Ahora los mocos me han robado la voz... menos mal que esto lo escribo y no lo narro porque sino... Bueno, dicho esto, vamos a por el siguiente día de esta semana mágica! :) Espero que os guste, no os cortéis con los reviews y continuad contándome vuestras teorías sobre el fuego que son geniales! :P

Dicho esto, yo me voy a toser y vosotr s a leer! ^^


17 de octubre

Diría que lo del trato con Gold no ha marchado bien. Regina no ha terminado de explicarse, pero lleva más de diez minutos enumerando distintas formas de matar a Gold o herirle de gravedad.

"No entiende nada, no sabe nada, pero cree que tiene la sartén por el mango. ¡Está firmando su perdición y encima se ríe! Sólo él puede ser tan imbécil…"

Esto es lo primero que ha dicho con un poco de sentido. Y mi conclusión es que el usurero ha contestado que no. Y es probable que pavoneándose.

"Emma, no ha servido para nada. Hablar con Gold, me refiero. Ha sido una estupidez. Ese maldito anciano enclenque no atiende a razones. ¡Estoy de su lado, joder! Pero no, le pueden sus ganas de atormentarme y su desconfianza…"

Tiene sentido conociendo vuestros antecedentes. No es que hayáis sido precisamente amiguitos ni aliados. ¿Los malos tienen aliados alguna vez? Imagino que no, claro, iba a ser difícil confiar los unos en los otros y eso, ¿no?

Dejo de desvariar, Regina sigue hablando y despotricando. "Era mi único as en la manga, mi única baza de hecho. Y no sé por dónde continuar. Nadie más en este pueblo recuerda nada de sus vidas y, aunque lo hiciera, nadie superaba el control de la magia que desarrollamos Gold y yo. Si él continúa sin creerme, estoy sola y sin ideas con esto…"

No estás sola. Soy una ayuda pésima, primero porque no se de magia y segundo porque aunque supiera no podría trasmitirte mis ideas... Pero no estás sola. Créeme.

Encontraremos la forma de sacarme de aquí. No me preguntes cómo pero lo presiento. Quizás la esperanza de Henry no está desapareciendo, sino que se está reencarnando en mí.

"Estoy jodida…" suspira Regina y me imagino tocando su hombro, reconfortándola de alguna forma más allá de mis palabras silenciosas. "Pero, ¿qué esperaba? Me lo tengo merecido, él sólo está devolviéndome el golpe que yo le propiné primero"

"Entre cabezotas anda el juego…"

"Pero por alguna razón, no puedo enfadarme con él, no realmente. No cuando empiezo a entender la impotencia que él sintió. La frustración de verte aquí, tumbada, a unos centímetros de mí, pero sin poder hacer nada más que eso; mirarte"

Me envalentono al oírte. No es eso lo único que haces. Entiendo que estés frustrada, triste, o incluso desanimada. Pero haces mucho más que observarme. Me atas a este mundo al venir a verme, al mantenerme al día de todo lo que ocurre, al hablar conmigo y no dejar que mi equilibrio mental desaparezca. Eres mi cordura y uno de mis dos principales apoyos. Y sin ti, probablemente esa quemadura, o cualquier otra cosa, habrían acabado conmigo. Eres más que una simple observadora, joder, ¿no te das cuenta?

"Saber que el único puente entre mi hijo y yo… o entre Gold y su hijo, eres tú, la bella durmiente imposible de despertar… Me cuesta cada vez más enfurecerme con él, y cada vez menos comprenderle." Me rio tontamente, gracias por lo de bella. Tus palabras, tu ánimo, o el darme cuenta de la puerta que se nos ha cerrado con el no de Gold están pudiendo con mi propio energía… "En ocasiones dan ganas de traerte el desayuno y exigirte que dejes de remolonear. Como si estuvieras a unas décimas de despertarte, sólo eso. Estas tan en calma, tan plácida, que no pareces enferma. Probablemente porque no lo estás…"

Mi sonrisa se ladea, se borra lentamente y mis ojos se pierden por la ventana, mirando a ninguna parte. "Probablemente…" repito sin demasiadas ganas.

"Aquí la única enfermedad soy yo y por eso Gold no nos ayudará" Al escuchar tal declaración de desaliento me dan ganas de levantarme, gritarte y dejar cuatro cosas bien claras. Pero no lo hago. Me estoy quieta y percibo tu mano. Está tocando la mía, agarrándola y apretando. Sé que no lo notarás, pero te devuelvo el apretón, con ganas, con comprensión y mi piel se eriza ante la sensación.

"Una forma mísera de pedirte perdón por ser una zorra traicionera que no puede encontrar aliados ni entre los de su propia calaña" musitas bajito. "Vale, no me devuelves el apretón, pero creo que no me lo reprochas y que aceptas mis disculpas" Si tan sólo supieras lo equivocada que estás, lo fuerte que trato de agarrarte la mano aunque no la vea. Este contacto hace que me sienta más viva que en muchos días, más cerca de despertar, menos desamparada. Y sí, acepto tus disculpas. Creo que hace días que las acepté aun sin saberlo. "Los buenos sois así, tenéis la bondad que a los malos nos falta antes incluso de nacer, ¿verdad?"

Me sacas una carcajada sincera en medio de esta noche algo pesimista. ¿Buena yo? Mis padres son los representantes y líderes de esa facción pero no sé si me siento muy identificada con ese apelativo.

"Ahora sólo hace falta que cumplas con ese otro estereotipo de los buenos, con el del final feliz. Venga, Emma, no puedes defraudar a tu público… no puedes defraudar a Henry. Sé un cliché, encuentra la forma de regresar y ganar… o al menos ayúdame a encontrar una solución. Sola no puedo y ya no sé qué más hac…"

¡Pí, pí, pí!

¡¿Qué es eso?!

Estaba hipnotizada, absorta en las súplica de Regina y mi corazón casi se ha salido por la boca. ¡¿Qué es ese escándalo?!

De repente me siento un poco estúpida. Es precisamente eso, mi corazón, mis constantes, la maldita máquina del hospital. Han saltado las alarmas y parece que estén avisando de un maldito incendio, por el amor de Dios. Regina también se ha asustado. Siento que suelta mi mano y de fondo escucho los pasos de varias personas corriendo a toda velocidad.

Pero no puedo saber qué ocurre, no puedo ver que hacen. ¡Mierda!

Estoy casi segura de que no le ha dado tiempo a huir. Casi segura.

Pero cuando la puerta de mi cuarto se abre de golpe nadie grita por la presencia de Regina. Ni siquiera escucho una pequeña recriminación. ¿Qué has hecho? ¿Dónde te has metido? Es imposible, pero empiezo a vacilar… ¿habrá recurrido a la magia?

"¿Qué le ocurre, doctor?" Esa es una de las enfermeras, la más jovencita. Y está recién despertada, si no me equivoco.

La respuesta comienza con un No lo sé... del Doctor Whale. Otro que también estaría descansando plácidamente. "Lo mismo que la última vez… sus constantes se han disparado, pero no hay un estímulo detrás"

"Pero no lo entiendo, ¿se está despertando?"

Abro la boca, pero no hago ni un ruido.

"Creo que no, pero es una buena señal que su cerebro reaccione a estímulos… aunque no sepamos a qué"

La cierro mientras una certeza se instala en mi cabeza. Yo sí lo sé, doctor. Se llama Regina y está escondida en algún lugar de su hospital. Y no sé cómo pero su contacto ha despertado algo en mi comatoso subconsciente, en mis pulsaciones… quien sabe si en mi hechizo. Puede que no pueda recurrir a su magia pero es posible que esté latente dentro de ella. Lo suficiente palpable como para intervenir en mi.

"Esta estable…" decide tras unos cuantos segundos. "Enfermera, repítale todas las pruebas de rutina a la señorita Swan. Quiero descubrir si ha cambiado algo, lo que sea, además de sus constantes vitales"

"Sí, doctor, voy a por el instrumental"

"De acuerdo. Avíseme cuando tenga los resultados, estaré en la sala de médicos"

"Bien" responde con medio bostezo. Percibo algunos pasos en torno a mi cama, antes de que ambos salgan de mi cuarto. Y lo siguiente que escucho es a Regina, una vez más en mi cuarto. ¿De dónde ha salido?

"Si supieras lo sucia que está tu cama por debajo denunciarías a este maldito hospital. ¡Me he comido una pelusa!" grita a base de susurros. Y estallo en carcajadas. Imaginarme a la impecable alcaldesa bajo mi colchón escondida como un niño pequeño es superior a mis fuerzas. Sé que si me escucharás me estaría ganando un guantazo y seguramente no me atrevería a preguntar, pero… ¿A qué sabe una pelusa?

Continuará…