Capítulo 51.

Karl se sentía raro de estar ahí; era imposible, pero él se sentía culpable por lo sucedido. Estaba parado a las afueras de la casa de Lily, sin saber muy bien qué decir o hacer, llevando en las manos un ramo de rosas negras como señal de respeto, y sintiendo que Marie no apoyaba su decisión de estar ahí, y quizás no debería estarlo, realmente se sentía tonto y fuera de lugar, pero al mismo tiempo sentía que sería mucho peor no estar ahí…

¿Vamos o qué?.- preguntó Marie, algo enojada.- Llevamos aquí horas parados sin que me digas ni una sola palabra.

Lo siento, no sé por qué estamos fuera de lugar.- replicó Karl.- Pero al mismo tiempo me sentiré mal si no digo algo, lo que sea, al menos decir un "lo siento mucho".

Pues entonces vamos.- Marie suavizó el tono de su voz; le había conmovido ver que en realidad su hermano se veía afligido por lo sucedido.- A nadie le hará mal que digas un "siento mucho su pérdida", supongo.

Karl agradeció que su hermana fuese tan comprensiva y se preparó para tocar a la puerta de la familia Del Valle; sin embargo, justo cuando estaba por hacerlo llegó un automóvil negro, que Karl reconoció como el coche de Wakabayashi, el cual venía seguido por un auto patrulla. Sorprendidos, Marie y Karl se hicieron hacia atrás y ambos miraron a Lily y a Leonardo bajar del coche de Genzo, para después ayudar a Rika a hacer lo propio. La joven rubia se veía algo demacrada y débil, pero aun así le mantuvo la mirada a Schneider cuando éste la miró. Detrás de ellos, Genzo bajó del coche y se puso a hablar con el agente de la policía que bajó del coche patrulla, y Karl tuvo la impresión de que por un momento el portero iba a pedirle al agente que lo arrestaran a él. Schneider no sabía muy bien lo que estaba haciendo cuando se acercó a Rika y le tendió las rosas negras con un gesto simple.

Lamento lo ocurrido.- dijo Karl, con sinceridad.- De verdad, lo siento mucho.

Rika no se sentía muy feliz de ver a su enemigo mortal al bajar del coche, como tampoco le agradó el verlo acercarse a ella; sin embargo, el hecho de que Karl le tendiera unas rosas negras como una muestra de respeto sorprendió muchísimo a la chica, más que nada porque el muchacho se veía sincero y hasta cierto punto arrepentido, como si él hubiese tenido la culpa de todo. En algún momento después de despertar, Rika había recordado la batalla contra Yami, y durante su estancia en el hospital ella se preguntó si acaso Schatten no había mandado a la diablesa a pelear contra Amichi y Gaie, pero en esos momentos que Rika estaba frente a frente a Karl, ella se dio cuenta de que él tampoco tenía una idea de lo que estaba sucediendo. Durante un tenso momento, en el que Karl se enfrentó a Leonardo, Rika y Lily, Marie contuvo la respiración y se preguntó si ése sería el final de la tregua entre seres de luz y sombra. Sin embargo, Rika sonrió al finl y aceptó el ramo de rosas que Schneider le estaba ofreciendo.

Gracias.- dijo ella, simplemente.- De verdad.

Si puedo hacer algo por ti… .- Karl dejó el ofrecimiento al aire.- Bueno, ya sabes… Y de verdad, lamento mucho lo de Misaki…

Lo sé.- Rika no dejó de sonreír.

Y sin decir nada más, Rika entró a la casa, ayudada por Leonardo y Lily, mientras Karl se hizo para atrás, Marie suspiraba y Elieth (quien había salido al ver el escándalo) y Genzo se quedaban mirando a todos, bastante sorprendidos. Marie se acercó a su hermano y le puso una mano en el hombro, mientras Eli se acercaba a Genzo con cara de "¿Qué demonios está pasando aquí?".

¿Qué fue todo eso?.- cuestionó ella.- Parecían dos bandas rivales en un musical de Broadway.

No tengo ni idea, pero me gustaría saberlo.- replicó Genzo.- Siempre que ellos se encuentran, sucede lo mismo.

Hay familias que están destinadas a odiarse, ¿no es cierto?.- suspiró Elieth.

Creo que lo que hay entre ellos, es mucho más que odio.- sentenció Genzo, sombríamente.

Lo sé.- musitó Eli.- ¿Qué ha sucedido? Leo me contó que Rika estaba viva, pero no me dijo nada sobre un coche patrulla o la Guardia Nacional detrás de todo.

La policía cree que Rika tuvo que ver con los accidentes aéreos.- respondió Genzo- Gracias a Jean Lacoste, la dejaron venir a casa, pero van a tenerla vigilada. Ya quisiera yo tener las influencias que tiene Lacoste, en serio, la cosa se puso bastante fea allá.

¿Lo dices en serio?.- se soprendió Elieth.- ¿Cómo podría Rika ser la responsable de esos accidentes?

Es una larga historia.- suspiró Genzo.- Pero creo que te la contaré después, por ahora quisiera no perderla esperanza de que Misaki está vivo también.

Eli ya no respondió; en esos momentos, los padres de Rika habían soltado gritos de alegría y alivio al ver a Rika viva, mientras que Ichiro Misaki salía de la casa, tratando de controlar las emociones que sentía. El ver a su nuera con vida, le había dado al hombre un destello de esperanza, pero al mismo tiempo lo habían hecho recordar lo solo que se sentiría si Taro no aparecía… Karl se sintió identificado con el dolor del hombre, él había sentido algo similar cuando su madre había muerto, de manera que se acercó a Ichiro con el fin de darle algunas palabras de consuelo.

Lo siento.- dijo Karl a Ichiro.- En verdad puedo comprender cómo debe sentirse en estos momentos. Perder a un ser querido no es algo que se pueda superar tan fácilmente, y aun cuando se quiera conservar la esperanza de que esa persona siga con vida, a veces la desesperación es mucho más fuerte.

Gracias.- dijo Ichiro, con sinceridad.- De verdad que le agradezco su apoyo…

Karl le sonrió levemente, y estaba a punto de invitar al señor Misaki a otro sitio para consolarlo cuando Leonardo reapareció en la puerta, con gesto muy serio. Junto a él se encontraba Tsubasa Ozhora, quien había llegado desde España con Sanae, su esposa, tras enterarse de los accidentes.

¿Señor Misaki?.- cuestionó el muchacho.- Venga, por favor, no se quede afuera. ¿Se encuentra usted bien?

Sí, gracias.- musitó Ichiro, mirando a Leonardo.- Lo siento, todo esto ha sido demasiado para mí…

Lo entiendo.- asintió Leonardo.- Pero no es bueno que esté usted aquí solo, afuera.

Venga con nosotros, por favor.- pidió Tsubasa.- En momentos como éste, no es bueno estar solo.

Ichiro asintió con la cabeza y se dirigió hacia los jóvenes, al tiempo que agradecía a Karl su gesto con una pequeña sonrisa. Tsubasa acompañó entonces al señor Misaki, mientras que Leonardo se dirigía a confrontar a Schneider.

¿Qué es lo que tramas, Schneider?.- cuestionó Del Valle, muy serio.

Solo quiero dar mi pésame, es todo.- Karl frunció el entrecejo.- No hago nada indebido, ni fuera de lugar.

Quizás sí, quizás no.- gruñó Leo.- Todo depende del cristal con el que se mire.

Era obvio que Leonardo le estaba echando la culpa a Schneider de lo sucedido con Yami; el ángel ya había adivinado con sus poderes que un demonio había sido el responsable de los accidentes (además de que Rika ya le había contado en parte la batalla contra Anya) y Omar ya no quería bajar la guardia. Karl no comprendió la amenaza, pero Marie sí y le pidió ayuda a Elieth con la mirada; ésta, de inmediato, se acercó a Karl y lo tomó por un brazo para llevársela de ahí, mientras que Marie se enfrentaba a Leonardo, con el ceño fruncido.

¿Qué te sucede?.- cuestionó ella.- Actúas como si Karl hubiese tenido la culpa de lo sucedido.

¿Y no fue así?.- preguntó Leonardo, a quemarropa.- ¿Y si ustedes tuvieron la culpa? ¿Quién me dice que no fue Schatten quien mandó a Yami contra Amichi y Gaie?

Ya hemos pasado por esto antes.- a Marie le dolía la cabeza.- Ya basta. No sabes cuánto odio tener que discutir contigo cuando en realidad preferiría besarte.

Marie se dio la vuelta y se marchó antes de que Leo pudiese responderle; éste se quedó con la boca abierta por la respuesta de la muchacha y no atinó a seguirla, aun cuandolo deseaba. Elieth y Karl se habían alejado un poco y Marie se había perdido, así que Genzo se acercó a su amigo, con cierta burla en los labios.

No sabes tratar a una mujer, en serio.- dijo Genzo.- ¿Por qué nunca le has dicho lo que sientes por ella?

Porque no puedo.- suspiró Leonardo, mirando fijamente a Marie.- No todo es tan sencillo…

Genzo nuevamente volvió a tener esa sensación de que todos ahí tenían muchos secretos por ocultar; era obvio que Leonardo guardaba una especia de secreto que no lo estaba haciendo muy feliz, pero que tampoco podía revelar.

Quisiera saber qué es lo que pasa entre ustedes y los Schneider.- suspiró Genzo.- Pareciera que están más interesados en odiarse que en otra cosa. Vaya manera de gastarse la vida.

Ahora no, Wakabayashi, ahora no.- bufó Leonardo, fastidiado, dándose la vuelta y marchándose.

Genzo miró a su amigo irse y movió la cabeza de un lado a otro. Después de considerarlo un momento, el portero decidió ir a apoyar también al señor Ichiro, la odisea aun no terminaba. Elieth y Karl continuaban charlando, ambos abrazados y mirando hacia la casa de los Del Valle.

¿Me vas a decir por qué Leonardo, Lily y tú, se odian tanto?.- cuestionó Eli, suspirando.- Es increíble que aun en estos momentos se note la rivalidad entre ustedes.

Yo no odio a Lily.- replicó Karl, de inmediato.- Y aunque no lo creas, traté de presentar mis respetos de la mejor forma posible.

Lo sé, fue muy considerado de tu parte el que hayas venido a dar el pésame.- dijo Elieth.- Pero aun así, se nota que no puedes dejar de discutir con Leonardo Del Valle cada que lo vez.

Te aseguro que no sé por qué.- musitó Karl.- Hasta yo a veces me canso de eso… En verdad, me siento muy mal por lo sucedido y ni siquiera sé por qué…

Porque tienes un corazón.- replicó Elieth, besándolo.- Es de lo más normal…

Sí, quizás lo era, pero aun así eso no calmaba su desazón… Desde hacía mucho tiempo que Karl sabía que las cosas en su vida iban empeorando, y él no estaba muy seguro de saber cómo corregirlo todo…

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Francesco miraba en las noticias lo del accidente del vuelo 531, y le bastó con ver los daños que había sufrido el avión para darse cuenta de que alguien había metido mano, alguien con un poder suficiente como para calcinar el avión entero con todo su contenido. Alguien como Yami, sin dudarlo, y aunque de momento Francesco no comprendió el por qué Anya había atacado ese vuelo en particular, el demonio comprendió todo al saber que el famoso jugador de fútbol sóccer, Taro Misaki, había muerto en el accidente. Yami sin duda estaba decidida a acabar con los ángeles, estaba por completo fuera de control, y Jäger se dijo que tendría que tomar cartas en el asunto cuanto antes. Si Yami se salía con la suya, las consecuencias serían desastrosas, y si bien la gente daba por muerto a Misaki, Francesco sabía que esto no era cierto, porque de ser así, por fuerza alguno de ellos habría muerto al instante.

¡Qué espanto!.- comentó Julieta, quien veía las noticias con él.- ¿Cómo fue que sucedió eso?

Ni idea.- mintió Francesco.- Pero sea lo que haya sido, es obvio que fue provocado.

Sin duda.- concordó Julieta.- ¿Te sientes bien?

No del todo.- Francesco sentía seca la boca.- Alguien a quien conozco murió en el accidente.

¡Oh!.- exclamó Julieta.- Lo siento muchísimo, amor…

No te preocupes.- Francesco sonrió apenas.- No es nadie a quien aprecie, es solo que… Bueno, desconcierta el saberlo.

Lo comprendo.- Julieta tomó una de las manos de él.- ¿Fue alguien de tus rivales?

Se podría decir que sí.- asintió Francesco, apretando la mano de ella.- Pero como ya te dije, no importa realmente.

Sin embargo, con ese accidente, era urgente que Francesco se pusiera en contacto con su rey, o que mínimo encontrara a Yami. La mujer había causado demasiados líos ya, y era prioridad número uno el detenerla cuanto antes. El hombre entonces se decidió y se puso de pie, sonriéndole a Julieta con una gran sonrisa.

Discúlpame, Jules, tengo algo urgente por hacer.- dijo Francesco.- Quédate el tiempo que desees, sabes que ésta es tu casa y que todo lo mío es tuyo. Si quieres algo, habla con Lorenzo, te dará todo lo que desee.

¿Tienes asuntos pendientes?.- quiso saber Julieta, preocupada.- ¿O algún negocio importante?

Digamos que sí.- suspiró Francesco.- No te preocupes, espero encargarme de eso pronto y volver para la noche.

Está bien.- Julieta titubeó.- Estaré esperándote…

Julieta se veía preocupada e indecisa, ella presentía que Francesco estaba metido en líos peores de los que quería admitir, pero ella no se sentía aun con derecho a preguntar. Lo que sea que fuera a lo que él se dedicaba era solo su asunto, así como también sería su asunto si quería contárselo a Julieta o no, y por más que ella se muriera por saberlo, no se lo preguntaría directamente. Así pues, Francesco se marchó, no sin antes decirle a Lorenzo que tenía una misión muy importante que debía cumplir solo, pero que esperaba volver pronto.

¿Quiere que vaya con usted?.- preguntó Lorenzo, inmediatamente.- Puede necesitar ayuda.

No.- negó Francesco.- Quiero hacer esto solo. Además, tengo otra misión más importante qué darte…

Ambos hombres voltearon entonces hacia el jardín, lugar en donde Julieta continuaba desayunando tranquilamente y mirando las noticias. Lorenzo asintió y volteó a ver a su jefe.

Despreocúpese.- dijo él.- La protegeré con mi vida.

Gracias.- dijo Francesco, simplemente.- Debo irme ya.

Lorenzo asintió de nuevo y entonces Francesco se marchó. Encontrar a Yami no iba a hacer tarea fácil, pero eso sería un juego de niños comparado al hecho de tener que enfrentarse a ella. A él no se le olvidaba que ella era la responsable de que todos estuvieran ahí, y que incluso había convencido a Schatten de que el Oráculo había mandado que él acabara con la reina de la Luz, sin importar las consecuencias, lo que le daba a entender a Jäger que ella estaría dispuesta a todo con tal de salirse con la suya. Lo malo era que él no sabía cuáles eran los planes de Yami, ya que de ser así, al menos tendría una pista…

Sin embargo, con sus poderes de demonio, a Francesco no le costó tanto trabajo encontrar a Anya. La mujer se encontraba en la zona del Mediterráneo, haciéndose pasar por una mujer importante de negocios, cosa que no le costó trabajo ya que de alguna manera, Anya se había hecho de muy buenos contactos. Francesco esperó el momento oportuno, cuando Anya salía de un lujoso restaurante, después de seducir a un importante hombre de negocios. La joven detuvo por un momento su majestuoso caminar, sonriendo con cierta saña y burla y mirando hacia el cielo con insistencia.

Me preguntaba cuánto tiempo tardarías en venir a buscarme.- dijo Anya, tranquilamente.- Te tardaste demasiado, primor.

No me llames así.- gruñó Francesco, apareciendo frente a Anya.

¿Por qué no? Antes te gustaba.- replicó ella, sonriendo.- Antes, cuando éramos amantes…

Tú lo has dicho, "antes", no ahora.- replicó Francesco, muy serio.- ¿Qué es lo que pretendes?

Lo que me corresponde por derecho.- respondió Yami, muy seria.- Y que otras me quieren quitar por culpa de una estúpida profecía…

No culpo que quieras pelear por algo que es tuyo.- dijo Francesco, muy serio.- Lo que no apruebo, son tus métodos. Matando ángeles, solo vas a matar también demonios.

Para lo que me importa.- replicó Anya.- El fin, justifica los medios…

Eso me temía.- suspiró Francesco.- No me va a quedar de otra…

Fue entonces cuando Francesco se transformó en Jäger y se puso en guardia; Anya, sin dejar de sonreír, se transformó en Yami y sacó su mortal katana. Jäger no deseaba pelear contra una de su mismo bando, pero ya no tenía muchas opciones: la suerte estaba echada, y solo el destino sabía el resultado de esa batalla…