Disclaimer: Nada ni nadie de la serie o de los comics me pertenece, si lo hiciera, otro gallo cantaría. No saco mayor beneficio que el entretenimiento puro.
Sumario: No se trataba de resolver un problema de física cuántica sino de compartir piso con él. No podía ser muy complicado, ¿verdad?
Perdonar las erratas y zarpas que pueda haber, si los personajes están algo fuera de su hábitat/personalidad habitual…
Advertencias: lenguaje, fobias…
Scarlet
Cuando se trasladó a la "gran ciudad" su primera compañera de piso se burlaba de su acento, de parte de su atuendo y de sus costumbres. Lo aguantó porque necesitaba un techo sobre su cabeza y con el sueldo de la cafetería donde trabaja mientras estudiaba a partes iguales, aquel sitio era el único que podía permitirse.
Pero pronto comenzó a adquirir ciertos rasgos más propios de los que llevaban viviendo en aquel lugar durante años. Pronto comenzó a contestarle con una sonrisa en la cara y la educación impregnada en cada palabra. Su compañera no tardó en comprender que el entretenimiento que había encontrado desde que ella había entrado por la puerta, se había terminado.
Recordaba las ocasiones en las que sus "dotes de pueblerina" les habían salvado a ambas de más de un disgusto, o habían sacado los colores de su compañera en detrimento de una amplia sonrisa por parte de Beth.
Se sentía orgullosa de su pequeño pueblo. De sus amplios prados y sus granjas. De su hospitalidad. De quienes abrían las puertas y la sujetaban cuando veían a una mujer acercarse. Del rubor en las mejillas del chico de turno aventurándose a pedirle un baile en la verbena local. Se sentía orgullosa del trabajo duro realizado sin quejas pero sin dejar ser pisoteado.
Creía que había encontrado el equilibrio perfecto entre la ciudad y su hogar, pero… Beth tragó grueso con la espalda pegada contra la esquina más alejada del servicio mirando el reloj de su muñeca. Él no tardaría en regresar, ya comenzaba a conocer algunas de sus rutinas, y esa hora, era la habitual para que volviera del trabajo que fuera que le permitía pagar el alquiler.
Ahogando un grito logró trepar sobre la taza del baño maniobrando para no meter el pie en el hueco ya que la tapa estaba rota y ninguno de los dos parecía querer dar su brazo a torcer y arreglarlo.
Su mirada azul no se despegaba de la bola negra que se iba acercando hacia ella con rapidez sobre sus ocho patas, girando de forma repentina hacia la ducha antes de pensárselo mejor y dirigirse de nuevo hacia donde ella se encontraba.
- Oh, vamos, vete… No tengo nada para ti.- Dijo con la respiración entrecortada y un grito amenazando con llenar el servicio.
Sí, Beth había dormido noches en el granero de su padre sobre la paja; pero las arañas, seguían siendo su asignatura pendiente.
Pero en su defensa, la araña era enorme, podía verle los pelos y prácticamente los ojos desde donde se encontraba. No era una araña común en una casa, quizá en Australia sí, pero… No… No sabía mucho de ellas excepto que no quería tener una cerca de ella ni en un radio de cinco kilómetros; pero aquella parecía una de esas tarántulas de las que había leído en libros o visto en documentales en la televisión.
La puerta principal se cerró anunciando a Beth que efectivamente su querido y amado compañero de piso había vuelto. El sonido de sus pasos acercándose al servicio daba fe de que era una criatura con ciertos hábitos que no iban a terminar nunca de dinamitarse; como la ducha después del trabajo. En el baño. Donde ella se encontraba en ese instante encaramada a la cisterna, sujetándose a la ventana a su lado viendo a la araña acercarse cada vez más a ella.
Seguro que son como los perros que huelen el miedo, lo sé, pensaba ella.
Y tal y como había previsto la puerta se abrió dejándole ver a un Daryl con una toalla al hombro desabrochándose el cinturón con varios botones de su camisa ya sueltos. El proceso se quedó a la mitad cuando la vio allí.
El hombre lanzó una mirada desde sus pies a su cabeza reparando en la sonrisa nerviosa y obviamente incómoda que ella lucía intentando quitarle hierro al asunto porque SABÍA que él lo usaría en su contra cuando fuera consciente de…
- ¿Qué haces ahí, Scarlet?- Preguntó Daryl dejando la toalla sobre el sumidero.
- Te he dicho un millón de veces que mi nombre es…- Comenzó a decir Beth exasperada sintiendo la bilis subirse por la garganta al ver a la tarántula apoyar una de sus patas sobre la porcelana de la taza.
- No hablaba contigo, Cenicienta.- Dijo él agachándose en el suelo y acercando con calma su mano a la araña, la cual trepó con calma sobre su palma.- Ella es Scarlet.- Comentó sin levantar la mirada del animal sobre cuya espalda rozó la punta de sus dedos dejándola recorrer con calma el interior de su antebrazo.
- ¿Es… es tuya?- Preguntó Beth en un hilo de Beth logrando respirar de nuevo al ver al animal entretenido con otra víctima. Daryl asintió ante su pregunta.
Tenía una araña. Una maldita araña como mascota. No. Definitivamente tenía que largarse de aquel piso cuanto antes.
- ¿Y por qué diablos estaba en el maldito baño?- Le espetó ella llena de una furia repentina. Iba a tener que largarse de ese piso. Mudarse otra vez. Por culpa de ese energúmeno y su maldito bicho octúpedo.
- Es la parte más fresca del piso y no sé por qué le gusta esconderse en las toallas.- Beth palideció ante sus palabras escurriéndose contra la pared hasta quedar sentada en la taza, Daryl de pie frente a ella con la araña ya en su hombro.- Un momento…- Y ahí estaba. Esa medio mueca sonriente que tanto había empezado a odiar ella.- ¿Te da miedo?- Preguntó dando un paso hacia cogiendo a la araña en su mano y acercándola hacia su cara.
- ¡APÁRTALA DE MÍ!
El grito no hizo más que arrancar una carcajada a Daryl viéndola huir por su flanco derecho como alma que llevaba el diablo, encerrándose en su habitación.
Cogió la silla vacía que tenía y con ella atrancó el pomo de su puerta alejándose hasta que sus piernas golpearon la cama y cayó en ella. Sus ojos no se separaron un ápice de la puerta.
No tardó en escuchar a Daryl al otro lado de la misma.
- No es peligrosa.- Le escuchó decir.- A menos que tenga hambre claro está…- Beth encogió sus piernas contra su pecho hundiendo su rostro contra ellas.
- Lárgate vamos.- Le gruñó ella, el sonido opacado por su cuerpo encogido.
- ¿Sabes? Estas puertas nunca se ajustaron bien en el hueco…- Beth levantó su rostro lo suficiente para fijar su mirada en el hueco bajo su puerta. Podía ver la sombra de sus botas al otro lado.- Y aunque no lo parezca Scarlet es capaz de colarse en los sitios más inimaginables…
En cuanto pudiera, iba a salir del piso, iba a ir al supermercado y a comprar el bote de insecticida más grande que pudieran tener, una escoba para su cuarto y cualquier repelente que hubiera.
- Me vuelvo a la ducha. Si necesitas algo, seguro que Scarlet te puede echar una mano.
El cojín de flores que en ocasiones usaba de almohada aterrizó contra la puerta.
- ¡Lárgate!- Tras unos segundos añadió.- ¡Y llévatela!
Una razón más para que Beth quiera abandonar ese piso. Una vez más Daryl disfrutando de su incomodidad.
Gracias por vuestros comentarios, sugerencias, ideas, peticiones.
Gracias Mell por tu review ;)
