One chance
Me sentía como aquellas damiselas en peligro de las películas de acción; no sabía a dónde iba, no sabía qué diablos sería de mi vida y lo peor, no sabía si alguien saldría herido de todo esto.
Con cada paso que se me obligaba a dar, escuchaba las sirenas más cerca; Lilith apoyó el cañón del arma en mi espalda siempre que intentaba atrasarlas, caminando más lento.
Querría poder gritar, hacer algo útil que sirviera de señal para que ellos supieran dónde estábamos, pero la mordaza en mi boca solo dejaba escapar algunos sonidos bajos e incomprensibles.
Cuando llegamos al coche, me empujaron hacia dentro, y pocos segundos después este ya estaba saliendo a gran velocidad. Sé que nadie pensaría en esto, pero yo estaba aterrada de miedo por no estar llevando el cinto de seguridad, me estaba balanceando de un lado al otro por culpa de la velocidad. Mis manos atadas intentaban buscar el cinto, pero mis ojos cubiertos me impedían la tarea, acabé encontrando el que no encajaba, y la única solución fue hacer un nudo ciego y rezar para que pasara lo que pasara, aguantara el impacto.
El sonido de frenadas me erizaba la piel y yo solo podía rezar en silencio.
Las sirenas de la policía, que habían quedado atrás, volvieron a escucharse y notaba cómo el coche aumentaba cada vez más la velocidad.
—¡Qué mierda!— gritó Lilith —¡Nos están acorralando!
—¡Solo acelera! No harán nada estando Regina aquí
Estaban demasiado ocupadas con la policía, y a mí me estaba dando un ataque por no poder ver lo que estaba sucediendo, así que llevé las manos a la capucha, pero antes de poder quitármela, sentí una mano agarrando mi brazo y las uñas clavándose en él.
—Ni pienses en hacer una tontería, querida— la voz de mi madre intentó sonar lo más calmada posible
Mi corazón se aceleraba con cada curva cerrada que el coche tomaba y con cada sonido de frenos.
Sentía cómo mi cuerpo temblaba.
En mí no cabía que esto pudiera acabar bien.
En realidad, no conseguía pensar en ello.
Mi mente le daba vueltas a todo lo que podría salir mal, y una posibilidad sobresalía sobre las demás, yo muerta; mis ojos lagrimearon solo con pensar que moriría y dejaría a mi hijo solo en este mundo tan cruel; tendría a mi hermana, claro estaba, pero todos sabemos que nada sustituye a una madre.
¡Ah, Henry!
¡En qué mierda de vida nos he metido a todos!
¡Cómo querría que mi padre estuviera vivo y Cora muerta, todo estaría tan bien, tan pacífico!
—¡Han cerrado el otro lado del puente!— gritó Lilith
—¡Pero qué mierda!— dijo Cora en el mismo tono
Escuché el sonido de un arma siendo engatillada.
—¿Qué estás haciendo?— preguntó mi madre
—¡Si yo muero, ella también!
—¡Suelta esa mierda y céntrate en el volante!
—¡Es el fin, Cora, y si sobrevivimos a esto, nos caerá la perpetua! ¡Y ya que mi destino está escrito, que sea por algo bien hecho!
No sé lo que sucedió después.
Parecía que las dos estaban luchando, y el coche se movía como si el volante hubiera sido soltado.
Se oyó un disparo.
Al principio me asusté, pero cuando se escuchó el segundo sentí que mi abdomen quemaba, irradiando un dolor horrendo por todo mi cuerpo.
Había sido alcanzada y no podía calcular cuán grave era, mi cerebro aún no lo había procesado.
El coche perdió el control, sentí que chocaba contra algo, y gracias al nudo improvisado del cinto no salí disparada. Un segundo impacto, mi cabeza chocó con fuerza contra el vidrio, y quedé muy mareada para saber qué estaba sucediendo.
Me palpé la cabeza, intentando recuperar mis sentidos y entonces noté que caía agua sobre mí.
Me retiré la capucha.
Intenté no entrar en pánico ante la cantidad de agua que estaba entrando en el coche.
A mi lado, Cora tenía el rostro lleno de sangre y estaba completamente inconsciente, y en el asiento del conductor, Lilith también estaba desmayada.
Me quité la mordaza e intenté deshacer el nudo que me ataba las manos; el dolor en la zona donde fui alcanzada por el disparo me hizo parar, y tuve que controlar la respiración para no entrar en crisis de pánico ante lo que me rodeaba.
Deshice el lazo del cinto cuando me di cuenta de que estaba perdiendo demasiado tiempo con el nudo de las manos.
Intenté salir de ese coche de todas las formas posibles.
Pero estaba perdiendo demasiada sangre, no tenía fuerzas.
Llené mis pulmones con todo el aire que pude antes de que el agua llenara por completo el habitáculo.
Cuando era pequeña, yo había apuntado los dos tipos de muerte que no quería para nada que me sucedieran. Una era morir quemada, y la otra, ahogada, el agua quemándote por dentro y arrancándote la vida lentamente.
Y ahí estaba yo.
Muriendo de esa segunda manera que no le desearía a nadie.
Rezaba para que el poco aire que había cogido fuera suficiente hasta que llegara la ayuda.
Miré hacia la puerta de mi lado, vi dos hombres con lo que me pareció un pie de cabra, intentado abrir, pero lo que más me sorprendió fue ver quién estaba con ellos, con la palma de la mano abierta sobre el cristal y aquellos verdes que tanto amaba fijos en mí.
Emma estaba allí.
¿O no?
¿Acaso ya estaba yo muerta?
Emma tenía miedo al agua, recuerdo muy bien eso, no estaría aquí.
Tenía puesta una mascarilla de oxígeno, al igual que los otros hombres, así que puede ser que sí fuera ella.
Coloqué mi mano sobre la de ella, el cristal separándonos.
Me llevé la mano a la boca cuando noté que ya no podía aguantar más la respiración.
Noté su mirada preocupada, pero ella no podía hacer nada, nada.
La puerta fue arrancada, sentí el agua quemando mis fosas nasales y mi garganta.
Emma, rápidamente, se quitó la máscara de oxígeno y pegó sus labios a los míos, pasándome aire, y me sacó de allí los más rápido que pudo.
Cuando llegamos a la superficie, las dos fuimos alzadas hacia una lancha. Vomité el agua que había entrado en mis pulmones y comencé a toser rápidamente, cosa que me recordó la herida de bala en el abdomen.
—¡Está sangrando! ¡Necesita ayuda!— la voz de Emma llamó mi atención.
Ella estaba bien, perfectamente bien.
Mis ojos comenzaron a pesar y noté que Emma me acomodaba en sus brazos, arrancándome la cuerda que prendía mis manos, mientras el paramédico presionaba la herida.
Quería hacer decenas de preguntas, pero no pude, mi garganta aún me quemaba y me sentía cada vez más débil.
—Todo saldrá bien— acarició mi rostro —Ya te llevamos al hospital, quédate conmigo, por favor. Aguanta.
Usé la poca fuerza que aún me quedaba para agarrar su mano.
Acabé perdiendo la consciencia cuando ya estábamos en la ambulancia.
A partir de ese momento, es un agujero negro.
No sabía lo que sucedería conmigo…
¿Tenía miedo a morir? Con toda certeza.
Parecía que la oscuridad aminoraba el dolor que sentía.
¡Oh cielos! Solo Dios sabía lo que estaba sintiendo…
¿Por qué tenemos tanta prisa por saber lo que nos va a pasar?
Aun estando inconsciente, mi interior se debatía de esa manera.
Y de repente, fue como si todo hubiese sido apagado…Mi mente se calló.
Yo quería gritar y pedir ayuda, pero no era posible.
En realidad, nada era posible.
Se escucharon algunos sonidos.
Sonido de murmullos.
Sonidos de pasos.
Sonidos de algo cayendo sobre algo metálico, tintineando.
Sonidos de ruedas de probablemente una silla o de una camilla, deslizándose.
Podía percibir algo de eso.
Pero no era capaz de despertar, no con eso.
Sentí el dolor cuando retiraron algo que quemó mi garganta, pero tampoco eso fue capaz de despertarme.
¿Acaso estaba en coma?
Intentaba abrir los ojos, pero mi cuerpo no quería obedecer.
Me estaba frustrando.
Hasta que sentí una mano agarrar la mía, entrelazando nuestros dedos y masajeando levemente con el pulgar.
No necesitaba abrir los ojos para saber quién era, sentía quién era, mi corazón lo sabía.
La luz del cuarto me molestó un poco, pero conseguí fijar la mirada por unos segundos, pestañeando rápidamente.
No me contuve en sonreír ante la cabellera rubia que descansaba al lado de mi brazo y que acariciaba mi mano. Emma estaba sentada, toda retorcida en el sillón, al lado de la cama, pero no parecía que la incomodase.
Recordé cómo yo me había sentido al pensar que estaba muerta, y para mi felicidad, estaba mejor que yo, y aquí delante de mí, no pude contener el llanto.
Cuando sollocé, Emma se enderezó, asustada y comenzó a examinarme con la mirada.
—Por Dios, Regina, ¿qué ocurre? ¿Quieres que llame al médico? ¿Enfermera? No llores, por favor— dijo preocupada.
—Abrázame— susurré aún con dificultad para hablar.
Ni se lo pensó dos veces.
Me envolvió en sus brazos con extremo cuidado, y me sentí aún más cómoda para deshacerme en lágrimas. El malestar en el abdomen ya no lo notaba, era…
Era tan bueno sentir el calor de su cuerpo junto al mío.
Era tan bueno saber que estaba bien.
Era tan gratificante tenerla conmigo.
—Escuché el tiro…Pensé…Pensé que estabas muerta— lloriqueé
Emma distribuyó besos por mi mejilla y me acariciaba lentamente el cabello, intentando calmarme.
—Perdóname por haberte hecho pasar por esto. No quería entrar en este plan, sabía que te desesperarías.
Deshice el abrazo para interrogarla con la mirada.
—¿Qué? ¿Cómo que un plan?— tosí intentando ignorar mi dolorida garganta.
—¿De verdad quieres escuchar todo eso ahora?— asentí —Gold fue a mi casa aquella mañana, me convenció a mí y a mis padres de que podría poner fin al reinado de Cora si hacíamos exactamente lo que él dijera. Yo no quería escucharlo, no quería confiar en él, pero me dejó bien claro que estaba traicionando la confianza de tu madre por lo que le había hecho a Belle, había dejado que fuera apresada, y no la había protegió como hubiera debido. Pero no fue suficiente para confiar en él— hizo una pausa —Me dijo que había descubierto que había sido engañado durante años pensando que era tu padre, en ese mismo momento percibí que no estaba mintiendo, Gold parecía de verdad apenado, ¿sabes? Concordamos en hacer todo a su manera, y cuando él nos avisó de que tú estabas de camino al escondrijo de Cora, mi padre avisó a la policía y fueron tras ella. Entonces comenzó la persecución y todo acabó como ya sabes— sus ojos se llenaron de lágrimas, pero estas no cayeron —Discúlpame por haberte hecho pensar en lo peor.
Agarré su mano, demostrándole que todo estaba bien.
—¿Y Cora?
—No sé cómo esa mujer no ha muerto. La reanimaron cuando la sacaron del coche, y ha sobrevivido— explicó —Pero, el tiempo que estuvo sin oxígeno ha dejado secuelas.
La observaba atentamente sin interrumpirla.
—Parece que una parte importante del cerebro ha dejado de funcionar debido al tiempo sin oxígeno. No sé muy bien, el médico se lo ha explicado a tu hermana, pero por lo que entendí solo está respirando gracias a los aparatos y eso no va a cambiar.
Tardé en procesar lo que había escuchado.
Entonces, ¿este era el fin de Cora?
¿Solo estaba viva por misericordia?
—¿Tú estás bien? ¿Quieres que llame al médico?
—No, estoy bien, vamos a dejar de hablar de ella por un tiempo, ¿vale?
—Como quieras.
Nos quedamos mirándonos, sin decir nada.
La felicidad no cabía en mi pecho.
Todo estaba bien, y todo iba a estar mejor aún.
Y mi Emma, vivita y coleando.
—Emma, cuando estuvimos en la casa de campo, tú todavía estabas sin memoria, supe de tu miedo al agua. Allí abajo, me sorprendí mucho al verte viva, pero aún más por verte en el agua. ¿Qué sucedió?
La sonrisa con hoyuelos más hermosa del mundo hizo aparición en su rostro.
No apartó su mirada de la mía ni cuando se llevó mi mano a su labios, le dio un beso y la volvió a posar donde estaba.
—Aún tengo miedo al agua, pavor. Solo que este dejó de ser mi mayor miedo cuando me enamoré de ti. Mi mayor miedo es perderte, Regina. Por ti, me enfrento a cualquier cosa.
¡Ah, Swan!
¡Te amo tanto!
