CAPÍTULO 43

ESTALLA EL COMBATE FINAL

Kenji terminó de ajustar los guantes. Ahora ya estaba listo para irse. No había dormido tanto como habría deseado por lo que le ocurrió a su hermana. Estuvo a su lado hasta las tres de la mañana, hora a la que sus padres lo obligaron a dormir, sino, hoy no podría combatir. A pesar de todo, se sentía con la suficiente energía para emplearse a fondo.

- ¿Nos vamos? – Le preguntó Sora, colocándose su gorro.

- Claro.

No iba a pasarse a ver como estaba su hermana, no sería bueno. Tenía que centrarse por completo en el combate, así que fueron a la puerta del hospital y tomaron un taxi. Durante los diez minutos que tardaron en llegar, ninguno de los dos dijo nada. Y así continuó hasta que llegaron a la puerta.

- Mi madre me estará esperando. Te estaré animado desde la grada.

- Gracias.

Con un corto beso, se despidieron. Kenji estaba bastante perdido esa mañana. En su mente solo rondaba la idea del combate y… la victoria. Eso era todo lo que le importaba. La herida de su hombro estaba casi curada y apenas le molestaba, de modo que podría usar bien sus puños. Y lo mejor era que cuando se transformaba no le dolían las heridas de su cuerpo humano.

Directamente fue a lo que sería el ring de combate. Esperaba encontrar la gran área de combate del día anterior. No fue así. Era como si el estadio hubiera encogido. El ring ahora no era muy diferente a un tatami de un combate de Judo o Kárate, y las gradas estaban más cerca. No es que fuera hubiera encogido el estadio, es que habían encogido el ring y ampliado las gradas. No pudo más que pensar en lo diferente que se ve todo si tienes el dinero suficiente.

- Me alegra que hayas venido al final. Sabía que no huirías – la voz la conocía tanto que no le hizo falta ni girarse para ver quien era.

- Espero que luches limpio.

- Por supuesto. Dime, ¿tu hermana está mejor?

- ¿Acaso te importa algo?

- En realidad no – se encogió de hombros - . Era por tener un poco de conversación antes de empezar el combate.

- Pues vete olvidando.

- Eres muy insociable, ¿sabes? En fin… - pasó por su lado, dirigiéndose al ring - ¿Por qué no empezamos esto ya?

- Cuanto antes mejor – asintió.

Ambos subieron al ring. Un comentarista los presentó a ambos, bastante por encima. Kenji no le hizo ni caso. Le llamó la atención unos gritos que oía en la grada a su espalda. Al girarse se llevo una gran sorpresa.

Con grandes pancartas que llevan escritas las palabras "Ánimo", "Tú puedes" o frases como "Kenji es el mejor", estaban todos los vecinos del pueblo de sus abuelos, así como muchos de sus compañeros de clase y algunos profesores. Incluso el directo.

- ¡Kamiya, vas a ganar!

- ¡Dale una lección a ese tipo!

- ¡La victoria es tuya!

Corriendo, Kenji se arrimó hasta la grada, y uno de los vecinos se acercó para estrecharle la mano en señal de buena suerte. Era Maikawa, el leñador.

- ¡Todo el pueblo te estará animando, Kenji!

- Pero, ¿y mis…?

- Los hemos traído con nosotros. Están en el hospital, con Kari-chan. ¡Toda tu familia te estará animando desde allí!

- Gracias…

Estrecharon las manos una vez más y Kenji regresó al ring. Desde la habitación de Kari, todos salvo la niña veían el combate. Ella seguía dormida, pero estable. Tai también estaba. Nadie le había dicho nada de lo que había pasado aquella noche, a petición de su hermano mayor.

- Vamos, hermano, tú puedes – le dio ánimos.

Cuando el comentarista terminó de presentar a ambos luchadores, dio una breve explicación de las reglas. A fin de cuentas eran muy simples, quien se quedará inconsciente más de diez segundos o cayera fuera del ring perdía. Cosa curiosa era que si uno de los dos moría, la victoria era para el que sobreviviera del combate. Algo muy oportuno dada la naturaleza del combate. El sonido de una campana fue la señal del comienzo del combate.

Kaishiro comenzó a atacando con una serie de combinaciones de patadas y puñetazos rápidos. Kenji podía esquivarlos sin muchos problemas. Algunos debía desviarlos o pararlos, pero no tenía problemas para defenderse de su adversario. Cuando una patada iba a alcanzarle la cara, se retiró dando varias volteretas hacía atrás. Kaishiro lo siguió para intentar interceptarlo por debajo, para hacerle perder el equilibrio.

Haciendo fuerza con el último apoyo, lo esquivó rápidamente con un impulso hacía arriba. Ahora le tocaba atacar a él. Cuando dio la vuelta por completo, intentó darle un talonazo en la cabeza, pero su rival lo bloqueó con los brazos. Siguió con otra patada que también fue fácilmente bloqueada.

Entonces ambos comenzaron a intercambiar puñetazos y patadas. Al mismo tiempo que bloqueaban, o esquivaban, atacaban. Era como estar viendo el combate entre dos profesionales de las artes marciales, porque no se daban tregua. Como si adivinaran los movimientos del otro, hacían su próximo ataque. Al mismo tiempo que percibían lo que iba a pasar en cuestión de una milésima de segundo, su cerebro lo procesaba para ver cual era la mejor opción. Un último choque en el aire de la patada te cada uno fue la señal para separarse el uno del otro.

- No ha estado mal… eres el primero que logra bloquear mis golpes y devolvérmelos al mismo tiempo. Veo que ese viejo charlatán si que logró inculcarte algo.

- Tú tampoco eres moco de pavo… usas al mismo tiempo Jujitsu, Aikido y Taewondo… Y sin embargo no te veo usar nada de las técnicas que enseñaba el maestro.

- Eso es porque eran técnicas para inútiles. No servían para nada.

- ¿No me digas?

- Era como un disco rayado, siempre repetía lo mismo: "las artes marciales no son para dañar, sino para proteger… bla, bla, bla". Alguien que dice esas estupideces no puede ser maestro ni saber nada de la lucha. Las artes marciales se han hecho para mostrar al más poderoso, no para proteger a los débiles.

- Tienes las cosas claras, ¿eh?

- Así es… y ahora, ¿y si nos dejamos de calentamiento y pasamos a cosas más serias? Te demostraré que mi dominio de estás tres artes marciales es mucho mejor que toda la basura que te enseñó ese viejo.

Directamente se lanzó hacía Kenji. Al haber estudiado bajo la tutela del mismo mentor, sabía que todas las técnicas de defensa se basaban en usar las manos, y Kaishiro ya había prácticado cientos de veces como evitar que los golpes de su propio estilo fueran bloqueados. No tenía más que engañar a su adversario. Le atacaría con el puño izquierdo, para despistarle y en verdad golpear con el derecho y luego comenzar la sucesión de golpes. Si, iba a demostrar que era mucho mejor su estilo de combate.

Se preparó para lanzar el golpe simulado cuando Kenji desapareció de su vista. Por un momento pensó que de verdad había desaparecido hasta que vio algo pasar a su lado. Era él, dando vueltas como si bailará una danza de ballet, logrando llegar a su espalda. Con el último giro, le atrapó el cuello con el pie y lo estampó de lleno contra el suelo.

- ¡Iwa o utsu!

Mientras que los que ya animaban a Kenji celebraban el perfecto contrataque que había realizado, los que aún no tenían ningún favorito estaban pasmados. Por un momento, parecía que de verdad había desaparecido, y los giros que realizaban eran gráciles y veloces, así como un certero último y letal golpe.

El suelo del tatami era de un material especial para que los golpes fuertes no dolieran tanto, y aún así Kaishiro sintió como si le partieran la cabeza contra una roca. Al ponerse en pie, se sintió mareado, a la vez que humillado.

- T-Tú…

- ¿Qué decías de que las técnicas del estilo del maestro era una basura?

- Se acabaron las tonterías… - las dos alas blancas de plumas aparecieron en su espalda, logrando así una digievolución parcial.

Estando de acuerdo, Kenji dejó salir las alas de murciélago junto con los cuernos y la cola. Eso dejó aún más sorprendidos a la mayor parte del público, a pesar que habían estado en los combates del día anterior.

- Acabaré contigo de un solo golpe… - juntó las manos y a su alrededor aparecieron decenas de esferas de luz.

Kenji se preparó. El golpe de una de esas esferas podía ser mortal, así que tenía que tener cuidado. Si las lanzaba todas a la vez, acercarse a Kaishiro sería muy complicado, de modo que tenía que estar plenamente concentrado, sin pensar en nada más. Se mentalizó y empezó a volar hacía él.

- ¡Toma esto!

Las esferas comenzaron a volar hacía su objetivo: Kenji. Usando esferas negras, destruía las que le estorbaban y esquivaba las más peligrosas. Más de una vez tuvo que retroceder porque no podía hacer ni una cosa ni la otra. Encima, cada vez que se libraba de una esfera de luz aparecían por lo menos otras dos más, así que no acabaría nunca si seguía así.

Disparó dos esferas negras al suelo, para ganar impulsó y alzó el vuelo, dirigiéndose hacía el techo. En una zona más amplia tendría una mayor área de movimiento. Así fue, podía esquivarlas con mayor facilidad, e incluso lanzar sus propias esferas negras a modo de contrataque para que Kaishiro se despistará.

- ¡No te creas que te dejaré escapar!

Todas las esferas alrededor de Kaishiro se juntaron en una más grande, de más o menos del mismo tamaño que la Gea Force de WarGreymon. Kenji hizo lo mismo, generando una esfera negra del mismo tamaño.

Los dos lanzaron el ataque a la vez, y al entrar en contacto estallaron, generando una cortina de humo que tapó toda la zona de combate. Como si hubieran tenido la misma idea, cada uno fue directo hacía el otro y el impacto del choque de sus puños generaron una onda expansiva que hizo desaparecer todo el humo en un instante. Incluso llegó a afectar en algo al público, como si se tratará de una fuerte ráfaga de aire.

Kenji iba a lanzarle un rayo oscuro, pero Kaishiro voló por encima de él dando una voltereta en el aire, lo agarró de las alas y lo lanzó hacía el suelo. Iba a recuperar el equilibrio en el aire antes de tocar el suelo, pero su rival llegó, lo golpeó juntando sus manos a modo de martillo, y después le dio una patada.

No iba a dejarse vapulear así, de modo que le lanzó una esfera negra. Kaishiro alzó el vuelo, concentró energía en su dedo índice, y como si fuera una pistola, disparó un rayo de energía sagrada.

- ¡Sacred Beam!

El rayo estalló nada más llegar hasta donde estaba Kenji y su cuerpo se desvaneció en la cúpula blanca que se generó con la explosión. Kaishiro aterrizó satisfecho en el suelo, porque el combate había terminado. Aún así, disparó un par más de ráfagas, generando una cúpula blanca todavía más grande. No quería dejar rastro de aquel tipo que se había atrevido a humillarle delante de toda esa gente.

- ¡Kenji! – Gritó Sora, aterrada de ver como el cuerpo de su amado se convertía en polvo en la cúpula de luz.

Todo lo que quedaba en el lugar de donde había estado Kenji era poco más que polvo. Al haber entrado en contacto con la oscuridad su cuerpo habría quedado reducido a poco más que cenizas. Era una pena, pero era el pago por haberlo humillado. Kaishiro se acercó hacía la cortina de polvo, feliz.

- Es una pena. Habría deseado que aguantaras más tiempo.

Dio media vuelta para bajar del ring. El combate había terminado tan solo en media hora. Bueno, había durado más que Kou, y había demostrado su fuerza ante el mundo entero, ¿qué mas podía pedir?

- ¡No me entierres tan pronto!

Como una bala, Kenji apareció de entre la niebla, en su forma humana, y golpeó a Kaishiro un potente puñetazo en la cara que lo derribó.

La gente estaba que no entendía lo que había pasado. ¿Es qué Kenji no se había pulverizado con el rayo de luz que le lanzó Kaishiro? Así lo habían visto todos. Pero no, estaba fresco como una rosa frente a un rival que tampoco entendía nada.

- T-Tú… no es posible, ¡te he tocado con mi rayo de luz!

- Lamento decirte que tu luz ya no me puede hacer daño Kaishiro. Y ahora, ponte en pie, porque vamos a terminar con esto.