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-¡House! ¡Houuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuse!

-¡Deja de llamarme así!-dijo Cuddy bajando a toda prisa las escaleras que llevaban al sótano y entrando en la habitación privada de House.

-Pero eres House.

-De eso nada. No he renunciado a mi apellido.

-Pues renuncia. Me da morbo llamarme a mí mismo mientras echamos un qui-qui.

-¿Qué quieres?

-Me aburro.

-Te dije que te quedases arriba.

-No os quiero contagiar a todos.

-Te hubieses quedado en nuestra habitación.

-Si pillas la gripe estarás un montón de días haciéndote la víctima y te negarás a darme sexo.

-Bueno pues entonces deja de quejarte. No puedo estar todo el tiempo aquí abajo, House.

-Que mala leche tienes, House.

-La próxima vez que me llames House, dinamito el sótano.

-¿Qué estáis haciendo arriba?

-Alice se acaba de marchar y me iba a llevar un rato a los niños a la playa.

-Hace frío. Si alguno se te cae al agua, pillará una pulmonía. Mejor que se queden en casa y que tú te quedes aquí abajo.

-No pienso pasarme el fin de semana encerrada en tu sótano.

-¿Dónde está Laura?

-Se está arreglando. Van a venir a buscarla.

-¿Su novio?

-¿Qué? Laura no tiene novio.

-Claro que tiene. El otro día la trajo en moto a las tres de la mañana.

-No digas idioteces. Nunca llega más tarde de las doce.

-Llega a las doce y se vuelve a marchar. Qué ciega estás.

-¿Y estás seguro de que es un novio? Podía tratarse de un amigo.

-Un amigo no te mete la lengua hasta la campanilla.

-¿Se estaban besando?

-¿Lo ves? Tus hijos son unos descarriados y sólo te dan disgustos. Deberías quedarte aquí conmigo, que soy el que mejor te trata.

-House, esto es serio. Mi hija es demasiado joven para andar...

-¿Cuándo te morreaste tú por primera vez?

-A los dieciocho años, con el que después sería mi primer marido.

-Bueno, olvidémonos de ti. Eres una monja. Laura es normal. Es normal andarse dando besos furtivos a esas edades. Además, si tenemos un poco de suerte, la dejará preñada y nos libraremos de ella.

-¡House!

-Te llamas.

-No, me llamo Cuddy.

-Como quieras, Cuddy. Prepárate para ser abuela.

Cuddy decidió que ya lo había aguantado bastante y subió a buscar a los niños. House se tapó con las sábanas y se quedó dormido. Un par de horas más tarde se despertó con un pie en la boca. Era Mike, que le estaba dando de tortas a Rachel encima de su cama. House se incorporó y apartó a la niña de las zarpas del gorila que tenía por hermano.

-Sólo un asno mariquita como tú le pegaría a una niña tan pequeña-dijo acurrucando a Rachel entre sus brazos. La niña lloraba desconsoladamente debido al palizón que se acababa de llevar.

-¡No soy un asno, cojo capullo!

-Pero eres mariquita.

-¡No!

-Sólo los mariquitas le pegan a las niñas.

-El papá de mi amigo Charlie le pega a su mamá y no es mariquita.

-Puede que no sea un mariquita pero es un hijo de puta.

-¿Tú nunca le pegas a mi mamá?

-¿Te gustaría que le pegase?

-Si le pegas a mi mamá, te machaco.

-¿Y te parece bien que el padre de Charlie le pegue a su mujer?

-Y yo que sé.

-O te parece bien que un hombre le pegue a una mujer o no te lo parece.

-Charlie dice que es lo normal.

-Suele ser normal entre anormales. No vuelvas pegarle a tu hermana.

-Pues que a ti no se te ocurra pegarle a mi madre.

-Tranquilo, antes me pegará ella a mí. Tiene la mano muy larga.

-A mí a veces me pega.

-Ya lo sé. Es que te pones muy cargante.

-A mis otros hermanos no. A ellos los quiere más.

-Que va. Es que tú la sacas más de quicio.

-Laura la saca de quicio.

-Ya, pero Laura es mayor. Cuando tú llegues a su edad, tu mamá tampoco te pondrá el culo colorado como hace ahora. Además, no seas dramático, muy pocas veces te ha arreado.

-Muy pocas pero es que a ellos no les arrea nunca.

-Como te he dicho, Laura es mayor, Rob es un tarado...

-¿Y Rachel?

-Rachel es un encanto. A nadie se le ocurriría pegarle a semejante angelito.

-Todo el mundo dice que Rachel es un angelito. ¿Por qué yo no soy un angelito?

-Tú eres una fiera corrupia.

-¿Te vienes a jugar a la Play?

-No puedo, estoy enfermo.

-¿Qué tiene que ver? Me la traigo aquí.

-Nah, mejor que os larguéis. Si os pego la gripe vuestra madre me mata.

Mike echó a correr escaleras arriba, olvidándose por completo de su hermana. Rachel seguía acurrucada en los brazos de House.

-Vamos, no exageres. Los dos sabemos que es tu hermano favorito. Además, no te estaba pegando fuerte.

-¿Por qué tú no eres mi papá?

-Vaya, directa al grano. La respuesta es más complicada de lo que imaginas.

-Dime por qué.

-No lo soy porque no lo soy. O eres el padre de una persona o no lo eres. En nuestro caso, yo no soy tu padre.

-¿Pero porque no quieres?

-No se trata de que quiera o no quiera. Se trata de que no lo soy. Tu madre es tu madre porque es tu madre. Yo no soy tu padre porque no soy tu padre. ¿Entiendes?

-No.

-Mira, Rachel, yo sé que a tu edad es difícil aprender a diferenciar estas cosas. Yo soy el hombre que vive en tu casa y que duerme con tu madre y tu limitada lógica te hace pensar que debería ser tu padre. Pero no lo soy. Si mañana yo me voy y viene otro hombre a vivir con vosotros y a dormir con vuestra madre, tampoco será tu padre ni el padre de tus hermanos.

-Mis amigas del colegio se ríen porque no tengo padre.

-Así que se trata de eso. No quieres tener un padre porque sí, lo quieres para sentirte aceptada socialmente. No sabes cuánto te equivocas. No todo el mundo tiene padre.

-Todas mis amigas tienen.

-Bueno, seamos más precisos. Todo el mundo tiene o ha tenido padre en algún momento. Eso no quiere decir que el padre tenga que convivir con la familia.

-¿Yo tengo padre?

-Como te he dicho, tienes o has tenido. Pero es mejor que hables de ese tema con tu madre. Yo no tengo ni idea.

-¿Y por qué tú no quieres ser?

-Y dale. Que no es cuestión de querer o no querer. Es cuestión de ser o no ser, como diría el tipo ese que escribió Hamlet.

-Pero yo quiero que tú seas mi papá.

-Ya. Y me lo dices con lágrimas en los ojos y con esa cara que es idéntica a la de tu madre pero en miniatura. Y supongo que sabes que voy a ser incapaz de decirte que no. Putos críos manipuladores.

-Entonces, ¿sí?

-Supongo que sí.

-Pues si eres mi papá tienes que venir el miércoles conmigo al cole porque todos los papás van a ir a hacer una fiesta de los papás y les tenemos que dar unos regalos que hemos hecho.

-Ahora sí que me siento utilizado. Lo tenías todo planeado, ¿no? ¿Cómo ibas a ir a una fiesta de papás sin un papá? Y claro, al pobrecito House le toca cargar con el muerto.

-Me tengo que ir. Adiós papi.

La niña le plantó un beso en la mejilla y se marchó corriendo. House se tumbó de nuevo a dormir.

Por la tarde subió al salón. Se estaba aburriendo como una mona y Cuddy no bajaba a verlo. Al no encontrarla dentro de la casa, salió al exterior. La encontró en la parte trasera de la casa, al lado de varias cajas enormes que parecían contener madera de colores.

-¿Eso qué es?

-Se supone que una casita para niños. Me la ha regalado el representante de Laboratorios Cem.

-¿A cambio de...?

-Hacer publicidad de su empresa en nuestra clínica.

-Bueno, pensé que te había pedido algún favor sexual.

-Eso también pero le he dicho que me dolía la cabeza. No sé como montar esto.

-Yo no puedo ayudarte. Ya sabes, mi pierna.

-Chase tiene que conocer a alguien. Le han construido una cabaña en la playa en menos de un mes.

-Él se la ha construido.

-¿Él? Pues llámalo y que venga a montar ésta. Dile que se lo pagamos como horas extras.

-Bueno pero no lo metas en nuestra cama.

-Tranquilo, haré todo lo posible por contener mis instintos.

House se pasó toda la tarde con Chase, ayudándolo a montar la enorme casa infantil. Cuddy se había ido al pueblo con los niños y a él le apetecía pasar una tarde de hombres, lo que significaba beber mucha cerveza, hacer trabajos manuales y criticar a las mujeres.

-¿Por qué te empeñaste tanto con Cameron?

-No sé. ¿Por qué te empeñaste tú tanto con Cuddy?

-Me gusta Cuddy.

-A mí me gustaba Cameron.

-¿Cómo lo llevas desde...?

-Al principio, mal. Llevábamos muchos meses separados y sin vernos pero una noticia así nunca te deja frío. Sobre todo si se trata de alguien a quien has querido.

-Pero siempre es mejor que ocurriese cuando las cosas se habían enfriado entre vosotros. Quiero decir, mejor para ti.

-Evidentemente.

-Si a Cuddy le pasase algo ahora, supongo que saltaría de un puente.

-No creo que lo hicieses. Eso pensamos todos pero, a la hora de la verdad, no lo hacemos. El instinto de supervivencia es más fuerte. Y, en tu caso, también el sentido de la responsabilidad.

-¿Te refieres a los niños?

-Dudo que fueses capaz de dejarlos solos.

-Pues no sé. No creo. De todas formas esta noche hablaré con Cuddy para que no se le ocurra morir y cargarme el bulto.

-Sí, la verdad es que fue un grave error de mi parte no decirle a Cameron que no se dejase atropellar por una locomotora.

-A Cameron le molaba yo. No estaba muy bien de la cabeza.

-También le molas a tu mujer.

-Con ella me lo tuve que currar bastante. Cameron hubiese sido demasiado fácil.

-Si Cameron te hubiese puesto las cosas difíciles, ¿habrías ido a por ella como has ido a por Cuddy?

-No. No se trata de que me gusten los retos. Vale, me gustan los retos pero esto no tiene nada que ver. Cameron era atractiva pero no me atraía. Cuddy es atractiva y me atrae. ¿Ves la diferencia?

-Bueno, tú tuviste la oportunidad de tontear con mi mujer, ahora me toca el turno a mí de tontear con la tuya.

House le hizo un corte de mangas a Chase con las dos manos y éste decidió que ya había trabajado bastante por ese día.

-Por ahí vienen Cuddy y los niños-dijo el australiano.-Seguiré con esto en mi próximo día libre.

-No creas que vas a cobrar el trabajo.

-¡Si que has avanzado!-dijo Cuddy llegando a la altura de ambos.-Un par de días más y tendrán casa para independizarse.

-Dios te oiga-exclamó House.

-Cuando termine, prométeme que me invitarás a una taza de té dentro de tu casa de muñecas-dijo Chase dirigiéndose a Cuddy, mientras intentaba no mirar de reojo a House.

-A todas las que quieras-respondió ella.

-Supongo que no os importará si espero fuera con un cuchillo de cocina-añadió House.

-Para nada-contestó Chase.-Siempre y cuando nos dejes echar los cerrojos.

-Estás despedido.

-No, no lo está.

-¡Cállate, House!

-¡Que no me llames House, imbécil!

-Pues deja de imaginar que te tiras a Chase en la casa de muñecas.

-Me imaginaré que me lo tiro donde me dé la gana.

-Eres la vergüenza de los House.

-Mira quién fue a hablar. Dile a Chase que no está despedido.

-Pues claro que no está despedido. Tú estás despedida.

-¿Que yo estoy despedida? Mira que te arranco los pelos.

Chase se dio la vuelta sonriendo y se marchó. Sabía perfectamente como iba a acabar esa pelea y no pensaba quedarse allí en medio mirando como un idiota.

Una hora más tarde, House se dejaba caer sobre el cuerpo de Cuddy, totalmente derrotado por el orgasmo que acababa de tener. Sudaba y le temblaban las piernas pero sabía que en cuestión de minutos todo su cuerpo se relajaría y se podría dejar llevar por la más dulce sensación de paz que había conocido en su vida.

Cuddy sabía que a House no le gustaba hablar inmediatamente después de hacer el amor. Era un momento importante para él y ella había aprendido a respetarlo. Incluso en los días extraños en los que no conseguía quedarse completamente satisfecha, prefería dejarlo en paz y no interrumpir su descanso.

A ella también le gustaba ese momento. Quedarse entre sus brazos, escuchándolo respirar, la hacía sentirse segura. Como un náufrago que lleva siglos dejándose llevar por las inestables olas y que pisa por fin tierra firme.

-¿Estás despierto?-preguntó tras dejar pasar demasiado tiempo.

-Ahora sí. ¿Qué quieres?

-¿De qué has estado hablando con Rachel esta mañana?

-Te voy a pegar la gripe. Lo sabes, ¿no?

-Contéstame.

-Cosas de niños.

-Son cosas serias.

-Me ha puesto entre la espada y la pared.

-No puedes jugar con sus ilusiones.

-Lo he estado pensando. Quizá debería adoptarla.

Cuddy se incorporó, dejando que las sábanas resbalasen por su torso. House instintivamente le acarició un seno.

-¿Lo dices en serio?

-No veo por qué no debería hacerlo. Ya hemos formalizado todo lo demás.

-Pero no puedes adoptar sólo a Rachel y dejar al resto fuera...Sé que sientes algo más de apego hacia ella pero...

-Si lo hago, lo hago con todos. Menos con Laura.

-Laura se iba a negar de todas formas.

-Tengo que hacer testamento, Cuddy. No hemos hecho separación de bienes pero todo lo que tengo lo adquirí antes de que nos casásemos. Si me ocurriese algo, las cosas se te pondrían difíciles. Aún tengo una madre viva que estaría dispuesta a luchar por todo.

-¿Tu madre vive? No lo sabía.

-Llevamos años sin vernos.

-A mí me pasa lo mismo.

-¿Ah pero tu tienes madre?

-Sabes que tengo madre. Nunca nos entendimos. Lo mejor que podemos hacer es llamarnos sólo por Navidad.

-Volviendo al tema. Tengo que dejar las cosas bien atadas. Nunca se sabe cuando va a ocurrir algo y lo que menos quiero es dejaros en la calle.

-Hablaré con los niños mañana.

-Es un proceso largo. Lleva tiempo.

-Tenemos todo el tiempo del mundo.

Cuddy se inclinó y lo besó en los labios. Él aún seguía acariciando su pecho posesivamente e inmediatamente la volvió a tumbar en la cama. Las segundas rondas siempre eran mejores porque era capaz de tomarse las cosas con más calma. Pese a llevar meses acostándose con ella, seguía sintiendo la misma excitación del primer día y sus encuentros amorosos a veces eran demasiado rápidos y alocados. Por eso le encantaba que ella lo buscase para una segunda vez. Así podía asegurarse de que la dejaba satisfecha. Después podía dormir tranquilo, con ella entre sus brazos, sintiéndola respirar hasta la llegada del nuevo día.