Capítulo 40
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En cuanto Shukaku notó que había caído en la trampa de Yoshino comenzó a gritar con todas sus fuerzas, y aunque sus chillidos no lograrían abarcar todo el perímetro que abarcaba la técnica de la mujer, si lograba que sus palabras llegaran a los oídos de sus aliados, quienes se mantenían alejados para no terminar en la misma situación que él.
La oscuridad casi se había vuelto pegajosa, podía sentirla aferrarse incluso a los vellos de los brazos de Gaara y por más que se agitaba aquella espesa oscuridad le devolvía la opresión y frustraba sus intentos de escape, que de por sí ya eran inútiles. Caído, sentía la negrura retorcerse a su alrededor, engulléndolo eternamente.
Sus rugidos agitaban el aire, y las vibraciones llegaban hasta Yukimaru.
Malherido y protegido por una cápsula de oscuridad, que confiaba no podría ser percibida por Yoshino, Yuukimaru se mantenía oculto en la montaña; aún maldecía el nombre de Orochimaru, que había logrado lastimarlo con su ataque sorpresa, cuando maldijo el de Pakura al ser ella la portadora del poder de Suzaku. Se veía tentado a ir tras ella, sobre todo al saberla inconsciente, pero entonces delataría su presencia y de nada serviría haber burlando aquella técnica de rastreo y sellado casi perfecta.
Pero confiaba en que Yoshino había perdido el toque, un retiro tan prolongado como el de ella nunca se mezclaba bien con técnicas tan demandantes como esa. Confiaba en que la oscuridad terminaría pronto y una vez la lluvia de Ame-onna volviera a tocarlos, podría atacar con su neblina.
Pero Yoshino había mantenido su fortaleza mental todos esos años y en esos momentos, vuelta solo un par de ojos que brillaban dentro de aquella oscuridad, podía sentir entre sus palmas la presión ejercida por Shukaku y solo bastó que juntara las manos y apretara ligeramente para que el demonio dejara salir un rugido diferente a todos los anteriores.
Shukaku sintió como el cuerpo de Gaara era comprimido por una fuerza que no había sentido antes. El perímetro decreció drásticamente con aquella acción, dándole a Yuukimaru una confirmación que no necesitaba.
El viento volvió a vibrar, pero esta vez gracias a la energía de aquella mujer que se mantenía oculta en las sombras.
—¡Déjame ir! —rugió Shukaku, con dificultades.
Tsume miró detrás, a pesar de la oscuridad, nunca había escuchado tanta ira provenir de ese demonio. Se detuvo sobre la rama de un árbol y sintió sus alrededores; Obito había aparecido momentos atrás para indicarle que Yugao se encontraba a salvo y ella le había entregado el cristal en el que se había convertido Hone-onna. Esperaba que pronto apareciera el muchacho de nuevo, para decirle que había encontrado a Kuromaru y que Pakura ya se encontraba lejos de todo eso.
Pero los segundos pasaban y no recibía respuesta alguna.
—Soporta un poco más, Yoshino —pidió, consciente de que aquellas palabras serían escuchadas.
Volvió a saltar sobre las ramas, hasta llegar al punto que había acordado con Pakura y Yoshino al trazar su plan. Disparó la única bengala que llevaba consigo y luego de unos segundos escuchó la que dispararía su clon; miró en la oscuridad, hacia la dirección en la que debería encontrarse Kuromaru.
¿Qué estaba retrasando a Obito?
Obligándose a olvidarse del tema y esperar lo peor, sus manos comenzaron a formar los sellos de la siguiente técnica. Solo necesitaba que Yoshino resistiera unos minutos más.
~oOo~
El día que Chiriku despertó, partió de inmediato sin pronunciar palabra. Los Akimichi no supieron si haber ido tras él y examinarlo a fondo habría sido lo más acertado, pero en el momento tenían las manos tan llenas y las cabezas enredadas que no pensaron en las consecuencias de su negligencia. Por suerte el monje había salido con la intensión de estudiar la situación de primera mano y poder reunir un poco de información que le sirviera para ayudar a Tsunade, Rin y Mei a formar un mejor plan.
Aquella noche la oscuridad le indicó que era tiempo de volver a la casa de los Akimichi.
Al llegar no los encontró en el patio, no tuvo la más mínima idea, ni sospechó, que había pasado algo en aquel jardín y aunque la energía restante de Futakuchi-onna le había alarmado, encontrar a la pareja en la mesa de la cocina, bebiendo una taza de té, pudo tranquilizarse un poco. Pronto se enteró de lo sucedido y, tras atender a Ino lo mejor que pudo, no perdió un solo segundo para obtener una entrevista con la mujer de dos bocas, a la cual encontró tan lánguida y ausente como relataron los Akimichi.
Los ojos dorados, cuyo brillo espectral recordaba a la perfección en sus incontables noches de tormento, estaban opacos.
Posó la mano sobre la frente de la mujer y cerró los ojos. —Mikoto-san.
Como le habían contado, luego de unos segundos el rostro se transformó, en uno que recordaba de años atrás. Los ojos le miraron fijamente, con un negro que no les correspondía, antes de volver a la normalidad. Confirmó su teoría, Mikoto no tenía la fuerza necesaria para mantenerse atada a ese plano, pero podía escucharle.
—Intentaré invocarla, Mikoto-san, los planes cambiaron bastante las últimas horas.
Los ojos negros miraron al frente, a aquellos paisajes oscuros y secos, con sus ventiscas agobiantes que le quemarían la garganta a un humano. No contestó, ni intentó conectar, sabía que debía guardar las fuerzas que le quedaban. Miró a Fuuka, que se mantenía silenciosa sobre la roca, con la mirada completamente perdida gracias a la interminable ilusión en que se encontraba. Se acercó a ella y le quitó el cabello del rostro, observando bien las facciones, dejando su mano sobre la mejilla. No sentía pena, ni lástima.
Enfrentó al cielo en completo silencio, observó las nubes moverse lentamente, con aquellos matices ligeramente grisáceos que le recordaban a las espesas columnas de humo que se elevaban en los incendios.
—… los planes cambiaron.
La mano resbaló de la mejilla, al tiempo que las ácidas y calientes gotas de lluvia comenzaban a caer, humedeciéndolo todo con su olor a azufre.
Los lamentos ahí, eran como las cigarras en verano.
Chiriku era demasiado silencioso con sus rituales, no tenía idea de si ya había comenzado con los preparativos o si había salido de la habitación y no volvía aún. Esperó, con paciencia infinita, al no tener ningún sentimiento que la urgiera o desesperada; no supo cuánto tiempo pasó, pero de pronto pudo sentir la energía que la reclamaba. Luego de unos segundos, al abrir los ojos se encontraba junto al joven de cabeza perfectamente rasurada que recordaba de sus días de tormento.
Las sensaciones del mundo real la golpearon con una suavidad que sabía no demostraba la fuerza real, pero el cambio de temperatura era notorio. Observó sus manos en silencio… había esperado ser un espectro rodeado de luz, pero era en realidad una figura gris, casi vaporosa, traslúcida y triste.
—Bienvenida, Mikoto.
Observó al par de jóvenes que se mantenían detrás del monje, ambos mantenían los ojos cerrados y unas poses que no recordaba qué significaba, pero parecían concentrados. Miró entones a Chiriku.
—Orochimaru…
—Él está lejos de aquí y ocupado —explicó Chiriku. —¿Podría ayudarnos?
—… ¿con qué?
—Necesitamos mantener a Futakuchi-onna alejada de Yuukimaru, no podemos sellarla aún.
—¿Por qué no?
—Necesitamos su energía.
Los ojos negros lo miraron fijamente, llenándolo de duda por un momento, pero no recibió pronto una negativa y aquello le permitió a la esperanza mantenerse con vida.
—Cualquiera podría invocarla, así como ustedes han hecho conmigo.
—Nosotros podemos encargarnos de evitar eso, pero necesitamos que nos ayude a mantener la consciencia alejada de su cuerpo.
—Es más complicado —declaró —, no había notado la conexión y no sé si pueda interrumpirla o romperla, pero es ella quien se ha estado reflejado en la luna todos estos años.
El silencio reinó en la habitación durante unos minutos, en los que Suigetsu y Yakumo se miraron en silencio, buscando respuestas, a pesar de notar el gesto de sorpresa que le adornaba el rostro al contrario. Chiriku se limitó a asentir una sola vez, considerando esa pieza de información que no sabía dónde podría encajar.
—¿Puedes confirmar algo? —inquirió a la pálida mujer.
Se encogió de hombros, con un movimiento suave.
—¿Es ella quien ha robado la vida a las personas que han visto la luna por demasiado tiempo?
El rostro de Mikoto no cambió un ápice y su silencio torturó a Chiriku lo que duró. —No puedo asegurar nada, pero sospecho justo eso.
De nuevo silencio, Suigetsu parecía ser el más afectado por todo eso. Chiriku asintió de nuevo.
—Vigilaremos la luna estas horas, mientras mantienes su consciencia fuera de su cuerpo —confirmó.
Asintió una sola vez. —¿Cuánto tiempo?
—No lo sé.
—¿Cómo obtendrán su energía?
—Obito conoce una manera, no me ha dicho los detalles, pero probablemente se ponga en contacto contigo muy pronto. Aunque estima que el proceso no debe tardar más de veinticuatro horas.
—Entonces solo debo mantenerla a raya hasta que él me contacte.
Chiriku asintió una sola vez. Mikoto sonrió y la conexión se interrumpió, dejándolos ligeramente confundidos por aquel gesto blando.
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Sin el incesante frío de Yuki-onna hasta los segundos parecían pasar más rápido. Tsume agradecía la ausencia de las ráfagas de viento, pero su situación auditiva no mejoraría demasiado gracias a los intentos de Shukaku por fugarse. La noticia de que Pakura se encontraba a salvo le llegó un poco tarde, pero justo a tiempo para comenzar con la siguiente parte del plan; con una sincronía demasiado perfecta, sus clones desaparecieron y Kuromaru apareció frente a ella.
No hubieron palabras de por medio y el último sello fue formado. La oscuridad engulló la enorme nube creada con la transformación de Kuromaru, que dejó salir un largo aullido.
Yuukimaru, Ame-onna y Shukaku temblaron ante aquel sonido, incapaces de huir al estar atrapados o escondidos.
Yoshino movió sus dedos entonces, formando un sello que cambió el panorama. La lluvia de Ame-onna bañó todo de pronto, acompañada de un perezoso brillo que obligó a Yuukimaru a deshacerse de su camuflaje.
Los ojos grises y llenos de agua de la mujer de la lluvia miraron fijamente el cielo, a las nubes que se apretaban, los crujidos del cielo eran más evidentes ahora que Shukaku se encontraba completamente silencioso en su prisión de sombras. Miró entonces el enorme manchón de oscuridad en el suelo, que tenía una superficie traicionera y de apariencia aterciopelada, aquella oscuridad devoraba la lluvia que había estado rechazando momentos antes. Sus ojos se dirigieron entonces al enorme portal que había terminado de formarse antes de que la oscuridad cesara, un enorme ojo amarillo se asomaba por una rendija.
Tsume brillaba con intensidad debajo del portal.
Esta vez, al contrario de lo demostrado en la recién huida de los demonios, solo una enrome soga se formó con la acumulación de aquella neblina purpúrea; la atadura atravesaba la oscuridad de Yoshino con facilidad y se aferraba al estómago de Shukaku, que se resistía con todas sus fuerzas a perder aquella batalla de fortaleza espiritual. Solo sería cuestión de tiempo, las sombras comenzaban a flaquear y un humano necesitaba cantidades celestiales de energía para poder sellar a un Bijuu con la técnica de Cerbero.
Sonreía al notar la ligera luminosidad que comenzaba a colarse por la superficie sobre él y al sentir que las ataduras comenzaban a ceder y permitirle moverse un poco, cuando la oscuridad ganó fuerza y volvió a restringirlo del sentido de la vista y su capacidad de moverse.
Cerbero abrió entonces el portal, dejando salir la parte superior de su cuerpo, en una de sus garras sostenía la soga con fuerza. Cuando Tsume masticó la píldora roja, que le había negado a Yoshino y Pakura, realizó una serie de sellos y las enormes cabezas del guardián se vieron resguardadas con las máscaras de un Shinigami. La garra que sostenía la soga comenzó a tirar y aunque los movimientos eran lentos, en ningún momento hubo retroceso, a pesar de la determinación del demonio de no dejarse sellar.
Yuukimaru y Ame-onna observaron en silencio la sustancia azulina que salió de las sombras lentamente, a pesar de lo enrome que era la masa de energía de Shukaku, reconocieron la pequeña presencia del monje que se aprovechaba del bijuu, encabezando la procesión… si podía llamarse de ese modo a aquella masacre.
Ame-onna hizo ademán de moverse para unirse a la batalla, pero la mano de Yuukimaru la detuvo.
—No.
Los ojos grises lo miraron fijamente, luego volvieron hacia la batalla.
La mano libre de Cerbero portaba la cuchilla de los Shinigami y, aunque el repentino subidón de energía de Tsume aceleró el proceso, esperaba paciente a poder cortar el lazo y llevarse consigo las ánimas.
El silencio que cubrió la zona comenzaba a volverse insoportable.
—¡No moriré aquí! —renegaba el demonio, enterrado en las sombras.
Yoshino ladeó ligeramente su cabeza y sonrió. Tsume juntó las cejas y se concentró aún más.
Cuando la navaja comenzó a caer, Yoshino le permitió al demonio obtener un vistazo de lo que sucedía, lo último que Shukaku pudo ver, antes de que el inframundo de Cerbero lo reclamara, fue la mirada fiera de Tsume, fija en él; ni todo el perdón, ni olvido lo ayudarían a olvidar, jamás.
El alarido de Shukaku rompió de nuevo el silencio y batió las sombras y los árboles al tiempo que la soga era cortada y la energía absorbida por el portal. La enrome figura volvió a su dimensión, despidiéndose de Tsume al rozarle los cabellos antes de cerrarse el portal.
Dentro del pozo, la enorme figura de arena que había representado a Shukaku se mantenía, pero el viento se llevaba consigo, suavemente, los granos de arena. Ni siquiera la enrome humareda que sucedió a la transformación de Kuromaru fue suficiente para distraer a Yuukimaru y Ame-onna, que observaron como la enrome escultura de arena se desplomaba gracias a la explosión.
La nube de arena que se levantó con el viento marcó el final de una batalla que no sabían debía ser librada.
Yuukimaru apretaba la mandíbula con fuerza y sus cabellos comenzaban a elevarse, cuando notó que Ame-onna se alejaba en la dirección contraria al campo de batalla.
—¿A dónde vas? La mocosa de los perros sigue ahí —recalcó.
Ame-onna no contestó y la lluvia comenzó a amainar como toda respuesta.
—Te estoy hablando —siseó, liberando un poco de su energía.
El rostro giró ligeramente, uno de los ojos grises le miraba apenas por el rabillo, los labios se movieron apenas, emitiendo sonidos de gotas, pero pronunciaron perfectamente las palabras.
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Tsume había caído, inevitablemente, cuando Kuromaru volvió a adquirir su tamaño original, pero Yoshino no había permitido que ella o Kuromaru terminaran heridos por el agotamiento, vuelta una silueta negra rodeada de girones de oscuridad envolvió a ambos, dispuesta a llevárselos antes de que Yuukimaru fuera por ellos.
—… el chico…
Miró a Tsume, sin comprender. A pesar del agotamiento y las consecuencias físicas de haber usado la píldora roja, la mirada seguía siendo dura y penetrante. Comprendiendo, se rodearon por completo de oscuridad, casi se tele transportó hacia el pozo y rodaron por la arena al aterrizar.
—No tenemos tiempo para esto… morirás —se quejó, agotada, mientras sacudía la arena con desesperación, buscando a Gaara.
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Cuando el sol artificial de aquel sitió volvió a reflejarse dentro de los pasillos y habitaciones convertido en miles de colores, Hinata cayó en la cuenta de que no había dormido en toda la noche. Estaba consciente de que se enfrentaría a un entrenamiento arduo, y las secuelas de lo sucedido durante la noche, probablemente las dificultades empeorarían al encontrarse cansada. Sus ojos blancos, teñidos de colores distintos gracias a los vitrales, observaron en silencio el reflejo en el espejo que levantaba en esos momentos, sus ojos habían sido alterados y si miraba fijamente, ahora mostraban algo similar a una flor en ellos.
Bajó el espejo y se llevó la mano a la frente, esperando el siguiente dolor de cabeza, temerosa de él.
"Hamura-sama desarrolló ésta técnica, durante siglos ha madurado aquí en la luna, acumulando energía. Pero para ser usada necesita ser introducida en una persona… en los ojos de una persona."
Las palabras de Toneri aún la atormentaban, y aunque no había podido negarse, aun se preguntaba si escogerla a ella había sido lo indicado. Se pasó las manos por la frente, despeinando su flequillo, y cerró los ojos unos momentos; frotó su rostro en completo silencio, meditando la situación, recordando el inicio de todo eso y el trayecto. Todos sus miedos se amontonaban en su pecho y la asfixiaban.
"Son muchas las cosas que pueden suceder si lo usas más allá de tu capacidad… la menos inquietante es la ceguera, pero en el peor de los casos podrías morir."
El eco de un castañeteo y luego voces la obligaron a esconder el espejo y levantar la mirada, Naruto y Sasuke entraban al comedor, el último aún llevaba la venda en el rostro pero parecía sonreír ligeramente.
A pesar de las ojeras, borró la preocupación de su rostro y sonrió a Naruto cuando se acercaron a la mesa, escuchó la conversación animada entre los amigos, agradeciendo que Sasuke llevara la venda en los ojos y no notara las sutilezas que a Naruto le pasaban por encima de la cabeza… pero a su vez notó las sutilezas que escapaban en momentos del cuerpo de Sasuke, por más cautela que estuviera empleando, se notaban su incomodidad y preocupación.
Naruto carcajeó entonces, enredando su brazo alrededor de Sasuke y agitándolo ligeramente. —¡No puedo creer que podremos ver a tu mamá después de esto!
Hinata y Sasuke pensaron que aquel comentario era demasiado positivo, pero no lo comentaron. Hinata no pudo evitar sonreír al escuchar a Sasuke seguirle la corriente… y tuvo que luchar contra las lágrimas que amenazaron con juntarse en sus ojos.
—¿Qué piensas, Hinata-chan?
Una jaqueca la atacó entonces y la disimuló al encogerse de hombros y agachar el rostro. —T-También quiero volver a casa.
Cuando el malestar pasó, se atrevió a levantar la mirada; la sonrisa que le dedicaba el rubio la tomó con la guardia baja, deslumbrándola por completo. Se había encariñado demasiado, en muy poco tiempo.
—No dejaré que nada malo les pase —prometió Naruto.
Sasuke exhaló y se recargó en la silla, ligeramente agotado por el insistente dolor que le había dejado la intervención de Kakashi, y murmuró: —Recuerda que debemos ser un equipo…
Sonrió ligeramente y miró a Sasuke un momento, ignorando el resplandor del rubio. —… supongo que no dejaremos que nada malo pase.
Sería su espalda la que ellos verían, serían sus fuerzas las que los protegerían… pero no lo sabía.
~oOo~
Los ojos café miraban en silencio el pergamino enviado por Chiriku, aquella información era demasiado buena para ser verdad, pero debía confiar en los informes y esperar lo mejor, aunque estuviese preparada para la peor de las catástrofes. Mei había terminado de leer momentos antes y meditaba antes de comentar al respecto, sabía que no debían actuar sin pensar bien las cosas, pero su paciencia se agotaba… al igual que el tiempo.
—¿Crees que funcione? —fue lo único que preguntó la pelirroja. —… el plan de Obito es arriesgado, nunca hemos usado el Gedo Mazo para sellar este tipo de energía.
—En el peor de los casos la energía quedara libre dentro de la bóveda, podemos sellarla ahí hasta que todo termine.
—No tenemos personal suficiente y tu estarás fuera del juego… no podemos arriesgarnos, hay que sellarla inmediatamente.
Tsunade lo consideraba, cuando unos golpes a la puerta las obligaron a olvidarse del tema y atender. Kurotsuchi les miró antes de anunciar la caída de Shukaku y la llegada de Yoshino y su comitiva.
—Tsume tomó la píldora roja.
—Maldita sea —se quejó Tsunade, saliendo de la habitación. —Dejo esto en tus manos.
Mei la miró salir, incapaz de asentir o responder. Cuando la puerta se cerró, su atención volvió al pergamino.
—No te vayas —le pidió a Kurotsuchi.
Recordando el informe enviado por Toneri, el plan trazado por Orochimaru y Shikamaru y la información de Chiriku; con Shukaku fuera de combate tenían una preocupación menos, pero eso no significaba que Yuukimaru dejara de representar el mismo grado de amenaza. Se mordió una uña mientras escribía instrucciones rápidamente en una serie de pergaminos que multiplicó y luego entregó a Kurotsuchi, que había esperado paciente y ahora necesitaba escuchar las órdenes.
—Necesito que envíes esto a los jefes de equipo…
—Obito está afuera —le interrumpió.
Asintió. —Escúchame bien, Kurotsuchi. Perdimos al anfitrión de Shukaku, me gustaría decir que no perderemos a nadie más, pero no puedo prometer tal cosa.
Asintió una sola vez, aferrándose a los pergaminos.
—Esta noche es la fecha límite para que cada quien llegue a su destino. Tsunade y yo nos encargaremos de trasladar a los heridos, pero quienes estén recuperándose y en condiciones de trasladarse podrán usar un portal si lo requieren. No quiero a nadie separado de su grupo a partir de la media noche, ¿entendido?
Asintió de nuevo.
—Encontrarán los detalles del plan en el pergamino.
Sin esperar otra palabra, Kurotsuchi desapareció de la habitación. No caminó demasiado antes de encontrarse con Obito, se miraron en silencio apenas un segundo y los pergaminos fueron entregados.
—¿A cada encargado?
Asintió. —Y los dispersos, yo llevaré el mío y el de Juugo… y este es para ti —señaló, entregándole un pergamino de otro color. —Trae instrucciones para tu equipo y un reporte para Rin.
Obito desapareció sin despedirse, Kurotsuchi sintió sus ropas agitarse el tiempo que ella tardó en desaparecer del pasillo.
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Rin meditaba cuando sintió la intrusión de Obito dentro del campo de protección, al abrir los ojos los pergaminos que iban dirigidos hacia ella ya estaban a centímetros de su rostro. Lo tomó y asintió una sola vez, despachando de ese modo a Obito, que desapareció de la manera en que había llegado.
Al extender el pergamino, lo primero que se leía eran de la captura de Shukaku y el demonio que le había corrompido, no pudo tomarse un minuto para lamentar la muerte de aquel inocente muchacho, de inmediato devoró la información y luego extendió el pergamino que le dirigían como la cabeza de aquel equipo de protección. Tal como Shikamaru había trazado, se concentrarían la mayoría de las energías en proteger aquel mausoleo al ser la llave con el sello más débil, pero aprovecharían aquel aumento de fuerza para también resguardar a Futakuchi-onna y a Tsunade que se vería relegada de batalla al encargarse de curar y apoyar los niveles de energía de todos los demás.
No terminaba de leer cuando las personas re-asignadas a su equipo comenzaron a llegar. Sus ojos observaron al par de recién llegados unos segundos y a pesar de haber sonreído, no hizo más por darles la bienvenida, no era necesario.
—¡Hana!
La muchacha se levantó del suelo y dejó el entrenamiento que había estado llevando, no lo demostraba, pero moría de preocupación por saber sobre su madre.
—Trae a Kurenai, debo hablarle sobre su parte en el plan.
Asintió y se giró.
Cuando la muchacha volvió con Kurenai, una persona más se había agregado al equipo y se reunía con los otros recién llegados. Se alejaron del grupo, lo suficiente para no poder ser escuchadas y cuando Rin miró a Kurenai, esta se encogió ligeramente, consciente de que su momento de escapar había pasado.
—La mayoría de nosotros protegeremos este sello, además Tsunade instalará su estación aquí, lo más probable es que Yuukimaru venga hacia acá con la intención de aprovechar la situación y matarnos a todos, pero podría ir hacia Yoshino… así que Obito y tu deberán estar listos para partir dado el caso.
Asintió una sola vez, sintiendo sus manos temblar. Habían hablado sobre las ilusiones y las capacidades de aquella mujer, habían estado entrenando, pero los comentarios de Kakashi le dejaban con el ánimo sumamente bajo. Pensó en su hija, en su esposo y en la vida que había dejado atrás y quizá ya no la esperaba, pero a la cual ansiaba volver. Era una pieza importante en plan arriesgado… pero una pieza inmadura.
—Y-Yo… —el aire escapaba de sus pulmones.
—Esa mujer era endemoniadamente fuerte, tienes todo y Obito estará contigo —le tranquilizó, posando ambas manos sobre sus hombros. —Todo saldrá bien.
Asintió, no muy convencida.
—Nadie más puede saber de esto, Yuukimaru intentará sacar información, así que no lo comenten con nadie.
—¿Por qué dejaste que me quedara entonces?
—Porque no quiero que vayas a intentar protegerlos demasiado, él sabrá quienes han estado aquí desde un principio, sospecharía —inhaló y exhaló, recobrando la tranquilidad que comenzaba a perder. —Apéguense a su parte del plan.
Ambas asintieron, incapaz de preguntar algo, y se giraron para volver a sus sitios a entrenar sus mentes, pero la voz de Rin detuvo a Hana una última vez.
—Tsume está con Tsunade, Chie ya envió su remedio, estará bien.
Miró a Rin, quizá demasiado tiempo, antes de comprender lo que le habían dicho; asintió de nuevo, sintiendo como temblaban sus piernas, y al dar un paso tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no acuclillarse y saborear el momento y el alivio, pero sus rodillas cedieron y tocaron el suelo. Sintió las manos de Kurenai y Rin sobre sus hombros, pero no escuchaba lo que le decían… se levantó, sacudiéndose las preocupaciones de encima y sonriéndoles, solo podía agradecer.
~oOo~
Al abrir los ojos, el cielo estaba salpicado de estrellas y el viento era fresco y suave. Se sentó, sintiendo la arena bajo sus palmas; observó el desierto nocturno en silencio… hacía mucho tiempo que no se sentía así de tranquilo, no recordaba a Shukaku, ni a sus hermanos, ni siquiera su propia vida, pero reconocía que su alma había necesitado esa tranquilidad durante mucho tiempo.
Jugó con la arena en silencio.
Sus ojos, velados por aquella extraña amnesia, miraron con atención la arena que se colaba entre sus dedos y enterraba su mano. Observó cómo se movía la superficie junto con sus dedos y luego sacó la mano, observó la pequeña depresión en silencio. El aire bailaba entre sus cabellos, pero no producía sonido alguno y aunque no tenía preocupaciones, comenzaba a pensar que le faltaba algo.
Observó el desierto en silencio y luego las estrellas, ¿cuántas veces los habría visto antes? ¿Quizá sería la primera?
Se tumbó de nuevo y observó el cielo.
… Gaara.
Sus ojos se movieron, buscando la fuente del sonido, pero su cuerpo no se movió.
—Gaara —murmuró.
Reconocía su nombre ahora. El viento le devolvió el susurro y esta vez se sentó, pero al mirar alrededor solo se encontró con los usuales espejismos del desierto que desaparecieron una vez les prestó atención. Juntó ligeramente las cejas y se puso en pie, sintiendo la arena caer de entre los dobleces de su ropa, y caminó durante lo que parecieron unos minutos, y aunque no encontró una sola alma, con cada paso volvieron sus recuerdos, pero la tranquilidad permaneció.
—… estoy muerto —dijo en voz alta, esperando una negativa.
Una pequeña sonrisa se formó en sus labios luego de varios minutos de silencio y sintió el viento que soplaba, acariciándole la piel. Recordó a sus hermanos mientras sus ojos veían el resplandor, de lo que creyó era el amanecer, tomar fuerza conforme el tiempo pasaba. La luz blanca lo bañó por completo y sus ojos divisaron entre la luminosidad el rostro preocupado de Temari, que le miraba fijamente, con el dolor dictando sus gestos, pero las mejillas completamente secas.
—… Temari.
Los ojos se movieron y le miraron, confundidos. Parecía incrédula.
—Ya terminó todo…
El sentido de las palabras le llegó un poco tarde a la muchacha, pero su cuerpo había reaccionado a tiempo y luego de negar corrió hacia él. Se aferró con fuerza al cuerpo delgado, sentía el maltrato del último mes y medio en los huesos que resaltaban; las lágrimas no resbalaron por sus mejillas, pero la desesperación la obligó a apretar los dientes con fuerza.
—… ya no me esperen.
No terminaba de preguntarle a qué se refería cuando sintió que lo perdía de entre sus brazos, convertido en arena se desmoronó ante su tacto, y cayó de rodillas, pero sus manos y brazos apretaban contra su cuerpo la arena que no había logrado escapar de su agarre. Alejó las manos y las observó, al abrirlas se encontró con la arena compactada que se desmoronó al volver al suelo.
—¿Gaara?
Sus manos se aferraban a la arena bajo ellas, mientras sus ojos buscaban a su hermano; sin levantarse del suelo, sacudió la arena mientras lo llamaba.
—… los amo.
Despertó de un sobresalto y miró la habitación, Kankuro estaba sentado en el otro sillón y veía la televisión, aburrido. Rehusándose a parpadear, observó las imágenes que tanto interesaban a su hermano, en silencio, convenciéndose de que aquello había sido un mal sueño, pero al llevarse una mano al rostro, notó que había arena en sus palmas y entre sus uñas.
Recargó la cabeza en el sillón y miró el techo. Ignoró la lágrima que se deslizó por su mejilla y las que se amontonaban en sus ojos.
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No hubo necesidad de que el castañeteo de las marionetas avisara que lo que temían estaba a punto de pasar, Naruto se encargó de anunciar su llegada con sus gritos y el sonido de sus pasos acelerados. Sasuke y Hinata se levantaron del suelo, lentamente, al escuchar los ecos y esperaron a que el rubio doblara en la esquina; la primera en acercarse a él fue Hinata, que lo tomó por los hombros e intentó calmarlo, pero Naruto no escuchaba razón alguna y pedía una y otra vez que le dejaran pasar.
—Naruto-kun, tienes que calmarte…
—Respira un poco, dobe —pidió Sasuke, tomándolo del brazo.
Los miró, la incredulidad aún le bañaba el rostro, pero Sasuke no pudo observarlo gracias a lo borrosa que tenía la vista aún. Sus hombros cayeron y tembló un poco.
—Déjenme pasar —pidió, tajante, a pesar de que la tristeza se colaba en su voz.
Sasuke asintió una sola vez, sabiendo que Hinata le miraba para obtener un poco de ayuda, pero Naruto no esperó a que se hicieran a un lado y alcanzó a empujarles al abrirse paso para entrar en la habitación.
La luz del interior les bañó los rostros cuando escucharon a Kushina y Minato pasar a lado de ellos y solo los vieron cuando estuvieron dentro de la habitación, pues no habían despegado la mirada del rubio. Desde el pasillo presenciaron aquello como pudieron; cuando Naruto comprobó que uno de sus mejores amigos había muerto, gritó una maldición antes de echarse a llorar. Hinata cerró los, incapaz de tolerar aquello pero sabiendo que debía quedarse a su lado; Sasuke desvió la mirada y apretó los puños con fuerza.
Naruto lloró lo suficiente, pero a pesar de los pedidos de sus padres, se rehusó a irse de la habitación y dejar a Gaara solo. Minato y Kushina hicieron caso a los pedidos de su hijo de que le dejaran ahí y volvieran a sus habitaciones, pero Hinata y Sasuke se negaron a hacer lo mismo y se decidieron a hacerle compañía el tiempo que necesitara. Sentados en el suelo a lado de un rubio, se miraron las manos en silencio cuando no estaban escuchándolo atentamente hablar sobre Gaara.
—… le prometí…
—No te culpes —dijo Sasuke de pronto, cortando su mutismo. —Esta situación va más allá de nosotros y de todo lo que habíamos conocido hasta hace un mes.
Los ojos hinchados no lo miraron en ningún momento.
—Hablo enserio, dobe.
—… Naruto-kun.
La mano de Hinata se posó sobre la espalda del muchacho y miró a Sasuke, sin saber qué más hace o qué decirle, ella no lo conocía igual… pero los ojos negros de Sasuke solo le demostraron la impotencia y desesperación que aquella situación le estaba provocando. Sin pensarlo, se arrojó sobre el muchacho y lo abrazó con fuerza, sintiéndolo llorar y acomodarse lentamente en su hombro, devolviéndole el abrazo, aunque quizá no con la misma fuerza debido a debilidad provocada por la tristeza.
—No… no hay palabras que valgan —susurró, sus pupilas blancas miraban al frente, a un futuro incierto. —Y la vida no será igual sin él… pero nadie va a quitarles el tiempo compartido. Y no será lo mismo pero… mientras tú lo recuerdes, seguirá aquí.
Sasuke giró ligeramente el cuello para mirarla y se sorprendió al ver que los ojos de la muchacha brillaban ligeramente; apretó los párpados, creyendo que aquella era una ilusión de esos ojos a los que aún no se habituaba su cuerpo.
Luego de menos de media hora, Kakashi y Toneri interrumpieron el silencio con el sonido de sus pasos y sus ropas; las manos del encargado de aquel templo se movieron con suavidad y, sin darle tiempo a ninguno de reaccionar, inyectaron en el rubio un calmante que lo envió de inmediato a dormir.
—¿Qué creen que hacen? —preguntó Sasuke, tomándole por el antebrazo al muchacho.
—Cálmate, Sasuke —pidió Kakashi.
Los parpados eternamente cerrados le enfrentaron y el rostro no perdió aquella sonrisa impersonal que lo adornaba la mayoría de las veces. —Necesitan descansar.
Hinata, que aún tenía a Naruto encima y le sentía resbalarse lentamente, bajó la mirada, consciente de que ella llevaba más de veinticuatro horas sin dormir. Miró a Sasuke, que soltó a regañadientes a Toneri, pero no dejó de mirarlos amenazante. Sus manos frotaron, inconscientemente, la espalda de Naruto.
—No les pediremos que se retiren, pero sí que intenten dormir —dijo Kakashi, guardando las manos en los bolsillos de su pantalón y dándose media vuelta. —Duerman.
Sasuke apretó los dientes, pero no renegó, solo los observó alejarse y luego volvió a sentarse en el suelo, sin mirar a Hinata o Naruto. Se pasó una mano por el cabello y cerró los ojos unos momentos, escuchando los suaves movimientos de Hinata, que acomodó a Naruto en el suelo, dejando la cabeza del muchacho sobre su regazo para acariciarle el cabello mientras dormía.
Al pasar la alarma inicial, agradecieron ese pequeño momento de paz forzada.
—No me gusta este lugar —susurró Hinata, recargando la cabeza en la cama de Gaara y cerrando los ojos.
—Yo lo odio —murmuró Sasuke, con la garganta aún apretada. —Espero nos larguemos pronto.
La respiración acompasada de Naruto y la tranquilidad que los rodeaba habitualmente, además del cansancio, pronto los mandaron a dormir. Las manos de Hinata no dejaron de jugar con los cabellos rubios, aunque quizá no lo hicieran con la misma constancia que estando despierta.
~oOo~
Mei observó en silencio el cristal azul que representaba a Yuki-onna y que había sido entregado por Yoshino aquella tarde, se encontraba encerrado en una caja especial que no le permitía al frío salir, pero a través del cristal podía ver los pequeños girones que el hielo había dibujado al otro lado de la superficie.
Exhaló y cerró la puerta tras ella, activando las protecciones que habían preparado durante el día; sabía que el sello no podía romperse pronto, pero no pensaba arriesgarse a volver a perder el tiempo con ella y que Yuukimaru se hiciera de Futakuchi-onna. Exhalando vapor, dejó la caja sobre la mesa de ceremonias y se alejó unos cuantos pasos, desde donde disparó una pequeña chispilla que abrió la caja. El calor no tardó en entrar en contacto con el frío de aquella piedrecilla, pero no le dio tiempo de cambiar la temperatura a su favor.
Exhalando de nuevo, observó la superficie del cristal volverse ligeramente líquido y comenzar a gotear, cayendo en un pozo de lava que había preparado con antelación para salvar sus energías.
Con cada sonido emitido por las gotas que eran destruidas por la lava, la tranquilidad volvía a los hombros de Mei, que no dejó de exhalar vapor hasta que la última gota fue consumida. Permaneció dentro de aquella habitación y húmeda y extremadamente caliente, asegurándose que su lava no fuera a convertirse en piedra de un momento a otro y conforme la temperatura fue decreciendo sin una caída alarmante, las protecciones fueron liberadas una a una.
Había esperado ver una vaporeada, como el último intento de Yuki-onna de existir, pero solo obtuvo un último siseo de su lava, que jamás dejó de hervir.
~oOo~
La habitación en la que se encontraba Yuukimaru estaba llena de objetos destrozados y escombros, pero de entre toda la destrucción se mantenía una pequeña mesilla con un mapa que había robado del templo, en él, entre un mar de luces con brillos continuos, una lucecilla brillaba intermitente: Futakuchi-onna. Los ojos púrpura miraban con ira la locación, la cual no parecía estar pesadamente resguardada a pesar de contener a la última pieza y la más importante de su plan; suponiendo que el resto desconocía la importancia que aquella mujer tenía en su plan y las interacciones y conocimientos de Mikoto, se propuso asaltarlos cuando las guardias estuvieran ligeramente bajas y los movimientos cesaran… confiaba en que, al igual que el personal, la mujer sería trasladada a otro sitio y esa sería su oportunidad de recuperarla y robarle la energía.
Apretó sus puños y miró el retrato de su madre.
—Te sacaré de ahí… —susurró.
Yes, me tardé, no hay excusas. Lo siento.
Viernes, 05 de julio de 2019
