Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Bulma agarró su frente salvajemente, intentando dolorosamente detener la sangre que se derramaba profusamente de su cuero cabelludo. Se había caído por millonésima vez ese terrible día, resbalándose torpemente en filosas rocas y cortándose su tierna carne alrededor de dos pulgadas y media sobre sus cejas. Dudaba que fuera el dolor de la herida lo que se hundió en su mal humor sino más eficiente la irritación en su progresiva velocidad.

La temperatura estaba aumentando, alcanzando alturas y luego tocando el mismo clímax de su cordura. Al menos había llegado a las montañas, peligrosas y temiblemente espantosas. Eran de sólida roca, quemada con el color de ardiente rojo, naranja y por supuesto negro. Las formaciones llegaron a puntas salvajes que colgaban y rasgaron su largo, ondeante vestido, tajando la cara tela hasta que llegaba a su rodilla.

Se sentó, agachándose torpemente sobre una roca ubicada segura e inclinándose hacia adelante con todo el peso que había adquirido. Es curioso cómo se había tomado tanto tiempo y ahora parecía tan sólo a una corta distancia del suelo. Se quejó ante este hecho, volando el cabello fuera de su rostro para un arruinado énfasis. Mirando los fuegos arder en la distancia, se preguntó si tal vez estaba equivocada en participar en tal mortal aventura. Tal vez esta era la más caótica, tonta y estúpida cosa que hubiera hecho jamás.

Bien. Quiero decir que era posible.

Y sin embargo siguió adelante. No, tal vez no debería siquiera describirlo de esa manera. Su cuerpo se quejaba con cada paso mal dado, lastimándola, golpeándola, maldiciéndola. El corazón latiendo constante en su pecho era el verdadero motor.

Podía recordar todas esas historias. Todas las leyendas sobre fuertes hombres y mujeres desafiando las leyes y estableciéndose en viajes místicos por el amor de sus vidas. Los había admirado tanto, deseando en la mente de una pre adolescente que tal mundo de aventura abrazase su aburrida vida algún día. Estaba participando en una aventura que sólo ustedes leyeron al respecto, que sólo se sueña en las salvajes fantasías. Y sin embargo, quería que terminara. No era lo mismo cuando realmente se está viviendo el viaje.

Deseó tanto ser como sus heroínas favoritas en los cuentos, tenaz y fuerte, hermosa y ágil. Deseaba tener la clase de fuerza para soportar las pruebas y tribulaciones y salir victoriosa y orgullosa. ¿Pero qué si fallaba? Esta no era alguna estúpida historia que simplemente podía cerrar el libro y seguir con su vida. Esto era todo. Esto era lucha de vida muerte, ¡feroz batalla sólo para seguir respirando!

Pero aún así, ¿qué iba a hacer? ¿Darse la vuelta? Prefería morir en este punto. Yamcha posiblemente nunca querría hablarle de nuevo y más importante, ella no QUERÍA hablarle de nuevo. Tal vez era el Infierno lo que la afectaba, pero ahora más que nunca estaba contenta de su decisión, manchada y prohibida como era.

¿No todas esas historias terminaban con el "felices para siempre"?

Deseó poder ver lo que el futuro deparaba. Era casi frustrante saber que con cada paso que daba, cada peligroso movimiento que hacía, que tal vez fuera todo en vano. ¿Qué si Vegeta la rechazaba? Un beso prácticamente no significaba nada para él, incluso si significaba el mundo para ella. Pero ella tenía una inquebrantable fe de todas maneras. A veces, simplemente hay que confiar en el corazón, olvidarse de las dudas y confiar en la fe ciega.

Furiosamente agarró su vestido, rasgando el maldito material blanco de sus piernas hasta que llegó a un largo poco modesto en su muslo. ¿Qué le importaba? No era como si usar todo llamativo y blanco en el Infierno no fuera razón suficiente para llamar la atención. Y si había sospechado al principio que el vestido era demasiado apretado, ahora estaba segura. Levantando sus pies, arrojó las sandalias con piedras preciosas, mirando con repulsión a las patéticas creaciones y arrojándolas con lívida fuerza al lado de la conquistada montaña. Incómodas pequeñas bastardas. Deseó poder contar cuántas veces la habían lastimado y hacerlas pagar por cada vez. Casi deseó que no hubiera arrojado las patéticas pequeñas mierdas, sintiendo la inmensa tentación de golpearlas contra la roca en la que estaba sentada.

El gran sol carmesí comenzó a oscurecerse, alcanzando la el árido paisaje y estirando sus últimos rayos de luz sobre el suplicante suelo. Sombras comenzaron a aparecer a lo largo del horizonte opuesto, oscuridad en su motor mientras el enemigo Sol estaba disipándose a lo largo del precipicio del cielo.

Bulma se derrumbó sobre su espalda, inhalando en el repugnante aire caliente y jadeando para respirar. Sintió su cuerpo comenzar a relajarse por primera vez en el día, los cortes y raspones que había obtenido haciéndose sumamente conocidos. Ni siquiera se había dado cuenta cuan terribles eran, aunque por ahora no le importaba.

No podía seguir más, marcando este polvoriento y desierto territorio como su cama por la noche. Su cabeza se quejaba mientras la recostaba hacia atrás contra la dolorosa dureza de la irregular roca. Era todo lo que podía hacer para crecer mientras los últimos preciados rayos de luz danzaban a través de sus ojos y luego caía el silencio. Era su primer noche en el Infierno, completamente sola con los inimaginables monstruos que acechaban invisibles.

Había escuchado que había criaturas mucho más rancias que Demonios que se arrastraban entre las sombras de la quemada montaña y trazaban el silencio del desierto. Pero alejó las ideas y fijaciones de una sobre activa imaginación, sabiendo que tales reflexiones no le servirían para nada al final. Se acurrucó en una apretada bola, envolviendo sus livianas, plumosas alas alrededor de ella y suspirando ante la incómoda circunstancia que había sido la causa de su última noche sin cama.

"Hmph..." Murmuró en voz alta, el tono tamizando a través de la extraña tranquilidad de los alrededores.

"Debería haber recipientes de almacenamiento que sean lo suficientemente pequeños para entrar en tu mano y lo poderosos suficiente para soportar cargas de millones de suministros." Comentó al cielo, sintiéndose tan sola como siempre que le hablaba en voz alta a nadie. Pero desechó la idea de cerrar sus dos párpados que picaban por el calor y por la sequedad de la zona.


Gimió mientras sus dedos se trazaban a lo lrgo de su espalda y estómago, y rió mientras él susurraba promesas de salidas nocturnas que vendrían pronto. Sus brazos se envolvieron protectoramente alrededor de su cintura, jalándola en una posición acurrucada tipo cuchara. Ella jadeó mientras su caliente lengua rozaba a lo largo de la parte de atrás de su cuello, jalando su cuerpo cerca de ella. Arqueó su espalda y alas contra su apretado pecho, jadeando mientras sus cálidas manos se deslizaban a lo largo de cada grieta prohibida de su cuerpo, mordiendo sus labios mientras dedos danzaban a lo largo de lazos a través de sus pechos. Quería desgarrar los malditos confinamientos y arrojar las creaciones tan lejos de su presencia como fuera Angelicalmente posible.

Sus cálidos apéndices se deslizaron bajo el escote de su corsé, tocándola en una manera que nunca había encontrado y enviando cálidas sensaciones a través de su cuerpo como Paradisíaca luz. Jadeó mientras la otra mano se hundía por su muslo, deslizándose hacia arriba y trayendo el cortado material con ella. Quería que la tocara, que estuviera dentro de ella. Era una sensación que no iba a negar.

Él sonrió contra su pecho, sacando su mano de sus senos y deslizando una uña a lo largo de su espalda. El material se partió fácilmente por su tacto sin Dios exponiendo el fresco viento a su desnuda piel.

"¿Quieres esto?" Susurró. Ella lamió sus labios, sus ojos cerrados mientras asentía. Gimió entre jadeos mientras su lengua corría todo su camino por su espalda de arriba a abajo. Podía sentir sus húmedos labios contra su cuello, llevando su piel a su boca.

"¿Quieres esto?" Susurró de nuevo, casi como si dentro de su cabeza y ni siquiera en voz alta. Asintió de nuevo, exasperada ante la negativa de sus manos de subir más arriba.

"Dilo... ¿quieres esto?" Rió.

"Sí..." Jadeó en el espeso aire que giraba alrededor de ellos incluso en el intenso negro.

"Sí... quiero esto."

Tomó una gran cantidad de aire mientras ella se contemplaba desde afuera de su cuerpo, mirando al Demonio que la sostenía desde atrás tocándola y coqueteándole. Se vio gruñir en placer mientras sus dedos danzaban cada vez más cerca de su destino final. Pero no podía ver su rostro. Estaba ensombrecido por una impía oscuridad, cubriendo sus perforadores ojos y hermosos labios.

Y luego, por alguna gracia de Dios, luz brilló a través de la oscuridad y rayos se emitieron a través de su rostro. Gritó en horror mientras sus ojos sangraban y su sonrisa se ampliaba al punto de la demencia. No era Vegeta... No lo era. Era...

¡Era su padre!

Comenzó a gritar al Ángel que le permitió a su cuerpo ser probado por este monstruo, advertirle de lo que sus cerrados ojos no podían ver. Pero el Ángel simplemente se inclinó más cerca, mordiendo el labio inferior para ahogar los gritos que sus toques estaban poseyendo sobre su cuerpo.

"¡NO!" Bulma gritó mientras el monstruo miraba hacia arriba con una malvada sonrisa sacando sus dientes en la expuesta garganta de la criatura.


"¡NO!" Se escuchó gritar en voz alta, sacudiéndose y revolcándose en su sueño. Abrió sus ojos amplios, esperando ver un monstruo mirándola en respuesta y contemplando nada más que sus perforadores ojos. Sus ojos se clavaron ferozmente de un lado a otro, sus labios temblaron en el repentino frío de la noche.

Su visión giró de atrás a adelante mientras movía su cabeza de un lado a otro viendo nada sino resuelta oscuridad. Alivio recorrió como olas del océano sobre ella, mientras tocaba la sanada carne de su garganta, bajando la vista a su vestido y reconociendo que había permanecido increíblemente intacto.

Entonces. Había sido un sueño después de todo. Bueno, ¿debería decir realmente sueño? No, había sido una pesadilla. Juntó sus brazos alrededor de su tenso cuerpo, notando tristemente que se alegraba que esta vez, era su propio abrazo el que la tocaba. Pero incluso, dormir parecía destinado para otra criatura en el Universo, y esa bendita alma no era ella.


Malditos Ángeles. Malditos Ángeles.

Vegeta apretó sus dientes, esperando la respuesta del otro hombre después de escuchar la historia de quien realmente era. El Demonio simplemente había dicho la verdad, franca y desgarradora como era. ¿Pero a quién le importaba? No era SU vida la que estaba siendo completamente alterada por las terribles noticias de una desconocida previa vida. No era ÉL quien estaba básicamente siendo informado que toda su vida había sido una enorme mentira e incluso sus orígenes se retorcían más allá del reconocimiento.

Goku se sentó desplomándose en una silla, envuelto por su habitación oscura y empapada con pequeñas cuentas de sudor en su frente. Pero teniendo en cuenta, él realmente no se lo había tomado a mal, simplemente sentado allí tan tranquilo como un cuadro y reflexionando sobre todo lo que había sido dicho. Ni una vez había insistido que las palabras de Vegeta eran contrarias a la verdad, ni una vez sacudiendo su cabeza o cortando una oración. De hecho, ahora que lo pensaba, Vegeta no podía realmente recordarlo hablar en lo absoluto, simplemente sentándose allí como una roca.

El Demonio había esperado hasta la mañana para explicarle sus acciones en el calabozo o las insondables historias que habían agarrado toda la existencia del Ángel. Sonrió malvadamente ante el provocativo sueño que había bendecido su psiquis la noche anterior, recordando la sensación de las suaves plumas de Ángel en su rostro.

Mmmm. Bulma... Tuvo que sofocar el gruñido de humor que amenazó con desatar su presencia sobre el mundo. Ella había sido tan maravillosa, tan dispuesta a cumplir con sus promiscues deseos como alguna clase de marioneta. Maldición. Si sólo los sueños pudieran volverse realidad. En la vida real ella apenas le había dado el tiempo de un día y ahora estaba probablemente embarazada con la semilla de ese hijo de puta sin valor. Aj. La idea se sintió como crocantes galletas haciendo saltos obscenos en sus tripas.

Sólo imaginar ese gusano tocarla, acariciarla, besarla... y complaciéndola. Bueno, rió en voz alta, ¡tal vez complaciéndola! Pero nadie podía hacerlo como lo hacía él. Nadie.

Nadie la merecía como él. Y después de ese sueño... suspiró. Casi la quería más. Aunque no era TODO sexual. Bueno, vamos... sí enfaticé "todo". Por supuesto que la quería. La quería justo allí y entonces, en el techo, en el suelo... ¡basta! ¡La tomaría en el aire!

Pero era mucho más que eso. Mucho más. Incluso reconoció eso, orgulloso y engreído como era. Toda su vida, sólo había reconocido a las mujeres por lo que podían hacer por un hombre. Las mujeres eran como herramientas. Tenían la calidez, la tensión y los cuerpos que eran específicamente diseñados para las tendencias y los deseos de los hombres. Eran creadas solamente para el placer de los hombres. ¿Verdad? Quiero decir, ¿para qué otra cosa servían? Y luego había conocido a Akasha, la primera criatura viva que lo había despertado de los otros misterios que contenía el frágil género.

Había sido hermosa, nada comparado a Bulma por supuesto, no para él de todos modos. Pero tenía una despampanante apariencia, esa confianza y ese rostro malvadamente atractivo que enviaba escalofríos a través de su cuerpo incluso ahora. Eso había sido lo que primero la llevó a sus brazos. Eso y bueno... Ella realmente era un monstruo en el saco. ¡Las cosas que esa mujer podía hacer! Tenía este movimiento donde podía torcer una pierna hacia atrás y... Bueno, decidió no pensar en eso ahora. Pero había sido bastante increíble por decir lo menos.

Pero realmente fue después de sus excursiones nocturnas que se había enamorado de ella. Hablaron sobre cosas tontas, abrazados por el brazo del otro y hablando de sus sueños y planes para el desconocido futuro. Ella había sonreído ante su admisión de plagar curiosidad. Lo había besado cuando él le dijo sobre el deseo de sus ojos de ver el Paraíso. Incluso había entendido eso, loco como sonaba, diciéndole que él nunca debería ocultar o estar avergonzado de los deseos de su corazón.

"Tu corazón tiene su propia mente Vegeta." Susurró, poniendo su mano sobre su pecho y sintiendo el orgulloso latido dentro.

"Puedes controlar tus propios pensamientos, pero nunca intentes detener lo que tu corazón te dice. Sé que eres un hombre orgulloso, pero tu alma todavía permanece en control de tu destino."

Nunca había entendido verdaderamente lo que había querido decir con esas palabras. Sólo supo que le habían llegado al igual que ella. ¿Qué había habido en ella que lo había cautivado tan ciegamente? Podría haber sido fácilmente su apariencia lo que lo cortejó como a un esclavo sin alma, pero no lo era.

Él realmente la había amado. Nunca le había mentido, nunca le había ocultado nada. Nunca había bajado la vista por ella. Recordó con una triste sonrisa el día que le había pedido casarse con él.


La había llevado a la mayor extensión de desierto en el Infierno, salpicada con agujeros sin fondo. Estuvieron de pie junto al precipicio en un feroz pozo, mirando hacia abajo al magma que hervía dentro y ocasionalmente escupía chorros de lava. Si lo pensaba, eso realmente había sido un peligroso lugar y no mucho después había sido la sepultura de su primer hijo.

La miró fijo a los ojos, sin realmente saber si ella suponía o si él tenía el valor para hacer esto. Y así bajó la mirada al burbujeante líquido que parecía listo para estallar, sosteniendo su mano y meditando en las palabras que se dirían.

"Akasha." había dicho tranquilamente, sintiendo un masivo bulto haciendo barricada en su esófago.

"¿Ves la manera que la lava parece crecer más y más, viéndose más y más roja mientras se acerca?" Ella sólo había asentido en respuesta, bajando la vista los remolinos amarillos y rojos que se deslizaban cada vez más cerca de donde ellos estaban.

"Cuanto más cerca viene más caliente se pone. Quemando y ardiendo cuando toca." Había asentido de nuevo, tragando el exceso de saliva que se había hecho en su boca. Él se volteó hacia ella, mirando en sus azules ojos y tomando ambas manos en las suyas.

"Tú eres como eso para mí. Intento alejarte... Y sin embargo todavía te acercas más, quemando como un fuego dentro de mí. No puedo negar lo que siento más que aceptarlo. Sólo sé que está ahí y estoy pidiendo la sensación de mantenerlo conmigo para siempre si es así."

Había temblado levemente casi como no entendiendo, su frágil cuerpo temblaba tímidamente incluso en el sofocante calor que se hinchaba alrededor de ellos mientras el fuego dentro del agujero crecía.

"Nunca te dejaré. Te daré mi alma si quieres. Pero cásate conmigo y deja que nuestros fuegos ardan juntos."

Y hasta este mismo día él podía jurar que había visto lágrimas brillar en sus ojos mientras gritaba al ardiente cielo la respuesta que él deseaba y arrojaba sus brazos alrededor de él. En ese mismo segundo, el pozo sopló enviando un rocío de cincuenta pies de altura de ardiente magma derecho en el aire y disparándose en el agujero una vez más.


Y así la había amado. Ciego e imprudente y tonto, la manera que todo amor debe ser. Y luego ella se había ido con Draco ni siquiera un mes después, enterándose que él sería Rey. Él había pensado que había sido más que eso. Había sido más para él.

Pero nunca sabría que las lágrimas que Akasha había derramado por él, las primeras lágrimas que había llorado en siglos. Nunca sabría cuando lo había amado y luego dado su alma en nombre de un inútil sueño. Porque en esas noches de refugio cuando había dormido en sus brazos, él había sostenido su corazón en su abrazo también. Pero como dije... Vegeta nunca sabría esto.

¡Gah! El silencio del Ángel puso a prueba su delgada paciencia, la tranquilidad de la gran habitación irritando más allá de la lógica. Era locamente exasperante.

"Ya lo sabía." La suave voz, aunque amable en su aproximación lo había shockeado fuera de la molesta meditación. ¿Ya lo sabía? ¿Eh? ¿Qué quería decir eso?

"De alguna manera yo... siempre lo he sabido. Como, parte de mí siempre estaba intentando decirle a la otra pero yo... nunca quería escuchar." Los negros ojos de Goku se mantuvieron muertos sobre el piso superior de madera amoblado, sus labios apenas moviéndose con sus palabras.

"Yo nunca... es como que nunca realmente encajé allí. Nunca sentí que pertenecía al Paraíso. Como, todos eran tan diferentes de mí. No en su apariencia, pero como... como en sus corazones. Como que había algo que faltaba dentro de mí que me incitaba a hacer cosas que... ningún otro Ángel se atrevería a intentar." Sacudió su cabeza, intentando en vano poner en palabras lo que su mente estaba encajando. Vegeta suspiró mientras se sentaba, suponiendo que esto se volvería largo y feo como la mayoría de las conversaciones eran en el Infierno.

"Ningún Ángel se coló alguna vez en el Infierno sólo por diversión Vegeta. Pero yo lo hice. Era como, en el Infierno me sentía completo. Como si alguna parte de quien era hubiera estado aquí todo el tiempo. La oscuridad no me asustaba, las criaturas nunca me tomaron desprevenido. Me gustaba. Me GUSTABA Vegeta."

Normalmente supondría que el Rey Demonio hubiera estado contento ante el cumplido de su decrépito reino. Sólo el tono en la voz de Goku envió olas de indignación a través de él. Goku no estaba alabando. Estaba enojado y avergonzado por las palabras.

"Me siento vivo en el Infierno. Más vivo que en cualquier lugar. Como si estuviera destinado a estar entre las sombras y los Demonios contra los que luché. Ellos entendían el atractivo de una buena lucha y la ira y el dolor y la rabia. Todo. Krillin nunca pudo soportar el calor o la presión."

Vegeta esperó que el Ángel expusiera, encontrando su pequeño predicamento casi gracioso. Este Demonio con alas de Ángel había encontrado a su hermano y su derecho de nacimiento en una expedición. Ahora, ¡¿cómo iría ESO en los libros de historia?

"Así que..." Vegeta sonrió, sentándose frente al Ángel.

"Has decidido aceptar tus raíces más que negarlas. Valiente de ti." Inclinó su cabeza a un lado, levantando su ceja.

"¡Pero yo no soy como tú Vegeta!" Gritó el Ángel, golpeando sus pies en una furia.

"No... ¡no me gusta matar como a ti!" Gritó, asco y repugnancia saboreando cada palabra que fuera escupida de sus rebeldes labios. Vegeta bajó su mirada ante tal irrespetuoso tono, lanzando absolutos puñales con la mirada a su acusador.

"Yo te vi en la guerra Vegeta. Vi cómo asesinabas todos esos hombres. Disfrutas causar dolor. Disfrutas el sufrimiento y muerte. ¡Bebes sangre por el amor de Dios!"

Vegeta se levantó, enderezándose justo en el enrojecido rostro de Goku casi nariz con nariz con la criatura de alas blancas. Su intimidante presencia silenció el malvado tono en las proclamaciones del Ángel pero no las impidió.

"Eres un monstruo." Susurró, su mirada casi tan mortal como la del Demonio.

"Eres un monstruo y no importa lo que soy. NUNCA seré como tú."

Vegeta podría haberlo destrozado justo entonces y allí pero el hecho se mantuvo en que estaba completamente en lo cierto. ¿Cómo podía Vegeta defenderse de la evidente verdad? Goku miró en sus ojos, dolido y enojado tan aparente como el Sol brillando dentro de las garras del cielo. Así que en lugar de liberar como era esperado, simplemente apretó sus dientes y salió, echando humo mientras pisoteaba a través de los pasillos.

Estúpido Ángel. Con tantas opiniones de mierda. Y no era como si Vegeta le hubiera hecho algo directamente. Había sido más que amable con la maldita tontería, proveyéndole más que el adecuado escudo, revelándole la verdad como fruta fresca en un plato y tratándolo como a un igual en lugar de a un repugnante pedazo de basura de clase baja que era.

Le dio una patada al suelo, incluso entonces suponiendo qué idiota se veía. Estaba tan enojado ante la falta de respeto que había recibido de ese bastardo. Sería más duro con él la próxima vez pero le permitió a la criatura de alas blancas una pequeña cantidad de dignidad en dejarlo solo por el resto del día.

Miró al gran, dorado montado espejo que colgaba torcido en la roja pared. El hermoso, oscuro rostro lo miraba en respuesta, casi inquietante por su bella apariencia. A veces se olvidaba cuan sexy era.

Tímidamente tocó la herida que había descubierto la noche anterior en su frente, frotando la tierna zona con su dedo. Ni siquiera podía recordar dónde la había recibido, el día anterior no había habido bastantes novedades. E incluso ahora, su cuerpo se sintió triste y cansado por la corta excursión del día y así se arrojó por el pasillo hacia su habitación, secretamente un poco enervado por los exasperados sentimientos que plagaban su arrastrado cuerpo. Realmente no había absoluta razón para que estuviera así de cansado. Ninguna razón en absoluto.

Quiero decir, no era como si hubiera estado escalando una montaña o algo así.


Ugh. Me cansé de sólo escribir esa última parte. *bostezo...* ya saben... son como las 5:00 pm y me voy a dormir. Haha... sí... Camaro de seguro NO TIENE una vida.

Hahahaha... ¡CÁLLENSE! Bien. No como si a alguien le importara... Demonios, ni siquiera estoy seguro si a mí me importa, pero... conocí a un muchacho realmente genial con el que he estado saliendo últimamente. Sí. *Suspiro* algo raro para mí. ¡Especialmente ahora si me conocen algo! JAJA... maldición... comienzo a sonrojarme... no es bueno. No es bueno para nada.

De todos modos, suficiente de esa porquería ridícula. Capítulo aburrido... bla bla bla... pero pensé que arrojaría algún indicio en la relación de Vegeta y Akasha allí. Un poco triste, ¿no? Bueno... tal vez sólo para mí. De todos modos, esta Nota de Autor no contiene información alguna que valga la pena saber y es sólo un balbuceo sin sentido mío así que... me voy a dormir.

Los amo mucho gente... ¡MUA! Besos para todos.

Camaro