Cap. 51
Cruda realidad
Los ojos de Hermione se abrieron lentamente, arrepintiéndose luego de aquella simple acción cuando la luz que se filtraba por las altas ventanas lastimó sus pupilas.
Trató de girarse a una posición más cómoda, sin embargo, todo su cuerpo le dolía demasiado.
Un gemido de dolor escapó cuando sintió la presión en su vientre. Era como si tuviera un cólico, por lo que se llevó ambas manos a aquella parte de su cuerpo tratando de mitigar la molestia.
Sus manos se encontraron sobre aquella parte de su anatomía, y sus ojos se abrieron cuando sus dedos tocaron el anillo que descansaba en su dedo.
Levantó su mano y observó la brillante joya, la cual parecía emitir destellos bajo la luz blanca del día.
Ahora recordaba lo que había ocurrido el día anterior, o al menos la mayor parte. Sostuvo el anillo que Severus le entregase apenas unos cuantos días atrás y tiró de él.
El alivio le hizo soltar el aire que no se había dado cuenta de que había estado reteniendo. El seguía vivo.
Trató de no imaginar la horrible situación en la que debía encontrarse en aquellos momentos, y sin embargo, por más que deseó no hacerlo, al final se obligó a razonar la situación actual en la que se encontraban.
- ¿Hermione?
Los ojos melados de la joven se desviaron hacia la voz suave que le había llamado, encontrándose con Ginny y Luna, esta última con un exótico ramo de flores.
- La enfermera nos dijo que podíamos verte, pero que no te molestáramos mucho.
Una sonrisa abordó los labios de la muchacha mientras sus amigas se acercaban, abrazándola con fuerza para poder consolarla por la dura situación que estaba atravesando.
- Te traje flores. Son especiales ¿Sabes? Los nargles las odian por que son las favoritas de los Galeonidos, y son enemigos naturales. Esto los mantendrá alejados de ti mientras estés en la enfermería.
Ninguna de las Gryffindor dijo nada ante la explicación. Finalmente, Hermione arqueó una ceja.
- ¿Galeonidos?
- Unas criaturas que se parecen a los galeones de oro. Son muy pequeñas y muy interesantes ¿Sabías? Voy a traerte el especial de la revista de papá para que también tú la leas.
- Pues… gracias.
Hermione trató de incorporarse en la cama, lo cual le fue imposible debido al dolor que invadía todo su cuerpo.
Ginny y Luna se acercaron para ayudarle, logrando que quedase sentada.
- Buenos días señorita Granger.
- Buenos días madame.
La enfermera llegó en aquél momento con una poción humeante de color lavanda la cual dejó en la mesa de noche junto a las flores, para luego revisar los signos vitales de la muchacha.
- ¿Cómo se siente esta mañana?
- Como si alguien me hubiera enviado un cruciatus anoche.
Los ojos de la mujer se posaron un momento sobre la muchacha y finalmente sonrió, tendiéndole el mágico brebaje.
- Esto la hará sentir mejor, y todas las molestias deberán desaparecer en un día o dos.
- Gracias madame.
Todas guardaron silencio mientras Hermione apuraba el contenido de la taza, la cual tendió de vuelta a la enfermera una vez que la hubo terminado.
- Bien, la dejaré estar un momento con sus amigas, pero quiero que no la alteren. ¿Me han escuchado?
- Si madame.
Dijo la pelirroja con una sonrisa, Luna solo inclinó su cabeza hacia un lado.
- Volveré mas tarde para ver como sigues querida.
- Espere.
La mujer se giró cuando apenas se había retirado un par de pasos, observando luego a Hermione con gesto interrogante.
- Quisiera preguntarle algo.
- ¿Si?
- Ayer, yo… tengo miedo de que lo que ocurrió ayer me haya… afectado.
- Estás adolorida por el esfuerzo de tu cuerpo. No habrá ninguna otra consecuencia. Estarás bien.
- Pero…
La joven de cabellos castaños se sentía el centro de las miradas en aquella habitación, por lo que finalmente observó directamente a la enfermera.
- Cuando veníamos en el expreso de Hogwarts… Se-Severus y yo…
Ginny sintió como la mano de Hermione entre las suyas comenzaba a temblar, por lo que la sostuvo con fuerza.
- El y yo… quisiera saber si estoy embarazada, madame.
La enfermera no se inmutó ante aquellas palabras, se mantuvo estática y mirándole de una manera casi dura y que parecía acusarle.
- Su amigo Potter me hizo esa misma pregunta ayer.
Hermione dio un ligero brinco de sorpresa el cual no pudo reprimir.
- Me dijo que usted tenía miedo de que lo que ocurrió ayer la hiciera abortar.
- Y… ¿Y entonces? ¿Podría… analizarme y…?
- Ya lo he hecho.
Hubo un pesado silencio, las manos de Ginny se cerraron sobre las de Hermione mientras Luna le sostenía por la espalda. Ninguna de ellas se movía, incluso su respiración parecía haberse detenido.
- Tiene usted mucha suerte.
Los ojos melados de Hermione se iluminaron.
- Un hijo a su edad, habría sido un enorme problema.
- ¿Ha-habría…?
- Usted no está embarazada, señorita Granger.
Al observar la decepción que inundó a la muchacha, agregó.
- Lo siento.
La mujer se marchó lentamente a la oficina sin mirar atrás, donde las dos amigas de su paciente observaban consternadas a su compañera.
Hermione no pudo soportar por mucho tiempo antes de romper en un amargo llanto.
Mientras tanto, lejos de Hogwarts, Severus se encontraba aún encadenado a la cama del lord oscuro.
El dolor en su vientre menguaba a momentos permitiéndole un vago instante de paz.
Le era completamente imposible saber si era de día o de noche, si las horas habían pasado o si habrían pasado apenas algunos minutos. Aquella completa oscuridad parecía querer devorarlo como si se tratase de una bestia, una que lo mantenía envuelto en un manto de tinieblas.
Sus sentidos ya de por si agudos, lograban captar cada uno de los hechos que ocurrían a su alrededor, sin embargo, tampoco era como si fuese muy interesante lo que a su alrededor pasaba, pues solo podía descifrar el sonido lento y acompasado de las respiraciones de la pareja que ocupaba la cama, o el roce de las sábanas cuando movían sus cuerpos aún envueltos en el dulce sopor de los eventos que habían vivido la noche anterior.
Claro como el día, el recuerdo de Bellatrix convertida en Hermione teniendo relaciones con Voldemort acuchilló su atormentada mente, haciéndolo que sacudiera su cabeza tratando de olvidar aquellos espeluznantes recuerdos.
La puerta se abrió con extrema ligereza, por lo que el espía giró el rostro en dirección al escaso sonido que había escuchado.
Normalmente, el ruido que emitía la puerta era bastante desagradable debido a lo pesada que era, lo cual solo significaba que alguien estaba amortiguando el sonido con magia.
Por un momento, el corazón de Severus palpitó con fuerza creyendo por un efímero instante que se trataba de alguien que iba a ayudarle. ¿Quién mas podría colarse a las habitaciones del lord y que poderosa razón podía llevarle a cometer prácticamente un suicidio?
Sus pensamientos vagaron a Lucius y deseó llamarle con un susurro, hacerlo que se acercara y poder sentirlo cerca.
Abrió su boca con la intención de llamarle, sin embargo, sus oídos registraron los pequeños pasos de la persona que había entrado en la habitación.
Pequeños, cortos, y sin embargo veloces. Severus bajó la cabeza derrotado. Solo se trataba de un elfo doméstico.
Y sin embargo, no pudo estar menos que agradecido de encontrarse ciego en aquellos momentos.
Voldemort consideraba a los elfos domésticos simples gusanos y basuras que no servían para otra cosa que para servirle a los magos. Si por él fuera, tendría a muggles e hijos de muggles sirviéndole como criados, pero estos se revelaban a sus órdenes y no eran tan eficientes como las pequeñas criaturas mágicas.
Sentía pena por aquellas criaturas. Su poder mágico era increíble, y tenía a Lucius como testigo de eso.
Una sonrisa se asomó en sus labios al recordar a su compañero del colegio relatándole completamente histérico como su elfo, Dobby, lo había lanzado de espaldas y arrastrado un par de metros.
El elfito era de su agrado, compañero incondicional de Winky. Ellos se habían encargado siempre de borrar las huellas de sus desastrosas llegadas al castillo.
Sin embargo, la historia era otra en aquella vieja mansión. Los escasos elfos al servicio de Voldemort eran tratados de una manera tan cruel… sus ropas les caían a jirones y algunos se veían en la necesidad de andar desnudos debido a que sus viejas túnicas habían sido destrozadas mientras eran víctimas del juego de algún grupo de mortífagos.
Ninguno de ellos hablaba siquiera para preguntar si los amos se encontraban cómodos. Severus sospechaba que el lord oscuro les había lanzado algún hechizo de silencio, ya que alguna vez le escuchó decir que sus voces eran tan desagradables que eran una ofensa para sus oídos.
Sin enterarse que aquí el que ofendía con solo verlo, era él.
Los suaves pasitos se detuvieron a su lado, y Snape giró el rostro obviamente interesado en saber que podría querer la criatura mágica con él.
No podía mirarle, pero podía sentir su mirada llena de angustia. Sacando fuerzas desde lo más hondo de si mismo trató de sonreír e hizo una señal con su cabeza indicándole que debía retirarse, a lo cual el elfo obedeció sin tardar un solo segundo.
El no sabía si aquellas criaturitas le respetaban o le idolatraban como a un dios. No sabía explicarlo solo por la mirada cargada de angustia que ellos le dirigían, ya que él era el único que les trataba como algo vivo capaz de razonar y sentir.
La puerta se abrió nuevamente y los pasos se alejaron, por lo que Severus suspiró al saber que se encontraba nuevamente solo.
Una punzada de dolor en su vientre le recordó el lastimoso estado en el que se encontraba, además, tenía hambre y sed, lo que le llevó a preguntarse que planes tendría Voldemort para satisfacer sus necesidades básicas.
Era obvio que quería torturarle tanto tiempo como le fuera posible. Si se moría de hambre, los planes del señor oscuro de vendrían abajo.
El sonido de las sábanas moviéndose alertó sus sentidos, por lo que se apresuró a dejar caer su cabeza y normalizar tanto como le fuera posible su respiración.
Pudo escuchar cuando los pies descalzos del lord tocaron el suelo y como se marchaba silenciosamente, cerrando una puerta a algunos metros de él.
Una sonrisa burlona abordó los labios de Snape, ya que aquél monstruo seguía siendo humano después de todo.
El sonido de la acompasada respiración de Bellatrix se alteró en aquél instante, borrando de inmediato la sonrisa en los labios del espía, el cual trató de contener un gesto de dolor ante su reciente cirugía.
- ¿Mi señor?
Aunque el rostro de Severus se mantuvo tranquilo, no pudo menos que burlarse interiormente de aquella ingenua mujer. Había sido escogida para ser la madre de la descendencia de Voldemort, y la noche anterior habían actuado como un par de bestias en celo, pero ¿Ella realmente esperaba que él la tratara con cariño? ¿Qué despertara a su lado y la tratase como a su esposa?
Era una verdadera estúpida.
La puerta se abrió nuevamente y Voldemort entró en la habitación. Bellatrix sonrió y se enderezó en la cama mostrando su cuerpo desnudo, obviamente ansiosa de tener un poco mas de la atención del lord.
Sin embargo, tal y como la primera vez que lo habían echo, Voldemort no le prestó ni la más mínima atención.
- ¿Mi lord?
El señor oscuro no contestó al llamado de la mujer, sino que se arrodilló a un lado de Snape, contemplándole en silencio.
Severus mantuvo su farsa sin fallar ni un poco, él era todo un maestro en fingir cosas delante de Voldemort, no importaba el dolor, no importaba su situación, él no se dejaría vencer.
- Debes de estar muy cansado, Gildor…
El rostro de Bellatrix se transformó en aquél instante en una mueca de incredulidad. No podía creer lo que estaba viendo, no podía creer que el hombre con el cual había pasado la noche la ignorara tan magistralmente solo para brindarle sus atenciones a la escoria que se encontraba encadenada a la cama.
Voldemort por su parte, sacó su varita y deshizo el hechizo que mantenía atadas las muñecas de Snape, el cual se dejó caer hacia un lado cual si hubiera perdido su punto de apoyo, sorprendiéndose realmente cuando los brazos del señor oscuro le recibieron.
- Bellatrix, ve a buscar a Callia y dile que quiero verla ahora mismo.
La mortífaga no fue capaz siquiera de aceptar aquél mandato con algún gesto, pues estaba demasiado sorprendida observando como el señor oscuro tomaba en sus brazos a Snape, levantándolo del suelo y llevándolo a la cama.
- ¿Qué estás esperando para obedecer?
Bellatrix no pudo que soportar toda la cólera que abrasaba su cuerpo y retirarse cuanto antes de la cama, recogiendo sus prendas verdaderamente enfurecida mientras Voldemort depositaba a su pareja sobre las sábanas, sentándose luego a su lado.
- Volveré en un instante.
Anunció ella cuando estuvo vestida y presentable, sin embargo, el señor oscuro la ignoró completamente.
Una vez que se hubo marchado, Voldemort se dedicó a acariciar los cabellos negros de Severus, el cual sentía que en cualquier momento debería de dejar de fingir para demostrar la enorme sorpresa que aquella situación representaba para él.
Su cuerpo sufrió en aquél instante una punzada de dolor la cual crispó sus facciones sin que él pudiera evitarlo, y fue entonces cuando los dedos del lord oscuro recorrieron su rostro con delicadeza.
- Shh… tranquilo mi querido Gildor… tranquilo… no dejaré que nada te ocurra… nada…
En medio de su peligrosa situación, Snape no sabría nunca lo agradecido que debía encontrarse por encontrarse ciego en aquellos momentos, pues la expresión del lord estaba totalmente deformada en una mueca demencial la cual demostraba la locura infinita que consumía sus pensamientos, la sed de sangre que inundaba su existencia, y la lujuria a la cual deseaba darle rienda lo antes posible.
Al día siguiente, Hermione había requerido que se le diera de alta, pues estaba perdiéndose importantes clases a las cuales no podía dejar de asistir debido a que se encontraba ya en su séptimo año en Hogwarts.
Madame Pomfrey no pudo menos que concedérselo ya que conocía demasiado bien a la muchacha, además, ella parecía haberse recuperado por completo, y el dolor que aún persistía desaparecería en tan solo un día más o dos, y para eso podía tomarse un par de pociones.
- Granger.
Hermione levantó la mirada encontrándose con los ojos metálicos de Draco Malfoy, el cual avanzaba hacia ella a través de la enfermería. La muchacha bajó la mirada para continuar amarrando sus zapatos, enderezándose luego cuando él llegó ante ella.
- Me extraña que Potter y Weasley no estén aquí.
- A mi me extraña que tu si lo estés.
Draco esbozó una media sonrisa, la cual Hermione ya había visto en ocasiones anteriores en Severus.
Aquél gesto tan simple y tan extrañado reflejado en una persona a la cual odiaba, la hizo que se sentara con cierta pesadez, tratando de tranquilizar sus pensamientos.
Sus dedos se cerraron en torno al anillo y tiraron de él de manera inconsciente.
- Como ya te dije antes, eres la mujer escogida por mi padrino. No lo acepto, pero tampoco puedo negarme por que prometí no hacerte daño. Igualmente, mi deber como su ahijado es protegerte… y al menos en este momento, saber como te encuentras.
Hermione entrecerró sus párpados realmente molesta al observar al muchacho delante de ella.
No podía agradarle de la noche a la mañana solo por que el chico había decidido cuidarla en sentido del deber por su padrino. No importaba que él la hubiera ayudado tanto un par de días atrás, el rencor de los años pasados continuaba ahí, y no se iría tan fácilmente.
- Cuando he necesitado ayuda, es realmente agradable saber que cuento con alguien para que me de la mano, pero solo si realmente desea ayudarme. No necesito de tu compasión Malfoy, no importa si es en nombre de Severus. Lo mejor que podrías hacer por mí en lugar de tratar de convertirte en mi guarda espaldas, es dejarme en paz a mí y a mis amigos.
El joven rubio no respondió nada, por lo que la joven simplemente se alejó, dejando detrás al muchacho, el cual simplemente frunció los labios molesto y se retiró de la enfermería, tomando un camino contrario al que había tomado la chica.
- ¡Ah, señorita Granger! Que bueno que la encuentro.
La voz de la profesora McGonagall la detuvo en aquél instante, por lo que la joven sonrió forzadamente.
Las difíciles situaciones que había enfrentado en aquella semana le habían impedido completamente hablar con la profesora de transformaciones a solas, y la única vez que la había visto había sido en la única clase a la que había podido asistir, y no habían abordado ningún tema personal, menos aún con todos los estudiantes ahí presentes.
- Necesito que me acompañe, señorita Granger.
- Pero profesora, necesito…
- Las faltas a sus clases ya han sido… expuestas, a sus profesores, y ellos se encargarán de ponerla al corriente de sus correspondientes asignaturas. No debe preocuparse.
- Oh… de acuerdo.
- Lo importante justo ahora es que me acompañe a la oficina del director.
Hermione sintió como si el suelo bajo sus pies se abriera en aquél instante. No podía creer realmente que tuviera que ir a enfrentar al director después de lo que había ocurrido. Seguramente él trataría de convencerle para que se quitara el anillo alegando que cualquier otra cosa que Severus pudiera sufrir, podría sufrirla también ella.
Sin embargo, ya nada le había ocurrido en los pasados días, lo que le hacía preguntarse si Severus no había sido torturado en aquél tiempo.
Aquella interrogante sin embargo, daba lugar a una nueva, la cual era si cuando Severus volviera a ser torturado como ella antes ya lo había visto, lo que él sufriera volvería a vivirlo ella.
Un escalofrío recorrió su piel ante la mera idea de sentir los golpes del látigo o los horrores de la violación.
- ¿Señorita Granger?
La muchacha levantó la mirada un tanto sorprendida al darse cuenta de que se había perdido en sus propios pensamientos, por lo que sacudió la cabeza un tanto enojada consigo misma y comenzó a caminar en dirección al despacho del director, seguida muy de cerca por la profesora de transformaciones.
Ambas mujeres caminaban en un silencio absoluto. Los ojos de Minerva vagaban de vez en cuando a su alumna y al anillo que ornamentaba su dedo, sin embargo, la joven Gryffindor se negaba rotundamente a observar a su maestra, a sabiendas de lo que podría ocurrir si lo hacía.
- Hermione…
Ante el suave y casi maternal llamado de su profesora, la muchacha no pudo menos que finalmente girarse a mirarla.
- Quiero decirte que… es muy difícil comprender todo lo que Albus me ha contado sobre Severus y tú.
El gesto de desaprobación que cruzó su rostro al nombrar al profesor de pociones no pasó desapercibido por la joven de cabellos castaños, sin embargo, se abstuvo de decir una sola palabra y dejarla terminar.
- No me agrada la idea de que una de mis alumnas más brillantes pueda arruinar su vida con un hombre como… él.
Hermione abrió la boca para rebatir aquellas palabras, sin embargo, el gesto de tristeza y añoranza de su maestra la mantuvo en silencio, preguntándose que estaría pensando.
- Es la segunda vez que una de mis alumnas más brillantes se fija en él, ¿Sabes?
Ella negó con la cabeza, aunque se daba a la idea de que muchas alumnas en el pasado debían de haberse fijado en el adusto profesor de pociones. Tan solo en su casa había a lo menos quince, y todas aquellas que no lo confesaban abiertamente.
- La primera vez fue casi inevitable… es decir, tenían la misma edad…
Los ojos de Hermione se entrecerraron. McGonagall hablaba de la época de estudiante de Snape.
- Pero él nunca se dio por enterado, y ella se terminó casando con alguien más. No sabes el alivio que fue para mí cuando la vi saliendo con alguien que realmente la merecía. Y no con…
- Profesora…
La mujer se giró a mirar a su estudiante, la cual se había detenido algunos pasos atrás. Sus puños estaban apretados y sus ojos reflejaban enojo.
- No quiero faltarle al respeto… pero le agradecería que deje de hablar mal de mi prometido.
Los ojos de McGonagall se desviaron hacia el hermoso anillo, el cual parecía brillar desafiante para que continuase diciendo lo que ella pensaba de Severus Snape.
Sin embargo, Hermione tenía razón. Ella no era nadie para insultar a Severus frente a su propia prometida, y menos aún si dicha prometida era una estudiante, la cual nada tenía que enterarse sobre las opiniones personales de su maestra.
- Tiene usted razón… me disculpo.
Después de aquél pequeño incidente, maestra y alumna llegaron hasta el despacho del director, deteniéndose ante la gárgola que custodiaba la entrada.
- Chocolate amargo.
Una sonrisa se dibujó en los labios de Hermione al escuchar la contraseña, y ambas subieron las escaleras de caracol que se revelaron ante ellas.
Un suave toquito anunció que ambas habían llegado, y la puerta se abrió lentamente, revelando el rostro sonriente de Hagrid.
- Hola Hermy.
La chica sonrió al ver al semi gigante, sin darse cuenta de que aquella era la primera auténtica sonrisa que tocaba su rostro en días.
- Adelante, por favor.
Hermione entró en el despacho del director y se sorprendió mucho al encontrar a varios miembros de la orden del fénix presentes, entre ellos Harry y Ron, los cuales le sonrieron a manera de bienvenida. Su presencia ahí explicaba por que no habían ido a recogerla a la enfermería.
- Bien, creo que ahora que ya estamos todos aquí, podemos comenzar formalmente con esta reunión.
- Sigo sin estar de acuerdo.
Brotó desde algún rincón la voz de Molly Weasley, la cual se mantenía cruzada de brazos y con un gesto de obvia desaprobación hacia lo que fuera que estaba ocurriendo. Sin embargo y conociendo a aquella mujer, Hermione supuso que estaría enfadada de que algún asunto de la orden fuese a ser tratado con ella y sus compañeros presentes.
- Comprendo tu molestia, mi querida Molly, pero creo que es lo mejor que tengamos a estos tres jóvenes al tanto de la situación. Creo que todos los aquí reunidos conocemos sus almas hiperactivas y sus incesantes ganas de ayudar al mundo mágico, por lo cual es mejor tenerlos informados que esperar a que ellos realicen alguna locura al hacer conjeturas propias.
Con aquellas palabras, Harry se hundió en un rincón al recordar lo ocurrido durante su quinto año, y sus ojos buscaron los de Sirius, el cual igualmente se giró a mirarle y le brindó una cálida sonrisa.
El muchacho se ojos verdes respondió a aquél gesto sin poder olvidar el estigma que le había causado su propia estupidez. Recordaba perfectamente como había puesto a sus mejores amigos en un peligro de muerte, e inclusive a su propio padrino.
No quería ni imaginar como habría sido su vida si Dumbledore y Snape no hubieran logrado rescatar a Sirius del velo.
- Bien, creo que lo mejor será iniciar con esto. Hace algún tiempo, Severus me reveló una información que podría ser de carácter vital para los acontecimientos que giran en torno a la vida personal de Voldemort.
Hermione sintió como cada músculo de su cuerpo se tensaba, y sus ojos melados buscaron los esmeraldas de Harry, el cual igualmente se había tensado al escuchar aquellas palabras.
- Aunque la información no es del todo exacta, y teniendo una confirmación bastante dudable. Creemos que Voldemort se ha convertido en padre hace tan solo un par de días.
Hubo algunos sonidos de exclamación de parte de los presentes, Hermione sintió que sus piernas temblaban y su rostro enrojecía con la furia contenida, sin embargo, aquello era una guerra, y por mas que aquello avergonzara a futuro a Severus, estaba consiente de que debía hacerse público.
- ¿Pero como?
- ¿Un hijo?
- ¿Y cuando rayos pensabas contárnoslo??
Las exclamaciones no se hacían esperar, y Dumbledore levantó una mano pidiendo un silencio que tardó algunos segundos en otorgársele. Remus levantó su mano pidiendo hablar y Dumbledore hizo un gesto afirmativo.
- Albus, desde que Severus fue secuestrado, nuestra información sobre los mortífagos ha sido completamente nula, y si este… suceso, ha ocurrido hace solo un par de días, ¿Cómo pudiste enterarte?
- Debido a la valiosa colaboración de la señorita Granger.
Las miradas curiosas recayeron sobre la muchacha, la cual bajó la mirada realmente avergonzada.
Aquél silencio fue interrumpido por un bufido burlón.
- ¿Señorita Granger? ¿Por qué no mejor empiezas a llamarla Señora Snape?
Harry se giró bastante molesto a observar a su padrino, el cual recibió un brusco empujón de parte de Lupin y Tonks, los cuales le observaban reprobatoriamente.
- No puedo llamarla así por que la primera vez que se le llame de esa forma, será cuando haya contraído matrimonio con Severus, un acontecimiento que seguramente nos alegrará a todos, pues veremos todo esto como no mas que una simple pesadilla la cual ya habrá terminado.
- Además, sería una ofensa que la llamen Señora, pues dejaría en ridículo a las verdaderas mujeres que hemos ganado ese título de una manera respetuosa.
- ¡Mamá!
Recriminó Ron al escuchar la obvia ofensa dicha por su madre, la cual mantenía el cuello estirado y los labios fruncidos mientras se cruzaba de brazos desdeñando en dirección contraria a Hermione, la cual elevó una ceja en un gesto bastante parecido al de su pareja.
- Molly por favor…
- No la defiendas Arthur.
- Pero…
- Molly…
La voz suave de Dumbledore detuvo lo que seguramente se convertiría en una discusión, ganándose de nuevo la atención de los presentes.
- Te agradecería que te guardes tus insultos, pues no me agrada que se le falte al respeto a otra persona. Y si no puedes aguantarte las ganas de insultarle, por lo menos procura no hacerlo en mi presencia.
La mujer demostró una verdadera indignación con lo que acababa de escuchar, por lo que emitió un bufido aceptando los términos que Dumbledore le había exigido. El anciano suspiró.
- Remus, volviendo a tu pregunta… Severus ya me había informado sobre la probabilidad de este hecho. Ahora bien, como todos saben, la señorita Granger se encuentra comprometida con Severus, y el anillo que porta contiene un hechizo de permanencia colocado por él mismo, el cual permite al portador saber si la otra persona continúa o no con vida.
Las miradas nuevamente se dirigieron a Hermione, la cual levantó su mano para que todos observasen el anillo en cuestión.
A un lado de sus padres, Fred y George chiflaron audiblemente al observar la costosa joya.
- Hace dos días, Severus sufrió de un ataque, el mismo del cual fue víctima la señorita Granger. Presumiblemente, Voldemort debió castigar a Severus debido a su traición, y el lazo mágico entre ambos provocó que la señorita Granger se enterase de todo, inclusive llegó a tener visiones sobre lo ocurrido.
Las miradas de los tres estudiantes presentes se cruzaron, pero ninguno dijo nada.
- Y entre esas visiones, escuchó a un mortífago el cual anunció que "ya era tiempo", Voldemort pareció enfurecerse al ser interrumpido castigando al traidor, al menos hasta que la señorita Granger logró escuchar algo sobre una mujer y dar a luz. Creo que la conclusión es bastante obvia para cualquiera de nosotros.
Todos guardaron nuevamente silencio, y Hermione soltó el aire que sin darse cuenta había estado reteniendo.
- Por lo tanto, tenemos una nueva cuestión entre manos. No solo tenemos una guerra frente a nosotros, sino que hay un ser completamente inocente y de apenas un par de días de vida al cual debemos rescatar.
- Un momento Dumbledore, espera.
Kingsley se puso de pié en su asiento, y por su rostro podía verse que estaba realmente intrigado por aquél tema.
- Estás intentando decirnos, que Voldemort ha tomado a una esposa y ahora tiene… ¿Una familia?
- Me temo que es así.
- Es imposible imaginarme algo así.
- Lo es para cualquiera de nosotros, sin embargo, esta familia, como tu le llamas, no es otra cosa que la necesidad de Voldemort para que el linaje de Salazar Slythering no se pierda. Esa pequeña criatura no es mas que el fruto de la ambición de un demente por perpetuar su sangre, y puedo asegurarte que no existió siquiera un rastro de cariño en su creación.
Hermione se revolvió incómoda en su asiento, gesto que no pasó desapercibido por Albus, y sin embargo, guardó silencio.
- ¿Entonces que vamos a hacer?
Preguntó Sirius aparentemente irritado al escuchar todo aquello, Dumbledore suspiró.
- Tenemos que salvar a esa criatura.
- ¿Salvarla? ¿Y luego qué?
Albus guardó silencio, y la joven Gryffindor podía comprender por qué. Aquél bebé era hijo no solamente de Voldemort, sino también de Severus.
Algo se retorció en el interior de la muchacha, ya que era la primera vez que pensaba seriamente en aquello. Severus era padre.
No por decisión propia, pero era padre. Un hijo al que seguramente no había visto siquiera una sola vez después del parto, y el cual debía estarlo enloqueciendo al saberlo en las garras de Voldemort. Cuando lo salvaran, aquél pequeño se quedaría con Severus, no había duda de eso.
- Luego tendremos que cuidar de él.
- Severus y yo lo adoptaremos.
Las palabras de Hermione sorprendieron a todos, ganándose nuevamente las miradas atónitas de los presentes. Sirius negó pesadamente con la cabeza.
- Herms… no digas tonterías. ¿Quién querría adoptar al hijo de ese asesino? No se, podríamos mandarlo a un orfanato, o…
- ¡No!
Esta vez fue Harry quien se puso de pié, observando fijamente a su padrino, quien se sorprendió al ver la actitud de su muchacho.
- Así fue como comenzó todo esto, Dumbledore me lo dijo. Voldemort pasó su niñez y gran parte de su adolescencia en un orfanato. Si le hacemos lo mismo a su hijo podría repetirse la historia. No podemos cometer un error como ese.
- Harry, dime una cosa… ¿Podrías tolerar que el hijo adoptivo de tu mejor amiga, fuese en realidad el hijo del monstruo que asesinó a tus padres?
Se hizo un tenso silencio en la habitación, y el muchacho se quedó quieto al escuchar aquella pregunta. Su mirada se encontró con la de Hermione, y para sorpresa de su padrino, una sonrisa abordó los labios del Gryffindor.
- No sería el hijo de Voldemort. Sería hijo de Mione. Además, a los hijos no hay que juzgarlos por lo que han hecho los padres. ¿No lo has dicho tú siempre? Que Snape estaba muy mal por juzgarme a mi por lo errores de mi padre y tuyos… tu estás haciendo exactamente lo mismo.
Un desagradable tono rojizo abordó las mejillas de Sirius al escuchar aquella respuesta tan contundente, por lo que se limitó a aceptar con la cabeza aquella afirmación.
- Bien, creo que por ahora eso será todo lo que veremos en esta reunión.
- Pero profesor Dumbledore…
Hermione se acercó un par de pasos mientras tiraba inconscientemente de su anillo.
- ¿Y Severus? Yo… yo creí que íbamos a discutir sobre la manera en la que vamos a rescatarlo.
Albus contempló a la muchacha, y tras un largo momento le tendió su mano, por lo que ella se acercó hasta tocar los dedos del anciano.
- Me gustaría que me permitieras analizar un poco tu anillo. Te prometo que no desharé los hechizos que Severus ha puesto en él, pero hay un par de cosas de las que debo enterarme.
Era imposible no notar que había evadido su pregunta, sin embargo, aceptó con la cabeza.
Pasaron largos minutos en los que el director se dedicó a recitar hechizos en otras lenguas mientras movía su varita en distintas direcciones, para finalmente sacar uno de sus extraños objetos de plata parecido a una copa bellamente ornamentada.
Dumbledore tocó la copa tres veces con su varita y esta emitió un sonido melodioso, llenándose de un agua completamente cristalina en cuyo fondo se dibujaron las manos de un hombre y de una mujer.
Hermione observaba todo aquél ritual con interés, contemplando como la mano del hombre desaparecía paulatinamente, quedando de ella no más que su sombra. El anillo en los dedos femeninos emitió algunos destellos parecidos al bombeo de un corazón, y con cada latido el agua se sacudía en breves ondas mientras la sombra de la mano del hombre se volvía casi sólida y desaparecía nuevamente.
El director sacudió su varita y todo desapareció.
- Ahora lo comprendo…
- ¿Qué? ¿Qué ha ocurrido?
Preguntó la joven totalmente desorientada hacia aquél extraño ritual. A sus espaldas, Harry se rascó la nuca recordando que a él le había ocurrido lo mismo cuando Dumbledore usó uno de sus objetos de plata con él.
- Tenía el temor de que cada vez que Severus sufriera, tú lo hicieras igualmente. Eso sería algo verdaderamente espantoso para ti, y lamentablemente me habría visto en la necesidad de romper el encantamiento del anillo y librarte de un futuro tan cruel, sin embargo, he descubierto que la conexión entre ambos solo se dará cuando Severus utilice desmesuradamente su magia.
Hermione ladeó el rostro sin comprender aquellas palabras.
- Lo que vivió Severus, fue demasiado, incluso para él.
A sus espaldas, la muchacha sabía que todos se preguntaban que era lo que le había ocurrido al profesor de pociones, sin embargo, Dumbledore no pensaba revelar la realidad, y sabía que la joven frente a él le comprendía perfectamente.
- Su magia se disparó violentamente para protegerlo, para disminuir el dolor tanto como era posible y hacerlo un poco tolerable para él.
Los ojos de Hermione se abrieron con sorpresa al escuchar que el dolor que ambos habían sentido era algo "tolerable" para Severus. No quería ni imaginarse lo mucho que debía de haber sufrido para que aquella terrible tortura fuese considerada de semejante manera.
- Es como los niños que usan su magia aún sin varita, o incluso el caso de Tom, quien tenía bastante desarrollada su magia a una corta edad. Severus usó su magia para salvarse, y aquella manera tan desesperada y un tanto bruta de usarla te llegó a ti por medio del lazo que es el anillo.
- Entonces… mientras se algo "soportable" para él… a mí no me ocurrirá nada.
- Nada en lo absoluto.
Hermione aceptó vagamente con la cabeza, no sabiendo si debía o no demostrar lo aliviada que se sentía al escuchar aquella información.
- Profesor… usted no me ha dicho como vamos a salvar a Severus.
- Señorita Granger…
Ambas manos del anciano se cerraron sobre las manos de la joven, la cual sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas al comprender cual iba a ser la respuesta que iba a recibir.
- Aquellos que se quedan a mitad del camino en una guerra… tienen que ser abandonados. Si se les puede rescatar, será un milagro, pero si no nos es posible… no hay nada que hacer.
La joven retrajo sus manos y las llevó a su pecho, tirando nuevamente del anillo. Le gustase o no, aquello era una guerra, e ir en busca de Severus era una misión suicida.
La muchacha levantó su mirada para encontrarla con la del director e intentó decir algo, sin embargo se detuvo, cayendo en cuenta de algo que ocupó sus pensamientos repentinamente.
- Sus ojos…
- ¿Perdón?
- Sus ojos profesor… la-la profesora Quindi tiene sus ojos…
Dumbledore mostró una evidente sorpresa ante tal afirmación, sin embargo, una sonrisa apareció en sus labios.
- Usted y sus amigos pueden retirarse, señorita Granger. Tiene muchas cosas en las cuales ponerse al corriente.
Hermione pudo reconocer que aquella era la manera de decirle que se retirara y que la conversación había terminado, por lo que soltó sus manos y se puso de pié, marchándose de la oficina seguida por Harry y Ron.
En medio de aquella inmensa oscuridad, Severus movía su cabeza frenéticamente tratando de descubrir que diablos ocurría alrededor suyo.
Hacía algunas horas… o demasiadas, el tiempo comenzaba a distorsionarse para él, la sanadora había ido a verle y curado su herida de la cesárea. Hasta donde había sido capaz de comprender, Voldemort le deseaba en óptimas condiciones lo antes posible.
La razón de aquello era demasiado obvia para Severus, el cual sintió como un escalofrío recorría su espalda.
Se encontraba solo en aquél instante, lo cual era extraño ya que Voldemort le había prometido acompañarle las veinticuatro horas, pero tampoco se quejaba, ya que estaba consiente de que ir y venir de un lado a otro perjudicaría su recuperación, y el Lord no se daría el lujo de perderle tan fácilmente.
- ¡No pienso hacerlo maldita sea!
Una voz femenina a la distancia llamó su atención, por lo que agudizó sus sentidos.
- ¡No soy una maldita elfa doméstica!
- Ha sido una orden del lord y debes de obedecerla.
- ¡NO LO VOY A HACER!!! ¡Y MENOS POR ESE INMUNDO TRAIDOR!!
Aquél volumen le permitió al antiguo profesor de pociones reconocer la voz de Bellatrix aunque no pudiera comprender lo que estaba diciendo. Sin embargo, aquél tono furioso le hablaba de que había sido comisionada a hacer algo por él.
El sentimiento de vacío en su estómago y la dolorosa punzada que este le provocaba le hizo pensar que la habían mandado a alimentarlo.
Sus manos se sacudieron, pero estaba completamente encadenado a la cabecera de la cama, tanto sus muñecas como sus tobillos estaban perfectamente asegurados y tan apretados que estaba seguro que aquello no tardaría en sacarle llagas en la piel.
Una risita socarrona escapó de sus labios al pensar en lo humillante que sería para Bellatrix tener que alimentarlo ella misma.
- ¡Tu! Ven aquí.
- ¿Yo?
- ¿Yo?? ¡Por supuesto que tu, grandísima idiota!!
Severus pudo escuchar una voz femenina bastante familiar y como Bellatrix le ordenaba que hiciera algo por ella, sin embargo, no podía comprender cada una de las palabras.
Escuchó pasos que se acercaban a la habitación acompañados del débil tintineo de objetos metálicos contra otros iguales, seguramente una charola y su contenido encima.
La puerta se abrió lentamente y Severus no se interesó en girarse en la dirección de quien había entrado. Si era Bellatrix, estaba lo suficientemente cuerdo para responderle con lo mejor que tenía, especialmente a sabiendas de que si ella le ponía un dedo encima, Voldemort en persona se encargaría de castigarla.
Una exclamación de sorpresa llegó a sus oídos, y entonces comprendió que no se trataba en lo absoluto de Bellatrix.
Fuera quien fuera se acercó a él y colocó la bandeja a un lado de la cama, sentándose luego a su lado.
Escuchó el sonido de líquido fluyendo, y hasta su olfato llegó el aroma del té. Severus sintió como su mandíbula se aflojaba señal del hambre que le acometía, y muy dentro de él se preguntó cuales serían sus alimentos una vez que se recuperara.
Pudo sentir la taza tocando sus labios y bebió con avidez el líquido caliente que se le ofrecía, el cual le regaló una sensación reconfortante a su entumido cuerpo.
Podía escuchar que algo ocurría, pero no podía precisar que era. La sorpresa inundó su ser cuando sintió unos dedos delineando sus labios, por lo que retiró la cabeza rápidamente.
- ¿Qué diablos haces?
Gruñó el bastante molesto y tratando de moverse, sintiéndose frustrado cuando sus grilletes lo mantuvieron en su lugar.
- No puedes moverte… ¿Cierto?... Ni un poco siquiera.
Severus sintió que la temperatura de su cuerpo bajaba al escuchar aquella voz, la cual pudo reconocer.
- ¿Qué diablos hace usted aquí?
- Tenía planes… planes muy distintos… cuando me obligaron a alimentar a un prisionero me sentí enojada… pero siendo usted, creo que pediré este puesto tan… "humillante" para mi sola.
- ¿Qué estupidez ha cometido? ¿Hace cuanto que está aquí?
- Un par de días.
Snape frunció el ceño, y ella sonrió.
- Aún no he sido marcada, si eso se pregunta. El lord dijo que esperaría un par de días, pues debe atar un par de cabos sueltos sobre mí antes de tomarme bajo su servicio.
- Ha sido usted una verdadera estúpida.
- Yo no lo creo.
Algo tocó los labios de Severus y este los abrió casi sin darse cuenta, sintiendo el sabor dulce de una naranja tocar su paladar, sin embargo, así como llegó, de la misma manera se fue.
- ¿Qué diablos hace, Chang?
Cho sonrió abiertamente y retiró un poco de su cabello, echándolo detrás de su oído.
- Tiene hambre, ¿Cierto?
- Déjese de juegos.
- Si quiere que lo alimente… tendrá que ganárselo. Después de todo, usted es un traidor, y no puede esperar un buen trato.
- Váyase al infierno.
Ella rió sintiéndose superior, amando esa sensación de dominar al hombre que tanto le gustaba, por lo que acercó nuevamente el trozo de naranja a los labios del profesor, el cual se vio en la necesidad de resistir a la desesperante necesidad de alimentarse.
- Podemos hacerlo de otro modo… tarde o temprano tendrá que abrir la boca.
Severus ignoró completamente las palabras de la que fuera alguna vez su estudiante, sin embargo, supo que algo realmente malo iba a ocurrir cuando sintió que ella colocaba las manos a ambos costados de su cuerpo y la cama se hundía con su peso mientras ella se movía hacia delante.
Su aliento cálido sobre su rostro fue la última señal de peligro que Severus pudo detectar.
- No cometa ninguna estupidez.
Cho soltó una risita de autosuficiencia ante aquella amenaza que ella consideraba vacía. ¿Qué daño podía hacerle aquél hombre estando encadenado como se encontraba?
Los labios jóvenes y cremosos de la muchacha encontraron los secos de Severus, el cual trató de moverse sin éxito alguno, sin embargo, aquél suave contacto le trajo el sabor dulce y casi celestial de la fruta que antes había tenido la dicha de alcanzar a probar.
Ella había bañado sus labios con el jugo de la naranja, y dada la obviedad de lo que ella deseaba, Severus no tardó en deducir en donde se encontraba el resto del alimento.
No pudo menos que felicitar mentalmente la astucia de la chica, pues cualquier otra persona en su lugar realmente habría abierto los labios y buscado el premio que se escondía dentro de la boca de la joven, sin embargo, la muchacha no tenía ni idea de con quien se estaba metiendo, pues él no era alguien tan fácil de engañar.
Mantuvo sus labios herméticamente cerrados a pesar de la insistencia de ella por robarle algo mas que un simple contacto forzado, sin embargo, los sentidos del profesor, agudizados debido a la ceguera, alcanzaron a captar el sonido de pasos, acelerando su corazón sin control alguno.
- Chang…
Quiso advertirle y salvarla aunque no se lo mereciera, pero aquella simple palabra fue suficiente para que ella consiguiera su propósito, introduciendo su lengua en la boca del profesor, el cual trataba de advertirle a como diera lugar.
El trozo de naranja entró en su boca como recompensa por parte de ella mientras la joven profundizaba el beso y se erguía un poco entrelazando sus dedos en el cabello del profesor, ajena completamente a sus desesperados intentos por comprender los balbuceos que alcanzaban a escapar de su boca.
La puerta se abrió en aquél instante de golpe y la Ravenclaw saltó asustada alejándose un poco del profesor, sin embargo, al observar de quien se trataba se permitió suspirar con alivio mientras se llevaba una mano al pecho.
- Mi señor, me ha asustado.
Voldemort se quedó en silencio contemplando la escena que había interrumpido, observando luego a la joven.
- ¿Qué se supone que hacías?
Aquél tono de voz totalmente desconocido para Cho le hizo creer que todo se encontraba bien, sin embargo, Severus apretó los puños a sabiendas de lo que vendría a continuación.
- Se que no hay problema en divertirse con los prisioneros mi lord, y dado que Severus es un traidor… no creí que hubiera problema en divertirme un poco.
El señor oscuro esbozó una media sonrisa y entró lentamente en la habitación, cerrando la puerta detrás de si.
- Ya veo… así que… el hombre que te robó una sangre sucia, era ni más ni menos que… tu profesor de pociones, y la sangre sucia era la amiguita de Harry Potter, Granger.
- Así es mi lord.
Los pies descalzos del señor oscuro se movieron lentos casi arrastrándose hasta llegar frente a la joven, a la cual semejante tranquilidad comenzaba a parecerle sospechosa.
Los dedos helados y pálidos de Voldemort se cerraron en sus hombros y sus ojos rojos se posaron en los de la muchacha, la cual comenzó a temblar al darse cuenta de que algo andaba mal.
- Dime querida… ¿Sabes en donde te encuentras?
- E-En su habitación, mi lord…
- Y sabes perfectamente que tengo calabozos, ¿Cierto?
- S-Si, si lo-lo se.
- Y si un prisionero se encuentra en MI habitación, en MI, cama, ¿Eso que te hace pensar?
Los ojos oscuros de la muchacha se abrieron con sorpresa al llegar aquella sencilla y obvia conclusión a la cual no le había prestado atención antes. Observó a su antiguo profesor encadenado a la cama en una manera bastante sugerente, y sus palabras se repitieron en su mente.
- No cometa ninguna estupidez.
Un temblor incontrolable se apoderó de su cuerpo mientras trataba de soltarse del agarre del lord, el cual comenzaba a apretarle hasta causarle daño.
- Que él es… es… suyo.
- Exacto… mío… ¿Y sabes lo que le ocurre a quien se atreve a tocar lo que me pertenece?
La joven tragó saliva.
A espaldas de ellos, Severus bajó el rostro, pues bien habría podido interceder por la vida de la chica, alegando que simplemente era una novata sin experiencia, joven y estúpida encaprichada con un profesor de su escuela.
Pero sabía que aquello no serviría absolutamente de nada.
Sus ojos se cerraron con fuerza cuando la escuchó gritar y como caía al suelo, escuchó como el cuerpo de la muchacha era cruelmente lastimado con el látigo, el cual cortaba el aire con violencia con cada golpe, el cual venía acompañado de los gritos de Cho.
Ella empezó a gritar por clemencia, a suplicar que alguien la ayudase y pidió perdón decenas de veces.
Severus se estremeció cuando sintió algo húmedo y caliente que le golpeaba el rostro, limpiándose inconscientemente los labios con su lengua y degustando el sabor metálico de la sangre.
A pesar de que se había comportado estúpidamente, Severus no sentía ningún placer en saber lo que estaba sufriendo la muchacha, a la cual escuchaba claramente sollozar lastimeramente. Podía imaginarla perfectamente tirada en el suelo escupiendo sangre y llorando con desconsuelo, su cuerpo marcado con los golpes del látigo.
- Dirthysoul.
La puerta se abrió en aquél instante y apareció un mortífago, el cual contempló con interés lo que ocurría en aquél instante.
- Esta… adorable jovencita tenía ganas de divertirse con Gildor, pero creo que eso no será posible, sin embargo, no puedo dejarla con el anhelo de pasar un rato agradable, ¿No lo crees?
- En lo absoluto mi Lord.
Cho intentó levantarse, sin embargo, su cuerpo entero le dolía terriblemente, se llevó una mano al rostro y chilló asustada al encontrarlo lleno de sangre. La piel en su cara le ardía horriblemente debido a un golpe que le había provocado un tajo de lado a lado.
- ¿Qué te pasa, pequeña?
Voldemort se arrodilló y la tomó del cabello, alzándola sin cuidado alguno y ganándose un nuevo gemido de dolor. El lord hizo una mueca de asco.
- Nadie querrá divertirse contigo ahora que has dejado de ser bonita, ¿Cierto encanto?
Con un pase de varita, una máscara blanca con el rostro de una mujer se materializó en el aire, colocándose luego en el rostro de Cho, donde quedó adherida con un hechizo del lord.
- Ahora si. Dirthysoul, hazle un favor a la señorita y llévasela a mis hombres para que se diviertan con ella.
Los ojos del mortífago chispearon ante aquella información y su mirada recorrió lascivamente a la joven, la cual intentaba arrastrarse por el suelo para escapar del castigo.
- Será un placer, mi lord.
Se acercó a grandes zancadas y Chang emitió un grito de horror conforme lo escuchaba acercarse, dejando escapar luego un alarido de agónico dolor cuando la tomaron por el cabello nuevamente y la arrastraron fuera de la habitación.
Severus apretó los ojos mientras escuchaba aquél amargo llanto y como la muchacha caía una y otra vez al suelo incapaz de sostenerse por si misma.
- Eso ha sido divertido…
Susurró Voldemort cuando los sonidos se perdieron en el largo pasillo, para luego observar a Severus.
- Callia ya ha venido a verte, ¿Cierto, Gildor?
No hubo respuesta, por lo que los dedos del lord oscuro recorrieron la piel del abdomen de su presa, descubriendo con agrado que la herida había sanado bastante gracias a los cuidados de su sanadora.
- Bien, eso es bueno…
Con aquellas palabras, los dedos del lord comenzaron a deshacer los botones que mantenían la piel cetrina oculta de su vista, haciendo que el antiguo profesor de pociones ladeara el rostro sin ocultar una mueca de profundo asco.
TBC…
Hola!!
Wow!! Veintitrés páginas!! Creo que me pasé en serio, jajajajaja.
Una pequeña nota. Hay una historia bastante buena por ahí donde Severus queda ciego mientras ejerce su papel de espía, y me gustaría aclarar que mi idea de Severus ciego yo la he traído desde hace varios meses, por lo que no me estoy copiando de ninguna manera de la autora de esa historia. ¿De acuerdo?
¿Qué tal le fue a Cho? Eso y mas se merece por atreverse a besar a mi adorado Severus-sama!!! Aunque bueno, quizás fui un poco cruel, tal vez, quien sabe, ah… no importa.
Un beso y ya nos veremos!!
Lady Grayson
