y aqui viene algo grande jeje

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 43

-Después de todo por lo que hemos pasado, no entiendo cómo puedes estar nervioso por esto.

-No seas ridícula. No estoy nervioso -volvió a tirar del nudo de la corbata-. No sé por qué diablos dejé que me convencieras.

Complacida consigo misma, Kate iba sentada en el coche alquilado mientras se alejaban del aeropuerto de Los Ángeles.

-Me diste tu palabra de que podíamos ir a cualquier sitio que yo quisiera una vez que se hubieran arreglado las cosas. Y yo quería ir a la boda de tu hermana.

-Un truco impropio de ti, Doc, después de haberte salvado la vida.

Por eso mismo Kate estaba decidida a salvar la suya, o al menos una pequeña parte.

-La palabra de un hombre es lo que lo define -dijo con solemnidad, luego río cuando él la maldijo-. Vamos, Garrett, no seas cascarrabias. Es un día hermoso y creo que nunca he sido más feliz en mi vida. ¿Viste lo maravillosos que parecían Eleazar y Caitlin cuando los dejamos? No me puedo creer que se haya acabado, acabado de verdad.

-Se ha terminado -cedió lo suficiente como para apoyar una mano sobre la de ella-. Tu hermano y la pequeña pueden volver a Irlanda y olvidarse de todo esto. Con Husad y Kendesa muertos y el cuartel general de Martillo destruido, no tienen nada de qué preocuparse.

-Addison no quedó contento con que el proyecto Horizonte hubiera resultado destruido o con la negativa de Eleazar a duplicarlo.

Garrett emitió una risa breve. Quizá se había equivocado con los científicos... o al menos con algunos. Denaly había aguantado cara a cara con Addison, rechazando ofertas, súplicas, sobornos y amenazas. Kate había adoptado la misma postura, sin mencionar su memoria fotográfica y dejando a Addison y al SSI con unas cuantas notas manipuladas. Para bien o para mal, Horizonte estaba acabado.

-Pocas cosas le gustaron. Gruñó durante una hora por haber perdido una caja con armas, incluyendo una TS-35.

-Creo que lo que peor le sentaba era perder a uno de sus mejores agentes.

-No creo que él lo pusiera de esa manera -enarcó una ceja.

-Pero a mí me lo reconoció -se alisó la falda del vestido verde de seda, más elaborado que su estilo habitual, pero después de todo era la boda de Rosalie Cullen-. Esperaba que pudiera convencerte de quedarte a bordo, según sus propias palabras.

-¿Y qué le respondiste?

-Que estaba loco.

-Dentro de unos pocos días podrás volver a Nueva York. La habrás echado de menos, ¿no?

-En realidad no había pensado en ello. Supongo que todos en Random-Frye creen que me ha tragado la tierra suspiró, satisfecha-. Y en cierto sentido, así es. Aún no lo he decidido -no iba a volver a Nueva York ni ir a ninguna parte sin él. Lo que pasaba era que Garrett todavía no lo sabía-. ¿Y qué me dices de ti? ¿Te vas a ir directamente a las islas?

-Primero he de ocuparme de algunas cosas en Chicago -hizo una pausa, ya que aún no había asimilado todo-. Por algún motivo, Charlie me dejó su casa.

-Comprendo -sonrió feliz-. Así que al fin tienes un hogar, o eso parece.

-No sé nada sobre casas ni propiedades -musitó. Se hallaban en Beverly Hills, con sus mansiones y setos recortados. Era el tipo de lugar con el que siempre había soñado su padre. Pensó que los Cullen habían progresado en el mundo. Al menos algunos lo habían hecho. Volvió a tirarse de la corbata-. Escucha, Doc, esta es una mala idea. Podemos regresar al aeropuerto y volar a Nueva Zelanda. Es un país hermoso.

Kate se contuvo de recordarle que también estaba en el otro extremo del mundo.

-Una promesa es una promesa -le recordó con sencillez.

-No quiero estropearle la ocasión a Rosalie, ni al resto de la familia.

-Claro que no lo harás. Por eso vamos.

-No lo entiendes, Kate -y hasta ese momento no había sido capaz de explicárselo-. Mi padre jamás me ha perdonado por marcharme. Nunca entendió por qué tuve que hacerlo. Quería... Supongo que necesitaba que yo formara parte del sueño que él tenía. La Familia Cullen, con luces grandes y acentuadas. Broadway, Las Vegas, el Carnegie Hall.

Ella guardó silencio largo rato. Luego habló en voz baja, sin mirarlo.

-Mi padre jamás me perdonó, nunca me comprendió. Quería que fiera una cosa y yo siempre fui otra. ¿Te quiere tu padre, Garrett?

-Claro que sí, lo que pasa...

-Mi padre jamás me quiso.

-Kate...

-No, escúchame. Hay una diferencia entre amor y obligación, entre afecto verdadero y expectativas. No me quería, y es algo que puedo aceptar. Pero lo que no puedo aceptar es que jamás hice las paces con él. Ahora es demasiado tarde -lo miró, y aunque tenía los ojos secos, le brillaban por la emoción-. No cometas el mismo error, Garrett. Te lo prometo, lo lamentarás.

No supo qué decir, qué argumento ofrecer. Estaba allí porque lo había prometido, pero también porque quería ir. Las ideas, o quizá debería llamarlas sueños, que habían empezado a formarse no podría llevarlas a la práctica hasta que resolviera su vida. Y no podría hacer eso hasta que cerrara la distancia que lo separaba de su familia. De su padre.

-Podría ser el error más grande que hayas cometido -dijo al detenerse ante las puertas que guardaban la propiedad de Rosalie.

-Correré el riesgo.

-Eres una mujer terca, Doc.

-Lo sé -le tocó la cara-. Estoy arriesgando tanto como tú.

Quiso pedirle que se explicara, pero un guardia golpeó con delicadeza en una ventanilla.

-Llega pronto, señor -dijo cuando Garrett la bajó-. ¿Me permite ver su invitación?

Sobresaltada, Kate comprendió que no había pensado en eso. Antes de que pudiera hablar, Garrett sacó una placa.

-McAllister, Seguridad Especial.

La identificación parecía oficial porque lo era. El guardia la estudió, comparó la foto plastificada con Garrett, luego asintió.

-Adelante, señor -dijo, casi cuadrándose.

-¿McAllister? -le preguntó cuando subían por el camino privado.

-Las viejas costumbres tardan en morir. Santo Dios, qué lugar -la casa era enorme, blanca y elegante. La hierba estaba bien cuidada y recortada. Pensó en las habitaciones de hotel pequeñas que habían compartido, en las comidas que había preparado su padre en platos calientes, en los camerinos mal ventilados, en los distintos públicos que rugían casi tantas veces como aplaudían. Y en la risa. Y en la música.

-Es hermoso -murmuró Kate-. Como un cuadro.

-Siempre dijo que lo tendría -sintió orgullo, más profundo de lo esperado-. La pequeña lo consiguió.

-Hablas como un verdadero hermano -Kate río. La ayudó a bajar del coche un hombre uniformado, y de pronto se sintió tan nerviosa como Garrett. Quizá tendría que haberlo dejado asistir solo. No estaba preparada para conocer a la realeza, aunque fiera la de Hollywood-. Garrett, quizá yo no debería estar aquí -le dijo al tomarle la mano.

La puerta delantera se abrió de golpe. Una mujer con una mata salvaje de pelo negro y un vestido exquisito de color azul zafiro bajó corriendo la escalinata. Con algo parecido a un grito de guerra, se arrojó a los brazos de Garrett.

-¡Estás aquí! ¡Estás aquí de verdad! -con los brazos casi estrangulándolo y llenándolo de besos, Garrett apenas pudo hacer algo más que asimilar su aroma-. Sabía que vendrías. No me lo creía, pero lo sabía. Y aquí estás.


quieren saber mas?

jeje ya saben que hacer