Okay, después de tres meses… aquí está el siguiente capítulo de VDP y de nuevo lamento mucho la espera, ya saben que mi vida es muy complicada últimamente. Tuve semana de evaluaciones en la universidad y aún tengo pendiente hacer un proyecto, pero pause todo para poder terminar este capítulo y traérselos antes de que acabara el día.
Ya es de noche, estoy cansada y mis ojos ya no funcionan bien a esta hora, así que si notan algún error discúlpenme, recién escribí la última escena e hice el intento por corregir errores. ¡Ni siquiera había contemplado el nombre del capítulo! Así que también disculpen el nombre ridículo que le pondré.
Pero en fin… Disfrútenlo.
CAPITULO 53: La Verdad y el Final
—Ella debería retirarse—Señaló Astrid a Alina con seriedad acabando por completo con el ambiente relajado.
—Lo sé—Suspiró rendida Celeste y después recobró la compostura—, pero después de que escuchen lo que tiene que decir, querrán que se quede—Añadió segura.
— ¿Qué cosa?—Quiso saber Hipo curioso, hablando por todos los presentes.
La castaña notó como la mirada de todos estaban sobre ella y su hermana, incluso podía jurar que parecían inclinarse hacia ellas para estar más cerca y así escuchar mejor lo que fueran a decir. Tragó con fuerza ante esto, apartando la mirada y pensando en las palabras exactas que debería usar, pero antes de que pudiera pronunciar la primera de estas, alguien más habló.
—Algo que les será útil para enfrentarse a Ash—Fue Alina quien, por primera vez, alzó su voz—. Es sobre los Darveks.
La mirada de todos se dirigió ahora al joven Jefe que, tras pensarlo por unos segundos dio su siguiente orden.
—Al Gran Salón—Dijo con firmeza—, hablaremos ahí.
.
.
.
Se encontraban todos sentados alrededor de la mesa redonda con el crepitante fuego en el centro iluminando todo el lugar y proyectando sus alargadas sombras en las paredes.
El silencio abundaba entre ellos mientras se miraban unos a otros a espera de que alguno decidiera hablar.
—Y bien…—Carraspeó Dagur harto de la incómoda situación—. ¿Quiénes son los Darveks y cómo nos pueden ayudar?
Todas las miradas giraron hacia el pelirrojo que se erguía sobre su asiento, relajado y sin preocupaciones.
—Los Darveks son una tribu de dementes cuyo líder era aún más demente—Fue Celeste quien respondió desde el otro lado de la mesa—. Su plan básicamente consistía en ser reconocido como el mejor y más temido vikingo que se haya visto en estas tierras, aunque obviamente no lo consiguió.
Todos coincidieron asintiendo en silencio ante sus palabras, todos menos…
—Sus planes iban más allá de eso—Murmuró una voz gruñona a su lado atrayendo la atención del resto.
Alina, que se mantenía ajena a la conversación, permaneció de brazos cruzados al mismo tiempo en que giraba su rostro para evitar verlos a los ojos.
— ¿Qué quieres decir?—Logró preguntar Hipo sacando a relucir esa curiosidad que tanto lo caracteriza.
La menor gruñó por lo bajo regañándose mentalmente por hablar. A pesar de saber la verdad sobre Khanor, él había sido su padre, o al menos el único ejemplo de padre que tuvo en su vida. Y sí, debía admitir que nunca fue bueno en ese trabajo; le mintió todos esos años y la convenció de odiar a quien realmente era su familia. Pero a pesar de todo eso, también tuvieron buenos momentos; después de todo Khanor pudo haberla matado y en lugar de eso decidió criarla como su hija, el porqué era algo que desconocía y una pregunta que se repetía en su mente a diario desde que supo la verdad tras su pasado.
Ante la vista de todos Khanor pudo lucir como un ser cruel y despreciable, pero con ella fue diferente; ¿cruel? Tal vez, ¿despreciable? Sin duda no.
—Khanor quería el poder para protegerse—Explicó aunque una parte de ella le gritara que debía mantenerse callada—. Nunca me dijo de qué o de quién—Añadió cuando notó la pregunta en la mirada de todos—, pero estaba tan obsesionado que bastaba con verlo para saber que había algo que lo asustaba.
— ¿Estás bromeando?—Se quejó Patán cruzado de brazos—. ¿En serio quieres que creamos que era un buen sujeto y que todo lo que hizo estaba justificado?
—En ningún momento he dicho eso—Se defendió la castaña—. No era una buena persona, nunca lo fue; pero como todos, tenía sus razones para hacer las cosas… y claro, eso no lo justifica. Aunque su intención hubiera sido buena, el camino que tomó fue el incorrecto.
— ¿Entonces por qué lo defendías tanto y tratabas de vengarlo?—Fue ahora Patapez quien, curioso, se unió a la discusión.
—Porque era mi padre, o eso creí—Suspiró—. No me importaba si era bueno o malo, de hecho nunca me detuve a analizarlo—Confesó con lamentación—. Pero ahora que sé la verdad me he dado cuenta de muchas cosas; y aunque una parte de mi aún le guarda cariño, la otra les agradece que le hayan dado su merecido.
— ¿Entonces ya no quieres vengarte?—Curioseó Brutilda con un extraño y sospechoso resplandor en sus ojos.
—No—Respondió a secas y el brillo en los ojos de la chica se extinguió al igual que su interés por el resto de la conversación—. Es por eso que voy a ayudarlos… y los Darveks también lo harán.
—Sigo sin entender a qué te refieres con eso—Confesó Hipo rascando su nuca avergonzado y dudoso en si realmente se podía confiar en ella.
—Aun soy su líder—Les recordó irguiéndose en su lugar—, y entre nuestros planes ya estaba previsto traicionar a Ash.
— ¿Bromeas? —Cuestionó incrédulo Hipo enarcando una ceja en su dirección.
La castaña negó rápidamente a la par en que una sonrisa triunfal aparecía poco a poco en su rostro.
—Solo nos unimos a él porque compartíamos un mismo objetivo—Confesó con renovado autocontrol; ante la mirada de todos volvía a ser la chica que conocieron meses atrás, sin temor a nada y dispuesta a tomar cualquier tipo de riesgos—. Ambos teníamos cosas que el otro necesitaba.
— ¿De qué hablas?—Fue Celeste quien preguntó esta vez, algo en su interior le gritaba que tuviera cuidado pues la respuesta podrían no ser agradable.
—No teníamos oportunidad contra ustedes, si Khanor no pudo lograrlo teniendo a su ejército Darvek y un inmenso dragón, nada aseguraba que yo lo lograría—Reveló con algo de intranquilidad—. Además, después de que vencieron a Drago se hicieron de una muy buena fama; todos les tienen cierto recelo y nadie en su sano juicio se atrevería a ir contra ustedes.
—Nadie excepto Ash—Comprendió Astrid con la mirada perdida en las llamas crepitantes frente a ella.
Un suspiro rendido escapó de los labios de Alina que se dejó caer contra el respaldo de su silla.
—Mismo objetivo, misma demencia—Sentenció y su mirada viajó por todo el lugar, exceptuando los rostros de los demás—. Nos ayudamos mutuamente, pero estoy segura de que así como yo planeaba traicionarlo, él también había ideado un plan similar—Dijo entonces controlando sus emociones y fijando sus ojos en los del Jefe de Berk—. Y seguramente ahora que estoy aquí ha convencido a los Darveks de seguir ayudándolo, pero eso cambiará en cuanto me vean; su lealtad sigue estando conmigo.
Eso último, aunque fuera dicho con seguridad, no logró convencer a los oyentes. Pero, si en dado caso tuviera razón, nada aseguraba que fuera una idea.
— ¿Estás segura de eso?—Cuestionó Celeste, incluso ella había comenzado a dudar.
—Completamente—Asintió su hermana con velocidad—, si algo los caracteriza es que son muy leales y no son tan malos en realidad. Aquí entre nos, la única razón por la que seguían a Khanor es porque le temían—Susurró esto último como si de un secreto se tratara, poco a poco su mirada comenzó a mostrarse lúgubre—. Él impuso su autoridad a base de amenazas y promesas falsas, la tribu no tenía otra opción más que obedecer. De alguna forma ellos me temen por ser su hija, pero también me respetan por mis propios méritos.
—Y aun así te siguieron en tu alocado deseo de venganza—Gruñó Patán de brazos cruzados varios lugares lejos de ella.
—Qué puedo decir—Exclamó encogiéndose de hombros, fingiendo despreocupación—, son fáciles de manipular.
Justo como lo planeaba, su comentario molestó al joven, provocando que un nuevo gruñido saliera de su garganta seguido por palabras que no logró escuchar con claridad.
—A ver si entendí—Interrumpió Dagur aplacando la tensión que comenzaba a hacerse notar—. Ustedes dos son hermanas, pero fueron separadas cuando eran niñas, tú viviste con tu familia—Señaló a Celeste—, y tú fuiste criada por el tipo malo que las separó—Se dirigió a Alina—. Después ella mató a quien creías tu padre y decidiste vengarte sin saber que en realidad era tu hermana. Pero ahora lo sabes y has comenzado a aceptarla, dejando atrás tu deseo vengativo.
Su inesperado y rápido resumen tomó a todos por sorpresa, no solo por el hecho de que estuviera fuera de la conversación que mantenían en ese momento, sino porque era tan preciso y claro a pesar de que no habían dado muchos detalles sobre los acontecimientos y relaciones personales dentro del conflicto.
Y fue debido a eso que nadie dijo nada, porque en realidad no sabían qué decir.
— ¿Acaso esto no les suena familiar?—Insistió dejando a relucir su propia sorpresa al ver que era el único en notar lo que sea que, según él, estaba ocurriendo—. ¡Es como una mala broma!—Exclamó levantándose de un salto y girándose hacia Heather que se mantenía sentada a su lado—. Vamos, hermana, tú si entiendes lo que quiero decir, ¿verdad?
La azabache reflexionó dubitativa sus palabras con el ceño fruncido y la mano en la barbilla. Le tomó varios segundos comprender a lo que su hermano se refería.
— ¡Por los dioses, tienes razón!—Gritó ahora ella con ojos vivaces y una clara sonrisa en el rostro—. Es una extraña coincidencia, básicamente es lo mismo que nos ocurrió a nosotros.
Ese último comentario bastó para que el resto también entendiera qué era lo que ocurría. Poco a poco los rostros de todos se iluminaron al ver que la respuesta era tan clara y al mismo tiempo, la sorpresa por no haber notado las semejanzas se hizo presente en sus miradas.
—Es como si alguien inconscientemente hubiera escrito su historia tomándolos como base a ustedes—Se apresuró a decir Brutacio saltando sobre la mesa provocando exclamaciones de molestia en todos—… o tal vez fue al revés—Murmuró comenzando a caminar pensativo por toda la superficie de madera—. ¡Ustedes cuatro tienen muchas cosas en común! ¡Tal vez incluso sean parientes lejanos!
Los dos pares de hermanos se lanzaron miradas confundidas, nerviosas y un tanto asqueadas por las locas ideas que comenzaba a mencionar el gemelo. Las frases «separados al nacer» «mundos paralelos» y «brujería» fueron pronunciados en varias ocasiones.
—Está bien, está bien, ¡ya basta!—Intervino velozmente Hipo levantándose de su asiento para alcanzar al rubio y sujetarlo de la camisa—. Vuelve a tu silla, Brutacio—Ordenó dándole un jalón a su ropa para obligarlo a bajar.
Desanimado y con la mirada baja murmuró un «nadie comprende al detective Torton» y obedeció las exigencias de su jefe, regresando a su lugar junto a su hermana que ya lo esperaba con un fuerte golpe en la cabeza.
—Bien, ¿en qué estábamos?—Continuó el castaño una vez recuperado el control—. Alina—La llamó dubitativo y la nombrada, temerosa, alzó la mirada para encararlo—, antes dijiste que ambos tenían cosas que el otro necesitaba; ya sabemos lo que tú obtuviste pero, ¿qué fue lo que él consiguió?
Esa era la pregunta a la que más le temía, si acaso existía una mínima posibilidad de que el Jefe de Berk y su gente confiaran en ella, se extinguiría en cuanto les dijera la verdad y entonces lo poco que había conseguido en esos días le sería arrebatado, tal y como ocurría siempre.
—Alina…—Insistió esta vez Celeste, preocupada por el silencio de su hermana y el temor que demostraban sus ojos vacilantes—, ¿qué es lo que no nos has dicho?
¿Ella la odiaría? ¿O permanecería a su lado como lo prometió al revelarle la verdad? Nuevamente tenía una familia, pequeña, pero real y por una mala decisión estaba a punto de perderla… aunque, de no ser por esa decisión, no la habría conseguido en primer lugar, ¿o sí?
— ¿Qué le diste?—Volvió a preguntar Hipo, esta vez con desesperación.
Su silencio no solucionaría nada, tarde o temprano se enterarían y, quizá, la mejor forma de ganar su confianza fuera ser ella quien se los dijera; así podría demostrar que realmente estaba de su lado, aunque quizá ellos no lo vieran así.
¡Pero al demonio con eso!, ya no había vuelta atrás.
—Lo necesario para formar su propio ejército de bestias—Dijo al fin en una exhalación rápida, recordando las propias palabras de Ash cuando le aclaró sus exigencias en el pasado.
Tras su respuesta todos guardaron silencio, confundidos y sorprendidos por su revelación.
— ¿De qué estás hablando?—Fue Astrid quien decidió hablar por todos.
—Le entregué la Gema Dragón*—Aclaró tratando de sonar lo más segura posible para no denotar el miedo que la consumía por dentro.
—No, eso es imposible—Se apresuró a decir Celeste con los nervios a flor de piel—. Esa estúpida gema fue destruida hace años—Recordó pasando saliva con dificultad al pensar en todos los problemas que ese objeto les dio.
—Tu gema sí—Dijo entonces la menor tamborileando en la mesa con sus dedos a causa de sus propios nervios—, pero yo encontré otra poco después.
La sorpresa en las miradas de todos aumentó y con ello la inquietud y el silencio se volvieron más notorios.
—La razón por la cual no estuve presente durante su conflicto con Khanor fue porque él me envió lejos a buscar otra gema—Comenzó a relatar recobrando poco a poco su autocontrol—. Más que la gema, buscar a un Fundidor*—Se corrigió—, él estaba seguro de que aun existían algunos y por alguna razón también creía que yo podría encontrarlo.
—Pero nosotros encontramos uno primero—Recordó Patapez comprendiendo poco a poco la situación.
—Sí y entonces Khanor se apoderó de él—Continuó ella, su mirada oscureciéndose tras los recuerdos que se agrupaban en su mente—. Yo no sabía lo que estaba ocurriendo hasta que volví a la Isla Darvek y me enteré de que él había muerto tras ser vencido por ustedes—Dejó caer su espalda contra la silla de madera llevándose una mano al rostro para cubrir sus ojos cansados—. Lo que nadie sabía es que, durante mi viaje, encontré un viejo nido de Fundidores, por el aspecto del lugar les puedo asegurar que no había sido habitado en décadas. No había ni un solo dragón—Explicó pausadamente irguiéndose poco después para encararlos cuando revelara lo siguiente—, solo había huesos… y una polvorienta gema.
—Imposible—Susurró Celeste llevándose ambas manos a los labios, bloqueando cualquier intento por hablar nuevamente.
Todos esos años en los que su familia arriesgó su vida por la gema que podía controlar a los dragones, todo el daño y dolor que esa roca le provocó, todos esos amargos recuerdos volvieron de golpe uno tras otro a su mente reviviendo cada emoción sentida en el pasado.
Era como volver atrás, justo al inicio, para ver como la historia se repetía de nuevo.
—Todo este tiempo existió otra—Musitó aun sin poder creerlo apartando sus manos y dejándolas caer sobre la mesa convertidas en puños—. Y tú…—Alzó su mirada lentamente hacia su hermana—, ¿se la diste a Ash?—Cuestionó con dolor aun sabiendo la respuesta, sentía fríos cuchillos atravesando su pecho.
—No planeaba dejársela—Trató de defenderse, sintiéndose culpable por el dolor de su hermana, un sentimiento nuevo y confuso para ella—. Se los dije, tarde o temprano íbamos a traicionarlo—Repitió tratando de que su voz sonara segura—, en cuanto obtuviera lo que quería se la iba a quitar y me desharía de ella.
— ¿Cómo podemos estar seguros de eso?—Interrogó Hipo con voz gruesa y fría, en su mirada podía notarse la ira burbujeante que este sentía en su interior.
—Porque ese tipo de poder no deberían tenerlo los humanos—Respondió cortante, había llegado a un punto en el que no le importaba si creían en sus palabras—. Además, no quiero una estúpida piedra de fantasía pegada a mi espalda como un blanco de tiro.
—Si realmente piensas eso, ¿entonces por qué se la diste?—Insistió el castaño cada vez más furioso levantándose de golpe con las manos apoyadas sobre la mesa—. ¿Acaso no sabes lo peligrosa que es esa cosa para los dragones?
—Sí lo sé—Se defendió poniéndose igualmente de pie—, estaba dispuesta a correr el riesgo; fue un error, lo sé y lo siento—Dijo al fin liberando en esas pocas palabras todas las emociones que había estado conteniendo en su interior—. Pero si no estuviera arrepentida, si no estuviera decidida a ayudarlos, no les estaría diciendo todo esto.
—Tiene un buen punto—Comentó en voz baja Heather atrayendo la atención del castaño—. ¿Qué? ¡Es la verdad!—Se defendió al sentir las miradas acusadoras sobre ella—. Vamos, no es la primer persona en dejarse llevar y cometer un error—Añadió regalándole una mirada comprensiva a la chica que nuevamente se encogía en su asiento.
— ¿Realmente pensabas deshacerte de ella?—Quiso saber Celeste girándose para encarar a su hermana.
Necesitaba algo en que creer, algo que le devolviera la confianza en su hermana y que le dijera que no se había equivocado al defenderla en el pasado.
—Por supuesto que sí—Insistió haciendo lo posible por no bajar la mirada—. Ya se los dije, no deseo conservarla pero tampoco pienso dejársela a él.
La mirada de Celeste permaneció fija en ella, examinándola con cuidado, pendiente de cada movimiento o reacción que pudiera tener. Era como si tratara de ver a través de ella para saber qué tan ciertas eran sus palabras. Y por un momento, temió no ser lo suficiente y que la rechazara.
—Le creo—Alzó la voz la castaña teniendo la atención de todos puesta en ellas.
— ¿Me crees?—Susurró incrédula.
— ¿Le crees?—Repitieron los demás igualmente sorprendidos.
Celeste permaneció inmóvil y con los ojos fijos en el rostro de la menor. Estaba molesta por su secreto, pero no podía culparla, hasta hace poco Alina la había odiado y deseado acabar con ella sin saber que en realidad eran hermanas. Así como para los demás era difícil confiar en su hermana, para Alina también era difícil confiar y sabía que era por eso, y quizá también por miedo, que había permanecido en silencio. Y debió haber sido realmente muy valiente para arriesgarse a decirles la verdad aun sabiendo que existía la posibilidad de que incluso ella dejara de creerle.
—No tengo razones para no hacerlo—Confesó entonces, sonriéndole cálidamente y sujetando su mano fría que descansaba sobre la mesa—, es decir, las hay—Corrigió y después giró su rostro para observar a los demás—, pero no me importan. Como dijo Heather, todos hemos cometido errores, lo importante es admitirlo y tratar de arreglarlo.
Aunque odiaran admitirlo, Celeste tenía razón.
—Además—Continuó con mayor seguridad—, ahora que sabemos esto, tenemos una mejor idea de lo que enfrentamos.
—En eso tiene razón, Hipo—Concordó Astrid apoyando su mano en el hombro tenso del castaño, obligándolo con un leve empujón a sentarse nuevamente en su silla—. Tenemos mayores posibilidades de ganar.
Hipo gruñó por lo bajo, rendido ante la situación. Dejó escapar un suspiro y llevó ambas manos a su rostro, frotando sus ojos y frente con insistencia en busca de aclarar su mente y sus ideas. Una parte de él seguía molesto, pero la otra le insistía en que lo que decían era verdad.
Su padre siempre se lo dijo, lo mejor para un jefe es pensar con la mente fría y no dejarse llevar por las emociones porque pueden nublar tu juicio.
—Está bien—Murmuró, su voz siendo ahogada por sus manos poco antes de apartarlas para alzar la mirada y encarar a la responsable de todos sus pensamientos revueltos—. ¿Qué más sabes de los planes de Ash?
.
.
.
Después de la reunión que habían tenido días atrás, Hipo y los demás trabajaron arduamente en mejorar el plan que ya habían diseñado en base a la nueva información que obtuvieron de Alina y con ello la seguridad de una victoria era más clara en sus mentes. Por otro lado, el resto de la ayuda continuaba sin aparecer pero sabían que lo harían pronto, pues esa misma mañana, con el frio viento invernal llegó un Terrible Terror cuyo mensaje logró avivar sus esperanzas y fortalezas.
En respuesta, y sabiendo que el tiempo era limitado, Hipo devolvió al pequeño dragón con una respuesta en la cual explicaba a detalle el plan de acción, todo escrito con un código que sabía que solo sus amigos podrían descifrar.
Al medio día los jinetes exploradores volvieron a la isla anunciando que el enemigo se aproximaba por la ruta ya conocida, estando muy cerca de la Isla Dragón y, por ende, a pocas horas de llegar a Berk.
Fue cuestión de tiempo para que la isla entera estuviera en movimiento.
Los dragones volaban por todos lados y los vikingos corrían por las calles de la aldea cargando con provisiones y armas. El viento olía a polvo y metal; y por todo el lugar resonaba el eco de las espadas siendo afiladas, siendo opacado únicamente por los gritos y gruñidos de la multitud.
Las ordenes habían sido claras, todos aquellos que no pudieran luchar, tanto vikingos como dragones, serían resguardados en los hangares y las cuevas al otro lado de la isla donde estaría todo listo para evacuar en caso de ser necesario.
Las flotas Hooligan y Berserker ya se encontraban en posición alrededor del enorme montículo de roca mojada al que llamaban hogar y una colorida nube de dragones revoloteaba en el cielo que poco a poco comenzaba a tornarse rojizo por el atardecer.
En cuestión de minutos ya todo estaba listo, la isla se sumió en la quietud y el ruido fue reemplazado por un profundo silencio. Los Jinetes se encontraban alineados justo frente a la neblina que dividía el espacio entre Berk y la Isla Dragón, misma que había servido como protección durante todos esos meses. A sus espaldas, la mitad de sus flotas y dragones esperaban pacientes las indicaciones de sus líderes, todos listos para entregarlo todo en la batalla.
Hipo observó con detenimiento a cada uno de sus compañeros, regalándole una rápida sonrisa a Astrid quien permanecía a su lado con hacha en mano y una mirada decidida. Continuó hasta detenerse en Celeste, que pese a todas sus negativas logró convencerlo de permitirle luchar alegando que su hombro se encontraba mejor y que, aun así, no necesitaba usar ambos brazos para vencer a sus rivales; y tras ella, montada también en Luna, estaba Alina que compartía esa misma mirada decidida y porte seguro que definían a su amiga. Aun no sabía si había tomado la decisión correcta al permitirle estar presente, pero debido a la situación y a todo lo que ella sabía no tenían muchas opciones, solo esperaba no equivocarse.
.
— ¿Qué más sabes de los planes de Ash?—Le preguntó con voz potente y renovada seguridad.
—Ha estado enviando a sus hombres a capturar a los dragones más feroces del archipiélago para formar su propio ejército—Fue la respuesta que le dio la chica manteniendo su mirada fija en él.
—De tal maestro tal alumno—Escuchó murmurar a Patán a quien todos decidieron ignorar.
Alina solo le lanzó una mirada asesina antes de regresar su atención al castaño que esperaba una mejor explicación.
—Sí—Carraspeó—, pero a diferencia de Drago que logró controlar a los dragones a través del miedo y el poder de un Salvajibestia, Ash planea hacerlo usando una gema. No hay ningún dragón alfa al cual detener, él es el alfa.
Sus palabras hicieron eco en su mente, sabía que sería difícil, incluso antes de tener esta nueva información, era algo que ya había contemplado, pero también sabía que no era imposible.
—No podemos permitir que se salga con la suya—Declaró con el mismo porte firme y seguro que siempre había logrado animar a sus amigos—, esos dragones corren peligro al igual que Berk. Puede que él tenga la gema, pero nosotros tenemos a Chimuelo y a nuestros propios dragones—Se levantó de nueva cuenta y el resto hizo lo mismo contagiados por su seguridad—. Si pudimos contra Drago y Khanor, podremos contra él. Ya hemos vencido a desquiciados deseosos del poder sobre los dragones antes y esta no será una excepción.
— ¿Está mal si digo que me alegra ser el único en esa lista que tiene el privilegio de conseguir el poder sobre sus propios dragones?—Alzó la voz Dagur con un toque de diversión.
Hipo le lanzó una mirada molesta con los ojos entrecerrados, definitivamente no respondería a eso, nadie lo haría.
—Ash en cierta forma se parece a Khanor—Volvió a hablar Alina—, nunca lo dijo pero sé que le temía a algo. En sus planes hay una doble intención, va más allá de una venganza por su maestro.
— ¿Qué crees que sea?—Interrogó Hipo curioso por esa nueva revelación.
—No lo sé—Negó encogiéndose de hombros—, pero estoy segura de que una vez que lo detengamos y capturemos no será muy difícil hacerlo hablar.
No era muy útil, pero igual esa información podría ser valiosa en el futuro.
— ¿Estás segura de que lo lograremos?—Añadió el castaño, un último intento por terminar de convencerse sobre confiar en sus palabras.
La menor asintió con rapidez antes de liberar un sonoro suspiro, trataba de tomar la fuerza necesaria para realizar su siguiente petición.
—Solo si me permiten ayudarles—Declaró conectando nuevamente su mirada con la del jefe—. Si me dejan estar al frente con ustedes, mi gente me verá y solo bastará una señal para que inicien el movimiento de traición. Si le quitamos la gema perderá la mitad de su fuerza y entonces podrán detenerlo—Insistió sacando a relucir su propia fortaleza como líder—. Por favor, confíen en mí, no tengo razones para mentir.
.
Despejó todo pensamiento de duda que había en su mente cuando unos furiosos gruñidos comenzaron a resonar en todo el lugar y, justo después, el primer mástil apareció entre la bruma gris a varios metros de distancia. Sus manos sujetaron con mayor fuerza la silla de montar a la par en que un suspiro escapaba por sus labios liberando el resto de dudas y miedos que pudieran estar ocultos en su cuerpo.
— ¡Todos preparados!—Anunció desde la espalda de Chimuelo, alzando su espada encendida como señal para todos sus aliados—. Esto termina hoy…
Listo. Ya, es todo por hoy… me voy a dormir… Okay no, antes de eso…
Recordatorio no tan recordatorio sobre "Gema Dragón" y "Fundidor". Para quienes leyeron la primera historia y para quienes no lo hicieron, la Gema Dragón era una piedra poderosa creada por el dragón Fundidos cuyo resplandor permitía tomar el control sobre los dragones que estuvieran expuestos a ella. Khanor trató de usarla para, pues, dominar a los dragones, pero fue detenido y vencido por los Jinetes.
Una cosa más…
¿Notaron el guiño bobo que hice sobre la historia de Celeste y Alina? Honestamente no me había percatado de que era tan similar a la historia de Dagur y Heather, pero debo decir que, justo como dijo Tacio, fue algo involuntario XD además de que yo lo pensé antes de que se revelara la relación entre Heather y Dagur en la serie :P en fin… otra cosa curiosa que no sé si noten es que este capítulo termina de una forma muy similar a Sigue a Tu Destino (quienes lo lean sabrán a lo que me refiero), de hecho estoy haciendo todo lo posible para que las batallas finales de mis tres fics no luzcan tan similares, ¡pero vamos! Es que no puedo evitarlo, en especial con estos dos u.u esto es lo que pasa cuando escribes al mismo tiempo varios fics con temáticas similares.
En fin…
Como podrán notar esta historia ¡ya casi termina! Y no tienen idea de lo feliz que eso me hace.
Siento que se me olvida decir algo más, pero es que ya estoy más dormida que despierta. Así que mañana daré un aviso importante que involucra todas mis historias, por ahora me despido no sin antes dejar la respuesta a unos Review:
Melanie Villamar: Espero que esta vez no se te olvidara en qué nos quedamos, de ser así realmente lo siento. Yo también sentí lastima por Ken, pero también me divirtió mucho hacerlo sufrir… se lo merece el condenado -.- ok no. Espero que hayas disfrutado de este capítulo e.e
RoxFiedler: Lamento que tuvieras que releerlo u.u y agradezco que sigas aquí jeje… espero que este capítulo te haya gustado.
A todos los que leyeron hoy… GRACIAS
Ahora sí, DragoViking se va a dormir.
