DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

LA HEREDERA

CAPITULO 45

Bella se estremeció con el sinfín de emociones que descubrió en los ojos húmedos de su padre fijos en el pequeño bebé que Rosalie sostenía en sus brazos.

Nadie dijo nada sobre la incomodidad de la situación, hasta que Emmett entró en la casa con desparpajo.

Abrazó a su cuñada con cariño.

- Felicidades, cariño. Tienes un hijo precioso, y seguro que lo ha heredado de ti – dijo con una sonrisa provocadora – ya que no creo que sea de este hermano mío

Bella sonrió abrazando al hombre.

- Gracias, Emmett. Seguro puedes sostenerlo cuando Rosalie te lo permita – dijo mirando a su amiga

- Sólo intenta no dejarlo caer – aclaró Edward con burla

Emmett se acercó a su novia para coger a su sobrino.

Charlie observaba la escena sin atreverse totalmente a entrar en la casa.

- Ven, Charlie, pasa – dijo Esme incómoda antes de dedicarle a su hijo una mirada fulminante

Edward se volvió hacia su suegro y estiró su brazo tendiéndole la mano.

- Buenas tardes, Charlie – saludó con incomodidad – Entra. ¿Cómo estás?

Bella se volteó también para mirar a su padre, recostándose en Edward que la rodeó con su brazo.

- Hola, Edward – respondió el hombre estrechando su mano – Felicitaciones por tu hijo

- Gracias – contestó Edward expectante

Los ojos de Charlie se humedecieron aún más cuando dirigió su mirada a Bella. Esbozó una sonrisa dubitativa antes de hablar.

- Enhorabuena a ti también, Bella. Tienes un hijo precioso.

- Gracias, Charlie – respondió tímida

- Gracias por permitirme visitaros – dijo el hombre bajando la mirada

- No hemos tenido opción – espetó Edward molesto – Nos acabamos de enterar que vendrías – dijo con dureza

- ¡Edward! – le llamó la atención Esme – No seas tan grosero

- No, Esme – interrumpió Charlie – Tiene razón. Lo siento, Edward – ofreció levantando la vista hasta el rostro del joven – Lo siento. No debí presentarme así. Simplemente no sabía qué hacer para poder veros y hablar con vosotros.

- No es conmigo con quien tienes algo de que hablar

- Edward... – susurró Bella poniendo la mano en el pecho de su marido

- Sé que tengo que aclarar muchas cosas con Bella, pero tú eres su marido y el padre de su hijo, por lo que creo que también debo disculparme contigo por cualquier molestia que le haya podido ocasionar a tu familia

Edward le observaba con dureza, cuando Carlisle se acercó a ellos.

- ¿Por qué no pasáis al estudio? – ofreció intentando enfriar la situación – Creo que deberíais hablar tranquilos. Tenéis muchas cosas que decir.

- Tienes razón – aceptó Edward – Ven por aquí, Charlie – dijo tirando de su mujer a la vez que le señalaba el camino al padre de ésta – Esme, indícales a Emmett y Rosalie dónde instalarse, por favor. Poneos cómodos, chicos – se dirigió a los recién llegados

Entraron al estudio y se acomodaron en los sillones, Bella y Edward, en un claro frente común se sentaron juntos en un sofá, mientras Charlie se ubicaba en la butaca frente a ellos.

La tensa situación hacía sentir incómoda a Bella pero Edward se negó a dejarse avasallar o amedrentar por el padre de su mujer.

Charlie apoyó los codos sobre sus rodillas y hundió su rostro entre las manos, buscando la mejor forma de decir todo lo que sabía que debía decir.

Nadie habló y la carga del ambiente lo hizo alzar la mirada para fijarla en las dos personas sentadas frente a él.

Bella lo observaba expectante, pero en su rostro había una tenue indulgencia, Edward por su parte parecía intransigente mientras lo miraba con dureza.

- Supongo que tengo tantas cosas por las que disculparme, que no sé ni por dónde empezar... – dijo Charlie después de un profundo suspiro

Nadie contestó instándolo a continuar y se vio obligado a hacerlo.

- Bella, sé que nunca podré compensar todo lo que te he herido en estos más de veinte años – expresó ruborizándose culpable – Sé que no hay excusas válidas, y nada de lo que pueda decir hará que cambie todo lo que has sufrido por mi culpa. Pero en el fondo de mi alma ruego que me puedas disculpar...

La respiración de Bella se aceleró y Edward apretó el agarre de su mano.

- Sé que no me lo merezco, y sé que no tengo derecho a pedirlo, pero apelo a tu corazón para hacer lo que yo no hice. No me atrevo a pedirte perdón pero es lo que más deseo aunque no creo que eso logre aliviar la culpa que siento. Sólo espero que al menos me des la oportunidad de demostrarte que de verdad lo lamento, y quiero intentar resarcirte...

- No creo que puedas devolverme todo lo que perdí... – musitó con tristeza

- Lo sé, cariño – dijo con los ojos inundados de lágrimas – Lo sé y nunca podré arrepentirme lo suficiente. No te lo merecías, Bella, tú no... pero yo... fui un idiota, un cobarde... – Charlie se levantó de su asiento para caminar hasta la ventana quedando de espaldas a ellos – sabía que yo era el culpable de la muerte de Renée, pero me negaba a reconocerlo, y necesitaba culpar a alguien... sé que no merezco que me perdones...

- Tenía seis años, Charlie, nunca pensé que no fuera seguro pedirle a mamá que me fuera a recoger a ese campamento. Yo simplemente lo odiaba y quería irme de allí.

- Por Dios, cariño – dijo el hombre volviéndose hacia ella y poniéndose de rodillas frente a ella

Ese acercamiento envaró a Bella y más aún cuando su padre cogió sus manos que descansaban en su regazo.

- Por Dios, Bella, tú no podías saber nada sobre seguridad, eras una niña, tenías apenas seis años, cariño...

- Pero tú siempre pensaste que yo era la culpable...

- Oh, Bella, ¿cómo podré resarcirte de tanto daño? – se quejó lastimero – Yo escogí la salida más fácil...

- ¿Y la salida más fácil era culparme a mí?

- Lo siento, sé que no tengo excusa... Fue mi culpa lo que le ocurrió a Renée, ella me pidió que fuera a recogerte, no estaba pasándolo bien con el embarazo... yo simplemente me desentendí, tenía mucho trabajo y le dije que te dejara allí, que te acostumbrarías. Ella no lo hizo. No se sentía bien y yo la obligué a conducir bajo la lluvia...

- No es justo que te culpes, fue un accidente – intentó consolarle Bella – Pero tampoco fue justo que me culparas a mí. Me alejaste de todo lo que me era familiar, me desterraste de tu vida. De allí en más sólo te dedicaste a pasarme dinero, pero nunca más te ocupaste de mí

- Lo sé – reconoció bajando la vista – Hice todo mal. Necesitaba alejarme de ti, me recordabas tanto a Renée que no podía soportar verte y saber que yo la había matado. Al principio pensé que Marie te podría educar mejor que yo, y evidentemente, lo hizo. Luego, a medida que ibas creciendo, cada vez me recordabas más a tu madre. Te convertiste en una mujer preciosa, tal como ella lo era, te parecías tanto... – las lágrimas finalmente desbordaron los ojos de Charlie. - … cada vez que te veía, la veía a ella y lo que le hice, no podía soportarlo. Tú fuiste mucho más fuerte que yo…

Edward abrazó a Bella en cuanto las lágrimas rodaron por el rostro de la chica.

- Me obligaste a convertirme en un desastre de mujer… sentía que era la única forma de que recordaras mi existencia

- Nunca fuiste un desastre de mujer – la corrigió su padre – simplemente permitiste que todo el mundo lo pensara. Pero mientras todos pensaban lo peor de ti, tú te dedicaste a crecer, de forma madura, responsable. Te dedicaste a ayudar a quienes más lo necesitaban y menos podían hacerlo. Fuiste una niña encantadora, Bella, una niña que se convirtió en una mujer maravillosa. Lamento no haberte permitido disfrutar plenamente de la fabulosa persona que eres. Yo fui tan ciego…

- No es fácil para mí olvidar los pasados veinte años – musitó apenada

- Lo sé, cariño – dijo levantando la mirada para enfocarla en el rostro de su hija – Lo sé – repitió secando sus lágrimas – Sólo quiero pedirte que me permitas estar cerca de ti. Con el tiempo tal vez pueda ganarme tu perdón. Sólo permíteme estar cerca de ti. De ti y de tu familia.

Bella le observó dudosa y temerosa, recostándose en el pecho de Edward, que la apretó contra él.

Charlie hizo un mohín comprensivo.

- Entenderé que no me quieras cerca. Lo entenderé y lo aceptaré, si me pides que me vaya. Te agradezco que me hayas dado la oportunidad de explicar lo inexplicable de mi actitud. Necesitaba poder decirte que te quiero, que te amo, y que nunca fue tu culpa nada de lo que sucedió. Estoy orgulloso de ti, Bells. Estoy orgulloso de todo lo que has logrado por ti sola, y me siento feliz de saber que a pesar de mi actitud, has salido adelante.

Charlie se puso de pie pesaroso y se inclinó para presionar sus labios contra la frente de la chica.

- Te deseo toda la felicidad del mundo, Bells. Si algún día, pudiera hacer lo que sea por ti, no dudes en hacérmelo saber – dijo en susurros antes de dirigirse a la puerta del estudio dispuesto a marchar.

Cabizbajo se dispuso a abrir la puerta cuando la voz de Bella lo sobresaltó.

- Charlie… – le llamó su hija y se volteó a verla – ¿Quisieras conocer a tu nieto? – ofreció obligándole a soltar el aire de sus pulmones

.

- ¿Cómo te sientes? – le preguntó Edward esa noche cuando se fueron a la cama

- No lo sé – confesó recostándose en el cuerpo de su marido – Confundida. Temerosa. Cautelosa. ¿Crees que ha sido sincero?

La situación durante el día no había sido completamente relajada, pero poco a poco, el ambiente se había ido distendiendo. Gracias especialmente a las bromas de Emmett.

Charlie, prácticamente no había dejado a Anthony, más que cuando habían tenido que alimentarlo o cambiarle.

La dicha que se reflejaba en el rostro del hombre era inconmensurable, aunque cada vez que enfocaba su mirada en Bella, sus ojos se llenaban de pena, por todo lo que había perdido, y lo que había recuperado y aún no creía merecerse.

- Sí, lo creo – aseguró Edward

- Y ¿por qué este cambio tan radical?

- No sé, cielo, supongo que ha visto lo solo que estaba. Por su terquedad había perdido la oportunidad de tener una familia. Imagino que simplemente ha recapacitado.

- ¿Crees que he hecho bien en aceptarle?

- Sí, creo que es la mejor decisión. Tú le necesitas. Anthony le necesitará.

- Yo sólo te necesito a ti, y a Anthony – le corrigió

- Me tienes. A mí y a Anthony, nos tienes. Somos tuyos, lo sabes. Pero Charlie es tu padre y le has necesitado toda la vida. No creo que debas perderte la oportunidad de tener un padre. No será fácil recuperar la confianza, pero lo harás.

- ¿Crees que debamos volver a Nueva York? – preguntó

- De momento, no. Quedémonos aquí donde tenemos nuestra vida. Con el tiempo ya lo veremos. Supongo que eso también ayudará a probar que Charlie quiere ser parte de tu familia aunque no tenga nada que ver con la empresa.

- Creo que tienes razón – aceptó

- Ahora creo que deberías descansar. Mañana empieza una nueva vida para nosotros. Una donde tienes a tu padre y donde yo tengo un suegro – dijo con un mohín divertido

- Creí que nunca lo lograría

- No sé por qué – sonrió Edward – La Heredera siempre hace lo que quiere

- Olvidas que me desheredasteis, ya no soy La Heredera – bromeó burlona

Edward la atrajo hacia él dejándola acostada sobre su cuerpo.

- Te equivocas. Tú siempre serás La Heredera – corrigió pegando sus labios a los de ella


Y llegamos al final.

Gracias a todos por los maravillosos reviews, gracias por los alertas y favoritos, y gracias especialmente por leerme, en esta y todas mis historias.

Espero que nos encontremos siempre en otros fics.

Besitos y gracias por la paciencia!

Pero no marchéis muy lejos que aún nos queda el epílogo.