¡Última actualización! Vamos por el último outtake

Capítulo 53: Outtake "Despedida de soltera"

— ¿Entonces no hay manera alguna de hacerte cambiar de idea en cuanto a mi despedida de soltera? —le pregunté a Rosalie.

—Oh, no. Tu despedida de soltera se convertirá en el medio perfecto para vengarnos de ellos —señaló a los chicos que se encontraban preparando la carne en el asado.

—Pero no es nada que llegue a niveles de extravagancia ¿cierto? —las miré asustada.

—Bella, el chiste de una despedida de soltera es que sea extravagante. Son tus últimos días como mujer soltera —dijo Alice saltando en su silla.

—Alice, despertarás a Hasret —le dije al ver que mi pequeña se agitaba en mis brazos.

—Ups, lo siento mi pequeña y hermosa sobrina —acarició la mejilla de Hasret, admirando su obra.

Había ido de compras un día antes y le había comprado montones de vestidos, pantaloncitos, pijamas y de todo. Ese día decidió colocarle un blusón azul marino con unos pantalones cortos blancos y como accesorio una diadema blanca. Se veía divinamente adorable. Alice la había vestido como ocasión de su primera parrillada en familia.

—De acuerdo, entonces a qué hora debo esperarlas mañana —pregunté.

—Pasaremos por ti a las nueve y media. Todo ya está arreglado para llegar y entrar a divertirnos —dijo Rosalie emocionada—. Recuerda llevar algo ultra sexy —me dijo.

—Oh, ponle palomita a eso. Su atuendo ya lo tiene, se lo he comprado —Alice nos guiñó uno de sus ojos perfectamente delineados.

—Chicas, sólo prométanme que no tendré que hacer cosas que no quiero. No quiero a tipos restregando sus pelotas en mi cara —hice un gesto desagradable.

—Bella, qué clase de novia eres tú —gruñó Rosalie.

—Es sólo que al final Edward regresó y no se dejó engatusar con alguna de esas chicas.

—Bella —habló Rosalie con una tranquilidad fingida—. Nuestros hombres fueron a un club a ver a mujeres desnudas bailarles y restregarse en ellos. Me dejo de llamar Rosalie Hale- Swan si no hago que tu hermano se arrepienta de haber elegido ese lugar para la despedida de soltero de Edward. Así que pienso pasármelo bomba con cualquier chulito lleno de músculos.

— ¿Por lo menos estarán guapos? No me malentiendan, pero no quiero ver bailar miserias frente a mí cuando tengo a Edward en casa —le dije.

—Con quién crees que estás hablando. Recorrí todo New Haven en busca del club con los hombres más apetecibles —me guiñó un ojo.

— ¡Aja! —escuché un carraspeo detrás de mí—. Rosalie eres muy amable, pero mi Bella no necesita de eso.

Me giré hacia Edward que ya tomaba lugar a mi lado.

—Uno nunca sabe. No lo sé, quizá Bella podría encontrar un hombre lo suficientemente bueno para mandarte a volar antes de la boda.

¿Qué demonios le pasaba a Rosalie?

Edward abrió los ojos de par en par, por un par de segundos pareció realmente asustado.

—Eso nunca pasará —aferré la mano de Edward.

—Te amo —dijo llevándose mi mano a sus labios.

—Ustedes son demasiado empalagosos —dijo Emmett mientras se acercaba—. Ya está la comida —nos avisó.

—Iré a dejar a Hasret al moisés —me levanté con ayuda de Edward.

—Déjame, yo lo haré.

Le tendí a nuestra bebé y él la tomó con demasiada delicadeza, como siempre. Le di el monitor para que lo colocara en el moisés que estaba bajo el tejado del patio y pudiéramos estar al pendiente. Edward la dejó con cuidado y la cubrió con una manta delgada, comenzaba a hacer un poco de frío.

—Así que ya estamos listos para la semana que viene —dijo Alice—. Bella, recuerda que tendemos que ir mañana por tu vestido.

—Entendido capitana.

—El vestido de Hasret ya lo tengo, se verá divina —volvió a señalar Alice—. Así que todo ya está listo. Sólo falta que den el sí.

—Estoy ansioso por ello.

Los ojos de Edward se centraron en mí y no pude evitar el sonrojarme.

—Yo sólo pido que me dejen comprar la lencería que usará Bella debajo del vestido —pidió Edward y nuevamente no pude evitar sonrojarme.

— ¡Edward! —le recriminé.

—Ni de chiste, hermanito.

— ¿Podemos dejar de parlotear sobre la boda de estos dos y comer? —gruñó Emmett.

Comimos y continuamos hablando de la boda. No podía creer en sólo en una semana sería la esposa de Edward. Él insistía en que sólo era un trámite puramente legal para hacerlo valer ante el resto de mundo, para él yo era su mujer desde el momento en que acepté estar con él después de todo el drama. Yo me sentía de la misma manera. Me emocionaba la boda y ser llamada su esposa, pero sólo era un requisito más, estaba atada a él de maneras mucho más firmes y fuertes que un trozo de papel.

Después de comer, los chicos nos ayudaron a recoger todo y se marcharon. Alice me hizo jurar que no haría nada para escaparme de la despedida de soltera. Tuve que jurarlo de manera resignada; realmente preferiría no ir, o quizá sí, si no estuvieran involucrados bailarines exóticos con una tanga puesta.

Nuestra pequeña que ya estaba despierta luchó para hacernos saber que moría de hambre, la tomé en brazos y la llevé a su habitación para poder amamantarla. Edward nos acompañó, tenía un gusto particular por verme amamantar a nuestra hija. Mientras lo hacía, Hasret colocó una mano de manera posesiva sobre mi pecho y sobaba con sus delicados dedos. Sus ojos estaban fijos en mí. Esos hermosos y brillantes ojos verde agua.

—Son tan hermosas —levanté los ojos hacia Edward, se veía realmente embelesado por la escena.

—Amo sus ojos —le dije—. ¿Quién diría que terminaría sacando los ojos de la abuela Cullen? Y sus sedosos mechones cobrizos igual a los de su padre —acaricié su cabecita y ella sonrió.

—Nuestro siguiente hijo tiene que tener tu cabello chocolate —me dijo.

—Alto ahí, Cullen. Un bebé a la vez.

—Los hacemos divinos ¿no es así?

—Sí, pero no me pondré como globo de nuevo hasta dentro de unos años —le advertí.

—Bien, pero tendremos mínimo otros dos, o quizá tres —besó mi coronilla y después la de Hasret.

—Esa idea me parece bien.

—Tengo que corregir algunos balances. Te veo en nuestra habitación —me dijo antes de salir del cuarto de la bebé.

Antes de salir de la habitación de Hasret dirigió una mirada hacia nosotras.

—No me agrada la idea de que vayas esta noche —me dijo Edward.

—Yo también preferiría no ir y quedarme con ustedes —acaricié la mejilla de Hasret mientras era sostenida por Edward para bañarla.

—Sé que habrá esos bailarines todos musculosos, pero nada de bailar con ellos ¿cierto? —preguntó con ¿temor?

—No tengo muy claro qué es el show que tienen preparado, pero tampoco me hace ilusión el ser manoseada por alguien —murmuré.

—Manoseada, a qué te refieres con manoseada —preguntó indignado—. Esos hombres no te pondrán una mano encima.

Tomé a Hasret de sus brazos y la coloqué sobre su asiento para el baño. Ella inmediatamente comenzó a golpear y salpicar agua. Sus risas eran demasiado tiernas.

—Bueno, Edward. Uno no puede controlar los movimientos durante el baile. Ya sabes —le piqué un poco y traté de ocultar mi sonrisa.

— ¿Movimientos? ¿Qué movimientos? Le llamaré a Alice y le diré que estás muy enferma —salió del baño apresurado.

—Ja, tu padre cree que podrá contra tu tía Alice. Suerte con ello —le dije a Hasret mientras lavaba su cabello.

A los pocos minutos regresó Edward con un rostro abatido. Alice lo había mandado al demonio. No pudo ser otro el resultado. Cómo podía pensar que Alice se creería esa excusa y ahora, con mayores motivos, me pondría a bailar con algún hombre todo esteroides.

—Y qué fue lo que sucedió.

—Pff, Alice amenazó con no dejarme verte hasta el día de la boda si continuaba intentando estropear tu despedida de soltera —gruñó.

—Ya lograremos pensar en algo. Anda ayúdame a asear a Hasret.

Se puso en cuclillas y comenzó a untar el jabón en sus bracitos, barriguita, piernitas y yo lo iba enjuagando. Nuestra pequeña era más que feliz ahí adentro. Era todo risas y balbuceos. Terminamos de bañarla y la llevamos a su habitación para cambiarla. Mientras yo la secaba, Edward preparaba todo lo necesario: su pañal, talco, su ropa y zapatitos. Rodé mis ojos al ver la ropa que Edward había elegido para nuestra hija. Me había pasado un lindo mameluco completo, rosa con puntos blancos, con las palabras "Daddy loves this girl" y unos diminutos Converse rosas también.

— ¿En serio? —le dije y él sólo se encogió de hombros.

Habíamos decidido comprarle en una salida familiar algunos mamelucos y bodysuits con frases parecidas. Había desde "I´m cute. Mom´s cute. Dad´s lucky" "Daddy´s little sunshine" "Of course I´m smart. Have you met my mom?" entre otras tantas, que claro Alice había querido tener la suya y le había comprado una y luego Emmett no quiso quedarse atrás. Aunque esas dos preferíamos dejarlas fuera de las opciones.

—Lista. Estás hermosa —cargué a mi pequeña.

—Como tu madre —dijo Edward detrás de mí—. Sí que eres amada por papá.

Nos quedamos un rato más en la habitación de Hasret jugando con ella y leyéndole historias. Edward puso un piano para bebés delante de ella, pero seguía siendo muy pequeña para eso. Mi hermoso futuro marido no perdía la esperanza de enseñarle a tocar algún día.

Edward tenía a Hasret acostada boca abajo sobre su pecho mientras ella dormía, por mi parte terminaba de arreglarme para estar lista en cuanto Alice llegara. Decidí usar una falda negra y una blusa de seda color vino sin mangas y para rematar unos tacones negros. Mi cabello estaba perfectamente acomodado con sus ondas naturales y el maquillaje cargado en los ojos para ser más sutil en los labios. Me coloqué los dijes de Edward y mi anillo de compromiso y listo, estaba lista para irme a la tortura.

—Te ves muy hermosa —me dijo Edward.

—Gracias. Ya no suenas tan desesperado por impedir que vaya a esa fiesta.

Él se encogió de hombros.

—Tengo la esperanza de que puedas escaparte como lo hice y no sé, quizás algún bailarín exótico particular te esté esperando en casa. Ya sabes, no queremos que pase desapercibida tu última noche salvaje.

—Umm resulta realmente tentador. Podría llegar a pensarme la idea del bailarín privado ¿Cómo es?

—Me han dicho que es bastante guapo, tiene el cabello cobrizo, ojos verdes, alto y una sonrisa que podría dejarte sin aliento.

—No digas más, me pongo húmeda de sólo imaginarlo. Definitivamente quiero poner mis manos en él.

—Bella —gruñó.

—Tú comenzaste con el juego.

—Y pretendo terminarlo cuando llegues a casa.

¡Dios! Si no fuera porque nuestra pequeña dormía encima de él ya le hubiera saltado y follado. Lucía realmente increíble con esa playera negra que se pegaba de manera perfecta en sus músculos. Y esos jeans que caían de sus caderas de muerte. Ufff. Alice y Rosalie no entendían que yo no necesitaba a ningún hombre fortachón, con kilos de gel en su cabello cuando tenía al hombre más perfecto en mi cama. Con los músculos en los lugares adecuados y del tamaño ideal, con ese cabello revuelto que gritaba ¡Sexo a la vista! Y ¡Joder! Esos ojos que me acariciaban completita con una sola mirada, despertando un hormigueo placentero por todo el cuerpo. Él era el encargado de hacerme pasar la noche más salvaje de mi vida como soltera y sería quien tomara la tarea de hacerlo en mi vida de casada.

—Bella, si te muerdes ese labio voy a llevar a nuestra hija a su cuarto y regresaré para tomarte de tal manera que mientras estés con esos hombres recuerdes que he sido yo quien ha estado entre tus piernas.

¡Oh, joder!

—No me importaría que lo hicieras —murmuré.

Tomó a nuestra bebé y la llevó a su cuarto para que durmiera cómoda y tranquila. Lejos de los pensamientos y comentarios poco decorosos de sus padres.

—No pienso hacer enojar a ese par —dijo refiriéndose a Alice y Rose cuando volvió a entrar a nuestra habitación—. Las conozco y sé que son completamente capaces de alejarte de mí hasta el día de la boda.

—Pero tú encontrarías una manera de verme ¿no es así? —le dije acercándome a él.

—Tenlo por seguro, preciosa. Adonde sea iré y te encontraré.

Me estrechó entre sus brazos cuando estuve frente a él. Tomé su cara entre mis manos, pasé los dedos por los rastros de su barba sin afeitar en un par de días. Era realmente sensual y me deleité con la sensación. Sus ojos bajaron a mis labios y los fijo ahí, mordí mi labio para tentarlo todavía más. Al ver que no dio el primer paso, fui yo quien lo dio. Fijé su rostro y me acerqué a besarlo. Acaricié su labio inferior con la punta de mi lengua y el me dio el acceso que le pedí. Moví mi lengua contra la suya, deposité cada gramo del deseo que sentía por él en ese beso. Mis labios danzando con pasión junto con los suyos. Mi lengua recorriendo el interior de su cavidad y batallando contra la suya por dominar el beso. Edward bajó sus manos hasta mi trasero, lo apretujó y me tomó de ahí para cargarme y dejarme caer en la cama. Sus manos comenzaron a masajear mis pechos mientras que su boca ahora se dirigía a mi cuello, dándome tiempo para respirar. Estaba por pedirle que me desnudara cuando la voz en grito de Alice nos hizo separarnos y saltar del susto.

— ¡Edward Cullen aparta tus manos de mi amiga!

Alice entró como huracán en nuestra habitación y lo apartó de mi lado. Ugh. Teníamos que parar con eso de dejar la puerta abierta de la casa para cuando ellos quisieran entrar. Era fastidioso.

—Y tú no puedes resistirte —me acusó.

—Lo siento, Alice. En esta ocasión fui yo quien lo seduje a él.

—Ni así lograrás escapar de tu despedida de soltera. ¿Falda, eh? Buena elección.

Edward frunció el ceño al escuchar sus palabras. Alice sin prestarle atención tomó mi bolso y mi gabardina y me arrastró con ella. No me dejó despedirme ni de Edward ni de Hasret. Edward iba detrás de nosotros.

—Alice, más te vale que vuelva sana y salva. Mi hija y yo la necesitamos —gritó detrás de nosotras.

—Edward, no seas exagerado. Sólo iremos a que baile un poco con algún hombre encuerado.

Alice no le dio tiempo para responder ya que cerró la puerta en cuanto salimos. Continuó arrastrándome con ella hasta que llegamos al carro de Rosalie.

Llegamos a un club, que a primera vista no lo parecería, sino más bien un restaurante exclusivo. Nos adentramos, Rosalie dio su nombre y nos hicieron pasar por un privado. Mientras caminábamos pude observar a varias chicas bailando sobre un escenario. No. Corrección a varias chicas siendo espectadores de bailarines que arrimaban su cuerpo y ellas realmente lo disfrutaban. Pasaban sus manos de manera ambiciosa por los pectorales, abdomen, piernas y trasero de los bailarines.

—Llegamos —nos dijo la mujer que se encargó de conducirnos— El champán está en la hielera, los aperitivos ya preparados y listos para degustarlos. Mis chicos vendrán a atenderlas cuando ustedes me lo indiquen. Sólo deben oprimir el botón pegado a la pared. Disfruten del espectáculo.

—Wow —fue todo lo que pude decir—. Esto es un club de strippers para señoras ricas.

—Bella, no te llevaríamos a cualquier lugar a arriesgarnos que cualquier hombre nos diera un show, para eso me quedo en casa con Emmett —dijo Rosalie—. Así que siéntate, prepárate, relájate y disfruta.

Rosalie se acercó a una barra que estaba en el lateral y se entretuvo algunos minutos, después se acercó a mí para darme un vaso de cristal con forma de pene ¿Existían vasos con forma de pene? Fue lo único que pude pensar.

—Se llama orgasmo —escupí la bebida.

—Bella no lo desperdicies —se quejó.

— ¿Qué? —pregunté— Estoy tomando un orgasmo. Vaya.

—Dios, Bella. Pareces una pura e inocente chica virginal.

Sólo me encogí de hombros y continué bebiendo. El orgasmo sabía realmente bien. Cuatro vasos después y ya estaba un poco achispada. Al parecer tenían más alcohol del que creí. Me imaginé que Rosalie los había preparado para logrear que me desinhibiera cuando el show empezara.

— ¿Y ahora qué? —pregunté al terminar mi cuarto vaso.

Sin decir nada, Rosalie presionó el botón que la chica nos había indicado. Las chicas me sentaron en una silla ubicada en el centro, había unas cuantas más.

— ¿Vendrás más personas? —pregunté.

—Sí, Ángela y algunas de tus compañeras de la universidad. Pero descuida, ellas llegarán más tarde.

Justo en ese momento apareció Ángela junto con otra chica que compartía varias clases con nosotras. Su nombre era Ellen. Se colocaron en las sillas a mi alrededor junto con Alice y Rosalie. Las luces comenzaron a ser más tenues y de pronto aparecieron tres hombres frente a mí. Dos de ellos morenos y uno, un intento de rubio. Los tres dotados de músculos, pero sin exagerar, eran guapos, pero nada que pudiera compararse con mi cobrizo. La música comenzó a sonar, siendo algo de hip hop, me pareció. Era la entrada y vaya que esos chicos sabían moverse. No era nada a lo que yo pensaba. Sus movimientos no eran vulgares, pero sí demasiado sensuales y agregando de a poco, pasos que incluyesen el irse desprendiendo de su ropa y menear el trasero para nosotras. Las chicas a mis lados estaban como locas y gritando con cada prenda que se desprendía de sus cuerpos. La música continuó hasta que los tres quedaron nada más y nada menos que con unos bóxeres ajustados de color negro y blanco.

El chico en el centro, uno de los morenos se acercó adonde estaba y me preguntó si era yo la novia, su cercanía me estaba haciendo sentir nerviosa, era demasiado cerca para mí, por lo que sólo asentí.

—Vaya, vaya, una novia tímida —acarició mi mejilla y mi sonrojo hizo acto de presencia—. Es una lástima, una chica como tú, tan hermosa y quedará fuera del mercado.

Regresó a su lugar y pude respirar tranquila.

—Veremos qué podemos hacer para hacer de este día inolvidable.

La voz gruesa del chico trataba de tomar un tono seductor, pero para mí era difícil cuando en casa tenía la voz aterciopelada y sensual, y por cierto de manera natural, de Edward. Los chicos comenzaron a bailar una nueva canción y continuaron haciéndolo de una manera que se mezclaba el ritmo de la música con sensualidad. Volteé a ver a las chicas y para mi sorpresa todas tenían puestas diademas o sombreros con formas de pene. Rosalie las estaba repartiendo. Vi hacia Alice quien tenía su boca bastante ocupada en un anillo de caramelo, cuando lo sacó me di cuenta de que el caramelo acompañaba muy bien la temática.

Fui sacada de mis pensamientos cuando uno de los chicos tomó mis manos. Me giré de inmediato hacia él, se trataba del mismo de la ocasión anterior. Hizo un recorrido con mis manos desde sus hombros, bajando por sus pectorales y abdominales hasta llegar a sus caderas. ¡Dios, no! Enredó mis dedos en su bóxer y fue bajando poco a poco. Giré mi rostro hacia otro lado. Lo achispado que estaba se esfumó y sólo pude sentirme nerviosa.

—No seas tímida, puedes mirar. Soy todo tuyo —dijo demasiado cerca.

Miré a Rosalie pidiéndole ayuda. La maldita estaba muerta de la risa por mi reacción, traté de recurrir a Ángela o Alice, pero ambas estaban ocupadas con los otros muchachos que bailaban para ellas.

El chico giró quedando de espaldas a mí y en un salto, demasiado hábil, estaba colocado encima de mi regazo, con su torso hacia delante y sus brazos extendidos tocando el suelo. Comenzó a hacer movimientos como si estuviera haciendo lagartijas, pero segundos más tarde me di cuenta de que los movimientos de sus caderas eran más parecidos a si estuviera… follando.

— ¡Dios! —chillé.

No podía estarme pasando eso. El chico recuperó su posición y de manera delicada tomó mi mano y depositó un beso en el dorso de ella. Estaba segura que eso estaba más allá de sus deberes como bailarín. Tiró de mí hasta hacerme parar y me llevó hacia el centro del pequeño escenario donde él y los otros chicos habían aparecido. Para mi mala suerte la música cambió y se volvió lenta y sensual. Me quedé parada sin mover un solo músculo, no quería ser malinterpretada e incitarlo, pero no sirvió de nada. Comenzó a pegarse a mí y moverse con movimientos lentos. Ondeaba su cuerpo para pegar su pelvis y su rostro. Su cara quedaba a escasos centímetros. ¡Dios, que parara! Pasó a la parte trasera de mi cuerpo e hizo los mismos movimientos. Podía sentir su aliento en mi cuello y su miembro tocando mi trasero.

—Eres una castaña muy bella —susurró—. Una última noche salvaje ¿eh? Puedo ofrecértela saliendo de aquí.

¡Lo sabía! Sus movimientos y todo era más de lo que debía hacer.

—Oye no te…

No me dejó terminar. Pasó uno de sus brazos por mi cintura, me giró y me cargó haciéndome rodear mis piernas en su cintura.

—Oye no…

—Shhh

Segundos después estaba recostada en el piso y él sobre mí bailando o lo que se supone que estuviera haciendo. Lo sentí restregarse. Mantuve mis manos pegadas a mí tratando de evitar tocarlo. La música paró y él me ayudó a levantarse. En cuanto estuve de pie caminé hacia las chicas y les informé que tenía que ir al baño. Me aseguré de tomar mi teléfono, quizá podía llamar a un taxi o a Edward. Los efectos del alcohol estaban regresando y no quería regresar a que Don Restriego Mi Paquete En Tu Culo hiciera de las suyas.

Mientras me dirigía hacia el baño sentí una mano firme y fuerte tomarme de la cintura y con la otra taparme la boca. ¡No podía ser! ¿Y si era ese bailarín que me había seguido?

El tipo que me tenía sujeta me arrastró por el pasillo hasta una puerta donde se leía "Salida de emergencia". Traté de poner resistencia agarrándome del marco de la puerta, pero no pude hacer nada para detenerlo. Pronto estuve fuera en un callejón que estaba al costado del club. Estaba casi oscuro, sólo por un farol en la esquina, que era el que proporcionaba la luz.

El hombre me pegó a la pared y su cuerpo en mi espalda. Estaba arrinconada, traté de morderlo para poder gritar y darme un tiempo para correr, pero no pude. La mano que estaba alrededor de mi cintura bajó por mi pierna hasta llegar al final de mi falda.

—Shhh. Soy yo —la voz ronca, aterciopelada y la más sensual me llegó.

— ¿Edward? ¿Qué haces aquí?

—Vine a rescatarte, pero veo que realmente lo estabas pasando bien —gruñó y me giró para quedar frente a él.

Mmm se veía realmente bien. Lo devoré con la mirada. Esos brazos fuertes, sus rasgos bien definidos. Ufff. ¡Dios, estaba buenísimo! Me sentí tan excitada en ese momento, imaginando que fue él quien hizo ese baile conmigo. Restregando su polla en mi cuerpo. Sin darme cuenta estaba jadeando.

—Al parecer sí que disfrutaste tu despedida de soltera —gruñó en mi oído.

—Edward ¿Cómo entraste? —fue todo lo que se me ocurrió decir.

—Ni creas que te dejaré regresar ahí. Ese hombre te tocó por todos lados —volvió a gruñir.

Uff estaba fruñendo. Sí, estaba enojado. Muy enojado y se veía condenadamente sexy. Ya sentía humedad entre mis piernas y tuve que apretarlas para darme un poco de alivio. Su ceño se encontraba completamente fruncido, casi podían tocarse sus cejas. Su mandíbula junto con el resto de su cuerpo tensos. Toqué su rostro e inmediatamente se relajó. ¿Por qué estaba tan enfadado? ¿Acaso no se daba cuenta que estaba excitada por él?

— ¿Estás molesto?

—No —no aparté mis ojos de él—. Bueno, sí.

—Pero por qué.

—Ese hombre te tocó por todos lados y bailó para ti. Parecía que te estaba follando —dijo amargamente—. Y lo que es peor ¡Te sonrojaste! ¿Por qué te sonrojaste?

—Edward ¿te estás escuchando? Es completamente absurdo lo que dices.

—No, ninguno de los otros bailarines hacía lo que ese tipo hizo contigo —gruñó.

No podía negarlo porque era verdad. El tipo moreno estaba haciendo un trabajo extra que no había sido solicitado.

—Edward, me sonrojé porque me sentí apenada y abrumada. No me gustaba que se acercara tanto y me incomodó el tener que tocarlo. Por eso me sonrojé. No tiene nada que ver con la manera en cómo tú me haces sonrojar como ahora —me mordí mi labio.

—Lo sé —admitió como niño pequeño—. Espera ¿qué? —me miró fijamente y encontró el deseo que sentía en ese momento.

—Estoy muy excitada, Edward. Fóllame, fóllame aquí. Tómame —vaya, el alcohol me había desinhibido como había querido Rosalie.

—Bella estás borracha. Anda vamos a casa —tomó mi mano y jaló de ella para comenzar a caminar.

—No —puse resistencia e hice pucheros como niña pequeña— Quiero que me folles, aquí.

Edward comenzó a reírse. Se estaba riendo de mí y eso me hizo poner mala cara. Bien, así lo quería.

—Ya no me deseas ¿verdad? —pregunté haciendo pucheros.

— ¿De qué hablas?

—Es eso, ya no me deseas. Quizá deba volver ahí adentro, después de todo debes admitir que ese chico se sabía mover —dije con una sonrisa traviesa en mi rostro.

Edward me fulminó con sus ojos, había fuego en esas esmeraldas y quería quemarme.

—Oh, quieres regresar ahí adentro. Así que se movía bien ¿eh?

Solté un grito cuando en un movimiento fluido me giró hacia la pared y me presionó contra ella. Sentí su cuerpo totalmente pegado a mi espalda y su respiración tibia en mi cuello. Hizo a un lado mi cabello dejándolo completamente expuesto, pasó la punta de su lengua en toda su extensión, el camino húmedo que dejaba a su paso provocó escalofríos cuando el viento lo acariciaba. Era delicioso. Subió mi falda con brusquedad, dejándome con el trasero al aire, cubierto sólo con mis bragas. Edward lo tomó con sus manos y comenzó a masajearlo mientras restregaba su erección cubierta por sus jeans. Gemí por la fricción.

— ¿Qué tan bien se movía Bella? —los movimientos de sus caderas eran una imitación de los de chico cuando bailaba para mí y parecía que me follaba. La diferencia es que con Edward se sentía de maravilla y eran más naturales y salvajes. Mi excitación aumentó.

—Anda, Bella, dime —continuó rosando su erección contra mi centro.

Aferró con una de sus manos mis caderas para mantenerme quieta y con la otra acariciaba mis pechos sobre la blusa. La apresura, desesperación, el salvajismo y por supuesto el alcohol, estaban haciendo que mi sexo se humedeciera en cuotas inimaginables. Deseaba sentirlo en plenitud, pero el momento por sí mismo; tener que hacerlo con ropa aún puesta era demasiado excitante, además estaba la posibilidad de poder ser atrapados en cualquier momento. Ya tendríamos la oportunidad de hacerlo bien en casa, con calma y sin ropa.

—Sí, lo hizo bien —jadeé cuando sentí su mano presionar mi clítoris sobre mis bragas.

—Esto será rápido, preciosa —advirtió.

No sabía a lo que se refería en específico hasta que lo sentí hacer un lado mis bragas y enterrarse de manera profunda en mí. Un movimiento. Una estocada.

— ¡Oh, Edward! —grité.

La sensación de ser expandida, llenada y colmada por su miembro era total y enloquecedoramente placentera. Mi cuerpo lo adoptó con rapidez. Tomó mis caderas con firmeza y salió de manera lenta hasta estar casi fuera de mí, y de manera rápida entró en mí. Solté un grito por la fiereza de su movimiento. ¡Joder! Jamás se había movido de esa manera. Y era exquisito. Salió de nuevo lentamente y me llenó. Repitió los mismos movimientos una y otra vez. Sentí mi vientre contraerse con fuerza. El orgasmo sería devastador. Y cuando estaba cerca de alcanzarlo decidió parar. Estaba por quejarme cuando me volvió a empotrar contra la pared y de nuevo dentro de mí.

— ¡Joder!

Sus caderas se movieron en círculo muy despacio, acariciando cada rincón de mi interior. Uff, era una tortura.

—Creí que habías dicho que sería rápido —me quejé y eché mi trasero hacia atrás buscando más, incitándolo.

— ¿Se movió bien, qué tan bien lo hizo?

Los círculos eran extensos, me acariciaba y en un movimiento dejó que la punta de su miembro tocara un punto más sensible. No podía pensar con coherencia. Sus manos acariciaban mis muslos mientras él seguía inmóvil tocando ese punto, sólo aumentaba de vez en cuando la presión y cuando mi vientre comenzaba a palpitar lo retiraba. Me estaba volviendo loca.

—Edward, por favor —sollocé.

— ¿Lo quieres preciosa? —preguntó cerca de mi oído.

—Oh, sí, por favor sí

Volvió a presionar. Joder. Joder. Joder. Sus manos subieron a mi trasero y lo apretujaron, después tomó mis caderas y las hizo hacia atrás.

— ¡Edward!

La presión se hizo más fuerte, pero no lo suficiente para dejarme llegar a mi liberación.

—Dime, qué tan bien se movió.

Mordí mi labio para reprimir un grito. Me estaba torturando y se estaba volviendo frustrante, pero al mismo tiempo excitante.

—No me quieres decir, Bella.

Se volvió a retirar.

— ¡No!

—Una vez más, Bella. Dilo.

Sin saber por qué, si era por lo excitante que era la tortura, por la valentía que me daba el alcohol o por no querer ceder respondí de la siguiente manera:

—Sí, se movió bien —jadeé.

Edward apretó el agarre en mis caderas.

—Quieres a alguien que se mueva bien, pues te lo daré, preciosa.

Sacó su pene casi en su totalidad, agachó un poco sus caderas y comenzó a embestirme de manera rápida, logrando que con el nuevo ángulo la punta de su erección golpeara y presionara justo ese punto sensible. Me sentí desfallecer por el placer. Se estaba acumulando una gran oleada en mi vientre. Mis piernas me temblaban y estaba por caer, pero Edward me sujetó y siguió embistiendo. Una, otra, otra, y otra vez. Y sin poder contenerme más lo solté. Mi cuerpo fue embargado por una corriente deliciosa, desgarradora y primitiva. Mi cuerpo laxo era sostenido por el de Edward que continuó embistiendo dentro de mí hasta llegar a su liberación. Estaba jadeando, buscando aire que pudiera revivir mi debilitado cuerpo, pero sabía que el único que podía hacerlo era él.

Edward salió lentamente, provocó un estremecimiento como última réplica del placer que me proporcionó. Me soltó por un momento para acomodarme mi ropa y después metió su semi erección a sus pantalones y subió su bragueta.

— ¿Estás bien? ¿No te lastime? —preguntó preocupado.

Sonreí por su gesto. Sólo mi Edward podía preocuparse por haberme lastimado después de semejante acto.

—He sido un poco brusco y…

—Tus movimientos estuvieron bastante bien —le corté—. Puedes volver a hacerlos cuando quieras.

— ¿En serio estás bien? —seguía preocupado.

Tomé su rostro entre mis manos y acaricié su rostro.

—Lo estoy, algo devastada por la magnitud del orgasmo que me has dado, pero sobreviviré —sonreí.

—Te amo —tocó la punta de su nariz con la mía.

—Y yo a ti. Mi celoso —sonreí.

—Entonces —dijo vacilante— ¿Me he movido mejor?

—Mmm, mucho mejor. No puedo esperar por llegar a casa y me muestres más de esos movimientos.

En ese momento escuchamos la puerta a nuestro lado abrirse y en ella apareció Alice. En cuanto vio a Edward sus ojos se llenaron de furia. Entrecerró sus ojos y caminó hacia él.

— ¿Qué estás haciendo tú aquí? —le apuntó con su dedo.

—Vine a rescatar a mi futura esposa de las garras de ese bailarín aprovechado —dijo.

—Es su trabajo —le regañó Alice.

—Ese chico la manoseó toda —gruñó.

—Ustedes dos son increíbles. Ni creas que no sé que también arruinaste la despedida de soltero de Edward —me apuntó a mí.

—Pero yo…

—Oh, no Alice. Créeme fue la mejor despedida de soltero —sonrió de lado al recordar mi atuendo que lo esperaba.

Edward llevó su mano a donde estaba la mía, pegada a mi muslo y se detuvo para acariciarme sobre la falda. Lo miré y le sonreí. Ya quería irme a casa a continuar lo que habíamos empezado en ese callejón.

— ¿Qué ustedes dos no pueden mantener sus manos lejos del otro? —preguntó Alice enojada.

—Me parece que no. Es mía —Edward entrelazó sus dedos con los míos y Alice nos dio un manotazo.

—Agh. Van a pasar toda su vida juntos ¿No tienen suficiente con eso?

Alice me miró mal cuando rodé el cuerpo de Edward con mis brazos.

—No —respondimos al unísono y empezamos a reír.

—Ay, ya márchense antes que me dé algo.

Ups, se había enfadado.

Abrió la puerta y se metió en el local dando un portazo que nos hizo saltar a Edward y a mí.

—Presiento que se vengará el día de la boda. Nos mantendrá separados —hizo un mohín.

—Ya encontraremos la forma de estar juntos —apreté más mi agarre—. Ahora, futuro esposo, lléveme a casa, sigo húmeda por esos movimientos.

Edward abrió los ojos de par en par y sin pensarlo, me tomó al estilo de novia y me llevó al carro para continuar mientras yo reía a carcajadas.

—Es una suerte que le haya dicho a mis padres que cuidaran de Hasret esta noche, podrás gritar todo lo que quieras, preciosa.

Vaya que mi despedida de soltera sería intensa esa noche y a la mañana siguiente.


Y hasta aquí llegó Say you love me, ha sido la última actualiazación. Espero que esta última actualización y toda la historia en general la hayan disfrutado.

No he respondido ningún review porque quiero agradecerles a todas por el tiempo que le dedicaron a esta historia, por estar al pendiente de cada actualización, por su apoyo y paciencia. Honestamente no sé si me animaría a continuar escribiendo estas historias si no fuera por ustedes, cada historia, cada capítulo ustedes me animan a seguir. Siempre he dicho que quienes hacen a los escritores, ya sea de fanfiction, libros, o lo que sea, son los lectores. Tengo la enorme fortuna de contar con su apoyo y no tengo palabras suficientes para agradecerles por ello. Sí, estoy un poco triste porque ha llegado el final, pero también me siento feliz porque logré concluir este proyecto y espero estar mejorando en cada historia.

Ya tengo una idea en mente para una próxima historia, pero realmente no tengo para cuándo empezar a escribirla, pero espero tenerlas como lectoras cuando llegue el momento.

¡MIL GRACIAS!

Att.

Dai :)

P.D. ¡Hasta la siguiente historia!