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EN LA ESTACIÓN DE LA CALLE BAKER, ME SENTÉ Y LLORÉ.

Autor: Deco


CAPÍTULO 49: "NO ME PERTENECE UN ALMA COBARDE"

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En el cual conocen a Sholto el dragón, y descubren los peligros de hablar antes de pensar. O antes de conocer al dragón en cuestión.

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Petunia gruñó―. No creo que pueda culparte por esto, Algy. Me parece que me lo dijiste, pero en el calor del momento no logré recordarlo. Espero que Sholto sea discreto.

Algy pareció aproblemado, y Pompeyo que estaba ordenando después de la partida de los goblins dijo―. Sholto no tiene ni una escama de discreción. El único ser que le importa en el mundo a Sholto es Sholto.

Petunia alzó las cejas por esta forma de hablar, y Winky, quien venia para escoltar al señor Crouch de regreso a su cuarto para que pudiera, según decía ella, tomar su siesta de la tarde, chasqueó la lengua con desaprobación.

Pompeyo la ignoró―. Yo esperaba no saber más de él.

―¿Por qué? ¿Dónde vive? ―inquirió Petunia.

Como resultó ser, Sholto vivía en las Tierras Altas de Escocia como miembro del Clan McFusty.

―No sé con cuál McFusty estará en estos momentos, pero el clan maneja una operación menor para rehabilitar dragones en Escocia, así como una reserva principal de Hébridos ―le contó Pompeyo―. Es para los Hébridos que tienen más problemas de comportamiento con los magos y/o los muggles, o que tienen algún impedimento físico y necesitan cuidados especiales. Esa es un forma cortes de decir que están locos de atar, al menos algunos de ellos. La Ama Cressida lo envió allí cuando se convirtió en demasiado para ella. No podía ir a la reserva principal de Hébridos en parte debido a su tamaño, pero en su mayor parte debido a su actitud.

―¿Esta loco? ―exclamó Petunia espantada.

―No, no, no esta loco ―dijo Pompeyo, después de considerar el asunto―. Sólo es... thrawn (intratable).

Exasperada, Petunia fue a arreglar una visita a las Tierras Altas de Escocia.

Además de so estaba el problema pendiente de Rogelio. Los intentos de Petunia de mandarlo a Rumania probaron ser infructuosos, principalmente porque los goblins contactaron a la reserva de allí y los amenazaron con una demanda extremadamente onerosa si lo aceptaban. Esto lo supo por un decepcionado Charlie Weasley; ellos no tenían Dientes de Víbora en Rumania y el personal ansiaba adquirir uno.

Petunia tenía esperanzas de una opción de enviarlo de regreso al Perú, pero esa ruta también estaba bloqueada. Ellos no podrían identificar la manada a que pertenecía, y Charlie le advirtió que si cometían un error y lo regresaban a la manada equivocada, los dragones podrían verlo como un intruso y matarlo. Así que eso estaba fuera.

Los goblins creían que esto era jaque mate, y comenzaron a merodearla, llegando hasta a ofrecerle dinero por el regreso de Rogelio, aunque no demasiado, a su ver como una forma de mostrar su desprecio por ella o así ella pensaba. A pesar de que ella misma no deseaba la compañía de Rogelio, que la condenaran si lo mandaba de regreso con los goblins. Sin embargo, no podía tenerlo escondido en la mansión demasiado tiempo, era demasiado grande, y el Bosque Prohibido era demasiado peligroso a largo término, hasta para un Diente de Víbora. Rogelio aun no era demasiado grande en términos de dragones, y Petunia apostaba que alguna de las Acromántulas residentes le superaba en peso. Hasta la vida en Gringotts sería mejor que terminar como alimento para arañas gigantes.

Al final, fue el McFusty que manejaba la reserva de rehabilitación, cuyo primer nombre resultó ser Eneas, quien le dio la solución. Mientras ella estaba haciendo arreglos comunicándose por el Flú para hacer una visita exploratoria a Sholto, ella le explicó el problema que tenía, para preguntarle si conocía a alguien dispuesto a quedarse con un Diente de Víbora Peruano.

―Hagamos un intercambio ―dijo él con rapidez―. Usted recibe a Sholto de vuelta, y yo me quedo con el Diente de Víbora hasta que usted pueda hacer otros arreglos.

Petunia sintió que esta era una oferta muy generosa, y esperaba que no fuera más que su imaginación que le escuchó musitar por lo bajo―. Se lo cambiaría por el mismo diablo.

~~oOo~~

―Creo que el mayor problema será persuadir a Rogelio ―le dijo ella más tarde a los chicos.

Esto probó ser una subestimación. La idea de separarse de Nesta provocó una explosión por su parte, y tan sólo una enorme cantidad de paciencia, una advertencia de que los goblins lo recapturarían si se quedaba en la mansión más tiempo, y una promesa de dejarlo visitar a Nesta para Navidad, lo calmó. La misma Nesta sentía desazón, pero era demasiado joven para preocuparse mucho, a pesar de lo mucho que disfrutaba departir con un dragón más cercano a su edad que Algy.

Así que Petunia dirigió una partida hacia las Hébridas compuesta por Alastor Moody (para que tradujera del gaélico de ser necesario), Hagrid (para manejar a Rogelio camino a allí, y con suerte, a Sholto en el camino de regreso), y los chicos (en teoría como apoyo moral, y en realidad para proveer más comentarios mordaces).

La reserva para rehabilitación estaba ubicada en una isla grande, llana y desolada, y a causa de Rogelio decidieron Aparecerse allí en vez de usar el Flú. Hazaña nada despreciable. Moody fue de enorme ayuda en ese departamento.

En algún punto se había construido allí un enorme edificio de piedra, originalmente un refugio contra bombas en la Segunda Guerra Mundial, y había sido adaptado para el uso de los dragones, aunque la mayoría de los residentes se encontraban volando o cazando cuando ellos llegaron. Excepto como resultó ser, por uno.

Eneas McFusty era un hombre en la treintena, delgado y moreno, con un acento escocés casi impenetrable en su hablar. Los miembros de su clan que trabajaban con los dragones eran llamados Guardas, y él se presentó como tal. Fue afable y educado, y parecía deleitado de conocer a Rogelio. Para entonces el Diente de Víbora se había recuperado lo bastante para mirar a su alrededor con curiosidad. Le apelaban los espacios abiertos y el prospecto de volar libremente con los otros dragones en la isla sin temor a que lo descubrieran.

Eneas silbó, y dos grandes Hébridos Negros aterrizaron uno detrás de otro cerca de él. A un gesto suyo, ellos guiaron a Rogelio para volar para un recorrido de orientación por el área, de acuerdo a Eneas. El resto del grupo después procedió a ir hacia una casa pequeña de piedra adosada al edificio más grande.

―¡Sholto! ―llamó Eneas, mientras ellos entraban.

―No hay necesidad que grites, palurdo ―dijo una voz helada. Las sombras de la habitación dieron lugar a un dragón miniatura, un poco mayor que Nesta, pero mucho más delgado, con escamas negras y grandes ojos color purpura. Los ojos hubieran sido hermosos de no ser por una expresión resentida que exhibían.

―Pues, excúsame ―dijo Eneas de buen humor―. Sólo quería decirte que tenemos visitantes.

Petunia captó un destello de sorpresa desde el dragón, pero desapareció rápidamente mientras él los inspeccionaba.

―Es verdad ―dijo―. Pero, sólo para el registro, ¿quienes son estas personas?

―La señora Petunia Dursley, el Auror Moody, y el profesor Rubeus Hagrid ―dijo Eneas a modo de presentación―. Dama y caballeros este es Sholto Mayhew.

―Ustedes pueden dirigirse a mi como Sholto, si lo desean ―dijo el dragón con aire de herida lesa majestad―. ¿Y alguien trajo su asquerosa prole en esta excursión? ―ahora miraba a los chicos.

―Estos chicos son mi hijo y mi sobrino ―se apresuró a decir Petunia, aunque los muchachos parecían más divertidos que ofendidos―. Dudley Dursley y Harry Potter.

Los ojos purpura de Sholto se achicaron―. Conozco el último nombre ―dijo sin elaborar más, ni ninguna semblanza de interés―. ¿Qué quieren de mi?

―Yo...yo necesito tu ayuda ―vaciló Petunia. Esto estaba pareciendo una muy mala idea. Tu misma te metiste en esto, ahora sal por tu cuenta.

―No ―dijo Sholto.

―¿No vas a escucharme siquiera? ―preguntó ella, sorprendida. Esa es una pregunta estúpida, es obvio que no.

Cumplió con sus expectativas una segunda vez―. No ―repitió.

―¡Recuerda tus condenados modales, lagarto bastardo! ―rugió Eneas de improviso. Petunia quedó sorprendida de escuchar un volumen tal de un hombre tan delgado―. ¡No se le habla a una dama de esa manera! ¡No en una isla regida por mi, de todas maneras!

―¿Y qué vas a hacer al respecto, mentecato? ―respondió Sholto sin inmutarse―. ¿Exiliarme?

Petunia sintió que tenía un punto. Esto parecía ser el fin del mundo.

―Evito todos los días que los dragones de tamaño completo se sienten sobre ti ―dijo Eneas―, y empiezo a preguntarme el porque. Si ellos quieren votar con sus ancas, debería dejarlos.

―Porque recibes un pago completo por mi del Ministerio, esa es la razón ―dijo Sholto, inconmovible―. Y siendo un dragón en miniatura, no como demasiado. Y tu necesitas cada sickle.

Al parecer esto dio en el blanco. Eneas masculló enojado por lo bajo, y se alejó para recargarse contra una muralla con los brazos cruzados y los ojos chispeando. Petunia concluyó que esta era una escaramuza menor en una larga guerra.

Petunia se dirigió al dragón―. ¿No me vas a escuchar? Quiero que vengas al sur.

―Eso es bastante vago ―dijo Sholto―. ¿Al sur de dónde?

―Bueno, primero a la Mansión Mayhew, donde vivo.

―¿Donde tu vives? ―preguntó Sholto, con una chispa de interés―. ¿Los Mayhew ya no viven ahí?

―No. Cressida murió varios años atrás ―dijo Petunia.

―¿Así que ella esta muerta, ah? ―dijo Sholto con amargura―. Todo lo que puedo decir es: QUE BUENO ―les dio la espalda y se rehusó a hablar más.

Eneas le dio a Sholto una mirada de disgusto, y les hizo señas para que fueran al otro cuarto―. Déjenlo enfurruñarse. Él lo disfruta, y no veo razón para interferir en algo que lo mantiene en silencio por un rato.

Eneas luego procedió a darles lo que hubiera sido un té muy pobre, de no ser porque Petunia había tenido la previsión de traer una canasta con pan recién horneado, jamón, tomates, fruta, leche, mantequilla, mermelada de moras y un pastel. La cara del Guarda se iluminó al ver los contenidos de la canasta, ellos rara vez disponían en esos lugares de comida fresca, según dijo. Sacó de algún sitio un mantel arrugado (pero limpio), platos, cubiertos y el té mismo como su contribución, y al final fue una comida muy agradable.

Petunia aprovechó la oportunidad para preguntarle por Sholto. ¿Cuánto tiempo llevaba el dragón miniatura en la isla?

―De hecho, más tiempo que yo ―dijo Eneas―. Él se encontraba aquí cuando llegué hace cuatro años atrás. Sospecho que fue instrumental en el retiro apresurado de mi primo tercero, Eòsaph, quien manejaba este lugar antes que yo. Debido a su tamaño, no puede en realidad ubicarsele con el resto de los dragones. Ellos definitivamente le tienen antipatía, y por muchas razones. Él vive aquí conmigo. Y es un condenado fastidio, además.

―¿Acaso no sirve de compañía para usted? ―preguntó Petunia.

―Seria mejor no tener ninguna ―dijo Eneas―. Él resiente vivir aquí, siempre lo ha hecho, y en consecuencia hace de mi vida un infierno.

―¿Qué es lo que hace todo el día? ―preguntó Harry con curiosidad. Y Petunia había querido preguntar lo mismo, mirando a su alrededor.

―Se queja ―dijo Eneas―. Lo complementa con un insulto o dos, sólo para estar seguro que este siempre de mal humor como él si es que alguna vez cometo el acto indecible de estar alegre. Y cuando no esta quejándose, esta leyendo. Se me requiere que le obtenga libros de todas partes, y esa es una enorme tarea, y pesada para mis lechuzas, el viento de las corrientes aquí es peligroso, especialmente en invierno. Yo también puedo leer los libros, así que no me importa demasiado. Pero también se queja por eso, no le gusta compartir. A veces se queja por no tener suficiente para leer. Eso varia.

Como resultó ser, Eneas no sabía mucho de los antecedentes de Sholto. Su primo Eòsaph tampoco le había contado mucho, aparte de que no podía tolerar la compañía de Sholto un momento más―. Eso fue lo que dijo, justo antes de marcharse ―según el Guarda, Sholto generalmente era muy reservado, y ciertamente no era bueno para conversar―. Le gusta mucho escucharse hablar. Sólo monólogos. Las conversaciones generalmente no le interesan.

Petunia descubrió que esta no era una exageración. Sus intentos por hablar con Sholto después del té probaron ser imposibles. Le dio la espalda, ignorando majestuosamente todas sus tácticas. Pero sí demostró cierta curiosidad: le preguntó abruptamente como había llegado a estar en posesión de la Mansión.

―La heredé ―dijo Petunia―. Catullus era mi bisabuelo.

Los ojos purpura de Sholto la examinaron de forma torva sobre su hombro―, ¿Ah si? ¿El squib? Que vergonzoso para ti.

―No es para nada vergonzoso ―dijo Petunia, molesta. Ya veo lo que Eneas quería decir. Él esta buscando una pelea, y parece ser consistente en eso.

―Entonces yo soy quien siente vergüenza por ti ―dijo Sholto―. Tu también pareces ser una squib. Y tanto por los Mayhew.

Petunia perdió su genio, algo que trataba de controlar y en lo que estaba mejorando. Pero no ahora. En vez de contestarle verbalmente, se transformó en un gato. Bajo esta forma, le llamó muchos nombre excesivamente insultantes a Sholto, que salieron como maullidos discordantes, y después volvió a transformarse.

―Trucos mágicos de feria ―dijo Sholto con desdén―. Y pude comprender todo lo que dijiste ¡gracias! ¡Y aclaro que no soy un basilisco con cabeza de piedra! Si lo fuera, ahora no estarías molestándome.

―Creo que necesitamos a Héctor o Titus para este trabajo ―le dijo Dudley en un aparte a Harry, pero Petunia los escuchó.

Pues gracias por la confianza, hijo mio. No te equivocas, pero no siempre podré depender de mis amigos para sacarme de los líos en que me meto. Necesito convencer a este dragón extremadamente obstinado y amargado que me ayude. Y pienso que esto llevará más que magia, un milagro.

Pero ella no estaba contando con Eneas, quien no iba a perder su oportunidad de un futuro libre de Sholto―. Continue ―le susurró.

―¿Te gusta estar aquí? ―le preguntó Petunia, aturullada. Había tratado de cambiar el tema, y se recriminó mentalmente por lo bobo de la pregunta dado el descontento que irradiaba de Sholto como una nube iracunda.

―Lo adoro ―dijo Sholto―. En especial el que desconocidos me pregunten preguntas idiotas.

―Sholto, ya te lo dije antes y lo dije en serio, ¡cuida lo que dices! ―gritó Eneas.

―¡No me digas como comportarme, campesino lerdo! ―le siseó Sholto.

―Estamos dispuestos a llevarte al sur con nosotros ―intervino Petunia con rapidez, preguntándose al decirlo si en realidad lo decía en serio. Estaba llegando a la conclusión que Sholto era una causa perdida.

―Bien por ti ―dijo Sholto―. No te molestes por mi.

Eneas les hizo señas para que salieran, y Petunia salió primero sintiéndose muy deprimida por ese día. Pero el guarda de dragones estaba optimista y determinado―. Déjenmelo a mi. Les garantizo que se irá con ustedes, y será voluntariamente.

Petunia tenía dudas, y Moody resopló. Pero el cielo se oscureció y alzaron las cabezas para mirar. Rogelio y sus dos escoltas estaban regresando para aterrizar en el patio. El Diente de Víbora se veía feliz y excitado, el contraste con Sholto era doloroso. Rogelio se lanzó en una animada conversación, para la cual ahora no tenía traductor.

Bueno, quizás estaba equivocada en eso, escuchó un sonido ahogado y al darse vuelta vio a Sholto en la puerta de la casa de piedra viéndose, al parecer, horrorizado.

―¿Quién es ese? ―exclamó, mirando a Rogelio.

―Oh ―dijo Eneas―, ahí estas, Sholto. Ven a conocer a tu nuevo compañero de habitación, Rogelio. Él es un Diente de Víbora Peruano.

―¡Sé lo que es, cabeza de carnero! Lo que quiero saber es ¿qué esta haciendo ahí?

―Él necesita un lugar para quedarse, y Eneas fue tan amable de aceptar albergarlo aquí ―dijo Petunia.

―Estoy seguro que ustedes dos se llevarán de lo más bien ―dijo Eneas, con aire tranquilo, tratando con todas fuerzas de no reírse malevolamente.

―¿Ah si? ―dijo Sholto con amargura― ¡Bueno, ya puedes irte olvidando de eso! ¡Él no se quedará aquí!

―Pero claro que si se quedará ―dijo Eneas. Parecía estar disfrutando mucho, y Petunia tuvo la impresión de que estaba pagándose por muchos insultos de Sholto―. Y será mejor que cambies esa actitud, mi amigo, o él hará honor a su nombre.

Rogelio eligió ese momento para darle una sonrisa burlona ancha, colmilluda y totalmente letal a Sholto. Este pareció horrorizado.

Para cuando Petunia, los chicos, y el resto de su grupo dejaron la reserva de rehabilitación más tarde, dirigiéndose hacia el sur, Sholto el dragón y una larga bolsa de libros los acompañaba. Eneas los despidió con la mano, sonriendo ampliamente, con Rogelio a su lado.

Un intercambio equivalente, un dragón venenoso por otro, aunque tengo que decir que es una clase diferente de veneno por cada dragón. Por lo menos esto hizo a alguien feliz: a Eneas. Sholto es una historia diferente.

~oOo~

Ellos llegaron a la puerta de la mansión justo cuando descendía el sol. Petunia estaba exhausta, pero escondió su alivio cuando Moody y Hagrid, quizás presintiendo esto, le dijeron que se marcharían de inmediato para alcanzar a cenar en el castillo. Ella les agradeció su ayuda, y llevó al resto adentro de la casa. Los chicos de forma ordinaria se hubieran ido a la escuela, pero como Harry expresó no estaban seguros de que Petunia no necesitara más ayuda.

Ellos se referían a Sholto, por supuesto, quien miró a su alrededor con sospecha. Todo estaba tranquilo―. Veo que has hecho renovaciones ―dijo con resentimiento―, y no antes de tiempo.

La cabeza de Nesta se asomó desde la puerta de la biblioteca, claramente atraída por las voces―. Oh ―dijo ella con su voz melodiosa―. ¡Ya regresaron a casa! ¡Que bien! ¿Dejaron bien a Rogelio?

―Sí, él estaba bien acomodado para cuando nos marchamos ―dijo Petunia―. Es un lugar muy remoto, lejos de nuestros amigos, los goblins. Nesta, quiero presentarte a Sholto. Él solía vivir aquí hace algunos años atrás.

Nesta avanzó y le dio a Sholto su patentado 'ataque de feromonas' que divertía tanto a los muchachos―. Encantada de conocerte, por supuesto ―dijo ella agachando la cabeza y mirándolo entre un revolotear de pestañas.

Sholto tan sólo se la quedó mirando y no dijo nada.

Nesta esta desacostumbrada a esta descortesía, y aun menos a la falta de respuesta―. ¿Qué pasa con él? ―preguntó en voz baja a Petunia―. ¿Es retardado? ¿O quizás fue castrado?

―Ciertamente no soy retardado ―gruñó Sholto, mirándola con enojo―. ¡Ni he sido castrado!

―Bueno, entonces eres muy mal educado ―dijo Nesta con serenidad―. Creo que en la biblioteca hay un libro de etiqueta. Le diré al señor Crouch que te lo preste.

―¡No necesito un libro de etiqueta! ―gritó Sholto.

―Debo estar en desacuerdo contigo, Sholto, ese libro ciertamente es necesario ―Nesta sintió estar en terreno conocido, y por eso fue insistente―. No te lo tomes a pecho, no llevará mucho para que aprendas todo de eso, y puedo ayudarte si tienes problemas para leer. O el señor Crouch puede hacerlo ―dijo Nesta con un tono dulce que dejó a Sholto sin habla. Petunia tuvo la impresión que este era un estado que raramente experimentaba.

El señor Crouch había entrado detrás de Nesta. Al parecer había estado dándole su lección de lectura en la biblioteca.

―¿Y de quién se trata este? ―dijo el hombro mirando a un mal encarado Sholto, dándole una mirada de desaprobación a Petunia.

Oh, cielos, de nuevo lo he dejado sin darle información, al parecer. Esto va a ser complicado.

―Este es Sholto, señor Crouch ―dijo ella con rapidez―. Fue criado por mi familia, y acaba de regresar con nosotros.

El siempre puntilloso señor Crouch se inclinó educadamente hacia Sholto, quien, para sorpresa de Petunia, se inclinó devolviendo el saludo de manera educada aunque silenciosa. Pero el mago después dijo―: Parece que hay una abundancia de dragones en este establecimiento, señora Dursley; y eso no fue algo en que yo acordé, no señora.

―Lo lamento mucho, señor Crouch ―dijo Petunia―, pero no necesita preocuparse por Sholto; él se encuentra de paso y no se quedará aquí mucho tiempo.

El señor Crouch pareció aliviado por esta aclaración, pero una vez que salió, Sholto se volteó hacia ella con ojos acusadores y dijo―: ¿Así que estoy de paso? ¿Y dónde voy a ir entonces?

―Al Banco Gringotts, en Londres ―dijo Petunia―. Yo les prometí un dragón en miniatura.

Ella esperaba una explosión de rabia, pero no sucedió―. ¿Supongo que existe una razón? ―inquirió Sholto, después de considerarlo―. ¿Dinero?

―Hay una razón, pero no es esa. Hay once... bueno, ahora diez dragones, supongo, que custodian sus bóvedas. Ellos los tratan de forma vergonzosa, de paso. La mayoría de ellos fueron secuestrados de la reserva en Rumania, o de sus países de origen, y los mantienen de manera ilegal en Londres.

―¿El Diente de Víbora? ―observó Sholto.

Estúpido no es―. Sí, él es uno de ellos ―ella procedió a explicar que los goblins habían descubierto que los dragones miniatura podían comunicarse con los dragones ordinarios, y los resultados después de ese descubrimiento.

Sholto quedó espantado, pero no por la esclavitud de su especie―. ¿Quieres que sea el familiar de un goblin común? ―exclamó.

―Bothgar es muy inteligente, y no hay nada de común en eso; no será fácil engañarlo ―le advirtió Petunia―. Necesitarás observar cada paso. Yo me concentraria en la debilidad de los goblins, que es la codicia y más codicia.

―Gracias por tu profundo análisis ―resopló Sholto―. Y dime, por favor de forma especifica: ¿qué esperas que haga yo, y por qué?

―Dos cosas ―dijo Petunia―. Estoy buscando algo, algunos objetos en el banco, y no quiero que los goblins sepan de esto. No confío en ellos cuando hay ganancias de por medio. Eso es lo primero. Lo segundo que deseo es conseguir liberar a esos dragones, o ayudarlos a que lo hagan solos.

―¿Qué tipo de objetos? ―preguntó Sholto con agudeza, ignorando lo de la emancipación de los dragones.

―Horcruxes ―dijo Petunia con franqueza, curiosa por conocer su reacción.

Los ojos de Sholto mostraron algo brevemente, pero esto le indicó a Petunia algo importante. Él sabe.

Sin embargo, el dragón se rehusó a decir algo de lo que sabía.

―Me dijeron que eras el familiar de Catón Mayhew ―dijo luego Petunia, mirándolo con atención.

Sholto ahora se encontraba en guardia―. No voy a discutir más de ese asunto ―dijo, y cambió de tema―. Lo que quiero saber es: en el caso que llegara a realizar tamañas proezas épicas, ¿qué conseguiré a cambio?

―Pues conseguirás ayudar a salvar al mundo mágico de Voldemort ―dijo Petunia.

―Eso me importa un pepino, ni tampoco me importan los dragones de Gringotts ―dijo Sholto con franqueza―. Si ellos fueron tan idiotas para dejarse esclavizar por un puñado de goblins, entonces merecen su suerte. Dime por qué debería hacer esto por ti, y será mejor que pienses en una buena respuesta mientras estés en eso.

―Yo te encontraría un nuevo hogar apropiado que apruebes, y un mago o bruja para que seas su familiar, también de tu aprobación, si eso es lo que deseas ―dijo Petunia.

―¡Apropiado! ¡No me hagas reír! ¡Me enviarías de regreso a las Hébridas en menos que canta un gallo! ―Sholto la miró con disgusto―. Sin darme las gracias, y a toda velocidad. Ese ha sido mi destino en el pasado, ¿por qué ahora sería diferente?

―Prometo que no haré eso ―contestó Petunia.

―Entonces, pruébalo ―dijo Sholto, dándole una mirada de triunfo―. Haz un Juramento Inquebrantable.

Petunia no sabía lo que era un Juramento Inquebrantable, pero los muchachos probaron no ser tan ignorantes.

―¡No lo hagas, Tante! ―exclamo Harry.

―¡Mamá! ―gritó Dudley―. ¿Sabes lo que sucede cuando uno de esos juramentos se rompe?

―Bueno ―dijo Petunia, intentando hacer un chiste del asunto―. Como no pienso romperlo, eso debería ser seguro, ¿no es así?

―¿Pero y si no puedes evitarlo? ―señaló Harry―. ¡El hechizo te mataría!

Petunia miró a Sholto―. ¿Esperas que cumpla tus expectativas? Porque dudo que quedes satisfecho con nada que te ofrezca, y si no puedo cumplir con el juramento, las consecuencias serían terribles.

―Ese no es mi problema ―dijo Sholto. Se veía muy complacido consigo mismo y sus ojos amatista brillaban con malicia―. Tu esperas que yo arriesgue mi vida, pero no quieres regresar el favor. ¿Cómo puede ser eso justo?

Él tiene razón. El que no sea agradable, no quiere decir que este errado.

―¡No lo hagas,Tante! ―exclamó Harry―. Podemos producir otro dragón miniatura para Gringotts, y enviamos mejor a este cretino de regreso por donde vino.

Es muy tarde ya para eso, Harry. Esto debe hacerse pronto. El tiempo se esta acabando, puedo sentirlo.

Ella miró a Sholto y dijo―. De acuerdo.

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N/T: Si existe algún error gramatical, favor de señalrmelo para corregirlo. Gracias por leer y su apoyo.

Harry Potter, personajes y su mundo © de J.K. Rowling y varias otras compañías. Fanfiction sin fines de lucro, ni pretensiones de infringir derechos de reproducción, realizado sólo con fines de entretención. La trama y personajes originales pertenecen al autor del fanfic.