Capítulo 49: Canción de cuna y un hasta siempre

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Para esta parte del capítulo, recomiendo encarecidamente escuchar "Te extraño" de Manuel Mijares y "Mi unicornio azul" de Silvio Rodríguez. Se lee completamente diferente.

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—Vamos, Yuuri. Por lo menos come la mitad del plato. No vas a estar mejor si no lo haces.

Sin embargo, la petición de Hiroko apenas fue escuchada y denegada. Yuuri estaba en un estado catatónico desde la madrugada, cuando dejaron el cuerpo de Kujo envuelto en una blanca manta en esa fría habitación, sabiendo que después de eso alguien iría por él para depositarlo en un féretro. El japonés se estaba dejando hundir en la depresión, y mientras se terminaba de atar la corbata de un opaco color negro, del mismo color que la camisa y el resto del traje, la fresca mañana se iba haciendo presente, con tibios rayos de sol y centenares de pajarillos cantando en las ramas de los árboles.

La tormenta de la noche pasada había cubierto Hasetsu de un agradable rocío, ayudando a que las flores en brote, sobre todo las de cerezos, lucieran brillantes y primorosas.

Contrastando con lo casi mágico que lucía el exterior, la familia Nikiforov-Katsuki lucía apagada e incrédula de que estuvieran así, enfundados en trajes Víktor y los niños y vestidos las gemelas, de un color negro que no solo dolía de ver, sino de sentir. En la sala de espera los cinco hermanos, Víktor y sus hijos, estaban esperando a que Yuuri bajara para que juntos marcharan al lugar donde velarían y cremarían el cuerpo del bebé, para después ir al cementerio junto con familiares y amigos cercanos y dejar que sus cenizas reposaran ahí para la eternidad.

—Ya estamos todos, amor —Brendan entró con cautela a la habitación, tratando de no romper con la delicada atmósfera que mantenían Yuuri, sus padres y hermana. El pelinegro se dio la vuelta para ver a su pareja, y como con cada persona que había visto vestida de negro ese día, le dedicó una sonrisa rota. El médico volvió a sentirse miserable consigo mismo, por no poder hacer más, por no intentar otra cosa. Sin embargo, quiso estar sereno para ser un soporte para su novio, así que caminó con tranquilidad hasta su lado y lo besó en la sien, sintiendo el rostro de él apoyarse en su hombro —Tranquilo, Yuuri. Estaré… estaremos aquí

—Si, lo sé… la voz de Yuuri fue apenas un murmullo, mientras se dejaba abrazar por Brendan, quien de inmediato notó que Hiroko le señalaba el plato de comida que había llevado una enfermera, sin haber sido tocado.

—Yuuri… ¿no has comido? —preguntó con suavidad, acariciando su cabello.

—No tengo hambre. No… simplemente no puedo…

—Pero necesitas hacerlo para que te recuperes pronto. Cuando Dimitry vaya a casa va a querer que su papá esté fuerte y…

—Te tendrá a ti y a Víktor… —interrumpió Yuuri, mordiendo su labio y aferrándose con fuerza al cuerpo que lo sujetaba.

Brendan encontró la expresión mortificada de la familia de Yuuri, quienes decidieron que lo mejor era dejarlos solos para que el japonés encontrara un poco de tranquilidad antes de ir a donde su bebé fallecido lo esperaba. Una vez que se encontraron solos, Brendan guió a Yuuri hasta la cama, donde lo hizo sentarse, al tiempo que levantaba el rostro de su pareja para encontrarse con su mirada y limpiar con los pulgares las lágrimas que caían.

—Yuuri… no tienes que…

—No podré… —dijo, bajando su vista al suelo y cerrando sus manos en temblorosos puños —No puedo estar con Dimitry. ¿Cómo… cómo puedo cuidarlo, cargarlo o… o tenerlo… sin pensar en que… maté a su hermano… a mi bebé…?

—¡Yuuri! No quiero que vuelvas a pensar en eso —lo sujetó de los hombros con fuerza, pero el japonés se negó a mirarlo —Yuuri… por favor, mírame. No es justo que creas eso, ni para Dimitry ni para…

—¡No era justo para Kujo! —gritó, helando la sangre del médico —¡No es justo que él haya muerto! ¿Porqué yo estoy aquí y él no?

—Amor… Yuuri… yo…

—¿Por qué él…? Mi bebé no tenía la culpa de nada… él solo…

—Escúchame, ¿sí? —Brendan tomó el rostro de Yuuri entre sus manos, sin conseguir que sus miradas se encontraran —Tú hiciste todo lo que estaba en tus manos…

—¡No es cierto! ¡No es cierto! Yo no merecía a mi bebé… No puedo…

—No es cuestión de merecer, Yuuri…

—No merezco a ninguno de mis hijos… ¡Maté a su hermano!

—¡Yuuri, no! —Brendan trató de forzarlo a que lo mirara. Intentó abrazarlo, pero él solo se alejaba, se abrazaba a sí mismo y el médico comenzó a desesperarse —Yuuri, por favor, escúchame…

—No, no. Déjalo, Fitzgerald… —el médico no supo en que momento, ni que hacer o sentir, solo se quedó paralizado cuando una fuerte mano lo apartó de la cama y al segundo siguiente Víktor rodeó con sus brazos y una increíble facilidad a Yuuri, en tanto que el japonés simplemente se dejó hacer, no hizo nada por apartarse del ruso —Brendan… salimos en un momento. Déjanos solos, por favor.

—Pero… Víktor…

—Sólo será un instante.

El doctor tuvo que tragarse la incomodidad de ver a la ex pareja de su novio abrazándolo. No le agradaba en lo absoluto, pero tenía que reconocer que nadie en todo el mundo podía saber como tratar a Yuuri en esos momentos de mayor debilidad, cuando más desolado estaba. Así que, sin decir más y dirigiéndole una mirada apesadumbrada a su novio, dejó la habitación.

Dentro del cuarto de hospital, fundidos en un abrazo doloroso y por demás lastimero, Víktor se encargó de mecer con el mayor cuidado del que era posible el cuerpo de Yuuri, soportando él mismo las ganas que tenía de llorar con la misma fuerza que lo hacía el hombre en sus brazos.

—Vík… Víktor… por favor, no…

—¿Qué sucede, Yuuri? —preguntó, soltándolo solo un poco y notando que evitaba mirarlo.

—Tengo… tengo miedo… Me siento… miserable…

—¿Por qué, Yuuri?

—Murió… por mi culpa. Él no tendría que… que estar en ese lugar. Debería… estar con su hermano… con nosotros. ¿Cómo… cómo voy a ver a los niños…? Nunca me van a… perdonar esto. Yo… yo nunca me lo… perdonaré.

—Si eso pasará… ni tu ni yo mereceríamos que nos perdonaran —tomó su barbilla y la elevó con cuidado, brindándole de una sonrisa tierna y tranquila, como solo Víktor las sabía dar —Pero no es así, Yuuri. Nuestros hijos… sí, están muy tristes, no podía ser de otra forma. Ellos también sienten mucha culpa. Las niñas… apenas he hablado con ellas, pero es… obvio. Y Sasha… Serik no se ha separado de él, pero Yurio cree que él también siente algo de responsabilidad.

—Pero… pero ellos no…

—Lo sé, pero así lo sienten. Y creo que tú también vas a pensar lo mismo, aunque te diga lo contrario —Yuuri por fin levantó la mirada y se sorprendió al ver la ternura que había en los ojos de Víktor —No… no creo que sea buena idea obligarte a que pienses lo contrario. Pero… pero no puedes evadir esta situación, no ahora.

—Pero…

—¿Te sentirás bien hoy por la noche, cuando pienses que no le dijiste adiós a Kujo? —el japonés se apartó bruscamente al oír la cuestionante del ruso, más que si fuera una afrenta, porque sabía que tenía toda la razón.

—Creo que… no.

—Me gustaría que entendieras que no hago esto por obligarte. Si… si de verdad no quieres ir, lo voy a respetar. Pero… pero te conozco y sé que te va a doler más no asistir que lo que estamos por vivir —tomó una de sus manos y la apretó con fuerza, con esa que siempre reconfortaba —¿Qué vas a hacer?

Yuuri vaciló, pero después de todo, Víktor estaba en lo cierto. y no podía ser de otra manera, solo él lo conocía tan bien como para saber que Yuuri no encontraría perdón para sí mismo si no iba a despedir a su hijo. Iba a doler como pocas cosas en la vida, tal vez su depresión aumentaría. Pero ahí empezaba su camino a querer superarlo. Iba a vivir con ese dolor eternamente, pero no podía dejarse vencer porque, tenían razón, Dimitry seguía luchando por estar mejor, y él más que nadie lo iba a necesitar.

—Brendan y mi mamá quieren que lleve la silla de ruedas —dijo Yuuri, poniéndose de pie y llevando una mano a su vientre, donde estaba la venda que cuidaba de su reciente herida. Víktor inmediatamente lo tomó de la mano para darle un soporte —No quiero llevarla. Si voy a despedir a mi hijo… quiero que… que sepa que seré fuerte por él.

—¿No te vas a lastimar?

—No… no si alguien me apoya un poco.

—No tienes ni que preguntarlo, Yuuri. Sabes que estaré para ayudarte siempre. Y Brendan también, aunque es probable que se enoje porque no quieres usar la silla.

—Sí, claro que me voy a molestar —Brendan entró, completamente vestido de negro y sin corbata. Contrario a lo que su tono de voz decía, había una sutil sonrisa en sus labios, como si estuviera esforzándose por verse comprensivo —Pero… Víktor tiene razón, no voy a obligarte. Pero tienes que decirme si sientes cualquier molestia. Haré que alguien lleve la silla de ruedas por cualquier eventualidad, ¿de acuerdo?

—Sí… —Yuuri tembló con fuerza cuando la mano de Víktor lo soltó y su contacto fue suplantado por el abrazo delicado de Brendan, quien después se separó solo un poco para verlo a los ojos y retirar de sus mejillas los rastros de lágrimas —¿Ya te sientes mejor?

—Un poco…

—Que bueno. Debería buscar ayuda de Víktor más seguido —bromeó un poco, generando unas sonrisas incómodas en ambos —No has visto a tus hijos en casi una semana, amor. Todos quieren verte ya.

—¿Están allá abajo?

—Querían ser los primeros en verte —indició Víktor, acomodándose la corbata y abriendo la puerta para salir.

Brendan se ocupó de tomar el brazo de Yuuri para funcionar como un bastón humano, y los tres salieron hacia la sala de espera.

Yuuri inmediatamente reconoció las cabelleras de sus tres hijos mayores, pues estaban sentados de espaldas hacia él. Vio la coleta alta y plateada de Viktoria atada con un listón negro, a su lado tuvo un atisbo del cuello del traje negro y la camisa blanca de Sasha, con su reluciente cabello algo largo atado en una trenza a cada lado de su cabeza, probablemente hechas por Yurio. El cabello negro y suelto de Yukie relucía y se perdía entre el negro de su vestido de cuello alto. Un nudo se hizo presente en la garganta de su padre japonés, al pensar que nunca se imaginó ver a sus hijos vestidos así, no para el funeral de uno de sus hermanos.

—¡Uuri! —el pequeño grito de Kenji, que estaba en los brazos de Hiroko, alertó a hijos del matrimonio, quienes se pusieron de pie inmediatamente al darse cuenta de que sus padres y el novio de uno de ellos se acercaban por el pasillo.

—¡Papá!

Algo se volvió a romper dentro del corazón de Yuuri al ver a Sasha correr hacia él en el mismo momento en que lo vio, con sus ojos marrones humedecidos en lágrimas. No le importó lo que Brendan pudiera reclamar al respecto, pero no por su dolencia iba a dejar a su hijo sin el abrazo que tanto esperaba. Se soltó del americano y llevó una de sus rodillas al suelo, justo a tiempo de que Sasha se estrellara contra su pecho y lo abrazara con fuerza por el cuello. Ni un segundo dudó en devolver el abrazo con la misma fuerza al delgado cuerpo que se afanaba en no soltarlo.

—Bebé… ¿Qué tienes, amor? —preguntó Yuuri, notando las leves convulsiones en su hijo, prueba segura de que estaba llorando.

—Es que… papá… estoy muy triste y… yo quería a mi hermanito —el japonés estuvo seguro de que, a cada palabra, algo se resquebrajaba en su interior —Yo… yo te prometí que… que los iba a cuidar. No lo hice… y se fue… ¡Pero te… te juro que si lo quería! Bueno… lo voy a querer siempre…

—Lo sé, Sasha —lo separó un poco de sus brazos para limpiar las lágrimas que corrían por las mejillas de su hijo con pequeños besos, aunque al niño le causó una fuerte impresión ver que su papá también lloraba —Por favor, no pienses que es tu culpa. Nada me hace sentir mejor que saber que quieres a tu hermanito. Créeme que el lo sabía, porque tú se lo dijiste muchas veces.

—¿No estás enojado conmigo? Tampoco te cuidé a ti… y yo… yo me asusté mucho cuando te trajeron aquí. No quería que te pasara nada, pero…

—Nada, amor. No estoy enojado contigo. Me ayuda muchísimo tenerte aquí, que estemos todos juntos. Abrázame, bebé —Sasha hizo inmediatamente lo que Yuuri le pidió, sintiéndose mortificado por percibir el cuerpo tembloroso de su papá —Te amo, Sasha. Gracias por estar aquí.

El niño se separó de su papá, y mientras se tallaba los ojos, le brindó una sonrisa rota. Yuuri levantó la mirada cuando Kenji llegó a su lado, con pasos torpes y una amplia sonrisa en su regordete rostro. El japonés sabía que su bebé no era consciente de lo que pasaba en su familia, ni del enorme alivio que brindaba ver su rostro feliz por el simple hecho de verlo. Tal vez era mejor así, porque se mantenía y puro, siendo alegre con lo que tenía, con lo que el sabía que era su familia. Yuuri lo tomó entre sus brazos y lo acomodó en su cadera al tiempo que besaba sus mejillas y la punta de su nariz, con los besos de "papá Ítor".

—¿Ya nos vamosh a casha? —preguntó el bebé, recargando su cabeza en el hombro de su papá —¡Queo mi cuna!

—Vas a acompañarnos a decirle adiós a tu hermanito —le dijo Víktor, pellizcando sus mejillas y soltando una risita cuando Kenji pidió estar en sus brazos, petición que no le fue negada cuando Yuuri lo cedió a su papá ruso.

—¿Adiósh?

—Después te lo explicaremos —Víktor le dio un beso en su suave cabello y, antes de decir cualquier cosa, se dio cuenta de que Yuuri y sus hijas compartían una mirada penetrante. Ninguno de los tres se movió de donde estaba, pero solo bastaron unos momentos para que las lágrimas recorrieran las mejillas de las gemelas, rompiendo un poco más la cordura de sus padres —Niñas… Yuuri las quería ver.

Yukie fue la primera en moverse, pues Viktoria simplemente se quedó estática en su lugar. La pelinegra sabía que había un mundo de cosas por hablar con Yuuri. Quería, sobre todo, decirle lo que en verdad sentía su corazón, como ella pensaba que su padre lo había lastimado. Sin embargo, y estaba consciente de ello, no habría momento para eso en un futuro cercano. Todos ahí estaban demasiado heridos por la pérdida y las muchas cicatrices que se habían hecho en el pasado, y lo que menos necesitaban era seguir añadiendo pesadumbre a esa situación. Tan solo por esos instantes, un abrazo diría más que mil palabras.

—Lo siento, papá —susurró la japonesa, segundos después de que abrazara a Yuuri por el cuello. Sintió que se quebraba cuando las manos de Yuuri la rodearon por la cintura y la atrajeron a la calidez que solo él podía brindarle. Le regaló de algunas caricias en la espalda y un beso en su cabello, sin percatarse de que Yukie estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por no sucumbir al llanto que tenía acumulado desde muchos meses atrás —De verdad… lo lamento. Duele mucho.

—Lo sé, Yu. Gracias por estar aquí —Yuuri se separó de ella y le dio un beso largo y lleno de emociones en la frente, lamentando en el alma ver a su pequeña tan lastimada —Vamos a estar bien, ¿de acuerdo? Sé… sé que he fallado, pero…

—No, papá, por favor —pidió, tallándose los ojos para cortar sus lágrimas —Ahora no. Solo… vivamos esto en paz. Es lo único que te pido.

—Está bien, Yukie. Lo entiendo y… gracias por entender el momento.

—Yo… yo lo siento. Era mi hermano, pero… pero era tu hijo y no me imagino… —Yuuri se alarmó cuando vio el cuerpo de la chica temblar como si estuviera perdiendo el control sobre si misma de a poco, la acercó a su cuerpo en un abrazo. Yukie no podía explicar por qué, pero el rítmico latico del corazón de Yuuri siempre iba a ser una fuente inagotable de paz. Escucharlo era como olvidar que el mundo y sus problemas existían, como volver a su pequeña burbuja de felicidad —De verdad… lo siento mucho.

—Lo sé… gracias. Pero yo tampoco puedo imaginarme lo que es perder a un hermano. Yukie… yo también lo siento —besó su cabello y levantó la mirada al tiempo que la pelinegra se separaba de él. Inmediatamente, se dio cuenta que Viktoria permanecía en el mismo lugar. Apenas se movía, pero no había modo de pasar por alto su tez blanca, sus ojos rojos y el cómo, aunque su rostro estaba girado hacia sus padres, evitaba encontrar su mirada —Vik…

—Viktoria, tu papá…

—Lo siento, en verdad lo hago —interrumpió la peliplata a Víktor, dejando mudos a sus padres y a todos los que estaban en el lugar —Jamás… quise que esto pasara. Y sé que… que esto es mi… mi…

—Viktoria, no… —Yuuri trató de caminar hacia ella, pero la mano de Víktor sobre su hombro se lo detuvo. Momentos después, Viktoria salía del hospital y la vieron ingresar al automóvil que esperaba por ellos —¿Qué pasa?

—La pista, papá —recordó Yukie, con la mirada sombría, guardando algo de rencor contra su hermana —Ella… bueno… tú viste la discusión que tuvieron papá y Viktoria… y lo que pasó después.

—Eso no tiene nada que ver con lo que sucedió —rebatió Brendan, quien estaba enterado por Viktor de los momentos antes de la catástrofe —Yuuri ya tenía problemas desde antes de ir a la pista.

—Tiene que saber que…

—No, Yuuri —interrumpió Víktor, poniendo una mano sobre su brazo para frenarlo —Ya lo hablaremos con ella después. Ahora no es el momento.

—¡Hemanito! —gritó Kenji, haciendo que dejaran el tema y logrando que, por primera vez en días, Yuuri sonriera.

—Vamos, entonces. Hoy… hoy será un día especial.

Como si no quisieran hacer ese camino hasta ese lugar, caminaron hacia los autos que los esperaban, Yuuri sujeto del brazo de Brendan y Víktor seguido por sus hijos. Había cosas difíciles en la vida, pero sin duda, ese camino iba a marcarlos para siempre.

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El auto en el que viajaban Víktor y sus hijos llegó primero a la funeraria que se encontraba a unos metros del cementerio de Hasetsu. Momentos después, Yuuri llegó acompañado de Brendan y Kenji, que no lograba quedarse un segundo quieto, para diversión de quienes lo veían.

Cuando Yuuri descendió, observó la puerta un buen rato, como si no se decidiera a entrar, pero le bastó una mirada azul y tierna y una sonrisa alentadora para tomar la mayor cantidad de aire posible y caminó hacia la puerta que llevaba al interior, seguido de sus hijos, pareja y ex pareja.

Si alguna de las muchas veces que Yuuri se consideró en soledad hubiera visto la imagen con la que se encontró en la primera sala de la funeraria, tal vez su visión sobre sí mismo habría cambiado radicalmente. Dentro de lugar no solo estaba su familia, sino casi todos aquellos a quienes conocía y había compartido momentos importantes, incluso los que vivían en otro extremo del mundo. Y todos y cada uno de ellos se pusieron de pie y prestaron completa atención a Yuuri y Víktor, quienes también estaban sorprendidos por la presencia de tantas personas.

—¡Oh, Yuuri! —Phichit fue el que primero corrió al encuentro del japonés, abrazándolo, causando conmoción en los dos hombres detrás de él —Ay, Yuuri. lo siento tanto. De verdad lo lamento.

—Gracias, Phichit —Yuuri de verdad agradeció el abrazo de su amigo. Era de esas personas que le hacían sentir mejor con su sola presencia —Gracias por estar aquí.

—Todos vinimos aquí apenas Plisetsky nos dijo lo que había sucedido —señaló el tailandés, mientras que algunos de los otros ex patinadores se acercaban a dar su pésame a Víktor —Yuuri… luces muy mal. ¿Puedo ayudarte de alguna manera? Me quedaré aquí si con eso puedo hacer que te sientas mejor.

—No hace falta. Yo… yo creo que el tiempo me ayudará. Me siento un poco mejor que hace unas horas. Voy a estar bien.

—¡Claro que lo vas a estar! —Phichit hizo gala de su mejor sonrisa animadora, esperando que sirviera, aunque fuera un poco para hacerle reír —Tú siempre puedes con las cosas difíciles, y esta no va a ser la excepción.

—Te prometo que me esforzaré.

A las muestras de comprensión y cariño de Phichit se sumaron las de Minami, seguido de todos los que estaban presentes. Fue, en muchos sentidos, reconfortante saber que, si bien, no compartían el dolor de esa partida con la misma fuerza, si había personas que estaban ahí para apoyarlos, para ser la palabra de ánimo que necesitaran en un momento de debilidad.

Por su parte, después de saludar a aquellos a quienes más conocía, Yukie intentó apartarse del grupo de personas que estaban con sus padres, del mismo modo que Viktoria hizo al ir a sentarse en un sillón apartado. Sin embargo, no contó con encontrarse de frente con un par de ojos azules, casi grises, mismos que hicieron que las defensas que había construido para evitar derrumbarse simplemente caían y la hacían sentirse vulnerable.

—Je… Jeremy… ¿qué estás… haciendo aquí?

—Hola, Yu. Han… habido rumores desde ayer en la noche acerca de… pues… esto —el chico suspiró y tomó la fría mano de Yukie, que no hizo nada por apartarla —Recibe mis más sinceras condolencias, Yu. Apenas me imagino como debes sentirte, pero quiero que sepas que estaré contigo sea lo que sea que necesites.

—Gracias, pero creo que…

—Yo sé lo que crees, y también lo que la verdad es —Jeremy le sonrió y antes de que Yukie pudiera protestas, ya la tenía encerrada en un abrazo —Yukie… no voy a hablar de eso ahora, sé que no es el momento y tú debes… bueno… estás triste. Solo cuenta conmigo, ¿sí? Si solo necesitas hablar o… llorar… no importa, piensa que estoy aquí para ti.

—Ya cállate, Jeremy —el inglés se dio cuenta de que estaba conteniendo las ganas de llorar al sentir una muy leve convulsión sobre su pecho —Solo… gracias.

—No hay de que —respondió, dando una leve caricia sobre su cabello —¿Tu familia está… tranquila? —Yu negó con la cabeza y se aferró aun más al abrazo que mantenían sobre ella —Supongo que es normal. Espero que pase pronto.

—Yo también… —Yukie se separó de él y buscó con la mirada a su hermana, frunciendo el ceño cuando la encontró hecha casi un ovillo, mientras que Johanna Leroy trataba de hacer una conversación con ella —¿Viktoria te ha dicho algo?

—Bueno… intenté llamarla varias veces antes de que mi avión despegara, pero no respondió ninguna de ellas. Incluso me… me acerqué a ella cuando fue a sentarse, pero… simplemente me pidió que me fuera.

Yukie asintió, entendiendo que es lo que estaba haciendo Viktoria. Después de todo, al parecer quería resolver las cosas a su manera. Aunque esa definitivamente no era. Por lo menos… quizá solo un poco… la había entendido.

—Yukie… —la japonesa levantó la mirada para encontrarse con los ojos celestes de Viktoria, más pequeños y enrojecidos que nunca —Yuuri y Viktor dicen que… que ya es hora.

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A la sala de cremación no entró nadie más que Víktor, Yuuri y sus cuatro hijos. Ni Vladya o la familia Katsuki quisieron estar en un momento tan íntimo como lo iba a ser ese. Solo Dimitry faltaba en la escena, pero, de alguna forma, también estaba presente.

Yuuri llevaba en sus manos un ramo de peonías blancas que su madre le había dado antes de entrar a ese cuarto. Ahí, con el corazón rompiéndose en tantos pedazos que sería imposible reconocerlo, descubrieron al pequeño Kujo recostado en una especie de camilla, envuelto en la manta que Yuuri y Víktor le habían colocado en el hospital, mientras esperaba, solo esperaba.

Aguardaba a su familia, a aquella que, mientras estaba en el vientre de Yuuri, le decía lo mucho que lo quería. A él y a su hermano.

El bebé tal vez podría contar un poco de su familia. Sabía que eran muchos. Pero que siempre eran las mismas voces que decían que lo amaban. Estaba la de ese niño que era el más pequeño de todos. Kujo podría reír al pensar que no entendía la mayor parte de lo que decía, pero había una alegría inmensa. Ese niño siempre estaba alegre. Igual que el otro, el de la voz tierna, pero sentimientos fuertes. Muchas veces le prometió protegerlos de todo. Era una fuente de fortaleza a su manera. Las voces femeninas siempre fueron… interesantes. Tenían tantos matices que era difícil saber que es lo que en verdad sentían, pero Kujo y Dimitry podían solo estar seguros de que los querían, más que a todo.

Y después… las voces de ambos. Esas voces de dos hombres que les hablaban como si fueran las cosas más preciadas que tenían. Solían cantar y siempre, siempre, recibían muchas caricias. ¿Cuántas veces Kujo no fue testigo del temor en ellos? Siempre temieron porque sabían que no estaba bien. El latido de Yuuri se aceleraba continuamente cuando pensaba en su mal estado. Kujo no quería que Yuuri sufriera por él. Siempre se esforzó por ser fuerte, por recuperarse. Pero… pero no.

Kujo podía recordar esa época de tristeza en todos, donde el amor con el que le hablaban fue suplantado por un dolor muy fuerte. Como la felicidad fue suplantada por gritos hirientes. Pero Kujo, y también Dimitry, confiaban en que todos estarían mejor. No fue así.

Kujo y su hermano también sintieron desesperación y pánico en sus últimos momentos juntos. Tal vez en ese instante, Kujo supo que no le esperaba un camino fácil. Pero… pero esas voces de amor volvieron. Esas lindas palabras, que sonaban tan desesperadas, se hicieron presentes de nuevo. Y ambos solo lo supieron. Las palabras hirientes dicen verdades, pero las de amor revelan todo un universo. Víktor y Yuuri se amaban, más que a todos y que a nada. Se amaban a través de sus hijos y de sus mundos. Se amaban a su muy especial manera. Se amaban a través de los secretos y las realidades. Se amaban… y eso no iba a cambiar.

Kujo lo supo cuando vio su pequeña existencia esfumarse como un soplo. Lo reconoció cuando ese hombre que también quería a Yuuri le rogó que se quedara. No por él, sino por ellos. Pero todos tienen su manera de actuar, y Kujo ya estaba agotado. No se fue porque quisiera, pero sabía que su tiempo había llegado a su fin, y su propósito estaba iniciado. De alguna manera, se iba a atribuir las palabras bonitas entre sus papás. Kujo ya no quería más rencor entre ellos, porque sabía que era solo una fachada. Ahora que él se iba, les dejaba unión.

Kujo podría contar muchas cosas de ese tiempo. De como fue feliz, y de como tuvo miedo. Pero de ellos… de ellos podría decir las cosas más bonitas. De la ternura en las palabras de papá Víktor. De la devoción en las de papá Yuuri…

… de como el amor de todos, era más fuerte que su dolor. De una canción de cuna que alguna vez le cantaron, que era más cálida que el abrazo de las llamas purificadoras que en ese momento abrazaban su cuerpo y lo conducían a algún lugar, donde podría cuidar de todos. De su linda familia, un poco rota, pero que sabían amar.

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Víktor recordaba haber recorrido todo Hasetsu, porque cuando llegó a vivir definitivamente en esa ciudad, su esposo lo llevó a recorrer cada rincón, mientras cargaban a sus pequeñas bebés de apenas un año. Sin embargo, Yuuri no lo había llevado al lugar por el que ahora todos caminaban en silencio, y aunque no era la mejor manera de conocerlo, le gustó. Era un sitio tranquilo, que emanaba paz por todos lados, en donde las flores de cerezo acariciaban los monumentos de piedra como caricias vivas. Donde el sol cobijaba y la luna consolaba a los que ahí volaban. Donde el cielo se extendía como un manto de consuelo. Entrar a ese lugar, era como llegar a un nuevo mundo, uno lleno de la nostalgia de las partidas y la esperanza del renacer.

Y en ese lugar, Kujo descansaría con la paz que merecía un pequeño y fuerte bebé.

La cajita que lo contenía reposaba en las manos de Yuuri quien, con sus ojos bañados en lágrimas, lo acunaba contra su pecho. Sus hijos, su madre, Víktor y Brendan pudieron escuchar con claridad un muy leve tarareo. Una dulce melodía que sonaba en memorias enterradas como una canción de cuna.

La procesión de personas que acompañaban a Kujo y a su familia hasta el lugar donde descansaría para siempre se mantenía silenciosa. Quizá por respeto, quizá porque aun costaba creer que estuvieran ahí.

El viento ululó e hizo que el aroma a flores en brote llegara a todos, como si todo lo propio de un cementerio quisiera ofrecer consuelo. Tan típico del mes de mayo, pero extrañamente nuevo para quienes grababan en su mente y corazón a fuego esa silenciosa caminata.

Víktor y Yuuri divisaron el lugar y ambos temblaron. Jamás estarían listos para dejar a uno de sus hijos atrás. Así como el llanto los consumió cuando el cuerpo de Kujo hizo lo mismo entre el bailarín fuego, así sus corazones se estrujaban estando cada vez más cerca. Haka, le decían en japonés; mogila podría decirse en ruso. Pero una tumba seguía siendo un lugar que producía melancolía de solo pensar que un pequeño quedaría ahí.

Kujo Nikiforov-Katsuki. Así rezaba el monumento de piedra en letras japonesa y rusas, y a un lado estaba la fecha. Ese día que cambiaría la vida de tantas personas a las que el bebé había tocado con su breve existencia.

Estaba abierta, pero ya había en el lugar incienso, agua y flores de diversos colores y olores. La comitiva se apostó a los lados de esa parcela que, aunque nunca se había pensado, ya estaba destinada a aguardar también al resto de la familia cuando su momento llegara. Los seis que eran de la familia quedaron al frente, y aunque había muchas miradas sobre ellos, sucedió que sus mentes los hicieron pensar que solo estaba su pequeña familia. Esa despedida sucedería solo entre ellos, lo íntimo de sus emociones se quedará en ese círculo.

Yuuri apretó la urna con fuerza una vez más, no deteniéndose a evitar soltar las lágrimas que llevaban largo rato cayendo. Cientos de veces le susurró lo mucho que lo amaba, cuando lo sentía y lo extrañaría. Como hubiera dado su vida mil y un veces a cambio de la de él. Víktor recibió a su bebé hecho polvo de las manos temblorosas de Yuuri. quien lo viera en ese momento y lo hubiera conocido en el pasado, sabrían que nunca se había visto tan destrozado como en ese instante. Lloró, lloró como nunca y como siempre lo haría cada vez que pensara en su pequeño hijo. Las palabras no salieron, pero le dijo todo con el corazón.

Yukie, Viktoria, Sasha y Kenji también tuvieron la oportunidad de dar una despedida a su hermanito. Las gemelas, con sus almas partidas, no podían pedir otra cosa que no fuera el perdón, y cada una sabía su pecado. Sasha prometió enmendar su, a ojos de él mismo, terrible descuido, asegurando que Dimitry recibiría todo el amor y cuidado que fueran posibles. Y Kenji… él solo le dio un beso a la pequeña caja de madera, porque su inocencia le dijo que eso era lo correcto, que eso haría sentir bien.

Después de eso, la urna retornó a las manos de los padres de Kujo, quienes se acercaron con cautela al nicho que protegería al bebé para siempre. Ambos estaban conscientes de que en el mismo momento en que la urna reposó sobre la piedra de la tumba, una parte de su vida y su corazón se había quedado en ese lugar, también para siempre. Sabían que nunca podrían superar esa pérdida. Era su hijo, era una extensión de ambos. Lo único que podían hacer para sobrellevar, era cuidar de lo que él había dejado y vivir lo que a él le había faltado. Como si él propio pequeño les pidiera que después de eso, se dedicaran a vivir para ellos mismos, recordando, pero no estancándose en el pasado.

Por supuesto, no era tan fácil, y creer que eso pasaría ene algún momento resultaba inconcebible. En ese día, no había cosa alguna que no fuera dolor. Firme y claro.

Tal vez por eso no se dieron cuenta de que ahí, en ese lugar que podía no ser el adecuado, dos destinos, dos historias, comenzaban a formarse. Repentinas, como era el amor. Así, una joven de ojos cobrizos apenas entendería la importancia de la suave caricia que un muchacho inglés dejaba en sus manos. Así, una joven de ojos azules como el cielo al despertar apenas sería consciente de la intensidad de la mirada azul como la más oscura noche la recorría. Esas dos personas que se fijaron en las hermanas habían quedado prendadas de ellas, deseando con fuerza ser capaces de borrar el sufrimiento de sus rostros.

No, ese día nadie se daría cuenta de muchos sucesos. Pero, eventualmente, lo harían. Porque Kujo lo sabía. Su muerte no era en vano, su reposo en ese lugar tampoco lo era, no. El cierre de su vida era también la apertura de una nueva para esos seis quienes, ese día, aun cuando todos ya se habían marchado, lloraron a su lado.

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Una semana después

—¿De verdad tienes que irte, Lary?

La mujer resopló ante la pregunta y solo asintió, haciendo que Víktor se sumiera aun más en una de las mullidas de la sala de espera en la estación de Hasetsu. Laryssa había sido notificada de un encargo con sus alumnas en Rusia, por lo que no quedaba más remedio que ir y alejarse del lugar donde ya sentía que pertenecía. No era precisamente la ciudad japonesa, sino más bien, el estar junto a Víktor.

Sobre el pecho femenino, dormido debido a que aun eran horas de la madrugada, estaba Kenji, sujetando en su mano el peluche de un minino y soltando leves silbidos en cada respiración. A cada oportunidad que tenía, la rusa dejaba un suave beso en la cabellera del bebé, quien se removía un poco y seguía durmiendo. El bebé se había despertado en casa cuando escuchó el ruido de las maletas e hizo un adorable berrinche hasta que lo dejaron ir con ellos.

—Podrías… haber ido conmigo. Creo que salir de aquí te vendrá bien. Toda la semana has estado tan… ausente —hizo notar Laryssa, dándose cuenta de que Víktor, una vez más, se había perdido en sus pensamientos.

—No sé. Tal vez, pero… pero tengo cosas que hacer aquí, y siento que no puedo dejar Hasetsu ahora. No me… siento listo.

—Te creo, aunque no sé si en esos asuntos que tienes debería contar a Yuuri.

—¿Por qué?

—No se han visto desde… bueno… lo de tu bebé —Laryssa le tomó la mano y sintió el cuerpo tenso de Víktor por sus palabras —Sí hay un asunto en papeles que ambos tienen que dar por terminado.

Víktor casi bufó ante la mención de esa situación. Claro que no había visto a Yuuri desde el día del funeral. Una vez que terminaron con la larga despedida, el japonés fue llevado nuevamente al hospital y el ruso se llevó a sus hijos a casa, pues todos tenían la necesidad de descansar. Se enteró, por conducto de Hiroko que, a la mañana siguiente, Yuuri había pedido salir del hospital y volver al hotel. Si hubiera seguido la promesa silenciosa que le había hecho a su ex pareja, tal vez no se habría contenido y lo hubiera ido a ver en ese mismo instante.

Pero Yuuri decidió que no quería compañía durante un par de días. Después de eso, Víktor se fue dando cuenta de su propio estado deplorable y ruin. Apenas y comía, y si se levantaba de la cama era porque sus hijos esperaban por él todos los días, para tratar de seguir con sus actividades lo más normal que pudieran. El patinaje había sido suspendido por espacio de esa semana, pero Sasha y sus hijas se negaron a dejar de ir a la escuela. Ninguno quería quedarse en casa, pues sabían que, si se encerraban, sufrirían más.

Víktor no lo entendió así, pues salir era toparse con un mundo de ausencias eternas. La calidez del sol casi veraniego le recordaba la frialdad de una cuna que no sería ocupada y de un papel que tendría que firmarse. Si Víktor decidió no parase frente a Yuuri en esa semana, no fue porque no quisiera, sino porque se sentía tan miserable, que sabía que era incapaz de ofrecer consuelo a quien lo necesitaba, de dar una sonrisa o palabras de aliento, pues no salían ni para él mismo.

Laryssa no había pasado eso por alto, y aunque era mejor para ella que Víktor y Yuuri mantuvieran esa distancia, si quería que el asunto del divorcio se resolviera. Le desesperaba saber que su novio seguía atado a un montón de documentos, y ya no podía ver el momento en vanagloriarse y gritar de que fuera solo suyo.

—Quizás antes de que vuelvas lo vaya a ver. Solo quiero sentirme un poco mejor. Además, no creo que sea el mejor momento para atender eso. Ninguno de los dos puede pensar en otra cosa que no sea Kujo —por lo menos, pensó, ya era un avance que su voz no se quebrara al momento de pronunciar el nombre de su bebé.

—Si me lo preguntas, creo que sería mejor. Así ambos podrían empezar a… ¿cerrar ciclos? Cómo le quieras llamar.

—Te digo que no lo sé. Puedo esperar a que mi abogado tenga listos también los papeles del gobierno japonés y así pueda resolver lo demás, pero…

—¿Lo demás? —cuestionó la rusa, interrumpiéndolo.

—Es… otra cosa que debo solucionar. Después lo podemos hablar.

"Pasajeros con destino a Fukuoka, favor de comenzar a abordar el tren."

La voz femenina en el altavoz no permitió que la conversación siguiera fluyendo. Ambos se pusieron de pie, y ante el primer movimiento, Kenji despertó con movimientos perezosos y tratando de enfocar algo. Como siempre, sus ojitos azules brillaban al encontrarse con la mirada de adoración de la mujer que lo llevaba en brazos.

—Mami…

—Ya me tengo que ir, mi amor —Laryssa le dio unos enormes besos en sus mejillas, haciendo que se carcajeara a pesar del sueño —¿Me vas a extrañar?

—¡Musho! Vuelve ponto —pidió el bebé, tallándose los ojos.

—Te prometo que me daré prisa para volver con ustedes. Te adoro, precioso —después de un último beso, lo dejó en la silla en la que ella estaba antes y rodeó a Víktor por el cuello con sus delgados brazos, no dudando ni un segundo en sellar sus labios con los de él —A ti también te extrañaré, precioso.

—Nos vas a hacer falta. De verdad… no tardes —pidió el ruso con una sonrisa suplicante. La abrazó y buscó su oído para susurrar —Gracias por dejar que te llame mamá. Sé que… que tal vez sea difícil por nuestro… nuestro bebé. Pero… me alegra que te vea así. Ha sido más fácil para él y para mí llevar todo esto contigo a nuestro lado.

—No me agradezcas por Kenji, Vitya. Si… si le enseñé esa palabra fue por algo y me siento dichosa de poder asumirla y que tú no tengas problemas con eso. Además… yo siempre estaré cuando me lo pidan. Sobre todo, para ustedes dos.

—No te lo podré pagar nunca.

—Tal vez sí —una sonrisa pícara salió de los labios de Laryssa, haciendo que Víktor se sonrojara imperceptiblemente —Pero de eso nos encargamos después. Debo irme, pero… extráñame.

—Siempre. No sé qué haría sin ti.

—Alguna otra tontería —dijo antes de darle otro beso apasionado en los labios, y después de despedirse por última vez de Kenji, tomó sus maletas y se alejó por los pasillos, volviendo su mirada un par de veces para darles una sonrisa antes de desparecer por los andenes.

—¿Mami va a volver?

—¿Eh? Claro que sí, Kenji. Solo serán unos días y regresará con nosotros —Víktor tomó a su hijo en brazos, pero supo que algo no estaba bien al ver su ceño fruncido y un puchero apareciendo en sus labios —¿Qué pasa, bebé?

—Queo ver a mi papi Uuri… —soltó, antes de rendirse al llanto y enterrar el rostro en el hombro de su padre.

—Sí, iremos a verlo pronto. ¿Porqué lloras, amor? No sucede nada —Víktor tuvo miedo de no poder consolar a su bebé, sin importar el motivo de su llanto. Y es que, a pesar de los años, las personas llorando frente a él no se le daban bien, pero cuando era uno de sus hijos… o Yuuri, podía fácilmente perder la cabeza. Mantenerse tranquilo era todo un reto.

—Creo que… que papi Uuri ya no me quere.

Esa sencilla frase cayó como balde de agua fría sobre el ruso, quien se quedó estático en medio de la estación. Kenji era de los que solía tener sus sentimientos muy claros, aunque solo tuviera un par de años. Por eso, Víktor intuyó que algo muy malo debía pasar por la mente de su pequeño para que semejante pensamiento lo atormentara.

—No, bebé. ¿Porqué piensas eso? Yuuri te ama con todo su corazón —dijo, tratando de sonar sereno y caminando lentamente hacia la salida, donde los esperaba el frío matinal.

—Uuri estaba tishte cuando lo vi. ¡Lloró musho! Me dijo adiosh y seguía llorando. Y… yo no he visto a mi papá. ¿Uuri no quere verme? —perfectamente estúpidos. Ambos. Víktor y Yuuri. Eso fue lo que el ruso pensó. ¿Qué clase de padres eran que sembraban tanto temor en su bebé? Kenji hipaba y se aferraba con fuerza al cuello de Víktor, mientras este trataba de asimilar lo que oía.

—Kenji… Yuuri está triste porque han pasado cosas tristes. Pero eso… no tiene nada que ver contigo. Yuuri te ama y… él necesita estar solito para que pueda verte con una sonrisa. ¿Te gusta ver feliz a Yuuri? —Kenji asintió, levantando su cara para encontrarse con los ojos de su papá, que con un beso limpió las lágrimas rodantes —Bueno… solo hagamos esto por él, ¿te parece? Yo te llevaré a verlo cuando él me diga que se siente mejor.

—¿Mañana?

—Si, puede ser. Pero prométeme que nunca vas a volver a pensar que no te quiere. Yuuri y yo te amamos, ¿está bien?

—Shi. ¡Mami Yssa también me quere!

—Sí, ella también te quiere mucho, así que también quiérela.

—¿Papi Uuri me quere más que mami Yssa? —así era como una inocente pregunta podía descolocar por completo a un adulto. ¿Cómo se lo explicaba? ¿Y porqué Kenji tenía que ser tan receptivo para su corta edad?

—Ellos te quieren a su manera, bebé. Es complicado, pero… si tuviera que decidir… diría que sí. Papá Yuuri te quiere más.

—Papi Uuri quere musho a todos —comentó el bebé, en medio de un bostezo y el intento de controlar las respiraciones erráticas que había dejado el anterior y corto llanto.

—Supongo que sí. Tiene… un corazón muy grande —¿Víktor creía eso? Probablemente sí.

—A ti quere más —el ruso no pudo reprimir la carcajada mientras llegaban al auto y acomodaba al niño en su silla para bebés en el asiento trasero.

—A ti y a tus hermanos siempre los querrá más que a nadie, te lo juro.

Kenji rió al ver la expresión de su padre, pues no la entendía. Pero ni Víktor se entendía a si mismo. Tal vez si esa conversación se hubiera desarrollado en otro momento, habría resultado enternecedor. Pero no. Apenas el bebé quedó dormido cuando iban camino a casa, Víktor se estacionó donde pudo y golpeó el volante con fuerza, sintiendo que su interior ardía y la garganta le quemaba, suplicando que la dejaran soltar los sollozos que estaba reprimiendo.

¿Por qué precisamente a él? ¿Por qué los golpes contra su corazón seguían siendo tan fuertes y dolorosos? Ya habían pasado meses, pero ahí estaba. Con su ser quemando, ahogándose en algo que no podía explicar, en algo que solo Yuuri podía curar. Al diablo el tiempo, eso jamás lo había ayudado y casi lo consume una vez.

Seguramente así se iba a resumir todo. En él viviendo en una perpetua condena de extrañarlo, conformándose con verlo feliz. Si tan solo hubiera sido más valiente, si se hubiera aferrado más, si no hubiera sido el idiota que sabía que era, quizás muchas cosas serían de otra forma. Las palabras divorcio, dolor, ausencia, rencor, sufrimiento… muerte, tal vez no existirían sino como una imposibilidad.

Y, aun así, esa misma noche, ambos recibirían un golpe más. Otro que dolería como los demás, y los obligaría a decidir.

Ceder. Rendir. Reiniciar. Reconstruir.

Sacrificar. Aceptar. Resignar.

Alguien tenía que dar el primer paso.

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Alguien tocó a la puerta y Yuuri apenas se giró en la cama para encontrarse de frente con quien sea que estuviera ahí.

—Adelante.

El taciturno doctor Brendan entró con una bandeja en las manos y una sonrisa en los labios que trataba de que sirviera de un poco de ánimos. El olor que despedía el plato que traía inmediatamente despertó los sentidos de Yuuri y se incorporó levemente.

—Hola, amor. ¿Descansaste bien? —preguntó el americano, dejando la comida en la mesita junto a la cama.

—Sí, un poco. Todavía me duele la cabeza. ¿Es katsudon lo que tienes ahí?

—En la consulta de mañana nos aseguraremos de que no sea nada malo, pero no dejes de tomar la medicina que te traje —sonrió con más ganas cuando vio que el ánimo de Yuuri parecía mejorar un ápice al ver el platillo —Sí, directamente desde la cocina de tu mamá. Le ayude a quitar algunas grasas, así que tal vez no sepa igual, pero es cuestión de tiempo para que puedas comerlo como siempre.

—Si está rico —aseguró cuando le dio el primer bocado —Es… bonito comer algo así. Gracias por ayudar a mi mamá.

—Le insistí un buen rato —comentó el doctor, divertido —Oye, Yuuri… Hiroko… habló con Víktor en la mañana —el japonés se quedó estático, con la cuchara en el aire al escuchar eso. Brendan se arrepintió porque, al instante, la mirada de su novio se oscureció,

—¿Qué… qué sucede con él? —preguntó con voz temblorosa.

—Nada. Él… quería saber cómo te sentías. Pidió que te dijéramos que lamenta venir a verte, pero ha estado ocupado con los niños y la escuela de patinaje.

—Su… supongo que está bien. ¿Era todo?

—Kenji quiere estar contigo. Hoy le dijo a Víktor que…

—Dímelo, Brendan.

—Al parece tiene… tiene la idea de que no lo quieres como antes.

—¿Qué? —la piel de Yuuri se tornó más blanca de lo que ya era y dejó la comida aparte —¿Por qué?

—No te ha visto en toda la semana. El… el día que decidiste volver y nos pediste que te dejáramos solos, él tenía toda la intención de venir a jugar contigo y… bueno… nos pareció que no era lo más adecuado para ese momento.

Yuuri se retrajo y se hundió aún más en la cama. No había manera de describir cómo lo hacía sentir que su bebé pensara que su propio padre ya no lo quería. Pero… ¿qué podía hacer? El japonés solo no quería que sus hijos, o incluso Víktor, lo vieran en ese estado, solo porque no quería lastimarlos. De hecho, casi agradecía que no lo hubieran visto toda esa semana. Su estado era verdaderamente malo. Había llorado todas y cada una de las noches, lo hacía antes de tomar sus siestas y lo hizo después de las tres visitas que había hecho a Dimitry en el hospital.

Siempre agradeció que no se hubiera cruzado con Víktor en una de esas visitas. Y sí, se podría decir que estaba huyendo. Pero no lo hacía porque no quería enfrentarse a lo que sucedía. Era por proteger a los que quería. ¿Cómo le iba a poder pedir a sus hijos que fueran fuertes si él mismo era un desastre? ¿Cómo le pedía a Víktor ayuda para superar eso si él no podía ofrecer lo mismo?

Pero… ¿era lo correcto? ¿El miedo de su bebé no era como la confirmación de lo contrario a lo que pensaba? Simplemente tenía miedo. Ya pesaba sobre él la vida de su pequeño Kujo, nada le aseguraba que no podía ser nocivo también para el resto de sus hijos. Estaba seguro de que nunca se perdonaría lo que pasó con el menor, y su perdición sería hacerle un daño de esa magnitud a cualquiera de los demás. Y eso… también incluía a Víktor. Él también ya había sufrido demasiado a su lado, y Yuuri no quería seguir siendo un pesar, una fuente de dolor para él. El ruso ya se veía mejor con Laryssa. Sonreía a su lado y lucía feliz.

Si no fuera por eso, quizás Yuuri habría dado marcha atrás en algún momento a sus decisiones. Pero no. Víktor por fin era Víktor y Yuuri ya no quería arruinarlo de nuevo. Aunque las lágrimas que desde hace tantos meses corrían, la necesidad reprimida de ir a buscarlo y suplicarle que volviera a su lado, los sentimientos guardados cuando lo veía a lado de su nueva pareja lo siguieran consumiendo, era siempre lo mejor. Así se suponía que funcionaba el amor, ¿no? Si el otro era feliz, entonces lo valía, ¿cierto?

Después de todo, él mismo lo había dicho. Estaba acostumbrado a asumir la culpa de sus errores. Pero viviría con ellos si con eso podía ver a los que quería felices. Además, aunque tal vez no lo merecía, el hombre que lo miraba preocupado con sus ojos grises era el mejor apoyo moral que tenía en ese momento. A él… a él lo empezaba a querer de una manera más profunda. ¿De la misma forma que quería a Víktor? No. Nada se le compararía nunca. Pero, solo tal vez, podía hacerlo de una manera diferente.

—¿Puedes… puedes llamarlos? Si Kenji quiere verme, creo que… que puedo estar bien para mañana —pidió, en un hilo de voz, mentalizándose que tendría que estar bien para él. Su bebé no merecía estar triste por su culpa.

—Por supuesto, amor. Le diré a tu madre que le diga eso a Víktor.

—Gracias, pero… ¿puedo volver a dormir?

—Yuuri… ¿no prefieres tomar un poco de aire? Creo que te haría mejor. También podemos ir con Dimitry y…

—No. Hoy no, Brendan —dejó completamente de lado el plato a medio comer y se recostó —¿Dimitry está mejor?

—Mucho mejor, amor. Respira con mayor facilidad y… creo que son dos o tres semanas para que venga a casa.

—Yo… yo también iré con él mañana. Hoy no me siento con fuerzas.

Brendan resopló, pero sabía que no podía obligarlo a pararse y salir al mundo exterior. Todo ese proceso llevaba tiempo y, después de ponerle una manta encima para que durmiera cómodo y llevarse el katsudon, pensó que él mismo no era suficiente para ayudarlo. De una u otra manera, sabía, quizá temía, que fuera otra persona la que Yuuri necesitaba.

Esa noche, en medio del pesar y un nuevo miedo, lo iba a confirmar.

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Cuando los hijos de Viktor llegaron, lo vieron sentado en un sillón, con la mirada perdida en unos papeles que reposaban sobre la mesa frente a él. Yukie se acercó con cuidado y se percató de que eran los papeles de divorcio con el membrete del gobierno ruso. Sabían que habían llegado desde dos semanas atrás, pero no los había visto, y hubiera preferido no hacerlo si con eso se evitaba la revoltura de estómago que sufrió.

—Papá… —Sasha llamó la atención del ruso, quien rápidamente se levantó y observó a los jóvenes, vestidos con sus uniformes y algo desconcertados por su semblante apesadumbrado.

—Niños… que bueno que ya llegaron —les sonrió a todos, aunque la sonrisa que le dirigió a Viktoria estaba más bien descompuesta, quien solo asintió y se retiró con lentitud hacia su cuarto. Víktor pensó, por un momento, que llevaba más de dos o tres semanas sin que padre e hija se dirigieran más de una frase, exceptuado por la fatídica pelea —¿Tienen hambre? Hice una solianka deliciosa.

—¡Sí! Yo quiero eso —gritó Sasha, abandonando su mochila en el sofá y corriendo a lavarse las manos.

—¿Está bien para ti, Yu?

—Sí, hace mucho que no la comemos y huele bien. ¿De verdad tú la cocinaste? —preguntó, en un tono burlón pero apagado.

—Por supuesto que sí —respondió Víktor, pellizcando con cariño sus mejillas —Anda, ve por tus hermanos y a la mesa.

En menos de cinco minutos, la familia ya estaba en la mesa, sorbiendo en silencio de la sopa humeante que, para sorpresa de los jóvenes, sabía curiosamente bien. La comida, como desde una semana atrás, cuando volvieron del cementerio, se realizó en silencio. Pocos comentarios salían y el único que solía sacar sonrisas y alguna leve risa era Kenji.

—Oye, papá —Sasha llamó la atención de Víktor, que se estaba ocupando de dar la sopa en lo boca de su bebé —¿Dónde está Laryssa?

Las gemelas sintieron que la comida amargaba en su boca al oír ese nombre, pero también tuvieron curiosidad.

—Tuvo que salir en la madrugada a Moscú. Sus alumnas necesitaban de ellas —indicó, son una mirada ciertamente melancólica —Volverá en dos o tres días.

—Y… ¿dejó algo dicho para mí? —preguntó Yukie, empezando a ponerse nerviosa.

—¿Ya quieren volver a las prácticas?

—Sí —respondió Sasha por su hermana —Los tres creemos que… que podemos sentirnos mejor si volvemos al hielo.

—De acuerdo —Víktor frunció el ceño y vio de reojo a Viktoria, quien bajó la mirada antes de querer encontrarse con la de su padre —Creo que… puedo ocuparme de ustedes mientras estoy con lo demás niños de la clase.

—Sí, será… genial volver a patinar después de esta semana —aseguró Sasha, visiblemente emocionado por volver a patinar.

—Bien, entonces si ya acabaron de comer, vayan a lavarse los dientes y descansen un poco para irnos —asintieron y después de agradecer por la comida, se pusieron de pie para lavar los trastes y prepararse. Pero había un asunto que tenía que resolver antes de todo —Viktoria, quédate aquí, Tenemos que hablar.

La peliplata no dijo nada, solo se quedó sentada, ocupándose de limpiar las mejillas de su hermanito mientras los demás terminaban de recoger un poco y marcharse a sus habitaciones. En el fondo, estaba suplicando porque Sasha o Yukie se compadecieran de ella y se quedara a su lado, o que por lo menos tardaran más. Pero en cinco minutos, habían dejado todo listo y se fueron, dejando a padre e hija sumidos en un silencio demasiado incómodo, hasta que Víktor tuvo que decidirse a hablar.

—¿Por qué te incluiste en los planes de tus hermanos? Creí que había quedado claro cual era tu situación respecto al patinaje —dejó ir, haciendo temblar el cuerpo de Viktoria.

—Yo… no lo vi así. Pensé que… pensé que solo estábamos enojados.

—Viktoria, no suelo decir cosas que no son ciertas. Si hemos pasado toda tu vida juntos, se supone que deberías saberlo.

—Sí, pero…

—Y yo doy por evidente que lo que dijiste ese día también es lo que sientes —"Te odio", eso es lo que Viktoria había dicho. Eso parecía haberle arrancado la vida a Víktor, pero después de todo lo que había pasado a partir de ese momento, estaba cayendo en un estado de resignación —Voy a respetar lo que dijiste, Viktoria. Entiendo tus sentimientos y el porqué de ellos, pero eso no significa que yo cambiaré lo que dije, así que espero que tu respetes lo que te estoy diciendo. Como padre y entrenador.

—¿Cuál decisión?

—Te he dado de baja de la Federación Rusa de Patinaje, y la ISU ya ha recibido la notificación de que te estás retirando de las pistas.

—¿Qué? —Viktoria se levantó de golpe de la silla, sin siquiera darse cuenta de que las lágrimas brotaron por si solas. Su rostro denotaba una fuerte indignación y desconcierto, pues su piel había pasado de estar blanca como la cera a pintarse de rojo —¡No es justo! ¿Por qué me haces esto?

—¿No es justo? Lo injusto aquí es que no te quieras proteger. Todo lo que has hecho te ha lastimado.

—¡Porque no estás para mí! ¡No me apoyas! ¡No quieres que mejore!

—Lo que no quiero es que empeores —contestó, esforzándose por no exaltarse con su hija. Ya sabía cómo terminaban esos encuentros.

—¡No es cierto! ¡No es cierto! —dio un golpe en la mesa que alertó a Kenji y explotó solo un poco los nervios de Víktor.

—¡Viktoria! Contrólate. No se va a acabar el mundo por esto. Aun tienes muchas cosas que puedes hacer.

—¡No quiero! No quiero hacer otras cosas. Tú fuiste el me hizo amar el patinaje, no quiero hacer otra cosa que no sea esto.

—Entonces lo siento, porque ya no hay nada que puedas hacer —Víktor se levantó de la mesa y se detuvo frente a su hija, quien luchaba por entender lo que su padre estaba diciendo, no queriendo asimilarlo —Lamento que me odies por esto, Viktoria. Yo… yo siempre he tratado de hacer lo mejor para ti. Sé que me equivoqué, y no creas que es fácil para mí hacer esto.

—Por supuesto que no. A ti nunca te quisieron quitar el patinaje… tú no puedes entender como se siente esto —dijo, dejándose caer en la silla, con su rostro enterrado en sus manos cada vez más mojadas por los sollozos.

—Viktoria… —la joven apenas levantó la mirada, para encontrarse a su padre arrodillado frente a ella, guiando su mano a las mejillas femeninas —Nunca te lo he contado, y espero la oportunidad de hacerlo. Pero sí se lo que se siente. Pero contrario a mí, lo hago porque te amo. Por eso te protejo.

—No te creo… —espetó, levantándose rápidamente y tratando de huir a su cuarto, siendo detenida al momento por el ruso, quien le dio la vuelta y la abrazó.

—En serio lo lamento. Ódiame si quieres, Vik. No puedo hacer nada contra eso, pero tomé mi decisión y te atendrás a ella. Es todo lo que puedo decir, así que… te agradecería que terminemos con esta discusión.

Víktor no vio venir el empujón que recibió de Viktoria, quien solo así de esa forma logró zafarse del agarre de su padre. Antes de irse a su cuarto, debatiéndose entre estar furiosa o deshecha, lanzó una mirada fulminante contra el ruso, como si le quisiera dar a entender que terminaba con todo lo que hubiera entre ambos en ese momento. Después, solo se fue a su habitación y cerró la puerta de un golpe.

El ruso no quiso reclamar esa actitud. De alguna manera, sentía que merecía un poco de eso por haberla empujado a realizar su primera locura. También se reprochó no haber hablado abiertamente de su historia con las personas más importantes, que eran sus hijos. No quería verse como alguien que sufrió desde pequeño, pues esperaba que siempre tuvieran la imagen de un papá fuerte.

Cuando Yukie y Sasha salieron de sus habitaciones, listos para ir a la pista, se encontraron con Víktor recargado de la mesa, dando largas y profundas respiraciones, pero cuando vio a sus hijos, se enderezó y sonrió. Lo que más necesitaban en ese momento era a un hombre entero, a alguien que representara fortaleza. Y Víktor se sentía obligado a ser ese quien.

Para su valiente Dimitry, su risueño Kenji, su enérgico Sasha, su terca Viktoria y su madura Yukie.

Para su ángel Kujo.

Para su Yuuri.

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Por supuesto que no. Se negaba en lo absoluto. Jamás aceptaría eso.

Debajo del agua fría en la regadera, Viktoria daba golpes continuos a las paredes del baño. Estaba algo más allá de frustrada y ya no podía contener lo que sentía por Víktor.

Por supuesto que no lo odiaba, pero detestaba el hecho de que Víktor creyera que sí. Pero si estaba claro que tenía un fuerte rencor contra él. ¿Porqué tenía que ser así? ¿Por qué no simplemente podía apoyarla, trabajar juntos?

Víktor tenía que entender de algún modo que su hija ya no era la pequeña de cristal que tuvo que ser fuerte desde sus primeros momentos de vida, o la que pasó unas semanas en coma. O tal vez aun lo era un poco, pero de eso se trataba. De querer mejorarse, de salir adelante. ¿Era tan difícil de entender? Por lo visto, sí.

Pero en ese momento, el amor que sentía por su padre menguó por una fuerte necesidad de enfrentarlo, de demostrarle que estaba equivocado y que no tenía forma de entender que era lo que estaba sintiendo.

En ese mismo momento, Viktoria tomó una decisión, y ella era de esas personas que no se arrepentían de lo que escogían.

Dolía lo que iba a hacer, claro que sí, más si consideraba todo lo que pasaba en su familia. Pero, estaba segura, lo iban a entender algún día. Entenderían que no era por el patinaje, era por lo que le estaban haciendo a su persona. Sin querer, solo se sentía más destruida. No iba a hacer las cosas porque quería imponer su voluntad, lo hacía porque en esa casa no tenía voluntad.

Alguna vez, uno de sus padres les dijo que todos tenían sus maneras de recuperarse. Y Viktoria había escogido la suya. Mientras envolvía su cuerpo en una toalla, lloró un poco. Pero solo lo necesario, pues temía acobardarse y ese no era el momento para miedos.

Miró la maleta en una esquina de la habitación. Suspiró antes de tomarla y dejarla abierta sobre la cama. Después, fue a la computadora para preparar todo.

Sé fuerte, sé fuerte, se mentalizaba mientras cada pequeño detalle de su plan quedaba listo. Solo faltaba esperar la noche.

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—No… no… no te vayas… por favor… ¡Por favor! ¡No me dejes solo! ¡Yuuri!

Víktor se despertó con brusquedad, su cuerpo entero sudaba y no había forma de detener los temblores que los recorrían completo. Ya había perdido la cuenta de las veces que se había despertado en medio de la pesadilla que se había hecho realidad. Una y otra vez revivía el día en que Yuuri le había pedido el divorcio, y su corazón dolía con aun más fuerza.

Se deshizo de las sabanas para refrescarse, hasta que notó un cuerpo a su lado. Entonces recordó que todos se habían ido a acostar temprano, pues estaban cansados después del intenso entrenamiento. Sasha aún tenía cierta desazón y había despertado a su padre dos veces en la semana con terrores nocturnos, por lo que Víktor había accedido a que esa noche durmiera con él.

Sin embargo, por ese momento, no podía tener a Sasha a su lado. No porque no quisiera, solo no quería asustarlo si volvía a tener los mismos sueños. Se levantó lentamente y caminó hasta donde estaba su hijo. Pasó sus manos por debajo del cuerpo del niño y lo levantó con facilidad, pues era delgado y liviano. Lo acomodó sobre su pecho desnudo y lo llevó hasta su cuarto.

El pequeño Makkachin se despertó en la esquina que le había sido asignada para dormir. En cuanto vio a su amo entrar con su pequeño hijo, saltó a una silla y luego a la cama, en donde buscó un lugar mientras Víktor levantaba las cobijas y recostaba a Sasha en el colchón. Lo arropó con dulzura y cuando estuvo acomodado, se sentó un momento a su lado, acariciando el cabello que era una copia exacta del suyo y que ya llegaba un poco más abajo de su barbilla.

—Lo siento, amor —le dijo mientras besaba su cálida mejilla —Pero no quiero que me veas así. Papá necesita un momento a solas, pero… pero es que lo extraño demasiado. Sé que me entiendes, bebé. Perdóname. Te vendré a ver más tarde.

Víktor salió del cuarto y se aseguró de que la puerta estuviera abierta para escuchar cualquier eventualidad. Cuando estuvo en el pasillo de los cuartos de sus hijos, estuvo tentado a ir al cuarto de cada uno para asegurarse de que estaban bien, pero el temor que despertaran y lo vieran así, tembloroso y lloroso, pudo más y se retiró a su habitación para volver a intentar dormir.

Intentar, porque solo en eso se resumía el resto de la noche, tratar de dormir a sabiendas de que podía encontrarse en la misma escena.

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Sasha se destapó apenas escuchó que la puerta del cuarto de Víktor se cerraba. Se quedó unos momentos contemplando a la nada, shockeado al ver cuanto era el sufrimiento de su papá que ni en sueños podía estar en paz.

No podía negar que varias veces en la noche, cuando se paraba por un vaso de agua o una galleta, había escuchado a Víktor despertar con violencia de alguna pesadilla, pero Laryssa siempre estaba ahí para ayudarlo a recuperarse. Sin embargo, el niño también tenía su límite de tolerancia.

No soportaba ver a su padre sufrir de aquella manera, más aún cuando sabía cuál era la razón. Así que ya no importaba si estaban divorciados, peleados, enfermos, con nuevas parejas o lo que sea. Se necesitaban, eso era seguro.

Se levantó de la cama, seguido de Makkachin y fue directo a la sala donde había dejado su celular. Eran cerca de las once de la noche, así que estaba casi seguro de que le respondería.

En realidad, más le valía responder, porque era capaz de ir a buscarlo hasta Yutopia a esas horas de la noche para traerlo al lado de quien lo necesitaba.

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—El doctor Kagamine y yo coincidimos en que su recuperación es impresionante. Hoy amaneció con su piel del color normal que tendría un bebé nacido a término.

—¿En serio? ¿Ya respira bien? —Yuuri se removió un poco sobre el pecho de Brendan. Estaban juntos en su cama, Yuuri recargado sobre él, quien le estaba regalando de suaves y tiernas caricias en su vientre.

—Mucho mejor. Te puedo asegurar que es uno de los bebés que se ha recuperado con una velocidad excepcional. Es un niño muy fuerte —besó su cabello cuando lo sintió temblar en sus brazos —Será un bebé normal, amor. Pronto estará aquí.

—Es que yo…

Su móvil sonó con una melodía suave, interrumpiendo la conversación con Brendan. Su novio le alcanzó el celular y frunció el ceño al ver el nombre de su hijo, sobre todo por la hora de la noche que era.

"Hola, papá. ¿Estabas durmiendo?"

—Hola, amor. No… no he podido hacerlo. ¿Pasa algo?

"Ehh… sí. ¡Pero no te asustes! No es del todo malo."

—Sasha, no me gusta lo que me estás diciendo. Solo dímelo —Brendan soltó una risita ante el comentario de su novio.

"Es que… tú me quieres, ¿verdad?"

—Sabes que sí, más que a mi vida. Pero tendremos problemas si sigues dando rodeos.

"¿Puedes hacerme un favor? O bueno… hacernos."

—Por supuesto que sí.

"¡No tienes derecho a decirme que no después!"

—Sasha…

"¿Puedes venir a casa y ayudar a mi papá? Él… está muy mal."

—¿Qué? —Yuuri se incorporó inmediatamente. Si Sasha no hubiera dicho que su papá se encontraba en mal estado, tal vez hubiera puesto alguna excusa. Pero la sola imagen que lo asaltó, una de Víktor arruinado, pudo más con él y las palabras salieron solas y del corazón —¿Qué tiene Víktor? ¿Está enfermo o… le sucedió algo?

"No exactamente" —al niño solo le tomó un minuto contarle lo que esa misma noche había pasado, no solo esa noche, sino bastantes más. El semblante de Yuuri se descompuso en incredulidad y miedo por él, pues casi no podía creer que estuvieran hablando del mismo ruso. Brendan, rezagado en el rincón, se dedicaba a escuchar —"Es eso. No me gusta que despierte de esa forma y por pesadillas. Cuando me dejó en mi cama me dijo que… que te extraña. Y si despertó gritando tu nombre… creo que lo puedes ayudar."

—Sasha, yo… me gustaría ayudarlo, pero no es conveniente. Tu padre tiene una pareja y no sería adecuado que yo…

"¡Laryssa no está! Se fue hoy en la madrugada a Moscú. Por favor, papá. Yo sé que… que han tenido muchos problemas y tal vez ya no lo quieras. Pero solo te pido que lo ayudes esta noche."

—Amor…

"Sí no es por él, ¿lo puedes hacer por mí? A mí me duele ver a mi papá así."

—Escúchame, Sasha. Yo… yo no creo ser la mejor ayuda para él ahora mismo. Pienso que ambos estamos igual de… lastimados. Nos haríamos más daño.

"¿Quién dice eso? Ni siquiera lo intentas. Tal vez… tal vez puede ser solo por esta vez. Yo sé que ya no son esposos y tal vez ya no se quieren…"

—Sí lo quiero, Sasha. Pero es… diferente.

"¿Y eso significa que vas a dejar que sufra solo? Tú tienes a Brendan, a mis abuelos, a mi tía Mari y a todos tus amigos. Víktor… él no tiene papás, mi tío Vladya ya se fue igual que sus amigos y Laryssa. Está solo y… no quiero verlo así."

—Pero…

"No… olvídalo, papá. Es que… me desesperé por él." —Yuuri pudo escuchar claramente la decepción en la voz de su hijo, pero él mismo la sintió dentro de sí. ¿Podía ser tan egoísta? —"Lamento haberte molestado. Yo… volveré a dormir y… iré a verlo más tarde."

—No, Sasha, espera —Yuuri resopló y casi estaba seguro de que el hombre detrás de él también lo había hecho —No te duermas, estaré ahí en quince minutos.

"¿De verdad?"

—También necesito un poco de tu papá.

"¡Sugoi! Estaré esperando."

Yuuri colgó la llamada y suspiró. Se giró a ver a Brendan, quien tenía una mueca de resignación y estaba algo ofuscado.

—Que quede claro que no estoy de acuerdo —dijo, tomando las llaves del auto de Yuuri de su escritorio —Pero supongo que tampoco tiene sentido impedírtelo.

—Brendan… tú eres mi pareja. Yo… yo solo… Sasha tiene razón… está solo.

—Y lo quieres.

—No de la misma forma que a ti.

—Eso solo me preocupa más, Yuuri —Brendan se acercó rápidamente a Yuuri y dejó en sus labios un apasionado beso, sintiéndose culpable por rendirse a su necesidad de dejarle claro que era suyo a pesar de que el momento no era conveniente —Sé que lo que voy a decir suena egoísta, pero no quiero que lo ames de nuevo. Eres mío ahora. No quiero no tenerte de nuevo.

—No es lo mismo, amor —le dijo, devolviendo el beso de forma más lenta —Tú… has estado conmigo todo este tiempo, y me dejas llorar. Yo soy quien debería pedir que nunca te fueras.

—No va a pasar. Sólo… prométeme eso, ¿sí? Sé que Víktor es especial para ti, y no lo niegues. Sé que no puedes con la idea de que él sufra, y probablemente pasa lo mismo con él. Yo sé que… que aún lo amas.

—No… eso no es cierto. Yo… yo lo quiero, pero… no es lo mismo.

—Y en el fondo lo es. Por eso me permito temer —lo abrazó con la suficiente fuerza para no lastimarlo, pero dejarlo que lo quería solo para él —Te voy a llevar porque sé que ambos lo necesitan y solo ustedes pueden entenderse.

—Y tú eres mi pareja, y eso no va a cambiar porque necesitemos vernos. Cada día te quiero más, Brendan. Por favor, no dudes de eso.

—No lo hago, amor —lo besó más tiernamente, para luego separarse y alcanzarle un grueso abrigo —Vayámonos ya, no me gusta maneja solo de madrugada.

Yuuri se dio cuenta que Brendan estaba obviando que lo más probable era que se quedara a pasar la noche en la casa de los Nikiforov. Probablemente eso pasará, y cuando lo reflexionó, comenzó a sentirse mortalmente nervioso. Hacía meses que no ponía un pie cerca de ese lugar, y volver en esas circunstancias le producía más nostalgia y melancolía que emoción. Pero, sobre todo, estaba nervioso porque era él quien acudía a Víktor. Quizá por primera vez en bastante tiempo, era Yuuri quien tomaba la iniciativa del acercamiento. Aunque era una lástima que se produjera cuando la tormenta ya había devastado todo, siempre se podía remendar algunas cosas.

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Yuuri sentía que sus piernas flaqueaban cuando atravesó el jardín de la residencia Nikiforov hasta llegar al pórtico de la casa. Su mano tembló cuando tocó con delicadeza la puerta. Segundos después, un niño en pijama con un perro entre sus brazos abrió sigilosamente la puerta. El japonés hizo una señal hacia el auto que estaba a unos momentos y este se reincorporó al camino para volver a Yutopia.

—Gracias por venir, papá —Sasha le dio un rápido abrazo y lo invitó a entrar.

El corazón de Yuuri no estaba listo para el golpe de nostalgia que recibió en ese momento. Todo estaba casi tal como lo dejó. Aunque en el pasillo que conducía a la sala ya no estaban las fotografías del día de la boda, luna de miel y ellos dos solos, si estaban aquellas imágenes en las que aparecía toda la familia. Se internó con cautela hacia el interior y también descubrió, con un gusto agradable, que olía y se veía igual. Tal vez las cortinas habían cambiado, el arreglo y la posición de algunas cosas también, pero la casa mantenía esa deliciosa esencia familiar. ¿Sería porque Laryssa estaba ahí? Deseaba con todas sus fuerzas que no.

Estaba seguro de que su corazón se le saldría del pecho cuando Sasha lo tomó de la mano y lo empezó a guiar a su antigua habitación, a la que ahora solo pertenecía a Víktor y que, quizás, ya compartía con la ilustre mujer rusa. Pero ahí, frente a esa puerta, decidió que no le importaba. En ese momento, solo serían Víktor y él.

—¿Y tus hermanos? —preguntó a su hijo, reuniendo el valor para girar el picaporte.

—Ya es media noche, papá. Todos están dormidos.

—Ve a dormirte también, por favor. Yo… nosotros… estaremos aquí.

—Lo sé —Sasha sonrió y abrazó rápidamente a su papá —Gracias.

—No, bebé. Gracias a ti. Ya vete.

El niño se fue rápidamente seguido del caniche y Yuuri se concentró de nuevo en lo que tenía frente a él. Casi podía jurar que era un sueño, pero cuando escuchó un muy leve sollozo venido desde dentro de la habitación, se dio cuenta de que no era un error que estuviera ahí. ¿Con cuanta desesperación necesitaban el uno del otro? ¿Qué estaban dispuestos a hacer por el otro? Mientras abría la puerta, esforzándose por no hacer ningún sonido, pensó que estaba a nada de averiguarlo.

Por supuesto, todas sus barreras se derrumbaron al mismo tiempo al ver a Víktor, y solo pudo pensar que ese hombre, al que tanto ¿había? amado, estaba destruido en niveles impensables.

El ruso estaba sentado en la orilla de su cama, con el rostro oculto entre sus manos y llorando, llorando con fuerza y copiosamente, estando seguro de que cada lágrima contenía un dolor inimaginable. O quizás no, porque Yuuri si sabía lo que se sentía. Por un momento, se quedó estático en su lugar después de cerrar la puerta. Casi se deshace el mismo al pensar que era responsable de una parte de ese sufrimiento. Pero no estaba en esa habitación para lamentarse por él mismo.

Caminó con el mayor silencio que pudo, percatándose que Víktor estaba tan sumido en su desesperación, que ni siquiera notaba la otra presencia en su cuarto. Tembló, tembló como una hoja caída y mecida por el viento. Pero no se arrepintió, porque hasta para él fue como una caricia a su alma maltrecha.

Apenas estuvo a unos centímetros de Víktor, lo abrazó por la espalda, pasando sus brazos por debajo de los de él y uniendo sus manos a la altura de su vientre. Sintió que Víktor detenía sus lágrimas un momento, solo para llorar con más fuerza. Aún así, no lo soltó, sino que lo apretó con más fuerza contra su pecho.

—Deja de torturarme… —susurró Víktor, jurando que podía escuchar su interior romperse con el sonido de cristales.

—No, Víktor, no quiero hacer eso…

—Ya te estoy alucinando. Por favor, no. Vete, no eres real. Déjame llorar solo. Yo…

—Víktor. Voltea y mírame. No soy una alucinación. Si estoy aquí. Vine a verte porque…

—Basta, basta, basta. Ya no puedo con esto… primero era Kujo… luego tú. Así jamás podré recuperarme.

—Yo también lo vi. Pero… pero yo soy real —insistió Yuuri, obligando a sus lágrimas a no salir de sus ojos. Quiso hacer un esfuerzo para voltear a Víktor, pero este se resistía —Por favor, Vitya…

—¡No! Duele… duele mucho, y yo… ya no puedo.

Yuuri lo soltó para moverse hasta quedar arrodillado frente a él. Los ojos de Víktor se abrieron desorbitados al ver al japonés frente a él, al sentir como su suave mano recorría su mejilla para limpiar los rastros del llanto. Pero cuando vio su sonrisa y olió la dulce fragancia que conocía de tanto tiempo, se puso de pie de un solo movimiento, caminó de espaldas viendo a Yuuri como si fuera un fantasma.

—Víktor, contrólate. Solo soy yo…

—No puede ser… no es cierto… no es cierto… —Víktor en verdad creía que estaba al borde de la locura y que ya no había remedio para él. Pero Yuuri lo alcanzó, tocó su mano con la ternura que solo él podía tener, y el ruso se dio cuenta de que no había una sensación más real que ese bálsamo para sus heridas —Yuuri…

—Sí… sí soy yo. Lo… lo lamento por llegar así, pero…

—¿Qué haces aquí? —no quería sonar arisco, pero su mente todavía no procesaba que estuviera ahí, en la misma habitación.

—Pues… Sasha… él me llamó y… me dijo lo que estaba pasando contigo. Estaba muy preocupado, así que… me convenció de venir y… —Yuuri comenzó a sonrojarse, pues la mirada penetrante de Víktor no se despegaba ni un segundo de él —… tal vez no fue la mejor idea, pero… pero no podía… puedo… permitir que estés en este estado.

—¿Sasha? —el peliplata se reprendió mentalmente. Ese niño en verdad era más listo y astuto de lo que se imaginaba —Debió… debió… haberme escuchado. Lo siento, Yuuri. No… no tenía que hacerlo. Gracias, pero… pero si quieres puedo llevarte al hotel. No quiero…

—Víktor… —el japonés se acercó más hacia él, solo con la finalidad de tomar su mejilla y hacer que sus miradas se enfrentaran —Estoy aquí por que eso quiero. Nadie me obligó y… necesitaba verte.

—No necesitas verme así, Yuuri. Doy pena. En verdad que estoy en un estado miserable y el último que quería que me viera así eras tú —Víktor soltó una risa que contagió a Yuuri. Casi parecía que le había robado las palabras.

—¿Ya me viste? Apenas me he levantado de la cama y paso todo el día durmiendo o llorando. Sigo… sin aceptar que mi bebé… ya no está. La comida no me pasa y… a veces siento que me estoy volviendo loco.

—Yuuri…

—Vine aquí porque… porque no va a haber nadie que me entienda como tú. Solo Vitya sabe lo que duele y… si no podemos consolarnos creo que… al menos podemos llevar esto juntos.

—¿Estás… estás hablando en serio? Es que Yuuri…

—¿Quieres ya dejar de hablar? Justo ahora solo quiero llorar contigo y saber que no estoy solo. Yo… simplemente ya no puedo resistir… me estoy rompiendo…

Yuuri estuvo a punto de soltarse a llorar de pie, solo de nuevo, pero antes de que eso sucediera, un par de brazos lo rodearon, y él también lo abrazó.

Para ese entonces, cualquier otra cosa sobraba. Llorar juntos podía decir y liberar más de lo que las palabras jamás harían.

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La casa estaba en completa oscuridad cuando salió vestida y abrigada de su habitación, arrastrando su maleta y sujetando con fuerza un sobre blanco en sus manos. Minutos antes, creyó haber escuchado unos raros murmullos, pero terminó por convencerse de que no había nada y salió. Le dio una última ojeada a su habitación y a lo que había dejado sobre su cama. Lo cierto es que no estaba segura de que fuera la decisión correcta, solo sabía que era la necesaria.

Cerró la puerta y con el mayor sigilo del que era capaz, atravesó el pasillo, ignorando por completo la imperativa necesidad que tenía de querer entrar a los cuartos de Sasha y Kenji y abrazarlos, despedirse de ellos y jurarles que la verían de nuevo, cuando ella misma pudiera rehacer a quien había sido antes.

Pasó de largo el pasillo que conducía hacia la recámara de Víktor, y solo pudo pronunciar un "Da svidániya", esperando con todo su corazón que la perdonara algún día por lo que estaba a punto de hacer. Si Yuuri también estuviera en esa casa, tal vez su voluntad habría flaqueado y se arrepentiría. Pero no estaba, no lo estaría y no iba a cambiar.

Llegó al corredor por el que se llegaba al jardín trasero. Estaba por dejar la breve carta en un mueble en el que reposaban algunas fotos de la familia completa, cuando una mano fría y delgada la detuvo. Se mordió los labios para no gritar, pero su pulso se aceleró cuando se topó con una mirada castaña y recriminatoria.

—¿Qué diablos estás haciendo? —Yukie la sujetó de la muñeca y la recorrió de pies a cabeza, extrañándose por verla vestida como si fuera a viajar. No había entendido, hasta que vio la maleta grande junto a su hermana. Entonces pasó del enojo al desconcierto —Viktoria… ¿qué significa esto?

—Yu… yo… lo siento. Ya no… no quiero quedarme aquí.

—¿Te vas a ir? ¿A dónde? ¿Con la abuela?

—La verdad es que… no. Y no te lo diré.

—¿Estás huyendo de casa? ¿Es eso? —preguntó, casi gritó, tanto, que Viktoria tuvo que taparle la boca con su mano libre.

—Sí, eso estoy haciendo. ¿Feliz?

—¿Estás loca? ¿Cómo...? ¿Por qué? —sus cuestionamientos eran más palabras de incredulidad, y se sorprendió al descubrirse temblando.

—¿Por qué? Porque ya no puedo estar aquí. No con Víktor prohibiéndome todo, no contigo siendo como eres. No con… con la culpa que llevo con Kujo.

—¡No digas tonterías! —susurró con fuerza —Lo que papá hace es para…

—Protegerme, lo sé. Pero yo no quiero ser protegida, y eso él no lo va a cambiar.

—No estás siendo justa. Nosotros solo queremos…

—¿Ustedes? ¿Qué es lo que quieres tú de mí? ¿Qué te pida perdón por todo aquello que es mi culpa? —Viktoria se soltó de un tirón de su hermana, quien la veía como si no la reconociera —De acuerdo. En verdad lamento que ser yo te haya causado problemas. Tal vez solo debió ser una de nosotras, no lo sé. Lamento haberte causado problemas sin saberlo. Pero… pero es todo lo que puedo hacer. No estoy dispuesta a quedame un segundo más aquí si tengo que seguir viviendo así.

—Viktoria, yo no…

—No. Ni siquiera trates de decirme que no es eso lo que querías. Está bien, lo acepto. Puedo ser caprichosa y hacerme una víctima. Pero yo no soy la que se calla todo y se vuelve una hipócrita. Yo no soy tú y no estoy dispuesta a sufrir. No soy como tú.

—Si te refieres a Laryssa…

—Por supuesto que me refiero a ella, pero no tiene sentido que te diga lo que pienso. Pero está bien, deja que haga contigo lo que quiera. Solo espero que haya una razón válida para es y no solo un "creo".

—Es por Víktor…

—¿Y porque no es por Yuuri? ¿Sientes que te abandonó? Ve y díselo. No solo lo trates como si lo odiaras.

—Haces lo mismo con Víktor.

—Pero lo que hago ahora es por mí.

—¿Y qué hay de mí? —cuestionó la chica, quien se veía al borde del llanto, pero ni así logró inmutar a Viktoria —¿Qué hace alguien por mí?

—¿Porqué vas a esperar eso? Todos en esta familia estamos rotos. Dudo que seamos un apoyo para alguien más, pero…

—Me vas a dejar sola. Con este desastre. ¿De qué es de lo estás huyendo?

—Yo… yo no quiero que… que algo que haga pueda afectar más a los demás.

—¿Y esto no lo va a hacer? ¿Tú crees que se van a quedar cruzados de brazos sin saber dónde estás?

—Yo sé que no. Así que, si… si realmente hay algo de hermandad entre nosotros, solo te pido que entiendas y les des esto —Viktoria le tendió la carta que llevaba en sus manos y Yukie la tomó como si de algo repulsivo se tratara.

—¿Una carta los va a calmar?

—No lo creo. Pero… pero es lo único que puedo hacer.

—Estás dando por sentado que te voy a dejar ir —refunfuñó la pelinegra y Viktoria suspiró en respuesta —¿Por qué debería quedarme callada y ver cómo te vas?

—Porque, a pesar de todo, me entiendes. Tú también estás desesperada, también sabes que pocas cosas tienen un sentido real ahora y… y que tenemos que repararnos.

—¿Esta es tu manera de repararte? ¿Irte y dejarnos? ¿Dejarme?

—Sí —Viktoria tomó las manos de su hermana entre las suyas. Yukie no las retiró, pero su cuerpo entero se tensó —Yo sé que… a pesar de todo… me quieres, más que a muchas cosas, del mismo modo que yo lo hago.

—Sí…

—¿Sabes que nos importamos más que cualquier otra cosa?

—Creo que sí…

—¿Y sabes que no soy feliz?

—Vik…

—Por favor. Déjame ir y tratar de serlo. Quiero… quiero ser la hermana que no pude, la que tú te mereces y no te lastima. Quiero encontrar a Viktoria y su lugar en medio de este caos.

—¡Su lugar es aquí! ¡Eres mi hermana, no tenemos que merecernos! ¡Nos amamos y odiamos y empezamos de nuevo!

—Yukie…

—¡Vete! Vete si con eso crees que vas a ser mejor o feliz —Viktoria vio a su hermana dejar correr lágrimas por su causa, pero no había nada que pudiere hacer en esa ocasión. Se alejó con cautela de ella hasta que llegó a la puerta, donde una vez más, la mano de Yukie la detuvo —Pero eso no significa que esté de acuerdo. No me voy a quedar callada mientras haces esto.

—Yukie… por favor, no.

—Tienes una hora antes de que despierte a Víktor y le diga que no estás. Te voy a dejar irte, porque es lo que quieres, pero… pero…

—Está bien —la rusa trató de sonreír, pero lo que salió fue más una mueca forzada —Gracias.

—Vete ya.

No espero a que se lo repitiera, y antes de que Yukie cediera al arrepentimiento, abrió la puerta y salió corriendo hacia el jardín y la calle, donde un taxi ya la esperaba.

Dentro de la casa, Yukie se quedó estática, llorando por su hermana como no lo había hecho desde el accidente. Y es que, en ambas ocasiones, sintió que la perdía, aunque ya fuera una realidad. Por un parte… la admiraba. Quizás era lo más valiente o cobarde que le había visto hacer, pero tuvo las agallas de hacerlo. Yukie… jamás hubiera podido siquiera pensarlo.

Tal vez estaba bien. Tal vez Viktoria tenía razón y debían repararse a su manera. Pero… ¿a ese costo?

Cuarenta y cuatro minutos después, Yukie no pudo soportar la opresión y el miedo en su corazón. Viktoria la había abandonado y ella se negaba a creerlo y permitirlo. Corrió hasta el cuarto de Víktor y sin cuidado, tocó la puerta con insistencia un sinfín de veces, llorando desconsolada y sintiendo un escozor en su garganta, la carta de ella quemando en sus manos.

—¿Yukie? ¡Yukie! ¿Qué sucede? —la japonesa casi se va de espaldas al ver a Yuuri salir de la habitación y tomarla de los hombros inmediatamente, claramente aterrado por el llanto de su hija.

—Pero… ¿qué sucede? —Víktor se le unió casi al instante y del mismo modo que Yuuri, la sujetó para que dijera algo.

—Es… es…

—¡Yukie! ¡Habla ahora!

—Viktoria…

Apenas escuchó el nombre, Víktor y Yuuri corrieron al cuarto de la menor de sus hijos, quedando atónitos al ver la habitación vacía, la cama arreglada y un par de patines junto con relicario roto sobre ella.

—¿Qué está pasando? —cuestionó Víktor a Yukie, claramente desesperado, cuando ella estuvo detrás de sus padres.

—¿Dónde está tu hermana?

—Vik… Viktoria… ella se fue…

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¡Hola a todos! Gracias por su infinita paciencia. Como dije en el grupo, entre exámenes finales, trabajos y malestares apenas tuve tiempo de ponerme a escribir. Es por eso por lo que hoy les traigo este capítulo super largo como compensación.

¿Se habían imaginado lo que pasó al final? Yo sé que no esperaban que fuera así que Viktoria dejara su hogar. Calmen todos que en los siguientes dos capítulos vamos a ver que pasó después de ese instante del lado de ella y del lado de los que se quedan en Japón.

Creo que es todo por hoy. Espero que les haya gustado y no hata sido demasiado tedioso. Me alegraría mucho que me dejen comentarios, porque me hacen el día y me ayudan a crecer.

¡Los amo a todos! Nos vemos pronto.

Zryvanierkic: De verdad me gustaría saber si te esperabas, aunque sea un poco, todo lo que pasó. Viktoria es un caso aparte. Esa mujer es de armas tomar y ya hizo su gran estupidez (aunque no del todo). Va a haber más de Víktor y Brendan trabajando juntos en el siguiente capítulo, pero lo cierto es que escribir la parte de Yuuri y Vitya me ha deshecho. Está vez casi juro que los sentí en carne propia. Ya haré otro en vivo más temprano para que si te toque. ¡Te quiero mucho!

Haru: ¡Qué no te rindas! Ya te dije que el final es Victuuri, pero si te dejo amar a las otras parejas. Qué bueno que, si quieres a Laryssa, es una mujer incomprendida, pero me encanta. Ahora si ya no sé que hizo mi cerdito para que lo odiaras. Está deprimido, yo creo que se vale excusarlo. Viktoria si quieres no, pero Yuuri si (por favor). No es que Víktor no considera a Laryssa, solo que sabe que, por obvias razones, Dimitry va a pasar más tiempo con Yuuri y Brendan, y Lary como que no cabe mucho ahí. Oh, y atento con Sasha que poquito a poquito va a ir explotando. Pero si quiero saber ahora que hizo Yuuri jajaja. No te angusties que del aquel lado también hay quien se quiere comer a Yuuri para Navidad. ¡Saludos inmensos y espero leerte de nuevo!

Yuna Alice: ¿Casi lloraste? Las demás lectoras si llenaron mi botella de lágrimas de lectora jajaja. Ya sé, lo cierto es que ha sido la cosa más dramática que he escrito. Me alegra inmensamente que te haya gustado como va, y espero que sigas comentando por eso me anima aun más. ¡Saludos enormes!