Lo he dicho. No sé cómo ni por qué, pero lo he dicho. Peeta me mira atónito, sin creer que soy la misma Katniss que hace menos de dos semanas quería clavarle una flecha en la yugular.
- ¿Te parece mala idea?- carraspeo, actuando como si no acabara de decir que lo necesito.- Bueno…, podría entenderlo…, después de lo de…
- No, no es mala idea.- me corta rápidamente.- Lo que ocurre es que no me lo esperaba.- se ríe, disimulando todas las emociones que agolpan su interior.- Claro que puedes quedarte aquí, siempre que quieras.
Aún no me creo que haya sido capaz de decir lo que he dicho, pero intento seguir su táctica: la naturalidad. Cuando dormíamos en los Juegos, surgió de manera natural, no era incómodo (por lo menos para mí), y me gustaría mantener esa atmósfera durante el resto de la velada.
- Mañana tendremos que levantarnos temprano para seguir con el cuadro.- apunta, mientras ambos recogemos la mesa.
- Yo no tenía intención de trasnochar, pensaba irme a dormir después de cenar.
- Pues ya somos dos.- me sonríe, pero sé que por su mente pasan más cosas, ajenas a una sonrisa.- ¿Quieres que te preste algo de ropa para dormir? Aún tengo algunas cosas de mi madre. No creo que estés muy cómoda con la ropa de caza.
- Vale.- acepto, aunque soy capaz de dormir con cualquier cosa.
- ¿Quieres darte una ducha?
- Vale.- ¿qué se supone que tengo que decir?
- Sube entonces. Las toallas están en el armario del pasillo. Yo iré fregando todo esto.- antes de que pueda objetar, ya se ha subido las mangas de su camiseta y ha abierto el grifo.
- Entendido.- susurro, aunque cojo algunos pétalos de prímulas antes de subir.
Esta noche va a ser extraña, lo presiento, pero más inusual es la sensación de estar usando el baño de Peeta. Parecerá una nimiedad, pero es la primera vez que paso tanto tiempo en su casa. Durante los Juegos, además de que teníamos habitaciones separadas, la convivencia también incluía a Haymitch y a Effie, por lo que nunca he estado "conviviendo" junto a él a solas. Es una sensación rara, entre hogareña e incómoda, como si ese fuera mi sitio (vivir sola creo que es una de las causas por las que no logro recuperar el ánimo) pero al mismo tiempo me sintiera como una intrusa. Observo todos los elementos del baño sin disimular y me doy cuenta de que, aunque seamos cercanos, hay muchas cosas que desconozco sobre su persona. Deberíamos comunicarnos más.
Espero a que la bañera se llene casi hasta el tope y echo algunos pétalos en ella. El agua está templada, así que cuando me desnudo y me introduzco en ella, no siento mucho contraste. Sé que Peeta no va a molestarme (a lo mejor se queda en la planta de abajo para que no piense que me está espiando), así que me tomo mi tiempo y disfruto del baño. Las prímulas, caracterizadas por un olor algo dulzón pero no demasiado intenso, adquieren un brillo más intenso al tener contacto con el agua y su aroma inunda la estancia. Jugueteo con los pétalos entre mis dedos mojados y recuerdo las veces en la que Prim y yo nos bañábamos juntas cuando éramos pequeñas. Nuestra bañera no era muy grande y nos pasábamos allí horas, ajenas a todos los problemas contra los que tendríamos que luchar cuando creciéramos. Dejándome llevar por esos recuerdos felices, miro al techo e intento comunicarle a Prim (aunque probablemente no exista el más allá y no pueda oírme) que estaré bien. ¿Cómo no iba a estarlo? Tengo un ángel de la guarda.
Como había predicho, Peeta no aparece en la planta superior hasta que oye que abro la puerta del baño y le pregunto qué ropa ha encontrado.
- Es un viejo pijama de mi madre, pero está limpio.- habla desde el otro lado de la puerta. Estoy en toalla y no pienso dejar que entre.- ¿Quieres que..?
- Trae.- abro la puerta en milésimas de segundo y se lo arrebato antes de que pueda parpadear, volviendo a cerrar la puerta en un suspiro. No quiero crear más situaciones incómodas.
Oigo sus pasos alejarse entre risas y me visto con él. Me viene bastante grande, cosa que agradezco, ya que disimula bastante bien mis senos descubiertos (no pienso dormir con sujetador, necesito lavarlo tras un agitado día de caza). Es como de seda, no entiendo demasiado de tejidos, y tiene un tono grisáceo que se asemeja bastante al de mis ojos. Con el puesto me encuentro aún, si cabe, menos femenina que de costumbre. Sin embargo, al darme cuenta que es de la madre de Peeta, me pregunto qué habrá sido de su familia. Su hijo sobrevivió, pero tras la primera cosecha, desconozco qué ha ocurrido entre ellos.
Cuando salgo, Peeta ya está metido en la cama, en una actitud bastante despreocupada (creo que quiere proyectar la imagen de que no está para nada nervioso ni incómodo), y me sorprendo al ver lo enorme que es su cama, a pesar de que siempre duerme solo.
- Tu cama es enorme.- suelto sin pensar, secándome el pelo con una toalla.
- Tú estás muy rara con ese pijama.- se ríe, quizá porque le recuerda a su madre.
- La verdad es que no es mi mejor modelito.- intento bromear. Siempre he sido una chica demasiado seria, incapaz de relajarse, y había olvidado por completo lo ingeniosa que era.
Da igual las bromas que hagamos, va a seguir siendo incómodo. Conforme avanzo hacia la cama, noto cómo todo el ambiente se tensa y Peeta hace como que lee un libro. Respira hondo Katniss, solo es una cama. Carraspeo, pero me meto en ella sin intercambiar ningún tipo de contacto visual. Extiendo mi pelo húmedo sobre la almohada y trago saliva, nerviosa, cuando percibo el inconfundible olor a eneldo que desprende la ropa de cama.
- Bue…buenas noches.- tartamudeo, cubriéndome con la sábana hasta la altura de la barbilla, a pesar de que hace bastante calor para ser primavera.
- Buenas noches Katniss.- me sonríe. Me sorprende no ver ninguna segunda intención en sus ojos.- No te tapes como si fuera un violador en serie.- se ríe, haciéndome sonrojar violentamente.
- Imbécil.- me aguanto la risa. Cállate y duérmete, Katniss.- Buenas noches.- repito, dándole la espalda.
- Descansa.- responde, antes de dejar el libro sobre la mesita de noche y apagar las luces. No puedo verle, pero creo que está boca arriba.
La oscuridad de la noche nos envuelve y solo soy capaz de oír los chirriantes sonidos de los insectos que estarán revoloteando fuera de la vivienda. Tengo mucho sueño, pero no consigo dormirme. Doy tantas vueltas, nerviosa por estar en la misma cama que Peeta, que él termina por sonreír y romper el silencio:
- Deja de moverte.- se ríe, pero me doy cuenta de que no ha cerrado los ojos, sigue en la misma posición, con la mirada perdida en el techo. Puede negarlo las veces que quiera, pero él también está nervioso.
- No puedo dormir.- ¿qué haces Katniss? Déjate de cháchara y duérmete. Recuerda que no quieres situaciones incómodas.
- ¿Te preocupa algo?- susurra, pero nuestros cuerpos siguen estando a una distancia bastante considerable y no nos miramos.
- No.
- Pues cierra los ojos e intenta dormir.- añade con dulzura, aunque él tampoco pueda conciliar el sueño.
Sigo su consejo y vuelvo a darle la espalda. Cierro los ojos con fuerza e intento pensar en cosas que me tranquilicen y que me ayuden a dormir. Él está quieto, no se mueve en ningún momento, pero noto la incomodidad que desprende su cuerpo. Quiero hablar, recuperar el tiempo perdido, abrazarme contra su pecho, pero me da vergüenza. Espero a que él diga algo, a que rompa el hielo (es evidente que estoy despierta), pero al cabo de varios minutos, se mueve y también me da la espalda. Nos quedamos así, espalda contra espalda, tan lejos el uno del otro que puedo sentir la brisa nocturna circular por el hueco vacío de la cama, y ninguno pronuncia ni una sola palabra.
