Disclaimer: Ni Monster Musume ni ninguno de sus personajes, conceptos o locaciones predeterminados me pertenecen. Lo único mío son el argumento y personajes originales de esta historia, escrita como un simple pasatiempo sin fines de lucro.


Fama

-Por fin estamos de vuelta -suspiró Pachylene mientras se abanicaba con sus alas-. ¡Ah, hogar querido, cuánto te echaba de menos!

-Estos últimos días han sido de locos, no hay duda -Eddie se veía igual de cansado, dejando las maletas junto a la puerta-. Aún me cuesta creer todo lo que nos pasó, amor mío.

El canadiense se apoyó en el muro, abriendo la chaqueta a fin de no ahogarse. Lanzó un largo bostezo antes de operar nuevamente el acceso dando al pasillo; su intención era verificar que la odiosa de Mariko, su vecina del frente, no los hubiese espiado conforme salían del ascensor. Incluso antes de volverse anfitrión sintió absoluto desprecio por aquella mujer repleta de odio, sólo cimentado cuando ella comenzara a referirse en atroces términos a su amada arpía.

-Me cuesta sobremanera mantenerme en pie, corazón -inhaló nuevamente a todo lo que daban sus pulmones-. ¿Qué tal si nos damos una buena ducha?

-Creí que nunca lo dirías. Déjame las cartas; llevaré todo a la mesa para que las revisemos una vez nos pongamos cómodos.

Mientras Maxon se dedicaba a sacar a las tuberías de sus improvisadas vacaciones a punta de pulsos de agua caliente, Pachy estiró sus brazos al máximo una vez dejó lo que parecían cuarenta a cincuenta sobres encima de la mesa de la cocina. No pudo sino compartir el diagnóstico de su prometido y pensar, maravillada, en la seguidilla de eventos desencadenados tras recibir la carta del embajador Ian Burney antes de Navidad.

Vestidos con sus mejores galas acudieron a la sede diplomática, donde los recibió un hombre cincuentón, afable y vestido para la ocasión. Rara vez, según él mismo admitió, solicitaba reunirse con civiles, pero la historia de los compañeros resultó ser aún más especial más allá de la nacionalidad. Salvo la gente de MON, el servicio exterior de Canadá era el único estamento enterado de las labores de Eddie para reorganizar la agencia, lo que le labró cierta fama en las altas esferas y eventualmente llegó a oídos de Justin Trudeau, Primer Ministro en ejercicio y muy interesado en abrir formalmente la sociedad a las liminales mediante una agencia nacional, llevando así la experiencia de MON al otro lado del Pacífico. Sorprendido quedó Burney cuando Pachy le habló en un inglés tan perfecto (acento incluido) como el de la misiva enviada a Ginza, llegando a ofrecer a ambos la posibilidad de viajar en clase diplomática para reunirse con las máximas autoridades del país norteamericano.

-Nos sentimos honrados por su deferencia, embajador, pero tanto Pachy como yo somos estrictamente neutrales en lo político a excepción de la integración de las extraespecies -acotó Maxon entonces-. Ergo, deseamos mantener nuestra independencia hasta aterrizar en Ottawa, donde asumiremos nuestro rol como huéspedes de honor.

-Adaptarnos al protocolo no nos costará nada -añadió ella- y tal vez suene raro considerando que hemos volado con colores propios desde el inicio de nuestra vida juntos. Hemos estado en Canadá antes por vacaciones, señor Burney, y de dicha experiencia conservo sólo los mejores recuerdos.

-Nosotros, como idiosincrasia, no acostumbramos a imponer nada más allá del debido respeto y cordialidad -dijo el político con una sonrisa-. Eso es lo que nos diferencia de nuestros vecinitos del sur pero no tienen por qué enterarse. Por el resto no se preocupen: enviaré un cable a Rideau Hall hoy mismo para notificar al Primer Ministro. ¿Les parecen bien los plazos acordados?

-Tendré que pedir permiso en mi trabajo pero me siento optimista -nuevamente Eddie-. Dejaremos los detalles con su secretaria porque usted, después de todo, es un personaje muy ocupado.

Una vez quedara todo arreglado con Shinya Nakashima, los compañeros celebraron las fiestas de fin de año para relajarse y aterrizaron en Canadá junto con Caroline el sábado 6 por la mañana. Pasaron un día entero en Charles Street preparándose en físico y mente antes de presentarse a primera hora en Ottawa el lunes 8. Trudeau mismo resultó ser un tipo inteligente, carismático y sumamente cortés, abriéndoles él mismo la puerta del magno salón donde celebraba sus reuniones de gabinete de lunes a viernes. En este último había avezados animales políticos con años de experiencia y otros recién iniciando sus andaduras tan ingrato mundo.

Los compañeros pasaron casi dos horas contando su historia oficial ante el grupo y luego se vieron sumergidos en un hervidero de reuniones, discursos, cuñas y estética hasta la noche del último día hábil. Sólo se detenían para comer o dormir, retirándose cerca de las once de la noche al borde del cansancio y levantándose antes de las seis. Todo ello, por supuesto, fue mantenido en la más estricta reserva, incluso quedando fuera del alcance de los beat reporters asignados a la sede gubernamental. Muchos de ellos no dieron crédito cuando se anunció, la mañana del mismo domingo 14, el acto que se celebraría a las 20 horas y sería transmitido en cadena nacional, así como por medio de las cuentas que el Gobierno administraba en Twitter, Facebook, Snapchat, YouTube y otras redes sociales.

Sólo recordar la magnificencia del salón de honor, desde la alfombra roja hasta las luces, hizo sonreír a la chica monstruo. Si bien al principio la dominaron los nervios por estar en el mismo epicentro del poder, tener a Eddie con ella, tomándola del brazo y dedicándole miradas de confianza, la tranquilizó. Ni siquiera notó cómo los flashes de las cámaras se fijaban en ambos una y otra vez, imprimiendo sus vidas para la posteridad y amplificando el mensaje de apertura, de abierta oposición al nativismo y al recelo, hasta límites insospechados. "Algunas personas son temerosas más allá de toda razón", arguyó Trudeau en la última línea de su discurso, "pero hoy, como país, dejaremos atrás el temor y comenzaremos a pagar la deuda con las extraespecies que han vivido tantos años entre nosotros, muchas veces sin darnos cuenta. ExtCan será el primero mas no el último paso al respecto y nos permitirá llegar más lejos para estar más cerca de ustedes". De inmediato llegó el aplauso cerrado, extendido por casi cinco minutos y que sólo cesó cuando el premier levantó sus manos.

-Ahora quisiera invitar al estrado a nuestros huéspedes de honor, quienes hicieron todo esto posible gracias a un compromiso eterno no sólo consigo mismos, sino con la misma causa que abrazamos a contar de ahora -prosiguió-. Señoras y señores, dejo con ustedes a quienes han sido emisarios de lo mejor de lo nuestro al otro lado del mundo: Edward Corbett Maxon y Pachylene.

Lo que siguió fue académico: se turnaron para pronunciar un discurso improvisado, en el que dieron gracias por la oportunidad y también expresaron su legítima sorpresa al ver sus vidas alteradas producto de semejante vuelta de trama. Fue esta una ironía curiosa, porque si bien la mayoría de la gente buscaba vivir tranquilamente, alejada de las luces y el peligro, sólo quienes se exponían y marcaban el paso se inscribían en los anales de la historia de siempre.

Rápidamente los hashtags #ExtCan, #ExtraspeciesCanada, #Liminals, #MonsterGirls, #EddieMaxon y #Pachylene se volvieron tendencia mundial, con cientos de miles de retweets, "me gusta", reblogueos y compartidas. Si bien los trolls nativistas intentaron cooptarlos para insultarlos o derechamente difundir sus cochinas publicaciones, las reacciones positivas fueron ampliamente superiores, llegando a alcanzar proporciones de 30 mil a 1 durante el peak del evento. Ni los bots rusos ni los sitios de noticias falsas pudieron opacarlo. Reproducimos a continuación algunos de los comentarios más relevantes.


¿Aún existe plazo para nacionalizarme canadiense? Pregunto por un amigo.

Eddie Maxon y Pachylene son todo lo que la ultraderecha detesta: jóvenes, inteligentes, atractivos, honestos y 100% comprometidos con una causa noble. ¡Viva la integración!

¿Ya salió Trump a decir que estos magníficos oradores de brillantes mentes son pagados por la CNN?

"Donde algunos ven demonios o estorbos, otros vemos seres que merecen una oportunidad de aportar y crear su propia historia". Fundies con ataque en 3, 2, 1...

El discurso dado por ambos puede definirse en una idea fuerza: "los derechos de las extraespecies también son derechos humanos".

Mientras unos quieren construir muros, otros buscan abrir puertas y tender puentes a quienes lo necesitan. He aquí una lección de profunda altura moral, especialmente en una época marcada por tendencias que creíamos erradicadas (nacionalismo extremo, proteccionismo, xenofobia).

No puedo esperar a ver cómo cubrirá esto Fox News porque no podrá ignorarlo. Seguramente acusarán a Pachy y Eddie de ser agentes encubiertos o algo así.

Sólo he visto aplausos de este tipo en galas de ópera.

¿Y Europa cuándo? Asumamos la realidad de una vez y presionemos a nuestros parlamentarios hasta conocer su opinión al respecto.

Los estados azules deberían lanzar sus propios programas de integración. Este es un país muy grande y seguro muchas liminales estarán esperando un gesto concreto de los gobernadores, aunque sea a nivel local.

Aceptaría a Eddie de Presidente y a Pachylene de Primera Dama sin pensarlo dos veces (y esto no lo digo sólo porque se ven demasiado tiernos juntos). ¿Quién me apoya?


-Todos soñamos con ser parte de algo grande pero cuando llega el momento no creemos saber de qué modo actuar por una razón sencilla: nunca sabemos ni creemos las cartas que nos tocarán -mencionó el nativo de Mississauga-. Es una reacción natural y la que creía sería constante en mi vida hasta que mi mundo se fusionó con la experiencia de ser anfitrión. La tarea de apoyar, animar y querer no es fácil y muchas veces puede verse teñida con incertidumbre o frustración, pero al final de dicho camino está la grandeza y ella, por muy breve que sea, siempre nos acompaña.

-No existe una fórmula garantizada para el éxito -Pachy se preparó a rematar- que no sea estar dispuestos a dar y recibir, a enseñar y aprender conforme continuamos nuestro crecimiento. Sea cual sea nuestra especie, vivir en comunidad es algo inherente, impreso en nuestra misma esencia. De dicho metal, puro como las luces del alba o la belleza de la luna llena en el cielo -levantó una de sus alas-, se forjan las llaves capaces de conectar nuestra conciencia a las puertas del destino. Este es nuestro mensaje para ustedes, sin importar dónde se encuentren ahora mismo.

Vino un aplauso mucho más duradero y potente, si cabe. Caroline Maxon, sentada también en la primera fila, casi se deshizo en lágrimas de alegría, desbordada de orgullo por su hijo biológico y por aquella maravillosa liminal que sería su futura nuera en cuestión de tiempo. No se había sentido tan orgullosa desde que Eddie la sorprendiera aquella tarde de julio en la sala de profesores de la Facultad de Derecho, perdonándola sin reservas.

Al final del evento los compañeros se retiraron asediados por un torrente de reporteros, pero el personal de seguridad les garantizó una buena dosis de privacidad. Durmieron a sus anchas y se despidieron del Primer Ministro el día 15, agradeciéndole una vez más por permitirles ser parte de algo tan importante. No abandonaron Rideau Hall sin un último regalo, esta vez cortesía de Jarrod Benson, elegido por Trudeau como primer director general de Extraspecies Canada y quien les concedió oficialmente el registro número 1 en la base de datos del nuevo sistema, así como una promesa solemne de trabajar codo a codo con MON para facilitar la cooperación entre ambos países.

Todos estos desarrollos serían puestos también en conocimiento de otros territorios de la Commonwealth con capacidad social, económica y cultural para oficializar su propio gran salto; extraoficialmente se hablaba de Australia, Nueva Zelanda o localidades como Bermuda, aunque sería necesario esperar a ver si las fichas caían realmente por allí gracias a la presencia de dark horses tipo Bahamas, Guernsey, las Falklands...

Vinieron posteriormente tres maravillosos días en la intimidad del departamento de Kari, ubicado cerca de la Universidad de Toronto y con maravillosa vista de los árboles frondosos en Charles Street. Pachylene y Eddie se dedicaron exclusivamente a cocinar, escuchar música, leer libros de historia y regalonear, ignorando el teléfono móvil y negándose terminantemente a revisar los correos electrónicos que seguramente les llegaron en cantidades industriales.

La señora Maxon se tomó, durante aquellas 72 horas, la molestia de desconectar su propio teléfono fijo y silenciar su móvil, contestando para decir apenas "ahora no tienen tiempo ni ganas de hablar con nadie", "sean comprensivos por una vez en la vida" o "el derecho a la privacidad es supremo, especialmente ahora". Supieron también por ella que los colegas del bufete y la docencia casi la asediaron con preguntas relativas a la nueva agencia y el rol de los compañeros, mas ella se mantuvo incólume y no dejó escapar nada, expresando que cualquier duda debería ser resuelta directamente con Benson o sus subordinados.

-¡Ya está lista la ducha, mi amor! -gritó él desde el baño.

-¡Fantástico! ¡Hazme sitio, cariño, que ya voy!

Pachylene casi pasó a llevar el florero de puro ímpetu. Sonrió mientras caminaba hacia allá y notó, bien cerca de la puerta, que alguien dejó un papel botado allí. "Después lo reviso", se dijo. Veinte minutos de trabajo a conciencia los dejaron a ambos limpios cual patenas pero terminaron, oh sorpresa, quedándose dentro de la bañera casi dos horas, disfrutando del silencio y el suave goteo de la condensación cayendo del techo al agua entibiándose gradualmente.

Vibraciones casi imperceptibles bajo y sobre la capa de espuma los mantuvieron entretenidos, acompasándose a su respiración. La arpía se sentía totalmente en éxtasis conforme el chico depositaba suaves besos en sus mejillas, le masajeaba el busto con movimientos envolventes o movía su mano derecha hasta la misma frontera del clítoris, cuyo solo contacto con las yemas bastaba para enviar sacudidas eléctricas a todos los rincones de su ser. Pachylene adoraba las benditas manos de su canadiense, quien era capaz de llevarla al clímax con pasmosa facilidad. Ser suya era el mayor regalo que la diosa pudo concederle y por el que nunca perdía oportunidad de agradecer al levantarse y acostarse.

A fin de no ser menos, la extraespecie pegaba su boca a la de él y lo envolvía con sus poderosas alas, bajando cada vez más conforme se ponía tan roja como el penacho cubriéndole buena parte de los brazos. Mediante suaves toques de aliento acariciaba su miembro, volviéndolo duro cual roca previo a lamerlo y devorar hasta el último toque de ese sabor que adoraba. Cuando se sentía traviesa, como hoy, lo colocaba entre sus macizos pechos y se valía de sus pulgares para mantenerlo allí, subiendo y bajando con cadencia de pistón conforme le devolvía el favor. No importaba cuánto tiempo le tomara; ella no lo iba a dejar insatisfecho.

-¡Ah, Pachy...! -Eddie ahogó un grito-. ¡Ya no falta nada...!

-Sigue así, mi amor -ella lo incitaba con su voz más sexy-. Sigue así. ¡Escucharte decir eso me hace muy feliz!

-¿Dónde quieres esta dosis? -inquirió él, tan ruborizado como su amada.

-Donde el corazón te guíe -ella lo miró desde abajo, sus ojos azules tan excitado como su corazón-. Sólo da la señal y ahí estaré esperando.

Al romperse la última barrera ambos lanzaron ese gemido suprimido durante tantos días y, siendo francos, les daba lo mismo si los escuchaba Ginza entera. Nada se comparaba a la intimidad de su pequeño departamento en pleno centro de Tokio, donde ambos eran amos y señores indiscutidos. El chorro de esperma emanando de Maxon terminó en el rostro y cabello de Pachylene, llegando incluso a salpicar la parte superior de sus mamas y mezclándose con las gotas de agua sobre su blanca piel. Él volvió a meterse al tibio manto, atrayéndola hacia sí y comenzando a lavarla nuevamente.

-Gracias por tanto, querida, aunque te pido disculpas -él la besó una vez más mientras le pasaba una esponja limpia-. Nunca quise dejarte así de pringada.

-Esto no es suciedad, Eddie, sino amor -ella lo ayudó sumergiéndose y luego dejándose acariciar-. Recuerda que jamás me opondré a que expreses tu cariño por mi de la forma que creas más conveniente.

-Me dijiste eso la primera vez que nos bañamos en las termas de Okutama, tan desnudos como ahora -acotó Eddie-. ¡Cuán lejos hemos llegado desde entonces!

-Recorrer este camino junto a ti, mi cielo, ha sido y seguirá siendo el máximo honor de mi vida -susurró ella, ya casi totalmente despojada de la pegajosa sustancia-. Okutama, Okinawa, Ginza, Toronto y ahora Ottawa... Tal orgullo sólo es comparable al que Schania sentía por su marido.

-Seguramente la más insigne de las rapaces debe estar observándonos desde las alturas con una sonrisa en los labios.

Un último beso, esta vez francés, puso punto final al baño. Ambos se pusieron rápidamente sus pijamas de polar, encendieron la estufa y se dispusieron a revisar la correspondencia, fuese impresa o electrónica, dejada de lado durante los últimos días. Mientras Eddie abría los sobres gracias a su fiel abrecartas, la rapaz extraía los papeles y los ordenaba en una pila junto a sus humeantes tazas de té con miel.

-Veamos qué sorpresas tenemos -murmuró ella, cogiendo la primera-. ¡Mira, cariño, esta viene de Okutama!

-¿Quién la firma?

-La señora Yakutsenya en representación de todas las habitantes de la comunidad. Tiene fecha del 16; para ese entonces aún estábamos en Canadá.

Maxon acercó su silla a la de Pachy y leyeron juntos el mensaje. Era de una hoja por ambos lados, escrito con letra grande a la vez que clara, y venía estampado con las rosas azules sobre un océano verde y cielo blanco, emblema inconfundible de la villa.


Okutama, 16 de Enero de 2018

Mis adorados niños:

Espero que esta carta los encuentre ya de vuelta en casa o, en su defecto, en la empresa donde trabaja Edward. Quisiera partir expresándoles toda la alegría y orgullo que sentimos al enterarnos de la noticia, la que leímos en uno de los periódicos que la gente del pueblo nos trae semana a semana con otras cosas para intercambiar o regalar. Verlos allí, tan compenetrados y solemnes a ojos del mundo, de la historia grande y las máximas esferas del poder, casi nos hizo llorar de alegría como seguramente lo hizo la señora Caroline, otra humana a la que tenemos en idéntica estima a la de ustedes. Saber que por su obra y gracia las extraespecies al otro lado del mundo contarán con una oportunidad como la que la diosa nos concedió no tiene precio y nos hace sentirnos increíblemente honradas de ser parte de sus vidas. Si hubiesen visto los rostros de las más jóvenes cuando se enteraron, habrían saltado de júbilo; fue su idea el organizar un banquete comunal para honrarlos a la distancia y pedir por su eterna felicidad. Disfruten el momento, sigan siendo ustedes mismos y nunca olviden que aquí, entre las cataratas, riscos y bosques, siempre tendrán un sitio al que llamar hogar.

Cuídense mucho y ojalá podamos vernos de nuevo, ya sea por su futuro matrimonio o cualquier otra razón.

Yakutsenya

Matriarca de la Comunidad de Arpías de Okutama


-Hermoso -dijo Eddie una vez terminaron-. Benditas sean todas ellas, desde la señora Ednemia hasta la misma Kuusela. ¿Quieres elegir alguna otra, mi amor?

-Preferiría que lo hicieras tú y después volviéramos a alternarnos -Pachylene sorbió algo de su té con una bombilla-. La última vez que sentí esta emoción fue cuando nos enfrentamos a la caja del tesoro y nos encontramos con una parte crucial de tu historia.

-Lo bueno es que esta es ahora nuestra historia, querida -el canadiense tomó otra misiva-. Y la siguiente es... de nuestras amigas de Shirokane. A juzgar por la letra, infantil y en tinta púrpura, Antonella la escribió el mismo lunes por la mañana.

-Qué chiquilla tan tierna -la pelirroja sólo sonrió al observar el mar de palabras sobre una esquela color verde pastel.


Tío Eddie y Tía Pachy:

En nombre mío, de mi hermana Zynda y el de mis anfitriones, quisiera darles nuestras más sinceras felicitaciones por regalarnos semejante sorpresa, la que me permitió comprender (a título estrictamente personal) el porqué de su prolongada ausencia y espantar de golpe las penas inundando mi corazoncito. Ustedes se han hecho parte tan importante de nuestras vidas que no pudimos evitar extrañarlos y preguntarnos por dónde andaban.

Cuando vimos el reportaje en la prensa escrita y posteriormente leímos otras crónicas alusivas en Internet, nos creímos presos en un hermoso sueño. Esa incertidumbre inicial dio paso a la alegría tan original que nos han enseñado, mediante sus interacciones con nosotros, a experimentar y entender mucho mejor. Cuando lean esto, ojalá de vuelta en la capital del reino, puedan llamarnos para reunirnos; si no pueden venir ustedes iremos nosotros a verlos, llueva, nieve o truene. Nos encantaría que nos contaran la trastienda de su incursión en la élite política porque, lisa y llanamente, la opinión de insiders en su molde siempre tiene mucho más valor. Desde ya tienen garantizada nuestra discreción más absoluta.

Esperando ansiosamente su respuesta, me despido.

Siempre fiel a ustedes,

Antonella Satme-Sannika

P.D: Sé que lo he dicho un millón de veces antes, pero ¡los quiero mucho y nada cambiará eso!


-Parece que vamos a tener que hacer una agenda dedicada exclusivamente a las entrevistas, ¿no crees? -sugirió él tras dejar esta carta en la pequeña pila de leídas-. Sólo espero que los periodistas no nos asedien tanto como en Ottawa; no deseo tener que pedir protección policial.

-Para nuestra gente cercana siempre habrá tiempo y el resto se verá caso a caso -atajó ella-. He de admitir que también echaba de menos a nuestras queridas arácnidas y a los Hirosawa. Ambos parecen gente intimidante al inicio pero cuando aprendes a conocerlos son muy agradables.

-He ahí otra similitud con nosotros.

Cogió Pachy el tercer mensaje, que resultó ser de Annika Torma, su amiga Kobold. Escrito con la excitación propia de la especie, partió con una soberbia felicitación por haber mantenido todo lo relativo a ExtCan "tan bien escondido" para luego liberarlo "en el momento de máximo impacto"; concluyó después con una nueva invitación a la pista o a donde ellos quisieran para conversar y quizás tomarse algo en un ambiente recatado. "Aquí entre nos, también tengo muchas ganas de mostrarles cuánto nos hemos acercado Naoki y yo. Su ejemplo, mis queridos amigos, ha sido mi guía en este maravilloso proceso". El cuarto papel, impreso en estilo clásico, venía firmado por Hidetaka Nakashima y Iori, quienes les dedicaron palabras de admiración desde el retiro. "Cuando Shinya nos llamó desde Sudamérica para contarnos, nos quedamos sin habla pero percibimos al instante la alegría que seguramente Tali también probó entonces". El anterior presidente de la firma añadió la fantástica impresión que se llevara de la pelirroja cuando la conoció y la felicitó por combinar inteligencia, tino y belleza (tanto exterior como interior) de forma magistral. "Lo mejor de su historia, Pachy y Eddie, es que aún tienen muchas oportunidades por delante para exhibir todo su potencial, ora aquí, ora en cualquier otro sitio del mundo. Sé que las aprovecharán bien".

No pudieron estar ausentes las cartas de la familia Tomashino, de la señora Mikawa (tan tierna que era) e incluso de extraespecies tan lejanas como Rhee y Niva, cuyo dialecto de Okinawa relucía nada más echar un vistazo a los trazos escritos en tinta o lápiz grafito, respectivamente. También se hicieron presentes Manako, Tionishia y Sakurada con un mensaje conjunto lindando entre la racionalidad y la ternura, siempre conservando ese fresco toque de correctas observaciones. Genzō Narahara, director de MON, les reiteró su enhorabuena con característica solvencia. ¡Qué diablos, incluso el ejecutivo del banco donde tenían su cuenta corriente les mandó una felicitación cordial!

-La vida parece rebobinar y reproducirse nuevamente ante nosotros conforme saltamos de una hoja a otra -reflexionó Eddie, sirviendo más té y hasta sacando algunas galletas de la alacena-. ¿Algo más digno de mención?

-Sí. Kimihito Kurusu también te escribió; su texto viene dirigido a ti a diferencia de los demás -Pachylene separó tal carta del resto-. Ahora recuerdo que hasta el momento no hemos podido ir a Asaka a visitarlo. ¿Recuerdas que te dije que quería conocerlo? El programa de MON en su etapa original partió con él, lo que lo transforma en un ícono.

-Ya se dará la ocasión, amor mío. Ahora veamos qué nos puede contar este espléndido muchacho.

Masticaron las galletas con chispas de chocolate, se arrimaron a todo lo que pudieron y pasaron sus ojos por este testimonio.


Mi estimadísimo Eddie:

Si me hubieras dicho durante las reuniones que tuvimos hace tiempo con Smith para dar vida a la nueva MON que Canadá terminaría siguiendo su ejemplo en menos de un año, admito que te habría tomado por loco e incluso tú mismo habrías compartido tal diagnóstico. Fuera de toda broma, interactuar contigo entonces me mostró que en todos los sitios y nacionalidades existe gente buena, capaz de iluminar las habitaciones a las que entra y de dar vuelta escenarios perjudiciales gracias a su fuerza de voluntad. Tal lección me sirvió para resolver mi propia situación y avanzar hacia una vida mejor en compañía de Lala, el amor de mi vida, y Suu, otra estupenda amiga que nunca deja de sorprenderme.

Que Pachylene y tú hayan logrado, por un prodigio que ojalá puedan explicarme un día de estos, causar un cambio de esta magnitud allende los mares es admirable, magnífico, colosal al punto de eclipsar todas las otras estrellas en el cielo. Admito desde ya que sonreí cuando Kuroko me contó de esto el mismo día que ella leyera el reportaje alusivo en The Japan Times. También viene a mi mente la ocasión en que nos conocimos y me calificaste de celebridad al estrecharme la mano. Pues bien, amigo mío, ahora estamos en el mismo nivel. Se lo han ganado en buena lid y créanme que me siento muy feliz por ambos.

Gracias de antemano por leer mi carta, Eddie; seguramente debes estar tapado de mensajes ahora mismo y no sabes con cuál partir. Ojalá la buena estrella que ha alumbrado nuestros caminos siga brillando por todo lo alto. Pásate por aquí cuando quieras; nos agradará mucho recibirte.

Atentamente,

Kimihito

P.D. #1: Mis huéspedes desean conocer a tu novia hace ya bastante tiempo y creo que el sentimiento es mutuo. Si ella también viene, podríamos armar una cena o algo así.

P.D. #2: Nunca había escuchado a Smith tan feliz a través del teléfono. Esa es señal de que ella también te aprecia mucho y vibra con las mismas cosas, creo yo.


Justo cuando Eddie terminó de leer en voz alta, Pachylene recordó algo y acudió a buscar el papel junto a la puerta. El canadiense la miró con curiosidad cuando ella lo dejó encima de todo.

-Ya que estamos imitando a Santa Claus con las cartas de Navidad, podríamos echarle un vistazo a esta. Sólo tiene un poquito de polvo -la sacudió con sumo cuidado-. Mira qué coincidencia: es de Smith.

-Debe ser lo que nos mencionó el señor Kanemura cuando intentábamos abrir la puerta sin soltar las maletas -añadió el muchacho-. Fue muy amable de su parte mantenerlo en reserva tras tanto tiempo, especialmente con la chismosa de Mariko a un tiro de piedra.

-¿Crees que nos escuchó hacer el amor? -la rapaz se puso pícara-. Ojalá haya sido así y se retorciera de furia. Nunca la voy a perdonar por haberme insultado tantas veces.

-Dalo por hecho, dulzura -Eddie la besó una vez más en esos perfectos labios-. En instancias así podemos permitirnos ser crueles. Ya se sabe que la crueldad refinada...

-...es el condimento perfecto a las vidas con clase -completó Pachy-. Ahora veamos qué nos tiene que contar nuestra querida coordinadora.

Ambos se llevaron una buena sorpresa al notar que el papel, arrancado de un bloc de notas estándar, no tenía huellas de pisadas o perforaciones causadas por garras. La pelirroja le contó que la vio descansando en el recibidor justo antes de unirse a él en el cuarto de baño, pero no creyó necesario traerla a colación hasta que ambos se relajaran debidamente. Apreciando su buen criterio, él acarició sus mejillas con mucho cariño antes de ojear la nota.


Eddie:

Pasé a verlos temprano el día 8 para el control de rigor pero no estaban. Hablé con el señor Kanemura, tu vecino del lado, quien me contó que andaban bien agitados cerca del fin de año y también confirmará la hora de mi visita. Ojalá tú, Pachy y la señora Caroline estén muy bien, sea lo que sea que hayan debido hacer. Apenas leas esto, llámame directo a mi teléfono celular a fin de coordinar una nueva reunión.

Tu fiel amiga,

Kuroko

P.D.: No sé cómo aguantas a tu vecina del frente. ¡Es una condenada gárgola sin corazón!


-En lo último tienes razón, Kuroko -rió Maxon-. Es más, diría que estás siendo generosa con semejante clasificación.

-Yo podría pensar en muchos otros apelativos para nuestra vecinita del frente -el tono de la arpía deslizó algo de desprecio-. "Desperdicio de espacio", para empezar. "Nativista de garrafón" también le queda bien.

-A ello podríamos añadir "vándala", "ostrógoda", "antracita", "fantasma", "bulldozer a reacción" e incluso "mentirosa de órdago" -Eddie la imitó conforme aportaba a la discusión.

-Suenas como el Capitán Haddock, ¿eh? Mientras no se te ocurra tomar whisky las 24 horas, todo bien.

-No necesito consumir Loch Lomond, Pachy, teniendo tus labios a tan corta distancia de los míos.

-¡Adulador...! -la chica monstruo se sonrojó entera y volteó la cabeza de una forma que la hizo verse aún más linda-. Ah, ¿a quién quiero engañar? Por cosas así es que te amo en cuerpo, mente y alma.

-Lo mismo digo, querida. Ahora, ¿qué tal si llamamos a Smith y atamos este último cabo?

-Iré por más galletas. ¿Estás de animo para una tercera taza de té? Afuera sigue haciendo un frío que pela.

-Si nos queda miel, por supuesto. La canela también me vale.

Una vez Pachy comenzó a hurgar en las alacenas, Eddie se concentró en buscar el número de la pelinegra. Nada más desbloquear la tarjeta SIM de su iPhone se le llenó el escritorio de notificaciones: sólo en su correo personal tenía 983 mensajes sin leer, así como unos 2.500 en WhatsApp y hasta 369 en los SMS de toda la vida. Se caía de maduro que su familia materna, partiendo por la prima Haley, le habría mandado más de alguno.

-Aquí está -pulsó sobre la correspondiente entrada-. Sé que son recién las ocho y debe ir de camino al trabajo, pero nada pierdo con intentar.

Sonó el tono dos, tres, cuatro, cinco veces. Parecía que los temores del humano se confirmaban pero...

-¡Primor! -exclamó Kuroko del otro lado-. ¡Por fin podemos hablar! ¿Cómo están Pachy y tú? ¿Hace mucho que volvieron de Canadá?

-Ambos nos encontramos estupendamente, gracias, aunque bien cansados luego de todo lo que aconteció -suspiró él-. Llegamos a Narita pasadas las 6:30 y regresaremos a nuestra rutina el lunes. Hablé con Shinya al poco de aterrizar y como es viernes me dio el día libre.

-Los extrañé mucho, ¿saben? Cuando no los pillé en su casa temí lo peor, especialmente con esa vieja gárgola hablando pestes de ustedes.

-¿Te dio muchos problemas?

-La puse en su lugar rápidamente; es de la clase de gente a la que soy alérgica. ¿Te habló el señor Kanemura?

-Me encontré con él y me puso al corriente de tu visita.

-Cuánto me alegro por ello...

-¿Deseas coordinar una visita para el lunes antes de las ocho? -Eddie miró a Pachy, quien le asintió al escuchar la fecha-. Que Pachy y yo estemos relacionados con ExtCan no nos exime de nuestras obligaciones para con MON, después de todo.

Smith se demoró tres a cuatro segundos en dar su respuesta.

-Tenía otra cosa en mente, mi querido Eddie -ahora habló en tono plácido y el canadiense activó el altavoz-. Mañana es sábado y me encantaría invitarlos a almorzar afuera para cambiar la rutina. Siempre nos hemos reunido en tu casa o en las mismas oficinas de MON, lo que ya comienza a hacerse algo repetitivo, si me permites decirlo. No lo digo sólo por la revisión rutinaria sino porque me encantaría poder conversar más en profundidad con ustedes.

Nuevamente intercambiaron una mirada los compañeros, quienes conocían casi la totalidad de los restaurantes del distrito gracias a sus propias salidas o las que hicieran en compañía de Caroline cuando la tuvieron de visita.

-¿Tienes en mente algún sitio? -inquirió él.

-Si no puede ser el 360 Grados por falta de reservas, podemos ir al café ubicado media cuadra más abajo de la sede de MON. Ampliaron su carta hace poco y la comida es de estupenda calidad -explicó-. Cuando mis colegas o yo no tenemos ganas de ir al comedor de la agencia, solemos acudir allí.

-Entonces cuenta con tu sello de aprobación -Eddie sonó aliviado y Pachy simplemente asintió-. Allí estaremos a la hora que definas.

-Si pueden llegar a eso de las 12:30 sería perfecto; a partir de las 13:00 el local se llena con inusitada rapidez -Smith evidenció su satisfacción-. Me encargaré de estar allí un poco antes para reservarnos una buena mesa.

-Hecho. Que pases muy buen día, Kuroko. Ah, una última cosa.

-Lo que quieras, primor.

-¿Vas de camino al trabajo o ya llegaste?

-Ahora mismo voy llegando -se escuchó el sonido de las puertas automáticas-. Disfruten su descanso, parejita, porque lo tienen bien ganado.

-Gracias, Smith. Que tengas un muy buen día de trabajo. Dale mis saludos y también los de Pachylene a tus colegas.

-Así lo haré -cortó.

La rapaz pelirroja apartó el teléfono una vez la cocina volvió a quedar en silencio. Su mirada centelleante expresaba que la idea de conversar con su coordinadora fuera de los ambientes usuales la entusiasmaba bastante y sería una linda forma de volver a conectarse a los orígenes antes de saltar nuevamente a la rutina a contar del lunes 22. Eddie, contagiado de su espíritu, la abrazó fuertemente, animándola a sentarse nuevamente junto a él. Aún tenían mucha correspondencia física por revisar, por no hablar de la digital y todos esos mensajes englobados en círculos rojos sobre las señas de sus respectivas aplicaciones.

-¿Te apetece una siesta después de esto? -preguntó el muchacho.

-Dormir contigo es la única cosa en el mundo preferible a comer bien -ella le dio un besito esquimal-. ¿Con cuál de estas seguimos ahora?

-Esa en papel rosa de allí se ve muy sugerente.


Nota del Autor: La trama iniciada al final del capítulo 46 y continuada en el 49 desde la perspectiva de Kuroko Smith alcanza un nuevo nivel de detalle con el presente episodio, centrado en nuestra insigne pareja y que responde buena parte de las preguntas lanzadas previamente. Quienes tengan buena memoria recordarán que ya al cierre de Rojo y Azul se mencionó lo del interés canadiense por el rol de Eddie como anfitrión, así que extrapolar su experiencia a la formación de ExtCan era el paso más lógico. La mayor parte de este capítulo, sin embargo, se centra en el punto de vista de Pachy, cuya intuición sigue tan fina como siempre a la hora de conversar, exponer o amar. Combinar su emoción frente al mundo con la explícita intimidad forjada junto a su compañero me ayudó a darle solidez adicional al relato. Justo cuando creo que ambos no pueden amarse más, llegan y redefinen todo apelando a su esencia más pura.

Gracias desde ya por leer, comentar, favoritear o seguir esta historia. Ahora me retiro porque tengo reunión en Itsasargi y hay mucho que discutir sobre nuevas obras. ¡Suerte con todo lo que les toque hoy! O como se dice en japonés, "¿qué harían si la fama llamara a su puerta?".