Hola a todos! :) Bueno después de un rato de ausentismo en esta página, he regresado XD Así que no se molesten tanto, ya que hoy traigo sus caps, así que espero que los disfruten y algunas de sus dudas se esfumen e-e/. Pero bueno, espero que en el futuro la inspiración no me falle, como lo ha venido haciendo, razón por la que no he podido avanzar tras determinados caps (al menos para esta historia). Sin más que añadir, disfruten y nos andamos leyendo la siguiente semana :) Bonito inicio de semana y pues a portarse bien *3*

Capítulo 49.- Llegada silenciosa

Los enemigos eran molestos pero no significaban un gran reto para aquellos cuatro hombres; ahora sólo quedaban fragmentos de lo que alguna vez fueron esos enormes y molestos gigantes de caramelo. Por el momento lo único que podían hacer era continuar avanzando, había personajes a los que era necesario hallar antes de proseguir con la batalla.

Hombres acostumbrados al combate constante no podían sentirse en mejor ambiente que aquél. No significaban reto, sólo eran tremendamente molestos y numerosos. Aquello sólo les hacía perder el tiempo.

—Tsk…No dejan de aparecer más y más enemigos azucarados…-espetaba el cocinero quien aplastaba el último cigarrillo de su actual cajetilla-.

—No serán fuertes pero hay un gran número de ellos. Y ya que la fábrica está completamente destruida, debemos de pensar en qué otro sitio podríamos hallar a esa niña –Feng simplemente se encontraba sobre el tejado más cercano, lo suficientemente alto para tener una vista panorámica del lugar-.

—¿Ves a alguno de ellos? –interrogó Zoro-.

—En lo absoluto. Posiblemente se encuentren escondidos para no ser hallados por el enemigo. Aunque hay algo que estoy viendo, pero….-entrecerró ligeramente su vista, había algo que estaba volando precipitadamente hacia él-.

Le bastó moverse unos cuantos centímetros para evitar ser atravesado por aquellas largas y afiladas garras. ¿Quién pensaría que habría una intervención más? Sí, la de aquella mujer arpía, cuyas rosáceas alas mantenían en vuelo a la joven mientras sus manos y pies habían sido cambiadas por aquellas garras, propias de un ave de caza.

—¿Pero qué demonios estás haciendo aquí Laila? –exigía respuestas el capitán; no le agradaban los insubordinados-.

—Sólo vine a echarle un vistazo a toda la isla, ¿tiene algo de malo capitán? –sonrió cínica, no le importaba ver molesto a su explosivo capitán-.

—¡Hermosura-swaaan! –gritó rápidamente Sanji; ver mujeres hermosas lo enloquecían al extremo-.

—Ahí va de nuevo –resignado miraba a su tonto compañero pervertido-.

—Ninguno de los integrantes de los Piratas del Sombrero de Paja se encuentran a la vista y tampoco parece haber movimientos extraños –reportaba la harpía, quien ya había descendió, desprendiéndose de esa apariencia semi animal-.

—Así que te llamas Laila-swan, ¿verdad belleza aérea? –el caballero ya se había adelantado y miraba de forma seductora a la fémina, algo que tenía sin cuidado alguno a la joven-.

—Sanji Pierna Negra –fue lo único que dijo antes de dejar hablando solo al rubio y acercarse a su capitán-.

—No vayas a estar fastidiando mis peleas…-indicaba Kid-.

—Enfadarte tanto no le hará bien a tu salud, Kid. Despreocúpate, sé valerme por mí sola –calmadamente empezó a sacar de aquella mochila que le acompañaba piezas metálicas; a excepción del capitán nadie sabía qué era lo que estaba armando tan concentradamente-.

—Un arco…-fue lo único que salió de la boca del espadachín antes de contemplar cómo aquella flecha salía disparada hacia un objetivo en movimiento, aquello que parecía ser un pequeño globo auto dirigido de algún sitio remoto-.

—¿Esas flechas son de acero, no es verdad? –preguntaba por mero trámite Feng-.

—Exactamente –contestó sin mirarlo a ver- Están empezando a vigilar todo alrededor, por lo visto quieren tener todo bajo control.

—¡No sólo eres hermosa, sino también astuta y arquera! ¡Lailaaa-swaaann!

—¡Deja de comportarte como un idiota, cejitas! –recriminaba Zoro; a veces Sanji hacía ver mal a la tripulación por su desliz continuo hacia las mujeres con las que se topaba-.

¿Qué provocaba que el suelo mismo empezara a temblar bajo sus pies?¿Por qué esas sacudidas iban y venían, con menor o mayor ímpetu? Los causantes empezaron a mostrarse lentamente; sus cabezas se asomaron con cierta vergüenza de entre el asfalto.

¿Qué tanto habían logrado crecer aquellos especímenes de lombriz? Ahora eran de talla monstruosa, causando hoyos sobre el mismo pavimento, mientras salían y se reintegraban en su habitad natural. No solamente eran los colores llamativos de esos seres de goma, sino también lo que llevaban en su interior. Se habían encargado de engullir una gran cantidad de personas.

—Es una completa locura…-boquiabierta miraba la chica lo que estaba aconteciendo-.

—Maldición, ha tragado a un gran número de personas. Si no hacemos algo terminarán muriendo ahogados en aquel ambiente –sentenciaba el rubio-.

—Lo cortaré para que deje de moverse. Si logro arrancarle la cabeza, será mucho más simple –Zoro desenfundó sus espadas una vez más, preparándose para cortar al tremendo gusano en cuanto volviera a emerger-.

—¿Qué crees que estás haciendo Kid? –preguntaba Feng, observando al capitán que ya había atraído un gran número de objetos hacia sí, formando nuevamente aquel par de manos gigantescas-.

—Terminaré con ellas de un solo golpe –a él no le interesaba el bienestar de los civiles; solamente deseaba algo y esos animales se interponían en su camino-.

—Ni lo pienses –amenazó Feng-.

Aquel ser emergió nuevamente, listo para ser atacado. Algo que ocurrió vertiginosamente, pero por ninguno de los que estaban presentes allí y que se molestaban en ver quién sería el que terminaría con la existencia de aquel extraño animal. Las fauces del felino se clavaron en la sección más próxima a la cabeza de la lombriz mientras sus garras se encargaban de aferrarse sin escrúpulo alguno sobre su cuerpo.

No es que sufriese, era simplemente que intentaba quitarse a aquel animal de encima, por lo que movía vertiginosamente su cuerpo de acá para allá; incluso llegó el instante en que dejó caerse totalmente sobre el tigre, con la esperanza de dejarlo fuera de combate.

El estallido colorido que emergió en el instante en que aquella feroz pierna empezó a golpear el vientre de aquel animal era tan espectacular como la reacción que estaba ocasionando en aquel ser. Su cuerpo entero empezó a temblar, a sucumbir sin oposición alguna a los embistes del cocinero. Pronto aquello no fue más que una masa de colores desperdigada por todas partes.

Los que habían sido víctimas de aquella lombriz simplemente cayeron sobre aquella masa de gelatina, que era lo único que quedaba de aquel anélido.

—Haz hecho un buen trabajo Cyrano –felicitaba Sanji al gran felino que estaba posado a su lado, completamente de pie-.

—Ya que tenemos eso bajo control, sigamos –sugirió Zoro quien ahora estaba siendo lamido por Cyrano; el tigre tenía especial afecto por el peliverde, aunque nadie se explicaba por qué- Cyrano, deja de hacer eso, tenemos que encontrar a los otros.

—¿Pero qué es eso? Hay alguien asomándose por aquel hoyo –observaba con detenimiento aquel gorro tono crema que hacía recordar a los que empleaban los aviadores cuando salían de viaje; así mismo también poseía unos gogles negros alrededor- ¿Lynn-swan?

Una blusa blanca de tirantes que le llegaba por arriba del ombligo, un pantalón a la cintura de un tono sepia, cuyo cinturón negro con una línea horizontal resaltaba increíblemente y al mismo tiempo mantenía bien aferrado a su pantalón; unos botines negros concluían el atuendo junto con esos guantes de la misma tonalidad.

—¿Cómo has terminado dando allí? –a veces Zoro pensaba que Lynn terminaba en los sitios menos esperados como su capitán-.

—Seguí a la lombriz hasta acá, es todo –sacudía sus ropas- Ustedes tampoco han tenido suerte encontrando a Luffy.

—Ni a ninguno de los otros –completaba Sanji- Pero me alegra mucho que estés bien, ¡Lynn-swaan! –se acercó a ella rápidamente, con esa sonrisa y mirada bobas de siempre-.

—Parece que no vienes sola, hermana –aquel cirujano se veía en las proximidades con aquella nodachi desvainada y sus fieles subordinados; parecían algo fastidiados de lidiar con tan infantil guerra-.

—Trafalgar –musitó Kid al contemplar al moreno ya lo suficientemente cerca como para que le oyera-.

—Eustass-ya. Parece como si te hubieran dado una paliza.

—Quién diría que terminarías uniéndote a la tripulación de Eustass-ya –se dirigió sin rodeo alguno a Laila, quien demoró un breve instante en reaccionar-.

—¿Se conocen? –cuestionaba el capitán-.

—De hace un tiempo atrás –decía ella clavando su mirar en el moreno-.

—¿Sientes la tensión marimo? Casi puedo cortarla con un cuchillo.

—¿Pero qué tanta estupidez dices pervertido?

—Haz lo que quieras –dijo de mala gana Kid; no deseaba estar más perdiendo el tiempo y simplemente empezó a adelantarse, dejando en poco tiempo atrás a todos, incluyendo a la castaña que estaba más adelantada- Ey, ustedes me deben todavía lo de la reparación de mi barco.

—De ninguna manera –de inmediato contestó la aludida- Todo es culpa de tu mal genio y que te hayas precipitado a pelear en tu barco. No fue precisamente buena idea.

—Tienes una lengua muy venenosa, mujer –se detuvo solamente para clavar su mirada en ella-.

—Yo sólo digo la verdad –empezó a caminar y el otro simplemente hizo lo mismo- Y si lo piensas ya no hay isla de la cual apropiarse, a este punto terminará siendo nada.

—Por lo que escuché ha sido culpa de tu capitán.

—De igual modo, con ésta sería la tercera isla que termina siendo destruida –se le veía un tanto preocupada al conmemorar aquello; no era algo por lo cual sentirse orgulloso-.

—Ey chicos, deberían poner atención a lo que tienen adelante –la sugerencia de Feng no estaba a la ligera; había algo frente a ellos, mirándolos atentamente con esos penetrantes ojos. Lo que les faltaba, una salamandra de chocolate del tamaño de una casa mediana-.

Lo que emergía de su boca no era necesariamente caramelo derretido, sino más bien una combinación algo tóxica de veneno y sustancias corrosivas. Era un animal que no podía ser tomado a la ligera y que no venía solo, viajaba en camadas y lo que era peor, había crías, que resultarían mucho más molestas por su tamaño que las más grandes.

—¿Quién dijo que esto era aburrido? –cuestionó sarcástica la castaña, quien sostenía entre sus manos la boca de aquel anfibio que intentaba devorarla a toda costa-.

—¡Lynn-swaan!

—Deja de preocuparte por mí y busca a Nami y Robin –sugería la chica-.

—Marimo, cuídala –pateó el trasero del peliverde como advertencia- Iré por ellas de inmediato -¿por qué correr cuando se tenía a tan fiel compañero a su lado, dispuesto a movilizarse rápidamente entre los obstáculos-.

—¡ASHURA: MAKYUUSEN!

Rápido y letal, no había mejores adjetivos para aquel despampanante ataque que había llevado a la extinción de aquellos pequeños anfibios que inútilmente habían arremetido contra el espadachín, con la ferviente intención de hacerle daño.

Aunque no poseía una peligrosa espada, tenía lo suficiente para poder subsistir y valerse por sus propios medios. Sus manos le eran suficientes para lograr la fácil tarea que tenía en mente. Ahora había dos secciones de aquel ser, completamente inmóvil y exponiendo el tan dañino contenido a los presentes.

—Ya nos hemos encargado de los otros –guardó sus katanas; aquel demonio de las espadas había hecho trizas a los animalejos restantes en compañía del temerario Kid. El ácido y el gas de veneno les proporcionaron cierta emoción pasajera-.

—Momento de continuar Zoro –decía la chica con una pequeña sonrisa; Zoro a diferencia de Sanji confiaba en que ella sabía apañárselas sola-.

—Feng, sería buena idea que sacaras a todos los civiles de aquí. A este paso no quedará nada de la isla –las palabras de Zoro eran ciertas y Feng no sentía disgusto alguno con aquella petición-.

—Llevaré a todos a las bahías, aunque la ciudad colapse, ellos estarán bien allí –comentó como último antes de irse de allí a toda carga-.

—…Es bastante tosca…-espetaba Laila cruzada completamente de brazos; ese tipo de cosas no iban con una mujer- Pelea como un hombre.

—Ey, escuché eso –le miraba de reojo la castaña- Yo no tengo la culpa de haber sido entrenada por Balda…-se calló en automático; Baldassare le había advertido que no dijera más su nombre y la relación que guardaba con ella- Soy pirata y esas cosas no importan.

—Laila, si golpearas la mitad de fuerte que ella, seguramente tendrías mejor puesto en mi tripulación –se burlaba Kid con aquella sonrisa amplia y llena de regocijo-.

—Ah, "gracias", supongo –lo observaba con detenimiento; la relación que esos dos poseía le parecía extrañamente familiar, pero sacudió el pensamiento de su cabeza-.

—Parece ser que lo interesante viene de familia –musitó-.

—¿No me digas que quieres que Feng esté en tu tripulación? –ese mirar carmesí contestaba todo- Buena suerte convenciéndolo.

—Eso lo hace más divertido aún.

—Creía que Eustass Kid sería mucho más sanguinario y cruel, pero pareces bastante civilizado.

—Y tú ve pensando en cómo pagarme el favor.

¿A qué venían esas palabras ahora? Bueno, sólo tenía que mirar con detenimiento lo que estaba a su derecha para comprenderlo plenamente. El brazo del pelirrojo carecía de aditamentos metálicos, todos habían ido a dar contra aquellas criaturas, mismas que quedaron totalmente aplastadas entre la presión y fuerza de esos objetos.

—…Maldición…-espetó para sus adentros; era mejor concentrarse o esa situación podría repetirse- Gracias de nuevo –gratificó sin mucho ánimo, no le quedaba de otra-.

—Vaya mujer más orgullosa –río un poco y continúo caminando-.

—Vamos nosotros también –indicaba Zoro-.

—Claro –las palabras del peliverde le sacaron de su trance-.

—Vaya modo de intentar ser caballeroso con esa chica.

—No creo que sea algo que le importe a ella –indicaba Law, quien tampoco deseaba permanecer por más tiempo estático-.

—Ay capitán –propinaron al unísono Penguin y Shachi-.

—¿Qué relación tiene con ella? –cuestionó a los dos subordinados del cirujano-.

—Es complicado de explicar –acariciaba su barbilla Penguin- Pero ninguno de los dos es sincero con el otro.

—Y creo que tampoco parece aprobar el interés de tu capitán por Lynn-chan –suspiraba Shachi- Capitán, tenía que ser tan orgulloso.

Unos cuantos gritos emergieron de sus labios, la protección de la que había gozado su cuerpo se había esfumado en su gran mayoría y ahora únicamente su ropa le impedía experimentar de lleno el daño que aquel caramelo era capaz de ofrecerle; sin embargo, aquello no dudaría por demasiado tiempo.

No era precisamente la idea más brillante de todas pero fue la única que se le vino a la mente en ese preciso momento. ¿Quién imaginaría que tendría la fuerza suficiente como para empezar a causar notables fisuras sobre la pared de tan grueso caldero gigante?¿Es qué el sentido común se había apagado en su mente en aquel instante? Posiblemente no había más elección que ésa, especialmente cuando aquella protección restante se había pegado fuertemente sobre la capa de caramelo derretido, imposibilitándole el avance.

—¿Pero…qué es ese ruido? –preguntaba con cierto temor Sweety Boy con la mirada bien puesta sobre la superficie de aquel contenedor; vibraba furiosamente como si en cualquier instante fuese a colapsar-.

—Parece ser que tu amigo se está encargando de hacerlo todo por él mismo –sonrió Slik alegremente- Si continúa así no tendré nada que hacer.

—¡Detente, no sigas!¡Si continúas de esa manera, la isla quedará hecha nada! –pedía a gritos el hombre que simplemente no podía liberarse de aquel pegajoso monstruo-.

—Es inútil que intentes escapar de esa manera Sweety Boy –agregaba Slik quien le observaba fijamente-.

—Lo siento mucho Slik, pero no puedo permitir que termines con esta isla que es tan preciada para mí. Tengo que frenar tus ambiciones.

—No tiene caso ya…Está a punto de romperse –sentenció con increíble satisfacción-.

Aunque hubiera querido un poco más de tiempo para hacer desistir al capitán de que no continuara golpeando violenta y desenfrenadamente aquel caldero, hubiera resultado inútil, ya que éste simplemente no habría escuchado. Sus ojos contemplaban con horror lo que ya era una realidad inevitable.

Con avidez empezó a filtrarse entre las fisuras el caliente y dulce caramelo; pronto aquella sustancia estaba cubriendo el suelo, carcomiendo con su alta temperatura lo que fuera encontrando a su paso. ¿Cuánto tiempo demoraría en vaciarse por completo aquel caramelo? Sin duda sería en poco tiempo ya que el objeto de retención poseía ahora un enorme agujero, uno creado por los fieros puñetazos del moreno. La cuenta regresiva daba inicio.

—¡IDIOTA, MIRA LO QUE HAS HECHO! –gritaba con exasperación Sweety Boy observando al chico que simplemente sonreía ampliamente ajustando su sombrero-.

—Shishishishi…Estaba poniéndose muy caliente, menos mal que logré escapar a tiempo –lucía tan despreocupado como siempre, especialmente por encontrarse sentado sobre un área segura-.

—¡La isla va a ser devorada por toda esta cantidad de caramelo caliente! –espetaba Sweety Boy; estaba demasiado preocupado por el destino de su amada isla-.

—No tienes de qué preocuparte Sweety Boy, me encargaré de esto –pronunció con gran entusiasmo y confianza en sí mismo; si es que iba a hacer algo, ¿qué era?-.

No sabía definir a ese hombre como alguien muy poco convencional o alguien que no pensaba demasiado las cosas pese a las obvias consecuencias que podría experimentar. Ahora sus ojos se encargaban de una única función, de mirar con completa estupefacción cómo todo aquel caramelo caliente era velozmente aspirado por el hombre de goma.

No sólo estaba asombrado por la potencia en que llevaba todo aquel caramelo hacia su boca, sino también yacía incrédulo ante el aguante que el moreno poseía al tragar tanto sin emitir queja alguna, considerando la temperatura en la que se encontraba aquel peculiar alimento.

Su rostro se tornó un completo tomate, llegando hasta sus orejas. No cabía duda, los efectos de tragar tanto dulce caliente estaban empezando a ser notorios. Sin embargo, eso no iba a ser impedimento para lo que el inflado y distendido capitán tenía en mente.

Si siempre había mostrado una amplia panza después de comer cantidades exorbitantes de comida, en este preciso momento estaba que reventaba. El dulce contenido estaba en su estómago, siendo digerido; aunque la superficie de su barriga igualmente se encontraba roja. Solamente a ese joven se le ocurriría tragarse todo aquello sin pensar en las consecuencias.

—¡SE LO TRAGÓ TODO! –soltaron con espasmo Sweety y Slik; sencillamente no lo creían-.

—Ungh…Creo que ha…sido demasiado caramelo…-sentía una rápida indigestión-.

—¡Quizás porque te comiste una cantidad industrial de caramelo! –regañaba Sweety Boy; Luffy ahora no era más que una bola gigantesca humana incapaz de moverse o hacer cualquier maniobra, incluso rodar-.

—Sólo un completo estúpido haría algo como esto –maldecía Slik- Pero no creas que sólo con esto tienes la victoria asegurada. Hay tres calderos igual en otras zonas de la ciudad, que hayas frenado éste no significa nada.

—¡¿Qué has dicho?! –a Sweety Boy no le agradaba eso; si con uno ya tenían suficientes inconvenientes-.

—Iré a divertirme en otro sitio Sweety Boy, por lo mientras disfruta tu dulce agonía –un tono tan dulce nunca se escuchó tan amenazador-.

—¡Detente Slik, detente! –sus gritos eran simplemente inútiles, aquella pequeña se retiraba sin inmutarse por las suplicas del hombre-.

—…¿Cuál será el legado que perdurará y reinará sobre el Paraíso…? –cuestionaba fugazmente Slik, con su mirada puesta hacia el frente, siendo fieramente resguardada por aquellas monstruosas creaciones de caramelo y chocolate líquido-.

El olfato de su compañero jamás fue tan imprescindible como en ese momento y tampoco sus enormes ansias por llegar hasta donde el familiar olor se tornaba mucho más fuerte. Empezó a rascar con vehemencia, sus grandes patas lograban quitar escombros rápidamente y las destructivas patadas del cocinero hacían ceder a cualquier objeto demasiado molesto y duro.

Su reacción fue inmediata en el instante en que logró percibir a la pelirroja, inconsciente y llena de polvo, conservando aún ese cuerpo de caramelo; el cual agradecía enormemente Sanji, ya que le había protegido del posible derrumbe en el que se vio inmiscuida para haber quedado en tan estrecho y profundo sitio.

Se movilizó y extrajo a la chica con sumo cuidado, pero aun así siendo lo suficientemente rápido para evitar algún problema posterior. Depositó a la navegante en un área segura y prosiguió para localizar a la arqueóloga, misma que había quedado atorada unos metros hacia la izquierda donde había hallado a la navegante.

Aunque su respiración estaba totalmente alterada no le importaba en lo más mínimo, especialmente porque había logrado su objetivo, salvaguardar las vidas de aquellas dos damiselas. Ahora simplemente fumaba calmadamente un cigarrillo.

—Gracias a tu olfato logramos encontrarle –miró con amabilidad al enorme felino que jugaba con una serpiente de gomita-.

—San…Sanji…-la pelirroja recién empezaba a despertar y enfocaba su mirada en él-.

—No te sobre esfuerces Nami-san. Todo está bien ya –le sonrió con cariño-.

—¿Y los chicos?

—Lynn-swan está bien. El marimo se fue con ella para buscar a Luffy. Los demás están perdidos, pero seguramente estarán bien. Yo vine a buscarlas.

—Nunca podríamos habernos imaginado que nuestras "vacaciones" se convertirían en esto –suspiró-.

—Pero lograremos salir de esto Nami-san.

—¿Qué pasa con Kid y sus aliados? –ese tema le tenía con preocupación-.

—Kid llegó a la isla y quiere pelear contra Luffy. Parece ser que no podremos evitar ese encuentro.

—Eso no me agrada, es peligroso. Lo mejor será que escapemos de aquí antes de que algo así suceda. No estamos para estar enfrentándonos a Kid y sus aliados.

—Entonces tenemos que encontrarlos a todos y largarnos de aquí –Sanji se puso de pie, pisando aquella colilla de cigarrillo y dispuesto a continuar buscando al resto de sus compañeros-.

Probablemente no habían encontrado al tan solicitado capitán, pero de que se habían topado con algo, lo habían hecho. No se requería demasiada observación para percatarse que aquel objeto independientemente de lo grande que era, contenía algo ligeramente peligroso. Además de hallarse totalmente resguardado por esos grandes soldados de caramelo.

—¿Cómo es que terminamos llegando hasta aquí? –demandaba saber Zoro-.

—Pues sólo te seguí Zoro –contestó la castaña; se habían perdido y habían ido a dar a un sitio muy extraño-.

—Parece ser que quieren destruir la isla con todo y nosotros –inquiría el cirujano, quien mostró interés en aquella gran olla-.

—Esta isla es demasiado extraña para mi gusto –mascullaba Kid-.

—¿Pero qué se supone que es esa cosa? –preguntaba Laila examinando desde arriba el contenido burbujeante de la caldera-.

—Es caramelo –contestó Lynn; el olor le era muy familiar a ella-.

—Hirviendo –completó Laila-.

—Si esa cosa es vertida seremos cocinados de inmediato –advertía Zoro-.

—Ni pienses en cortarlo Zoro –sabía que era una de las opciones del espadachín-.

—¿Entonces qué propones? –preguntó velozmente el peli verde-.

—Podríamos…¡correr por nuestra existencia! –no era una mala idea, después de todo, aquellos hombres de caramelo se habían encargado de verter el contenido de aquel caldero y ahora éste se dirigía hacia ellos con la intención de quemarlos vivos-.

No es que se encontraran en medio de un temblor, solamente se trataba del suelo retumbando, cediendo frenéticamente ante los enormes puñetazos que impactaban contra él, auspiciados por el malicioso pelirrojo que si bien aprovechaba su habilidad al máximo, de nada le serviría si no poseyera garrafal fuerza.

Cuando menos se lo esperaron ya había frente a ellos una profunda y larga brecha creada sobre el suelo, una que se iba llenando con aquel caramelo derretido tan rápido como aquel viscoso líquido era capaz de fluir. No obstante, eso no sería suficiente para impedir el avance de tan caliente sustancia, aunque claro, tomaría su tiempo.

—Eso lo detendrá un rato –comentaba Laila, ya al lado de su capitán- Siempre exagerando, mira qué has sido demasiado salvaje.

—Si no lo hacía de este modo el suelo no hubiera cedido.

—A este paso no quedará nada de la isla –le regañaba la chica; no le importaba que el hombre le sacara gran diferencia de altura y corpulencia-.

—Si te apetece morir cocinada con esa cosa adelante, pero yo no comparto tus ideas suicidas –indicó Kid, quien simplemente inicio su retirada; el hombre que buscaba no se encontraba allí-.

—Parece que no se llevan demasiado bien –susurraba Lynn-.

—Que ellos tomen el camino que quieran, nosotros tenemos que hallar a Luffy y salir de aquí –indicaba el espadachín, quien yacía cerca de la castaña-.

—Bien, pero en esta ocasión yo dirijo.

—¿Es qué no confías en mi instinto?

—Tu instinto está muy bien, no confío en tu sentido de la orientación –le dijo sonriendo con vileza-.

—Está bien, pero sólo por esta vez –se resignó Zoro-.

No era de sorprenderse que aquel par saliera corriendo en sentido contrario al que el capitán Kid había tomado, era mejor mantenerse alejado de problemas innecesarios y concentrarse en lo único que merecía la pena.

Los obstáculos que se interponían en su camino no eran el problema, ni mucho menos el que la ciudad empezara a caer en decadencia, sino más bien el tiempo, sentían que se les estaba yendo encima incluso cuando no existía una justificación para ello. Quizás era mera corazonada, un instinto que se había instalado en su propia mente y que demandaba atención. Probablemente estaban conscientes de que algo estaba a punto de descontrolarse.

Todo bajo ellos se tambaleaba, ¿un temblor a gran escala? Algo estaba ocurriendo en las entrañas de la tierra y estaba empezando a agrietarla precipitadamente. ¿Cuánto más tardaría en colapsar por completo con todos ellos sobre ella?

—¡¿Pero qué demonios está pasando?! –exclamaba Zoro, que si bien no dejaba de correr al lado de la castaña, no encontraba ni el más mínimo rastro de sus camaradas-.

—Todo esto debe de formar parte de los planes de Slik –decía la otra-.

—Mira que llegar al grado de destruir su propia isla. Esa niña está demente.

—Creo que…ésa es la causa de que la isla…esté…a punto de hacerse añicos…

Sus ojos observaron atónitos durante un largo rato lo que había emergido de entre los escombros y que al mismo tiempo alcanzaba sin problema alguno los edificios más altos. No se trataba de un gigante, pero sí de un ser vivo, uno que no solamente era lo suficientemente largo para que fuera imposible que toda su longitud emergiera de tierra, sino también era viscoso, de un tono verduzco con anillos amarillentos y aunque no poseía dientes algunos, su saliva era lo suficientemente corrosiva para derretirlo todo a su alrededor.

Rompieron su estado de inmovilidad solamente para evadir el ataque de aquel gusano gigantesco; sino hacían algo para frenarlo lograría su objetivo. Y eso era algo que no se encontraba dentro de sus planes.

Si bien no habían sabido cómo responder de inmediato ante la aparición de ese gusano plano, ahora menos sabían qué decir ante lo que estaban contemplando.

Ya no había falta que continuaran buscando a su capitán, no cuando éste se encontraba prácticamente frente a ellos, haciendo lo que sólo él era capaz de realizar.

—¡Luffy! –gritó asombrada la chica; simplemente ese hombre no dejaba de impresionarla-.

Decir que había crecido era quedarse corto. Su estómago era gigantesco como si hubiera osado devorar una gran ballena y el resto de su cuerpo tampoco se quedaba atrás. Parecía un extraño luchador de sumo a gran escala. ¿Cómo se supone que había quedado de tal modo? No podían afirmarlo con plena seguridad, pero creían que estaba relacionado con comida.

Lograron cubrirse con lo primero que encontraron; no permitirían que aquel ácido les quemara tan fácilmente. Sabían que su capitán no era precisamente la persona más cautelosa, pero ahora las cosas se le habían ido de las manos. Especialmente cuando el moreno decidió moler a golpes a aquel animal sin piedad alguna para derrotarle por completo e impedir que continuara con su destructivo juego. El resultado había sido un tanto desagradable a la vista.

—¡Zoro, Lynn! –exclamaba el moreno desde lo alto-.

—Pero, ¿cómo terminaste de ese modo…? –Zoro no se lo explicaba-.

—Por comer tanto –contestó Sweety Boy, mismo que iba sentado sobre el hombro del chico- Se devoró por completo el caramelo caliente que había en la isla.

—Me sorprende que no se le hayan quemado las entrañas –el peliverde parpadeo incrédulo-.

—Bueno, tenemos un problema menos…Aunque espero que vuelva a su tamaño normal o de lo contrario tendremos problemas para irnos –decía la castaña-.

—Sé que quieren que les hable sobre la isla de la que viene Silk –empezaba a hablar Sweety Boy- Pero me preocupa mucho lo que le vaya a pasar a la isla…

—Descuida, nosotros amamos la aventura. Ya daremos con ello…Shishishishishi –le observada despreocupadamente-.

—¡Estoy conmovido con todos ustedes! –lloraba a mares de felicidad-.

—Luffy siempre es así –sonrió campantemente Zoro-.

Sin poder moverse era poco lo que podía hacer; escapar era la única idea que tenía en su cabeza, pero no podía hacerlo si se encontraba acorralado entre aquellos seres creados a partir de los desechos dulces de la fábrica. No era su idea y su mala suerte parecía habérsele acumulado, especialmente cuando ante sus ojos se encontraba llegando la culpable de todo aquello, bien custodiada. Pero no se le veía tan animosa como siempre, algo parecía estarle perturbando, ¿pero qué?

Se quedó totalmente callado, parpadeando confundido ante lo que había dado inicio en aquella abandonada bodega a la que había ido a dar.

—¿Pero…qué pasa?¿No se supone que debería estar encargándose de destruir la isla?¿Por qué está tan calmada?¡¿Y si quiere torturarme?! –pensó con terror el tirador-.

—¿Por qué nos hemos detenido, Slik? –cuestionaba el pequeño hombre de jengibre-.

—…Porque…él está aquí…-contestó sin más-.

—¿A quién te refieres…con él, Slik? –preguntaba con cierto temor; como si quisiera que la respuesta fuera diferente a la que ya tenía en mente-.

—A uno de sus subordinados…-su mirada se mantenía puesta hacia la única entrada que permitía el acceso a la bodega mientras aquella sombra se tornaba mucho más prolongada-.

Era casi como un magnetismo instantáneo lo que orillaba a cualquier persona que se cruzara en su camino clavar su atención en sus ojos, en ese tono carmesí tan vívido que hacía palidecer al tono de la sangre y los rubí. Al mismo tiempo, era demasiado crudo, demasiado frío, como si la calidez se le hubiera ido del cuerpo.

Una piel tan pálida como el rostro de la luna, el cabello desarreglado, puntiagudo y comparable con la noche sin estrellas. Era alto, delgado y vestía un abrigo cuello de tortuga estilo saco casaca de tono gris completamente abierto bajo el cual reposaba una camisa tono crema. Unos vaqueros azules y unos botines marrón que combinaban de maravilla con el tono similar de su cinturón. Aunque había algo peculiar en su atuendo; de cada oreja colgaba tranquilamente una larga pluma blanquecina, como si fuera algo de lo que no pudiera desprenderse.

—Así que…-el pequeño hombre de jengibre simplemente calló, no deseaba entablar plática con el recién llegado-.

—¿Has entendido las órdenes? –cuestionó secamente aquel chico; no estaba dispuesto a imprimirle demasiado sentimiento a cada palabra que pronunciara-.

—Claro que sí…No hay objeción alguna…Jeziel-sama.