CAPÍTULO 43
—Bella, esto tiene que parar. Si seguimos así no vamos a caber en casa. —Se quejó Ángela mientras buscaba un sitio dónde colocar el enorme ramo de rosas blancas que acababa de llegar— Es el sexto ramo que llega en esta semana. ¡Menos mal que no somos alérgicas a las flores o estaríamos muertas!
—Ya se cansará —Le contestó Bella mientras removía la masa para las tortitas que estaba preparando.
—No lo hará. Tú lo sabes y yo también.
Bella rodó los ojos y depositó el cuenco resoplando. Su amiga tenía razón, Edward no se cansaría. Se estaba tomando muy en serio su tarea de reconquista. Había pasado una semana desde su vuelta y encuentro en el rellano del edificio y desde entonces, Edward no le daba tregua.
A parte de los ramos de flores casi diarios acompañados de su posterior visita, los mensajes y las llamadas de teléfono... Edward se las había ingeniado para terminar teniendo una especie de cita allí, en su mismo piso.
Estaba segura de que Ben le había ayudado, pues convenientemente había coincidido con el médico, justo cuando él venía a recoger a Ángela para salir y aprovechó para subir a su piso.
—¿La botella de vino también apareció de casualidad en tus manos? —Le preguntó Bella al verle aparecer con ella.
—Puede que ahora tenga poderes mágicos. —Bromeó.
Resignada no le quedó de otra que aceptar la improvisada comida china y conversaron sobre su estancia en la clínica de rehabilitación y como habían sido estos meses para Bella: sus sesiones y su recuperación.
Fue extraño y agradable a la vez volver a compartir esos momentos, era como si nunca hubieran desaparecido.
La noche se les hizo corta, aunque en realidad Edward se marchó bien entrada la madrugada, aunque el deseo no expresado de ambos era que se quedara.
—Me voy deseando quedarme, Bella. Pero no quiero forzar las cosas. —Se despidió después de acariciar su brazo y despistar un cálido y juguetón beso en la comisura de sus labios.
—Solo quieres volverme loca y excitarme con tus seductoras miradas y tus involuntarias caricias. —Apreció ella coquetamente adivinando sus intenciones.
Al final ella estaba entrando en el juego. Edward la estaba llevando a su terreno y se la estaba ganando de nuevo, aunque en realidad nunca la había perdido, no del todo.
—Estoy deseando saber cuál será su movimiento esta noche. —Habló Ángela sacándola de sus recuerdos.
—¿Está noche?
—Sí, en el desfile de Alice. ¿No creerás que se va a perder el desfile de su hermana? Yo ya he recibido dos mensajes de Alice para recordarnos que debemos estar puntuales en el hotel. —Le recordó Ángela.
El desfile. Isabella lo había olvidado por completo.
Aún no sabía cómo la pequeña Cullen había logrado convencerlas a ella y a Ángela para que participase en él. En realidad, si lo sabía; Alice era demasiado insistente y después de escucharla cien veces pedirles que por favor lo hicieran, no les quedó más remedio que aceptar.
El desfile suponía el debut como diseñadora de Alice. Se trataba de un desfile benéfico a favor del cáncer infantil. Formaba parte de un evento que consistía en cena con actuaciones en directo, desfile y posterior baile. Todos los beneficios irían íntegros para la causa; desde lo recaudado por los cubiertos hasta el valor por el que se vendiera cada prenda, por eso le había pedido a amigas y conocidas que colaborasen y ellas, al final, no sé pudieron negar.
Por supuesto que Edward estaría, no se perdería algo que para su hermana era tan importante. De hecho, Rosalie y Emmet también asistirían, y Jasper, y Ben…. Todos estarían allí reunidos…. Solo que Bella no había pensado en ello.
Llegaron al hotel alrededor de las siete de la tarde. Allí las recibió una histérica Alice que ni siquiera las dejó saludar a Esme que se encontraba allí para ayudar a su hija.
—Mi padre llegará después, con Edward y Jasper. Los asuntos de bambalinas son cosas de chicas. —Les dijo mientras que las arrastraba hasta la habitación donde se debían cambiar, peinar y maquillar.
—Alice, de verdad, no creo que esto se abuena idea. —Habló Bella sintiéndose más y más nerviosa a medida que se acercaba la hora.
—Bella, lo harás genial. Solamente tienes que salir y caminar hacia delante, sonreír y volver atrás. ¡Así de fácil!
—¡Con un montón de gente mirando!
Alice la tomó de las manos y se las apretó para infundirle valor.
—Bella, hazlo por los niños, ¡Por mí! Por favor, ya estoy lo suficientemente nerviosa como para que te de un ataque de pánico.
—¡Está bien! Respiraré y me guardaré los nervios para después. ¡Pero me debes un favor muy grande! —Señaló apuntándola con el dedo como si la estuviera regañando.
—¡Perfecto! Ahora ve hacia allí y… ¡Toma! —Le tendió un pequeño papel doblado— Este mensaje me lo dio mi hermano para ti y me dijo que te lo entregara antes de salir. ¡Va a salir todo estupendo!
Alice se marchó dejándola allí en el sitio que tenía que ocupar antes de salir. Acarició el trozo de papel y lo desdobló para leerlo.
Sé que estarás nerviosa antes de salir, sé que esto no es lo tuyo y que Alice te habrá persuadido para que estés aquí, peor lo harás genial.
No te subestimes Bella, porque eres más fuerte de lo que te crees.
Saldrás con tu preciosa sonrisa y deslumbrarás a todos, haciendo que muera de celos, pero siendo el hombre más orgulloso de la sala por pertenecerte.
¡Respira y cálmate!
Edward
Pdt: Estaré en primera fila, por si te caes y tengo que subir a por ti
El mensaje de Edward consiguió sacarle una sonrisa, aunque no le tranquilizó saber que él estaría en primera fila observándola.
—¿Estás bien? —Preguntó Angela llegando hasta ella.
—No, ¿Y tú?
—Tampoco. Recuérdame que luego matemos a ese pequeño demonio. —Bromeó su amiga.
Isabella sentía como las rodillas le temblaban en cuanto enfiló la pasarela. Tomó aire se infundió valor.
—¡Vamos, Bella! ¡Tú puedes! —Se repitió a si misma.
Esperó a que la chica que desfilaba delante de ella le diera el relevo y empezó a caminar. La tela del vestido bailaba a sus pies. El diseño era un vestido largo; de seda, sin mangas, con una sola banda ancha que cruzaba su hombro. En la zona del pecho la tela se fruncía para después caer en cascada hasta sus pies, pero sin duda lo que le dama movimiento a la prenda, además del corte, era la descarada abertura que caminar descubría si permanente izquierda. El azul eléctrico de la tela contrastaba con el blanco de su piel.
Cuando se dio cuenta, había llegado al final de la pasarela y allí, aplaudiendo como el resto, estaba Edward con una inmensa sonrisa pícara en su rostro. En la misma mesa estaban sus padres y Jasper. Ella le devolvió la sonrisa y él le guiñó un ojo haciendo que las mariposas volvieran a revolotear en su estómago.
Bella se giró y deshizo el camino hasta llegar al final.
Rosalie, como modelo experta fue la encargada de cerrar el desfile de manera triunfal.
Subieron a cambiarse de ropa, ya que no podían permanecer con los modelos exhibidos y cuando bajaron descubrieron que el desfile había sido un éxito. La recaudación había superado las expectativas y todos comentaban la calidad de los diseños.
Alice estaba exultante y no era para menos.
—¡Enhorabuena, Alice! Estoy segura que a partir de aquí todo serán éxitos. —La felicitó abrazándola.
—¡Muchas gracias, Bella! Pero sin vosotros esto no habría sido posible. Gracias por aceptar mi encerrona —Comentó refiriéndose también a Ángela que se había visto arrastrada a ayudarla.
—Para eso están las amigas, aunque últimamente no haya sido la mejor. —Se disculpó ya que, aunque habían recuperado el contacto aún se sentía culpable por haberla apartado cuando lo suyo con Edward acabó.
—Eso es agua pasada —Le restó Alice importancia—. Pero si me lo permites... Cómo amiga y hermana voy a darte un consejo; no le hagas esperar más. Él te ama y tú le amas a él, no hace falta nada más que ver cómo os miráis para darse cuenta. No sigáis perdiendo el tiempo.
Y era cierto porque desde que bajó de la habitación dónde se cambió se habían estado buscando con la mirada ya que a ambos les habían detenido distintas personas.
Alice se marchó dejándola allí parada. Buscó a Edward y lo encontró al fondo de la sala, con su impecable traje chaqueta y una copa de champán en la mano. En cuanto la vio libre, se disculpó con el hombre con el que estaba hablando y se aproximó hasta ella.
—¡Hola!
—¡Hola! —Respondió sonriendo.
—Tengo que felicitarte porque lo has hecho genial, el mundo de la moda se está perdiendo a una gran modelo.
—¡No seas exagerado!
—Es cierto que contigo no soy objetivo, pero en esto llevó toda la razón.
Ambos se miraron sonriendo. Una sonrisa que transmitió miles de sentimientos.
—Ven, vamos a bailar. —Le pidió Edward tomándola de la mano y aproximándose a la pista de baile.
—¡Edward, sabes que se me da fatal! —Intentó resistirse.
—Confía en mí, déjate llevar. —Edward la agarró por la cintura y la aproximó hasta él. Sus rostros estaban a escasos milímetros, sus bocas casi se rozaban y sus miradas se perdían en los ojos del otros.
El corazón de Bella latía desbocado, lo había extrañado tanto...
—¿En qué piensas? —Preguntó el junto a su oído al tiempo que se mecían al ritmo de la música.
—En ti, en nosotros.
—¿Y eso es bueno…o malo?
—Ambos —Respondió pensativa—. ¿Vas a dejar de mandarme flores?
—La respuesta la tienes tú. Está en tu mano. Las flores forman parte de la reconquista
—Qué yo recuerde... No me has hecho ninguna pregunta. —Bella observó cómo él sonreía. Sabía que indirectamente le estaba preguntando si estaba dispuesta a volver.
—¡Chica lista! Y no, no voy a dejar de mandarme flores. No lo haré porque espero regalártelas por tus cumpleaños, por San Valentín, por nuestros aniversarios, para celebrar el nacimiento de nuestros hijos...
—Edward...
—Bella, quiero vivir mi vida contigo.
—¿Y si volvemos a hacernos daño?
—¡Estoy seguro de que nos lo haremos! —Sonrió Edward— Cuando discutamos porque no nos ponemos de acuerdo sobre qué película ver, ni sobre a qué lugar nos iremos de vacaciones o si nos apetece pedir chino o pizza para cenar... Tú me llamarás imbécil y yo te diré cabezona y al final, terminaremos cediendo, unas veces tú y otras yo y… tendremos un magnífico sexo de reconciliación.
—Y valdrá la pena —No fue una pregunta si no una afirmación. Una aceptación, la confirmación de que le aceptaba, que estaba dispuesta a intentarlo, que volvían a estar juntos. Ambos se seguían meciendo al ritmo de la música, sin importar si era una canción lenta o movida. Estaban en su burbuja y era su momento.
—Valdrá la pena. —Repitió él acorta do la distancia y besando sus labios.
Ambos se fundieron en un solo ser, sus bocas se buscaban, se anhelaban, necesitaban rememorar el sabor de todos los besos perdidos.
—Te amo —Confesó apoyando su frente en la de ella.
—Y yo a ti. —Respondió sonriendo.
Pasaron el resto de la velada juntos; tomados de la mano, besándose, acariciándose…, siendo testigo de las miradas suspicaces y curiosas que les dedicaban sus amigos.
Todos se alegraban de que lo hubieran solucionado. No les hizo falta preguntarlo, era demasiado evidente.
Esme les abrazó cariñosa y emocionada, al igual que Carlisle. Alice dio salto de alegría y Emmet además de palmear la espalda de su amigo en seña de enhorabuena, abrazó tan fuerte a Bella que la levantó dos palmos del suelo.
Angela se mostró prudente. Y apartando a Edward le dijo:
—Conozco a Bella desde hace muchos años. La he visto contigo y sin ti. La hiciste sufrir, mucho, y sinceramente, creí que estaría mejor de lejos de ti, pero me equivoqué. Bella sin ti estaba rota, incompleta. Solo espero que esta vez no metas la pata de nuevo… y… —Continuó Angela cambiando a un tono más alegre—¡Ya está! ¡He cumplido con mi parte y te he amenazado!¡Haz feliz a mi amiga!
Edward aceptó el abrazo de la muchacha aguantando la risa, Angela nunca cambiaría.
Cuando la fiesta terminó, ambos se subieron al coche de Edward y abandonaron el hotel. Bella fue consciente de que no iba a pasar la noche en su apartamento en cuanto tomaron la salida equivocada.
—Por aquí no se va a mi casa.
—Te equivocas, por aquí vamos a nuestra casa, a tu casa, de donde nunca te deberías haber ido, de donde nunca te debería haber echado. No sabes como me arrepiento de eso, Bella. Ese no era yo, el alcohol…
—¡Shhh! —Le calló Bella poniendo un dedo sobre sus labios— Eso ya pasó.
Llegaron al edificio y Edward le abrió la puerta para que bajase, en cuanto lo hizo, la cogió en brazos y entró en el edificio.
Un risueño Harry les dio la bienvenida.
—¡Qué bueno es verla por aquí de nuevo, señorita Swan!
—¡Buenas noches, Harry! —Saludó completamente ruborizada.
—¡Acostúmbrate, Harry! Porque a partir de ahora la verás muy a menudo.
Entre besos y caricias consiguieron llegar al apartamento. Edward subió con ella en brazos hasta la cama, donde la deposito suavemente.
—¡Te he extrañado tanto! —Murmuró con voz ronca sobre su boca.
—Y yo, Edward. ¡Ámame! —Pidió Bella mirándolo fijamente y besando su boca.
Edward no necesitó nada más. Se tumbó sobre ella y transformó el suave beso en uno apasionado, ansioso..., sus manos exploraron sus cuerpos, buscándose, reconociéndose después de tanto tiempo...
Poco a poco la ropa empezó a desaparecer; Isabella desabrochó la camisa de él y le ayudó a quitarse los pantalones, él se deshizo de la fina tela del vestido de ella hasta dejarla solamente cubierta por el pequeño tanga de encaje.
—Adoro tu cuerpo. —Confesó Edward empezando a besar cada centímetro de su piel. Su boca lamía y mordía sus pechos, su pubis... Sus manos jugueteaban con su clítoris hasta hacerle perder el control. Bella jadeaba y se retorcía sobre él, alcanzando en pocos minutos, el orgasmo al que el la llevó devorando su sexo.
Bella enredó sus piernas en torno a su cintura e invirtió sus posiciones. Sentada a horcajadas sobre él, envolvió su miembro con sus manos y comenzó un tortuoso sube y baja al que acompañó poco después con su lengua, intercalando sus caricias con húmedos besos que le hicieron estallar en su boca.
Edward se incorporó y la ayudó a sentarse sobre él. Juntos empezaron un ansioso vaivén en el que las caderas de ambos salían a encontrarse.
Jadeos, susurros y caricias inundaron la habitación.
—¡Nena, voy a estallar! —Exclamó Edward a punto de alcanzar el éxtasis.
—¡Más, Edward, más! —Susurraba Bella cabalgándolo.
Edward buscó su hinchado botón y lo acarició y frotó acelerando la excitación de ella a sabiendas de que él no podría retener más su liberación. Fueron segundos de locura, de perder el control y al final... El orgasmo les alcanzó a los dos, juntos, como siempre, como tantas veces habían hecho antes, como tanto habían extrañado.
Juntos y rendidos, aun recomponiendo se de los últimos latigazos de pasión, quedaron tumbados en la cama.
Bella trazaba pequeños círculos sobre el pecho de él mientras que la mano de Edward le acariciaba la espalda.
—¿Sabes? Esto ha sido una reconciliación de película. —Confesó depositando un pequeño beso donde antes habían estado sus manos.
—Cariño, lo nuestro es un amor de película. —Terminó Edward besando su frente.
Volvieron a hacer el amor dos veces más, sabiendo que el día siguiente sería el inicio de una nueva etapa en su vida juntos. Un nuevo porvenir, con subidas y bajadas, con sonrisas y lágrimas, pero con la convicción de que esta vez harían las cosas bien, de que esta vez sí funcionaria.
FIN.
¡Se acabó! Hemos llegado al final de la historia y parece que nuestros chicos han tenido su final feliz. ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado el capítulo? Pude que penséis que la reconciliación ha sido demasiado rápida, pero a veces cuando te das cuenta de lo que quieres no vale la pena demorarlo y perder tiempo de estar al lado de la persona que amas.
Deseo de corazón que hayáis disfrutado con la historia.
Muchísimas gracias a quienes me habéis acompañado desde el inicio y a quienes se han unido a mitad de camino. Para mi es un placer poder compartir estas ideas locas con vosotros.
Ya solo nos queda el epílogo, y ahí os informaré de cual será mi próximo proyecto.
Estoy ansiosa por leer vuestros comentarios. Mil gracias de nuevo por los favs, follows y reviews.
Nos leemos el viernes.
Saludos.
