Rick había observado la profundidad en sus ojos verdosos. Esas pinceladas marrones tan fascinantes y que tanto le gustaba admirar.

-¿Quieres subirte en una atracción conmigo?-había susurrado pegado a sus labios.

Y es que cuando ella sonreía sobre los suyos no podía explicar qué era lo que sucedía en lo más profundo de su corazón. Parecía que respiraba de forma mecánica, sin siquiera darse cuenta y que necesitaba estar constantemente a su lado, siempre.

-Algún día entenderé que nunca volverá y que si lo hiciera solo seríamos un recuerdo más que quisimos olvidar juntos.-respondió Rick limpiando una lágrima que rodaba en silencio por su mejilla.

Recordó el por qué no quiso enamorarse de nuevo al conocer a Kate, recordó lo que se sentía al tener un corazón roto, lo que era olvidar las promesas que se hacían, lo que era borrar todas y cada una de las fotos, porque como había asumido desde el momento cero en que empezó a querer a Kate, los recuerdos nunca morirían.


Lo más incómodo de pasar la mayor parte de su tiempo con Scarlett y Jake no era el hecho de que se viera solo, o de que ellos fueran la principal razón por la que Kate y él se enamoraron, sino por lo mucho que costaba verles tan cariñosos, tan unidos y felices, y que cada vez que él se mirara al espejo viera a un desconocido.

Ellos eran su apoyo, no le habían dejado solo en ningún momento y les estaría eternamente agradecido, pues una vez estás dentro de un pozo sin salida necesitas aferrarte a algo para salir de él.

-¿Rick, está bien?

Miró distraido a los dos ojos azules ceñudos que reclamaban su atención. Scarlett, sentada entre las piernas de su mejor amigo se había estirado para acariciarle el brazo.

-Sí, tranquila, solo... pensaba.

Pensar, eso llevaba haciendo a saber cuanto tiempo. Todos los días, en diferentes horas su mente se saturaba y decidía dejarse llevar por los mejores recuerdos. Recuerdos en los que él era feliz.

-Sé que todo esto te está afectando, pero sabes que estamos aquí si necesitas cualquier cosa.-añadió Jake.

Rick asintió, regalándoles la mejor sonrisa que sus labios pudieron formar. Ellos sí se merecían verlo animado, y si en algún momento necesitaba hundirse, lo haría con ellos al lado.

-Ick, ¿la chica es Kei?

Y Will, por supuesto. Will había supuesto en él, en su vida, un cambio importante. Él era otro de sus mejores recuerdos con Kate, sin embargo su inocencia le hacía sonreír, le divertía y él era el único ajeno a su dolor, a la ida del amor de su vida y el que quería estar a su lado todo el tiempo. Con Will había demostrado la seriedad y la reponsabilidad en los tiempos duros, y eso suponía sentar la cabeza.

Llevaban varios minutos viendo videos de la cámara de Jake. La habían conectado a través de un cable HDMI, por lo tanto se había expuesto a verla a ella, a los dos juntos, pero no esperaba recordar ciertas cosas. Ellos le habían avisado, le habían preguntado, no obstante él había aceptado las consecuencias desde el principio.

Kate estaba en pantalla, susurrando algo que tenía que ver con aquella herida que se abrió cuando se fueron de acampada. No pudo evitar sonreír al oir su risa mientras lo grababa durmiendo, a él.

No recordaba eso, y no era porque estuviera durmiendo,pues en un momento de la grabación ella se había acercado a él y le había besado. Él había correspondido su beso con los ojos cerrados, sin embargo había seguido durmiendo.

-Si alguna vez ves esto, Rick. Quiero que sepas que te quiero.-escuchó su voz. Esa voz tan familiar y ahora desconocida y dolorosa que no le dejaba tregua ni siquiera cuando dormía.

Sus "te quiero" seguían presentes, y eso era un cuchillo clavado directamente en lo más profundo de su alma.

No dijo nada, no porque no quisera, sino porque no podía. Las lágrimas brotaron de sus lágrimales con la mayor facilidad que podía haber pensado. Sabía que sus amigos lo miraban, pero él continuó mirando el vídeo. Sorbió por la nariz con fuerza, limpiándose al mismo tiempo las mejillas con el dorso de sus manos.

-Sí, enano, es Kate.-respondió al fin.

Will lo miró curioso. Sus enormes ojos examinando la cara de su tío.

-Quieo ve a Kei.-se mordió el dedo índice y añadio.-¿Cuando venda a veme?

Rick miro de reojo a sus dos amigos, callados, sin saber muy bien qué decir o hacer, solo expectantes.

-No vendrá, Will...

-¿Po que?-se puso en pie, haciendo que Rick rodeara su cintura con el brazo como seguridad anticaidas.

-Porque Kate está en otra ciudad, y bueno, no puede venir.

Will agachó la mirada, no muy convencido con lo que su tío le explicaba. En el fondo, Castle comprendía sus ganas de verla, casi como él. Kate había jugado con el pequeño y se había ganado su confianza. Explicarle a un niño que todo había acabado resultaba complicado.

-Bebé, ¿te vienes aquí y ponemos los dibujos?-intervino Scarlett.

Rick lo agradeció interiormente. Si seguía hablando sabía que rompería a llorar y no habría consuelo que lo calmara. Will caminó entre sus piernas hasta llegar dónde estaba Scarlett y se sentó con ella.

-Voy a salir un momento, ¿podeis?-señaló al pequeño, que en ese momento jugaba con el mando de la televisión.

La pareja asintió al unísono. Necesitaba estar solo, y más después de haber revivido eso. Lo comprendían.

Dejó un beso en el pelo de Will antes de coger su cazadora de cuero y su bufanda y cerrar la puerta tras de sí.


La casa de Kate le había gustado desde siempre. Una casa sencilla, de dos pisos, con un pequeño jardín trasero y otro delantero. No sabría decir cuantas noches habían pasado juntos en el porche, sentados en ese columpio de madera. Hablando, riendo, viendo el tiempo pasar, cualquier cosa, pero en compañía del otro, mientras sus padres estaban fuera o incluso dentro.

Las veces que había trepado por su ventana, queriendo verla a escondidas para luego irse tarde o las veces que se había quedado a dormir ahí, con ella, sin que nadie supiera nada.

La cama se le hacía inmensa por las noches al no tener a nadie a quién abrazar. Parecía que su cuerpo se había amoldado al de Kate, a la forma en la que la rodeaba por la espalda o aspiraba el aroma de su pelo. Todos esos detalles eran inolvidables.

Metió las manos en los bolsillos, buscando algo de calor pues las temperaturas eran muy crudas. Cada vez que suspiraba, una bola de vaho escapaba entre sus labios y muchas veces pensaba que eran trozos rotos de su alma, que corrían con la necesidad de encontrarla.

Johanna abrió sin hacerse esperar. Su habitual y amable sonrisa iluminando su rostro. Sintió como una bofetada le golpeaba en la cara ante el gran parecido madre e hija que tanto solía gustarle.

-Rick.-su tono de voz sonaba sorprendido, no obstante no dejó de sonreir en ningún momento.

Él tampoco se hubiera imaginado a sí mismo tocando la puerta de su ex novia, buscando Dios sabe qué.

-Hola, Johanna.

-Oh,dios, pasa.-lo agarró del brazo con suma confianza al notar el desgarrador frío de la calle. El chico agradeció que la calefacción estuviera enfuchada, sus huesos lo agradecieron, mas bien.-Hace un frío de mil demonios.

Alzó la vista automáticamente esperando verla al final de la escalera, en shorts y tirantes y con su pelo recogido de esa forma tan irregular y a la vez suya. Pero ella no estaba ahí.

Siguió andando a través del recibidor hasta entrar en el gran comedor. Jim debía estar trabajando viendo la hora que era, así que sería más cómodo hablar con Johanna sin su presencia. Jim había sido siempre un gran suegro, no tenía ninguna queja, sin embargo siempre había conectado más con ella.

-Es lo que tiene Enero...-comenzó a decir al mismo tiempo que se sentaba en el sofá de cuero.

-¿Quieres tomar algo, cielo?

El escritor negó sonriendo, solo estaría un par de minutos. Ese era el epicentro de su dolor, quedarse más tiempo sería algo mortal. Lo que si que hizo fue aflojar la bufanda de su cuello para no sudar.

-No, gracias Johanna.

La mujer lo miró con compasión. Hacía semanas que no lo veía. Estaba más delgado. La barba de varios días pronunciaba sus facciones. Lo veía más... maduro. Tenía un aura de seriedad que nunca antes había visto en él. Rick siempre estaba riendo, haciendo bromas con su hija, y eso era lo que más adoraba del chico, a parte del claro amor que sentía por ella.

-¿Estás bien?

-No.-respondió.

Sincerarse no entraba en sus planes, pero Johanna tenía algo que te ayudaba a hablar.

-Oh, cariño...-se sentó a su lado, queriendo transmitirle apoyo.

Conocía su situación con Kate, no todos los detalles, pero sentía que él no merecía lo que le estaba haciendo. Tampoco podía decirle a su hija qué hacer, pues se trataba de su vida.

-Yo, no sé que pasa Johanna. Llevo meses sin hablar con Kate, sin saber nada de ella. Ni siquiera ha sido capaz de decirme algo al venir a pasar las navidades.-se frotó las manos por la cara, queriendo que esa frustración desapareciera.-Solo quería preguntarte a ti si dijo algo cuando vino, si... no sé, dijo algo de mi.

Johanna frunció el ceño. Debía decírselo, lo merecía, por mucho que Kate no quisiera, no podía seguir así, en un constante interrogante que no le dejaba vivir.

-Kate no es lo que era antes.-comenzó a decir.-Lo noté desde el primer día que estuvo de vuelta. Hay algo en ella que no encaja. Sigue siendo mi niña, pero no se comporta igual. Está mucho más cerrada, más... metida en sí misma.-Johanna se mordió el labio inferior.-Lo de Mike ha podido con ella. En la academia está genial, es excelente y le gusta, pero vive por y para descubrir lo que sucedió con su hermano.

-Eso no le da derecho a odiarme.-replicó éste sintiendo las inminentes ganas de llorar.

-No, cielo, no te odia. Al revés, te ama y es por eso que está alejándote de su vida. Prefiere hacer que la odies a que ella acabe con tu vida al haber cambiado. Es por eso su forma de actuar, por eso no llama, por eso no quiere verte, porque si lo hiciera, no podría, necesitaría regresar a tu lado y ella solo puede seguir con el caso de Michael, al menos ahora.

Rick frunció el ceño. Se pasó las manos por el pelo, desde la nuca hasta la frente. ¿Qué debía decir ante eso?

La verdad le había golpeado de frente. Eso significaba que debía continuar con su vida, pues Kate había decidido llevar la suya por otro camino.

-Me prometió que esto no pasaría.-musitó enterrando la cara entre sus manos. No podía llorar, no delante de Johanna.

-Entiende que ella... no está pasando por un buen momento. Ha perdido a su hermano, no está... muerto, sino desaparecido y ella tiene la esperanza de poder encontrarlo.-los ojos marrones de Johanna estaban cristalinos.

El recuerdo de su hijo era una de las cosas que más la entristecían, y algo de lo que le costaba muchísimo hablar. Ella había asumido las circunstancias, en cambio Kate había decidido basar su vida en ello de forma errónea.

-Me duele que me olvide, porque yo la amo. La amo tanto que iba a casarme con ella.

Eso dejó sin palabras a la mujer, quien chasqueó la lengua y respiró largo y tendido. Le encantaría que su hija volviera y siguiera adelante con ayuda del pobre chico que se lamentaba a su lado. Sin embargo, no era decisión suya.

-Rick.-le agarró la cara entre sus manos. Realmente le dolía verlo así.-Kate se ha ido a Rusia durante un año, ella quiere continuar allí la academia y conoce el idioma. Yo te aprecio, pero no puedes esperarla, no puedes. Eres un gran escritor, tienes un potencial increible y te mereces algo mejor que todo esto. Ella es mi hija, y la amo, pero si quiere arruinar su vida y sacarte de ella para que tú no sufras, es por algo, ¿entendido?

El escritor asintió, tragando con fuerza. Al cerrar los ojos una lágrima volvió a caer, la cual limpió Johanna con el pulgar, en silencio.

-Muchísimas gracias Johanna, Kate no sabe la madre que tiene.-le dio un beso maternal en la mejilla y un fuerte abrazo.

Le dijo que seguirían en contacto, pues si era escritor ahora, siempre sería gracias a Jim. La mujer asintió feliz desde el sofá, observando como el mejor hombre que había encontrado su hija salía por la puerta, y no solo la de su casa, sino la del corazón de Kate.


Caminaba calle arriba, sin un rumbo fijo, simplemente caminando y esperando a que su cabeza asimilara toda la información que Johanna le había proporcionado.

Así era, su novia se había ido a Rusia, a seguir con el caso de su hermano. Él sabía el peligro que corría allí, sabía que si daba un paso en falso podría pasarle algo.

Estaba seguro de que Espósito estaría al tanto, cuidando de ella y guiándola en ese mundo. Un mundo del cual ella lo había echado. Seis meses pensando que la culpa había sido suya, cuando en realidad Kate lo amaba tanto que no podía dejarlo a su lado.

Rió entre dientes, con los ojos llenos de lágrimas y una rabia latente en su cuerpo incapaz de expresar sin romperse algo.

Quiso gritar su nombre, patear algo, coger un avión hacia Rusia, llamarla tantas veces hasta que ella contestara o lo bloqueara. Quería tantas cosas que ni siquiera se dio cuenta de que una chica estaba parada delante de él, de espaldas, y no lo vio hasta que la sujetó cuando estaba a punto de caer.

-Joder, lo siento, no miraba.-ella se giró, ceñuda y parecía querer gritarle algo, pero una vez se hubieron mirado los dos a los ojos, todo eso desapareció.

Rick se sorprendió ante su pelo rojizo y sus ojos verdosos, tan verdosos que parecían el color de un kiwi una vez abierto. Y su piel, tan pálida resaltaba sus adorables pecas.

Ella lo conocía. Richard Castle era un nuevo descubrimiento dentro de la literatura. Su libro eran genial, tenía un don para plasmar las historias y era una gran admiradora de su talento, de él en sí.

-Tranquilo, estoy bien.-respondió comprobando que la pantalla de su móvil no se hubiera roto después de la caida.

Rick siguió mirándola, arrepentido y a la vez cautivado por sus enormes ojos. No sabía quien tenía más protagonismo ante su evidente belleza, sus ojos o su pelo.

-Soy Rick, Rick Castle.-respondió embobado ofreciéndole la mano.

La chica dudó unos segundos, sin embargo terminó estrechándosela. Los dos llevaban guantes de cuero y el sonido de las dos telas rozándose quedó entre los dos.

-Me llamo Meredith.-susurró ella incapaz de apartar la mirada de sus preciosos ojos azules.