Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a Rizzle (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.


.- Una historia de Rizzle -.


Capítulo 53 – Reflections (Reflexiones)

La primera semana de Ginny Weasley en la flota se agotó de forma productiva.

Se permitía sólo tres horas a solas con Harry en ese camarote, antes de lanzarse al trabajo. Sorprendentemente, no hubo las más mínima queja sobre eso por parte de Harry. Tampoco hubo sexo, a pesar de que Ginny estaba tan entusiasta como siempre. La alegría de volver a reunirse con él era tan acuciante, que dolía.

Ese júbilo se había transformado rápidamente en una insaciable necesidad de tenerlo de cualquier forma que pudiera imaginar. Pero, desafortunadamente, no fue así. En su lugar, se acurrucaban y hablaban. No había fuegos artificiales, metafóricamente hablando. Oh, las cosas horribles que había imaginado que le habían pasado… la ira y el resentimiento que había sentido porque él había vuelto a hacer lo que quería, sin consultarle.

Esos eran asuntos perennes.

Harry era el héroe y Ginny era encasillada en el papel de un desdichado interés amoroso sin autonomía, sensatez ni voz en el asunto. Tenía bien merecido que ella hubiera dejado a ese capullo no menos de cuatro veces ya, incluyendo una rechazada propuesta de matrimonio.

Pero ahora, las cosas eran diferentes. Ahora, había mucho en juego y sus problemas personales parecían insignificantes en comparación. Ginny se preguntaba si eso era ser Hermione, que abarcaba dos Harrys y medio en cuanto a responsabilidad personal.

Harry la abrazaba estrechamente. Estaba agotado en energía y espíritu después de haberla actualizado con respecto a los recientes acontecimientos. Ginny era fuerte, pero no era de piedra. Había terminado con casi una caja entera de pañuelos cuando él terminó de contarle los horres que habían vivido en la flota antes de ser liberada, sobre Padma y Blaise, sobre lo que Hermione había soportado a manos de Alexander Amarov.

– ¿Dónde lo tienen? – preguntó Ginny, en un tono engañosamente neutro. En su mente solo tenía un oscuro remolino de cuchillos, cristales rotos y demás cosas afiladas.

Harry le dedicó una sagaz mirada.

– ¿Por qué quieres saberlo?

– Simple curiosidad.

Un resoplido fue la inicial respuesta. Harry podía leerla con bastante facilidad.

– Suenas igual de convincente que el Agente Richards cuando formuló la misma pregunta.

– ¿Se está recuperando bien el Vaquero?

– Eso creo. Me ha empezado a llamar "niño" de nuevo.

– Casi hemos vuelto a la normalidad, entonces.

Harry la agarró por la barbilla para que lo mirara directamente.

– Deja a Amarov. Si se nos permitiera tocarlo, ya estaría muerto por mis propias manos. Es decir, si Richards no llegara a él primero. Malfoy ya tuvo su turno. Pero Belikov dice que necesitamos a Amarov. Hay mucho más trabajo que hacer con la cura.

Sí, Ginny había escuchado a Belikov consultando con Wallen y el profesor Yoshida esa mañana. El trabajo en el laboratorio no iba bien. Se habían topado contra una pared, decía Belikov. Amarov no se perfilaba como un sujeto de pruebas ideal, a diferencia de lo que había sido Ron, en Grimmauld Place. Tenían problemas simplemente para mantenerlo con vida.

A pesar de las similitudes de la situación, nadie hablaba sobre el papel de Ron en Grimmauld Place. Ginny se consolaba con el hecho de que Ron hubiera querido ayudar. Eso significaba algo. Decir que lo habían "usado" era un insulto para su valiente hermano. Había insistido rotundamente en poder contribuir en la creación de una cura. ¿Quién no habría querido que su muerte significara realmente algo, cuando ya tantos miles de personas habían muerto por nada?

Pensar en su hermano todavía era agonizante. El dolor era físico y metafísico. El estado en el que se encontraba el mundo la mantenía muy ocupada, por lo que los momentos de calma eran los peores. Si te mantenías ocupada, el dolor tenía problemas para encontrarte e invadirte. Hermione se lo había dicho, cuando Ginny había confesado la incapacidad de tratar con el hecho de que Ron estuviera enfermo terminal. A veces, a Ginny no le gustaba Hermione por su práctico estoicismo. Harry sentía lo mismo. No era que Hermione no sintiera. Sentía muy profundamente. Era que ella hacia que el resto parecieran idiotas auto-indulgentes por la forma que tenía de empujar sus sentimientos en compartimentos alejados de su mente para tratarlos en algún posterior momento.

Afortunadamente, había cosas más que suficientes para hacer. Ginny vio la tensión en la cara de Draco Malfoy, presionándose a sí mismo casi hasta el punto de colapso. Malfoy y ella no se habían dedicado ni una sola conversación desde que se unió a la flota, y eso le convenía perfectamente a Ginny. No le gustaba Malfoy. Nunca le gustó y nunca le gustaría. Sin embargo, lo que estuviera ocurriendo entre Draco y Hermione (incluso Harry tenía dificultades para explicarlo) era serio. ¿Serio-malo o serio-bueno? Ginny no tenía ni idea y Harry era malísimo al especular sobre enredos amorosos. Lo único que sabía era que Draco y Hermione habían superado alguna especie de punto de ruptura. Tenía la sensación de que estaban atrasando un estallido durante mucho tiempo, pero estaba en suspenso porque la cura era la prioridad. Como solía hacer Hermione, reflexionó Ginny, sin compasión. Se preguntó si sabían que estaban reteniendo un huracán.

Hermione hacía malabares con sus deberes en el laboratorio mientras cuidaba de un pequeño niño traumatizado. Ambos trabajos requerían un nivel de atención y compromiso que hacía que Ginny se estremeciera con solo imaginárselo. Tener hijos no era algo que ni Hermione ni ella hubieran pensado demasiado. Era una idea absurda mientras luchaban contra Voldemort. Y ahora no parecía menos que ridícula. Ginny no sabía mucho de niños. Eso podía tener algo que ver con ser la más joven de su familia. No había pañales que cambiar, ni hermanos pequeños que vigilar mientras su madre acababa de planchar. Hermione, probablemente, también tenía escasa experiencia. Sin embargo, a ella se le daban bien la mayoría de las cosas, pero Ginny tenía la sensación de que su amiga estaba desconcertada sobre como encargarse de Henry. Lo cual era irónico porque, según lo que decían todos, Henry Zabini era el niño más fácil del mundo.

Ginny percibió la sutil desesperación en las caras de Kate McAllister, el profesor Yoshida, Felix Wallen y Belikov. Una vez más se alegraba de no ser una maldita genio y que no dependieran de ella para hacer milagros en tubos de ensayo. La voz del fracaso de la cura se estaba extendiendo con velocidad. Muchos pensaban que la flota debía levar anclas y navegar lo más lejos posible de las inminentes lluvias radioactivas. Otros pensaban que necesitaban contactar con los estadounidenses y razonar con ellos. Algunos realmente querían que las bombas cayeran. La mayoría de los que tenían ese pensamiento eran magos que no vivían en el Reino Unido y que no albergaban el mismo horror inherente y el miedo a una guerra nuclear como lo hacían los muggles.

La semana pasada, dos de los barcos más pequeños habían sido vaciados, sus habitantes muggles fueron reasignados en otros buques con el fin de dar cabida a todos los refugiados en su mayoría mágicos de la Isla de Taransay. Ginny apreciaba que era un momento difícil para todos. La confianza era un bien muy preciado. Mientras la flota ya se había acostumbrado a la novedad que suponían Harry y su varita, acostumbrarse a cientos de magos y brujas con varitas era otra cosa.

El profesor Belikov era el personaje más ilustre de la flota y estaba muy solicitado, pero su atención se requería en el laboratorio. En consecuencia, le asignó el trabajo de reubicar a los refugiados a Harry, a un enorme ex guardia de seguridad que se presentó como Anatoli y a Marina, una timonel de cara estricta de un barco de la flota. Después de asegurarse de que su familia estuviera instalada, Ginny ayudó en lo que pudo, aunque esto implicara el transporte de suministros entre barcos o calmantes. Le ayudaba ser mujer, no la veían como una amenaza y no era propensa a sostener su varita en alto como si esperara que le fueran a atacar una horda de rabiosos muggles.

No podía decirse lo mismo de los otros refugiados mágicos.

– Señor Barnes, o guarda su varita o lo haré yo por usted. Y no le gustará donde la meteré. – dijo Ginny, con los dientes apretados. Varios niños muggles y su alarmada madre escucharon el intercambio.

El hombre al que se había dirigido se aferraba a una bolsa de viaje con sus pertenencias reducidas en el interior como si anticipase la confiscación en cualquier momento.

– ¿Y si ellos…

– ¿Y si le hubieran dejado en Taransay? – replicó ella, con evidente impaciencia – ¿Le parecería mejor?

El hombre tragó saliva.

– No.

– Entonces deje de usar su varita para puntualizar sus palabras.

Barnes guardó la varita, todavía con aire incierto. La incertidumbre estaba bien. Ginny podía encargarse de eso. Los rebeldes eran otra cosa.

A varios de los magos más jóvenes no les divertía que sus compañeros muggles les dijeran lo que debían hacer. Habían estallado pequeñas riñas. Nada grave. Unos cuantos casos de "Oh sí, ¿qué me vas a hacer?" seguido de empujones y agarrones. Neville y una decena de otros magos más sensatos se habían ofrecido a permanecer permanentemente en los barcos de refugiados para mantener la ley y el orden.

Tan irascibles como eran los recién llegados, fueron subyugados por la imponente magnitud y espectáculo de la flota. Ginny se recordó a sí misma que muchos de los habitantes mágicos nunca habían estado en el océano, ni mucho menos en mitad de la moderna tecnología y comodidades muggles. Les llevaría un tiempo acostumbrarse a todo y entre todos.

Como siempre, eran las mujeres las que proporcionaban una corriente subyacente de estabilidad y calma. Ginny vio las primeras expresiones con ojos como platos, pero de manera bastante eficiente siguieron adelante con la vida. Se organizaron las camas. Los niños tenían que ser aseados y alimentados por la noche. Se prepararon alimentos. No importaba cuán descontentos estuvieran, los hombre se mantenían ocupados con sus tareas, se les pedía que trajeran eso o aquello. Al final de la primera semana, los niños reían y jugaban a perseguirse por los pasillos, los adolescentes se giñaban el ojo los unos a los otros y los abuelos metían a sus nietos en camas limpias, con el estómago lleno. Nadie había sido arrestado y lanzado a la hoguera (algún idiota había estado difundiendo historias sobre los juicios de las brujas de Salem). Nadie tenía que pagar por su habitación y comida con sus propios objetos de valor. Nadie había sido perjudicado ni molestado en absoluto.

Y todo el mundo se había permitido guardar sus varitas.

Ginny podía apreciar lo ansiosos que ponía eso a los muggles. Era testimonio de la influencia positiva y liderazgo de Belikov que tal confianza se hubiera extendido al contingente mágico de la flota. No sería bueno abusar de esa confianza de cualquier modo. Ya había habido suficiente tragedia y violencia.

Atardecía. Malfoy ya habría dejado su camarote para empezar el turno de noche en el laboratorio. Era hora de hacer un recado especial. Ginny se detuvo frente al camarote que ocupaban sus padres y George. Intercambiaron unas pocas miradas anegadas en lágrimas entre Ginny y Molly, cuando cogió el pequeño paquete, pero acordaron que era el mejor uso que podían darle a la varita de Ron.

Ginny se la entregó a Hermione.


Henry se había ido a dormir a última hora de la tarde, cansado de una semana de emociones provocada por los nuevos residentes de la flota. Ahora albergaban cerca de un millar de niños. Ya se estaban formando amistades por medio de juegos y pasatiempos. La resiliencia o los niños, pensó Hermione, mirando hacia la figura dormida de Henry. Eran una maravilla, eso seguro.

Los barcos de Taransay, como el resto los llamaba ahora, habían sido llenados y abastecidos y ahora eran una parte establecida de la flota. Había una nueva normalidad e incluía un número casi parejo de residentes mágicos y muggles. Había habido algunas riñas al principio, pero todos se habían acomodado con admirable paciencia.

Hermione desparramó una caja de notas delante de ella en la cama. Sin querer molestar a Henry, solo había encendido una lámpara. La iluminación no era la ideal para leer, pero sus ojos se acostumbraron al cabo de un rato. Leyó durante horas, hasta que un dolor de cabeza la amenazó con partir su cerebro en dos. Bebió un poco de agua y buscó un pequeño paquete de paracetamol en el cajón de la mesita de noche. Los dolores de cabeza eran una novedad, así como una repentina capacidad para detectar olores que nunca la habían molestado antes. Pero entonces, se detuvo. Sobre la mesa estaba la varita de Ron, que le había entregado Ginny, personalmente, en el camarote esa misma noche. Hermione la cogió y colocó la punta contra su sien, lanzando un simple hechizo para aliviar el dolor.

Poder usar la magia una vez más era como estar en el cielo. Placentero, eléctrico, celestial. Quería empaparse de la sensación, hacerse un ovillo y absorber tranquilamente las sensaciones caleidoscópicas que recorrían su mano, subían por su brazo hasta llegar al otro, hacia su cuerpo, parecían precipitarse hacia su núcleo hasta expandirse hacia el exterior, conectándose con algo en el éter y esperando que su mente se concentrara en otro hechizo.

Después de que Ginny se fuera, Hermione probó casi una docena de hechizos, con glotonería y totalmente delirante. Por su puesto, la varita de Ron se sentía como Ron, así que el lanzamiento frenético de hechizos culminó en unos minutos que pasó sollozando sobre la almohada, mientras una oleada de intensas emociones la asaltaban como un placaje de rugby. Y entonces, Hermione apartó la varita y reanudó la lectura de las notas. Ocasionalmente, se encontraba con la hermosa e inclinada letra de Draco, pasando la punta de un dedo sobre las palabras.

Anormalidades en los niveles de catecolamina y cortisol (Mercer tiene que confirmar), había escrito.

Disminución de la liberación de noradrenalina comprometiendo la absorción del ReGen. ¿G tuvo en cuenta eso?

Hermione asumió que esa "G" representaba a Granger. Y sí, G había tenido eso en cuenta. En la primera versión del ReGen, se administraron inyecciones de noradrenalina en caso de una caída grave en la presión arterial de la persona infectada. Eso proporcionaba un ambiente más óptimo para que el ReGen hiciera su magia, por así decirlo. La versiones posteriores no requirieron esa intervención.

McAllister tiene que recordarlo.

¿El qué? Se preguntó Hermione. La siguiente línea insinuaba una repuesta.

La palabra "whiskey" había sido escrita de diferentes maneras, incluso con letras de grafiti. Hermione tuvo que sonreír.

Y de manera preocupante, justo al lado de aquello, había una lista enumerada de experimentos que nunca tuvieron la oportunidad de ejecutar.

Proyecto Navidad, con Conejillo de Indias residente, así llamaba a Ron.

Hermione tragó saliva. Era doloroso leer eso. Apartó la carpeta, preguntándose por qué se molestaba y diciéndose que necesitaba ser capaz de racionalizar su decisión. No necesitaba revisar esas notas para ayudarse a aclarar sus ideas. Ya sabía lo que tenía que hacer desde hacía días.

Arregló las carpetas, las colocó cuidadosamente en la caja y la metió justo debajo de la cama. Miró una última vez a Henry, quien seguía profundamente dormido. Le pasó una mano por el cabello, lo besó suavemente en la frente y se metió en la cama, dejando encendida la lámpara. El reloj digital decía que eran las 4:13 de la madrugada. Hermione se aseguró de apagar la alarma. Estaba la posibilidad de que Draco ni siquiera regresara al camarote, eligiendo dormir en el futón del laboratorio.

Pero había jugado en contra de las posibilidades.

A las cinco, treinta minutos antes del inicio del turno de Hermione, la puerta del camarote se abrió. Como siempre, Draco se desplazaba silenciosamente por la estancia. La mayoría de las noches, ni siquiera se daba cuenta de que había vuelto hasta que la alarma del reloj - siempre a un volumen bajo - la despertaba. Como de costumbre, después de sacar ropa limpia de uno de los cajones, se dirigía directamente al baño para tomar una ducha. Cuando salía, dormía en el extremo final del sofá.

Hermione aguardó hasta que pudo oír el agua. Sintiéndose más tranquila de lo que pensaba, se levantó de la cama y se dirigió hacia Henry para meter sus pies desnudos bajo las sábanas. Era increíble como dormían los niños. Algunas mañanas, su cabeza terminaba donde habían estado principalmente sus pies al comienzo de la noche. Satisfecha de que todavía estuviera profundamente dormido, se dirigió hacia la puerta del baño. Deteniéndose justo frente a esta, se deshizo de toda su ropa; pantalones de pijama, jersey, camiseta, pantalón corto térmico, calcetines y ropa interior. Pensó en dejar la ropa hecha un manojo en el suelo, pero cedió ante la necesidad de doblarla y colocarla en una silla junto a la cómoda.

En el espejo que allí había, Hermione echó un rápido vistazo a su reflejo, poniéndose instantáneamente cautelosa. Había tenido una relación conflictiva con su reflejo durante ese año entero. Las cosas terribles tendían a preceder y a proceder a sus reflexiones ayudadas por el espejo. Si hubiera sido del tipo de Sybil Trelawney, habría tendido a tener cuidado alrededor de ellos.

Sin embargo, esa vez fue diferente. Con la baja iluminación del resplandor dorado que emitía la lámpara de noche, Hermione vio a una mujer que llevaba cicatrices tangibles e intangibles. Físicamente, las cicatrices la marcaban como única, más que cualquier otra cosa superficial. No había nada especial en ella. No era ni alta, ni pequeña. No estaba particularmente en forma, ni en baja forma. No era ni guapa, ni fea. Se preguntó si sus pechos estaban algo más grandes. No lo parecían, pero definitivamente estaban más sensibles. Era inteligente, pero su reflejo nunca podría anunciar eso. A menos que la mirases a los ojos, ¿tal vez? Se tocó la herida de metralla en la parte superior del muslo y después se pasó los dedos por la arrugada cicatriz de su abdomen, donde una bala había hecho todo lo posible por rasgar sus entrañas. Se percató de que su pelo todavía estaba trenzado. Hermione la deshizo, extendiendo los rizos sobre sus hombros. Lo tenía tan largo que casi le llegaba hasta la cintura. Tenía la cicatriz en la frente de la cual Padma le había dicho que no debía avergonzarse. No lo hacía. Miró su cuerpo, favorecedoramente iluminado como estaba y pensó en las cosas tangibles e intangibles que lo habían moldeado ese año. Puso una mano sobre su todavía plano vientre, volviéndose para poder ver su perfil en el espejo.

Sentía una sensación extraña y edificante. A veces, la aceptación tenía ese poder.

Hermione se acercó los pasos que le quedaban a la puerta del baño y la abrió. No estaba bloqueada. Amarov no había permitido que hubiera allí un pestillo cuando Draco se instaló en el camarote y nadie había encontrado una razón para instalar uno ahora.

Gracias a dios por esas pequeñas cosas.


¡Holaaaa! Al final sí consiguieron encontrar la Isla de Taransay, ¿cómo no, con ese hechizo de Quiddtich? xD Creo que ese es un capítulo muy esclarecedor, tanto por lo que cuenta Ginny como por lo que hace Hermione, muchos sutiles detalles que deberíais tener en cuenta... Y no digo más, quiero saber vuestras teorías ;) Aunque estoy segura de que no os podéis ni imaginar lo que está por pasar y no me refiero a Hermione desnuda delante de la puerta del baño xD

¡Teorizad pequeños polluelos!

Gracias por comentar el capítulo anterior a: *Doristarazona: Supongo que si tienes un hijo la situación de Henry puede parecer más dura, al compararla con él... que siga feliz, disfrutando y viviendo como un niño tiene que hacerlo. Muchos besos para ti y tu familia* *AliceMlfy: La Isla está a salvo y en la flota. Y creo que Henry no quiere encariñarse con Hermione por miedo a la pérdida* *Carmen: JAJAJA Parece que Hermione quiere romper esa tensión mala-buena, pero con que motivo?* *guiguita: Sí... creo que Draco después de la visita a la Mansión Malfoy se ha quedado vacío, estoy segura que no se esperaba que allí encontraría a sus padres o le que quedaba de ellos...* *Monsther Malfoy: En este capítulo dan sutiles pistas de lo que está por llegar, pero creo que es imposible descifrarlo hasta que no lo veas con tus propios ojos, así que sí, prepárate psicológicamente, por si acaso xD* *Loonydraconian: Pues parece que Hermione te ha oído y va a dar un paso al frente, ¿pero que le ha llevado a eso? Pronto lo sabremos* *johannna: Si el capítulo anterior era de transición, este es un capítulo de introducción a lo que viene ;)* *SALESIA: Yo también creo que Hermione le tiene un poquito de envidia a Draco por su relación con Henry... Te doy toda la razón en cuanto a lo parecidos que pueden ser Draco y Henry. Si te fijas bien en este capítulo hablan del detalle del que te hablé, me gustaría saber si lo has logrado ver ;) Me muero por tus teorías, hoy más que nunca ;)* *AKAmart: JAJAJJA Sí, esperemos que la relación con Henry ablande un poco el duro corazón de Draco... estoy de acuerdo contigo que lo que paso en la Mansión Malfoy lo dejo tocado, sino vacío. Y también creo que Hermione es la que más está sufriendo de lejos en este fic, pobrecita, un poco de tregua joder xD* *Carmen-114: Todas estamos deseando que Draco ceda un poco, creo que ya le toca hacerlo, ¿no?* *Mantara: ¡Yo tampoco puedo superar lo de Blaise! Todos están ya cansados de vivir y perder tanto en esas condiciones... Pero creo que alguien ha decidido tomar la sartén por el mango, no digo más ;)* *Sally Elizabeth. HR: Sí, la situación de Hermione es una de las peores que he leído en un fic...*

¡Muchas gracias y besos zombificados!

PD: Ayer actualicé "Partners" sé que al no ser Dramione os la trae un poco al pairo, pero por si queréis darle una oportunidad ahí la tenéis ;)