Una vez que desperté.
-¿Qué crees que estás haciendo? –grité a la persona que me había echado un vaso de agua por encima.
-A mí no me chilles – dijo el chico de la cabellera negra-. Solo intentaba recuperarte de tu delirio.
-¿¡Pero como voy a recuperarme después de lo que he visto esta noche!? –le seguí gritando-. Que se te acerque tu mayor miedo, haber que es lo que haces contra eso.
-Raisa –puso una mano en mi hombro-, escucha – le quité la mano.
-Déjame en paz –me retiré de la sala principal enfadada.
Kyo me siguió de cerca. Llegué a mi habitación y me metí en ella después de ver a un chico de pelo azul saliendo de la habitación de Juvia. Me saludó y entré en la habitación sin decir nada. Dejé que Kyo pasara.
-Ama, ¿Se encuentra bien? –dijo Kyo preocupada.
-Sí, estoy bien –me senté en la silla y volví a ponerme con los cristales.
-Ama, necesita descansar, no es bueno trabajar tanto.
-No, necesito saber que es esto. Ahora no puedo descansar.
Volví a ponerme con ellos y no volví a escuchar a Kyo.
No descubrí gran cosa de aquellos cristales, no eran nada que hubiera visto en algún lugar. Los había montado por colores, pero solo eran partes, ni siquiera tenía todo. Después de estar horas con los cristales, solo había podido montar uno de los colores, el más grisáceo de todos. Aquellos trozos formaban el dibujo de una serpiente.
-No entiendo nada –dije cansada después de horas de trabajo-, ¿Qué hacían ellos con estos cristales?
Cansada de no descubrir nada miré la estantería de mis libros.
-Ya me los he leído todos miles de veces –me levanté de la silla-. Iré a por alguno nuevo a la biblioteca.
Salí de la habitación y dejé a Kyo durmiendo en ella, de nuevo con el oso panda agarrado.
Llegué a la biblioteca y allí como de costumbre estaba Juvia metida en uno de sus libros.
-¿De qué trata tu libro esta vez? –pregunté mientras buscaba alguno propio para mi.
-Es sobre Italia y la mafia, sobre una daga mágica –respondió ella sin dejar de mirar al libro.
Busqué entre los libros otro con los que ya había leído, uno de Egipto. Me acerqué a Juvia y observé por encima de sus hombros los dibujos que tenia el libro.
-Vaya, es un arma bonita.
-Si que lo es, y según parece aumenta los poderes de aquellos a los que la daga elige. Solo los adecuados para controlar dicho poder.
-Si, si que es interesante.
Miré el libro por última vez. El dibujo de aquella daga me había impresionado.
-Un momento –le quité el libro a Juvia.
-¡Raisa! ¿Pero que haces? –me dijo molesta.
-Creo que esto lo he visto en algún lugar antes.
Salí corriendo de la sala hasta volver a mi habitación. Juvia llegó detrás e mí.
-¿Se puede saber por que desapareces siempre sin dar una explicación?
-Mira esto.
Cogí uno de los cristales.
-Estos cristales los encontré en aquellos vampiros que Erza y Paige mataron en Utans.
-Si, lo recuerdo. ¿Qué pasa con eso?
-Pues que llevo toda la noche y parte de la mañana investigando esto y no he llegado a nada. Y ahora mira –cogí uno de los cristales y lo situé sobre el libro.
-Los dibujos coinciden a la perfección –dijo Juvia igual de sorprendida que estaba yo-. ¿Pero como es posible?
-No tengo ni idea. ¿Tú sabes algo de esto?
-Nada, solo que es una leyenda del libro.
-¿Estás segura? –ella asintió.
Volví a mirar los cristales.
-Tiene que haber algo más en ellos, no es posible que estos símbolos sean iguales que los de la daga del libro.
-No sé, será mejor que investiguemos esto, seguro que en la biblioteca habrá libros que hablen de leyendas.
Las dos volvimos a la biblioteca y nos pusimos a buscar por todos los libros, pero podía haber miles de libros en aquella biblioteca.
-No encuentro nada –dije mientras pasaba el dedo por todos los libros -. Puede que no signifique nada.
-Ni tú misma te crees lo que has dicho- Dijo Juvia mirando unas estanterías mas arriba de las mías-. Además ahora que lo pienso creo que he visto una daga parecida a la de ese libro. Y no creo que sea coincidencia.
Se escucharon unos pasos detrás de nosotras.
-Hola chicas, ¿Qué hacéis? –dijo una voz femenina.
-Buscar un libro.
Seguimos buscando.
-Vaya esta daga se parece mucho a la de la leyenda de Poseidón –dijo Akane.
-Espera, ¿Qué has dicho? –dijo Juvia mientras bajaba rápidamente de la escalera hasta el piso.
-Que se parece mucho a la…
-Si, eso lo he entendido. Me refiero qué a donde has leído eso.
-En este libro-Akane nos enseñó un libro de tapa dura y gruesa. Juvia se lo quitó de las manos y comenzó a ojearlo con rapidez.
-¡Aquí está! –gritó una vez que encontró la página-. Según la leyenda, la daga fue forjada en el mar, el rey Poseidón, rey del mar, utilizó esta daga para hacer saber a todos los súbditos quien era el que mandaba en aquel lugar. La daga tenia el poder de crear huracanes, tsunamis… Cualquier fenómeno relacionado con el agua –comenzó a leer Juvia-. Uno de los súbditos del rey robó la daga y huyó con ella a la superficie. Esta daga no solo tenía el poder del mar. Podía intensificar cualquier poder que tuviera el usuario de la daga en ese momento.
Akane que ya se la había leído estaba distraída mirando los cristales. Mientras, yo prestaba atención a la historia.
-Cuando los reyes de la superficie se dieron cuenta del poder que poseía esta daga las luchas por conseguirla comenzaron.
-Siempre en lucha –dije.
-Si, la gente nunca se cansa de luchar -Contestó Juvia-. Durante siglos la daga fue pasando de mano en mano hasta que desapareció de la faz de la tierra. Todas aquellas personas que sabían de la existencia de la daga fueron asesinadas. De aquella daga solo quedó el recuerdo de una leyenda que nunca fue descubierta.
-¿Entonces es verdad o no? –pregunté confusa.
-Según esto si que lo es, pero tampoco niegan que se trate de una leyenda. No se lo que creer. Además aunque fuese verdad tampoco sabemos donde empezar a buscarla –Juvia miró el libro con énfasis.
Me acerqué a los cristales y los inspeccioné de nuevo.
-Puede que simplemente sea una copia de esta daga.
-No, espera, escucha. Tutto ciò che è perduto il ritorno al luogo di nasita.
-Bien, ¿y eso que quiere decir?
-Todo lo que se pierde vuelve al lugar de nacimiento –tradujo.
-¿Y de que nos vale eso? No podemos ir al mar y buscar.
-No, pero según la historia que he leído hay una ciudad, muy pequeña, con muy pocos habitantes, que se llama "Tempio di Poseidone" es posible que se encuentre allí.
-Nada nos impide ir a echar un vistazo. ¿Vienes Akane?
-Vale, no tengo nada más que hacer aquí.
-Bien, pues preparémonos y partamos hasta allí.
Todas salimos de la biblioteca, me llevé los cristales a mi habitación. Kyo se había despertado debido al ruido que estaba haciendo.
-Ama…
-Tranquila Kyo, me marcho por unas horas, después volveré.
-Tenga cuidado ama.
-Lo tendré, hasta dentro de un rato.
Salí de la habitación hacia la puerta principal. Por los pasillos, una vez bajé las escaleras, una persona tiró de mi hasta la sala principal.
-Raisa –dijo Goshia-. Tengo que hablar contigo
-Goshia tengo prisa, ¿no podemos dejarlo para después?
-No, tiene que ser ahora.
Le escuché con atención.
-Raisa, no lo soporto más, necesito que me des una respuesta.
-No te entiendo.
-Raisa, estoy enamorado de ti, lo he estado desde hace tiempo, pero desde aquel día en el parque cuando te ocurrió aquello… Me he enamorado más de ti. Quiero protegerte siempre, ser un guardián para ti.
-Goshia yo…
-Raisa… -susurró antes de poner su mano en mi cintura y mi nuca
Mis manos quedaron presos en su pecho, entre mi cuerpo y el suyo. Poco a poco notaba como me iba a cercando más sin dejar de besarme, cada vez con mayor intensidad que antes. Detrás de nosotros escuché que alguien, aposta, tosía. Goshia y yo nos separamos rápidamente. Notaba que mis mejillas estaban ardiendo por aquel momento.
-Esto yo… Lo siento –Al ver a la chicas Goshia salió rápidamente de la sala saliendo por el jardín.
Miré a las chicas, y sin decir nada salí del castillo.
-¿Te encuentras bien? –preguntó Akane.
-Si, no es nada –me sequé los ojos que empezaban a asomar lágrimas -. Venga –las sonreí-, vámonos.
-¿Habéis visto a Aoba?
-No ¿Por qué?
-Porque habíamos quedado para entrenar y no le he dicho que mejor en otro momento –Juvia miró una vez más en el interior de la casa-. Estará fuera, por que no le he visto desde que me dejó en la cama ayer por la noche.
-No sé, puede que haya salido.
Akane y yo nos encogimos de hombros a la vez. Juvia volvió a nuestro lado. Las tres abrimos las alas y salimos volando guiadas por Juvia.
-Juvia, ¿Qué hay en ese pueblo?
-La daga. Según leí esas personas que viven allí son los descendientes de los súbditos de Poseidón. Seguramente ellos son los que más querrán guardar el secreto.
-Entonces no nos lo pondrán nada fácil –dijo Akane sonriendo.
-No, no creo que les vayamos a caer muy bien, así que será mejor que no digamos nada que no quieran oír.
-Algo ¿cómo que venimos a robarles la daga? –bromeé.
-Si, algo como eso.
Volamos durante todo lo que restaba de día hasta llegar al país. Aterrizamos en un campo de trigo en plena noche.
-¿Es aquí? –preguntó Akane.
-Tenemos que andar un poco, no creo que les haga mucha ilusión ver a tres mujeres sobrevolando su pueblo. Es mejor ir a pata y no levantar sospechas.
Caminamos por aquel campo. Juvia nos iba guiando, pero mis pensamientos estaban en otra parte. No podía dejar de pensar en aquel beso de Goshia y en lo que me había dicho. Es cierto que aún no le había dado una respuesta clara, pero es que ni yo sabía lo que sentía. Estaba hecha un lío. Al no haber luces en aquel lugar la luna se veía mucho más brillante.
-Bien, ya hemos llegado.
Juvia se paró en lo alto de un barranco. Allí, rodeado de nubes se encontraba un pequeño pueblo con apenas 20 casas iluminadas con una tenue luz. Bajamos poco a poco por un camino que había. Poco a poco nos íbamos acercando a ellas las luces iban aumentando en número.
-Creo que nos han oído.
Comenzaron a escucharse las voces de la gente que salía de sus casas. Al llegar al pueblo los hombres del pueblo nos rodearon amenazándonos con sus armas.
-Creo que estamos en un problema –dije mientras vigilaba a los hombres.
-¿Quienes sois vosotras?
-Chi sei? –Nos dijo uno de los hombres que nos apuntaba con el arma-. - Come osi entrare nel nostro territorio?
-Mi dispiace per il disagio che abbiamo causato loro –Les contestó Juvia en su misma lengua, italiano-. Raisa, déjeme ese pedazo de cristal.
Se lo entregué a Juvia y ella continuó hablando con ellos en italiano. Algo los tuvo que decir para que dejaran de apuntarnos con aquellas armas y nos invitaran a su pueblo.
-¿Qué les has dicho? –preguntó una curiosa Akane.
-Que somos buscadoras de tesoros, y que este trozo de cristal podía ser de uno de sus tesoros.
-¿Con eso nos han dejado pasar?
-No, eso les ha cabreado más, pero hemos dicho que no queremos causar problemas que solo deseamos saber si el tesoro está en perfectas condiciones y saber si la leyenda es cierta –Nos explicó Juvia.
-Menuda lengua tienes –reí.
Mucha gente nos observaba, me sentía un poco incómoda por tener tantas miradas a mí alrededor.
Me di cuenta de que todas aquellas personas iban vestidas de una misma manera, pero con distintos colores. Los cuerpos de las mujeres iban adornados con una larga tela que les cubría desde el cuello hasta las rodillas, si eran jóvenes, y por los pies si estaban casadas. Todas ellas llevaban los brazos desnudos con alguna pulsera como adorno. Los hombres llevaban también una tela pero con solo una manga de tirantes, la otra les pasaba por debajo del brazo, los más mayores. Los jóvenes llevaban la mayoría el pecho al descubierto. Y todos ellos ya fueran mayores o pequeños calzaban sandalias. Se vestían como los antiguos romanos. A la luz de las antorchas sude ver que los hombres aún llevaban sus armas en las manos. Todas esas armas eran tridentes de color plata.
-"Está claro que son los descendientes de Poseidón… al menos por los tridentes que llevaban –dije mirando a todos."
-"Si, ellos son el único pueblo que sigue creyendo en la leyenda de Poseidón y sigue guardando su tesoro –explicó Juvia."
Algunas mujeres nos sirvieron algo de comer. Las vampiras no solíamos comer esas cosas pero, Juvia fue la primera en comerlo, por no hacer el feo todas comenzamos a comerlo y la verdad es que no estaba nada mal.
Al poco tiempo de terminar de comer, una persona, mucho más mayor que todos los que estaban en aquel lugar, se acercó a nosotras. Ninguna de nosotras nos movimos de nuestro sitio. Aquel hombre, de muy avanzada edad, se sentó frente a nosotras. Todos los que estaban en el pueblo, incluyendo a Juvia, se inclinaron ante él. Akane y yo, aunque no entendíamos nada, lo hicimos también.
-"Este es el jefe del pueblo y el guardián de la daga –explicó la experta Juvia."
-"Entonces será mejor caerle bien –dijo Akane."
-Che cosa ti ha portato nelle profondità delle montagne?
Juvia y aquel hombre siguieron hablando en italiano mientras que Akane y yo esperábamos pacientes.
-Disculpe por entrar en su aldea sin permiso. Pero tenemos ciertas dudas sobre el tesoro que guarda su pueblo.
-¿Qué clase de dudas? –dijo el hombre.
-En uno de nuestros paseos nos encontramos con ciertos hombres que llevaban esto en su poder –Juvia le entregó el trozo de cristal.
El hombre lo cogió y lo miró con curiosidad.
-Me he estudiado toda la historia de Italia, y me gustaría saber si esto pertenece a la daga de Poseidón.
-No, esta piedra es falsa.
Las gentes comenzaron a murmurar. Akane y yo comenzamos a ponernos nerviosas.
-Juvia –la tiré despacio de la camiseta-, ¿Qué les has dicho? –pero ella no me contestó.
-Accompagnarmi –dijo aquel hombre antes de levantarse.
Juvia fue la siguiente en hacerlo y comenzó a caminar tras él.
-"Vamos venid"
Akane y yo nos levantamos y caminamos detrás de Juvia.
Llegamos hasta una casa grande separada de las demás de la aldea. Las tres entramos en ellas. Los guardias que estaban custodiando la puerta se retiraron al escuchar las órdenes del hombre mayor.
Aquella casa estaba muy bien cuidada, a pesar de ser vieja. El hombre nos condujo hasta una mesa llena de papeles y otras cosas.
-Hace algún tiempo – comenzó el hombre.
-¿Habla nuestro idioma? –dije sorprendida.
-Hija mía hablo muchas lenguas, en mis 200 años de vida me podido estudiar muchas lenguas de los distintos lugares del mundo incluyendo el idioma de los animales –dijo gracioso.
-Vaya, tiene que decirme el secreto de su juventud –dijo Akane burlona.
-Una base de algas y camomila. Pero a ninguna de vosotras os hará falta, ¿no? –el hombre se sentó en la silla mientras nos miraba con una profunda mirada que no supe como tomar.
-¿A que se refiere? –pregunté con timidez.
-Los vampiros son inmortales y su edad no varía en el momento que son convertidos, ¿o me equivoco?
-¿Lo sabía? ¿Cómo?
-No sois las primeras vampiros que vienen al pueblo, otros vampiros vinieron en busca de los tesoros que tenemos ocultos. Durante años nos han estado invadiendo, pero ahora, después de 100 años, la Reina vampira y nuestro pueblo han creado una alianza.
Las chicas nos quedamos mudas ante todo lo que el hombre sabía de los vampiros que nosotras no teníamos ni idea.
-Bien, vayamos al asunto que nos compete. El cristal que me habéis mostrado es falso. He de decir que tiene unos dibujos muy parecidos a los de la daga de Poseidón –el rostro de Juvia se iluminó.
-¿Entonces la leyenda es cierta? –el hombre asintió.
-Si, es cierta. Después de que los humanos perdieran la daga uno de nuestros guerreros, y el más fuerte de toda la aldea la trajo a casa, y durante más de 300 años ha estado protegida por nosotros los descendientes de los subordinados mas fieles de Poseidón.
-Bueno, al menos sabemos que existe. Eso ya es un gran paso adelante.
-Sin embargo la Daga no puede abandonar la aldea si no es de la mano de su guardián. Solo así estará protegida.
-Lo entiendo –dijo Juvia.
-Pero de todas maneras esto me inquieta, es una copia exacta de la Daga, si esto lo han hecho es por que quieren poseer el poder que la daga puede darles, pero ese poder puede volverse contra él si no es la verdadera daga la que lo suministre.
-¿Qué quiere decir?
-La leyenda que está escrita, la que todos los humanos han leído o escuchado es cierta, salvo en un dato. La daga no da cualquier poder que la persona desee. Por ejemplo, como elemento del mar, la daga no puede dar el poder del fuego o de la tierra, solo podrá dar el poder del agua. El mismo que poseía Poseidón.
Juvia se sintió satisfecha al saber la verdad de la leyenda.
-¿Y no ha podido entrar nadie a la cueva que quisiera llevarse la daga?
-No, siempre tenemos mucho cuidado con esas cosas…-el hombre se quedó pensativo -. Sin embargo, ahora que hago memoria… Hace unas noches, unos hombres atacaron nuestra aldea, conseguidos detener a todos y cada uno de ellos, incluso los que habían entrado en el templo.
¿Se llevaron algo? –el hombre negó.
-Yo mismo me adentré en el templo y todo estaba en su sitio. La habitación del tesoro, así como la sala de la daga, estaban completas.
-¿Piensa usted que quisieron saber como era la daga para crear una copia?
-Si, me temo que ahora que tengo esto en mis manos es lo que creo con más seguridad.
¿Vio usted a esos hombres?
-Eran como vosotras, vampiros, pero sé que no eran del clan de la reina. Todos los que se han acercado aquí tenían esa rosa que lleváis en vuestro hombro.
-Sé que no será posible –comenzó Juvia-. ¿Pero nos dejaría entrar en el templo para comprobar si hay más vampiros o gente que quieran herir la paz de la daga?
-Sin dudarlo. Si algo os ha trajo aquí, seguramente es obra del Dios, y yo no soy quien para cuestionar su decisión.
Juvia sonrió y nosotras con ella.
-Yo mismo os guiaré hasta la entrada del templo.
Los cuatro Salimos de aquella casa. El hombre, que aunque era muy mayor no le costó hablar ni tampoco andar, nos condujo hasta el templo en lo alto de la montaña. Nos paramos en la puerta.
-Tened en cuenta, que puede ser un templo, pero nadie sabe los laberintos que hay en él. Si sois capaces de encontrar la daga, seréis bienvenidas a nuestra aldea siempre que lo deseéis.
Tras aquellas palabras, nos inclinamos hacia el hombre y entramos en el templo.
