POV. Christian Grey.
—¡Ana! —grito pero ya es muy tarde y veo como ella poco a poco se desploma en mis brazos.
Su madre no muestra ninguna expresión. ¿Cómo se le ocurre darle esa noticia de repente?
—Llevémosla a la enfermería —dice el guardia que estaba a un lado de la puerta.
—Está bien —digo y salgo de esa habitación con Ana en brazos.
Llegamos a la enfermería y recuesto a Ana en una camilla, la doctora rápidamente busca algodón con alcohol y lo pone cerca de la nariz de para que lo inhale, ella está muy pálida, no quiero que nada malo le pase.
Veo como poco a poco Ana va abriendo esos hermosos ojos azules que tiene. Mira alrededor de la habitación para orientarse donde está y luego veo como sus ojos comienzan a cristalizarse y las lágrimas no duran en salir.
Yo me acerco rápidamente a ella, y ella se lanza en mis brazos y me abraza fuertemente mientras esconde su cara en mi cuello.
—Mi papá está vivo —dice sollozando y se abraza más fuerte a mí.
—Cálmate, nena, por favor, todavía no estamos seguros de lo que Carla dijo —le digo acariciándole la espalda suavemente.
—Tenemos que decirle a mi tío que investigue —susurra un poco calmada.
—¿Ahora? —pregunto y ella niega con la cabeza.
—Ahora quiero salir de aquí, por favor, quiero que me lleves de regreso al hotel y hablaré con mi tío más tarde —dice mirándome fijamente a los ojos.
—Está bien, vámonos —le digo, entrelazamos nuestras manos y nos vamos de ese lugar.
Vamos camino al hotel y en todo el viaje Ana no dicho ni una sola palabra, solamente va perdida en sus pensamientos, parece que estuviera en shock, quiero hacer algo para poder ayudarla pero esto me supera, no puedo hacer nada y me siento impotente. No quiero que Ana se sienta como se siente en estos momentos.
—¿Dónde quieres desayunar? —le pregunto para romper el silencio que reinaba en el coche.
—No tengo hambre —dice en un susurro.
—Ana tienes, que comer —le digo, la verdad es que no me gusta que no coma.
—Christian, por favor, vamos al hotel estoy muy cansada y no tengo hambre —dice sin mirarme.
—Está bien, pero prométeme que más tarde comerás —le digo.
—Lo prometo —dice y voltea y me regala una débil sonrisa.
Llegamos al parking del hotel, nos bajamos del coche y subimos al ascensor.
En el ascensor hay como unas cinco personas, y un chico que no deja de mirar las piernas de Ana, lo sé ella se ve muy guapa y sexy con ese vestido que lleva pero eso la verdad me enfurece que se la coma con la mirada, siento que en algún momento lo golpearé si sigue así.
Ana se acerca más a mí y me regala una sonrisa tan suya.
—Tranquilo, cariño, yo sólo te quiero a ti, así que no tienes de que preocuparte —susurra Ana en mi oído y luego muerde el lóbulo de mi oreja haciéndome estremecer.
—Lo sé, princesa, pero es que no lo puedo evitar —le digo haciendo un puchero.
Cuando llegamos a nuestro piso bajamos del ascensor y nos vamos a la habitación y Ana va directo a la cama, veo como se desviste dejándome ver su magnífico cuerpo, no, no puedo pensar en eso, no en estos momentos.
Cuando se desviste por completo quedando solamente en ropa interior se acuesta en la cama.
—¿Me acompañarás o te quedarás ahí de pie? —pregunta.
—Eh... sí, claro, ya voy —le digo y me desvisto rápidamente quedando solamente en bóxers, veo como me escanea con su mirada, pero luego niega levemente, creo que se siente aturdida, ¿quién no lo estaría?
Me acuesto a su lado y cojo el mando y luego enciendo la televisión. Cambio los canales sin saber que ver, pero me detengo en un canal y veo que están pasando Transformers así que decido dejarla ahí.
No llevamos viendo la película ni treinta minutos cuando veo que Ana está plácidamente dormida, abrazada a mí, se ve tan hermosa. Últimamente ella ha estado pasando por diversas situaciones emocionales, y la verdad es que es muy fuerte, demasiado fuerte, espero que en ningún momento le dé un colapso mental por esto.
Despierto desorientado, no sé en qué momento me quedé dormido, pero veo que Ana todavía sigue dormida pegada a mí, me encanta que esté así. Miro la hora y veo que son las doce del mediodía.
¡Mierda!
Es tarde y nosotros ni siquiera hemos desayunado. Decido levantarme y llamo a servicio de habitación para pedir un desayuno/almuerzo. Luego de la llamada me visto y me vuelvo a recostar en la cama al lado de mi princesa mientras llega la comida.
La observo por un rato, admiro lo hermosa que es, cada día es más hermosa sin duda alguna. Escucho que tocan el timbre de la habitación así que me levanto y voy hacia la puerta, la abro y hay un chico con un carrito.
—Aquí tiene su pedido, señor Grey —dice.
—Está bien, gracias —le digo y empujo el carrito y entro a la habitación, no sin antes darle una considerable propina al chico.
Dejo el carrito ahí y voy hacia Ana para despertarla. La veo profundamente dormida todavía, ¿de dónde sacará tanto sueño? Pero bueno...
Me acerco hasta quedar a centímetros de su rostro y luego comienzo a dejar un reguero de besos.
—Vamos, princesa, despierta —susurro en su oído y luego muerdo el lóbulo de su oreja haciendo que gima levemente, eso me hace sonreír ya que es señal de que está despierta.
—Qué bello despertar —murmura somnolienta y yo río. Ya está más calmada, eso es bueno.
—Ya llego la comida y tú tienes que comer, no acepto un no por respuesta —le digo serio.
—Está bien, cariño —dice riendo.
Me levanto de la cama seguido por ella, veo como se pone un albornoz que le queda perfecto, yo acerco el carrito a un lado de la cama, tomo la bandeja y la pongo encima de la cama.
—Mmm, esto se ve delicioso —dice Ana mirando el contenido de la bandeja.
—Las apariencias engañan, así que hay que probar primero antes de sacar una conclusión —le digo y ella suelta una carcajada.
—Bueno, entonces probémosla —dice.
Luego de comer un exquisito desayuno/almuerzo nos quedamos recostados un rato para poder digerir la comida.
—¿Crees que es momento de llamar a mi tío? —pregunta Ana y vuelvo a ver miedo en su mirada.
—Princesa, la verdad es que no sé, ¿pero tú quieres llamarlo? —le pregunto.
—Yo quiero saber la verdad, quiero saber si mi padre está vivo o no, y tampoco me quiero hacer ilusiones de que está vivo, tal vez Carla sólo lo hizo para jugar con mis sentimientos —dice con la mirada perdida.
—Bueno, entonces salgamos de dudas, llamaremos a tu tío y le contaremos toda la verdad —le digo.
—Está bien, déjame buscar mi teléfono —dice y se levanta de la cama, camina hasta encontrar su bolso y luego saca su teléfono de ahí y vuelve a la cama.
Marca el teléfono de Albert y lo pone en altavoz, él contesta al tercer tono.
—Ana, cariño —dice Albert al otro lado de la línea.
—Hola, tío, ¿cómo estás? —pregunta Ana.
—Muy bien, ¿y tú? —pregunta.
—Bien —contesta Ana.
—¿Y a que debo tu llamada? —pregunta Albert.
—Mmm, bueno, este... Tú sabías que Christian y yo venimos a Texas porque Carla quería en hablar conmigo, ¿verdad? —dice Ana.
—Ajá, por cierto, ¿cómo les fue? —pregunta Albert.
—Bueno... mmm... Yo no sé si lo que me dijo es bueno o malo, por eso quería hablar contigo —le dice Ana.
—¿Y qué te dijo? —pregunta Albert.
—Bueno... me dijo que mi padre está vivo —dice Ana.
—¡¿Qué?! —grita Albert—. ¿Cómo es eso posible? —pregunta aturdido después de un rato.
—Bueno, ella me dijo que en el accidente confundieron su cuerpo con el de su acompañante, y que hace unos meses la llamaron y le dijeron que Ray se encontraba vivo, que había sido secuestrado y pero tuvo una pérdida de memoria. Por eso te llamo tío, necesito tú ayuda para saber si lo que esa mujer dijo es verdad —le dice Ana.
—¡Por Dios! —Susurra Albert y creo que tiene un nudo en la garganta ya que le cuesta hablar—. Claro que sí, cariño, ahora mismo haré un par de llamadas, luego te llamaré a ti —dice Albert recobrando la compostura.
—Gracias, tío —le susurra Ana.
—De nada, cariño —le dice Albert y luego cuelga.
Miro a Ana y luego le abrazo y ella responde a mi abrazo.
—Tranquila, princesa, todo estará bien —le digo.
—Eso espero —murmura.
